José María Larrú

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Corrupción y ayuda al desarrollo: una relación biunívoca

La corrupción es definida, de manera amplia, como la utilización de los cargos de servicio (públicos o privados) para la obtención de beneficios privados ilegítimos, ya sea por la oferta y aceptación de sobornos, extorsiones o cobros por servicios que legalmente son gratuitos, dado su carácter de bien público. La corrupción es una relación interpersonal en la que siempre estarán involucradas dos partes: el corruptor y el corrupto. La corrupción es un obstáculo conocido y probado para el desarrollo humano.En el plano económico, se sabe que los países más corruptos crecen menos, dejan de atraer inversión y ahorro exterior, tienen menores tasas de inversión nacional, promueven la inflación, tienden a depreciar sus monedas, presentan menores gastos en educación y salud y mayores gastos militares. En esos países es más costoso emprender negocios y los recursos no se localizan de forma eficiente, acentuando los fallos del mercado. También son países que suelen tener grandes desigualdades de renta y sociales.En el plano político, la corrupción debilita la legitimidad de los gobiernos y el sentido democrático, desincentiva la participación política activa, reduce la presión para luchar contra la pobreza debido a la captura de las instituciones clave por las élites.En el plano social, se ha comprobado que los países percibidos como más corruptos presentan mayores tasas de mortalidad infantil y menor potenciación de la igualdad de género. En definitiva, existe una estrecha relación entre pobreza y corrupción. Además, los países más pobres son los más perjudicados por las prácticas corruptas, porque -—a diferencia de los países ricos, en los que la corrupción convive con la decencia y eficacia de muchas de sus instituciones-— la corrupción en el mundo de los pobres se convierte en sistémica, invade todo el tejido social, económico y político, con lo que el desarrollo humano se detiene y se perpetúan la pobreza, la desigualdad extrema y la exclusión social.Una de las principales quejas de los pobres no es la de carecer de dinero, sino la de ser tratados de forma humillante y no poder participar en los procesos de toma de decisiones que afectan directamente. Gracias a las evaluaciones con participación de la gente, realizadas por el Banco Mundial y recogidas en la colección titulada La Voz de los Pobres, sabemos que perciben a las instituciones formales como ineficaces y de poca relevancia para su vida, que la corrupción les afecta directamente, que se sienten humillados y privados de poder, que el descalabro del Estado aumenta mucho su vulnerabilidad, que se enfrentan a muchos obstáculos cuando tratan de lograr acceso a los servicios públicos y, por último, que denuncian la superposición de intereses o colusión entre el gobierno local y la élite.Sus testimonios expresan una realidad que reta directamente a todos los involucrados en la investigación y práctica de la ayuda al desarrollo. Por ejemplo, denuncian la corrupción en la entrega de ayuda alimentaria diciendo que «vimos que llegaba el camión con alimentos y quince días más tarde el jefe nos dijo que se había recibido una bolsa...

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