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Ver productosEl pasado 14 de octubre, los hermanos Coira acudieron al último Foro Nueva Revista, un coloquio sobre creatividad y la búsqueda de una voz propia en el mundo de la televisión

19 Oct 2026 - 5 min.
Avance
El mejor consejo para un creador es el más simple: lanzarse a contar historias sin esperar a encajar en el mainstream, la cultura de masas. Lo dieron Pepe y Jorge Coira en la edición del Foro Nueva Revista celebrada el pasado 14 de octubre. Los hermanos, que conquistaron a la crítica y al público tras firmar las aclamadas series de televisión Hierro y Rapa, también sedujeron a la audiencia del foro y demostraron que una historia humana y bien contada siempre ganará a los excesos narrativos.
Para esta pareja de hermanos, el arte sigue siendo un juego de niños, donde lo único que importa es disfrutar del proceso. «Si no tenemos un enorme éxito, pues mala suerte, pero vamos a intentar hacerlo lo mejor posible y disfrutar todo lo que podamos».
En unos meses podremos ver su última serie, Ardora, también en Movistar, con Carolina Yuste y Javier Gutiérrez como protagonistas. Con este título cerrarán lo que ellos definieron como su «trilogía humanista de thrillers».
ArtÍculo
Es posible que la última edición del Foro Nueva Revista, celebrado el 14 de octubre, fuera la más familiar hasta la fecha. Pepe y Jorge Coira no solo comparten sangre, sino también su pasión por el cine. Como tantas otras parejas de hermanos artistas, los Coira han colaborado en diferentes ocasiones. En su caso, la unión concibió algunos de los proyectos más aclamados de nuestra televisión, como Hierro y Rapa, series que consiguieron ubicarlos en el mapa después de muchos años de trabajo. Ellos son tajantes sobre sus objetivos, que más que profesionales suenan como los de dos niños: «Haz lo que disfrutes. Si quieres ser guionista, será porque te gusta escribir. Entonces, escribe. Si quieres dirigir, será porque te gusta contar una historia, pues cuenta historias con lo que tengas».
Los hermanos Coira hablan desde la experiencia. Así comenzaron sus andaduras. En el hogar familiar, los viernes por la noche, era habitual que se proyectaran películas de Charlot y de El Gordo y el Flaco. La fascinación, que había germinado mediante este ritual casero, se afianzó cuando Pepe le regaló a su hermano el libro El cine según Hitchcock, de Truffaut, cuando Jorge tenía unos doce años. Más tarde llegaría la reliquia que les condenaría a amar el cine para siempre: Pepe invirtió uno de sus primeros sueldos de periodista en comprar una cámara Super 8. Jorge la «vampirizó» de inmediato y con ella rodó sus primeros cortometrajes cuando aún estaba en el instituto.
En los noventa, la industria gallega aún no contaba con los referentes con los que brilla ahora. Nadie en la región podía vivir tan solo de dirigir cine, explica Jorge. Esto no frenó a los hermanos en sus ganas de dedicarse a ello. Pepe comenzó como crítico cinematográfico, impulsó y dirigió durante sus primeros siete años lo que llegaría a ser la Filmoteca de Galicia; y dio clases antes de asentarse definitivamente en la producción y el guion. Jorge, por su parte, se lanzó a la dirección sin formación académica al uso, justo en el año en que se estrenaban los tres primeros largometrajes gallegos de producción local.

El reconocimiento nacional llegaría tras quince años de negativas y propuestas rechazadas en los despachos de Madrid, donde el panorama televisivo de la época estaba encorsetado en fórmulas rígidas y los únicos géneros por los que se apostaba eran las comedias y los dramas familiares, todos ellos homogéneos. El viraje definitivo llegó con Hierro. Pepe cuenta que era su último guion en la recámara, que si fracasaba se replantearía su futuro como escritor de cine.
En su origen, Hierro lo había planteado como un proyecto para la televisión en abierto, pero cuando la cadena decidió desestimar su apuesta por la ficción, este parecía abocado al cajón. Pese a ello y contra todo pronóstico, el guion fue seleccionado y galardonado en el Berlinale Co-Pro Market en Alemania. Ese reconocimiento coincidió con una fuerte apuesta por la ficción de las plataformas de streaming en España, en concreto de Movistar Plus+, que abrió una veda para las ficciones que no se adaptaban al «sota, caballo y rey».

El rodaje hizo que Jorge Coira y la guionista Araceli Gonda se instalaran un mes entero en la isla de El Hierro para sumergirse en su realidad cotidiana. El contacto directo con la comunidad canaria redefinió el universo de la serie y demostró que el verdadero valor de la historia no residía en giros efectistas y conceptos llamativos, sino en la riqueza de los matices, la sobriedad del tono y la relación humana de los personajes con el territorio.
Los Coira rememoraron algunas de las peripecias que vivieron mientras grababan la serie, entre ellas el estallido del covid en 2020 y su consecuente confinamiento, que les sorprendió en pleno rodaje de la segunda temporada de Hierro. Se convirtieron en el último equipo de rodaje en activo en toda España antes de tener que desalojar la isla a toda prisa. La posterior vuelta a la grabación en la desescalada se convirtió en un despliegue de ingenio y logística casi inverosímil, pues tuvieron que lidiar con la ausencia de efectos especiales presenciales y adaptar escenas sobre la marcha. Una capacidad de improvisación similar a la que vivieron recientemente en el rodaje de su nueva serie, donde el clima adverso de Galicia obligó al equipo a cazar segundos de sol y luz entre el mar de chubascos.
Asimismo, los Coira se abrieron sobre su relación interpersonal en el proceso creativo: «Compartimos una visión general, lo que hace que coincidamos muchísimas veces de punto de vista, pero no siempre. Y cuando eso no ocurre, podemos discutir muchísimo e incluso con vehemencia». Pero su ventaja, afirma Pepe, es que debaten «para hacerlo lo mejor posible».
Con su afabilidad característica, los hermanos respondieron las preguntas de los asistentes del foro. Desmitificaron la figura del artista torturado y remarcaron la alegría que les proporciona su trabajo. «Tenemos el privilegio alucinante de vivir, de contar historias, de seguir siendo en gran medida niños pequeños que juegan a ser otros… es alucinante, tenemos una suerte gigantesca», aseguran. El regusto que dejan sus palabras es el de aquel que disfruta del camino y que, sobre todo, de aquel que vive enamorado del cine: «Somos muy afortunados de estar trabajando en algo que permite hacerlo de una manera agradable. Aprovechémoslo».