EL PC italiano abandona una herencia incómoda

De acuerdo con las clásicas tesis de Gramsci, el gran «acomodador» del marxismo-leninismo en las sociedades occidentales, Achille Occhetto, el nuevo hombre fuerte del Partido Comunista de Italia, el más poderoso de Europa -exceptuando al de Rusia- ha conseguido que se apruebe una nueva transformación del PCI para acercarse a la Internacional Socialista.

Ignacio Aréchaga

Tras un congreso extraordinario, el partido comunista italiano ha decidido abrir un proceso constituyente al final del cual surgirá un nuevo partido, que abandonará el nombre de comunista y solicitará el ingreso en la Internacional Socialista. Para salir del aislamiento político, el mayor PC occidental ha tomado una decisión arriesgada y dolorosa. Pero aún no se sabe si será el dolor del parto o de la agonía.

A diferencia de los PC del Este, el italiano ha querido abandonar su identidad con la cabeza alta. Nadie cantó nunca el himno Bandera roja con tanto entusiasmo para celebrar un harakiri ideológico. Ni nunca hubo abrazos tan emotivos entre los líderes de las facciones opuestas, que después de un enconado debate siguen con las espadas en alto. Dos tercios del PCI han apoyado la propuesta del secretario general Achille Occhetto. Pero, aun derrotado, el otro tercio no ha renunciado a dar la batalla a la hora de definir un proyecto político todavía inconcreto.

Este nuevo paso culmina una larga marcha de revisionismo doctrinal y práctico del PCI. Si bien esta evolución le ha acercado a la izquierda democrática europea, su filiación ideológica le ha confinado en la eterna oposición. Los cambios económicos y sociales han ido minando la base tradicional del PCI. También su irradiación en la cultura ha menguado a la par que el marxismo. De este modo, su respaldo electoral ha bajado desde un máximo del 34,4 por 100 en 1976 hasta el 27,6 por 100 en las elecciones europeas del pasado año. Es cierto que, por su mayor flexibilidad ideológica y su aceptación de la democracia, el PCI se ha ido distinguiendo cada vez más de los otros partidos comunistas; pero, ante la desbandada del comunismo en el Este, el PCI corría el riesgo de seguir enarbolando una bandera hoy desacreditada.

Reforma imposible

En esta coyuntura, Occhetto ha propuesto a sus compañeros una refundación del partido, que, según sus adversarios, es más bien una liquidación. Las diferencias entre ambas posturas pueden sintetizarse en torno a dos ejes: la vigencia del ideal comunista y el nuevo tipo de partido que debería nacer sobre las cenizas del PCI.

La propuesta de Occhetto se presenta como la culminación de la vía propia seguida por el comunismo italiano, que progresivamente le ha alejado de los países del socialismo real. Ahora, declara Occhetto, «hemos de liberarnos por completo de un envoltorio ideológico que desde hace tiempo hemos superado con nuestra política, pero que ha pesado sobre ella». Sin decirlo explícitamente, reconoce que el comunismo no es reformable y que no tiene sentido ya invocar un comunismo «ideal».

Esto es lo que rechazan los adversarios del cambio, aglutinados por viejos líderes históricos como Pietro Ingrao. A su juicio, los regímenes del Este han traicionado los ideales comunistas. Por lo tanto, su caída no afecta al comunismo en cuanto tal. Y como el PCI ha sostenido siempre «posturas opuestas», lo que sucede en el Este no desmiente sino que confirma la validez de su posición.

Ambas posturas exageran sin duda la peculiaridad del PCI. A poco que se repase la historia, es fácil denunciar las complicidades del PCI con posturas concretas y planteamientos de los hoy denostados países del socialismo real. Y si es cierto que el PCI no ha incurrido en los desastres de los partidos comunistas del Este, en buena parte se debe a que no pudo llegar al poder en la época en que defendía las mismas soluciones que aquéllos.

Algo que se echa en falta en las dos posturas es un análisis de por qué las experiencias comunistas han conducido siempre al fracaso. La postura minoritaria sigue refugiándose en la idea de que el verdadero comunismo está aún por realizar. Occhetto quiere salir del comunismo de puntillas, sin levantar acta de defunción.

Reinventar la izquierda

Quizá no podía hacer otra cosa, si quería obtener un apoyo mayoritario para su proyecto de refundación del partido. En unión con otras fuerzas de izquierda, se trataría de crear una nueva formación política, en la que el PC confluiría despojándose del nombre y del símbolo.

El principal interlocutor en este proyecto sería el partido socialista, con el que el PCI ha mantenido siempre relaciones polémicas. Los socialistas descalificaban a los comunistas por no haberse desprendido por completo de un bagaje ideológico fracasado; los comunistas acusaban a los socialistas de haberse conformado con un «reformismo débil» y de impedir una alternativa de izquierda por participar en el gobierno con la DC.

Los socialistas -con un 15 por 100 de votantes- han ido reduciendo su distancia electoral con los comunistas, a la espera de dictar sus condiciones para la unión de la izquierda. Ahora siguen con interés el giro del PCI, que a su juicio será positivo si desemboca en la «unidad socialista». Pero la mayor parte de los comunistas ven esta «homologación» como una entrega sin condiciones a los socialistas. De ahí que Occhetto prefiera presentar su proyecto como una reconstitución de la izquierda, que permita adoptar nuevas posiciones a todos los partidos de esta sensibilidad.

Los comunistas que se oponen a Occhetto ven en su iniciativa «el grave peligro de anulación del PCI». Pues falta por determinar qué ideas se van a vender bajo la nueva marca, con qué socios y en qué tipo de empresa política: ¿una confederación de partidos, de movimientos, un nuevo partido? Sin duda, abandonar la tradición de la hoz y el martillo es un trauma. Pero la resistencia es aún mayor si este gesto se ve como un salto en el vacío.

La primera prueba de fuego que deberá sufrir el PCI son las elecciones administrativas del próximo mayo. En la campaña se verá si se mantiene el deshielo con los socialistas. Y los resultados demostrarán hasta qué punto es rentable el abandono de una herencia que era su capital electoral.

Hasta ahora, Occhetto ha pilotado con acierto la maniobra. Pero el éxito de la operación depende de un acuerdo con las otras fuerzas de izquierda, sin lo cual no romperá el cerco político que rodea al PCI. Es posible que la larga marcha del PCI hacia el campo socialdemócrata altere un día el actual equilibrio político italiano, que no permite una alternativa de poder. Pero habrá sido al precio de abandonar su proyecto de cambio radical de la sociedad. Es el signo paradójico de un partido que creía encarnar el sentido de la historia y que hoy se ve obligado a cambiar para que la historia no le deje en la cuneta.