Todas las personas que en el mundo han sido

El sitio anyhumanever.com permite extraer la realidad de un destino individual refrendado por datos que lo hacen creíble

Reconstruir «una vida random» es el propósito de esta web, cuyo creador la presenta en primera persona, pero mantiene el anonimato
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Avance

Un ambiciosísimo buscador se presenta con el objetivo de sacar del limbo los millones de existencias que han pasado por la faz de la tierra. Todas. A partir de unos datos mínimos, la herramienta recompone con datos (y ofreciendo fuentes) las condiciones de vida de una persona concreta a la que da nombre y de la que traza también un retrato generado con IA. Por ahí le llegan algunas críticas: modelos de IA generativa pueden estar rellenando ciertos vacíos de datos y producir una falsa sensación de certeza no exenta de alucinaciones.

En paralelo, el texto se fija también en otro buscador, lanzado este mismo año por Die Zeit, que permite rastrear conexiones familiares con el nazismo. Obviamente, en este no hay lugar para la IA. Sus fuentes son los millones de fichas del NSDAP, el Nationalsozialistische Deutsche Arbeiterpartei o, sencillamente, el partido nazi. Un revolcón emocional a golpe de clic que está revelando la labor de edición de los relatos familiares, obligando a muchos alemanes y austriacos a enfrentar la complejidad moral de sus orígenes y a la persistencia incómoda del pasado.

ArtÍculo

En 1940, 29 millones de personas vivían en la península ibérica. Una de ellas era Sancha. Nació en un pueblo de unos 150 habitantes, cerca de Aranda de Duero. Era la cuarta de cuatro hermanos. Medía algo menos de 1,60 m. Se alimentaba básicamente de pan de trigo, cerdo y jamón curado, garbanzos y habas, repollo y cebollas, acompañados de uvas, higos y aceitunas de temporada, además de café y dulces. Sus padres fallecieron antes de cumplir los 50.

Ella se casó a los 24 años y tuvo una sola hija, lo cual era toda una excepción para una época en la que las mujeres, en matrimonio, tenían una media de cinco. Era cristiana y se ganaba la vida como costurera a domicilio. Sus viajes no la llevaron más allá de unos 240 kilómetros, hasta Valencia.

Conoció de niña la hambruna posterior a la Guerra Civil Española. A los 23 años, el volcán Agung de Bali entró en erupción y durante meses los atardeceres se tiñeron de rojo. El cometa Halley cruzó el cielo cuando tenía 46 años. Falleció a los 77 años de neumonía. Le sobrevivieron cuatro nietos. Tras su muerte, Sancha fue enterrada o incinerada, según lo dispuso la familia.

Aunque la IA proporcione una imagen de cómo podría haber sido Sancha, Sancha no existió, pero seguramente existieron muchas como Sancha. La web anyhumanever.com advierte: «Sancha no es una persona real. Su historia de vida está basada en la realidad estadística de España en 1940». El propósito de la web es recuperar su vida, y la de todas las personas que han existido en el mundo, a partir de los datos concretos que proporciona el usuario.

Esto no es un archivo, sino una reconstrucción: una representación generada por IA de una persona nacida en la Península Ibérica en el año 1940 d. C., ya en su vejez, antes de su fallecimiento a los 77 años en 2017 d. C.

El objetivo es que la historia deje de ser una sucesión de los datos y batallitas que a menudo pueblan los libros y se acerque a la realidad de carne y hueso de los más de 100.000 millones de seres humanos que han existido sobre la faz de la tierra. Esa realidad estadística no habla de gestas ni hitos históricos, sino de una mayoría de vidas «asiáticas, pobres y breves», según la presentación de la web.

Allí se lee: «¿Qué pasaría si las historias se extrajeran de datos reales, extraídos aleatoriamente para ofrecer una representación válida de la historia humana? Esa es la pregunta que se me quedó grabada en la cabeza y que impulsó este proyecto. Si pudieras extraer una vida al azar de toda la historia de la humanidad, ¿cómo sería?». El creador de esta iniciativa habla en primera persona, pero no desvela su identidad.

Debilidades y fortalezas

Es innegable que anyhumanever.com despierta la curiosidad: tiene la virtud de convertir una abstracción demográfica en una experiencia personalizada. Su fuerza reside justo en esa transformación: extraer la realidad de un destino individual acompañado por fuentes que lo acompañan y lo hacen creíble.

En el caso de Sancha, antes de las consideraciones personales, se ofrecen datos generales de una época con una esperanza de vida de 66 años, donde un 15 % de personas morían antes de cumplir cinco años y un 18 antes de cumplir 15; donde cada tres décadas se producía una hambruna de las que hacen historia y tienen nombre propio y donde la gente moría de enfermedad cardiovascular (21 %), de un accidente cerebrovascular o demencia (20 %) y de cáncer (19 %). De otras causas fallecía un alto 28 %. Para estos datos, las fuentes usadas (con los links originales) son Instituto de Métricas y Evaluación de la Salud (IHME) (RH68); Organización Mundial de la Salud (RH22); The Economist / Our World in Data (RH135); Woods (RH180).

Sin embargo, esa misma eficacia narrativa combinada con el uso de los datos es también su debilidad. A principios de septiembre, la web apareció en Hacker News —un influyente foro de noticias y discusión sobre programación y asuntos tecnológicos—, creando un debate en el que alguien se manifestó como creador de la propia web. Esa conversación giró alrededor de la fiabilidad de los datos. Los usuarios señalaron incoherencias y cifras difícilmente compatibles. Uno de ellos dio un ejemplo: una vida generada para una mujer nacida en el año 715 en la cuenca del Yangtsé afirmaba que «el 96 % de las mujeres estaban casadas, la edad media de matrimonio era de 18 años y el 44 % de las mujeres morían antes de los 15 años». Para el comentarista, estas cifras eran difícilmente compatibles y ponían en evidencia un sistema que debía reconstruir personas en períodos y lugares para los que los datos históricos son fragmentarios, desiguales o, simplemente, inexistentes. En estos casos, el uso extensivo de la IA generativa es peliagudo, pues puede producir una falsa sensación de certeza.

En su página de fuentes, Any Human Ever clasifica algunas citas como «atribuidas» o «de autor». De las primeras refiere que «un modelo (Opus o Fable) afirma que es lo que dice la fuente citada, pero nadie lo trasladó de dicha página». De las de autor, comenta que «un modelo (de nuevo, Opus o Fable) afirma que este hecho es cierto, pero no puede citar una fuente que lo respalde». El resumen es que la posibilidad de alucinaciones en absoluto es igual a cero. En el caso del personaje que nos ocupa, además de las fuentes ya especificadas, constan también De Moor (RH43) y Relleno de huecos proporcionado por el modelo (Claude Fable 5 y Claude Opus 5 (RH109).

Entre las conclusiones, resultaba llamativo —dada la época escogida, el año 1940— la mortalidad del 1 % atribuida a la covid 19. También la siguiente frase referida a los acontecimientos históricos que vivió Sancha: «Los combates en España (el País Vasco) estallaron cuando tenía 51».

Una época concreta: ¿cómo de nazi fue tu familia?

A la hora de recuperar vidas pasadas, eso sí, en un tiempo y lugar muy concretos, hay que mencionar también la herramienta que este mismo año, pero un poco antes, en abril, lanzó el semanario alemán Die Zeit. Se trata de un buscador que rastrea millones de fichas del NSDAP, el partido nazi, para dar a conocer a alguien si sus antepasados fueron miembros de dicha organización. Lejos de ser una mera herramienta genealógica, la iniciativa está provocando sobresaltos íntimos, reescribiendo leyendas familiares y replanteando la naturaleza colectiva del recuerdo histórico.

«Investigue aquí el pasado de su familia relacionado con el NSDAP. Die ZEIT ha digitalizado el fichero de afiliados del NSDAP. Con nuestra herramienta se pueden consultar millones de documentos. Busque su apellido» . Esa es la invitación de la publicación alemana.

A través de un nombre y una fecha de nacimiento, la herramienta permite saber en segundos la pertenencia de una persona al mencionado movimiento político y quizá desatar alguna tormenta familiar o personal. Le ocurrió al antiguo editor de la revista austriaca Profil, Christian Rainer, que recuperó la filiación de su abuelo, Franz Rainer. «Se hizo miembro del Partido Nazi alrededor del 21 de abril de 1938, solo unos días después del Anschluss», relató Rainer a la BBC. «Solicitó ser miembro del NSDAP solo cinco días después de que fuera legal en Austria».

El hallazgo supuso una conmoción personal y una rectificación de la memoria familiar. Rainer nunca conoció a su abuelo, pero sí supo de su cercanía con el régimen. Aun así, la celeridad del ingreso lo sorprendió: «Era un académico —añadió—. Debería haber sabido en 1938 quiénes eran los nazis». El descubrimiento, sin embargo, tuvo también cierto efecto catártico: «Me alegré de no encontrar a nadie más de mi familia, especialmente a mi padre. Nunca había sospechado que fuera nazi».

La historia material de estas fichas es en sí misma una novela de resistencia contra el olvido. Poco antes del final de la guerra, la dirección nazi ordenó destruirlas: unos 50.000 kilos de papel viajarían de la sede central del partido en Múnich a una fábrica para ser destruidas. Sin embargo, el director de la prensa, Hanns Huber, detuvo la instrucción al darse cuenta de lo que tenía entre manos. En el otoño de 1945, los estadounidenses recuperaron estos documentos y los trasladaron al Berlin Document Center, que habían creado.

Años más tarde, las fichas fueron transferidas al Archivo Federal Alemán, con copias al Archivo Nacional de los Estados Unidos, donde fueron digitalizadas, según informa un artículo de La Nación. Este texto prosigue con su explicación: «Entre el fichero central de afiliados al nazismo y los ficheros regionales, es posible identificar gracias al buscador del semanario alemán un total de 12.700.000 fichas de miembros del partido nazi. Son 4.200.000 del registro central y 8.500.000 del de cada región. Esto hace que sea posible que aparezcan dos fichas de una misma persona».

En el Archivo Federal alemán, los documentos que contienen información personal están sujetos, por regla general, a un periodo de protección de diez años tras la muerte de la persona. Si no se conoce la fecha de fallecimiento, el plazo suele finalizar cien años después de su nacimiento. Pero ahora, eso ha cambiado. Mucha información difícilmente accesible hasta hace muy poco ahora se encuentra disponible con un clic. Esto explica que la herramienta se haya convertido en una especie de experimento social a gran escala que demuestra que, aunque la barrera física y burocrática ha desaparecido, la emocional sigue estando ahí.