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Ver productosEl historiador Götz Aly explica cómo el Tercer Reich refinanció su deuda mediante la guerra, con ecos en el gasto militar europeo actual

28 Jul 2026 - 4min.
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Götz Aly es uno de los más importantes historiadores alemanes. Vive. Nació el 3 de mayo de 1947 en Heidelberg. Para el propósito de este artículo, destacamos dos libros suyos:
Aly, G. (2006). La utopía nazi: Cómo Hitler compró a los alemanes (J. Madariaga, Trad.). Crítica. La edición original alemana es de 2005 y se titula Hitlers Volksstaat: Raub, Rassenkrieg und nationaler Sozialismus. En esa obra muestra que el gobierno de Hitler transformó al Estado alemán en una inaudita máquina de saqueo. Pero a la vez, se ganó a la gran mayoría de los alemanes con una combinación de prestaciones sociales, generosas ayudas y pequeñas exenciones fiscales. ¿Quién pagaba la factura mientras funcionó? Millones de europeos cuyas propiedades y medios de subsistencia fueron expropiados y rapiñados. También los ingresos de la venta de bienes judíos en Europa alimentaron las arcas de guerra alemanas.
El segundo es Aly, G. (2014). Los que sobraban: Historia de la eutanasia social en la Alemania nazi, 1939–1945 (H. Piquer Minguijón, Trad.). Crítica. Obra original publicada en 2012 con el título Die Belasteten: ›Euthanasie‹ 1939–1945. Eine Gesellschaftsgeschichte. Se trata del trabajo más personal de Götz Aly. Lo dedica a su hija Karline, gravemente discapacitada. Entre 1939 y 1945, unos 200.000 alemanes fueron asesinados por el antojo de que los nazis los consideraran enfermos mentales, rebeldes, cargados genéticamente con antecedentes familiares de discapacidad y dementes. Muchos familiares de esas víctimas aceptaron en silencio el asesinato de sus hijos, hermanos, padres y madres discapacitados. Pensaban, o se justificaban, con que era una forma de liberarse de una carga. La mayoría de las familias aún se avergonzaban de nombrar a las víctimas cuando se publicó el libro, en 2012. Las justificaciones ofrecidas por bastantes de los implicados resultan inquietantes. Hablaban de redención, muerte misericordiosa, interrupción de la vida, suicidio asistido y eutanasia. En 2012 se calculaba que uno de cada ocho adultos alemanes tenía parentesco directo con una persona asesinada por el expediente de la eutanasia.
En una entrevista con el FAZ, publicada el pasado domingo, titulada «Das klingt ein bisschen nach Nürnberger Rassegesetzen» (Eso suena un poco a las leyes racistas de Núremberg), Götz Aly vuelve a la carga, va un poco más allá y declara que con Putin, Trump y otros podemos estar perfectamente a las puertas de un nuevo 1933, cuando Hitler se hizo con el poder en Alemania.
Insiste en el papel de la economía, con tintes semejantes a los de 1933. Como Wilhelm Röpke (un economista de su devoción) puso de manifiesto, dice Aly, «Hitler tenía que librar una guerra para refinanciar su deuda récord». Desde 1934, «una parte significativa de los dividendos debía invertirse en bonos del gobierno a diez años, los impuestos corporativos se duplicaron, se impusieron impuestos de guerra al 15 por ciento de la población más rica y el resto quedó exento». Todo, medidas populistas, con ecos en las de los gobiernos democráticos de ahora.
Hitler, subraya Aly en la entrevista, «ganó popularidad gracias a los programas de asistencia social. Muchas de estas leyes siguen vigentes. Los jubilados cuentan con seguro médico desde 1941. Desde 1942, todos los empleados están cubiertos por un seguro de accidentes, incluidos los desplazamientos diarios, no solo los que desempeñan profesiones particularmente peligrosas. ¿Por qué no se menciona esto en los elogios al estado de bienestar alemán?» de hoy, se pregunta Aly. Contesta: «Para desviar la atención del hecho de que los nacionalsocialistas también cocinaban con agua, con agua política que aún funciona».
Concluye: «La teoría marxista de que el nacionalsocialismo fue esencialmente una dictadura del capital financiero es un sin sentido. Por el contrario, los informes socialdemócratas sobre el estado de ánimo en el reino de Hitler documentan de forma realista la actitud ambivalente de los trabajadores: no eran nacionalsocialistas convencidos, pero tenían esperanzas de equilibrio social, un futuro mejor y la nivelación de las barreras de clase».
Hitler se valió de un sistema intervencionista estatal parecido al marxista y no muy dispar de lo que algunos socialistas todavía hoy predican.
Más información:
Bollmann, Ralph. (2026, 26 de julio). Götz Aly im Interview. «Das klingt ein bisschen nach Nürnberger Rassegesetzen». Frankfurter Allgemeine Zeitung (FAZ).
Crédito de la imagen: Hjalmar Schacht (en el centro), presidente del Reichsbank (1933-1939), en una fotografía de 1936. A su izquierda, Hitler. Atribución: Bundesarchiv, Bild 183-R98364 / CC-BY-SA 3.0. Vía Wikimedia Commons.
Traducciones de alemán de JMGN.