Lorenzo Silva y la lección moral del general Campins

El escritor participó en el Foro Nueva Revista

Lorenzo Silva. Fotos: Federico Marín Bellón / Nueva Revista
Lorenzo Silva. Fotos: Federico Marín Bellón / Nueva Revista
Ángel Vivas

Avance

El último Foro Nueva Revista conjugó lo literario, lo histórico y lo moral. Todo, alrededor de un personaje real, el general Miguel Campins, llevado a la literatura por Lorenzo Silva en su novela Con nadie. Campins fue uno de los militares que en julio de 1936 se mantuvo fiel a la legalidad y, guiado por un afán de salvar vidas y mantener el orden en Granada, donde era gobernador militar, ni se sublevó ni armó a los militantes de izquierda como quería el gobierno.

Semejante actitud le costó la vida. Sometido a un consejo de guerra por sus compañeros de armas golpistas, fue fusilado. El mismo Franco, todavía no jefe del Ejército ni del «gobierno del Estado», que había conocido a Campins y le respetaba, intercedió por él sin éxito.

ArtÍculo

De las relaciones entre la historia y la ficción, de elecciones morales o mantener la cabeza tranquila cuando, alrededor, tantas cabezas se pierden; de algunos episodios provechosos de la guerra civil… de esos asuntos y algunos más se habló en el último Foro Nueva Revista, en el que intervino el escritor Lorenzo Silva. El motivo era su libro más reciente, Con nadie, subtitulado Vida y destino del general Campins. Miguel Campins fue un general español, víctima de una guerra, el conflicto civil de 1936-1939, en la que no participó. La aparente paradoja resume la peripecia final de este militar y buena parte de lo que se habló en el Foro.

Con nadie. Lorenzo Silva. Ed. Destino, 2026

Flash back: Campins fue un general africanista que pasó unos cuantos años en Marruecos, donde participó en varios episodios importantes: lucha contra el Raisuni (que no debía ser tan simpático como el Sean Connery que lo encarnó en la pantalla), contra Abd el-Krim, el desembarco de Alhucemas… Allí coincidió con otro africanista que, con el tiempo, sería un poco más famoso que él, hasta el punto de aparecer en sellos y monedas, un tal Francisco Franco. Fueron las suyas, dijo Lorenzo Silva en la charla, como vidas paralelas; coincidirían luego también en la Academia de Zaragoza. El escritor lamenta que la guerra de Marruecos sea tan poco conocida de los españoles, esté tan poco contada en libros y en películas, aunque él, nieto de un soldado de entonces, sí lo haya hecho (igual, por cierto, que quien dialogó con él en el Foro, el periodista de Nueva Revista Alfonso Basallo, nieto del entonces famoso sargento Basallo, citado por Valle-Inclán en Luces de bohemia). El desconocimiento es tanto más grave en cuanto que de los polvos de Marruecos, sostiene Silva, vinieron los lodos de la historia posterior, incluyendo la guerra civil, consecuencia de las fracturas que se produjeron entonces; en el propio ejército, por ejemplo.

Julio de 1936: Campins es nombrado comandante militar de Granada. En ese momento, se encuentra exactamente como indica el título de la novela de Silva: con nadie. El gobierno de Azaña no se fía de este militar católico y conservador y le raciona o le escamotea la información. El gobernador civil le llega a pinchar el teléfono. Por su parte, sus compañeros de armas que van a participar en el golpe de Estado en los días inmediatos tampoco se fían de alguien como él, reservado, demasiado profesional, demasiado culto y absolutamente alejado de la política, convencido de que la participación de los militares en política es totalmente indeseable para ellos y para el país.

Personajes en busca de autor

Inciso franquista: ese decidido alejamiento de la política le hacía lo más opuesto a Franco, «un político metido en un uniforme militar» al decir de Silva, que tiene mucha presencia en la novela. Desde los diecinueve años, Franco busca en Marruecos la unidad en que se puede progresar, la cercanía a personajes que le pueden favorecer, se acerca a Primo de Rivera, al rey, al que apela cuando no le conceden un ascenso (el rey, efectivamente, favoreció su ascenso a comandante; Franco sería conocido como el comandantín, con el tiempo sería generalísimo). En Zaragoza, contó Lorenzo Silva, transmitiendo un testimonio del general Gutiérrez Mellado, el que llevaba la Academia era Campins; Franco estaba en las relaciones públicas, en venderse como personaje. «Franco es un político nato», resumió Silva.

Inciso literario: en el Foro, Lorenzo Silva explicó algunos aspectos de su cocina literaria y de cómo se enfrenta un escritor a sus personajes. En cuanto a Campins, cuando supo su historia, vio que había en ella un libro que él podía y debía escribir. «Porque hay muchas historias buenas, pero no todas le interpelan a uno hasta sentir que tiene una cierta necesidad de contarlas. Con el tiempo, he aprendido a seleccionar esas historias que, por una parte, puedo contar y, por otra, te llaman de tal forma que uno se siente incómodo si no lo hace», explicó el novelista.

Lorenzo Silva, protagonista del Foro Nueva Revista. Foto: Federico Marín Bellón
Lorenzo Silva, protagonista del Foro Nueva Revista. Fotos: Federico Marín Bellón

Por otro lado, siguió diciendo Silva, el autor tiene una cierta obligación de meterse en los zapatos de todos los personajes, incluso de aquellos con los que no tiene nada en común. De modo que también intentó entender a ese joven que quiere ascender, casarse con una chica de Oviedo, que quiere hacer el curso de Estado Mayor, en el que no es admitido (tenía más rango del solicitado para el curso) y acaba volviendo a África, dejando colgada a la novia (más tarde se casarían). «Entender al personaje, mostrar a la gente con sus actos y circunstancias, creo que ese es el papel del narrador».

Desenlace trágico

Esos dos militares tan distintos tuvieron una última relación en el desenlace trágico de esta historia. El 18 de julio, Campins está en Granada. El gobierno de Azaña le insta a armar a los militantes de izquierdas para parar el golpe. Desde Sevilla, Queipo de Llano le presiona para que se sume al levantamiento militar. Campins se niega a ambas cosas. Está solo, rodeado de golpistas. «En esos momentos —contó Lorenzó Silva— adquiere su verdadera grandeza. El que había sido un héroe clásico en la guerra de Marruecos practica una suerte de heroísmo civil que le cuesta la vida. Se responsabiliza a la vez de la vida de sus hombres y de la de los ciudadanos de Granada. Acuartela las tropas y no reparte armas a las milicias; sabe los estragos que pueden causar tanto una tropa armada como una tropa irregular armada. No entiende la ligereza con que otros exponen la vida de los demás. Esa vocación de preservar las vidas ajenas le va a costar la suya. En los tres días en que conserva el mando no se dispara un tiro en Granada».

Detenido y condenado a muerte en consejo de guerra, Franco trata de interceder por él. ¿Con el suficiente empeño? Cuestión imposible de responder, dice Silva. Lo cierto es que envía dos cartas a Queipo, que este ignora. Además de que Franco y Queipo se detestaban y odiaban recíprocamente, Franco no tiene todavía el poder de ser generalísimo.

De la historia de Campins se extraen algunas enseñanzas provechosas que fueron puestas de relieve en el Foro. El 17-18 de julio no se sublevó el Ejército español, sino una parte de él. Entre los que se mantuvieron fieles al gobierno legítimo, cuyos nombres merecen ser recordados (los Escobar, Aranguren, Rojo, Herrera, Leret…) no faltan los que, como Campins, eran católicos y conservadores que —quizá precisamente por católicos— no quisieron faltar a la palabra dada. Además de esa razón, de no querer contribuir al desorden ni meterse en política, Miguel Campins tampoco veía que la situación política hubiera llegado al punto de degeneración que justificara una sublevación militar.

Una última enseñanza, quizá la principal, resaltada por Lorenzo Silva, es que lo que hizo aquel militar fue una elección moral guiada por el afán de salvar vidas. «Esta es una historia iluminadora y alentadora que muestra que el ser humano siempre tiene esa capacidad».