Revisión crítica de «Sapiens. De animales a dioses», de Yuval Noah Harari

En su obra más conocida, el historiador israelí traza una panorámica de la Humanidad, desde sus orígenes hasta hoy, a través de tres grandes revoluciones: la cognitiva, la agrícola y la científica

Yubal Noah Harari. © Website del historiador
Andrés Ortigosa Peña

Yubal Noah Harari. (Kiryat Atta, Israel, 1976). Doctor en Historia medieval por la Universidad de Oxford. Catedrático en el Departamento de Historia de la Universidad Hebrea de Jerusalén. Autor, entre otras obras de Sapiens: De animales a dioses; Homo Deus: Breve historia del mañana;  y 21 lecciones para el siglo XXI.

Avance

El historiador Yuval Noah Harari ha querido trazar una imagen integral y definitiva del ser humano y de su evolución como especie de la mano de las ciencias más actuales. Y lo ha hecho con Sapiens. De animales a dioses, ambicioso ensayo publicado en 2011 que, con más de 23 millones de ejemplares vendidos, ha sido traducido a 65 idiomas. Relata cómo, desde sus orígenes, la humanidad se ha adaptado a su entorno hasta dominarlo, llegando a logros inimaginables para cualquier otro animal, a través de tres grandes revoluciones, la cognitiva, la agrícola y la científica. Y aventura que en el futuro dejaremos de ser homo sapiens para ser otro tipo de seres superiores, con notables mejoramientos cognitivos y físicos. Pero ¿es verdadera la imagen que el autor proporciona sobre el ser humano?, ¿son coherentes o realizables las profecías qué propone? se pregunta el profesor de Antropología Andrés Ortigosa Peña, que, desde la crítica filosófica, hace una revisión de los argumentos del historiador israelí.

El análisis de Ortigosa es una nueva aportación a la serie de revisiones críticas de obras del pensamiento y la ciencia contemporáneas, que han tenido destacada influencia en la sociedad, de la mano de especialistas en esas materias y dentro de la colección Ciudadanía y valores, que dirige Benigno Blanco. A continuación, publicamos una síntesis que el propio Andrés Ortigosa hace de la obra de Harari.

ArtÍculo

En Sapiens, Yubal Harari contempla tres grandes revoluciones: la cognitiva, la agrícola y la científica. Estas tres revoluciones son las que han hecho que el homo sapiens sea lo que hoy es. El homo sapiens no domina el planeta por su fuerza física, ni por su instinto, sino por su capacidad cognitiva-creativa de elaborar ficciones, como los dioses, las naciones, los derechos o el dinero. Con esa clave Harari repasa toda la historia de la humanidad y termina en la cuarta parte de su libro apostando por la unificación de la misma a través de sistemas globales. Para ello emplea argumentos científicos, aunque su ensayo es divulgativo, y nos llama a pensar el presente desde una perspectiva histórica.

A lo largo de su libro se da, además, un entrelazamiento entre lo objetivo, lo subjetivo y lo intersubjetivo. Lo objetivo es aquello que es independiente de nuestro pensamiento, como una piedra o el ADN humano. Lo subjetivo es aquello que anida en las experiencias individuales, como la intensidad de un dolor. Lo intersubjetivo es la realidad que compartimos a través de imaginaciones colectivas, como el dinero, la soberanía, los derechos, etc. Para Harari, lo decisivo de la especie humana es que lo intersubjetivo organiza el mundo humano. Esto es, que vivimos a través de ficciones.

Andrés Ortigosa Peña. Estudio crítico de «Sapiens. De animales a dioses», de Yuval Noah Harari. Colección Ciudadanía y Valores, 2026

La primera parte del libro, dedicada a la revolución cognitiva, consta de cuatro capítulos. El primero defiende que el homo sapiens hace 70.000 años experimentó un salto cultural que provino del lenguaje, especialmente del chismorreo y de los mitos. Los mitos son para Harari el «pegamento» de los grupos culturales humanos. Gracias a los mitos, que son ficciones intersubjetivas, se consigue que miles de homo sapiens cooperen entre ellos.

En el segundo capítulo, el autor trata de los cazadores-recolectores, es decir, esos grupos nómadas que, aunque violentos y vulnerables al clima, lograban adaptarse para sobrevivir a multitud de entornos hostiles. El legado que nos ha dejado este periodo del ser humano es un legado psicológico que se mantiene vivo, pues no podemos dejar de pensar como cazadores-recolectores.

En el tercer capítulo, Harari trata la conquista del planeta Tierra. En unos milenios, los sapiens fuimos de África a Eurasia, Australia y América. A medida que nos expandíamos como especie, desaparecía la flora y fauna autóctonas. Esto prueba para él que la huella del ser humano en el planeta está marcada por la desaparición de otras especies.

La aparición de la jerarquía y de las desigualdades

La segunda parte del libro, la revolución agrícola, se compone de otros cuatro capítulos. Hace 12.000 años comenzó la domesticación del trigo, el arroz y el maíz. Para Harari, el nacimiento de la agricultura es un cambio radical en la vida humana. Se acabó el nomadismo y se dio paso al sedentarismo. La agricultura no permitía una dieta tan variada como con el nomadismo, por lo que había peor alimentación y, además, más enfermedades. Sin embargo, el sedentarismo permitió un mayor número de recursos asegurando así que hubiera más seres humanos. Al crecer los grupos humanos se necesita de jerarquía, por lo que se formaron mayores desigualdades sociales.

El siguiente capítulo trata justamente sobre la jerarquía. Esta es un orden imaginado, o sea, algo ficticio o falso que sirve al ser humano para dar orden, pero no porque verdaderamente sea así. Con el orden imaginado, que une a los grupos, se consagran las jerarquías sociales y surgen élites, como los guerreros, los sacerdotes o los administradores. Los mitos permiten legitimarlos en el poder y, al mismo tiempo, al ejercer el poder pueden castigar a quienes se le opongan. De hecho, las castas y clases toman un discurso que naturaliza su superioridad y que, para Harari, se mantiene en la actualidad.

Dedica a la escritura el siguiente capítulo. Esta surge desde la necesidad administrativa. Las tablillas sumerias nos muestran la importancia en su vida del ganado, la cebada, etc. Para mantener a un grupo grande se requiere de la administración y también, por supuesto, de las leyes. La escritura comenzó como algo administrativo y lentamente fue expandiéndose, dando lugar a las leyes, las matemáticas y la literatura. Con ello se puede gobernar territorios enteros durante generaciones.

Por último, esta segunda parte aborda también las diferencias sociales entre hombres y mujeres. En muchas sociedades agrícolas se impuso el patriarcado. La duda es por qué. Para Harari, pudo haber algunos factores, como la militarización, la herencia patrimonial, la potencia física, etc. Sin embargo, sigue siendo un tema debatido y que no tiene una respuesta última.

El dinero, unificador de la humanidad

La tercera parte, que es la unificación de la humanidad, versa sobre cómo estas civilizaciones se fueron uniendo en imperios a través de diferentes elementos. Harari comenta cómo el dinero es un unificador de la humanidad: puede convertirse en tierras, en trabajo, en lealtad, en libertad, etc. Todo ello gracias a que todo el mundo confía en que el dinero será aceptado. Y, aunque en la actualidad el noventa por ciento del dinero no es físico, lo cierto es que las cifras siguen unificando a las personas más allá de su religión, género, etc. Para Harari, el dinero es una religión, pues se extiende por todas partes.

El autor trata, a continuación, de la unificación desde los imperios. Lo natural en un imperio es buscar la expansión. Roma, China, Persia, los imperios europeos, el Imperio azteca, etc., tienden a mezclar sus culturas o a imponerlas, pero al final acaban unificándose bajo un mismo territorio. Además, se difunden las lenguas, las artes y la filosofía, llegando a nuevas formas de cultura.

Se ocupa, luego, del papel de la religión como unificadora de la humanidad. Con el paso del animismo al politeísmo y de este al monoteísmo, las diferentes religiones produjeron un cambio de mentalidad en los seres humanos. Lo importante en una religión es que haya seres sobrenaturales y que tenga una intención misionera, es decir, que busque extender su mensaje a lo largo de la Tierra. Todas las religiones sostienen ritos y liturgias, aunque cambiando a las deidades. Por último, Harari llega a firmar en un breve capítulo que la historia avanza mediante el caos, en el sentido de que no tiene un orden preestablecido y que, por ello, no puede predecirse el futuro.

La ciencia sustituyó a la religión

Es en la cuarta parte, la revolución científica, donde Harari comenta los mayores progresos del Homo sapiens. Hace alrededor de 1.500 años en Europa se acepta la ignorancia. Asumir que ignoramos la verdad de la realidad hizo que sustituyésemos la religión, que nos daba todas las respuestas, por la ciencia, que buscaba las respuestas. Esto abrió una nueva etapa en la historia que permitió comprender el mundo mejor, con mayor rigurosidad, y con ese aumento del conocimiento vino un incremento en las comodidades a través de la tecnología. Para ello, la ciencia utilizó el método empírico, que tiene que ver con la observación de la realidad material, las matemáticas y la experimentación. Nunca había experimentado la humanidad un paso tan agigantado en el conocimiento como con la ciencia.

El siguiente capítulo trata sobre cómo la ciencia necesita del capital, pues sin trabajo y dinero no puede avanzar. Solo algunos países se pueden permitir tener ciencia e incentivarla económicamente. Esto ocurre porque la investigación genera conocimiento, el cual se traduce en poder, y el poder permite generar más recursos que pueden volver a invertirse en la investigación. Así, surge un ciclo incesante. El capítulo que le sigue trata sobre el credo del capitalismo, es decir, sobre cómo pensamos desde el capitalismo que funciona la economía mediante nuestras creencias. Para todo capitalista hay una máxima, que es que el futuro será aún mayor y mejor que el presente, y por eso se invierte, lo que permite el crecimiento. De hecho, eso legitima el crédito: invertir hoy para beneficiarnos mañana. Toda la economía moderna capitalista funciona con la idea de reinversión, construyendo la fantasía de un futuro mejor.

Después, Harari trata la ética capitalista, que es el consumismo. Ese pensamiento de que consumir nos hará bien y que, a más consumo, mayor bienestar, es la premisa ética fundamental del capitalismo. En el siguiente capítulo trata el cambio continuo que se han producido en las fábricas, cadenas de montaje, etc., es decir, en la industria. Harari realiza una breve historia de la industria sobre la que luego cimentará que surjan las naciones, que son «comunidades imaginadas».

Harari reclama que la historia se comprendería muy diferente si la visualizásemos como una historia de la felicidad. Él presenta diferentes teorías sobre qué es la felicidad para finalmente apoyar en buena medida que la felicidad es algo bioquímico y, además, que lo verdaderamente importante es la serenidad, como dijeran los budistas.

Hacia un horizonte de seres superiores

El último capítulo de su libro trata sobre el futuro de la humanidad, en el cual dejaremos de ser homo sapiens para ser otro tipo de seres superiores, con mejoramientos cognitivos, físicos, sin enfermedades, pudiendo elegir todo sobre nuestros hijos antes de que nazcan y, si fuese necesario, con nuestra mente pasada a un programa de software. Todo eso es para Harari el futuro inminente e ineluctable de la humanidad. Finalmente, el libro termina con un breve epílogo que nos advierte de que, aunque el ser humano ha conseguido logros inmensos, lo cierto es que necesitamos aprender a gestionar el basto poder que hemos adquirido.

Lo cierto es que este libro asombra por su claridad narrativa, ejemplos memorables y, sobre todo, ambición panorámica. Conectar antropológicamente la biología con la economía y la política es un mérito que Harari ha conseguido con excelencia, más allá de que creamos en su discurso o no. A fin de cuentas, esto es el ser humano, ¿no? Si bien, podemos preguntarnos, ¿es verdadera la imagen que el autor proporciona sobre el ser humano? ¿Son coherentes o realizables las profecías que propone?


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