Boris Groys

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El Metro como Utopia

IUna utopía, para que se la pueda pensar y construir cuidadosamente, en todos sus detalles, y para protegerla de la corrupción con la que podría contaminarle el resto del imperfecto mundo, necesita de un cierto aislamiento en el espacio. Por eso no es casual que las descripciones de utopías sean siempre relatos de viajes: alguien se ve obligado a emprender un viaje en el espacio o en el tiempo, un viaje difícil, lleno de peligros, y descubre —en una isla, en un valle oculto por enormes cordilleras, en otro planeta o en otro tiempo, y en muchos casos por pura casualidad—, un mundo utópico. Y, por lo general, una vez que ha abandonado ese mundo utópico, suele ocurrir que el viajero no encuentra el camino para volver a él. Siempre pasa algo que se lo impide, que le cierra para siempre el camino de vuelta: un alud en las montañas, un naufragio en el que se pierden las viejas cartas de navegación, un incendio que hace explotar la máquina del tiempo. De ahí que la primera obligación de quien quiera construirse una utopía sea encontrar un lugar solitario en el que realmente pueda permitirse crear todo de la nada y según un plan unitario.Pero eso es algo que no se consigue fácilmente. Pues para levantar una utopía se necesitan hombres, materiales y cierta infraestructura, así que un desierto de verdad se presta más bien poco a ello; por otra parte, si la utopía se empieza a construir en medio de un territorio habitado, enseguida y casi inconscientemente es asimilada por las condiciones de vida de ese territorio. En una porción de tierra lista ya para vivir en ella, las cosas se le ponen demasiado fáciles al constructor de la utopía: empieza a vivir allí antes de que el futuro empiece y de que la utopía esté lista: de modo que la utopía no estará nunca terminada.Por todo ello, la táctica correcta para construir una utopía consiste en encontrar, en medio del mundo habitado, un u-topos deshabitado y, a ser posible, inhabitable. Así se reúnen todas las ventajas de lo tópico y todas las ventajas de lo utópico: tiene uno a mano toda la infraestructura necesaria para la construcción de la utopía, pero sin que ninguno de sus elementos pueda usarse para vivir, con lo que la única posibilidad que le queda a uno es dedicarse indefinidamente a construir: porque el hecho es que el tiempo para edificar la utopía debe ser infinito; no basta con un tiempo finito para pensar todos los detalles de una utopía con todo el cuidado que éstos requieren: no hay que olvidar que las utopías se hacen para toda la eternidad, así que para construirlas no podemos contar con menos tiempo que toda una eternidad.IIEl primer intento de edificar una ciudad utópica en Rusia lo protagonizó Pedro el Grande entre finales del siglo xvi y principios del XVII. Para ello, se eligió un u-topos inmejorable: un pantano, el pantano sobre el que se edificó...

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