Mi cesta
Tu cesta está vacía, pero puedes añadir alguna de nuestras revistas o suscripciones.
Ver productosMansfield sostenía en 1978 que la democracia necesita aristócratas y que los liberales no deben rendirse a la igualdad. Sus advertencias sobre la tolerancia, la igualdad y la diferencia sexual siguen siendo útiles

23 Sep 2026 - 5 min.
Harvey Claflin Mansfield Jr. (New Haven, 1932) es catedrático emérito de Filosofía Política de la Universidad Harvard, donde impartió clases de 1962 a 2023. Ha sido galardonado con la Medalla Nacional de Humanidades (2004). Es autor de estudios importantes sobre pensadores centrales de la filosofía política.
Avance
En 1978, Harvey C. Mansfield publicó The spirit of liberalism, una colección de ensayos en defensa del liberalismo clásico de John Locke y Thomas Jefferson. Su adversario de fondo era la Nueva Izquierda, con Herbert Marcuse como principal referente.

«El espíritu del liberalismo» recorre el cambio de significado de esa palabra en Estados Unidos. Mansfield parte de Aristóteles, pasa por Hobbes y Locke y llega a la transformación liberal en populismo y progresismo en los siglos XIX y XX. En uno de los ensayos, «Cucumber Liberalism», que se podría traducir por algo así como «Liberalismo impasible», Mansfield discute la neutralidad o tibieza de John Rawls.
Cuando Mansfield habla de «liberales», no identifica el liberalismo con la izquierda, como normalmente se hace hoy en día en los Estados Unidos. Pide a quienes se llaman liberales que vuelvan a defender, antes que nada, el liberalismo original.
ArtÍculo
Harvey C. Mansfield afirma que la tolerancia hacia los enemigos es un rasgo distintivo del liberalismo. Pero la entiende como parte de una política para persuadirlos o aislarlos, no como un fin en sí misma. Tolerar no obliga al liberal a ser un mero tipo agradable. Los argumentos liberales necesitan portavoces, y si los liberales no los defienden, nadie lo hará con eficacia (Mansfield, 1978, p. ix). El reproche es claro: quien se limita a tolerar deja que otros ganen la partida política.
Para Mansfield, no se puede reducir el conflicto político sin definir la dignidad humana, ni definirla sin arriesgarse al conflicto. Seguridad y dignidad surgen juntas y no se resuelven por separado (Mansfield, 1978, p. 4).
Por eso Aristóteles, al construir un régimen mixto de ricos y pobres, busca un criterio para combinarlos: una comprensión del bien humano o de la virtud. Sin ese criterio, ricos y pobres son meras cantidades de riqueza o de cuerpos. Solo pueden zanjar sus disputas superando en número al adversario. Y como nunca está claro qué se cuenta, el recuento siempre será discutido (Mansfield, 1978, p. 4). La tarea del régimen mixto consiste en hacer visible una virtud que la mayoría, incluidos muchos gobernantes, no sabe reconocer (Mansfield, 1978, p. 5). Se trata de superar los problemas por elevación.
Mansfield no propone volver al esplendor moral de Aristóteles ni a la arrogancia de la aristocracia británica. Pero sí recuperar la sabiduría de Jefferson, un demócrata liberal que habló con franqueza, aunque en una carta privada, de la necesidad que la democracia tiene de «aristócratas naturales» (Mansfield, 1978, p. 15). La democracia liberal es un régimen mixto y su éxito depende de reconocerlo. Los liberales pueden contribuir a la democracia, pero no deben convertirse en demócratas (Mansfield, 1978, p. 15).
El argumento es este. El liberal debe servir a la democracia, pero sin identificarse por completo con el principio de igualdad. Si lo hace, niega lo que distingue al liberalismo en su origen: el reconocimiento de que entre las personas hay diferencias reales de capacidad, virtud, educación o excelencia. La democracia liberal funciona porque combina igualdad y diferencia. Si los liberales convierten la igualdad en el único principio legítimo, dejan de aportar lo que hace al régimen liberal y no solo democrático.
El mismo desplazamiento afecta a los derechos. Mansfield advierte que la libertad de expresión no equivale a un derecho a mostrarse enfadado en público. El derecho de conciencia, añade, lo usan como pretexto para el espectáculo radicales que no sabrían definir la conciencia más que como una opinión airada (Mansfield, 1978, p. 25). Ese no es el liberalismo que Mansfield defiende. Un derecho desligado de cualquier idea de dignidad queda a merced del enfado de cada cual.
La crítica de Mansfield al feminismo de su tiempo es otra cara del mismo problema. El liberal que bascula a la igualdad como principio legítimo puede acabar negando las diferencias reales entre las personas.
El feminismo que Mansfield describe da ese paso: niega que exista algo propiamente femenino más allá del cuerpo. Lo que se ha tenido por femenino habría sido impuesto a las mujeres. Existiría un cuerpo femenino, pero no un yo femenino, porque el yo tendría poder para superar la distinción sexual (Mansfield, 1978, p. 25). Dicho de otro modo, una mujer tiene un cuerpo sexuado, pero su carácter, sus capacidades o su papel social no tendrían por qué depender de él.
Mansfield añade dos objeciones provocadoras. Si los varones han dominado históricamente a las mujeres, alguna diferencia corporal real, la fuerza, tuvo que hacerlo posible (Mansfield, 1978, p. 25). Después da un paso más. El ideal unisex se parece al sexo masculino en su egoísmo y su independencia. Los hombres maltratan a las mujeres cuando las ven como medios para su placer. Pero alcanzan la ternura y la fidelidad de que son capaces cuando las ven como fines a cuya felicidad pueden entregarse. Lo unisex, concluye, ni siquiera es lo masculino en su mejor versión, sino poder sin objeto. Para Mansfield, borrar la diferencia sexual no eleva a la mujer. La asimila a lo peor del varón (Mansfield, 1978, p. 26).
Mansfield, Harvey C. Jr. (1978). The spirit of liberalism. Harvard University Press. ISBN: 0-674-83312-0.
Foundation for Constitutional Government. (2015). An introduction to the work of Harvey C. Mansfield. Contemporary Thinkers.
Hancock, R. C. (2026). Modern times. Claremont Review of Books.
Crédito de la imagen: Harvey C. Mansfield en 2017. Fotografía de Gage Skidmore. CC BY-SA 3.0. Vía Wikimedia Commons.