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Ver productosEl eurodiputado José Cepeda y el politólogo Fernando Vallespín protagonizaron una nueva sesión del Foro Nueva Revista, donde conversaron sobre el ardid de la polarización

1 Oct 2026 - 4 min.
Avance
Nos adentramos en una nueva era. La conversación pública ya no se articula como antes, puesto que vivimos instalados en la controversia. «No hay términos medios para deliberar, para analizar o acercarnos mínimamente a una posición u otra», explicaba el eurodiputado José Cepeda el pasado lunes, 28 de septiembre, en el último Foro Nueva Revista.
Durante su conversación con Fernando Vallespín, catedrático en Ciencias Políticas, ambos tenían claro que la polarización es catalizada por los nuevos algoritmos y la inteligencia artificial, que fomentan la manipulación en los espacios comunes y consuma el final de la política como la entendíamos hasta ahora. El profesor explicó que «la democracia existe porque no hay una verdad objetiva acerca de cómo organizar la vida social y política».
Este coloquio forma parte del ciclo organizado por la Universidad Villanueva, constituido por cinco charlas que ofrecen un análisis riguroso del impacto de la tecnología en las democracias contemporáneas, con especial atención a Europa.
ArtÍculo
En el Foro Nueva Revista, Fernando Vallespín mostró su preocupación por el gobierno de las nuevas tecnologías frente el resto de los medios tradicionales. «Ahora nos encontramos con las redes sociales que, junto a todo Internet, están sujetas a un control bastante opaco por parte de la inteligencia artificial». Pese a que, según él, aún es temprano para hablar de un tecnoapocalipsis, defendió que la opinión pública ya no es lo que era, e hizo hincapié en el uso indiscriminado de bots para malear y distorsionar el juicio de los usuarios en las plataformas. José Cepeda, por su parte, mencionó la servidumbre de la comunicación a la celeridad e inmediatez, que resulta en una prensa cada vez más amarillista.
La emoción como agente polarizador
En la actualidad, podemos observar cómo se instrumentalizan las emociones. Así lo constata Vallespín: «La gente no quiere aislarse en su opinión, sino sumarse a los que considera que son los suyos». Desde su punto de vista, esto explica por qué «la moralidad tribal» también puede manipular la opinión pública y cómo las formulaciones populistas y la simplificación de los problemas en esquemas binarios («nosotros frente a ellos») encuentran una enorme aceptación. En este punto, se evidencia la necesidad del sistema de realimentar el conflicto para que el ardid de la polarización siga funcionando, según afirmó el politólogo.

«¿Dónde queda la verdad si estamos permanentemente buscando una verdad preconcebida?», planteó el eurodiputado. Aludía a los algoritmos que convierten las redes sociales en medios adictivos. El catedrático respondió sin titubear: «La democracia existe porque no hay una verdad objetiva acerca de cómo organizar la vida social y política». En este punto, distinguió entre aportar razones o verdades, porque donde hay verdad, sobra la deliberación. «La democracia es el gobierno de la opinión», añadió. El catedrático apeló después a los discursos de odio y defendió que estos eliminan la parte argumentativa. Además, expuso el problema de que la ciudadanía no vote a partir de deliberar, sino por sus intereses individuales.
Vallespín también dijo que confía en los engranajes democráticos, pese a conocer sus principales fallas. Sus certezas no se debilitan por las crisis de la democracia, porque, como él mismo apuntó, esta es sinónimo de debate y de oposición; no de concordia. No obstante, este sistema no se ve exento de críticas: «La democracia devora líderes. Su popularidad no dura nada. En Alemania y en el Reino Unido lo hemos visto», indica. «No hay democracia sin promesas, que se ven frustradas inmediatamente». El profesor y director de Revista de Occidente puso el foco en la traición a la identidad europea, que siempre ha estado ligada al progreso y a esa visión de futuro que ahora se torna oscura. «Cuando el futuro te da miedo, quieres aferrarte a soluciones simples».
El coloquio concluyó con las reflexiones de los ponentes sobre Ia inteligencia artificial. Ambos concuerdan en que recoge lo que ya fue elaborado, pero que nunca podrá crear como un humano. Cepeda dijo haber encontrado muy interesante la encíclica del papa León XIV, Magnifica humanitas, publicada en mayo de este año. La obra argumenta que el ser humano ha de permanecer en el centro y no ceder su sitio a la IA, puesto que esta debe ofrecerle sus servicios y no al revés.