Por qué Elon Musk quiere enmendar a Christopher Nolan

El magnate dice que quiere ser fiel a Homero, pero está quedando en evidencia con un tráiler hecho con IA, «absurdamente kitsch», ante una película que privilegia lo humano sobre lo digital y que ha supuesto el regreso del espectador a las salas

Matt Damon en una escena de la «Odisea», de Nolan. © Universal Pictures
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Las críticas de Elon Musk y los sectores conservadores a la Odisea de Christopher Nolan por su wokismo se han revelado poco fundadas, indica la periodista Michelle Golberg en su columna en The New York Times. Sí, claro, en el reparto hay una actriz de color (Lupita Nyong’o haciendo de Helena de Troya) y un transexual (Elliot Page haciendo del guerrero Sinón). Papeles, por otro lado, secundarios. Por lo demás, el marco moral de la trama, tal como la cuenta Nolan, está más cerca de las coordenadas culturales del cristianismo que de las del paganismo, y así lo reconocen algunos de esos sectores conservadores.

Pero el magnate, indignado, ha prometido hacer una Odisea más auténtica y ha recurrido a la IA, con la que —asegura— estrenará a final de año una versión «históricamente precisa» y «fiel al arte de Homero». De aperitivo, ha lanzado un tráiler, «un fragmento absurdamente kitsch producido con su generador de imágenes Grok». Y ha quedado en evidencia: si lo que busca es autenticidad, se ha lucido, porque la que resulta más real y realista es la película de Nolan, que «representa una rebelión de lo humano en un mundo atiborrado de bazofia de IA».

La obra representa una defensa de la materialidad, el trabajo artesanal y la experiencia física frente a la estética artificial de las imágenes generadas por algoritmos. Esta filosofía impregna todo el proceso de producción:

—El director de fotografía Hoyte van Hoytema explicó a The New York Times que prefieren «lugares reales, localizaciones reales, cosas tangibles y táctiles frente a la cámara». El cíclope Polifemo fue una marioneta animatrónica de 18,3 metros, no una creación digital. Las sirenas aparecen como figuras pequeñas a distancia y el Hades como un campo turbio. Nolan filmó en un barco de madera durante una tormenta real que provocó mareos y vómitos entre los extras, logrando una autenticidad visceral.

—Los dioses apenas aparecen, salvo Atenea, interpretada por Zendaya. El influencer conservador Matt Walsh se quejó de que la película «es una historia completamente desencantada, carente de lo sobrenatural», comparándola desfavorablemente con Gladiador o Apocalypto. Prima, en efecto la escala humana.

Paradójicamente, la austeridad visual ha convertido la película en un éxito comercial. Espectadores viajan en avión para verla en IMAX de 70 milímetros; y el único cine de Manhattan con ese formato agotó entradas hasta el 19 de agosto. La contradicción aparente entre falta de espectacularidad y éxito de taquilla se resuelve porque «la IA ha abaratado el atractivo visual. Los espectadores anhelan lo visceral».

Las películas de aspecto artificial (Supergirl, Star Wars: the Mandalorian and Grogu) han fracasado, mientras que películas de terror de bajo presupuesto como Obssesion y Backrooms, basadas en premisas de tensión más que en imágenes espectaculares, han triunfado. «El público en 2026 está enviando un mensaje claro: queremos que las películas se vean reales», escribe un crítico de The Hollywood Reporter.

El fenómeno Nolan está marcando un punto de inflexión. Tras varios años de declive —2023, 2024, 2025—, la presente temporada va camino de ser la más taquillera desde 2019. La generación Z es ahora el grupo demográfico más activo en cines. El propio Nolan comenta en una entrevista con The Telegraph: «Nunca en mi vida he visto un rechazo generalizado tan rápido a un salto tecnológico supuestamente fundamental [la IA]». Más bien lo que los espectadores jóvenes tienen es «un interés renovado en formas de narración más táctiles y más reales». Lo dice el director de Tenet y Origen, pero también «el mayor defensor de la realización cinematográfica práctica y analógica, que ni siquiera tiene un teléfono inteligente».

«Este ethos», concluye Michelle Goldberg, más que el reparto multirracial y diverso, es lo que probablemente repele a Elon Musk: la Odisea cuestiona sus visiones de grandeza derivadas de videojuegos y su convicción de que los algoritmos pueden crear arte. Musk se equivoca si cree que sus máquinas podrían poner en pie algo comparable a la película de Nolan.

El artículo completo publicado por Michelle Goldberg se puede leer en The New York Times