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Ver productosEl teólogo dominico asumió las nuevas corrientes conservando, al propio tiempo, la solidez de Tomás de Aquino para dar respuesta a los dilemas del mundo moderno

28 Oct 2026 - 4 min.
Sixto J. Castro, O. P. Fraile dominico. Doctor en Filosofía y bachiller en Teología. Profesor Titular de Estética y Teoría de las Artes en la Universidad de Valladolid.
Avance
Francisco de Vitoria se enfrentó al reto de dar respuesta a las corrientes humanistas del siglo XVI, renovando la escolástica y conservando, al propio tiempo, la solidez teológica de Tomás de Aquino. El profesor Sixto J. Castro desarrolló esta tesis en el Congreso Internacional Francisco de Vitoria y la Escuela de Salamanca: Humanismo cristiano y dignidad humana, con la ponencia titulada El encuentro entre tomismo y humanismo en Francisco de Vitoria. El experto fue presentado por Ricardo de Luis Carballada, O. P.
Las jornadas se celebraron del 1 al 4 de octubre en Salamanca, en el Aula Magna de la Facultad de Teología San Esteban, y fueron organizadas por la Fundación Universidad Villanueva y por la propia facultad.
Nueva Revista ofrece aquí una síntesis de la intervención del profesor Castro.
ArtÍculo
el contexto cultural al que se enfrenta Francisco de Vitoria es sumamente complejo. Europa atraviesa una profunda crisis intelectual a principios del siglo XVI, recuerda Sixto J. Castro. Por un lado, Martín Lutero calificó la ética aristotélica de «enemiga de la gracia»; por otro, las críticas del humanista español Juan Luis Vives hacia los «sofismas silogísticos» iba contra la estructura de la enseñanza universitaria medieval; al tiempo que la expansión hacia las Américas, las tensiones políticas y los debates de temática conciliarista1 parecían exigir a los pensadores católicos una renovación doctrinal. El conciliarismo es la afirmación de la superioridad del concilio sobre el romano pontífice.
Mientras universidades como Alcalá integraban la crítica humanista, «los dominicos de Salamanca emprendieron una defensa creativa de la escolástica». Y para superar la especulación abstracta y responder al humanismo sin renunciar a la metafísica ni a la lógica, «articularon un regreso a Tomás de Aquino, adaptando su obra a los problemas eclesiales, sociales y políticos del siglo XVI».
Durante su estancia en la Universidad de París, como estudiante y profesor entre 1507 y 1523, Francisco de Vitoria había presenciado la reorganización del pensamiento tomista. De allí heredó una teología orientada a la práctica (ética, moral, economía, derecho), así como la atención a la filosofía del derecho y a los problemas de poder civil y eclesiástico y un contacto directo, pero cauto, con las obras de Erasmo y los nominalistas.
Tras París, Vitoria ejerce como docente en Valladolid y Salamanca. En esta última propuso como texto de estudio la Summa en lugar de las Sentencias de Pedro Lombardo, ya que consideraba que aquella ofrecía una estructura lógica y sintética más sólida para el aprendizaje. Implantó, además, la práctica del dictado de las lecciones.
Asumió Vitoria el retorno a las fuentes bíblicas y patrísticas que preconizaban las corrientes humanísticas, así como la atención a problemas morales, políticos y sociales. Pero rechazó su «abandono de la metafísica y la lógica formal, sus excesos filológicos y su laxitud en cuestiones dogmáticas».
Para Vitoria, Erasmo de Róterdam, uno de los principales exponentes del humanismo, actuaba como un «gramático metido a teólogo», como se constata en su empeño por reducir discusiones teológicas a meras disputas filológicas, lo que ponía en riesgo la precisión conceptual del dogma. Contra ello el teólogo dominico aplica el principio tomista según el cual el buen traductor debe mantener el sentido profundo de la fe, adaptando el modo de hablar, sin caer en una «logolatría» literal que ignore el contexto teológico o histórico en el que los Padres y concilios precisaron el lenguaje.
Del encuentro entre la escolástica tomista y el entorno humanista del siglo XVI surge la metodología propia de la Escuela de Salamanca. Se caracteriza por estas notas:
Francisco de Vitoria no fue «un erasmista ni un escolástico rígido», concluye Sixto J. Castro. Su logro principal consistió en «renovar la escolástica desde dentro, asimilando las exigencias de elegancia, retorno a las fuentes y atención a las cuestiones prácticas del humanismo». Y conservando, al propio tiempo, «la solidez lógica y teológica de santo Tomás de Aquino para dar respuesta a los dilemas del mundo moderno».
Foto: Detalle del retrato de Erasmo de Róterdam (1523). Óleo y témpera sobre papel, de Hans Holbein el Joven. El archivo de Wikimedia Commons se puede consultar aquí.