El liberalismo europeo, en llamas

«The Economist» urge al liberalismo y a los partidos que lo representan a actuar con urgencia ante el descontento de los ciudadanos. La inacción solo beneficia a los extremistas y a los enemigos de Europa

Liberalismo en crisis. Imagen de las protestas en París, el 17 de octubre de 2026. © Jorge Jaramillo, con licencia Creative Commons
Imagen de las protestas en París. © Jorge Jaramillo, con licencia Creative Commons
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Avance

El liberalismo europeo sufre una profunda crisis, según asegura The Economist en un artículo publicado el 22 de octubre de 2026. El semanario descarta que los conflictos raciales y religiosos causados por la inmigración sean el factor clave y asegura que las protestas vividas en los últimos tiempos, sobre todo en Francia, apuntan a que el malestar de los ciudadanos obedece al aumento del coste de la vida, el deficiente funcionamiento de los servicios públicos y la falta de perspectivas de los jóvenes.

En este contexto, los gobiernos moderados tienen poco margen fiscal y parecen incapaces de ofrecer respuestas convincentes. Este vacío favorece a los partidos más extremistas y a los enemigos de Europa. La supervivencia del centro dependerá de su capacidad para afrontar las causas concretas del descontento social, para evitar que la parálisis política agrave la inestabilidad financiera y la vulnerabilidad geopolítica. 

ArtÍculo

En el artículo titulado «The agony of liberal Europe», The Economist se pregunta si Europa vive una agonía de su centro político. Las protestas callejeras en Francia han puesto de manifiesto una ciudadanía indignada por el coste de la vida, los servicios públicos deficientes y la sensación de que sus gobernantes han perdido capacidad para responder. Las protestas y los disturbios en el país vecino, unidas a las movilizaciones en Bélgica, Italia y Portugal, parecen una señal de que el descontento va más allá de un episodio aislado.

El artículo evoca el libro de George Dangerfield The Strange Death of Liberal England, que hablaba de la crisis británica anterior a la Primera Guerra Mundial. Aquella «extraña muerte» de la Inglaterra liberal es un precedente peligroso, que amenazan el desenlace de las elecciones generales que se celebrarán pronto en España, Francia y Polonia, donde los partidos moderados podrían pagar el precio de su desgaste. En Alemania, entretanto, crecen figuras extremistas, como Alice Weidel, mientras que Marine Le Pen podría rentabilizar el descontento en Francia.

Según The Economist, sin embargo, son falsas las explicaciones que atribuyen las manifestaciones a la inmigración o a la religión, pese a que Donald Trump y otras voces de la derecha estadounidense han presentado la agitación europea como consecuencia de las fronteras abiertas y de la llegada de inmigrantes.

Crisis del liberalismo

La crisis liberal en Europa ha sido abordada por otros medios. The Washington Post advertía el 26 de octubre contra la tentación de tratar las protestas europeas como una única revuelta continental. La preocupación por el precio de los alimentos, la vivienda y la energía, así como la frustración de los jóvenes que temen vivir peor que sus padres es común a varios países, con leves variaciones. El diario estadounidense añadía que los adversarios de la Unión Europea y de las democracias liberales están aprovechando las imágenes de los disturbios para presentar Europa como ingobernable.

The Guardian, por su parte, sitúa en el centro del descontento el coste de la vida y el estado de la enseñanza. Francia, España y Portugal son tres ejemplos de países donde los jóvenes han protestado por la educación y por unas condiciones de vida cada vez más difíciles. La protesta, por tanto, no puede entenderse solo como rechazo a los partidos o como disputa cultural, sino que cabe atribuirla a problemas más cotidianos.

The Economist reconoce este malestar, pero su diagnóstico se concentra en la dificultad de los gobiernos centristas para convertirlo en políticas eficaces. Francia es el caso principal. Durante las protestas de los chalecos amarillos, Emmanuel Macron respondió con medidas costosas. Ahora, el margen fiscal es mucho menor: el crecimiento es débil, el déficit sigue disparado y la deuda encarece la respuesta pública. Los ciudadanos piden más y el Estado tiene menos capacidad financiera para hacer concesiones.

Crisis fiscal

Reuters retrataba a Macron, el pasado 19 de octubre, como un presidente debilitado, con poco capital político y escaso margen para responder con gasto a la ira social. La agencia describe un país que reclama más al Estado justo cuando sus recursos y su autoridad parecen más limitados. El descontento no se agota con una respuesta policial o con promesas presupuestarias: detrás de los disturbios hay una disputa sobre lo que el Estado debe ofrecer y sobre si todavía puede hacerlo.

Para The Economist, los partidos centristas no han sabido aprovechar la crisis para presentar un proyecto convincente. El propio semanario había visto en Macron un referente de un centrismo reformista y audaz, pero ahora los moderados parecen replegados y sin ideas, mientras la energía política se desplaza hacia los extremos.

Ese desgaste afecta a izquierda y derecha. En Italia, Giorgia Meloni gobierna desde posiciones de centro, pero puede verse desbordada por actores situados más a su derecha. En Alemania, Friedrich Merz recurre a mensajes duros sobre inmigración, sin conseguir frenar el ascenso de Alternativa para Alemania (AfD).

Centro débil

La tesis de que Europa se dirige inevitablemente al derrumbe del centro también tiene sus críticos, sin embargo. En el Financial Times, Gideon Rachman sostiene que las instituciones y los sistemas electorales europeos podrían contener parte de ese avance. Además, los partidos populistas que llegan al gobierno pueden moderarse o quedar limitados por las reglas europeas, las coaliciones y los mercados financieros. No se niega el crecimiento de la derecha radical, sino que este ascenso implique el fin de la democracia liberal.

The Guardian ofrecía un diagnóstico más crítico tras el ascenso de AfD en Alemania. Los partidos tradicionales, asegura el diario británico, han contribuido a su propio desgaste al no ofrecer respuestas convincentes y al normalizar algunas ideas de la extrema derecha. La politóloga Catherine de Vries plantea en el mismo medio que el malestar europeo expresa una brecha entre lo que los ciudadanos esperan de sus gobiernos y lo que creen recibir: vivienda inasequible, salarios estancados, inflación y escuelas deterioradas. El modo en que ese descontento se traduzca políticamente (protestas, elecciones o nuevos acuerdos) es lo que sigue abierto.

The Economist apela a actuar con más urgencia. Si los gobiernos centristas no afrontan las causas del malestar, perderán el poder; y si lo pierden, la Unión Europea podría quedar paralizada justo cuando mantiene un pulso con Vladímir Putin.

El centro liberal no debería limitarse a denunciar la manipulación de los extremos o defender su statu quo. Tiene que demostrar que puede mejorar la vida de la gente y restaurar la confianza en las instituciones. Según The Economist, se acaba el tiempo para hacerlo.


La imagen de arriba fue tomada el 17 de octubre de 2026, durante las protestas en París. © Jorge Jaramillo, con licencia Creative Commons