Romano Guardini: «El ocaso de la Edad Moderna»

El instrumento empleado para resolver los problemas es, en último término, la fuerza. Lo que significa «que el uso equivocado del poder se ha convertido en norma», advierte el filósofo y teólogo alemán

Romano Guardini, en Baviera, años 20 del siglo XX. Fotografía de Johannes Schneider. CC BY-SA 3.0. Imagen recortada a 16:9. Dominio público vía Wikimedia Commons.
Romano Guardini, en Baviera, años 20 del siglo XX. Fotografía de Johannes Schneider. CC BY-SA 3.0. Imagen recortada a 16:9. Dominio público vía Wikimedia Commons.
José Manuel Grau Navarro

Romano Guardini (1885-1968), sacerdote, profesor y autor, ejerció como catedrático en las universidades de Berlín, Tubinga y Múnich. Su obra contribuye decisivamente a la renovación espiritual e intelectual del catolicismo. Su pensamiento influyó profundamente en la juventud alemana y en el Concilio Vaticano II.

Avance

En El ocaso de la Edad Moderna, una obra publicada originalmente en 1950, Romano Guardini argumenta históricamente para llegar a esta conclusión: «El hombre de la Edad Moderna no está preparado para el enorme incremento de su poder. Todavía no existe una ética del uso del poder bien elaborada y dotada de eficacia; menos aún una educación orientada a lo mismo, ni en las minorías ni en las masas». Con otras palabras: «El hombre moderno no está preparado para utilizar el poder con acierto». Como sabemos, y ya mencionamos en Nueva Revista, esa última frase la cita León XIV en su encíclica Magnifica humanitas.

Portada de Romano Guardini: «El ocaso de la Edad Moderna». Ediciones Cristiandad, 2026
Romano Guardini: «El ocaso de la Edad Moderna». Ediciones Cristiandad, 2026

El ocaso de la Edad Moderna es la elaboración de una serie de conferencias que Guardini pronunció en la Universidad de Tubinga en el semestre de invierno de 1947-48, y en la de Múnich en el verano de 1949. El filósofo y teólogo alemán explica las bases sobre las que se fundamentan la Edad Media y la Edad Moderna, lo que le permite a su vez caracterizar su tiempo, que en lo nuclear se parece al nuestro, especialmente con su reflexión sobre el poder. Abundará más sobre él en otro ensayo, de 1951: El poder.

De la Edad Media, digamos que entre el 500 y el 1500, Guardini se fija sobre todo en la Alta Edad Media. Cuando habla de Edad Moderna, para muchos entre 1500-1789, él la extiende hasta pasada la Primera Guerra Mundial, hasta 1920, aproximadamente, lo que quizá se designa más con Modernidad entre el público hispano.

ArtÍculo

Romano Guardini no pretende renunciar a los logros de la Edad Moderna en nombre de una «Edad Media románticamente transfigurada», ni de un «futuro ensalzado utópicamente». Denuncia «las atrofias, incluso los estragos, que ha sufrido el ser humano en la Edad Moderna», pero no niega que «en ella ha alcanzado una madurez de consecuencias trascendentales».

La lectura de este ensayo hace pensar en el apocalipsis, pero Guardini, sin quitar dramatismo, precisa: «Si hemos hablado aquí de una proximidad del fin, este no ha de entenderse en sentido cronológico, sino en sentido sustancial, es decir, que nuestra existencia está entrando en las fronteras de la opción absoluta y de sus consecuencias; de que se aproxima a una zona tanto de las máximas posibilidades como de los riesgos supremos».

Eso era en 1950, un tiempo marcado por la Segunda Guerra Mundial y el lanzamiento de bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki, en agosto de 1945. Pero las grandes figuras de la inteligencia artificial (IA) no dicen algo muy distinto hoy en día. Por ejemplo, Demis Hassabis: «Ya hemos visto los retos que plantean los modelos de frontera para la ciberseguridad, y pronto podrían surgir otras amenazas, incluidos riesgos nucleares y biológicos, a medida que las capacidades sigan avanzando».

Edad Media

En esta época, a grandes rasgos y en la mayoría de los casos, el hombre cree en la revelación bíblica, en que Dios ha creado el mundo y lo conserva. Es su soberano absoluto, una verdadera persona, no un ente mezclado con la naturaleza al modo del idealismo alemán. Dios crea por el imperativo de su Verbo, al contrario que en las demás concepciones de la constitución del mundo, de carácter mítico. El hombre medieval dispone de un punto de apoyo: la revelación. La Iglesia la formula en el dogma y cada individuo la acepta por la fe.

Para Guardini, la antropología de la Edad Media, considerada tanto en sus principios como en su conjunto, «es superior a la de la Edad Moderna». Lo que falta al pensador medieval «es el deseo de obtener un conocimiento de la realidad experimentalmente exacto».

En el Medioevo, un orden simbólico domina la historia con sus distintas fases, desde la creación hasta el juicio final. Dentro de ese marco, cada suceso tiene su sentido.

La política, en la Edad Media, se articula dentro del ordenamiento general ético-religioso, «dentro de la armonía de Imperio e Iglesia», considerados como las dos formas en que se «encarna el señorío divino». Si se cometía una injusticia, «se hacía contra el dictado de la conciencia», se percibía y se lamentaba, en el fuero interno, que se atentaba contra ese señorío divino, al que debían servir el papado y el imperio.

Edad Moderna

La acción política se presenta como algo que tiene sus leyes únicamente en sí misma y persigue la conquista, defensa y explotación del poder. Las injusticias que se cometen en su servicio «no solo se llevan a cabo con la conciencia tranquila, sino con una curiosa convicción de cumplir un deber». Ahí entran las teorías de Nicolás Maquiavelo (1469-1527) y de Thomas Hobbes (1588-1679). Para el segundo, el Estado es «señor y juez absoluto por encima de la vida humana, concebida a su vez como una lucha de cada uno contra todos los demás».

Giordano Bruno (1548-1600) diserta sobre un universo infinito y sobre un número infinito de universos.

El mundo deja de ser creación y se convierte en naturaleza. La obra humana no es ya un servicio exigido por la obediencia a Dios, sino creación. El hombre, antes adorador y servidor, se convierte en creador, señala Guardini.

Para el positivismo y el materialismo, la aparición del ser humano se debe a la evolución de la vida animal, a su vez fruto de diversas mutaciones en la materia. No se admite que el hombre, además de sus vínculos con el reino animal, sea algo esencialmente distinto, definido por el espíritu. El espíritu, si existe, no procede de la materia y no otorga al ser humano «un sello especial que lo distingue de todos los demás vivientes».

La Edad Moderna, advierte Guardini, se olvida de que el espíritu humano goza de libertad lo mismo para el bien que para el mal. Se decide a veces por el mal aunque no sea necesario, aun cuando pudiese realizar algo lícito.

Aparece la conciencia de la personalidad. El individuo se convierte en algo importante para sí mismo. «Nace el hombre que actúa, emprende y crea en forma autocrática, el hombre apoyado en su ingenium, conducido por la fortuna, retribuido por la fama y la gloria».

La Edad Moderna justifica la técnica por su utilidad para el bienestar del hombre.

Nuestro tiempo y el poder

Contra semejante optimismo, el hombre que surge como muy tarde hacia 1920 sabe que la técnica, en el fondo, «no se dirige ni a la utilidad ni al bienestar, sino al dominio», afirma Guardini. El peligro aumenta sin más de un modo desenfrenado desde el momento en que es el Estado, anónimo, teóricamente irresponsable, el que ejecuta la operación dominadora.

Se trata a los seres humanos como objetos con la mayor tranquilidad, «en una gama que va desde las incalculables formas de comprensión estadístico-administrativa hasta las opresiones inconcebibles del individuo, de grupos e incluso de pueblos enteros». No hacen falta para ello situaciones excepcionales ni la Segunda Guerra Mundial. Son formas normales «de gobierno y administración». ¿Nos recuerda esto quizás a las guerras de nuestros días?

En el transcurso de la Edad Moderna, «el poder sobre lo existente, tanto cosas como hombres, crece ciertamente en proporciones cada vez más gigantescas, en tanto que el sentimiento de responsabilidad, la pureza de conciencia, la fortaleza del carácter, no van en absoluto al compás de ese incremento». Se ha llegado a un punto, constata Guardini, en que el hombre «no está preparado para utilizar el poder con acierto». En gran medida, incluso falta la conciencia del problema, o bien se limita a ciertos peligros externos. No hay una ética auténtica y eficaz del uso del poder. Es cada vez mayor la tendencia a considerar el uso del poder «como un proceso natural, no sometido a norma alguna reguladora de la libertad, sino únicamente a los supuestos imperativos de la utilidad y de la seguridad».

Pero «no todas las atrocidades caen del cielo o, mejor dicho, suben desde el infierno». Las infamias y las destrucciones no surgen solo como producto de un individuo desnaturalizado o de pequeños grupos, insiste Guardini, «sino que proceden de trastornos y perversiones cuyo influjo se ha iniciado mucho tiempo antes». La norma moral, la responsabilidad, la dignidad y una conciencia despierta «no desaparecen de una colectividad viviente» si no han perdido «ya su valor con mucha anterioridad».

Conclusión

Subrayaba Guardini en 1950: «Comienza un nuevo período de la historia. A partir de ahora, y para siempre, el hombre va a vivir al borde de un riesgo que afecta a la totalidad de su existencia y cuya intensidad irá en aumento constante».

Le inquietaba a Guardini, y nos inquieta también en 2026, «que cada vez más tiene uno la impresión de que el instrumento empleado para resolver los problemas que crecen como una hidra es, en último término, la fuerza». Lo que significa «que el uso equivocado del poder se ha convertido en norma».

El problema central de nuestra época es el problema del poder. «No el de su aumento, que se opera por sí solo, sino el de su sujeción, el de su recto uso», concluye.

Referencias

Guardini, Romano. (1950). Das Ende der Neuzeit. Ein Versuch zur Orientierung. Basel: Hess Verlag. Primera edición.

Guardini, Romano. (2026). El ocaso de la Edad Moderna. Un intento de orientación. Madrid: Ediciones Cristiandad. Traducción de José Gabriel Mariscal. ISBN: 978-84-7057-720-8.

Crédito de la imagen: Romano Guardini, con ocasión de un encuentro del movimiento Quickborn en el castillo de Rothenfels (Baviera), en los años veinte del siglo XX. Fotografía de Johannes Schneider. CC BY-SA 3.0. Imagen recortada a 16:9. Dominio público vía Wikimedia Commons.