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Ver productosEl teólogo agustino sostuvo que el poder «siempre ha residido en el pueblo» y cuestionó la justificación de la conquista de América

13 Oct 2026 - 5 min.
Juan Manuel Burgos. Doctor en Física y en Filosofía. Fundador y presidente de las asociaciones española e iberoamericana de Personalismo. Autor de numerosas publicaciones, varias de las cuales han sido traducidas al inglés, portugués y polaco.
Avance
Las aportaciones del teólogo agustino fray Alonso de Veracruz, en ámbitos como la lógica o la filosofía política, centraron la intervención de Juan Manuel Burgos en el Congreso Internacional Francisco de Vitoria y la Escuela de Salamanca: Humanismo cristiano y dignidad humana.
Las jornadas se celebraron del 1 al 4 de octubre en Salamanca, en el Aula Magna de la Facultad de Teología San Esteban, y fueron organizadas por la Fundación Universidad Villanueva y por la propia facultad.
Juan Manuel Burgos compartió una mesa redonda sobre América, derecho de gentes y dignidad humana, con Adelaida Sagarra y Javier Crevillén, moderados por León María Gómez Rivas. Nueva Revista les ofrece aquí una síntesis de su intervención.
ArtÍculo
Pocos saben o pueden imaginar que un teólogo agustino de la Escuela de Salamanca defendiera en el siglo XVI el origen democrático del poder y que todas las leyes vienen por mediación del pueblo. Se trataba de fray Alonso de Veracruz, «figura grandiosa» de la presencia de España en México, como explicó Juan Manuel Burgos en el Congreso Internacional Francisco de Vitoria y la Escuela de Salamanca: Humanismo cristiano y dignidad humana. Se celebró del 1 al 4 de octubre en Salamanca, en el Aula Magna de la Facultad de Teología San Esteban, y fue organizado por la Fundación Universidad Villanueva, de Madrid, además de por la propia facultad.
El filósofo intervino en una mesa redonda sobre América, derecho de gentes y dignidad humana, en la que participaron Adelaida Sagarra y Javier Crevillén, moderados por León María Gómez Rivas.
¿Quién era fray Alonso de Veracruz? Nacido en Caspueñas, Guadalajara, en 1507, con el nombre de Alonso Gutiérrez, se formó en Alcalá y Salamanca, donde fue discípulo directo de Francisco de Vitoria y buen conocedor de Domingo de Soto. Maestro en Teología, vivió cuarenta años en México, a la largo de dos periodos, y dejó allí una honda huella, fundando numerosos colegios y creando la primera biblioteca de América. Está considerado el padre de la filosofía novohispana. Murió en México en 1584.
En el ámbito filosófico, detalló Juan Manuel Burgos en su intervención, «Veracruz busca superar la escolástica decadente, y toma elementos de la vía moderna o nominal, e incluso de Duns Scoto, pero sin cortar con la vía tomista que en Salamanca era la principal, aunque no la única, como se puede constatar fácilmente leyendo a Vitoria, Soto o cualquiera de los grandes de Salamanca».
Pero es en el terreno del derecho y de la política donde hizo sus aportaciones mas audaces y originales, subrayó el ponente. En uno de sus textos, De Dominius indifelium et justo bello, incluye reflexiones sociales, y políticas, de una sorprendente modernidad, en la estela de su maestro, Francisco de Vitoria.
En concreto establece tres principios. Primero, el poder político es de origen humano: «Desde el principio siempre ha residido en el mismo pueblo y nunca ha sido abandonado». El poder tiene, pues, «un origen democrático, que no va directamente de Dios al Rey, sino de Dios al pueblo y de este, a quien decida entregárselo» apostilla Burgos.
Segundo, en consonancia con el anterior, la comunidad es quien decide cómo debe ser regida. Todas las leyes vienen por mediación del pueblo que puede transferirla a una monarquía, oligarquía o democracia según decida. «El dominio [el poder]», detalla fray Alonso, depende de la voluntad de la comunidad, «la cual transfiere el dominio a otros, como sucede en el principado aristocrático o democrático, o a uno solo, como sucede en el principado monárquico […] Y así, [la comunidad] puede elegir a uno de entre muchos, o a unos pocos de entre los mismos, para que gobiernen».
Y tercero, el pueblo tiene la potestad de derogar leyes a través de costumbres: «Es el pueblo quien da a la ley la fuerza de obligar y la constituye […]. El mismo pueblo, al no aceptar la ley o, después de haberla aceptado, la revoca mediante una costumbre contraria y quita virtualmente la potestad dada al legislador; y así, aquel que dicta, quita».
Siguiendo a sus maestros de Salamanca, fray Alonso de Veracruz deslegitima el gobierno del tirano —añadió Juan Manuel Burgos—, recurriendo si es preciso a la guerra como forma de derrocarlo. «El que gobierna tiránicamente posee un dominio ilícito e injusto, luego lícitamente puede ser desposeído de él —llega a decir — Y si no pudiera ser privado de otro modo más que con la guerra, justa sería tal guerra».
Respecto a los indios, Veracruz se muestra combativo en la defensa de su dignidad, pero sin caer en las hipérboles de fray Bartolomé de las Casas. «Aunque los españoles han realizado desmanes, particularmente en las Encomiendas, también aportan notables beneficios a América, —sintetiza Burgos—. No solo por la transmisión de la fe católica, sino también porque reciben el influjo de la cultura más rica del momento, la española. Se sitúa, en este sentido, mucho más cerca de su colega fray Luis de León, con quien le unió una profunda amistad».
Otra importante novedad de Veracruz, destacó el ponente, fue su radicalidad frente a los maestros salmantinos al «no justificar mediante ninguna causa la conquista de América. Se limita a aceptarla, como un hecho consumado, algo irreversible ante el que hay que buscar soluciones realistas, pues es patente que España no se va a retirar de América».
Su valoración de los reinos indígenas es tan grande que «parece que tenía en mente una especie de confederación de reinos indígenas bajo la autoridad de la corona. Este planteamiento tan peculiar le colocaría, según el historiador Francisco Quijano, en el grupo de republicanismos novohispanos en el contexto de la Monarquía Hispánica».
Veracruz hace muestras de una gran independencia frente al poder público, tanto eclesiástico como civil, siguiendo también en esto a su maestro Vitoria, que «no temió discrepar de las autoridades eclesiásticas ni incluso con el emperador, negando algunos de los títulos que más se utilizaban en esa época para justificar la conquista de las Indias».
De hecho, durante el paréntesis en el que volvió a España, fray Alonso seguirá pensando en México y en la Universidad Real y Pontificia, como muestra que, en 1565, envía un ejemplar de los nuevos Estatutos de la Universidad de Salamanca para que sirvan de modelo a la de México.
Monumento a Fray Alonso de la Veracruz en Tiripetío (México). Autor: Antonio herbac. Con licencia CC BY-SA 4.0 Se puede consultar aquí