La revolución capitalista

Luis Núñez Ladevéze

Título: «La revolución capitalista. Cincuenta proposiciones sobre la prosperidad, la igualdad y la libertad».
Autor: Peter L. Berger.
Editorial: Península, Barcelona. 307 páginas.
Precio: 1.900 pesetas.


Director del «Institute of Economic Culture», profesor de la Universidad de Boston y activo participante en los simposios dedicados al estudio de las sociedades industriales avanzadas, Peter Berger es uno de los profesores norteamericanos que más se han distinguido por construir una teoría descriptiva del capitalismo. Su libro La revolución capitalista es resultado de un quinquenio de estudios iniciados al comenzar el actual decenio. Habitualmente se sitúa a Berger entre el grupo de intelectuales norteamericanos que, por no usar enfocar normativamente los conceptos teóricos ni los resultados de las observaciones a una crítica de la sociedad capitalista de mercado libre sino a comparar los resultados de los diferentes modos de producción económica, el capitalismo y el socialismo, suele denominarse neoconservador (en Estados Unidos) y neoliberal (en Europa). La importancia del libro de Berger estriba, sin embargo, en su esfuerzo por no separar el estudio de un planteamiento descriptivo. Cualquiera sea el juicio que su enfoque pueda merecer, y ya es sabido que para el socialismo doctrinario el enfoque descriptivo equivale a una toma de partido, Berger insiste en que el mayor mérito de su labor radica en que sus conclusiones, sean o no sean aceptadas a causa de las preconcepciones ideológicas del lector, describen y comparan fenómenos y no tratan de imponer juicios de valor apriorísticos.

Naturalmente la pretensión de descriptivismo siempre podrá discutirse. Pero es importante considerar que el auge de la legitimación del capitalismo en la más reciente sociología y por parte de la más dinámica teoría económica norteamericana no podría explicarse si no fuera porque las observaciones y las comparaciones entre datos de los distintos procesos de producción económica contribuyen a verificar ciertas hipótesis y a desmentir las tesis en cierto modo proféticas que venían anunciando desde hace más de un siglo los críticos de la sociedad de mercado. Conviene tener en cuenta que, por reciente que sea su edición, el libro de Berger se escribe antes de que se hubiera producido el desmoronamiento del sistema socialista de producción, aunque, naturalmente, en muchas páginas de este libro, aunque no se predice, sí se conjetura sobre esa posibilidad. Lo que Berger no discute es la diferencia de grado de eficacia entre uno y otro sistema de organizarse el Estado moderno y las consecuencias que, con relación a la distribución de bienes y no sólo a la creación de riqueza, se derivan de uno y otro proceso. El libro de Berger contribuyó y ha de seguir contribuyendo al sentimiento de reafirmación y de superioridad de la sociedad de mercado frente a cualquier otro tipo de sociedad.

Proposiciones

El libro se sintetiza en cincuenta proposiciones que son otras tantas afirmaciones acerca de las correlaciones entre capitalismo y modernidad, capitalismo y Estado, capitalismo y democracia, capitalismo y libertad, capitalismo y movilidad social, capitalismo e igualdad de oportunidades, capitalismo y sociedad de clases, principalmente. De ellas se desprende que el régimen de sociedad de mercados es el único compatible con la democracia, el más productivo económicamente, el más transparente.

Ciertamente, Berger no distingue entre «democracia» y «limitación del Estado», razón por la cual tiende a identificar democracia con capitalismo y a contraponerla al socialismo que considera no democrático. Posiblemente discutido en todas sus implicaciones, el punto de vista de Berger es acertado, pero él mismo ha de criticar y de excluir como ejemplo de «teorías conspiratorias», en el sentido en que Popper utilizó esta expresión, las explicaciones y críticas marxistas del sistema de producción capitalista como un procedimiento puramente formal para legitimar la explotación de una clase por otra.

Los fundamentos metodológicos de Berger proceden principalmente de Max Weber, Schumpeter y Hayek. La influencia de Marx es, en muchos aspectos, notable. Principalmente en su aceptación casi sin discusión de la noción marxista de «clases sociales» y de «antagonismo» entre clases. Puede sorprender esta doble dependencia. Sin embargo, el aspecto diferencial es que Berger prescinde de usar las nociones teóricas como nociones normativas, algo que aparecía implícito en las teorías marxistas y evita interpretar escatológicamente el proceso histórico.

Doble clase media

No se trata, pues, de que una clase acabe imponiéndose sobre la otra, sino de que el dinamismo social evolucione, a partir de un proceso productivo que se manifiesta más eficazmente redistributivo, modificando a su vez el sentido del conflicto. En este aspecto tal vez lo más interesante del planteamiento de Berger, en sí mismo discutible, estribe en que considera que la sociedad del capitalismo avanzado, en la que la noción de «sociedad postindustrial» empleada por Bell sea aplicable, se caracteriza por el surgimiento de una doble clase media cuyos intereses son conflictivos.

Cabría interpretar, pues, que la antítesis original entre burguesía y proletariado se ha dulcificado por los procesos de estratificación y por la aparición de una gran clase media. Pero el conflicto o antagonismo entre clases se ha desplazado al interior de la clase media en la que cabe distinguir dos grupos claramente opuestos por sus diferentes dependencias económicas y por la contraposición de sus intereses materiales. Por un lado la pequeña pero extensa burguesía que se integra en la sociedad de mercado y cuyos rendimientos proceden del beneficio y la acción del mercado. En segundo lugar, la «burguesía» que depende de los presupuestos del gran Estado benefactor y en cuya punta de lanza figuran los intelectuales universitarios.

Sin duda, el esquema es simplificador pero permite explicar muchos aspectos contradictorios de la sociedad actual.

Capitalismo y desarrollo

Especial interés tienen los capítulos destinados a estudiar las correlaciones entre capitalismo y desarrollo. Escritos antes de que se iniciara el cambio de las sociedades socialistas, las hipótesis de Berger pueden servir de orientación sobre las dificultades y problemas del proceso de modernización inherente al capitalismo. Berger apela a la noción de Max Weber de «racionalización» (o progresivo «desencantamiento») y discute si ese guión interpretativo es aplicable a la rápida expansión del sistema capitalista en sociedades tan tradicionalistas como la japonesa y la de los pequeños cuatro dragones asiáticos.

A su juicio, y en contra de la tesis unidireccional sostenida por Weber acerca del proceso de desencantamiento pero confirmando la tesis sostenida por Weber sobre las relaciones entre protestantismo y capitalismo, ciertos ingredientes específicos de las tradiciones y la cultura popular orientales han cooperado intensamente en el asentamiento del capitalismo. En suma, lo que se desprende de este punto de vista es que el capitalismo es compatible con las tradiciones religiosas específicas aunque de algún modo modifique en el sentido de «modernización» weberiano las relaciones sociales.

Las cincuenta proposiciones de Berger, en que se resume el libro, se presentan como hipotéticas y, por tanto, revisables y refutables en grados diversos y confirmadas en inversa proporción a su refutabilidad. Desde el punto de vista global el libro tiene importancia porque contribuye a desequilibrar a favor de las tesis neoconservadoras el litigio entre una interpretación liberal (en sentido europeo) de la democracia y una interpretación socialista o socialdemócrata.