«Elsinore»: Shakespeare y el arte como forma de vencer a la muerte

Fuera de concurso, por la Seminci pasó una película basada en hechos reales sobre la lucha de un actor por encarnar en sus últimos días el personaje de Hamlet.

Andrew Scott, en una escena de «Elsinore» © Focus Features 2026
Andrew Scott, en una escena de «Elsinore» © Focus Features 2026
Federico Marín Bellón

Avance

Gracias a Elsinore, mucha gente sabrá que, cuando tenía 32 años, Daniel Day-Lewis huyó del escenario del National Theatre de Londres en mitad de una representación de Hamlet. Nunca volvió. Es importante precisar que era el protagonista y que estaba a punto de afrontar el primer encuentro del príncipe de Dinamarca con el fantasma de su padre. De repente, salió corriendo y nadie pudo convencerlo para que regresara a escena, aunque el espectáculo continuó, es su deber, con el notable Jeremy Northam como sustituto. Aquel 5 de septiembre de 1989 supuso la última aparición sobre las tablas del aclamado Day-Lewis, que también ha intentado dejar el cine varias veces, con menos éxito. 

Se cuenta que el actor británico, ganador de tres Oscar, sufrió un episodio de agotamiento y estrés, pero también que a él mismo se le aparecía su padre muerto durante los ensayos y representaciones. En España se resumió lo ocurrido con una frase enigmática; se dijo que había sufrido una «alteración de su personalidad». Sobre aquel mutis tan desconcertante se han escrito varios artículos que incluyen más especulaciones que certezas, no resueltas ni por el propio intérprete, aunque este intentó un par de veces explicar su experiencia. Lo único que se puede confirmar es que aquel pequeño escándalo supone el punto de partida de Elsinore, sensacional película que acaba de verse por primera vez en nuestro país, aprovechando que la Seminci pasa por Valladolid. 

Y aunque al resto de salas españolas no llegará hasta enero, es preferible escribir sobre la cinta en caliente; mejor exagerar el entusiasmo que olvidar sus motivos. Ante todo, es imposible obviar el trabajo de Andrew Scott, protagonista absoluto y productor, que se entrega en cuerpo y alma a un proyecto que marcará para siempre una carrera que ya era sobresaliente. Sabía a lo que se enfrentaba. Él mismo Andrew Scott interpretó Hamlet unas 150 veces en el West End, antes de asumir este papel.

ArtÍculo

Elsinore recuerda a Day-Lewis, a quien vemos de lejos en la grabación que se conserva de su fuga, pero la película se concentra enseguida en el titánico esfuerzo del actor que retomó la calavera. Ian Charleson la heredó en circunstancias dramáticas: tenía sida y, como remate anecdótico, el público siempre recordó peor su participación en Carros de fuego que la música de Vangelis para aquel éxito del cine de los 80.

En cualquier caso, el intérprete se aferró a la oportunidad de su vida. Prefería acortarla aún más, entregarse al papel más conocido y exigente que existe (¡4167 líneas!), a la alternativa de pasar de puntillas por la hipotética prórroga que le prometían el descanso y la atención médica, representada aquí por otra actriz impecable, Olivia Colman. 

El conflicto es extremo: ser o no ser, el arte o el instinto de supervivencia. Y el resultado es espectacular. Andrew Scott (el aficionado a las series también lo ha disfrutado en Fleabag y Ripley) engordará su colección de premios gracias a su sobrecogedora actuación, acorde con el inteligente libreto de Stephen Beresford y la dirección de Simon Stone.

Casi todo es perfecto en este juego de espejos de un actor que interpreta a un actor en un contexto aterradoramente idóneo, cuando afronta un papel que le habla de sus propios miedos y que retrata desde todos los ángulos la condición humana, una obra «que trata sobre estar vivo y morir». Todo ello se consigue sin caer en la pedantería ni el academicismo, en una historia salpimentada de divertidas notas de humor negro. Se siente la firme voluntad de escapar de peligrosos tópicos y de los tics habituales del cine militante, cuando no está a la altura. Tampoco es una película más sobre el sida como azote de la comunidad homosexual. Elsinore conmueve sin necesidad de encontrar aliados y explica con elegancia por qué un artista puede preferir seguir encerrado en el armario por motivos más nobles que el simple miedo.

Lágrimas por Elsinore

Todo esto son consideraciones secundarias ante una película poderosa y vibrante, que dejó al público vallisoletano secándose alguna lágrima. De momento, solo podemos esperar a enero para disfrutar la película en las salas. Andrew Scott ya gozaba de excelente reputación y numerosos premios, como el Laurence Olivier, el Bafta, un Oso de Plata y dos tríos de nominaciones, al Emmy y al Globo de Oro. Cuando se estrene Elsinore —el 22 de enero, si no hay contratiempos—, volverá a ponerse de moda e incluso conseguirá que, por fin, muchos se aprendan su nombre. De momento, su forma de dejar que los espíritus de Hamlet y Charleson lo posean por completo logró el pasado sábado aumentar el caudal del Pisuerga.

A los amantes de los cotilleos también les gustará saber, por una vez es pertinente, que Scott y el guionista Beresford ya trabajaron juntos en la película Pride y que incluso fueron pareja durante algunos años. Su relación y su reencuentro profesional no debe alterar el juicio sobre un título que, si reivindica algo, es el sacrificio de un actor que, al borde de la muerte, logró representar Hamlet 24 veces, antes de fallecer el día de Reyes de 1990, a los 40 años.