Nunca más la guerra

Un libro de historia y una novela coinciden en mostrar los desastres de la guerra

La guerra, obra de Henri Rousseau
La guerra, obra de Henri Rousseau. © Dominio público, con licencia Creative Commons
Benigno Blanco

Avance

El autor reseña dos libros recientes: Continente salvaje. Europa después de la segunda guerra mundial, del historiador británico Keith Lowe, y la novela La hija del Este, de Clara Usón. Ambos títulos tienen la guerra como denominador común. En el primer caso, y como indica su título, se trata de una panorámica de la devastada Europa inmediatamente posterior a 1945. Un paisaje caracterizado por la destrucción, el hambre, las venganzas, los desplazamientos masivos de población (eufemismo para limpieza étnica), la pobreza que lleva a la prostitución, la desconfianza hacia los supervivientes… Los desastres de la guerra que se prolongan en las posguerras.

La novela de Clara Usón se centra en las guerras étnicas y religiosas de Yugoslavia de la primera mitad de los años noventa. Novela muy bien documentada, en la que aparecen personajes reales, es un estremecedor acercamiento al horror de los enfrentamientos civiles con prácticas genocidas. La conclusión del autor de la doble reseña es rotunda: Nunca más la guerra. El artículo se publicó el pasado 20 de octubre en la revista Religión en Libertad.

ArtÍculo

Somos una generación que no hemos conocido la guerra; y, por ello, corremos el riesgo de olvidar lo terrible que es la guerra y sus consecuencias. Ayuda a comprender las consecuencias de una guerra el libro de Keith Lowe, historiador británico, Continente salvaje. Europa después de la segunda guerra mundial (516 págs., Ed. Galaxia Gutenberg) en el que estudia con detalle la Europa de los cinco años siguientes a la II Guerra Mundial, describiendo un continente asolado por la destrucción física, el hambre, la degradación moral, las brutales venganzas en el interior de cada país tras la victoria aliada, las guerras civiles en algunos de ellos, los desplazamientos masivos de poblaciones a consecuencia de la fijación de las nuevas fronteras por los vencedores, las violaciones masivas y la prostitución de tantas mujeres para poder comer o mantener a sus hijos, el rechazo a los judíos que habían sobrevivido al holocausto al volver a sus países de origen, etc. Acabada oficialmente la guerra siguieron varios años en los que hubo millones de muertos, pues los odios y las miserias que la guerra dejó detrás de sí no desaparecieron de la noche a la mañana.

Es muy conocida la historia de la II Guerra Mundial, pero quizá hemos perdido la memoria histórica del terrible drama en que se hundió Europa durante unos años tras aquella contienda. La obra de Lowe, especialista en aquella época, nos puede ayudar —a quienes tenemos el privilegio histórico de no haber vivido ninguna guerra en primera persona—. a recordar lo que supone una guerra incluso más allá de los frentes de batalla. Esa memoria nos puede venir muy bien a todos en los tiempos presentes para que nos convirtamos en responsables activistas de la paz.

Basta repasar el índice del libro del historiador británico para que nos tomemos en serio aquel grito papal de ¡Nunca más la guerra! (cfr. discurso de Pablo VI en la ONU el 4 de octubre de 1965, recordado por el papa León en su primera y reciente encíclica). La parte primera se denomina «El legado de la guerra» y se subdivide en capítulos con títulos como los siguientes: destrucción física, ausencia, desplazamiento, hambruna, destrucción moral, el paisaje del caos, etc. La segunda parte lleva por título «Venganza» y sus capítulos son, entre otros: sed de sangre, los campos liberados, mano de obra esclava, la venganza contra mujeres y niños…

La tercera parte, «Limpieza étnica» trata el drama de los judíos liberados de los campos y rechazados en sus países de origen, la limpieza étnica en varios países del Este de Europa, la expulsión de los alemanes de los territorios que dejaron de pertenecer a la Alemania que surgió de la contienda y las guerras en Yugoslavia entre los distintos pueblos que la integraron después. La cuarta parte está dedicada a las guerras civiles y la violencia política que siguieron a la paz formal, aunque con distintas intensidades, en Francia, Italia, Grecia, Rumanía, Ucrania, Polonia, etc.

Tomarse en serio la guerra

Este libro refleja muy bien el legado moral y humano de la guerra, que es terrible; y que conviene no olvidar. Se pone de manifiesto en él, también, que de las guerras se sabe cómo y cuándo empiezan, pero es imposible saber lo que durarán y hasta dónde se extenderán. Ya lo estamos viendo en nuestros días con los conflictos de Ucrania, Irán, Gaza… que en breve tiempo se les han ido de las manos a sus promotores. No juguemos con la guerra; tomémosla muy en serio. ¡Nunca más la guerra!

Otro libro que puede ayudarnos a pensar en lo que supone una guerra —en este caso una novela, pero muy bien fundamentada y documentada respecto a la historia que cuenta— es La hija del Este, de Clara Usón (448 páginas, editorial Seix Barral, 2012). En esta novela, la autora recrea las guerras en la antigua Yugoslavia entre serbios, croatas y bosnios, entre 1990 y 1995, hasta que intervino Estados Unidos en este último año con los bombardeos ordenados por Clinton, que pusieron fin —de momento— a las guerras étnicas y religiosas que provocaron auténticos genocidios y el exterminio de parte de la población afectada. En esta novela se recrea una amplia galería de personajes, como Slobodan Milosevic, Radovan Karadzic y —él es el centro de la novela— el llamado «carnicero de Bosnia», Ratko Mladic, que —por cierto— falleció el pasado mes de agosto en la cárcel holandesa en que cumplía pena por genocidio impuesta por el Tribunal Penal Internacional. ¡Ha sido enterrado en su país como héroe nacional!

Se trata de una novela muy bien documentada sobre la realidad histórica en que se desarrolla, siendo los personajes principales los líderes reales de los genocidios de las guerras balcánicas de finales del siglo XX, reflejados según la información disponible sobre sus vidas y personalidad. A través de esta novela podemos asomarnos a la última masacre bélica y genocida desarrollada en Europa hace apenas 30 años, es decir, ayer, por la fuerza de nacionalismos extremos. Tanto en el tiempo como en el espacio geográfico, esas guerras yugoslavas nos muestran que la guerra y sus barbaridades pueden hacerse presentes en nuestras vidas, que no son cosa del pasado, que hay que trabajar por la paz hoy para evitar la guerra mañana.

Sugiero también leer la encíclica del Papa León XIV, Magnifica humanitas, especialmente el capítulo V, donde el pontífice nos habla de la guerra y la construcción de la civilización del amor. En ese texto hay muchas ideas relevantes sobre cómo todos, seamos socialmente importantes o gente corriente, podemos trabajar por la paz y coadyuvar a crear esa deseada civilización del amor que la Iglesia propone.


La imagen que encabeza este artículo reproduce el cuadro de Henri Rousseau La guerra. Es de dominio público, con licencia Creative Commons. Puede verse aquí.

El artículo original de Benigno Blanco en Religión en Libertad puede consultarse aquí.