«Retorno a la belleza», de Antonio Rubio

Un compendio de momentos estelares de la escultura, la pintura, la novela, la música y el cine, en el que el autor ofrece contexto y claves interpretativas de obras que hoy se consideran universales

Detalle de «La Piedad», de Miguel Ángel. CC Wikimedia Commons
Álvaro Cabaleiro

Antonio Rubio Plo (Zaragoza, 1956). Jurista, ensayista y analista de política internacional. Doctor en Derecho y Relaciones Internacionales. Autor, entre otros ensayos, de Vidas Romanas (Treinta y tres personajes de la Roma eterna) y Las aventuras de la inteligencia (Viaje sentimental y espiritual por Francia e Inglaterra).

Avance

Un verso de John Keats condensa la idea que vertebra este libro: «La belleza es verdad, la verdad es belleza». Basta contemplar La Piedad, de Miguel Ángel o los nenúfares de Claude Monet; escuchar la Novena sinfonía de Beethoven, leer Persuasión de Jane Austen o ver Lawrence de Arabia, de David Lean. Retorno a la belleza, subtitulado Grandes momentos del arte, la música y la literatura, es un compendio de momentos estelares de la cultura occidental de los últimos cinco siglos, en el que el autor ofrece contexto y claves interpretativas de obras que hoy se consideran universales.

A lo largo de los dieciocho capítulos que forman el libro (cada uno dedicado a una pieza artística), historia del arte, filosofía y autobiografía se entremezclan para explicar por qué esas obras nos interpelan a los espectadores, lectores y oyentes del siglo XXI.

ArtÍculo

A través de una selección personal de piezas de escultura, pintura, música, literatura y cine, este ensayo de Antonio Rubio reivindica el concepto clásico de belleza, entendiendo por bello aquello que tiende al bien y a la verdad, (el cruce de los trascendentales de la metafísica) e invita a redescubrir matices en ellas que mejoran la experiencia artística.

Pintura y escultura: detrás de la imagen

A lo largo de los dieciocho capítulos que forman el libro (cada uno dedicado a una pieza artística), la historia del arte, filosofía y autobiografía se entremezclan para explicar por qué esas obras se han convertido en hitos de nuestra cultura. El libro puede leerse bien de forma lineal, lo que proporciona al lector una mirada a la historia del arte occidental; bien de manera aleatoria, como manual interpretativo de las obras que más le interesen a cada lector.

Antonio Rubio. Retorno a la belleza. PPC, 2025
 

El primer capítulo, igual que su portada, está dedicado a La Piedad de Miguel Ángel. No es una elección casual, pues anticipa y concentra los temas que recorrerán el resto del libro: Rubio combina una anécdota personal —en unos jardines cerca de su casa hay una pequeña reproducción de la escultura— con detalles de la vida de Buonarrotti, como el famoso muñeco de nieve que esculpió tras una nevada en Florencia. Para cerrar, una reflexión sobre la grandeza de la obra y el ideal clásico de belleza, que el escritor encuentra en «el rostro misericordioso de la Virgen».

La pintura ocupa un lugar destacado en varios capítulos, con obras tan emblemáticas como Inocencio X, de Diego Velázquez; El Ángelus, de Jean-François Millet; y el ciclo de las Nenúfares, de Claude Monet. Una vez descrita la imagen, el análisis se centra en la intención del autor, la identidad de lo retratado y el contexto histórico en que se sitúa.

Por ejemplo, en El Ángelus de Millet, el título parece no corresponder con la escena que se representa (dos campesinos al atardecer). El autor nos da la clave para comprenderla: Millet, que había trabajado como campesino, evocaba en el cuadro un recuerdo de su infancia. Una carta escrita por el pintor en 1865 lo confirma: su abuela, al escuchar las campanas, ordenaba detener el trabajo para rezar el Ángelus por los difuntos.

Escuchar con contexto

Los capítulos dedicados a la música invitan a ser leídos con la pieza de la que trata sonando de fondo. Todas las obras referenciadas son de música clásica, y se analizan desde composiciones monumentales por su sonoridad y relevancia histórica, como la Novena Sinfonía de Beethoven (cuyo último movimiento se convirtió en himno de Europa), a otras más íntimas, como el Concierto para piano y orquesta en re para la mano izquierda, de Maurice Ravel.

Sobre esta última, Antonio Rubio desvela la compasión y la sensibilidad del compositor francés, que escribió la obra para un pianista mutilado durante la Primera Guerra Mundial. Igualmente, la escucha del Concierto para piano y orquesta n.º 2 en do menor, op. 18, de Rajmáninov, se aprecia con mayor hondura al saber, gracias a los apuntes del autor, que nació tras una profunda depresión del compositor ruso.

Si alguien se acerca al libro para revisitar obras que ya conoce y no tiene en su radar El retablo de Maese Pedro, de Manuel de Falla, podría pasar por alto una referencia fundamental. En el capítulo dedicado a la única obra de un autor español (junto al Inocencio X de Velázquez), se cita un verso de John Keats que condensa la idea que vertebra todo el libro: «La belleza es verdad, la verdad es belleza». En la manera de acercarse a la música, igual que en la escultura y la pintura, Rubio defiende que la belleza no se limita a la forma estética, sino que se revela algo más.

La belleza también se elige

A la lectura posmoderna de La tempestad, de William Shakespeare, que la interpreta como una crítica al colonialismo, Retorno a la belleza contrapone un análisis centrado en lo que considera el aspecto esencial de la obra: el protagonista, Próspero, elige el perdón por encima de la venganza. Ese gesto, que encarna la idea del Bien, es la razón por la que esta obra figura en el libro: en él se cumple el ideal clásico de belleza.

El mismo acercamiento se extiende a otros protagonistas literarios. En el capítulo dedicado a Persuasión, de Jane Austen, se destaca que el capitán Wentworth vence el rencor de un rechazo doloroso y elige la reconciliación con la protagonista, Anne Elliot; Atticus Finch, el personaje central de la novela Matar a un ruiseñor, de Harper Lee, se presenta como paradigma del hombre justo al tomar la decisión de defender a un acusado de color en contra del sentir general de su pueblo, en el profundo Sur de Estados Unidos. La actitud del abogado se comprende mejor al saber, tal y como nos informa Antonio Rubio, que su nombre está inspirado en un amigo de Cicerón, Tito Pomponio Ático.

En cuanto al cine, Antonio Rubio escoge tres películas clásicas para analizar con una mirada similar a la del resto de los capítulos: The Kid, de Charles Chaplin; Lawrence de Arabia, de David Lean, y Cinema Paradiso, de Giuseppe Tornatore.

Si empezar el libro con el capítulo dedicado a La Piedad no es una elección casual, tampoco lo es terminarlo con Cinema Paradiso. La película dirigida por Giuseppe Tornatore e interpretada por Phillippe Noiret es un homenaje al cine en general y a las películas que inspiraron a su director en particular. Retorno a la belleza hace algo parecido: celebra la belleza como algo que nos eleva y, al mismo tiempo, rinde homenaje a las obras que, para Rubio, mejor la representan.

Más allá de las palabras

En Diario de invierno, Paul Auster relata cómo uno de los mayores bloqueos creativos de su carrera se resolvió cuando entendió que no podía describir con palabras la belleza de un espectáculo de danza al que asistió en diciembre de 1978. Esa imposibilidad le llevó a aceptar que la experiencia artística es irreductible al lenguaje.

Retorno a la belleza parte de la misma premisa: el libro no sustituye la obra, sino que la acompaña. Puede ser el punto de partida para descubrir obras desconocidas o una herramienta para mirar con nuevos ojos aquellas que ya forman parte de nuestra memoria.

Cada capítulo anima a ir más allá: a buscar la imagen, leer el libro, escuchar la canción o volver a contemplar la película, para confrontarse con la obra y (re)descubrir en ella la idea clásica de belleza que el texto reivindica y que solo la experiencia directa puede confirmar.


Imagen de cabecera: Detalle de «La Piedad», de Miguel Ángel. Foto: © Stanislav Traykov. Archivo de Wikimedia Commons con licencia CC BY 2.5