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Ver productosLa Escritura, los Padres de la Iglesia y Santo Tomás, piedras angulares de la teología de Vitoria

30 Oct 2026 - 8 min.
Miguel Navarro Sorní es catedrático emérito de Historia de la Iglesia en la Facultad de Teología de la Universidad Católica de Valencia.
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El profesor Miguel Navarro, catedrático emérito de Historia de la Iglesia en la Facultad de Teología de Valencia, participó el pasado 2 de octubre en el Congreso Internacional Francisco de Vitoria y la Escuela de Salamanca: humanismo cristiano y dignidad humana. Lo hizo con una ponencia titulada «Tradición patrística en Francisco de Vitoria», en la que analizaba las raíces patrísticas y tomistas en la teología de quien fuera el miembro más destacado de la Escuela de Salamanca. Lo que sigue es un amplio resumen de su intervención.
ArtÍculo
La tradición patrística está muy presente en la teología de Francisco de Vitoria, tanto porque la encontró en el maestro e inspirador de su teología, santo Tomás de Aquino, como porque el humanismo renacentista le impulsó a realizar un retorno a las fuentes originales de la teología, en el que la Escritura y los Padres de la Iglesia (en especial san Agustín) van a jugar un papel determinante. Su producción teológica está repleta de innumerables referencias a la Escritura y a los Padres.
Vitoria parte del principio de que el teólogo debe fundamentar su teología en la Escritura y en la Tradición, y al mismo tiempo debe utilizar la razón. A su juicio hay dos maneras erróneas de hacer teología: la de aquellos que quieren resolver todos los problemas con el raciocinio, haciendo de la teología una ciencia puramente especulativa, sin recurrir a la Sagrada Escritura ni a las fuentes de la Tradición, es decir la escolástica nominalista; y la de aquellos que admiten únicamente la autoridad de la Escritura y rechazan totalmente el uso de la razón en teología, es decir los protestantes, pues la razón es un don de Dios, y el teólogo debe mostrar que los contenidos de la fe no están en contradicción con la razón.
La suya es una teología escolástica abierta a la Tradición, permeada por esta, que tiene en cuenta los lugares en los que el teólogo debe fundar la teología. De hecho, la expresión Loci theologici es de Vitoria, aunque después Melchor Cano la utilice como título de su famosa obra. ¿Cuáles son estos lugares teológicos según Vitoria?
Vitoria sitúa en sexto lugar a los Santos Padres, como exégetas autorizados de la Escritura y transmisores privilegiados de la Tradición eclesial, junto con el magisterio papal y los concilios, que serían junto con ellos los intérpretes legítimos de la Tradición. Así, en su comentario a la cuestión primera de la Suma, argüirá contra Lutero que, si bien la Escritura es necesaria para la fe y la teología, no basta, sino que es necesario tener en cuenta la autoridad de los Padres de la Iglesia y la de los Concilios para una comprensión completa y correcta de la revelación.
Esto no significa que la presencia de los Padres en la obra teológica de Vitoria sea sustancial, más bien es discreta —pero suficiente—, muy por detrás de la de Tomás de Aquino, que tiene un peso específico en su quehacer teológico hasta el punto que no es exagerado decir que el influjo patrístico en Vitoria está mediado principalmente por el tomismo. Vitoria es un teólogo tomista, es sobre todo un comentarista del Aquinate, del que se atreve a disentir en algunos temas, pero siempre dentro del método de trabajo propio de la escolástica tomista, que es la dialéctica.
Vitoria maneja con comodidad a los Padres, tiene un buen conocimiento de ellos; pero estos no son su fuente de inspiración teológica (excepto en algún caso), sino que le sirven para respaldar sus tesis con la autoridad que les es propia, igual que hace Santo Tomás de Aquino. De hecho, el redescubrimiento de la Suma del Aquinate es uno de los motivos que impulsó a Vitoria a volver a las fuentes de la teología.
Con Vitoria, el tomismo reacciona frente a las denuncias que los humanistas habían hecho a los excesos de la teología escolástica. Vitoria asume esas críticas: no basta acudir a Tomás y repetirlo simplemente, era necesario leer la Suma a la luz de la Tradición y abrirla a los problemas intelectuales, morales y espirituales del momento, escogiendo lo mejor de la Patrística, de la escolástica y del humanismo para que la exégesis del Aquinate realizada a esa luz ayudara a solventar los problemas del momento. Podemos decir que Vitoria hace teología con la Suma de Tomás en una mano y en la otra la Escritura y la Tradición, pero integradas en el discurso teológico de la Suma. Se da en él un equilibrio entre la teología de los Padres de la Iglesia y la teología escolástica que permite alcanzar una sistematización mayor de la materia teológica. Y aquí radica su genialidad, pero también sus límites.
Y la limitación, en lo que a los Padres se refiere, es que estos están subordinados al método escolástico, por lo que acude a ellos para que refrenden sus tesis, pero estas no parten de ellos, excepto en algún caso. Sus tesis se fundamentan y dilucidan prioritariamente con el uso discursivo de la razón sobre la base del Aquinate. De hecho, el recurso a los Padres en Vitoria acaba siempre conduciendo a Santo Tomás, quien en cierta medida supera a los Padres, en el sentido de que los integra y dice mejor que ellos, más claramente y con más fundamento racional lo que ellos dicen. Podríamos decir, con algo de exageración, que para Vitoria, Tomás es, en cierto modo, el culmen de la Patrística.
Donde más se aprecia el influjo de los Padres, sobre todo de san Agustín, en el pensamiento de Vitoria con un cierto carácter inspirador es en el tema de la guerra justa, en su relección De jure belli, donde utiliza la tradición patrística para argumentar que la guerra no está intrínsecamente prohibida a los cristianos. Vitoria adopta el principio agustiniano de que el fin de la guerra debe ser siempre la consecución de una paz justa.
También en los debates sobre los derechos de los indígenas americanos en sus relecciones De indiis, Vitoria recurre a la antropología patrística de la imago Dei para defender que todo ser humano, por estar hecho a imagen y semejanza de Dios, posee derechos naturales inalienables. A las tesis que consideraban a los nativos «esclavos por naturaleza» o privados de verdaderos derechos a causa de sus pecados o del hecho de ser infieles, Vitoria opone la antropología de los Padres, recalcando que la dignidad humana y la razón son dones naturales que el pecado no cancela.
De igual modo, Vitoria asume la idea patrística de una fraternidad humana universal, basada en la filiación divina común a todo ser humano, y va a «juridificar» esta noción teológica para crear su concepto de Totus orbis, es decir, la idea de orbe como comunidad universal de todos los hombres y de todos los pueblos, unidos por la común naturaleza humana, de donde pasará al ius gentium, como derecho universal de la humanidad que rige en todo el orbe.
También se apoya en la distinción patrística entre el orden de la gracia y el de la naturaleza, para sostener que el pecado original o la falta de fe cristiana (el paganismo) no anulan el dominio civil ni el derecho de propiedad de los seres humanos, con lo que determina que los indios son verdaderos dueños de sus tierras antes de la llegada de los españoles.
Y frente a las posturas radicales que justificaban la conversión forzosa de los indígenas, Vitoria citará la máxima patrística enunciada por san Agustín: “credere voluntatis est” (creer es un acto de la voluntad, y por tanto libre), para afirmar que la fe no puede ser coaccionada ni impuesta por las armas, defendiendo así de modo implícito una noción temprana de la libertad religiosa y delimitando el poder de la Iglesia respecto al poder coercitivo temporal.
Es en estos casos donde la autoridad de los Padres de la Iglesia representa el fundamento ético y dogmático que le permite superar las tesis teocráticas medievales y elaborar un derecho de gentes (ius gentium) universal, aplicable a todos los hombres independientemente de su fe.
Al leer sus relecciones observamos que el recurso a los Padres es más frecuente en Vitoria que en otros teólogos escolásticos, como lo muestra el elenco de los Padres citados en las mismas: San Agustín es el más citado, seguido de san Jerónimo; pero también san Ambrosio, Beda el Venerable, san Cipriano, san Cirilo de Jerusalén y el de Alejandría, Clemente de Alejandría, san Juan Crisóstomo, san Juan Damasceno, Dionisio el Aeropagita, Eusebio de Cesarea, san Gregorio Magno…
Pero, ¿qué conocimiento tiene Vitoria de los Padres? No es fácil aclarar esta cuestión. Por lo general, los teólogos medievales conocían sus textos de modo indirecto, principalmente a través de compilaciones y antologías de sus obras, florilegios de citas suyas ordenadas temáticamente. Vitoria, tanto en la biblioteca del convento de Santiago en París como en San Esteban de Salamanca, tuvo a su alcance un buen número de obras de los Santos Padres, que sin duda consultaría para preparar sus clases. Y puso al servicio de su teología todo este bagaje, integrándolo en el discurso teológico, por lo que podemos concluir que Vitoria fue un teólogo positivo, pero no positivista, que destaca por la armonización que hace de la escolástica tomista con la Sagrada Escritura y la patrística.
La ilustración que encabeza el artículo es una pintura mural en la Sala de Grados de la Universidad de Osuna que representa a los Padres de la Iglesia. El autor es JI FilpoC. Es de dominio público con licencia Creative Commons vía Wikimedia Commons. Puede verse aquí.