El caballito de Troya de Elon Musk

Ya podemos ver los primeros minutos de «La Odisea» antiwoke que el magnate encargó como respuesta a la versión de Christopher Nolan. La conclusión es unánime: Grok es un pésimo director

Fotograma de «La Odisea» encargada por Elon Musk y grabada por Grok
Fotograma de «La Odisea» encargada por Elon Musk. © Grok Imagine
Federico Marín Bellón

Avance

Elon Musk se burló de La Odisea woke de Christopher Nolan, sin haberla visto, y anunció que estrenaría otra versión sin tanta tontería antes de que terminara el año. De momento, el magnate ha presentado en sociedad los primeros siete minutos de su ópera prima, elaborada por Grok con asistencia humana no muy sofisticada, aunque experta en los aspectos técnicos.

El anticipo ha recibido comentarios casi unánimes. La película de Musk y Grok es un tostón. Cabe aplaudir la capacidad de la inteligencia artificial para generar imágenes, pero no para unirlas con gracia. Decía la zarzuela que las ciencias avanzan que es una barbaridad, palabra que adquiere nuevos significados, porque esta creación carece de alma y parece hecha por bárbaros. Para The Guardian, por poner un ejemplo de la recepción internacional, es «la réplica más aburrida e insustancial que se le puede dar a la brillante epopeya de Christopher Nolan». Casi nadie lleva la contraria al conocido crítico Peter Bradshaw. 

ArtÍculo

La lista de defectos que se aprecian en solo siete minutos de esta Odisea inhumana es alarmante. Los actores sobreactúan o parecen estar de broma, como los personajes de El ser querido al principio de la famosa escena de la comida, pero sin nadie que los ponga firmes. Un rasgo común es que casi todos son guapos o tienen carácter. Algunos, incluso son guapos y con carácter, pero desconocen los principios básicos de la actuación, aunque su inglés —todos hablan muy parecido— tiene una dicción impecable. 

En sí mismo, cada fotograma es brillante, pero hay una ausencia evidente de dirección. No hay intención en el modo de decir las cosas o de contar la historia. Sobre algún actor poco brillante de Hollywood decía un crítico perverso que solo tenía dos registros: cuando la cámara lo enfocaba desde el lado izquierdo y cuando lo hacía desde el derecho. A los intérpretes virtuales de Elon Musk y sus ingenieros les pasa algo parecido. Miran a cámara sin romper ni una lámina de yeso y se mueven casi siempre despacio —incluso los barcos navegan a velocidad de crucero—, como si temieran que les estallaran las costuras de unos píxeles demasiado estrechos.

La promesa de Musk

Igual no era tan fácil ni tan barato recrear la obra de Homero. Elon Musk prometió el pasado 22 de julio que Grok Imagine produciría antes de terminar 2026 un largometraje fiel a Homero, históricamente riguroso y sin concesiones woke. El 23 de octubre lanzó este primer episodio, realizado por Grok Imagine en colaboración con Wonder Studios y el director Dev Walker, un cineasta experimental que hasta la fecha no tiene un trabajo reseñable. El resultado se puede ver en el siguiente tuit, publicado por el propio Musk.

El resultado es asombroso, si lo miramos con los ojos del ayer, pero la falta de gracia es monumental. A su favor, cabe decir que le bastaron tres personas, incluido Walker, para «rodarlo» en menos de dos semanas y con un presupuesto de unas pocas decenas de miles de dólares. A Nolan le costó tres meses y 250 millones rodar su película completa. Las comparaciones son odiosas, en todos los sentidos.

Xavier Collins, cofundador de Wonder Studios, cuenta en The Guardian que, pese a lo dicho por su jefe, no recibió instrucciones de enmendar la cultura woke. Su cometido consistía en explorar las posibilidades de la tecnología. De hecho, se declara admirador de Nolan y reconoce que el estudio pretende corregir errores de precisión histórica y ritmo narrativo en futuros episodios. Quizá les vendría bien contratar a un guionista y a un director de toda la vida. 

El cine hecho por la IA

La IA nos miente sobre todo cuando trata de adivinar y se ahorra el trabajo arduo de investigar. Sus algoritmos de anticipación prefieren deducir a esforzarse. A la hora de hacer cine, sus pecados son parecidos. En este pequeño episodio homérico, hay incluso planos rodados con ambición de estilo, desde perspectivas y ángulos copiados de algún maestro, pero falta una mirada, algo que nos saque del aburrimiento y justifique que, algún día, compremos entradas para ver los títulos creados por los hijos de Grok.  

Otra imagen de «La Odisea» de Elon Musk y Grok, con tres de sus inhumanos protagonistas
Otra imagen de «La Odisea» de Elon Musk, con tres de sus inhumanos protagonistas. © Grok Imagine

Otra característica de este ensayo amenazante es que la fotografía es hermosa, pero el ingenio que ha unido los fotogramas ignora los rudimentos de la magia del cine, las cosas más evidentes sobre la yuxtaposición de imágenes, que los hombres dominan desde los tiempos de Eisenstein y Griffith, hace más de un siglo No hay cultura audiovisual bien aprendida. Engullir sin método toneladas de material audiovisual, sin que nadie explique cómo separar el grano de la paja, no es suficiente. Todavía. 

Las escenas de acción son otro síntoma, aunque el cine de efectos especiales convertido en videojuego sin credibilidad era un mal camino al que ya se dirigían los cineastas humanos por su cuenta, sin necesidad de este nuevo empujón hacia el abismo. De la música, efectista, se puede decir otro tanto. Parece una de esas muestras gratuitas que ofrece cualquier programa casero de edición. YouTube está plagado de vídeos de padres entusiastas que aplican la misma épica de marca blanca para subrayar los éxitos de sus deportistas.

Cabe esperar que La Odisea de Elon Musk sea solo una advertencia, la prueba de que el factor humano todavía es importante. Como dice Hugo Rifkind en The Times, no debemos confundir las limitaciones de la tecnología con las de quien la utiliza. El problema de esta Odisea no es tanto la inteligencia artificial como la falta de criterio artístico de sus responsables.