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Ver productos“La UE debe pasar de la adolescencia a la madurez y no dejar la defensa de los intereses comunes en manos de EE.UU.” afirmó Josep Piqué en un debate sobre “El triángulo EE.UU.-China-UE”. El exministro de Asuntos Exteriores e Industria consideró que “Europa solo puede ser relevante, frente al papel hegemónico de China y Estados Unidos si adopta una auténtica Política Exterior Común; y si profundiza en su integración como base de un proyecto político que permita ser percibida como un sujeto a tener en cuenta”.
El despliegue de China, el repliegue de Estados Unidos y el papel de la Unión Europea en un nuevo escenario global fueron los temas abordados en una nueva sesión del seminario “Pensar el siglo XXI” dirigido por el catedrático emérito de Sociología y académico de Ciencias Morales y Políticas, Emilio Lamo de Espinosa, y organizado por el Consejo Social de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), que preside el exministro Jordi Sevilla, con la colaboración de Nueva Revista.
El debate contó además con la participación de Lluís Bassets, periodista especialista en política internacional y columnista de El País; y de Cristina Manzano, directora de ESGlobal
Lamo de Espinosa presentó al ponente y enmarcó el debate explicando que estamos ante “un nuevo juego de potencias”, con “la emergencia de China, la retirada de EE.UU. y el relativo declive de la UE, que no acaba de adquirir capacidades para ser un verdadero sujeto en política exterior”. Todo ello ha quedado certificado con la reciente retirada de Kabul.
Y preguntó ¿en esta una suerte de bipolaridad China-USA que arrastra a la UE en uno u otro sentido, de qué lado estamos los europeos?
«Con el reciente abandono de Afganistán (y antes de Irak, Siria o Libia) se visibiliza el repliegue de EE.UU., que no quiere ser ya el gendarme mundial»
Josep Piqué señaló que el triángulo EE.UU.-China-UE es “muy asimétrico” porque la pugna geopolítica global es “entre China y Estados Unidos; y la Unión Europea queda en una posición subordinada, junto a otras como Rusia, Irán, India, Japón o Turquía”. Aunque Europa puede entrar en el triángulo “en la lucha contra las pandemias y el cambio climático”, haciendo valer su peso en función de su mercado interior.
Los estados europeos “por separado ya no son potencias relevantes, y lo serán cada vez menos”. Y por eso es “necesario el debate sobre la autonomía estratégica” de la Unión, advirtió el ponente. Puso el ejemplo del euro. Su éxito se debe “no solo a que es una moneda común, sino que también es una moneda única; en tanto que la política exterior europea es una política común, pero no una política única”.
Con el reciente abandono de Afganistán (y antes de Irak, Siria o Libia)-agregó- “se visibiliza el repliegue de EE.UU., que no quiere ser ya el gendarme mundial”. Y que está yendo en paralelo con el despliegue de China, “sin autocontenciones”, que incluso ha verbalizado que quiere sustituir a Washington “como potencia hegemónica a mediados de este siglo y fijar sus reglas”.
Para Washington lo más relevante ahora son “sus aliados en el Indo-Pacífico, Japón, Australia o India” para frenar el expansionismo de Pekín. El reciente pacto estratégico alcanzado por EE.UU. con Australia y Reino Unido (AUKUS por sus siglas en inglés) va en esa dirección, “pero deja fuera a Europa continental”.
Se pregunta Piqué “¿hasta qué punto la política exterior de EE.UU. inspira credibilidad en su compromiso en la defensa y seguridad colectivas?” ¿Si China invadiera Taiwan hasta qué punto estaría EE.UU. dispuesta a ir a la guerra? Y como se lo explica a su opinión pública, teniendo en cuenta que “perder Taiwán sería dejar a China el control del Indo-Pacífico, y en la práctica que EE.UU. dejara ser una potencia global”.
El antiguo ministro de Exteriores también se refirió a España, señalando que “debe jugar un papel más proactivo y propositivo en la definición de las posiciones comunes” en la UE. E hizo hincapié en su “especial responsabilidad con América Latina, la gran olvidada del momento geopolítico, pero pieza esencial para decantar la pugna sistémica en un sentido u otro”. Añadió que existe el riesgo de que “buena parte de la región deje de autoconsiderarse occidental”.
BASSETS: EUROPA Y EL PARAGUAS DEFENSIVO
Lluís Bassets, por su parte, señaló que Estados Unidos no tenía interés en Oriente Medio, desde Bush Jr., Obama y Trump. Se van de Afganistán “porque no quieren discutir con la OTAN sobre Kabul”; y firman el contrato con Australia, del AUKUS, porque “no quieren meter a la OTAN en Asia”. Con estas decisiones, la Administración Biden “ha herido el vínculo transatlántico”.

Sin embargo, Europa debe tener cuidado para no quedarse fuera del “paraguas defensivo que es EE.UU.”, ya que no existe alternativa: “¿hay otro paraguas?, ¿es Francia el paraguas?”
«China tiene una estrategia, EE.UU. está intentando armarla y quien no tiene ninguna es la Unión Europea»
Respecto a China, el periodista sostiene que tiene “un pensamiento estratégico anterior a Xi Jinping, muy profundo y elaborado”; de suerte, que el gigante asiático tiene “una espléndida estrategia”; «no está claro que EE.UU. la tenga, está intentando armarla una estrategia de contención; y quien no tiene ninguna es la Unión Europea”.
“Acabamos de inaugurar el nuevo mundo bipolar”, añadió, con un pulso que no “tenemos porque llamarlo guerra fría”, ya que será una confrontación “tecnológica, comercial y monetaria”.
En el nuevo escenario global, es importante -subrayó Bassets- “mejorar nuestra democracia, que se ha deteriorado, como ha advertido Biden”; y poder predicar con el ejemplo y “recuperar nuestros valores, el Estado de derecho, el sistema jurídico internacional, ante el modelo autoritario universal de China”.
«Las amenazas potenciales a Europa ahora vienen principalmente de África, a través de inmigraciones mal gestionadas y el terrorismo internacional»
Por su parte Cristina Manzano afirmó que ante las nuevas amenazas, “la UE no tiene ni voluntad ni capacidad para cambiar las cosas y gastar más en defensa y seguridad”; y prefiere dedicar el dinero “al Estado de bienestar, nuestra joya de la corona”.

Y recordó que «las amenazas potenciales a Europa ahora vienen principalmente de África, a través de inmigraciones mal gestionadas y el terrorismo internacional que está allí en plena efervescencia, con un país como Marruecos que está invirtiendo en capacidades militares”.
En el debate posterior, tomó la palabra Jordi Sevilla, que advirtió que el pulso con China es “una confrontación entre un modelo democrático y un modelo autocrático. El debate no es elegir entre Amazon o Alibaba… es la confrontación de valores«.
CHINA, PRIMER EXPORTADOR DE ESTUDIANTES EN EL EXTRANJERO
Finalmente intervino Rafael Puyol, presidente de UNIR, que subrayó varios rasgos llamativos del empuje de China: que se haya convertido en “el primer país exportador de estudiantes en el extranjero”; que “haya abierto la mano en la política del hijo único” para paliar el envejecimiento demográfico y “la adquisición de tierras por todo el mundo, y significativamente en África”.
Aunque George Packer, escritor y columnista de New Yorker, escribió El desmoronamiento antes de la llegada de Trump y la pandemia, ofrece en este libro las claves de la triple crisis -económica, cultural y social- que está abocando al actual declive de la superpotencia. Se trata de “un collage sobre treinta años de la historia de Estados Unidos (1978-2012) que llevan hasta justo antes del trumpismo” como sintetiza Pedro Rodríguez en Nueva Revista. El autor describe, a través de las historias de personas más o menos anónimas y de celebridades de la política, las finanzas y la cultura popular, la pérdida de la cohesión social de “un país que cada vez funciona peor, con élites de capa caída y desigualdad en alza, instituciones disfuncionales y demasiados ciudadanos de a pie abandonados a su suerte”.
No se puede entender el actual repliegue de EE.UU. y su pérdida de liderazgo sin esta detallada crónica. Como subraya Pedro Rodríguez: “Sí había muchas cosas que no funcionaban en América entre 1978 y 2012, la pandemia no ha hecho más que exacerbarlas. Por eso llama tanto la atención la insistencia de Packer a la hora de hablar con escalofriante anticipación sobre el declive de Estados Unidos como una enfermedad, una plaga, una infección e incluso un nuevo virus”.

George Packer, El desmoronamiento, Debate, 2015, 528 págs.
Siete autores reflexionan sobre la memoria histórica en La disputa del pasado. España, México y la leyenda negra, promovido desde el Real Instituto Elcano, y coordinado por el sociólogo Emilio Lamo de Espinosa. Se trata de Guadalupe Jiménez Codinach, Martín Ríos Saloma, Tomás Pérez Viejo, Luis Francisco Martínez Montes, José María Ortega, Elvira Roca Barea y el propio Lamo de Espinosa.
Coincide la publicación con el quinto centenario de la gesta de Hernán Cortes y con el segundo centenario de la independencia de México. Como explica Ángel Vivas en Nueva Revista, el volumen reivindica el papel de historiadores e investigadores en el estudio de la conquista del país, la función de la Corona española o las guerras intestinas de los pueblos precolombinos, frente al sesgo de las ideologías o la política. En este sentido, Ríos Saloma, profesor de la Universidad Nacional Autónoma de México, aboga por que la sociedad mexicana “supere la visión nacionalista, simplista, maniquea y victimista forjada en las décadas centrales del siglo pasado”.
Indica Lamo de Espinosa en la presentación que “ni la memoria ni la historia pueden ser objeto de legislación o mandato en sociedades libres”, por lo que “bien harían los políticos, de uno u otro signo, en retirar sus manos de esas materias”. Y añade que no cabe menor progresismo que meterse a solucionar las querellas de nuestros abuelos. “El progreso consiste en romper con el pasado… y mala es la política que se diseña mirando por el espejo retrovisor”, afirma, antes de concluir: “¡Basta de historias!”.

VV.AA. La disputa del pasado. España, México y la leyenda negra. Turner, 2021. 245 págs
Autor de obras tan leídas como Rubicón, Fuego persa o Milenio, el historiador británico Tom Holland, especialista en la Antigüedad, estudia la influencia histórica del cristianismo en la configuración de nuestra civilización en Dominio. Una nueva historia del cristianismo. “Por mucho que los bancos de las iglesias estén cada vez más vacíos -dice en el prólogo-, Occidente permanece amarrado con firmeza a su pasado cristiano […] Tan profundo ha sido el impacto del cristianismo en el desarrollo de la civilización occidental que ha llegado un punto en que pasa desapercibido. Las que se recuerdan son las revoluciones incompletas; el destino de las que triunfan es convertirse en la normalidad».
Agnóstico, Holland llegó a la conclusión tras estudiar la antigüedad y la Edad Media, de que “los cimientos de Europa son profundamente cristianos”; y que “no hace falta creer que un hombre resucitó de entre los muertos para asombrarse de la formidable influencia del cristianismo».
Benigno Blanco subraya en Nueva Revista: “Holland muestra tanto lo revolucionaria que fue esta religión cuando apareció como que nuestro mundo sigue impregnado de los valores y las evidencias cristianas que inspiran incluso a quienes rechazan y atacan al cristianismo, especialmente en todo lo que afecta al compromiso contemporáneo con la ciencia, la dignidad humana, la libertad o la igualdad”.

Tom Holland, Dominio. Ático de los Libros, 2020. 624 págs
El editor Knut Beck, especialista en Stefan Zweig, recopila algunos de sus mejores ensayos en Encuentros con los libros, miscelánea compuesta por semblanzas, comentarios, reseñas para periódicos y revistas, prólogos y otros textos dispersos. El resultado es una suerte de canon del escritor vienés o de “taller literario”, como lo califica Mercedes Monmanny en Nueva Revista.
De forma paralela a la elaboración de sus grandes obras (Momentos estelares de la humanidad, Carta de una desconocida), Zweig puso la firma en numerosos escritos de carácter literario. Como apunta Beck, concibió “un osado proyecto”: publicar “toda la literatura universal en una serie sinóptica, desde Homero hasta La montaña mágica, pasando por Balzac y Dostoievski”. Finalmente, no pudo llevarlo a cabo, pero dejó fragmentos dispersos que Beck recopila. El lector encontrará retratos, glosas y reflexiones sobre escritores y otras grandes figuras de la cultura, como Goethe, Dickens, Freud, Joyce, Mahler o Thomas Mann, entre otros.

Stefan Zweig. Encuentros con libros. Acantilado. 2020. 258 págs.
“Durante la Gran Depresión mucha gente tenía poder adquisitivo suficiente para comprarse un coche nuevo. Sin embargo, había un obstáculo que les impedía hacer la compra y beneficiar a la industria del motor, entonces en crisis: el miedo generalizado a ser considerado ostentoso” cuenta el premio Nobel de Economía, Robert J. Shiller, en el libro Narrativas económicas (Como las fake news y las historias virales afectan la marcha de la economía). De suerte que «el “qué dirán” fue una narrativa que incidió negativamente en la crisis económica de los años 30, por la posibilidad de que se considerase una forma indecente de exhibir riqueza. Esta es solo un ejemplo de cómo los factores psicológicos y las percepciones sociales influyen en la economía y, a la postre, en el devenir de la humanidad”, sintetiza Rafael Pampillón en Nueva Revista.
Shiller aspira en este libro -añade Pampillón- “a formalizar los impactos que pueden tener en la economía las percepciones de la gente. Así, va reuniendo de forma muy amena una multitud de anécdotas y acontecimientos que presagian cambios en la economía”.
Desde la fiebre de los bitcoin hasta la teoría de “El fin del trabajo” de Jeremy Rifkin -posteriormente desmentida-, pasando por la curva de Laffer sobre el efecto contraproducente de la subida de impuestos, son analizados por Shiller en una obra que pone de manifiesto el poder de los relatos y su influencia sobre la economía.

Robert Shiller. Narrativas económicas. Deusto. 2021. 480 págs.
Uno de los grandes sucesos editoriales del curso ha sido la publicación de la obra completa del periodista y escritor Manuel Chaves Nogales (1897-1944), que su editor Ignacio F. Garmendia califica como “el rescate más espectacular de la reciente historia de la literatura española”.
Se trata de nueve libros, ordenados cronológicamente: La ciudad (1921), Narraciones maravillosas y biografías ejemplares (1924), La vuelta a Europa en avión. Un pequeño burgués en la Rusia roja (1929), La bolchevique enamorada (1930), Lo que ha quedado del Imperio de los zares (1931), El maestro Juan Martínez que estaba allí (1934), Juan Belmonte, matador de toros (1935), A sangre y fuego (1937) y La agonía de Francia (1941), además de series de reportajes como sus crónicas de la Alemania nazi o los relatos de la defensa de Madrid.
“Esas casi 4.000 páginas constituyen el testimonio de la calidad literaria de un periodista y escritor injustamente olvidado” apunta Alfonso Basallo en Nueva Revista. Un escritor comparable a “George Orwell en Inglaterra, Vasily Grossman en la URSS, y Albert Camus en Francia”, como llega a decir Antonio Muñoz Molina, prologuista junto con Andrés Trapiello de la Obra Completa del periodista sevillano.

Chaves Nogales. Obra completa. Libros del Asteroide, 2020. 3.364 págs.
Cada vez que hay crisis los políticos suelen apelar a las enseñanzas del británico John Maynard Keynes (1883-1946). El economista más influyente del siglo XX “viene a ser una especie de salvavidas de la política económica, al que se echa mano cuando el barco está hundido o a punto de precipitarse en lo más profundo del océano” opina Josemaria Carabante en la reseña de Nueva Revista, a propósito de El precio de la paz (Dinero, democracia y la vida de John Maynard Keynes).
El autor, Zachary D. Carter, periodista político y económico, sitúa al personaje en el contexto intelectual y social de su época, desentraña -a través de su biografía- sus influencias no sólo económicas sino también filosóficas, y dibuja el perfil poliédrico de quien “no era enemigo del capitalismo, pero pensaba que se había desarrollado sin control y que era necesario incidir en el impacto que determinadas medidas políticas podían tener en la economía»
Para Carter, la entente cordiale entre capitalismo y keynesianismo no ha sido suficiente a la hora de capear las crisis, como la última tormenta, la de 2007-2008. Apostilla Carabante que “el neoliberalismo ha provocado mayor desigualdad y marginalidad, por lo que es imprescindible, según quienes suscriben esta lectura de la historia económica, volver al Keynes primigenio”.

Zachary D. Carter. El precio de la paz. Paidós. 680 págs.
La novela autobiográfica de una joven y desconocida millenial Ana Iris Simón (nacida en 1991) se ha convertido en un fenómeno sociológico, al poner en el candelero no solo la voz de una generación sino también la voz de la tradición, de un mundo rural en peligro de extinción, de las raíces y de la familia. En Feria, “Simón congela el tiempo en una nostalgia cercana y consigue que en cada línea la auténtica vida se desborde” reseña Lourdes Ventura en Nueva Revista. Y añade: “El puñado de seres humanos que son sus padres, abuelos, primas, tías o ella misma de niña, un personaje lleno de gracia que es narradora y es protagonista, se impone al público lector con milagroso encanto. Milagroso porque estamos hablando de vendedores ambulantes, carteros, feriantes, campesinos, gente corriente con existencia real, seres de carne y hueso que de golpe quedan transmutados en materia literaria”.
Además de su calidad literaria, Feria acierta a reflejar el desencanto y la falta de expectativas de una generación de españoles, como la propia autora expuso en sus intervención ante el presidente del Gobierno. “Cuando afirmó «Creo que se está más a gusto en el pasado que en el presente», se refería al desarraigo una generación que no tiene certezas, porque los retoños del 2000 no encuentran muchas salidas en el futuro” subraya Lourdes Ventura.

Ana Iris Simón. Feria. Círculo de Tiza. 240 págs.
«Yo soy lector, escritor y profesor, por ese orden cronológico», ha afirmado Luis Landero, el prestigioso autor de Juegos de la edad tardía. Las tres facetas se dan cita en El huerto de Emerson, como observa Emesto Baltar en Nueva Revista. El escritor, que reflexiona sobre su oficio; el lector, que se sumerge en detalles de los libros que mayor huella le han dejado; y el profesor de literatura, que comparte enseñanzas y consejos con los jóvenes aspirantes a escritor. A lo que añade Baltar “el Landero persona, fundamentalmente exniño, que bucea una y otra vez en sus recuerdos lejanos del pueblo y la familia en busca del tesoro de la sabiduría, del misterio de las cosas, del intríngulis de la vida”.
El resultado es una obra tan deliciosa como difícil de calificar: tiene algo de «apunte memorialístico, de reflexión literaria, de aprendizaje y vida». Condimentado todo ello con un estilo que -como sugiere Baltar- “transita de García Márquez a Azorín, quitándose adornos, fogonazos y prodigios, adelgazándose, purificándose”.

Luis Landero. El huerto de Emerson. Tusquets. 2021. 240 págs
Del escritor polaco Slavomir Mrozek (1930-2013) ha dicho el crítico Marcel Reich-Ranicki que es “un humorista que habla muy en serio”. En efecto, se burla del totalitarismo soviético en una serie de piezas cortas, entre la sátira y la reflexión, que ha dejado esparcidas por varios libros, como La vida difícil. Magazín radiofónico reúne las que escribió para la radio polaca en los años 60.
Lo interesante es que “saltan del sistema totalitario polaco, en cuyo contexto fueron escritas, a la realidad hoy de muchas democracias occidentales asfixiadas no sólo por la creciente burocracia, sino por la corrección política, el capitalismo woke y otros modos de limitar la libertad y pretender ser lo que no somos bajo consignas y constricciones” señala Aurora Pimentel en Nueva Revista.
El humor que impregna estos breves relatos se desprende del carácter surrealista de la burocracia que describe. Una burocracia “que se retroalimenta de una administración y de todo un sistema donde proliferan despachos con funcionarios ineptos, jefes con títulos y cometidos rimbombantes y ciudadanos que se pierden entre papeles y procedimientos a cual más incomprensible”. Se adivina en la sátira, la huella de Kafka y la crítica mordaz contra la insensatez humana y la ineficacia de los totalitarismos.

Slavomir Mrozek. Magacín radiofónico. Acantilado, 176 págs.
“Las grandes plataformas digitales son medios de comunicación y deben someterse al control democrático, a las mismas reglas y exigencias legales que los demás”. Esta es la principal conclusión en la que coincidieron Cruz Sánchez de Lara, jurista y vicepresidenta de El Español, y María Peral, periodista especializada en información judicial, en la cuarta sesión del seminario “Libertad de expresión en la era digital”, celebrada en la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR). Las dos expertas alertaron del peligro que representa para la convivencia democrática la manipulación de los datos de los ciudadanos; e indicaron que “hace falta leyes para combatir contra la desinformación y las fake news”.
El ciclo de conferencias, organizado por el Consejo Social de UNIR en colaboración con Nueva Revista, está dirigido por Sánchez de Lara, presidenta de Tribune for Human Rights (THRibune), directora para Europa de International Human Rights Legal (IHRLegal), socia titular de Sánchez de Lara Abogados y vicepresidenta de El Español.
Sánchez de Lara se refirió al saldo de cientos miles de vidas que ha supuesto la desinformación, con casos como el uso que el Ejército de Myanmar hizo de Facebook para justificar la matanza de civiles
Sánchez de Lara abrió la sesión, que estuvo moderada por Juan Carlos Laviana, director de Nueva Revista, citando a Noam Chomsky: “Si no creemos en la libertad de expresión de aquellos que despreciamos, no creemos en ella en absoluto”. Pero advirtió del peligro que supone abusar de la misma, mediante la manipulación que suponen las fake news y la falta de control de las grandes plataformas. Puso el ejemplo de un bot de inteligencia artificial de Microsoft que, en 2016, comenzó a actuar con otros perfiles en las redes y en 16 horas se convirtió, en manos de los haters, en nazi, antisemita y homófobo. Y se refirió al saldo de “cientos miles de vidas que ha supuesto la desinformación” con casos como el uso que “el Ejército de Myanmar hizo de Facebook para justificar la matanza de civiles, presentándolos como enemigos del Estado”.
Respecto a los límites a la libertad de expresión, Sánchez de Lara señaló que son menores en el ordenamiento jurídico europeo frente al interamericano. El sistema más valorado es el del “triple test”, que desde el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo, sopesa “la posibilidad de la censura siempre que concurran tres elementos: una previsión legal de la injerencia; que exista un fin legítimo; y la necesidad en una sociedad democrática de ejercer esa censura”; pero siempre en contadas ocasiones y supuestos muy excepcionales.
Insistió en que “el derecho a la libertad de expresión es uno de los pilares del sistema democrático”. Una serie de debates lo demuestran. Aludió al de la blasfemia, recordando que en 2012, la Liga Árabe solicitó al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas penalizarla. Y cómo el entonces presidente Obama hizo, entonces, un discurso que trascendió por su defensa de las libertades, al señalar que si estaba permitido insultar al presidente de EE.UU. había que entender que no se pusieran límites tampoco a la libertad en el ámbito religioso. El antecedente en la cultura norteamericana “es la sentencia del Tribunal Supremo Texas vs. Johnson (1989) que despenalizaba la quema de banderas”.
“Las redes sociales nos arrastran a un torrente de información” pero también “de desinformación y de fake news”
Con la cuarta revolución industrial ese debate cobra más relieve, dado que “las redes sociales nos arrastran a un torrente de información” pero también “de desinformación y de fake news”. Comparó el “insultadero” de las redes con su “germen premonitorio”, de “los dos minutos de odio” de la novela 1984 de George Orwell.
“Las redes son un lugar donde las fronteras se desdibujan, y dificultan la reclamación de los derechos”. Es la materialización de la frontera global -de la que hablaba Marshall McLuhan– “¿Compensa defenderse de un ataque en redes?” se pregunta Sánchez de Lara. “Hay factores que lo complican como el anonimato y que resulta más difícil para los particulares”, que a diferencia de las empresas o organizaciones no disponen de asesoría jurídica para emprender acciones legales.
ESTRATEGIAS MANIPULADORAS
Por otro lado, los manipuladores recurren a estrategias políticas y movimientos demagógicos para bajar la tensión en la opinión pública. Mencionó la ponente las maniobras del gobierno ruso ante las revelaciones que denunciaron la injerencia de Moscú en el asunto de las fake news de las elecciones americanas que ganó Trump; o de las elecciones en Cataluña de 2017. En una táctica mediática, «el ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, propuso a su homólogo español, Josep Borrell, la creación de un grupo de ciberseguridad interestatal, habida cuenta de las acusaciones a Rusia sobre la injerencia en ambos procesos electorales. El ministro español modificó la versión de que las injerencias provenían de las autoridades rusas por una más edulcorada». Y tres años después, nada se sabe de la creación del grupo de ciberseguridad, y no ha habido una investigación concluyente sobre aquellas maniobras manipuladoras.
“Se convierte en enemigo público de la sociedad quien vulnera la libertad de expresión, prohibiéndola; pero también quien hace un mal uso de ella o se excede, con malicia, dolo, mala fe”
Sánchez de Lara resumió su intervención afirmando que “se convierte en enemigo público de la sociedad quien vulnera la libertad de expresión, prohibiéndola; pero también quien hace un mal uso de ella o se excede, con malicia, dolo, mala fe”. Y debe encontrarse con “el reproche y el castigo social”. El problema es que “no hay legislación suficiente para combatir contra la desinformación y los fake news; y el camino de los ciudadanos para recurrir a los tribunales es largo y costoso”.
Por su parte María Peral, adjunta al director de El Español, puso ejemplos de los graves peligros que puede entrañar la manipulación en las redes sociales, así como del negocio crematístico que éstas obtienen. El primero se refería al seísmo en el mundo financiero que produjo en 2013 un tuit falso de Associated Press que decía que Obama había resultado herido en un atentado: el índice Down Jones cayó 150 puntos en unos segundos. Una organización -Syrian Electronic Army- había hackeado el perfil de Associated Press.
EXPERIMENTO SOCIAL DE FACEBOOK
También refirió el “experimento social” que en noviembre de 2010 hizo Facebook, midiendo su influencia en unas elecciones, al usar “a ciudadanos como conejillos de Indias sin su consentimiento” en los comicios del midterm (medio mandato) de EE.UU. Facebook “puso un cebo con una notificación a 61 millones de usuarios que les animaba a votar”, y en la que añadía que otros amigos suyos ya habían votado. La red social reconoció más tarde que con esta notificación había conseguido que fueran a votar 340.000 personas, es decir con un solo mensaje movió al 0,41% de la masa electoral de EE.UU.
Otro caso especialmente dramático fue el del periodista disidente saudí Jamal Kashogui, asesinado en 2018, después de que fuera señalado y demonizado por un tuit falso del régimen de Arabia Saudí.
«No hay libertad de expresión en atentar contra la democracia dirigiendo con falsedades el voto de los ciudadanos»
“No hay libertad de expresión” subrayó María Peral “en atentar contra la democracia dirigiendo con falsedades el voto de los ciudadanos, en desestabilizar los sistemas financieros” o en “atacar nuestro sistema de valores”.
Dada la indefensión del ciudadano “es imprescindible empezar a legislar sobre las plataformas sociales. Alemania e Italia tienen leyes contra las fake news, optando por la vía de la multa”. Aunque hay poco que hacer si «los ciudadanos no son conscientes de sus derechos, no acuden a fuentes solventes y no se preguntan ¿esto quien me lo dice?” añadió la periodista.
Las plataformas digitales y redes sociales “invocan la autorregulación pero me parece insuficiente. Han hecho méritos suficientes para que no podamos fiarnos”. Y explicó que precisamente en “la falta de control está el negocio de las grandes plataformas”, a diferencia de los medios de comunicación, sometidos “al control de la veracidad” y la actuación de los tribunales “que aplican el código penal cuando difundimos calumnias”. Y en este caso no “se está vulnerando la libertad de información, sino que se la está protegiendo”.
Peral recoge una reflexión sobre la responsabilidad de las grandes plataformas, hecha por Christopher Willy, extrabajador de Cambridge Analytica, que desveló cómo se manipuló el voto en la campaña de Trump y en la del brexit. “No es justo pedir a la gente que entregue absolutamente todo a estas plataformas para estar conectados a la vida moderna (…) Ellas deberían tener una responsabilidad proactiva de cuidado de sus usuarios”.
Coincidió con Cruz Sánchez de Lara en considerar “medios de comunicación” a las grandes plataformas, “en la medida en que seleccionan y jerarquizan los contenidos que difunden”; y por lo tanto, deben tener reglas claras de control y someterse “a las mismas exigencias legales que cualquier medio”.
AVANCES ESPERANZADORES
Señaló que ha habido “algunos avances esperanzadores”. En 2019, el Tribunal de Justicia de la UE dictó una sentencia que establecía que cualquier tribunal de un país europeo podía obligar a Facebook a retirar comentarios ilegales en todo el mundo.
Es preciso «exigir a las plataformas que censuren contenidos con los que se pretende manipular a la opinión pública en periodos electorales”
Por otro lado, el Plan de la Unión Europea de 2019 contra la desinformación ha sido un primer paso, efectivo en los contenidos relacionados con la pandemia; “pero no basta”. Es preciso exigir a las plataformas “que censuren contenidos con los que se pretende manipular a la opinión pública en periodos electorales”.
Además de la actuación de los poderes públicos para defender al ciudadano de la desinformación, la periodista considera que es necesaria una concienciación de los usuarios, comenzando por los menores y los jóvenes. Citó, en este sentido, los casos de Finlandia y Suecia donde introducen en sus programas de estudio escolares contenidos prácticos de “cómo detectar la desinformación, quienes están detrás y qué intereses tienen”.
Hubo un momento en que el autor de El hombre en busca de sentido fue literalmente un hombre en busca de sentido: lo buscaba y no lo encontraba. Quien había defendido que la vida siempre, siempre, incluso bajo las más penosas e insoportables circunstancias, tenía un sentido escribió en noviembre de 1945: «Y yo me encuentro aquí, en esta ciudad medio destruida, solo, sin hogar y sin patria. Nada tiene sentido para mí, nada logra alegrarme, ni siquiera el trabajo».
Ese Frankl de las horas bajas, ese Frankl tan cercano y tan distinto al Frankl sobrepuesto a su pasado y a su circunstancia que escribía libros de éxito y daba conferencias por todo el mundo, es el que acercan las páginas de Llegará un día en que serás libre.
El libro permite descubrir una etapa menos conocida de Frankl para sus muchos lectores, que es vital para entender su resurgimiento vital y su apoteosis laboral
Publicado por Herder, el libro permite conocer a través de cartas y poemas, conferencias, entrevistas y discursos de su archivo personal cómo vivió el fundador de la logoterapia los meses posteriores tras su liberación. Una etapa menos conocida para sus muchos lectores que es vital para entender su resurgimiento vital y su apoteosis laboral.

Cuando el antiguo director del departamento de neurología del Hospital Rothschild de Viena, el preso Viktor Frankl, fue liberado después de haber pasado por cuatro campos de exterminio –Auschwitz entre ellos–, las tropas estadounidenses lo nombraron médico en el Hospital Militar para desplazados de Baviera. Allí estuvo dos meses, impaciente por regresar a su antigua ciudad y descubrir cuál había sido la suerte de su madre y su esposa; su padre había muerto junto a él, en Terezín.
En esta época, en medio de ese incertidumbre, cobran todo el sentido las palabras que Frank escribirá en su obra inmortal El hombre en busca de sentido: «Cuando, páginas atrás, nos referimos a la necesidad de infundir en el prisionero ánimos para superar su dramática situación, dijimos que esto se conseguía proponiéndole alguna meta alcanzable en el futuro. Era preciso recordarle que la vida seguía esperándolo, que un ser querido aguardaba su regreso con devoción. ¿Y después de la liberación? […] ¡Pobre de aquel que no encontró a la persona cuyo recuerdo le infundía valor en el campo! […] Quizá subió a un tranvía y se dirigió a la casa de sus recuerdos, llamó al timbre, como había soñado tantas veces en el Lager, pero no halló a la persona que debía abrirle, no estaba allí, nunca volvería».
Pobre Viktor Frankl que, en la primera mañana en Viena, supo que su querida esposa Tilly Grosser había muerto de tifus en Belsen. Se derrumba. Toca fondo
Pobre Viktor Frankl, pues, que sin haber llegado aún a Viena se enteró de que su madre había sido asesinada en Auschwitz. Pobre Viktor Frankl que, en la primera mañana en Viena, supo que su querida esposa Tilly Grosser había muerto de tifus en Belsen. Se derrumba. Toca fondo. En sus palabras es difícil reconocer al Frankl de las enciclopedias: «En todo caso, no esperaba que después de todo lo sucedido, las cosas pudiera ir tan a peor. Por lo visto, la persona destinada a sufrir no encuentra un final. Siempre puede hundirse más y más».
LA ANESTESIA DEL TRABAJO
Las palabras que siguen a la cita anterior son: «De inmediato me puse a trabajar». En el trabajo a destajo, Frankl encontró la anestesia para el inmenso dolor de su pérdida. Pero anestesia no es alivio. Frankl percibe su liberación como una carga y sus tareas, una condena: «como un niño que debe quedarse castigado en la escuela: los demás se fueron y yo sigo allí, tengo que terminar los deberes y entonces podré irme a casa».
Trabaja, pero se siente inmensamente solo, cansado y triste. Trabaja por un sentido férreo del deber, porque «Ya no me queda ninguna alegría en la vida, solo obligaciones: solo hago lo que me ordena la conciencia». Estas palabras las dirige a sus amigos Wilhem y Stepha Börner el 14 de septiembre de 1945. Unas líneas más abajo volverá a subrayar la importancia de esa conciencia, una especie de sexto sentido que tendrá un lugar destacado en la obra de Frankl, pues será aquel que permite percibir el significado de las distintas situaciones de la vida: el sentido del sentido. Así, después de manifestar a sus amigos su hastío, su alejamiento de todo, escribe: «Sin embargo, ahora veo las cosas desde otra perspectiva. Cada vez soy más consciente de que la vida tiene un sentido infinito, de que también el sufrimiento, e incluso el fracaso, tienen sentido. Y el único consuelo que me queda es que puedo decir con la conciencia tranquila que he utilizado las oportunidades que me han brindado, quiero decir, que las he salvaguardado haciéndolas realidad. Esto puede aplicarse a mi breve matrimonio con Tilly».
Esto mismo también podría aplicarse al hecho de dejar extinguir un visado que le hubiera permitido huir a él solo, dejando solos a sus padres en Viena. No lo hizo y tuvo ocasión de aliviar la agonía de su padre con la morfina que había introducido clandestinamente en el campo de Terezín. Su padre murió acompañado y él se sintió feliz porque «había hecho lo que tenía que hacer y había conseguido estar con mi padre hasta el último momento en que estuvo consciente».
Los días pasan para Frankl de forma anodina y bajo la analgesia del trabajo. En ocasiones da rienda suelta a su expresión poética y sus versos son esclarecedores:
Sois un peso tan grande para mí, mis muertos:
Estáis a mi lado como la obligación silenciosa de existir por vosotros;
[…]
Es otro de los puntos clave –y conflictivos– de su argumentario: validar el sufrimiento. ¿Qué podría decir sobre esto un psicólogo en un campo de concentración –ese fue el título original de El hombre en busca de sentido– a las personas que en un barracón se encaminaban con toda probabilidad a una muerte atroz? ¿A aquellos que, a fuerza de suprimir esperanzas y razones habían anulado cualquier voluntad de vivir? Para esta prueba definitiva de su psicoterapia, Frankl echa mano de la literatura y se acuerda del ser «digno de sus sufrimientos» de Dostoievsky y del morir «la propia muerte» de Rilke. Quien defendía con vehemencia el hacerse cargo de la vida y ser responsable de la misma hasta darle un sentido, defendía lo mismo para su último momento. Al fin y al cabo el ser humano es «el ser que siempre decide» y, sí, es «la criatura que inventó las cámaras de gas, pero, al mismo tiempo, es el ser que entró en las cámaras de gas, firme, cantando La Marsellesa, o con una oración en los labios».
A finales de marzo de 1946 firma uno en el que se pregunta: ¿Cuándo llegará por fin mi primavera? En realidad ya ha llegado. En la carta que dirige a su hermana y sus sobrinos, Frankl tiene otro tono, otro discurso y novedades que contar. Su obra Psicoanálisis y existencialismo «ha sido un éxito rotundo […]. En unos días se publica el segundo libro, Un psicólogo en un campo de concentración. El tercero ya lo tengo escrito. El cuarto lo escribirán una serie de personas prestigiosas». Y además, y sobre todo, su estado de ánimo ya no es tan sombrío: «pues he empezado a salir con una chica (no solo a hablar sino a salir) que me quiere muchísimo y que es una persona absolutamente extraordinaria». Será la persona capaz de darle la vuelta a todo, la que se convertirá en su mujer y con la que tendrá una hija al año siguiente, en 1947.
«El ser humano es […] la criatura que inventó las cámaras de gas, pero, al mismo tiempo, es el ser que entró en las cámaras de gas firme, cantando La Marsellesa, o con una oración en los labios»
Y si el plano personal se encauza, el profesional despega definitivamente. «Me he vuelto famoso de la noche a la mañana […]. La gente se pelea por mis artículos y conferencias», escribe Frankl, y es verdad. También compra sus libros al por mayor y las ediciones y nuevas publicaciones se suceden. En ellas va perfilando la exposición de la logoterapia y el análisis existencial como una escuela de psicoterapia independiente que se centra en la búsqueda y la voluntad del sentido, frente a la voluntad de placer freudiana o la voluntad de poder de Adler. Una teoría en la que influyó decisivamente su experiencia traumática, su manera de afrontarla y su propósito de superarla.
Frankl echa mano de la literatura y se acuerda del ser «digno de sus sufrimientos» de Dostoievsky y del morir «la propia muerte» de Rilke
Si las cartas y algunos poemas protagonizan la primera parte de Llegará un día en que serás libre, artículos y discursos componen las siguientes. En ellas Frankl expone algunas de las tesis en las que solía hacer hincapié. Una de ellas era la diferenciación entre la culpa y la responsabilidad en sentido colectivo. Para Frankl solo uno es solo culpable de sus actos y no tiene sentido un concepto tal como la culpa en referencia a una nación. Ahora bien, ¿quiere esto decir que no es responsable? Con su habilidad para el ejemplo, gracias a la cual sus tesis llegaron a millones de personas, Frankl cita a un enfermo de apendicitis que obviamente no es culpable de lo que le pasa, pero sí responsable de las consecuencias: si un médico le opera para sanarle deberá hacerse cargo de la factura. Así, para la superación de la época cada uno tendrá que dejar de excusarse en el «no saber nada» para comprender finalmente que hay que «ayudar a reparar aquello de lo que él no es culpable; y ya no seguir repitiendo una y otra vez que él también sufrió, sino que podrá decirse a sí mismo: no hemos sufrido en vano, ¡hemos aprendido!».
«No hay mayor solidaridad en la Tierra que la solidaridad del sufrimiento», escribe Viktor Frankl frente a un extraño fenómeno con el que no contaban quienes sobrevivieron al nazismo: cierta condescendencia de los que habían pasado por los principales campos respecto de los presos de los pequeños, de quienes habían llegado allí como víctimas políticas o raciales. Frankl se dirige a todos ellos y les recuerda y les pide solidaridad del sufrimiento: «que los compañeros de sufrimiento se conviertan en compañeros de lucha».
«El prisionero de un campo de concentración es y seguirá siendo un tipo actual mientras siga existiendo en Austria un solo nazi»
Porque la desgracia, su desgracia, no había terminado con la salida; a la salida les esperaban la decepción y el rencor ante una injusticia prolongada a base de ninguneo y silencio: «Con frecuencia –dice–, parece que los prisioneros de los campos […] son vistos ya como figuras anacrónicas de la vida pública». Y se pone muy firme: «Me explico: el prisionero de un campo de concentración es y seguirá siendo un tipo actual mientras siga existiendo en Austria un solo nazi, ya sea encubierto o, como vemos de nuevo, declarado. Somos la personificación de la mala conciencia de la sociedad». El psiquiatra recuerda en este momento a Freud y lo que, según sus teorías, se hacía con la mala conciencia: reprimirla. «Pero nosotros no nos dejaremos reprimir. Construiremos una comunidad de lucha, una comunidad suprapartidaria con un enemigo común: el fascismo». Una lectura, cualquier lectura de Frankl, es siempre una lucha y una victoria sobre el olvido y un recordatorio de lo que no se puede olvidar porque no se puede repetir.
Los libros del neurólogo vienés están cuajados de frases que suscitan la reflexión o la prolongan y que perfectamente se pueden considerar aforismos. Esta es una recopilación de algunas de ellas:
– «Las razas no existen o solo existen dos razas: la de las personas decentes y la de las indecentes».
– «La culpa solo puede ser personal, solo puede ser la culpa por lo que uno mismo ha hecho o dejado de hacer, por lo que podría haber hecho y no hizo».
– «Solo hay una persona a la que podamos exigirle heroísmo: uno mismo».
– «No solo queremos recordar a los muertos, sino también perdonar a los vivos, y así como tendemos la mano a los muertos, por encima de cualquier tumba, también queremos tendérsela a los vivos, por encima de cualquier odio».
– «En el pasado el activismo iba unido al optimismo, mientras que hoy en día el pesimismo es condición previa del activismo».
– «La persona siempre conserva la libertad de adoptar una actitud u otra frente a su destino, frente a sus circunstancias».
– «La pregunta por el sentido de la vida está generalmente mal planteada; no somos nosotros los que podemos preguntar por el sentido de la vida, sino que es la vida la que plantea preguntas, la que nos dirige preguntas».
(Continuamos con la serie de grandes influyentes contemporáneos)
Steven Pinker es una rara avis en el panorama contemporáneo y no solo por su convencimiento de que hay certezas y valores universales, sino por su defensa de la razón. Es esto sin duda lo que le ha hecho tan atractivo al público y le ha servido para ser consolidado como uno de los pensadores de referencia a nivel mundial.
Para este psicólogo de Harvard, carece de valor –de utilidad, de verosimilitud– lo que no está avalado por la ciencia
Para este psicólogo de Harvard, carece de valor –de utilidad, de verosimilitud– lo que no está avalado por la ciencia. Y es ese postulado principal de su metodología el que hace demasiado fría su argumentación. Es hostil a las creencias religiosas, por ejemplo, con independencia de sus aportaciones culturales, y afirma que el misterio no es sino el nombre con el que nos referimos a lo desconocido.
INCURABLE VIRUS DEL OPTIMISMO
En este sentido, como buen evolucionista, se encuentra aquejado por el incurable virus del optimismo. Cuando algunos aseguran que nada de lo que sucede podría ir peor, el intelectual americano defiende nuestra condición ilustrada y muestra con gráficos, coordenadas e infinitos guarismos que nos va razonablemente bien. Es decir, que somos menos pobres, más felices, más sociables y, por lo general, menos violentos, y que este desarrollo favorable ha sido posible gracias a la cualidad que nos caracteriza como especie: la inteligencia.
Pinker ha sabido satisfacer el interés despertado en el gran público por el avance imparable de las ciencias cognitivas. En efecto, si hay algo fascinante es el funcionamiento de la mente y lo que esta es capaz de producir o solucionar. En su primer libro, El instinto del lenguaje (1994), sostenía, como Chomsky, que la capacidad lingüística era innata, aunque, a diferencia de este último, creía que era un factor que no escapaba a las previsoras fuerzas de la evolución.
En su opinión, lo que nos diferencia del resto de los animales es nuestra capacidad de resolver problemas complejos. Es defensor, por tanto, de la teoría computacional de la mente, según la cual la inteligencia es sinónimo de cálculo. Esta postura tiene sus detractores que no consideran muy acertado aplicar el modelo de hardware/software al hombre, y, sobre todo, que las máquinas han venido a encapotar nuestro futuro. El pensador americano estaría de acuerdo en que la mente es un ordenador, pero añadiría que mejorado por siglos y siglos de selección natural.
Obsesionado por lo que nos enseña la ciencia, Pinker aplicó su receta más tarde para investigar hasta qué punto el ser humano es violento (Los ángeles que llevamos dentro). Y llegó a la conclusión de que no hay hoy mayor violencia; lo que ocurre es que nuestras sociedades informadas están más al cabo de la calle sobre ella. De hecho, la verdad es la contraria: estamos cada vez más dispuestos a dialogar y a terminar nuestros desencuentros dándonos la mano. Y si este es el curso de la historia es, precisamente, porque la inteligencia nos civiliza, obligándonos a dejar atrás costumbres inveteradas e intolerantes, como son, a su juicio, la religión, el tribalismo y la tradición, las principales propulsoras de la crueldad o nuestros demonios, como las denomina.
Siempre habrá algo en sus libros que un humanista echará en falta, como indicó el editor Leon Wieseltier
En defensa de la Ilustración, su último libro, es tanto un resumen de sus ensayos precedentes como una presentación de las principales líneas de fuerza de su trabajo. Con independencia de su cientificismo, que le emparenta con intelectuales como el biólogo evolutivo británico Richard Dawkins, y más allá del excesivo valor que confiere a la razón, según sus críticos, siempre habrá algo en sus libros que un humanista echará en falta, como indicó el editor Leon Wieseltier en una disputa que mantuvieron a propósito de las humanidades en las páginas de The New Republic. Y esta es la prueba más palpable de que cabe disentir de Pinker: nos ofrece una cara de la luna, pero no alcanza a alumbrar su reverso.
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NO SOMOS TODO MALDAD
(Extractos de “En defensa de la Ilustración”)

«La violencia se considera moral, no inmoral: por todo el mundo y a lo largo de toda la historia, se ha asesinado a más personas para imponer la justicia que para satisfacer la codicia.
Pero no somos todo maldad. La cognición humana posee dos características que le confieren los medios para trascender sus limitaciones. La primera es la abstracción. Las personas pueden apropiarse de su concepto de un objeto en un lugar y usarlo para conceptualizar una entidad en una circunstancia, como cuando captamos el patrón de un pensamiento como «El ciervo corrió desde el estanque hasta la colina» y lo aplicamos a «El niño pasó de estar enfermo a estar sano». Pueden apropiarse del concepto de un agente que ejerce fuerza física y usarlo para conceptualizar otras clases de causación, como cuando extendemos la imagen de «»Forzó la puerta para abrir» a «Forzó a Lisa para que se uniese a ella» o «Se forzó a sí misma a ser amable».
Estas fórmulas otorgan a las personas los medios necesarios para pensar en una variable con un valor y en una causa y en su efecto, justamente el mecanismo conceptual que se necesita para formular teorías y leyes. Pueden hacer esto no solo con los elementos del pensamiento, sino también con ensamblajes más complejos, lo cual les permite pensar en metáforas y analogías: el calor es un fluido, un mensaje es un contenedor, una sociedad es una familia y las obligaciones son vínculos.
«Gracias al lenguaje, las ideas no solo se abstraen dentro de la cabeza de un único pensador, sino que pueden ser compartidas por una comunidad de pensadores»
La segunda escalera de mano de la cognición es su capacidad combinatoria y recursiva. La mente puede albergar una variedad extraordinaria de ideas ensamblando en proposiciones conceptos básicos tales como ‘cosa’, ‘lugar’, ‘camino’, ‘actor’, ‘causa’ y ‘objetivo’. Y puede albergar no solo proposiciones, sino proposiciones sobre las proposiciones y proposiciones sobre las proposiciones sobre las proposiciones. Los cuerpos contienen humores; la enfermedad es un desequilibrio en los humores que contienen los cuerpos; yo ya no creo en la teoría de que la enfermedad es un desequilibrio en los humores que contienen los cuerpos.
Gracias al lenguaje, las ideas no solo se abstraen y se combinan dentro de la cabeza de un único pensador, sino que pueden ser compartidas por una comunidad de pensadores. Thomas Jefferson explicaba el poder del lenguaje con la ayuda de una analogía:
«Quien recibe una idea mía, recibe instrucción sin disminuir la mía; al igual que quien enciende su candela con la mía, recibe luz sin oscurecerme a mí». La potencia del lenguaje como primera aplicación para compartir se multiplicó con la invención de la escritura (y en épocas posteriores, con la imprenta, la difusión de la alfabetización y los medios de comunicación electrónicos). Las redes de pensadores que se comunicaban entre sí se expandieron con el paso del tiempo a medida que las poblaciones crecían, se mezclaban y se concentraban en las ciudades. Y la disponibilidad de energía más allá del mínimo necesario para la supervivencia concedía a más individuos el lujo de pensar y conversar.
(…)
Sería más sabio negociar un contrato social que nos sitúe en un juego de suma positiva: nadie puede perjudicar al otro y ambos nos sentimos alentados a ayudarnos mutuamente.
La sabiduría de la multitud también puede elevar nuestros sentimientos morales. Cuando un círculo suficientemente amplio de personas delibera sobre cómo tratarse mutuamente, la conversación discurrirá en determinadas direcciones. Si mi oferta inicial es: «Yo puedo robaros, golpearos, esclavizaros y mataros a ti y a los tuyos, pero vosotros no podéis robarnos, golpearnos, esclavizarnos ni matarnos ni a mí ni a los míos», no puedo esperar que estés de acuerdo con el trato ni que otros lo ratifiquen, pues no existe ningún buen motivo para que yo goce de privilegios simplemente porque yo soy yo y tú no. Tampoco es probable que estemos de acuerdo con el trato «Yo puedo robaros, golpearos, esclavizaros y mataros a ti y a los tuyos, y tú puedes robarnos, golpearnos, esclavizarnos y matarnos a mí y a los míos», a pesar de su simetría, ya que las ventajas que ambos podríamos lograr haciendo daño al otro son superadas con creces por los inconvenientes que sufriríamos al ser perjudicados (una nueva implicación de la Ley de la Entropía: los daños son más fáciles de infligir y tienen efectos mayores que los beneficios). Sería más sabio por nuestra parte negociar un contrato social que nos sitúe en un juego de suma positiva: nadie puede perjudicar al otro y ambos nos sentimos alentados a ayudarnos mutuamente.
SEMILLAS DE SU PROPIO PERFECCIONAMIENTO
Por consiguiente, pese a todos los defectos de la naturaleza humana, esta contiene semillas de su propio perfeccionamiento, siempre y cuando proponga normas e instituciones que canalicen los intereses particulares hacia los beneficios universales. Entre estas normas figuran la libertad de expresión, la no violencia, la cooperación, el cosmopolitismo, los derechos humanos y el reconocimiento de la falibilidad humana; y entre las instituciones están la ciencia, la educación, los medios de comunicación, el gobierno democrático, las organizaciones internacionales y los mercados. No por casualidad estas fueron las principales creaciones de la Ilustración»
Yoshiro Mori, exprimer ministro de Japón, cumplidos ya los 83 años y con una dilatada carrera política a sus espaldas, renunciaba hace unos meses a su puesto en el comité organizador de los Juegos Olímpicos de Tokio. El exmandatario nipón no había incurrido en ningún escándalo financiero o sexual. La razón de su marcha fue la avalancha de reacciones suscitada por unos breves comentarios a los que él no concedió ninguna importancia. Si se aumentase el número de mujeres en las reuniones del comité organizador –dijo– habría que incrementar el tiempo para los turnos de palabra. Mori completó la idea aludiendo a la rivalidad de las féminas en estos foros. La broma le salió cara. El incendio en las redes sociales acabó calcinando su hasta entonces incuestionada trayectoria. De nada sirvieron las disculpas. Voluntarios y corredores preparados para portar la llama olímpica renunciaron de inmediato como muestra de rechazo, y Mori tuvo que dimitir.
El New York Times despedía a Donald McNeil, reportero con más de 45 años de experiencia, por emplear la palabra nigger –considerada extremadamente ofensiva para los afroamericanos– y hacerlo sin ninguna intención de ofender
No es el único caso en el que una sólida carrera se desvanece tras unas palabras a destiempo. El pasado verano, el exjefe del Mundial de Fórmula 1, Bernie Ecclestone, fue reprobado tras perder su condición de presidente honorífico del campeonato por señalar que en ocasiones las personas negras «son más racistas que los blancos». También a inicios del verano, el CEO y fundador de CrossFit, Greg Glassman, tuiteaba la frase «it’s FLOYD-19» para responder a la idea de que el racismo era un problema de salud pública, lanzada por el Instituto de Métricas y Evaluación de la Salud. La respuesta de Glassman, combinando el nombre del coronavirus con el del fallecido George Floyd, víctima de la violencia policial en Estados Unidos, hizo estallar la cólera de los internautas, y acabó provocando que marcas como Reebok decidieran retirarle sus contratos de patrocinio.
El New York Times despedía recientemente al periodista Donald McNeil, reportero con más de 45 años de experiencia a sus espaldas, por emplear la palabra nigger –considerada extremadamente ofensiva para los afroame- ricanos– durante una charla con universitarios, y hacerlo sin ninguna intención de ofender, mientras explicaba justamente el uso del término. La gravedad de su falta, según una carta remitida por 150 compañeros de su redacción pidiendo su destitución, no estribaba tanto en la intención del veterano periodista, sino en cómo había podido hacer sentir a otras personas.
La firma Ralph Lauren dejó de patrocinar al golfista Justin Thomas, número 3 del ranking mundial, por insultarse a sí mismo diciendo entre dientes la expresión faggot
El pasado mes de enero, la firma Ralph Lauren dejó de patrocinar al golfista Justin Thomas, número 3 del ranking mundial, por insultarse a sí mismo diciendo entre dientes la expresión faggot –que podría traducirse como maricón– tras fallar un golpe. El insulto fue captado por los micrófonos, y el deportista de élite tuvo que disculparse. «Estoy avergonzado. No es el tipo de persona que soy», llegó a decir.
La actriz Gina Carano, que ha interpretado durante dos temporadas al personaje de Cara Dune en la serie The Mandalorian, del universo Star Wars, fue despedida recientemente por Lucasfilm tras publicar un tuit comparando la situación de los republicanos en Estados Unidos con la de los judíos durante el nazismo.
Y el humorista gráfico Xavier Gorce, del diario Le Monde, abandonaba su puesto tras ver cómo el periódico pedía disculpas por una de sus viñetas, en la que un pingüino bromeaba en torno a unas relaciones que podían considerarse transgénero. «La libertad no se negocia», dijo antes de marcharse.
«UN NUEVO PURITANISMO»
Estos son solo algunos ejemplos. Pero el número de personajes cuya estrella ha dejado de brillar tras unas palabras que alguien considera imperdonables no deja de crecer. Basta asomarse a las redes sociales para leer reacciones de indignación de internautas que, si logran encender la ira colectiva, acaban por abrasar al aludido en unas llamas parecidas que algunos han comparado con las que hacían arder a las víctimas de las cazas de brujas en Europa y EE.UU. entre los siglos XII y XIX.
Así lo expone el abogado y filósofo Axel Kaiser en su libro La neo Inquisición, donde considera este tipo de ataques como la manifestación de «un nuevo puritanismo», originado en una parte de la izquierda, que ha descendido sobre Occidente provocando un daño considerable.
«Vivimos en la era de lo que se ha pasado a llamar “corrección política”, la cual podría definirse como una práctica cultural que busca la destrucción reputacional, la censura e incluso la sanción penal de aquellas personas e instituciones que no adhieran, desafíen o ignoren una ideología identitaria que promueva la supuesta liberación de grupos considerados víctimas del opresivo orden social occidental», subraya Kaiser.
La democracia se habría transformado en «emocracia», pues el foco está en las emociones de colectivos supuestamente victimizados por la sociedad, «quienes pueden sentirse atacados incluso por las expresiones o errores más inofensivos», incide Kaiser.
«La epidemia de disculpas, de castigos y de ostracismo social que han experimentado tantas personas, de izquierda y de derecha, en tiempos recientes por opiniones o conductas que han quebrado tabúes habla de la forma irracional y primitiva en la que podemos actuar colectivamente», considera el autor.
Nos encontramos, según Darío Villanueva, «ante una forma posmoderna de censura que emana de una fuerza líquida o gaseosa, hasta cierto punto indefinida, relacionada con la sociedad civil»
Por su parte el catedrático y exdirector de la Real Academia Española, Darío Villanueva, estima en su reciente libro Morderse la lengua: corrección política y posverdad (Espasa, 2021) , que nos encontramos «ante una forma posmoderna de censura» que no tendría origen en partidos, instituciones religiosas o regímenes políticos, «sino que emana de una fuerza líquida o gaseosa, hasta cierto punto indefinida, relacionada con la sociedad civil. Pero no por ello menos eficaz, destructiva y temible».
Para Villanueva, «la corrección política es la forma contemporánea más perversa de la censura». Coincide así en su diagnóstico con el periódico The Economist, que denunciaba la extensión de una creciente ola de censura que estaría poniendo en peligro la libertad de expresión. «Existía la experiencia de la censura de pensamiento, pero la de hoy es una censura difusa que afecta a la libertad de conducta de las personas», subrayaba el académico y exrector de la Universidad de Santiago de Compostela en una reciente entrevista en El Cultural, con motivo de la publicación de su libro.
#STOPHATEFORPROFIT
La tendencia discurre paralela con la proliferación en la opinión pública de un nuevo marco de interpretación: la necesidad de luchar contra el discurso del odio. Una muestra de esta nueva sensibilidad es el movimiento #StopHateForProfit (No al odio para lucrarse), que emergió en 2020, y donde más de mil compañías de todo el mundo se unieron para reclamar a las plataformas la eliminación de mensajes xenófobos, nacionalistas, sexistas o violentos en redes.
La iniciativa llevó a multinacionales como Coca-cola, Unilever, Procter&Gamble o Starbucks a retirar su publicidad de plataformas como Facebook, Twitter, Youtube o Instagram. Facebook, que había rechazado hasta ese momento interferir en los contenidos publicados en su plataforma, prometió entonces que prohibiría todos los anuncios que usaran como chivos expiatorios a las minorías raciales, a los inmigrantes o a grupos más vulnerables por su origen u orientación sexual. No se permitiría ya el contenido de odio, ni siquiera en anuncios pagados. Tampoco mensajes que considerasen dañinos o peligrosos para la seguridad o la convivencia a determinados colectivos sociales.
El hecho refleja la victoria de la protección de las sensibilidades frente a la tecnología ciega de Facebook, que había rechazado convertirse en «árbitro de la verdad», y que se lanzaba desde ese momento a una cruzada para proteger a las minorías.
EL ACCESO A LA PALABRA
Frente a los que describen estos fenómenos como una nueva dictadura de lo políticamente correcto, se encuentran quienes creen que el núcleo de estos sucesos no está en los sentimientos de las minorías, sino en el hecho de que estas minorías tengan ahora voz a través de los nuevos medios.
«No creo que sea un problema de derechos versus sentimientos, ni tampoco de derecho a ofender versus derecho a no ser ofendido. Es un problema de acceso a la palabra. Históricamente, accedían a la palabra muy pocas personas. Casi siempre hombres maduros y con cierto capital económico, cultural y/o simbólico. El resto no tenía cómo expresarse libremente y, si lo hacía, era en privado», señala Eduardo Maura, profesor de Filosofía Política en la Universidad Complutense, que fue diputado y responsable de Cultura en Podemos.
Ahora, en cambio, «hay más voces y por eso hay quien se sorprende que las cosas racistas y machistas que antes se decían con normalidad, ahora encuentran resistencia. Bendita sea esa resistencia, porque es el germen de una opinión pública más diversa. Llevábamos siglos escuchando y normalizando una esfera pública muy restringida. En nuestros días, al ampliarse, hay más conflicto. Pero es que el conflicto es parte de la libertad y de la democracia», señala Maura.
En ese sentido, Maura sostiene que personalidades como el exprimer ministro de Japón viven ahora «en una sociedad diferente a la de hace cuarenta años, cuando ser machista era algo normal y bien valorado, amén de divertido. Parece que él no lo sabía. Que hoy ser machista no sea “lo normal” es un avance, no un retroceso, tanto para la humanidad como para él».
«No deben perseguirse las opiniones, y de hecho no se persiguen, ni siquiera las más terribles. Deben perseguirse las cosas que nos destruyen como seres humanos, individual y colectivamente» subraya Eduardo Maura
El racismo y el machismo no son sentimientos u opiniones «sin intencionalidad», a juicio de Maura. «Son estructuras de dominación y desigualdad sistemática que, a través del fortalecimiento de roles y de dinámicas de desigualdad, se perpetúan en el tiempo. Ser racista no es una opción entre otras. No es un plato en un menú. El racismo mata, el machismo mata, la desigualdad mata. No deben perseguirse las opiniones, y de hecho no se persiguen, ni siquiera las más terribles. Deben perseguirse las cosas que nos destruyen como seres humanos, individual y colectivamente», subraya. En cuanto a la posibilidad de hacer chanzas sobre estos temas sin ser por ello penalizados, Maura argumenta que «bromear sobre la raza y el género es posible, sin duda, pero tiene su sentido y su fundamento que haya personas al otro lado que tomen la palabra para decir lo que piensan».
«Quien bromea tiene que asumir que no todos los terrenos de juego son iguales. Forma parte del uso práctico de la libertad comprender y respetar la libertad de los otros para decir lo que piensan, su libertad de callarse o no, de tolerar o no, de responder o no. Forma parte del hecho de ser libre entender que uno no está solo en el mundo», afirma Maura.
OPINAR SIN SER PERSEGUIDOS
En cualquier caso, tal y como recuerda el periodista y escritor Juan Cruz, adjunto a la dirección del diario El País, «las opiniones no se deben perseguir, siempre que no inciten a la violencia o al odio».
El mismo sentir subyace en la legislación que aplican los tribunales de Justicia en los casos de conflicto entre la libertad de expresión y los excesos de la misma, como sucede con los delitos de odio. En este caso «no se castiga el ser racista, antisemita o profesar cualquier ideología, incluido defenderla públicamente, sino que se sanciona la incitación directa a discriminar, humillar, atacar, etcétera, a personas o colectivos en razón de su etnia, ideología, raza, religión, creencias, sexo, orientación sexual o discapacidad», explica el magistrado y profesor universitario Eduardo de Urbano, experto en Derecho Penal.
«Injuriar, calumniar, amenazar, acosar, etcétera, son delitos, no derechos, y todos se producen utilizando la expresión», resalta el profesor Eduardo de Urbano
La libertad de expresión, de hecho, según recuerda De Urbano, «comprende la libertad de crítica, aun cuando pueda molestar, inquietar o disgustar a quien se dirige, pues en una sociedad democrática el pluralismo, recogido en el artículo 1.1. de la Constitución Española como uno de los valores superiores de ordenamiento jurídico, así lo autoriza».
Pero la libertad de crítica no es un derecho absoluto. «No existe un derecho absoluto a manifestar lo que uno quiera porque no hay tales derechos absolutos –ni siquiera lo es el más importante, el derecho a la vida, pues se puede eximir de responsabilidad a quien se la quita a otro si lo hizo en legítima defensa–. Por eso, injuriar, calumniar, amenazar, acosar, etcétera, son delitos, no derechos, y todos se producen utilizando la expresión, ya sea de viva voz o a través de comunicaciones escritas o medios sonoros, vídeos, etcétera», recuerda De Urbano.
«Hay que dejarlo muy claro –prosigue el jurista–, no se puede decir cualquier cosa contra cualquiera y desde luego, no es libertad de expresión, que es una libertad comunicativa, el llevar a cabo actos materiales diciendo que son o que se amparan en la libertad de expresión. Por eso se ha condenado a políticos, raperos y otros cuando bajo el paraguas de tal derecho se ha agredido, denigrado, desobedecido o incitado al delito».
Esta es la praxis de los tribunales de Justicia en España, que ha llevado recientemente a la condena y la entrada en prisión del rapero Pablo Hasel por delitos como el enaltecimiento del terrorismo a través de las letras de algunas de sus canciones. El encarcelamiento del rapero derivó en airadas reacciones en las redes y violentas manifestaciones en las calles de varias ciudades, en defensa, supuesta y precisamente, de la libertad de expresión.
MEDIR LAS INTENCIONES
Pero la condena de Pablo Hasel no solo fue contestada mediante la movilización violenta en las calles, sino que ha suscitado todo un debate sobre los límites de la libertad de expresión y su regulación. Organizaciones como la Plataforma en Defensa de la Libertad de Información (PDLI) pusieron en cuestión la interpretación hecha por los tribunales, considerando que se basa en preceptos del Código Penal que criminalizan el discurso de forma contraria a lo que establecen los estándares internacionales en materia de libertad de expresión.
Así lo expone el jurista y experto internacional en libertad de expresión, Joan Barata, socio de la PDLI, para quien el enaltecimiento de terrorismo «solamente se debe criminalizar cuando haya intención y riesgo efectivo de incitación a la comisión de actos terroristas». Pero, ¿cómo se mide la intención? Incluso en el caso de los delitos de odio, la regulación «es técnicamente confusa y amplísima», referida en especial a las circunstancias en que se han proferido determinados discursos, y eso «conduce, inevitablemente, a que pueda haber interpretaciones discordantes», según explica Eduardo de Urbano. Por eso, en ocasiones se hace un «desmesura- do uso del odio», de forma que «cualquier opinión que no guste se reputa de tal», provocándose denuncias cruzadas de toda índole entre partidarios de diferentes ideologías o colores políticos, como ha ocurrido en España con los mensajes del autobús de Hazte Oír o con determinados mensajes de blogs o chats de Whatsapp.
«Para mí –precisa De Urbano–, la clave es que se rebase el cambio de las opiniones, y se sustituyan las razones -aunque sean equivocadas- por un comportamiento que genere un clima en el que se incite directamente a crear violencia, hostilidad, odio o discriminación a personas concretas o grupos por el mero hecho de pertenecer a una etnia, ideología, raza, religión, creencias, sexo u orientación sexual determinada».
Para Barata, el contexto es fundamental en los delitos de odio, pero este cambia en función de la sociedad. «Lo que cambia es la forma en que en un determinado contexto puede efectivamente generarse un peligro de hostilidad o violencia frente a minorías vulnerables: una misma expresión puede ser inocua en el marco de la sociedad sueca pero generar violencia en el Congo», subraya.
CONFLICTO DE PERCEPCIONES
En cualquier caso, no parece que sea ese el caso de quienes dijeron una frase a destiempo en las redes, usaron una palabra ofensiva sin ánimo de ofender o exclamaron sin querer algo inapropiado durante una competición deportiva. Según Barata, en la mayor parte de estos casos «estaríamos ante supuestos de discurso protegido por la libertad de expresión (de otra forma serían jueces y fiscales quienes intervendrían), pero en los que una determinada empresa o institución no quiere verse asociada con una determinada persona después de que esta se haya expresado en unos determinados temas».
«Aquí la libertad de expresarse corre en paralelo a la libertad de asociarse o contar con quien se quiera. No es un conflicto jurídico sino más bien de usos y percepciones sociales en el ámbito de lo políticamente correcto», concluye.
El profesor de la Universidad de Comillas Adam Dubin advertía sobre el «efecto paralizante» que estos linchamientos virales tienen sobre la libertad de comunicación y expresión de las persona
El profesor de la Universidad de Comillas Adam Dubin advertía, sin embargo, en un reciente artículo sobre el «efecto paralizante» que estos linchamientos virales tienen sobre la libertad de comunicación y expresión de las personas. Y el ya citado Axel Kaiser sugería que este estado de opinión imponía a los individuos una suerte de nueva censura, autoimpuesta por ellos mismos por miedo a la persecución pública y la muerte civil.
«La característica distintiva de la era de la corrección política que estamos viviendo es precisamente la autocensura, que en muchos sentidos es peor que la censura oficial impuesta por el Estado, pues se basa en el triunfo del miedo a un castigo y enemigo tan difuso que no se puede afrontar», subraya Kaiser.
La Corte Suprema de Estados Unidos en Texas recordaba en una sentencia que «si hay un principio fundamental […] es que el Gobierno no puede prohibir la expresión de una idea simplemente porque la sociedad encuentra la idea en sí misma ofensiva o desagradable».
Sin embargo, la autocensura ya funciona como una auténtica espiral del silencio que cercena la libertad y hace callar por miedo al castigo. Un reciente estudio del Pew Research Center advertía hace unos años, además, de que el 40 % de los millennials se mostraba a favor de limitar la libertad de expresión para proteger a las minorías. Cabe preguntarse si este notable cambio de sensibilidad no terminará haciendo que se recorte un derecho sobre el que ha pivotado la riqueza del diálogo y la pluralidad de toda la sociedad democrática.
La obra cuenta, con todo lujo de detalles, la historia de cómo se convirtieron en democracias la Unión Soviética y casi todos sus países satélites (Alemania Oriental, Checoslovaquia, Rumanía, Bulgaria, Hungría, Polonia). La autora, con un bisturí muy fino, va diseccionando acontecimientos, conversaciones, proclamas, declaraciones, tumultos, huelgas, negociaciones y cambios políticos, que tuvieron lugar entre 1989 y 1992.
El libro está muy bien traducido, editado y documentado. A las 634 páginas de texto hay que añadir 260 más, dedicadas a: mapas (alguno de ellos en color), abundantes notas a cada capítulo, fuentes bibliográficas, agradecimientos, lista de ilustraciones, fotos e índices.

LOS TRES ACTORES PRINCIPALES
Los personajes principales de este ensayo son: George W. Bush, Mijaíl Gorbachov y Helmut Kohl. La autora observa muy de cerca, a estos hombres de Estado, que tomaron decisiones cruciales. Gracias a su tesón y amplitud de miras, consiguieron, en 1989, entender y controlar las nuevas fuerzas que estaban apareciendo en el mundo y, más concretamente, en Europa.
Eran estadistas muy experimentados. Y tuvieron una habilidad excepcional para proporcionar la libertad política y económica, que pedían a gritos los ciudadanos del Este de Europa
La primera impresión, después de una atenta lectura del libro, es que los tres grandes protagonistas de la caída del Muro se entendieron bien. Eran estadistas muy experimentados. Y, lo que resulta todavía más importante, tuvieron una habilidad excepcional para proporcionar la libertad política y económica, que pedían a gritos los ciudadanos del Este de Europa. Una libertad que se les había arrebatado después de la Segunda Guerra Mundial.
Fueron líderes pragmáticos, equilibrados, abiertos al diálogo, atentos, hasta el más mínimo detalle, a lo que pasaba a su alrededor, optimistas, discretos, pacifistas e inasequibles al desaliento. Abiertamente partidarios de comunicarse entre ellos para compartir sus ideas y sus emociones. Supieron dejar de lado la típica diplomacia estéril para expresar libremente, entre ellos, sus puntos de vista.
GEORGE BUSH: FACTOR DEL CAMBIO
El presidente Bush supo aprovechar sus contactos personales directos y la colaboración de los aliados de Estados Unidos, con el fin de conseguir sus objetivos políticos. Las relaciones más antiguas de Bush con dirigentes extranjeros eran las que mantenía con los de la República Popular China, en especial con Deng Xiaoping. A éste último lo conocía desde su época de embajador estadounidense en Pekín, entre 1974 y 1975. “El hecho de que Deng le considerase como un amigo era una ventaja notable y que Bush supo aprovechar desde el comienzo de su presidencia: visitó Pekín en febrero de 1989. Esta política de amistad con China topó con el obstáculo de la represión en Tiananmen. Bush, como no podía ser de otra manera, se unió a las condenas de prácticamente todo el mundo contra China por violar los derechos humanos” (pág. 638).
De las páginas del libro se puede concluir que Bush fue un gran presidente. Y destacó por tener mucha más experiencia internacional que sus tres predecesores inmediatos (Ford, Carter y Reagan). Había sido vicepresidente ocho años, durante los cuales conoció a la mayoría de los jefes de Gobierno. Incluso llegó a entablar amistad con muchos de ellos, también con Gorbachov.
Bush estaba convencido de que Estados Unidos estaba entrando en una nueva fase ascendente. Y creía firmemente que el siglo XXI confirmaría esa hegemonía. Efectivamente, “Estados Unidos había puesto en marcha los grandes cambios que estaba experimentando el mundo actual: el crecimiento de la democracia, la propagación de la libre empresa y la creación de un libre mercado de productos e ideas” (págs. 45 y 46).
El principal desafío al que tuvo que hacer frente el presidente era fomentar las reformas en los países de Europa del Este. Pero “sin llegar tan lejos, ni hacerlo tan rápido como para provocar agitación y una posterior reacción negativa. Una transición económica fallida podía desembocar fácilmente en inflación, desempleo y escasez de alimentos, lo cual obligaría a los líderes reformistas a cambiar de rumbo” (pág. 114).
Pero es que, además, Bush conocía muy bien a los líderes veteranos de la Unión Europea: Margaret Thatcher, François Mitterrand, Jacques Delors y Kohl. Precisamente con este último, canciller alemán, mantuvo la relación más constructiva. La buena sintonía, tanto con el presidente francés como con la primera ministra británica, favoreció la unificación de Alemania.
Efectivamente, en 1989, tanto Mitterrand como Thatcher habían mostrado su rechazo a lo que estaba sucediendo en Alemania, pues iba en contra de todo lo que medio siglo de historia les había enseñado: que una Alemania unida era un peligro para la paz en Europa (pág. 636). Thatcher fue, por tanto, uno de los mayores obstáculos para la unificación. Llegó a afirmar lo siguiente: “hemos vivido la guerra y sabemos a la perfección cómo son los alemanes, de qué son capaces los dictadores y que el carácter nacional, en esencia, no cambia.” Añadió que “ahora los alemanes tienen la potestad de expandirse para ser un imperio económicamente dominante, y lo que no puedan lograr a través de guerras mundiales lo conseguirán mediante el imperialismo económico. Toda Europa del Este será suya; ya están adueñándose de Alemania Oriental, y todo eso será una amenaza para Gran Bretaña” (pág. 313).
En cambio, Bush, a diferencia de Mitterrand y, sobre todo, de Thatcher, no tenía inquietudes históricas sobre la cuestión alemana. Para él, Alemania era, como declaró en mayo de 1989, un “socio en el liderazgo” del mundo. Por eso, apoyó en términos generales la estrategia de Kohl para la unificación alemana. Y permitió que fuera Alemania Occidental la que tomara la iniciativa en las negociaciones con Gorbachov sobre ese tema (pág. 637).
GORBACHOV: LA DEMOCRACIA EN EL ESTE DE EUROPA
Por su parte, Gorbachov, tenía vocación de reformador, y sintonizaba mucho mejor con Bush que con Ronald Reagan. El objetivo de Gorbachov era dar libertad a los diferentes pueblos de la órbita de la Unión Soviética, con el fin de que fueran conformando su propio destino político y económico. Y, a largo plazo, alinear a la sociedad soviética con el resto de Europa y también con la comunidad internacional.
Sin embargo, en el corto plazo, Gorbachov no tenía una estrategia clara que señalara cuál debería ser el camino para construir algo diferente al sistema comunista. Esta falta de claridad, unida a que se estaban aplicando reformas rudimentarias, sumió a la Unión Soviética en graves problemas económicos. Precisamente, en un momento de creciente agitación política. No se debe olvidar que solo un año antes, en 1988, Gorbachov declaró que “el intento de restablecer la propiedad privada supone un retroceso y es una decisión sumamente errónea” (pág.428).
El pleno del Comité Central del Partido Comunista, celebrado entre el 5 y el 7 de febrero de 1989, aprobó el plan de Gorbachov para incrementar su poder personal, al tiempo que reducía el del partido. Al principio, Gorbachov rechazó la idea de una presidencia “imperial”, ya que lo consideraba un cambio demasiado radical y lo hacía sentirse incómodo. No quería que los ciudadanos soviéticos pensasen que solo había iniciado las reformas para acrecentar su poder. Pero ese poder fue el que le permitió negociar y tomar las decisiones oportunas para que las economías de la Unión Soviética y sus países satélites transitaran hacia sistemas económicos más abiertos.
HELMUT KOHL: ARTÍFICE DE LA UNIFICACIÓN ALEMANA
El tercer actor principal de esta narración es Kohl. Fue el padre intelectual y promotor de la reunificación de Alemania. No obstante, él nunca intervino en los asuntos de la RDA hasta que no se produjo dicha reunificación. Kohl coincidía con Bush y Gorbachov en la estrategia a seguir. Por ejemplo, en que la ayuda económica de Occidente sería necesaria si se quería que los resultados de las reformas fueran positivos.
Su principal desafío era despejar las dudas que tenían sus aliados, que temían que volviera a haber una Alemania unida
El principal desafío del canciller Kohl era despejar las dudas que tenían sus aliados, que temían que volviera a haber una Alemania unida. Especialmente, Francia y Gran Bretaña, por sus dolorosos recuerdos de las dos Guerras Mundiales (se atribuye a Mitterrand esta frase irónica: “Me gusta tanto Alemania, que prefiero que haya dos”). A escala internacional, implicaba, asimismo, convencer a las dos superpotencias, que habían pasado más de cuarenta años enfrentadas en la frontera interior de Alemania y en la ciudad de Berlín (págs. 636 y 637).
Junto con Bush, el canciller Kohl tuvo un papel fundamental para convencer a Thatcher y Mitterrand de la importancia que representaba para Europa la unificación de las dos Alemanias. Bien es cierto que, en cuanto Kohl le garantizó a Mitterrand que una Alemania unida estaría vinculada a Europa, éste aceptó la idea de la unificación alemana. Eso significaba que Francia y Alemania impulsarían juntas el proceso de construir una Europa unida (pág. 318).
Thatcher, por el contrario, rechazaba de plano una solución europea a la cuestión alemana. Sin embargo, al final cedió. Lo que convenció a Thatcher fue la confirmación de un marco transatlántico para la unificación de Alemania. Esta solución sí le gustaba más a Thatcher y, poco a poco, fue haciéndose a la idea, hasta aceptarla definitivamente en la primavera de 1990. “Cedió ante la insistencia de Bush y a cambio de que Alemania se quedara en la OTAN” (pág. 318).
Todo ello pone de manifiesto, que “la revolución europea de 1989 fue todo un reto para el orden mundial; para afrontarla fue necesario que cooperasen líderes que tenían unas ideologías, un bagaje histórico y unas limitaciones internas muy diferentes” (pág. 636).
DENG XIAOPING: LA REPRESIÓN DE TIANANMEN
Los tres actores principales de este ensayo abominaban las políticas de Erich Honecker (presidente de la RDA) y de su sucesor Egon Krenz. (1) También del rumano Nicolae Ceausescu. La gestión de estos dirigentes había sumido a sus países en la oscuridad y el estancamiento. Estos tres dictadores fueron partidarios de reprimir las reformas, y utilizar contra los manifestantes y huelguistas métodos similares a los que usó Deng Xiaoping en Tiananmen. Una represión, la de Tiananmen, que también se produjo en 1989, concretamente el 4 de junio. Al amanecer de ese día, decenas de miles de soldados chinos inundaron la famosa plaza y las calles colindantes. Dispararon, con sus ametralladoras, contra una multitud ingente, que se manifestaba contra la dictadura marxista, y solicitaba un sistema político más democrático (pág. 75).
La reacción de los medios de comunicación occidentales, que vieron en directo lo sucedido, fue de repulsa unánime. Kohl y Bush condenaron la represión del gobierno chino. Gorbachov vio la oportunidad de acercarse más a China, al observar que Estados Unidos se distanciaba. No obstante, ese acercamiento de la Unión Soviética a China no significaba, en absoluto, que Deng y Gorbachov estuvieran hechos de la misma pasta. En realidad, existía un fuerte contraste entre estos dos líderes. “Cada uno había impulsado las reformas de sus respectivos países sin tener en cuenta sus posibles consecuencias. Pero, cuando ambos perdieron el control del proceso político, el dirigente chino empleó una fuerza devastadora, mientras que su homólogo soviético permitió que la reforma avanzara hasta convertirse en una revolución y luego se abstuvo de emplear los tanques para ponerle freno” (pág. 635).
Desgraciadamente, los sucesos de Tiananmen sirvieron para demostrar que el poder popular no era una fuerza incontrolable. Podía acabar aplastado por el ejército o bien gestionado y encauzado por los políticos. Afortunadamente, la reacción del gobierno chino, frente a las masas que pedían libertad, sirvió de revulsivo. Los gobiernos de toda Europa aprendieron que ese camino no era el adecuado.
ACTORES DE REPARTO
Pero también, en esta obra, aparecen personajes secundarios (2), cruciales en aquel momento histórico: François Mitterrand, Boris Yeltsin, Jacques Delors, Wojcieech Jaruzelsky, Lech Walesa y los ministros de Asuntos Exteriores de nuestros tres protagonistas principales: James Baker (Estados Unidos), Hans–Dietrich Genscher (Alemania) y Eduard Shevardnadze (Unión Soviética). También en el reparto aparece una actriz antagonista, citada ya anteriormente, Margaret Thatcher, que se opuso desde el principio a la reunificación de Alemania.
Esos hombres y una mujer, junto con el trío de protagonistas, “barajaron toda una serie de opciones a menudo contradictorias en un esfuerzo por gestionar los acontecimientos, imponer estabilidad y evitar la guerra” (pág. 21).
Este grupo de personajes históricos actuaron de común acuerdo ayudando “a transformar el mundo después de que el viejo orden se hubiera hecho añicos” (pág. 634). “Una generación de políticos que lograron que toda Europa fuera libre” (pág. 113).
VEINTE AÑOS DESPUÉS
Desgraciadamente, el comportamiento de algunos de los protagonistas del actual mapa político y económico de Europa parece desolador. Dirigentes como el británico Boris Johnson, el húngaro Viktor Orbán, el turco Erdogán, el bielorruso Lukashenko o el ruso Vladimir Putin están apostando más por el enfrentamiento que por la cooperación. El resultado es justo el contrario que el de 1989: aumento del patriotismo económico, retroceso en la globalización y enaltecimiento del líder. Se trata de personajes que, junto al creciente protagonismo de Xi Jinping, están provocando la descomposición del orden económico internacional.
Más importante aún es la decidida conversión de la fuerza demográfica y económica de China en poderío militar que ha impulsado Xi Jinping
Por poner algún ejemplo, vemos como cada vez las aventuras de Putin son más temerarias. Sus intentos de recuperar lo que considera la merecida condición de Rusia como gran potencia, y lo que él cree que es su legítimo dominio de la esfera euroasiática han tenido ya las siguientes consecuencias: sus intervenciones en Crimea, Ucrania y Siria, su proyecto geoestratégico de controlar el Ártico, y su entrada en la batalla moderna por conquistar las mentes y los corazones en el ciberespacio y las redes sociales. “Pero más importante aún, aunque parezca menos provocadora, es la decidida conversión de la fuerza demográfica y económica de China en poderío militar que ha impulsado Xi Jinping, que ha llevado a arrinconar a sus rivales en el mar del Sur de China y emprender su grandioso proyecto de hacer de China una superpotencia mundial antes de 2050” (pág. 648).
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(1) Egon Krenz dejó el cargo 7 de diciembre de 1989 y fue sustituido por el liberal-demócrata Manfred Gerlach, que negoció con Kohl la reunificación.
(2) Estos personajes tienen una fuerte relevancia en la historia que nos cuenta Spohr, pero no llegan al nivel de influencia de los tres protagonistas.
La universidad está en continua transformación. La evolución y la adaptación a los cambios sociales es inherente al propio concepto de la universidad que está al servicio de la sociedad. Entendemos que la universidad ha de ser receptiva a los retos demandados por la sociedad, debe de incorporar en la formación de sus estudiantes las nuevas demandas profesionales. En este sentido, sabemos que una universidad es receptiva, en cuanto que está atenta a su entorno social y empresarial, para ofrecer la mejor formación y capacitación profesional de sus egresados. Pero también, a su vez, la universidad es el propio motor del cambio. No son pocos los ejemplos que muestran que desde las propias instituciones universitarias se han impulsado iniciativas que luego han transformado la sociedad: en la universidad se debe generar conocimiento.
Por tanto, es un reto de doble sentido: por un lado, la sociedad y, en concreto, las empresas reclaman titulados con una formación y capacidades nuevas para enfrentarse al cambiante entorno laboral; y, por otro, la universidad se ve en la encrucijada de formar estudiantes para desempeñar tareas y competencias que todavía no han sido planteadas.
El mundo laboral reclama titulados con competencias cada vez más específicas. Por ello, las instituciones de educación superior tienen por delante un desafío importante que no pueden obviar: deben analizar esta realidad y adelantarse a la demanda, investigando y proponiendo nuevos ámbitos de estudio. En este contexto, el Curso de Verano del Escorial Los Futuros de la Educación Superior ha permitido profundizar en este reto, así como proponer y analizar contribuciones innovadoras actuales, junto con la reflexión de hacia dónde va a evolucionar el propio modelo de universidad tal y como lo conocemos hoy.
No podemos ser ajenos a los efectos de la pandemia de la COVID-19, que está forzando a tantos sectores económicos, sociales y educativos a transformarse y adaptarse a la realidad impuesta, como es el caso de la universidad, que está transformando su modo de enseñanza disminuyendo, esencialmente, la presencialidad en sus aulas y laboratorios. Ante esto, surge la pregunta de si estamos ante una transformación del propio modelo de universidad. O, en realidad, es simplemente un cambio en la modalidad de enseñanza, pasando de ser presencial a no presencial o a distancia o mixta, pero manteniendo el mismo modelo básico.
Las diferentes propuestas de educación superior, desde Francia a Singapur, desde Europa a Latinoamérica, rompen con el modelo tradicional y ofrecen alternativas con apuestas innovadoras
La diferencia entre modo o modelo puede parecer sutil, pero es importante, porque si no hay cambio de modelo todo volverá a ser igual, una vez pasen las restricciones circunstanciales causadas por la pandemia en este 261 los futuros de la educación superior apuntan hacia fórmulas mixtas caso, u otras causas en otros escenarios. Entendemos que el mero cambio de la enseñanza presencial por otra a distancia, online, no implica un cambio básico del modelo universitario: es simplemente un cambio metodológico. No nos cabe duda de que algunas enseñanzas universitarias del Sistema Universitario Español (SUE) se verán transformadas en su modo de impartición a partir de ahora. Muchas universidades, si la experiencia es satisfactoria, decidirán ofertar en modo no presencial enseñanzas que antes no lo eran, ampliando, así, su campo de actuación y llegando a estudiantes de otras regiones y de otros países. Pero en este caso no estamos asistiendo a un cambio de modelo de universidad.
QUÉ TENDRÍA QUE CAMBIAR
La primera idea que surge de esta reflexión es qué tendría que cambiar para hablar de un nuevo modelo de universidad. En este caso, los cambios deberán afectar de forma profunda a todo el engranaje universitario. Como se pone de manifiesto a lo largo de las diversas aportaciones de este volumen, las diferentes propuestas de educación superior en varios lugares, desde Francia a Singapur, desde Europa a Latinoamérica, rompen con el modelo tradicional de universidad y ofrecen alternativas con apuestas innovadoras.
Las diferentes propuestas de educación superior, desde Francia a Singapur, desde Europa a Latinoamérica, rompen con el modelo tradicional y ofrecen alternativas con apuestas innovadoras
La principal característica, por destacar alguna de ellas, es que estas ideas necesitan la interacción de los diferentes agentes implicados en la educación superior. Se trata de un modelo «mixto» que afecta a todos los niveles y agentes partícipes en la formación universitaria. Las propias entidades educativas, las universidades y los centros de educación superior, las administraciones competentes en la materia, la sociedad –y en especial las empresas–, los nuevos perfiles de profesorado y por supuesto, y no menos importante, los estudiantes, han de interactuar entre ellos en modos que antes no existían. Pero, conviene dejarlo claro, han de interaccionar entre ellos, y las diferentes soluciones adoptadas han de intercambiar sus variadas experiencias. A esto nos referimos por apuesta mixta.
Esta apuesta mixta afecta, en primer lugar, internamente a las universidades partiendo de su propia modalidad de enseñanza. Como ha destacado Miguel Arrufat (UNIR) en su contribución, la transformación de presencial a distancia o en línea de la formación es un hecho que, aunque circunstancial, ha venido a quedarse en muchas de nuestras titulaciones. No son pocas las universidades que están realizando un gran esfuerzo tecnológico y de recursos humanos para mantener esta evolución. Pero entendemos que un verdadero cambio del modelo de enseñanza conlleva múltiples acciones, comenzando por la formación de los propios profesores en las tecnologías y plataformas de enseñanza no presencial. Hay que disponer de tecnología eficaz para ello y hay que adaptar los programas docentes a esta nueva metodología.
Los avances tecnológicos han puesto de manifiesto que se pueden superar muchos obstáculos y transformar la modalidad de enseñanza de titulaciones que antes parecían imposibles de impartir en un modo que no fuese presencial. En este modelo, aquí se presenta como alternativa la posible colaboración en programas mixtos entre universidades públicas tradicionales y universidades privadas más pequeñas y dinámicas, que pueden ofrecer plataformas, tecnologías y experiencias que sirven de vehículo para transmitir el conocimiento desarrollado por las primeras. Estas alianzas podrían llevar incluso a compartir claustros de profesores para lograr una mayor integración de los programas mixtos, en una propuesta que puede chocar con la regulación de algunos países (España, por ejemplo) y que debería ser objeto de posibles reformas legislativas.
El futuro de la universidad, de acuerdo con Victoria Galán (Innovative Futures Institute), se soporta sobre cinco pilares: motor de talento (talent-engine), formación a lo largo de la vida (life-partner), investigación (discovery), centrada en la región (home-based) y centrada en el desarrollo (launch-pad). Estos elementos, que no son ajenos a la universidad hoy en día, presentan un auténtico reto cuando se pretenden integrar en una misma institución. Todo el mundo quiere el cambio, pero no quieren cambiar. Esta resistencia debe limarse precisamente mediante modelos mixtos. Ahí está la clave.
La transformación del modelo universitario está siendo inducida por las nuevas tipologías de estudiantes que demandan titulaciones que estén muy próximas al mercado laboral y que impliquen, por tanto, una alta empleabilidad. De esta demanda surgen apuestas de formación superior que ofrecen especialización, pero no titulaciones oficiales. Minerva University es un ejemplo de esta apuesta. En España tenemos propuestas como IMMUNE o Campus 42 de Telefónica, que son campus sin clases, sin el concepto clásico de profesor y donde el alumno aprende por retos concretos, por proyectos tutorizados y por la experiencia de otros estudiantes. En Francia, el proyecto OpenClassroom (presentado por Pierre Dubuc) destaca la plataforma nacida online con el propósito de formar bajo demanda de los empleadores y que el propio gobierno francés está usando para programas de ayuda al empleo técnico. En este modelo, el estudiante no estudia una carrera y luego va a las empresas y comprueba, ya a posteriori, si lo que ha estudiado le sirve; en este modelo, el estudiante va a la empresa y junto con la enseñanza propuesta a través de estos campus se forma en las necesidades específicas que esa empresa demanda, llegando a ser la «solución» para esos problemas que el entorno laboral le presenta.
LO MEJOR DE LOS DOS MUNDOS
En la misma línea, el proyecto SkillsFuture de Singapur (Xiangcen Guo) presenta la incorporación a programas oficiales de nuevas metodologías basadas en Blockchain o inteligencia artificial, desarrolladas en plataformas tecnológicas y propuestas de formación superior no oficiales. De nuevo una fórmula mixta de educación superior. La incorporación de estos proyectos a universidades tradicionales, ya sean públicas como privadas, es un ejemplo del alcance de este modelo mixto donde se conjugan las titulaciones tradicionales, llamémoslas oficiales, con esta formación tan dirigida al mercado laboral. Haciendo bien esta integración, se puede conseguir lo mejor de los dos mundos, formación oficial, estable y fiable con formación no oficial, próxima a la demanda de las empresas y con alta empleabilidad. En este horizonte se presentan los futuros grados y másteres duales, cuya normativa está siendo ahora objeto de desarrollo básico.
Los avances tecnológicos han puesto de manifiesto que se puede transformar la modalidad de enseñanza de titulaciones que antes parecían imposibles de impartir en un modo que no fuese presencial
Ante estos escenarios, las propias agencias acreditadoras de la calidad universitaria, distribuidas en diferentes lugares y ámbitos de actuación, también están sufriendo una transformación. En el Espacio Europeo de Educación Superior (EEES), que emana del Acuerdo de Bolonia de 1999, nos hemos dotado de un sistema de garantías, de umbrales básicos de calidad, que toda la oferta oficial de títulos de los diferentes países miembros han de cumplir. Se aplican los European Standards and Guidelines (EGS) de modo similar en unos países y otros. Nos dotamos de un sistema reconocible y comparable de duración de las titulaciones (medido en créditos ECTS) y estructuración de los niveles de educación superior en grados/bachelor, másteres y doctorados/PhD. Igualmente, nos hemos dotado de un procedimiento garantista donde las agencias de calidad son acreditadas por ENQA (European Association for Quality Assurance in Higher education) y posteriormente inscritas en EQAR (European Quality Assurance Registry), para poder acreditar titulaciones y centros universitarios en los diferentes territorios del Espacio Europeo de Educación Superior (EEES). Ante esta metodología bien engrasada para asegurar una calidad universitaria básica y reconocible de unos países a otros, ¿qué reacciones debemos esperar cuando llegan las propuestas mixtas que hemos comentado anteriormente?
Se aventura un escenario plausible para el futuro de este modelo mixto que estamos comentando: grandes universidades clásicas integrando programas muy especializados de aprendizaje en metodologías muy demandadas por los empleadores. La universidad representa la generación y transmisión de conocimiento, vía programas de investigación consolidados, manteniendo talento docente e investigador para desarrollar nuevas áreas de conocimiento, responder a nuevos retos, etc. En este nuevo escenario, esta dualidad investigación/docencia, es realizada con un gran componente: orientándola al empleo y a las competencias específicas que está demandando la sociedad. Es, incluso, desarrollado en el seno de las mismas empresas que demandan esa formación, en esta apuesta por la formación dual.
Las alianzas entre públicas y privadas pueden ayudar a la realización de programas de formación que, sin perder el respaldo de las titulaciones oficiales tradicionales, puedan impartirse con metodologías novedosas
Chet Haskell presenta un modelo reciente de universidad que destaca esta interacción mixta: Antioch University. Esta universidad se distribuye en diferentes campus en diferentes estados de la Costa Este de los EE.UU. Campus que a su vez presentan cada uno diferente especialización. En ellos se combina la universidad tradicional, académico-investigadora, con las escuelas de formación dirigidas a satisfacer las demandas del mercado laboral. Pero este modelo implica también a las administraciones locales, los gobiernos de los Estados donde está distribuida esta universidad. Tenemos un modelo mixto que incorpora tres agentes en el proyecto: universidad, empresas y gobiernos locales. Pero aquí no queda todo. Aquí también el papel de las agencias acreditadoras es singular y se integra en el modelo. La acreditación es «voluntaria» y no la realizan los gobiernos: es asumida por las propias universidades y sus escuelas y certificada por las agencias de calidad. El sistema es voluntario, aunque tiene truco, ya que la acreditación es necesaria para recibir ayudas federales y estatales.
Sin entrar en los detalles del modelo anterior, vemos cómo la interacción de universidad, entorno social/empresarial, gobierno local y agencia de calidad permiten un sistema fiable, acreditado, de formación universitaria que, a su vez, combina los elementos de los grandes colleges americanos, investigación y excelencia docente, con la proximidad a la demanda laboral y en consecuencia altos niveles de empleabilidad.
Se proponen nuevos modelos de enseñanza que implican a universidades públicas y privadas. Tradicionalmente la universidad pública, especialmente en el sistema español, ha desarrollado los programas de investigación, en niveles y extensión que a la universidad privada no le es fácil alcanzar. Las universidades privadas, por otro lado, mucho más flexibles, han desarrollado plataformas que permiten modelos de enseñanza no presenciales o automatizados innovadores. Este modelo mixto aprovecha lo bueno de unos y otros. Las alianzas entre públicas y privadas pueden ayudar a la realización de programas de formación que, sin perder el respaldo de las titulaciones oficiales tradicionales, puedan impartirse con metodologías novedosas y en formatos mucho más próximos al mercado laboral, con la implicación de las empresas que demandan esta formación y con el incremento de la empleabilidad.
Por último, como destaca Colin Tück (EQAR) en su planteamiento, el sistema de agencias del EEES está sufriendo también una transformación. Cada vez es más evidente la necesidad del reconocimiento de la acreditación transfronteriza (transregional en España), para lo cual el papel de las administraciones es crucial. Pero aún hay más retos que deben afrontar agencias y administraciones.
LA NECESIDAD DE LAS MICROACREDITACIONES
Uno de ellos es la aparición del concepto de microacreditaciones, para poder revisar y dar el marchamo de oficial a titulaciones desarrolladas en ámbitos muy específicos de conocimiento y muy vinculados a las empresas y su demanda laboral. Esto es hoy una necesidad. Como hemos señalado anteriormente, se están formando promociones de estudiantes al margen de las titulaciones oficiales, pero con un alto valor en el mercado laboral. Responder bien a este reto puede permitir cruzar la barrera de la empleabilidad aportando fiabilidad y reconocimiento a los estudios realizados en estos modelos de educación superior. Desde la experiencia de EQAR en el Espacio Europeo de Educación Superior, se aportan propuestas y soluciones que van en esta dirección. De nuevo modelos mixtos donde las agencias sean capaces de adaptar los procedimientos a estas microacreditaciones, que a su vez sean reconocidas por las administraciones, como un primer paso. Y, por otro lado, la posible integración (o alianza, donde cada uno mantenga su singularidad) de estas propuestas de titulaciones no oficiales en universidades establecidas, ya sean públicas o privadas, que den el respaldo de una institución mayor, con profesorado docente e investigador consolidado y con líneas de investigación sólidamente establecidas. Esta integración no solo da «respaldo» a las titulaciones que llamamos singulares, sino que la propia institución universitaria puede beneficiarse de su aportación en áreas punteras de conocimiento muy engarzadas con las demandas de la sociedad, especialmente de las empresas.
En resumen, el futuro de la educación universitaria es ya una realidad presente que se fundamenta en modelos mixtos que implican la interacción de dos o más protagonistas de la educación superior. Interacción entre universidades públicas y privadas para ofrecer titulaciones próximas al mercado laboral. Modelos que combinan modalidad presencial y a distancia, cada vez más frecuentes. Propuestas de titulaciones conjuntas entre varias universidades acreditadas por diferentes agencias. Colaboración entre las administraciones y los gobiernos y las agencias para acreditar nuevas titulaciones en colaboración con las empresas. Todo ello son ejemplos, no ya del futuro de la universidad, sino de un presente dinámico que necesariamente se está adaptando día a día.