¿Avanza torpemente EE. UU. hacia una guerra con China?

Los estallidos bélicos no surgen solo de las intenciones agresivas sino también de errores de percepción y cálculos equivocados. Por ejemplo, con un asunto tan sensible como Taiwán.

Un fragata china y un destructor estadounidense durante unas maniobras navales. CC Wikimedia Commons
Nueva Revista

Robert Kaplan. (Nueva York, 1952). Analista político. Columnista en The Washington Post y The New York Times. Profesor titular en la Universidad de Texas. Su libro más reciente es China Whisperers: The Voices That Have Shaped America’s Views of Its Chief Geopolitical Rival

Avance

«Antes que Irán, antes que Afganistán, no hay ningún país con el que Estados Unidos se haya equivocado tanto como con China», sostiene Robert Kaplan en un artículo publicado en The New York Times. Volver a equivocarse con el gigante asiático sería catastrófico. Por eso, «es crucial que el presidente Trump encuentre el equilibrio adecuado en su cumbre de esta semana con Xi Jinping». 

En su último libro, China Whisperers, acerca de la percepción que Estados Unidos tiene sobre su rival geopolítico, Kaplan desarrolla la idea de que China es un enigma difícil de abordar con categorías occidentales y que los asesores de la Casa Blanca no siempre han acertado con sus interpretaciones.

Errores de percepción

En el artículo de The New York Time, el autor pasa revista a los errores de interpretación del pasado. El primero se produjo tras la Segunda Guerra Mundial. Estados Unidos había apoyado a Chiang Kai-shek frente a Japón y esperaba que la China nacionalista se convirtiera en una de las grandes potencias de la posguerra. Pero la inesperada victoria de Mao Tse Tung en la guerra civil sorprendió a Washington y dio lugar al debate de «¿Quién perdió China?», que alimentó el «miedo rojo» de los años cincuenta.

Décadas después, en 1972 tuvo pleno sentido la jugada diplomática del presidente Richard Nixon y el secretario de Estado Henry Kissinger para atraer a China y convertir al adversario comunista en pieza estratégica frente a la URSS. La fórmula se mantuvo hasta 1989, cuando la represión de Tiananmén y el final de la Guerra Fría volvieron a situar a China en una posición más ambigua.

El espectacular crecimiento económico y tecnológico del país en los años 90 llevó a demócratas y republicanos a pensar que su entrada en la Organización Mundial del Comercio conduciría progresivamente al capitalismo y a una sociedad más liberal. EE. UU. volvió a equivocarse. Con un «totalitario leninista» como Xi Jinping el régimen chino acentuó sus rasgos dictatoriales.

Ambigüedad estratégica respecto a Taiwán

No era fácil entender el complejo rompecabezas chino, indica Kaplan. Las cosas se han vuelto aún más complicadas actualmente, con un Pekín envalentonado y un Washington errático. Por ejemplo, con el espinoso contencioso de Taiwán. Por el Comunicado de Shangai (1972), EE. UU. reconocía que la isla formaba parte de China pero, a la vez, se reservaba el derecho de responder a cualquier amenaza contra su seguridad. Esta «ambigüedad estratégica» ha sido un pilar de estabilidad y los distintos presidentes estadounidenses han mantenido siempre una retórica cautelosa.

Ahora más que nunca, el gobierno norteamericano debe andarse con pies de plomo. Desde luego, evitar la agresividad, pero también una política menos firme respecto a Taiwán ya que, si Pekín interpreta esa actitud como falta de voluntad para defender la isla, podría sentirse más inclinada a atacarla.

Como señala el sinólogo de Yale, Odd Arne Westad, fue la suposición de Alemania de que Gran Bretaña quizá no acudiría en ayuda de sus aliados en 1914 lo que contribuyó a desencadenar la Primera Guerra Mundial.  «Si China supone que Estados Unidos quizá no acudiría en ayuda de Taiwán, eso podría aumentar igualmente las posibilidades de una guerra», alerta Kaplan.

A todo ello se añade ahora la feroz competencia por la inteligencia artificial, que puede convertirse en otro factor de desestabilización, si Washington y Pekín no encuentran mecanismos de cooperación.

Claridad de las señales

Así las cosas, la mejor herramienta para evitar una escalada «es la disciplina política y la claridad de las señales». EE. UU. debe evitar enviar mensajes contradictorios a China, del mismo modo que Pekín debe evitar confundir a Washington. Los estallidos bélicos pueden surgir no solo de las intenciones agresivas, sino también de errores de percepción, señales ambiguas y cálculos equivocados. Con China, el coste de cometer nuevamente ese tipo de error sería potencialmente mucho mayor que en el pasado.

Las consecuencias serían muy superiores a las de los actuales conflictos de Ucrania, Gaza o Irán, advierte el autor. Una guerra de alta intensidad en el Pacífico occidental afectaría a las principales cadenas mundiales de suministro y transformaría profundamente la economía y la política internacionales. 

Esta entrada de Nueva Revista, redactada por Alfonso Basallo, sintetiza los argumentos principales del artículo America Is Blundering Toward War With China, de Robert Kaplan. Fue publicado en The New York Times, el 21 de septiembre de 2026.


Foto: La fragata Hengshui (572), de la armada china, y el destructor USS Stockdale (DDG-106), de la armada estadounidense, durante unas maniobras navales en el Pacífico, en 2016.  Imagen publicada por la Armada de EE. UU. con la identificación 160728-N-EH218-109. El archivo de Wikimedia Commons se puede consultar aquí.