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Ramón Jáuregui: ”No hay Pacto Climático global posible sin contar con América Latina”

“No hay Pacto Climático global posible, sin contar con las reservas naturales y la biodiversidad de América Latina” afirmó el exministro y exvicelendakari Ramón Jáuregui en una nueva sesión del seminario América Latina en el escenario global 2021, celebrada en la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR). Añadió que Europa debería construir “su estrategia climática junto a América Latina, que incluya inversión en energía renovable”; y contar también para su “estrategia digital con las oportunidades de desarrollo de aquella región”.

Este ciclo de conferencias está organizado por el Consejo Social de UNIR, que preside el exministro Jordi Sevilla, con la colaboración de Nueva Revista; y está dirigido por la exministra de Asuntos Exteriores Trinidad Jiménez, actualmente directora de Estrategia Global de Asuntos Públicos de Telefónica.

“América Latina es una región estancada y alejada de los centros de decisión económica y política”

Ramón Jáuregui, que es presidente de la Fundación Euroamérica, identificó los males que aquejan a América Latina: “una región estancada y alejada de los centros de decisión económica y política”; que está “más fracturada que nunca” cuando “estaba llamada a la integración y a la supranacionalidad”; que no ha encontrado “estabilidades políticas y democráticas suficientes”; y con «el contrato social erosionado”.

Todo ello se ha visto recientemente “agudizado por la pandemia”, que no solo ha provocado 1,3 millones de muertos en la region sino que “ha acarreado la peor recesión económica en ciento veinte años”.

Sin embargo “América Latina importa en el escenario global” -añadió el ponente- porque sigue siendo “un mercado atractivo de 650 millones de personas” y potencialmente en crecimiento. España, en concreto, sigue siendo el primero o el segundo país inversor en muchos países latinoamericanos.

Y destacó el papel geoestratégico que puede jugar: “Latinoamérica es nuestro aliado natural en la escena global; ya que Europa se hace fuerte si suma a esa región”. En estos momentos, es “la única oportunidad que tiene la UE de hacer fuerte su posición geopolítica en el mundo”. Especialmente ahora que el acuerdo AUKUS “la ha colocado en una posición tan marginal”.

Pero últimamente Europa (y España en particular) han perdido peso e influencia en la región. Y puso un ejemplo: “España que jugó un papel clave en los acuerdos de paz de Centroamérica, en 1985, no ha estado directamente en el proceso de paz de Colombia”. Y América Latina se “está abriendo a Asia, con una creciente influencia inversora de China”. De suerte que “ya no mira a España como el gran aliado que fue, ni bilateral ni regionalmente” apostilló.

RECUPERAR LA CUMBRES ENTRE LA UE Y LA CELAC

Ramón Jáuregui propuso, en este sentido, una serie de ideas para reforzar la alianza de la Unión Europea y aquella región. La primera sería la creación de “un comité de sabios” que examine los problemas actuales y que prepare una estrategia de futuro. Por otro lado, la UE debe “situar a la región en el radar de la estrategia europea y en la nueva geopolítica internacional”, con los retos globales antes mencionados (el cambio climático y la transformación digital) en primer término.

Para ello es “importantísimo reanudar las cumbres de jefes de Estado de la CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños) y recuperar los lazos con la UE”; así como «reforzar a la SEGIB (Secretaría General Iberoamericana), para dotarle de mayor capacidad operativa”.

“El Parlamento (el europeo y el español) debería ser la sede de la recuperación del consenso entre los grandes partidos respecto a América Latina”

Es necesario lograr “el consenso político en España y en Europa sobre la importancia de esta Alianza con América Latina”. Y enfatizó: “el Parlamento (el europeo y el español) debería ser la sede de esta recuperación del consenso entre los grandes partidos”.

Finalmente, Jáuregui propuso “una nueva política migratoria mucho más proactiva que permita un flujo de migraciones latinoamericanas, especialmente, hacia España”.

MALCORRA: «ESTÁ EN CUESTIÓN LA UTILIDAD DE LA DEMOCRACIA LIBERAL»

En el debate intervino como panelista Susana Malcorra, exministra de Relaciones Exteriores de la República Argentina y actualmente senior advisor en IE University. Consideró que, en este momento, “está en cuestión en el mundo la utilidad de la democracia liberal, y sus principios y valores”; y que no “solo América Latina sino todo Occidente tiene un problema con el contrato social”.

Susana Malcorra.
Susana Malcorra.

De forma que no hay otra alternativa estratégica para Europa y América Latina que “trabajar en un acercamiento profundo poniendo en el centro los valores y los principios democráticos”.

Pero hasta ahora no está siendo así. Europa porque “ha estado ensimismada, desde el brexit, en sus propios problemas”. Y Latinoamérica, porque “está ensimismada en sus diferencias ideológicas”.

En este contexto, “España puede jugar un rol no solo europeísta sino también globalista” señaló.

“Las elecciones de Brasil pueden suponer un golpe de timón significativo en la región”

Respecto a Latinoamérica, Malcorra ve una oportunidad en “las próximas elecciones de Brasil, que pueden suponer un golpe de timón significativo en la región, que lleve al entendimiento y nos permita plantearnos un futuro más estratégico con Europa”.

CARLOS LÓPEZ BLANCO: LAS FORTALEZAS DE AMÉRICA LATINA

Finalmente Carlos López Blanco, presidente de la Comisión de Economía Digital de la Cámara de Comercio de España, señaló que “la región está atravesando una tormenta perfecta”, y se preguntó si “el XXI va a ser un siglo perdido para ella, al quedar fuera de la revolución tecnológica y la digitalización».

Y esto es “un problema gordísimo no solo para América Latina sino también para Europa”.

Carlos López Blanco.
Carlos López Blanco.

López Blanco se preguntó si la región “tiene fortalezas para ser competitiva en el proceso de digitalización, que es el gran terreno de juego económico del siglo XXI”.

“Cuenta con un capital humano perfecto para asumir el gran reto de digitalizar sus economías”

Apuntó tres fortalezas: que fue “capaz de practicar políticas regulatorias de telecomunicaciones virtuosas”; que cuenta con “un capital humano perfecto -joven y con capacidad de adaptación- para asumir el gran reto de digitalizar sus economías”; y que posee unas “redes de telecomunicaciones muy competitivas”.

Finalmente subrayó “la importancia de la educación, como base para generar un sistema que proporcione talento”; y que  forme personas con “las habilidades y la flexibilidad necesarias para sacar todo el provecho posible del mundo digital”.

Educación del carácter en una universidad online

¿Es posible educar el carácter en una universidad online? Esta es la respuesta a Nueva Revista de cuatro especialistas durante las jornadas sobre la Educación del carácter en la universidad, celebradas en Madrid el 30 de septiembre y 1 de octubre de 2021, y organizadas por UNIR y por el ICS (Instituto Cultura y Sociedad) de la Universidad de Navarra.

Edward Brooks (director ejecutivo del Oxford Character Project):

Edward Brooks
Edward Brooks. Foto: © Josema Visiers

«Internet es ideal para ‘escalar’ (llegar a mucha gente), y para cuantificar y medir. Ahí reside su genialidad. Desarrollar la personalidad es más apropiado dentro de la formación intensiva y a largo plazo, algo que se puede obtener con un mentor. Con esto no quiero decir que sea imposible conseguirlo en la Red. Yo soy más activo en Twitter de lo que quizás debería. Tengo amistades online que se han convertido en una parte significativa de mi vida y que también han sido importantes para mi desarrollo profesional. Todos sabemos que las intervenciones online pueden cambiar nuestros hábitos diarios de forma muy notable. A estas alturas está muy claro: hay una serie de plataformas sociales que realmente pueden llegar a alterar nuestra química cerebral. La pregunta es si esas plataformas pueden ser usadas con otra finalidad que la original. Ese es el reto real que hay que considerar.

«Soy optimista sobre las nuevas plataformas. Se les pueden dar usos insospechados y novedosos»
(Edward Brooks)

»Incluso recibiendo un email se pueden suministrar pequeñas dosis de dopamina. Es el brote de felicidad que se siente cuando se recibe un correo electrónico que se estaba esperando o una notificación nueva en Facebook o Twitter. Esto ha sido demostrado empíricamente, por ejemplo con las ratas, a las que se acostumbra a ser alimentadas al presionar una palanca sin saber cuándo viene la comida. La acción de presionar la palanca se vuelve adictiva para ellas. De la misma manera nosotros comprobamos nuestro email o nuestras redes sociales constantemente. Un desafío es la propia arquitectura del sistema. Hay que diseñar intervenciones que no propicien la adicción al medio material. Soy optimista sobre las nuevas plataformas. Se les pueden dar usos insospechados y novedosos. Debemos ser diligentes para buscar todas las posibles nuevas opciones para utilizarlas de una forma sana y significativa. La existencia de Facebook es prueba de que internet puede cambiar nuestra personalidad, en muchos casos a peor. Una intervención que pueda cambiar la personalidad de millones de personas a mejor, aunque sea modesta, puede tener grandes efectos. Esta dirección es la que me parece más prometedora: la de intervenciones que puedan modificar un poco a mejor el comportamiento de las personas, intervenciones con capacidad de ‘incrustarse’ en los hábitos diarios».

Brendan Case (director asociado de investigación del Human Flourishing Program de la Universidad de Harvard):

Brendan Case
Brendan Case. Foto: © Josema Visiers

«No es lo mismo el vocabulario que se emplea en el desarrollo de la personalidad que desarrollar realmente esa personalidad. El vocabulario proporciona unos conceptos y categorías para que después la gente pueda usarlos, crecer y debatir. Eso no nos lleva necesariamente a mejorar la personalidad, pero considero que es una condición necesaria. La creación del ‘vocabulario’ adecuado se puede hacer a gran escala y considero que es parte de lo que practicamos con la lectura de los grandes libros: suministramos el lenguaje propicio para razonar de forma ética y reflexionar.

«La confianza es absolutamente esencial
para la formación profunda de la personalidad»
(Brendan Case)

»Todos hemos conocido a suficientes autores y leído suficientes autobiografías para saber que incluso los mejores escritores no son las personas más ejemplares, pero considero que es importante ese vocabulario. He sido mentor de muchos alumnos en diferentes contextos a lo largo de los años. La confianza es absolutamente esencial para la formación profunda de la personalidad. El estudiante debe saber que está seguro con su tutor, que le importa, que puede explorar ideas, formular preguntas y que es una persona razonable que no quiere convertirse en un demagogo para mandar en su vida. Esta confianza es mucho más complicada de conseguir online».

Flynn Cratty (administrador del Human Flourishing Program de la Universidad de Harvard):

Flynn Cratty
Flynn Cratty. Foto: © Josema Visiers

«He tenido tres experiencias hasta ahora sobre internet y la educación del carácter. La primera fue en la Universidad de Hong Kong. Un grupo de cien estudiantes fue divido en dos: la mitad al programa online y la otra mitad presencial. Había una buena sensación de dinámica de grupo y de relaciones personales con los mentores y los alumnos en la parte presencial, que se perdió con los que trabajaron online.

«Con el programa online de la Universidad de Harvard conseguimos crear un ambiente similar al presencial»
(Flynn Cratty)

»La segunda experiencia es con el programa online de la Universidad de Harvard que llamamos Leadership and Flourishing (Liderazgo y florecimiento). Este ha sido más exitoso en lo que a la relación con los alumnos se refiere. Estaba mejor diseñado. Fuimos capaces de conseguir ponentes externos muy atractivos para los alumnos, y nuevos contenidos. Hemos llegado a un gran número de estudiantes: alrededor de mil quinientos. La tercera experiencia: durante la cuarentena por el covid-19 dirigí un grupo de sesenta estudiantes online. Sesenta es también nuestro número normal en modalidad presencial. Conseguimos crear un ambiente similar al presencial».

Emma Cohen de Lara (profesora titular de Teoría Política en la Amsterdam University College):

Emma Cohen de Lara
Emma Cohen de Lara. Foto:© Josema Visiers

«Para el desarrollo de la personalidad importa lo que la gente joven lee. Actualmente imparto un curso Sobre la amistad y leemos grandes textos y obras literarias que la tratan. Las preguntas en clase ayudan a la gente joven a pensar. La amistad tiene que ver con la personalidad. Los jóvenes me parece que están especialmente centrados es ese aspecto de la vida social y en el desarrollo de amistades.

«Para el desarrollo de la personalidad importa
lo que la gente joven lee»
(Emma Cohen de Lara)

»Hacer eso online puede conllevar algunas limitaciones, pero aun así insisto en que importa lo que la gente lee. Vale la pena conversar, también online, sobre este tipo de temas de fondo moral y con un significado personal».

[Traducción del inglés al castellano: Ana Fernández Míguez.
Edición: José Manuel Grau Navarro]

Educación del carácter en la universidad: las experiencias de Oxford y Harvard

El pasado 30 de septiembre hubo una mesa redonda con los participantes en las jornadas sobre la Educación del carácter en la universidad, organizadas por UNIR y por el ICS (Instituto Cultura y Sociedad) de la Universidad de Navarra. Destacamos aquí algunas de las reflexiones que surgieron.


Edward Brooks
Director ejecutivo del Oxford Character Project:

Edward Brooks
Edward Brooks. Foto: © Josema Visiers

«La educación del carácter a nivel universitario, por supuesto, no puede ser la misma que la educación del carácter en otras etapas educativas como la primaria o la secundaria. Los universitarios no tienen obligaciones domésticas porque se han marchado de casa para estudiar en la universidad. Tampoco obligaciones nuevas porque no están casados ni tienen hijos. Esa etapa implica dejarse llevar, pero nos podemos referir a ella como una etapa de formación de la identidad. En ella hay potencial para centrarse en virtudes como la gratitud y la humildad. La humildad es importante para entender la posición propia con respecto al mundo real.

»Otras virtudes que pueden ser importantes para la vida universitaria y el aprendizaje son las relacionadas con la búsqueda de la verdad y con la ciudadanía y el liderazgo. En todas las universidades siempre se habla de preparar a los estudiantes para la vida real, para ser buenos ciudadanos. Dependiendo de la etapa vital en la que se encuentre el alumno, habrá diferentes virtudes que se consideran en ese momento más importantes».

Flynn Cratty 
Administrador del Human Flourishing Program de la Universidad de Harvard:

Flynn Cratty
Flynn Cratty. Foto: © Josema Visiers

«En nuestro programa de la Universidad de Harvard, mucho de lo que hacemos con nuestros alumnos es extracurricular, no tiene la finalidad de obtener créditos, por eso surge una relación diferente. Me llevé a un grupo de alumnos de grado a las montañas en Colorado durante una semana. Hicimos senderismo, leímos y debatimos sobre filosofía por las noches. Fue una experiencia increíble, una oportunidad de interactuar con ellos de una forma completamente diferente, si lo comparamos con el ámbito tradicional al que estamos acostumbrados, en donde la relación entre alumno y profesor es más formal. Considero que vale la pena pensar en las diferentes maneras en las que un programa o facultad puede atraer a los estudiantes en diferentes contextos.

»En las universidades estadounidenses hay angustia por la crisis de la salud mental de los alumnos, sobre todo en las universidades de élite en donde están consumidos por la ansiedad y la depresión.

»En nuestro programa asumimos que si todo va bien con suerte tendremos influencias modestas pero reales en el conjunto de la cultura universitaria, tanto en los alumnos como en el profesorado, o por lo menos crearemos espacios que permitan conversaciones sobre estos temas. También esperamos tener una influencia más focalizada en los diferentes cursos y una mucho más significativa en un número muy reducido de estudiantes que están activamente participando en nuestro programa de forma semanal, e incluso mucha más en aquellos universitarios que tutorizamos.

»Creo que habrá algunos estudiantes que podrán decir que sus vidas han cambiado mucho en su época universitaria a través de la mentoría intensiva, pero esto no es fácil de exportar a grandes escalas. Las relaciones más formativas para nuestras vidas no son fácilmente escalables, por ejemplo, ser padre o enamorarse tiende a ser una relación cara a cara.

»La cuestión de un currículo que pueda alcanzar potencialmente a todos es crucial. Tenemos que encontrar maneras de bautizar a los estudiantes en una comunidad y si hay alumnos que pueden obtener un crecimiento real, es necesario llevarlos a un lugar en donde puedan crecer y desarrollarse.

»Cuando he impartido clase y les he ofrecido a los alumnos pequeñas piezas de información sobre mi vida, demuestran que están realmente interesados y sienten curiosidad por saber por qué soy como soy. Creo que como profesor hay una forma humilde de decir: Te puedo enseñar, incluso a evitar algunos de los errores que yo he cometido. Como mentor, a mis alumnos les digo que muchas de las cosas que les voy a contar son asuntos que me contaron a mí y que espero que en algún momento será su turno de trasmitirlas. Creo que eso es muy valioso.

»En Estados Unidos se da la mentalidad de que profesionalidad en un profesor quiere decir también distanciamiento personal de sus alumnos. Yo creo que lo que está en juego, sobre todo en lo que se refiere a la educación del carácter, tiene un precio muy alto como para no involucrarnos personalmente. Queremos ser profesionales, pero también tenemos que ser seres humanos».

Brendan Case 
Director asociado de investigación del Human Flourishing Program de la Universidad de Harvard:

Brendan Case
Brendan Case. Foto: © Josema Visiers

«¿Qué se considera éxito en lo que se refiere al desarrollo y la modificación del carácter? Esta es un área en donde hay mucho espacio para el crecimiento y entendimiento. Uno de los programas del carácter más famoso y popular es el Penn Resilience Program. Los estudios derivados de este programa demostraron que, después de un año o dos de seguimiento, en la mayoría de los casos se produjo reducción de la ansiedad y de la depresión, particularmente en estudiantes. Incluso el Ejército de los Estados Unidos ha incorporado un modelo similar en 2010 que se llama Comprehesive Soldier Fitness y que ha producido resultados similares.

»Christian Miller obliga a sus alumnos a firmar un código de honor antes de empezar un examen. Ser honesto cuando has prometido que no vas a hacer trampas es poner el listón bajo, pero saber que convencernos de esa capacidad de mejora es algo positivo.

»En nuestra investigación empírica, en la medida de la posible utilizamos datos que permiten un seguimiento a largo plazo.

»En el entorno estadounidense, la universidad es uno de grandes momentos de desubicación para los alumnos. Es muy importante funcionar en sintonía con las grandes estructuras. No podemos trabajar aislados en una burbuja. El carácter de una persona depende en gran medida del ambiente en el que se mueve.

»Nuestro primer alumno de posdoctorado tiene varios proyectos y uno de ellos es el desarrollo de una aplicación llamada The flourishing App. La aplicación sugiere la actividad, pero la acción pasa en el mundo real. Lo que queremos no es solo que la gente escuche una conferencia sobre la gratitud, queremos que se conviertan en personas agradecidas.

»En estos momentos estamos colaborando con un investigador que ha trabajado muchos años en la Universidad de Virginia y es un experto mundial en perdón. Es su área de estudio y ha desarrollado una intervención usando un cuaderno de actividades para que la gente sea más propensa a perdonar».

José María Torralba
Catedrático de Filosofía Moral y Política en la Universidad de Navarra. Director del Instituto Core Curriculum:

José María Torralba
José María Torralba. Foto: © Josema Visiers

«Sobre el papel de los profesores educando el carácter hay una doble vertiente: lo que los docentes enseñan en las clases y lo que enseñan fuera del aula como mentores. Lo que reciben los alumnos es diferente. Como profesores, enseñar cursos de currículo, o incluso de currículo base, es diferente que enseñar aritmética. El impacto en el estudiante no es el mismo que el que se puede obtener de un mentor, entre otras razones porque si se enseña aritmética se da esa distancia profesional: hay una diferente capacidad intelectual y una diferente preparación si comparamos al docente con el universitario.

»En el currículo base utilizamos textos nucleares que tratan sobre la vida y están directamente relacionados con enseñar al alumno a cómo vivir. La clase sí que ayuda a educar el carácter, bien de una forma indirecta o bien porque el acto de enseñanza a través del método socrático produce un cambio, pero este cambio solo mejora de forma rápida la sabiduría práctica del alumno, su capacidad de investigación y madurez».


[Traducción del inglés al castellano: Ana Fernández Míguez. Extracto, edición y subrayados: José Manuel Grau Navarro]

Darío Villanueva: Corrección política y posverdad

En Morderse la lengua el catedrático emérito de la Universidad de Santiago de Compostela y exdirector de la Real Academia Española, Darío Villanueva, aborda con gran claridad expositiva, solidez argumental y profusión de fuentes y material bibliográfico dos de las cuestiones que en los últimos años más han ocupado el interés de los medios: la corrección política y la posverdad.

"Morderse la lengua". Espasa. 384 págs. 18,9 € (papel) / 10,44 € (digital)
«Morderse la lengua». Espasa. 384 págs. 18,9 € (papel) / 10,44 € (digital)

En torno a estas dos cuestiones principales surgen otros muchos temas de enorme interés, como los llamados “espacios seguros”, los “discursos de odio”, las “microagresiones”, la “higiene verbal”, el “lenguaje no sexista”, la “cultura de la queja”, la “tolerancia represiva”, la “guerra de las palabras”, la “cultura de la cancelación”, el carácter inclusivo del género gramatical masculino  o la hegemonía de lo políticamente correcto en los campus universitarios, que también son abordados en estas páginas.

Darío Villanueva localiza los orígenes en el triunfo en EE.UU. de la French Theory (la llamada “posmodernidad”, liderada por autores Como Derrida, Foucault y Deleuze)

El título del libro remite a la conocida expresión castellana que significa “contenerse en hablar, callando con alguna violencia lo que se quisiera decir” y que describe una consecuencia inevitable de la imposición posmoderna de la corrección política y el encumbramiento de la posverdad en nuestra sociedad, lo que en términos más tradicionales del refranero popular se expresaba diciendo “comulgar con ruedas de molino” o que podríamos calificar, simplemente, como autocensura por miedo a las represalias o al qué dirán.

En busca de los orígenes de estas ideas y prácticas contemporáneas, Darío Villanueva coincide con otros investigadores al localizarlos en el triunfo en Estados Unidos de la French Theory (la llamada “posmodernidad”, liderada por autores franceses como Derrida, Foucault y Deleuze), que desembarcó en los campus universitarios norteamericanos hacia los años sesenta del siglo XX y que poco a poco ha ido cuajando y extendiendo su maquinaria “deconstructiva”. El esfuerzo por destruir el canon literario, filosófico y artístico, dominado por el racionalismo occidental, y la obsesión por incluir a las minorías invisibilizadas mediante un ejercicio de discriminación positiva bastante cuestionable, ha impuesto determinados códigos de conducta y de expresión considerados “políticamente correctos”. Los dos presupuestos básicos implícitos en esta forma de pensamiento es que no existe la neutralidad del lenguaje y que la defensa de la libertad de expresión no es legítima ni justa, menos aún si la comparamos con la atávica discriminación de las minorías.

La defensa por parte de Herbert Marcuse en 1965 de la “tolerancia represiva” (que afirma que sólo se deben permitir aquellas opiniones que -según él- sean emancipatorias) y la influencia en la sociedad de la teoría del “razonamiento emocional” (que afirma que deben ser nuestras emociones las que determinen nuestras interpretaciones de la realidad) han colaborado también en esta peculiar deriva. En definitiva, todas esas ideas posmodernas, unidas al puritanismo calvinista de la sociedad norteamericana y a los usos y costumbres de la nueva sociedad de la información y la comunicación, con Internet y las redes sociales a la cabeza como grandes instrumentos de amplificación, habrían conducido a la situación actual.

Campea por el mundo una especie de nominalismo posmoderno que defiende que el lenguaje es uno de los instrumentos de poder más terribles y que crea la realidad, de modo que considera que cambiando el nombre de las realidades que no nos gustan, éstas podrán desaparecer por arte de magia. Sin embargo, explica Darío Villanueva, lo cierto es que el lenguaje no crea nada y simplemente expresa todo lo bueno y lo malo que hay en la realidad y en las personas; como decía Aristóteles, “la palabra existe para manifestar lo conveniente y lo dañino, así como lo justo e injusto”. Por eso es absurdo afirmar, como se hace en bastantes ocasiones, que el lenguaje comete una injusticia o se comporta injustamente, y el hecho es que un diccionario sólo compuesto de palabras bonitas sería en realidad un diccionario censurado.

A lo largo de la historia, los poderes políticos o religiosos institucionalizados han intentado ejercer su poder sobre las palabras y el lenguaje, sometiéndolos a su violencia propagandística. El caso de los totalitarismos del siglo XX es suficientemente aleccionador en este sentido, y el fenómeno ha sido estudiado por autores de referencia como Victor Kemplerer (La lengua del Tercer Reich) o George Orwell (El poder y la palabra). Actualmente estamos ante una forma posmoderna de censura que no emana de un poder concreto, identificable, sino de una “fuerza líquida o gaseosa, hasta cierto punto indefinida, relacionada con la sociedad civil. Pero no por ello menos eficaz, destructiva y temible” (p. 44).

Alexis de Tocqueville fue uno de los primeros en denunciar la “espiral de silencio” que, por temor al aislamiento, conduce a las personas a autocensurar sus opiniones personales cuando no coinciden con las que prevalecen socialmente. Se trata, por tanto, de una presión social ejercida por una opinión pública anónima (“las redes”) a la que nadie impugna y que aletea sobre las conciencias de los ciudadanos, doblegando toda voluntad opositora y reduciendo al silencio a los disconformes: “la autoridad que nos persigue es inconcreta, difusa, anónima, colectiva y mutante” (p. 51).

La posverdad “atenta contra ese principio básico del contrato implícito que se da entre el que habla y el que escucha: la veredicción (la verdad de lo que se dice)”

Si a todo esto le unimos que muchos electores prefieren ser engañados, y que de hecho rehusarían votar a aquel candidato que les dijese la verdad, pues lo único que desean es ratificar sus propios prejuicios y creencias, tenemos el campo abonado para el surgimiento y desarrollo de los populismos, tanto de izquierdas como de derechas. La posverdad “atenta contra ese principio básico del contrato implícito que se da entre el que habla y el que escucha: la veredicción (la verdad de lo que se dice)” (p. 17), y el gran problema de fondo es la pérdida de significado de las palabras, que ya no se refieren a la realidad ni se someten al principio clásico de la adaequatio o correspondencia entre las palabras y las cosas, entre los enunciados y los hechos de la realidad (de manera que puedan ser comprobados o confirmados).

Con gran habilidad pedagógica, Darío Villanueva ilustra constantemente al lector sobre los conceptos relevantes de fondo, cuya confusión suele estar en la base de algunas de estas teorías o de sus múltiples derivaciones. Así va explicando, por ejemplo, la famosa distinción de Ferdinand de Saussure entre lengua y habla, las funciones del lenguaje de Karl Bühler, las reflexiones de Marshall McLuhan sobre las nuevas formas de comunicación, las “tecnologías de la palabra” de Walter Ong, etc.

Como han denunciado catedráticos estadounidenses de prestigio, la hegemonía de lo políticamente correcto en los campus norteamericanos va de la mano de la renuncia a la búsqueda de la verdad, y la primera consecuencia es que ya no se educa para ejercer la crítica ni la responsabilidad en el sentido moral, sino que se ahoga la libertad de pensamiento e investigación y se pretende vivir cómodamente “instalado en” o “protegido por” determinados dogmas e ideologías impuestos por una nueva tiranía. Los guardianes de la corrección política, imbuidos de la superioridad moral y la dignidad pública que les otorga su ostentación de supuestas virtudes que no tienen por qué ratificar con sus actos, atribuyen a sus víctimas los calificativos de machistas, sexistas, racistas, imperialistas o eurocéntricos, con total impunidad y sin necesidad de mayor argumentación. En ocasiones estas denuncias han llevado al ostracismo profesional, al boicot y a la humillación pública a muchos de los señalados, que simplemente no comulgan con los dogmas del pensamiento único.

Parapetado en el eufemismo, el circunloquio o la falsa piedad, el mecanismo de lo políticamente correcto “nace del rechazo a determinadas expresiones que designan realidades ingratas consideradas como tales por un grupo étnico, racial, religioso, político, ideológico o sexual. Es un tabú ‘sectorial’, no atávico, generalizado, sustantivamente consensuado e incuestionado, rasgos en los que se identifica y funde con la solidez estabilidad del lenguaje común, compartido por toda la sociedad” (p. 69). Los ejemplos reales que relata Darío Villanueva causan entre hilaridad, sonrojo y perplejidad, sin dejar de producir también cierto temor o incomodidad por su carácter a veces inquisitorial y, en el fondo, siniestro.

Frente a todo esto, han surgido iniciativas como el manifiesto publicado en julio de 2020 en la revista Harper’s Magazine y firmado por más 150 escritores e intelectuales reclamando la restauración de las normas propias del debate abierto y la tolerancia de las diferencias ideológicas. Las ideas deben ser defendidas o combatidas mediante la argumentación y el convencimiento, no mediante el silenciamiento o la cancelación.

Decía Ortega que todo esfuerzo inútil conduce a la melancolía. Esperemos que no sea el caso de este libro y que su lectura sirva para que buena parte de la sociedad se dé cuenta de los peligros ciertos que algunas ideas y actitudes aparentemente inocuas (o incluso bienintencionadas) pueden acarrear, de modo que cada uno actúe en la medida de sus posibilidades para defender las libertades individuales y, entre ellas, la libertad de expresión (la suya y la de los demás), no dejándose coartar por la ley del silencio.

Yuval Harari: entre el intelectual y el “influencer”

Como el rey Midas, Yuval Noah Harari tiene la suerte de convertir cualquier incursión en el campo de los libros en oro y colocar sus ensayos entre las listas de los más vendidos. Ha buceado en la historia del hombre, remontándose hasta la irrupción de nuestra especie en la tierra, para mostrar la forma tiránica en la que nos hemos conducido y nuestra naturaleza depredadora. Pero también ha dirigido su mirada al futuro, adivinando los peligrosos derroteros por los que pueden transcurrir las bio y las infotecnologías, y sumando cada vez mayor número de lectores. lectores.

"Sapiens". Debate. 608 págs. 18,90 € (papel) / 10,44 € (digital)
«Sapiens». Debate. 608 págs. 18,90 € (papel) / 10,44 € (digital) 

Harari se inscribe en esa corriente de ensayo narrativo que, sin ser muy elevado, conecta con las principales preocupaciones contemporáneas

Si Harari se ha podido convertir en un intelectual de renombre mundial ha sido, entre otros atractivos, por su capacidad de síntesis. Pero también porque se inscribe en esa corriente de ensayo narrativo que, sin ser muy elevado, conecta con las principales preocupaciones de una parte de la audiencia contemporánea.

Aunque había publicado alguna monografía académica sobre el tema de su especialidad, la historia militar, el éxito le llegó en 2014 tras la publicación en más de treinta idiomas de un ensayo editado tres años antes en hebreo. A Sapiens (De animales a dioses) le siguió, unos años después, Homo Deus que intentaba apuntar por dónde transcurriría el destino de la especie cuya prehistoria había contado en su primer ensayo mediático.

LAS PREMURAS DE LA BIOLOGÍA

El título de aquel superventas habla por sí mismo: los hombres formamos parte, de acuerdo con este intelectual que reconoce practicar dos horas diarias de meditación, del reino animal y nos encontramos, como todas las especies, sometidos a las premuras de la biología. Subraya, además, lo que se podría llamar nuestra tendencia asesina, ya que según Harari sembramos muerte y extinción dondequiera posamos el pie.

Igual que esquilmamos a nuestros primos hermanos los animales, estamos ahora explotando la naturaleza. Y nos autoexplotamos sin reparo ninguno. Pero ¿cuál es, sin embargo, la clave que explica la superioridad de los sapiens sobre el resto de seres que conforman la escala de la vida? Para Harari, hay dos factores que dan cuenta de esa sublimidad tan útil desde el punto de vista evolutivo: somos capaces de cooperar a gran escala, en primer lugar, y si esto nos resulta posible es, en segundo término, por nuestra capacidad imaginativa. Así, inventamos seres, conceptos –en definitiva, recursos– pararespaldar la ayuda mutua y, por tanto, afrontar los rigores de la supervivencia con tasas de éxito inauditas en el reino animal. La religión es uno de esos imaginarios, como la ciencia. O el derecho. O el liberalismo.

Lo que sugiere Harari es que ninguno de estos complejos simbólicos es real o tiene sentido intrínseco. Son mitos que sirven a nuestra disposición biológica, a nuestra carrera por la vida. Nada más.

El pesimismo antropológico de Harari –somos, a fin de cuentas, «grandes simios», meros «algoritmos bioquímicos»– queda algo contrarrestado cuando repasa las grandes revoluciones que han tenido lugar a lo largo de la historia: la cognitiva, la agrícola y la científica. El saldo que arroja su lectura de la historia es desmoralizador, puesto que el hombre es el culpable de haber transformado el cosmos en un mundo horrendo y cruel, según explica.

Este gurú –seguramente este pensador conocido por su inquietud espiritual no tendría reparo en considerarse maestro del hombre nuevo– ha llenado la laguna dejada por un laicismo no especialmente hábil a la hora de sortear la pérdida de sentido.

Por esta razón, quienes hoy desean escapar de la frivolidad, pero sin anhelar un saber más erudito, encuentran en sus obras una vía media entre un libro de historia y un manual de autoayuda, sin necesidad de entender este término peyorativamente.

Algunos le acusan de falsificar la historia y de simplificaciones burdas

El intelectual de hoy, cuya profesión se debate entre las exigencias que le impone su vocación de terapeuta y las que nacen de su deseo de convertirse en influencer, posee destreza a la hora de convertir en oro la polémica. Cualquiera que zarpe para surcar los océanos digitales se dará cuenta de que Harari tiene tantos admiradores fervientes como claros detractores. Algunos le acusan de falsificar la historia y de simplificaciones burdas. 

Hasta aquí su opinión sobre el pasado. Pero ¿qué cabe esperar del futuro? En Homo Deus, el historiador israelí examina la última revolución tecnológica y se inquieta ante la posibilidad de que, en la sociedad de la información, nosotros, los sapiens, terminemos divinizándonos.

En esta crisis existencial que atravesamos, recomienda recurrir a la única religión que rescata de la quema: el budismo. Si lo hace, es porque los relatos imaginados hasta el momento, y que tan funcionales se han mostrado, como la religión que considera tradicional, la ciencia o la filosofía, están perdiendo vigencia y necesitamos proveernos de otros para preservar la cooperación, es decir, el mecanismo que asegura nuestra supervivencia.

BAÑO DE HUMILDAD PARA EL HOMBRE

Lo que pretendía Harari era proporcionar al hombre ese baño de humildad que necesitaba antes de la llegada del coronavirus, cuando todo lo que disponía a su alrededor eran pulidas pantallas de ordenador, un universo de datos y la capacidad de satisfacer sus deseos infinitos a golpe de click. En cualquier caso, y bajo su perspectiva, cabría interpretar la pandemia como una suerte de némesis del poder despótico que la especie sapiens ha ejercido sobre el mundo natural.

De lo que está seguro Harari es de que las cosas no volverán a ser como antes. Pero no es capaz de rebasar su mirada sombría y desesperanzada sobre el ser humano. Así, en un artículo importante publicado en Financial Times a las pocas semanas de declararse la emergencia sanitaria, Harari no se mostraba muy halagüeño sobre la posibilidad de que cambiara a mejor la condición espiritual del hombre y temía que pudiéramos responder a esta metafórica venganza de la naturaleza aguzando nuestra mirada depredadora. Para evitar que las cosas vayan a peor, afirma ahora, es indispensable concretar ese nuevo relato del que estamos necesitados.

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La búsqueda de una nueva narrativa para la humanidad

(Extractos de 21 lecciones para el siglo XXI)

21 lecciones para el siglo XXI. Debate. 408 págs. 20,80 € / 9.49 € (digital).

«El relato liberal y la lógica del capitalismo de mercado libre estimulan a la gente para que albergue grandes expectativas. Durante las últimas décadas del siglo XX, cada generación (ya fuera en Houston, Shangái o São Paulo) disfrutó de una educación mejor, una atención sanitaria superior y unos ingresos más cuantiosos que la que le precedió. Sin embargo, en las décadas que vienen, debido a una combinación de disrupción tecnológica y colapso ecológico, la generación más joven podrá sentirse afortunada si al menos consigue subsistir.

En consecuencia, nos queda la tarea de crear un relato actualizado del mundo. De la misma manera que los grandes cambios generados por la revolución industrial dieron origen a las nuevas ideologías del siglo XX, es probable que las revoluciones venideras en biotecnología y tecnología de la información requieran perspectivas nuevas. Por tanto, las próximas décadas podrían estar caracterizadas por grandes búsquedas espirituales y por la formulación de nuevos modelos sociales y políticos ¿Podría reiventarse de nuevo el liberalismo, como hizo a raíz de las crisis de las décadas de 1930 y 1960, y renacer más atractivo que antes? ¿Podrían la religión y el nacionalismo tradicionales proporcionar respuestas que se les escapen a los liberales, y usar la sabiduría antigua para crear una visión del mundo actualizada? ¿O quizá haya llegado el momento de cortar para siempre con el pasado y elaborar un relato completamente nuevo que vaya más allá no solo de los antiguos dioses y las antiguas naciones, sino incluso de la esencia de los valores modernos de la libertad y la igualdad?

El primer paso es bajar el tono de las profecías del desastre, y pasar del modo de pánico al de perplejidad. El pánico es una forma de arrogancia

En la actualidad, la humanidad está lejos de alcanzar un consenso sobre estas cuestiones. Nos hallamos todavía en el momento nihilista de la desilusión y la indignación, después de que la gente haya perdido la fe en los relatos antiguos, pero antes de que haya adoptado uno nuevo. Y entonces ¿qué hay que hacer?

El primer paso es bajar el tono de las profecías del desastre, y pasar del modo de pánico al de perplejidad. El pánico es una forma de arrogancia. Proviene de la sensación petulante de que uno sabe exactamente hacia dónde se dirige el mundo: cuesta abajo. La perplejidad es más humilde y, por tanto, más perspicaz. Si el lector tiene ganas de correr por la calle gritando: «¡Se nos viene el apocalipsis!», pruebe a decirse: «No, no es eso. Lo cierto es que no entiendo lo que está ocurriendo en el mundo».

Pero antes de explorar soluciones potenciales para los problemas de la humanidad, necesitamos comprender mejor el desafío que plantea la tecnología. Las revoluciones en la tecnología de la información y en la biotecnología se hallan todavía en una fase temprana, y es discutible hasta qué punto son en verdad responsables de la crisis actual del liberalismo. La mayoría de los habitantes de Birmingham, Estambul, San Petersburgo y Bombay solo son un poco conscientes, si acaso lo son, del incremento de la inteligencia artificial y de su impacto potencial sobre su vida. Sin embargo, es indudable que las revoluciones tecnológicas se acelerarán en las próximas décadas, y plantearán a la humanidad las mayores dificultades a las que nos hayamos enfrentado nunca.

Cualquier relato que trate de ganarse a la humanidad será puesto a prueba, por encima de todo, por su capacidad para afrontar las revoluciones paralelas en la infotecnología y la biotecnología. Si el liberalismo, el nacionalismo, el islamismo o cualquier credo nuevo desea modelar el mundo de 2050, no solo necesitará dar sentido a la inteligencia artificial, a los algoritmos de macrodatos y a la bioingeniería: también tendrá que incorporarlos en una nueva narrativa que tenga significado».

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Por qué son necesarias las Humanidades

A comienzos de curso, como un ritornello consabido, se presenta cada año en el mundo académico la cuestión de la crisis de las Humanidades. No es algo de ahora, es de siempre, es algo cuya denuncia está ya en los Padres de la Iglesia, de san Juan Crisóstomo a san Agustín, y que toma mucha fuerza en el siglo XX, después de las dos guerras mundiales, con Simone Weil, Jacques Maritain, C.S. Lewis, y  T.S. Eliot, y que, más tarde, propone Leo Strauss con la Educación Liberal de la Escuela de Chicago. Pero hoy me voy a enfrentar con esa “crisis” de las Humanidades, hablando como suele cualquiera con su vecino, que diría Gonzalo de Berceo.

«Las Humanidades son los saberes que se preguntan por el sentido, como hacían ya Sócrates, Platón o Aristóteles»

Lo primero que voy a hacer es contarles una anécdota. Trabajaba antes de la pandemia en el Centro de Humanidades del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. A mediodía solíamos salir de la actual sede, bastante periférica, las gentes que habíamos quedado a comer con otras personas en el centro de Madrid y era frecuente que algunos taxistas, sabedores de la costumbre, montaran una cierta guardia en la puerta.

Un día, salía yo de allí, efectivamente había un taxi, me subo y enseguida me dice el taxista:

-¿Sabe usted quién ha ido en el asiento que usted ocupa ahora?

Pensé: a quien he visto hoy por aquí de cierta notoriedad es al profesor Adrados, pero no creo yo que el taxista tenga mucho interés por el indoeuropeo.

No, no lo sé.

– Pues ha ido Belén Esteban. Y, además, le dije a Belén si permitía que llamara a mi señora para comunicarle que estaba ella aquí. Me lo permitió. Llamé a mi mujer y habló con Belén, que es simpatiquísima según el parecer de mi señora y mío.

Yo pensé: lo de la crisis de las Humanidades tal vez no va descaminado porque ¿cuándo le va a decir a alguien este taxista que hace guardia a la puerta del Centro de Humanidades que yo u otro colega ha estado ocupando este lugar? Nunca. Me hizo pensar que hay que seguir combatiendo la dichosa crisis.

«Las Humanidades también se preguntan por cómo nos comunicamos con las otras personas»

Las Humanidades, ¿Y eso para qué vale? Las Humanidades son los saberes que se preguntan por el sentido, como hacían ya Sócrates, Platón o Aristóteles, es decir por la indagación filosófica, en último término religiosa, de quién soy, de dónde vengo y a dónde voy. Y además de preguntarse por el sentido que tiene nuestra vida, nuestra actuación, las cosas que nos rodean, también se preguntan por cómo nos comunicamos con las otras personas, ya que el sentido se comunica a otras personas y otras personas nos lo comunican a su vez.

El profesor Garrido, investido doctor honoris causa por la Universidad Camilo José Cela.
El profesor Garrido, investido doctor honoris causa por la Universidad Camilo José Cela.

Y no es verdad que los avances de las ciencias ni las nuevas tecnologías de comunicación ni todo lo que constituye lo que algunos han llamado la era internet anule el interés de las Humanidades. Es un tópico oponerse a la afirmación de que la ciencia anula las Humanidades, recordando que el avance de la investigación atómica llevó a Hiroshima y Nagasaki Es un tópico, pero también es una realidad que no necesito citar a Riemen para que sea aceptada como incontrovertible.  Hay que huir de la superficialidad. Es importante buscar la verdad, interrogarse por el sentido. También es imprescindible ejercitarse en cómo decir lo que uno siente y piensa y hacer que se entienda en sus propios términos o entender en los propios términos aquello que me quieren decir o los sentimientos que me quieren transmitir otras personas. No somos islas.

La comunicación, lo sabemos, depende de emisor, receptor y circunstancia y, cuando no nos comunicamos, es porque no tenemos el imprescindible mínimo dominio del lenguaje. Un día, al salir del Edificio B de Letras de la Universidad Complutense, subo al autobús y delante de mí van dos alumnas mías que no me han visto porque en la fila me daban la espalda. La segunda se abraza a la primera y dice: tía, qué guarra eres, a ti te ha aprobao el Garrido (yo) y a mí me ha suspendío [sic]. No es solo problema de registro. Se trata de comunicar y comprender.

«PARA DECIR ALGO HAY QUE TENER ALGO QUE DECIR»

Todos los elogios para las nuevas tecnologías que permiten comunicar fácilmente cualquier cosa a cualquier persona en cualquier parte del mundo de modo instantáneo.  La tragedia es que para decir algo, hay que tener algo que decir. Y esto no ocurre siempre. Antes de que se decretaran los vagones silenciosos en el AVE, cualquiera que haya subido en ese tren para ir, por ejemplo, de Madrid a Sevilla, ha podido escuchar interminables conversaciones sin contenido, que se filtraban en múltiples móviles sin control. El político Miquel Roca me confesó que, cuando ya había AVE Madrid-Barcelona, seguía haciendo el trayecto en avión para librarse de esta tortura de sinsentido.

Hay que conocer algo de filosofía, algo de historia, algo de geografía, algo de literatura, algo de arte… para no hablar sin saber lo que se dice, si no, se corre el riesgo de propugnar el derribo de las pirámides de Egipto porque fueron construidas por esclavos o muchas cosas semejantes que se suelen llamar ahora memoria histórica.

«El arte de hablar en público, de persuadir, o sea, la retórica, forma parte eminente de las Humanidades y es hoy más necesario que nunca»

Y luego está el problema de la sobreinformación. Cuando empezaba a popularizarse el ordenador, tuve la oportunidad de asistir a uno de los seminarios privados que convocaba la reina doña Sofía en el antiguo rectorado de la Universidad Complutense, en San Bernardo, para que le hablaran de cuestiones culturales de actualidad. Aquella tarde me decía la reina: es una enorme suerte poder buscar una novela en el ordenador y tener tanto donde elegir. Señora, sí, le respondí, pero si buscamos, por ejemplo, novela negra, presionamos la tecla y aparecen 6427 referencias, es lo mismo que si no saliera ninguna. Estábamos de acuerdo. La sobreinformación exige el discernimiento, las Humanidades otra vez.

Y no nos olvidemos de la filología, de la semiótica. El arte de hablar en público, de persuadir, o sea, la retórica, forma parte eminente de las Humanidades y es hoy, si cabe, más necesario que nunca. Lo necesitan abogados y políticos, ejecutivos y comerciales en sus presentaciones de empresa, oradores sagrados, publicitarios y el actual homo mediaticus en general. Pues bien, la retórica enseña que el orador es el vir bonus dicendi peritus, la persona de bien experta en comunicar, lo que quiere decir que no es de recibo el discurso de la mentira. ¡Menuda aportación!

Contra el virus de la superficialidad, la vacuna de las Humanidades. Nunca recordarán, porque te dediques a ellas, el asiento que ocupaste en un taxi, pero son de suma necesidad.

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(Palabras pronunciadas por el profesor Garrido Gallardo, al ser investido doctor honoris causa por la Universidad Camilo José Cela).

José Jiménez Lozano, “el amor a las letras y a la verdad”

Por un lado, la editorial Trotta rescata la correspondencia de José Jiménez Lozano (1930-2020) con el cervantista e historiador cultural Américo Castro entre 1967 y 1972, en la que ambos intercambian opiniones sobre el catolicismo español en el marco del Concilio Vaticano II.

Y, por otro, la editorial Confluencias saca a la luz los últimos diarios del escritor bajo el título de Evocaciones y presencias. Dos obras que se complementan y que arrojan lúcidas reflexiones sobre la necesidad de la cultura para el conocimiento de la naturaleza humana.

Ahí estaba su amor por la literatura clásica castellana, que escrutaba con una mirada erasmista y, por tanto, profundamente recogida

El universo intelectual de José Jiménez Lozano se forjó ya a una edad temprana. Ahí estaba su amor por la literatura clásica castellana –de fray Luis de León a la santa de Ávila, de Miguel de Cervantes a san Juan de la Cruz–, que escrutaba con una mirada erasmista y, por tanto, profundamente recogida. Ahí estaba, por supuesto, su interés por el mundo francés del XVII, con una especial sensibilidad hacia el jansenismo y la tragedia de las monjas de Port-Royal.

Estaba la teología –¿cómo no?–, también en su acepción más francesa, abierta a la intervención de los laicos en los grandes debates contemporáneos. Estaban los nombres de unas cuantas amigas de la familia –así llamaba a las hermanas Brönte, por ejemplo–, a las que más adelante se añadirían otras como Etty Hillesum o Nadiezhda Mandelstam. Había algunas luces, algunos colores, ciertas arquitecturas, determinadas voces: la luz diáfana del Císter, los ojos del icono, la piedra humilde del Románico, las estancias holandesas, los giros populares castellanos. Estaba también el periodismo, que nuestro autor sabía leer desde una clave culturalmente amplísima. Cuando llegó al Concilio Vaticano II como corresponsal de El Norte de Castilla, su posicionamiento ya era de nítida inspiración reformista y crítico con el tradicionalismo católico español.

Correspondencia. Trotta. 242 págs. 17’10 € (papel) / 11.39 € (digital)

En la correspondencia que acaba de publicar Trotta entre Américo Castro y José Jiménez Lozano, que abarca de 1967 a 1972, estas ideas se encuentran ampliamente ejemplificadas. Y resulta fascinante observar el diálogo entre estos dos hombres, movidos por una idéntica pasión hacia el drama de España. «La cuestión española es mi pesadilla –le escribe Américo Castro en una carta fechada el 24 de julio de 1967–. Pude ver de cerca cómo se desmoronaba la Segunda República en medio de la inconsciente impotencia de sus dirigentes. […] Me echaron de un diario republicano por parecerles yo protector de las órdenes religiosas, lo cual no impidió que en julio de 1936 la radio fascista anunciara con fruición mi fusilamiento. […] Llegué así a la conclusión en los años amargos (1938, 1939) de que ambas facciones fratricidas eran ángulos de un mismo vértice».

PECULIARIDAD HISTÓRICA ESPAÑOLA

Pero ¿dónde se situaba la peculiaridad histórica española? La respuesta de Américo Castro la encontramos en esta misma misiva: «Todo, en suma, vino del horror a ser tomado por judío, de satisfacerse con la hidalguía y la fácil riqueza». Jiménez Lozano, profundo lector de la obra del cervantista granadino, adoptará esta idea como criterio fundamental para interpretar la realidad española y lo que él denomina «catolicismo hispánico», tan distinto del francés y del alemán. Con un tono desasosegado, afirmará en una carta fechada el 12 de marzo de 1968:
«Parece que lo mejor es aquí ser católico al estilo hispánico, esto es, dejando de lado las cuestiones religiosas y pedir confesión a la hora de la muerte».

Es decir, una fe más política que fiel a la conciencia, más social que íntima. «Al católico castizo –había escrito un año antes– le preocupan menos los problemas teológicos que el hecho de que haya un solo español que no sea de la casta cristiana o que reniegue de ella por ponerse a pensar».

Jiménez Lozano adoptará la idea de Américo Castro como criterio fundamental para interpretar la realidad española y lo que él denomina «catolicismo hispánico»

Y, en otra carta, tras un encuentro con Miguel Delibes y el propio Américo Castro en Valladolid, muestra su escepticismo hacia el impacto real de las reformas conciliares en la sustancia cultural del catolicismo español: «En mi opinión, el Vaticano II ha creado en el país uno de esos estados de espíritu mesiánico que usted ha descrito como constitutivos de nuestro ser españoles, entre la minoría religiosa reformista. […] Pero el cristianismo teocéntrico, cristocéntrico, paulino, espiritual, laico, acentuando la primacía de la caridad, que significa el concilio –y que fue el de fray Luis, Cervantes y Juan de Ávila– no puede ser entendido vitalmente, esto es, asimilado y personalizado en nuestro talante, en nuestras estructuras mentales y sentimentales de cristianos viejos, así como así».

EL TRIUNFO DE LA IDEOLOGIZACIÓN

En Evocaciones y presencias, el último tomo de sus diarios, publicado póstumamente, y que recoge las notas personales escritas por Jiménez Lozano entre 2018 y 2020, esta línea de reflexión persiste con matices más crepusculares, casi sombríos.

En efecto, el ímpetu reformador del concilio no calaría en las viejas estructuras mentales y sentimentales del cristianismo hispánico, sino que daría paso al «triunfo de la ideologización del freudo-marxismo, y la aniquilación de todo lo demás». Se diría que no fue ese catolicismo culto, de raíz erasmista y francesa –con el que soñaba Jiménez Lozano–, el que guió el posconcilio, sino una furia iconoclasta que buscaba mimetizarse a toda costa con los prejuicios de la época.

Evocaciones y presencias. Confluencias. 258 págs. 20,80 €

Esa es, al menos, la lectura que realiza el autor abulense en sus últimos diarios y que le lleva a afirmar, con dolor, que el catolicismo actual «parece un psicologismo teologizado al modo popular, capaz de degradar cuanto toca o de llegar hasta extremos cómicos». Pero no solo el cristianismo, también la cultura universal, banalizada por un emocionalismo vacuo, desprovista de referentes clásicos y de modelos ejemplares.

El pesimismo recorre estas páginas, de quien no deja de asombrarse ante la erosión de un mundo cultural de afectos y pensares. Reflexionando sobre la sentencia contraria a la extradición de Puigdemont en Alemania, comenta: «Quizás en el fondo lo que ocurre es demasiado trágico, y lo que no queremos ver es que estamos asistiendo a la liquidación total de España. Al fin y al cabo, Europa sigue mirándonos y tratándonos como unos pobres subdesarrollados. Y con gran complacencia para una mayoría que está encantada con esa flauta de Hamelín del progreso».

En sus últimos diarios, se lamenta porque nuestras motivaciones culturales parecen haber dicho adiós al conocimiento real de la naturaleza humana

Y, citando a Lévinas, observa que «la democracia, por sí sola, no puede conjurar los demonios de la mentira y el odio». Y no puede hacerlo porque nuestras motivaciones culturales parecen haber dicho adiós al conocimiento real de la naturaleza humana. Un conocimiento que depende del amor a las letras y a la verdad, porque «si antes de los veinte años le llega a uno el dolorido sentir de Garcilaso o Petrarca, la armonía y claridad de Grecia y la alegría y simplicidad de Belén, ya está salvado para la humanitas. De otro modo es muy difícil». La lectura conjunta de ambos libros nos habla de esta dificultad y de su opuesto: el gozo –y la urgencia– de la cultura, su necesidad imperiosa. 

Ángel Gabilondo: “Es importante recomponer un pacto social basado en el conocimiento”

“Es importante recomponer un pacto social basado en el conocimiento. Y esta debe ser una estrategia de país, que solo puede lograrse a través de participación, ejemplaridad e instituciones justas” ha señalado  Ángel Gabilondo, expresidente de la Conferencia de Rectores (CRUE), en una nueva sesión del seminario Los futuros de la universidad, organizado por Nueva Revista, y dirigido por Rafael Puyol, presidente de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR).

Catedrático de Metafísica, Gabilondo ha sido rector de la Universidad Autónoma de Madrid y ministro de Educación. Tras ser presentado por el rector de UNIR, José María Vázquez García-Peñuela, y por Rafael Puyol, el ponente dijo que no iba a “hacer un vaticinio sobre la universidad” sino a interrogarse sobre “la universidad que queremos” y cuáles son “las condiciones que debe reunir”. En este sentido, recordó que el “conocimiento es una relación entre saberes y personas,  es un acto de comunicación; y que sin innovación no hay conocimiento”. 

«La Universidad debe aspirar al liderazgo en innovación e impacto social»

El futuro de la universidad está “vinculado -añadió- a la pregunta sobre la estrategia”. Pero para llevarla a cabo hacen falta “unos recursos”. Y con ellos “un marco estable de financiación”. Esta debe ser  “suficiente, eficiente y equitativa”. Y reclamó para la universidad “capacidad de autogobierno, frente al intervencionismo y al dirigismo de cualquier instancia incluída la política”

Ángel Gabilondo habló de la necesidad de transformar la universidad. Esta debe ser “el espacio de la ejemplaridad”; “debe aspirar al liderazgo en innovación e impacto social»; y no “puede estar ajena a los grandes retos sociales y económicos (la lucha contra la pobreza, nuevas tecnologías, cambio climático etc.) atenta a las necesidades y no solo a las demandas”. La universidad se configura como “una comunidad de saberes y de personas que tienen un compromiso de transformar la sociedad”.

Tampoco debe olvidar que “la educación no es una  mera adquisición de conocimientos útiles” dijo citando a Nuccio Ordine, y que “hay saberes que tienen un papel fundamental en el cultivo del espíritu y en el desarrollo cultural de la humanidad”. En ese sentido, la universidad es “la casa de la palabra”.

Aludió a la decisiva función investigadora de la universidad: “Debe ser clave para el desarrollo social y económico y el motor de la innovación de un país”. 

«Soy partidario de una máxima flexibilidad y cierta autonomía en las formas de gobierno en la universidad”

Se refirió también a la gobernanza: «Soy partidario de una máxima flexibilidad y cierta autonomía en las formas de gobierno en la universidad”. Respecto a la toma de decisiones abogó por “una máxima participación y transparencia”; y por respetar “el sufragio universal en la elección de los cargos de responsabilidad». Aunque matizó que no considera el sufragio universal “como una panacea”: “lo que propongo es profundizar en la democracia”. De forma que si los estudiantes consideran que “su participación en una decisión no es suficiente, hacen bien en reivindicar mayores espacios y mayores porcentajes”. 

Sobre la carrera docente advirtió que “el modelo de profesorado sigue siendo una asignatura pendiente”. Y dedicó unas palabras a la autonomía, recordando que “es la última razón de ser de la universidad” como ha dicho el Tribunal Constitucional, y que los países con autonomía son los que tienen universidades con más prestigio, al vincular “autonomía con excelencia”. La European University Association apunta cuatro dimensiones de la autonomía: de organización, financiera, de personal y académica. 

Respecto “a la financiación por objetivos” matizó que puede “estar supeditada al poder político, si esta establece cuáles son los objetivos que uno debe tener para lograr la financiación”. Añadió que “no se puede marcar, homogeneizando en exceso los objetivos de una universidad. Es ella la que debe tener capacidad para marcarlos”. En este sentido, cree Gabilondo que “hay que legislar menos sobre la organización de las universidades”. 

“Hay que impregnar todas las actividades de la universidad de las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías”

El expresidente de la CRUE indicó que la universidad se encamina a un modelo presencial, virtual e híbrido, y que “lo mejor es combinar la presencialidad con formas virtuales”, ya que “el modelo online no es suficiente sin más”. Subrayó que para que haya universidad es imprescindible “conformar un campus, un espacio en el que se compartan conocimientos y convivencia”.

Considera Gabilondo que hay que “impregnar todas las actividades de la universidad de las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías, incluso en la forma de clases convencionales”. Y aludió, como ejemplo, al uso de gafas de realidad virtual en las clases de autonomía. Todo ello va más allá “de la informatización de los procedimientos, la conectividad de los campus o el uso las clases remotas”, lo cual es solo “una esquina de la digitalización”

PAPEL MEDULAR DE LAS HUMANIDADES

Finalmente reivindicó, como catedrático de Metafísica, el papel medular de las humanidades en la universidad, y concretamente de la filosofía, al proporcionar herramientas para “relacionar realidad, conceptos y lenguaje; situar a la persona en el centro y evitar el dogmatismo”. Razón por la que pide no solo que no desaparezcan las humanidades sino que se “humanicen” todas las carreras, y que “se den, como asuntos transversales, en todas las enseñanzas”.

El seminario Los futuros de la Universidad ha contado en anteriores sesiones, con las intervenciones de Juan Vázquez, exrector de la Universidad de Oviedo; Federico Gutiérrez-Solana, exrector de la Universidad de Cantabria; Adelaida de la Calle, exrectora de la Universidad de Málaga; y Roberto Fernández, exrector de la Universidad de Lleida.