Romano Guardini: «El poder. Un intento de orientación»

El hombre ha aumentado prodigiosamente su dominio sobre el mundo y ha perdido en la misma medida el dominio de sí y su lugar en el mundo. Ahí empieza el problema del poder

Robot industrial KUKA IR160/60 - 601/60 del año 1983. Autor: Mixabest. CC BY-SA 3.0. Vía Wikimedia Commons
Robot industrial KUKA IR160/60 - 601/60 del año 1983. Autor: Mixabest. CC BY-SA 3.0. Vía Wikimedia Commons
José Manuel Grau Navarro

Romano Guardini (1885-1968) es uno de los grandes filósofos y teólogos del siglo XX. Sacerdote, profesor y autor de libros inolvidables, ejerció como catedrático en la Universidad de Berlín, hasta que los nazis lo forzaron a dimitir. Tras la Segunda Guerra Mundial, continuó su magisterio en Tubinga y en Múnich. Su obra contribuye decisivamente a la renovación espiritual e intelectual del catolicismo. Su pensamiento influyó profundamente en la juventud alemana y en el Concilio Vaticano II.

Avance

Magnifica humanitas, la reciente encíclica de León XIV «sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial», cita al filósofo y teólogo alemán Romano Guardini cuando afirma que «el hombre moderno no está preparado para utilizar el poder con acierto». La frase original se halla en El ocaso de la Edad Moderna, precedente de El poder. Un intento de orientación. Ediciones Cristiandad las reedita y sea bienvenida la idea porque esos ensayos lo merecen.

Romano Guardini: «El poder». Ediciones Cristiandad, 2026, portada
Romano Guardini: «El poder». Ediciones Cristiandad, 2026

En 1951, Guardini consideraba que nuestro mundo aceleraba hacia un acontecimiento que describía como «catástrofe global», por el crecimiento de unas posibilidades técnicas que guardan «una relación exacta con la disminución de la conciencia de la responsabilidad humana». Para Guardini, el mal no era solo que hubiera por ahí unos cuantos sujetos poderosos sueltos sin escrúpulos. Principalmente se trataba de que toda la sociedad había enfermado espiritualmente, es decir, perdía progresivamente el sentido de lo verdadero, de lo justo y de lo que hace al hombre ser hombre: la capacidad de amar y perdonar.

Guardini recuerda que para Platón, el tirano, definido como el poseedor de poder no ligado a la veneración de los dioses y el respeto a la ley, «constituye una figura de perdición». La Edad Moderna, añadía Guardini, «ha ido olvidando cada vez más este saber. Lo que ocurre en ella —el hecho de que se niegue toda norma que esté por encima del hombre, se considere el poder como autónomo, se determine su empleo únicamente por la ventaja política y la utilidad económica y técnica— es algo que carece de precedente en la historia».

Aunque publicado todavía bajo la enorme conmoción producida por la Segunda Guerra Mundial, no hace falta ser pesimista para descubrir que han aumentado exponencialmente los peligros que Guardini recogía ya en 1951, por la fuerte aceleración tecnológica de la que somos testigos, especialmente con la llegada de la inteligencia artificial (IA). Hoy, el ser humano ha aumentado prodigiosamente su dominio sobre el mundo y su capacidad para intervenir sobre la realidad, y a la vez ha perdido no menos espectacularmente su dominio de sí.

ArtÍculo

Puede hablarse de poder en sentido verdadero cuando surgen energías reales que cambian la realidad de las cosas y determinan sus estados y sus recíprocas relaciones. Para ello, «se necesita una conciencia dentro de tales energías, una voluntad que les dé unos fines, una facultad que ponga en movimiento las fuerzas en dirección a estos fines», recordaba Romano Guardini en El poder. Un intento de orientación.

El poder se dispone y es introducido por el que obra. El que conoce se «adueña» de la verdad, se «empodera» de ella, se dice hoy. Pero propiamente, el poder no es una idea, aunque parta a veces de ideas. Por sí mismo, no es ni bueno ni malo. Adquiere sentido por la decisión y la intención del que lo usa.

Según ha ido transcurriendo la historia de la humanidad, el poder se ha ido haciendo cada vez más anónimo. Al incluir la conciencia y la voluntad entre los elementos que lo definen, Guardini deduce que no hay hecho del que nadie sea responsable. Esto es muy relevante en el ámbito social, donde con frecuencia los políticos se desentienden de lo acontecido. Detrás del ejercicio del poder siempre hay un ser humano. Es así, subraya Guardini, hasta en el caso de los desastres naturales. El responsable de esas desgracias naturales es Dios. La teología no lo tiene fácil con el problema del mal (natural) en el mundo, aunque haya teólogos como Tomás de Aquino que lo resuelven.

Sentido cristiano del poder

Para Guardini, no se puede abordar con precisión el problema del poder si no se tienen en cuenta las enseñanzas de la Biblia. El hombre, necesariamente, debe ejercer el poder, no puede no hacerlo, como se pone de manifiesto en el libro bíblico del Génesis, porque su llamada es cultivar el mundo, y para ello hay que dominarlo. Actuar de ese modo es obedecer al plan original de Dios. Mandar es obedecer y servir. A la vez, como pone de manifiesto el mismo Génesis, la desobediencia a Dios trae consigo la muerte y usar mal del poder, como Caín asesinando a su hermano, pervierte la naturaleza de raíz.

Romano Guardini hacia 1920. Dominio público. Vía Wikimedia Commons

El caos introducido por la perversión del poder es de tal magnitud, recuerda Guardini, que tuvo que venir Jesucristo a redimirnos. Y no de cualquier manera, sino con una «recreación» o refundación del ser humano. Tras Jesucristo y con Jesucristo, somos nuevas criaturas en las que la humildad es fuerza para resistir al mal. La humildad bien entendida es la máxima expresión de fortaleza. Pero la redención no es un cambio de una vez por todas, es un nuevo comienzo permanente. La historia comienza de nuevo en cada hombre.

Herramientas y máquinas

Tras ese excurso, necesario en el razonamiento sobre El poder, Guardini recuerda que «la herramienta significaba un refuerzo de la natural capacidad de actuar que poseen los miembros y los órganos humanos». De ahí se pasó a la máquina: «Un sistema funcional calculado científicamente y construido con toda precisión, que se desliga cada vez más de la conexión operativa del cuerpo humano vivo». Las diferentes máquinas se relacionan entre sí, de tal manera que «lo que realiza una de ellas supone lo fabricado por la otra, y lo prolonga; es así como nace la fábrica. Diversas fábricas, coordinadas entre sí técnica y económicamente, constituyen un ámbito de producción». De todo ello resulta un orden de estructuras imaginadas y creadas por el hombre, pero que, «por su construcción y sus efectos, se alejan cada vez más de la organización humana directa».

En la medida en que se desarrolla la máquina cesa la creación directa de obras en la que intervienen conjuntamente el ojo, la mano, la voluntad de un fin, el sentido del material, la fantasía y la imaginación. «Por este motivo es el hombre mismo el que se empobrece en ciertos aspectos. Pierde la riqueza de la creación personal; en lugar de ello se pone a inventar aparatos, a usarlos y servirse de ellos». De este modo, «el productor renuncia a la vida individual de la obra y se acostumbra a no querer producir más que lo que la máquina permite». Surge «el mero trabajador, que sirve a la máquina». Surge el consumidor moderno, «al cual le son prescritos sus gustos mediante la producción en serie, la propaganda y las técnicas de venta».

¿Tiene eso que ver con la IA y con el poder? Sí, y mucho. Un hombre que saca el cuchillo y asesina al amante de su mujer es un homicida claro y, salvo que tenga una tara psíquica muy importante, carga con esa culpa. Un militar que aprieta un botón y lanza un misil que extermina a miles de seres humanos se siente exonerado, porque ha entrado en el mundo de las fábricas perversas de carácter tecnológico y político. Putin es el responsable último de todas las muertes en la guerra de Ucrania, claramente, pero los que están por debajo de él se escudan muchas veces en trampas que Guardini destapa en su reflexión sobre la tríada herramienta, máquina, fábrica. ¿Y con la IA? Nos fijamos en esta frase: «El productor renuncia a la vida individual de la obra y se acostumbra a no querer producir más que lo que la máquina permite». Hay periódicos ya que se confeccionan solo con IA.

Peor aún resulta que la maquinaria estatal moderna trata a los seres humanos, a sus súbditos, en multitud de casos de la misma manera que las máquinas a la materia. Las normas éticas quedan supeditadas al efecto y al éxito. Sin vínculos morales, cuando no imperan ni la verdad, ni la justicia ni el amor, el ser humano se entrega al poder y hasta hay voluntad de ser dominado, como se puso ejemplarmente de manifiesto en la Alemania nazi y la URSS estalinista.

Soluciones

Cuanto mayor es el poder, tanto más fuerte es la tentación de ir por el camino fácil: el de la violencia. Tanto mayor es la tentación de «excluir» a la persona y su libertad. La mentira de los poderosos intenta tapar la verdad a toda costa. Se tiende a obtener por la fuerza lo que se quiere. Se declara sin valor lo que no se puede obtener de este modo. ¿Hace falta poner ejemplos para vernos reflejados en esas ideas de Guardini?

No hay recetas fáciles para contrarrestar todo lo anterior. Guardini sugiere sobre todo mejoras personales. Propone profundizar en la educación política. Para Guardini, «gobernar» es una actitud humana, moral, espiritual, que implica «ante todo la conciencia de cuál ha de ser la constitución del mundo que está surgiendo, y de qué forma ha de ser entregado en manos del hombre, de cada hombre en el lugar que ocupa». Gobernar es saber qué se debe realizar y quién lo debe realizar. Para ello es necesario dominarse primero a sí mismo, ser humilde, reflexionar ante los problemas de cada día que nos afectan y no capitular ante la barbarie.

Referencias

Guardini, Romano. (1951). Die Macht: Versuch einer Wegweisung. Würzburg: Werkbund-Verlag. Primera edición.

Guardini, Romano. (2026). El poder. Un intento de orientación. Madrid: Ediciones Cristiandad. Traducción de Andrés-Pedro Sánchez Pascual. ISBN: 978-84-7057-719-2.

Crédito de la imagen de cabecera: Robot industrial KUKA IR160/60 – 601/60 del año 1983. Autor: Mixabest. CC BY-SA 3.0. Vía Wikimedia Commons.