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Ver productosUna exposición en el Museum für Fotografie de Berlín revela cómo, cámara en mano, las mujeres de la Bauhaus contribuyeron a redefinir la imagen del siglo XX desde una perspectiva innovadora y, durante mucho tiempo, insuficientemente reconocida

30 Jul 2026 - 7min.
Avance
En 1929, cuando la Bauhaus inauguró un curso de fotografía, casi la mitad del alumnado lo formaban mujeres, que veían en esa disciplina buenas posibilidades de expresión creativa y de emancipación. Las fotógrafas de la Bauhaus observaron el mundo a través del objetivo de la cámara y lo capturaron desde perspectivas novedosas y poco convencionales. Su producción artística abarca desde retratos figurativos y fotografía arquitectónica hasta la más pura experimentación abstracta, pasando por la documentación histórica de la época.
Durante todo el verano, y hasta el 4 de octubre, el Museum für Fotografie de Berlín presenta la muestra titulada Nueva mujer, nueva visión. Las fotógrafas de la Bauhaus, que reúne 300 fotografías de la colección del Bauhaus-Archiv / Museum für Gestaltung de Berlín y da a conocer, debidamente referenciado, el trabajo de estas pioneras que capturaron el espíritu de la época y quisieron participar en ella.
ArtÍculo
El edificio de Gropius. El manifiesto. El predominio de la función. El arte y la artesanía. Son las palabras clave que vienen a la cabeza cuando se habla de la Bauhaus. También rondan algunos nombres, además del fundador, como Paul Klee, Wassily Kandinsky, László Moholy-Nagy, Josef Albers… En los últimos años, se ha reivindicado la presencia de las mujeres en la institución: Alma Siedhoff-Buscher, Anni Albers y Margarete Heymann, entre otras, han ido a parar donde se encontraban, junto con sus compañeros. Ahora, una gran exposición en el Museum für Fotografie de Berlín se centra en ellas, pero no a granel: se fija expresamente en aquellas que eligieron la fotografía, que fueron muchas y muy desconocidas, para documentar un tiempo y un país.

Elsa Thiemann fue una de esas mujeres. Se formó en la Bauhaus, obtuvo su diploma en 1931 y regresó a Berlín para trabajar como fotógrafa de prensa. Fue conocida posteriormente por sus imágenes del Berlín destruido después de la Segunda Guerra Mundial, el mismo que intentaba levantarse de nuevo. Reflejó sus ruinas, sus edificios y sus gentes; unos niños espectrales en la entrada del metro de Neukölln, en la década de 1950 y, en la misma época, una multitud abarrotando la escalera de la piscina al aire libre de Wannsee son dos de las fotos que se pueden ver en la muestra, abierta hasta octubre.

Otras mujeres se fijaron en la arquitectura, pero no en la presencia masiva de los bloques, sino en la delicadeza de los elementos. En este tipo de instantáneas, como la que Lucia Moholy tomó del balcón en el edificio de la Bauhaus Dessau, «las personas ceden el protagonismo al lugar […]. Las fotógrafas se centran en los elementos originales y enfatizan su singularidad mediante perspectivas desorientadoras», explica el artículo que le dedica Engelsberg & Ideas.

El manifiesto de Gropius de 1919 anunciaba que la escuela estaba abierta a «cualquier persona de buena reputación, sin importar su edad ni sexo». Las mujeres acudieron a esa llamada para aprovechar un acceso sin precedentes a la educación artística. Muchas de ellas se centraron y destacaron en disciplinas como el tejido y la cerámica. Sin embargo, un grupo no pequeño se volcó en la fotografía. En 1929, cuando la Bauhaus inauguró un curso de esta disciplina, casi la mitad del alumnado que se matriculó lo formaban mujeres. Un hito paritario en la época donde nada lo era.
Las razones hay que buscarlas en el periodo anterior, la República de Weimar, cuando las mujeres comenzaron a aspirar a la independencia económica y a la realización profesional. La fotografía, como práctica relativamente joven, ofrecía buenas oportunidades. Dado que se consideraba en un primer momento más bien una actividad artesanal y no estaba firmemente arraigada en el ámbito académico, trabajos como el retrato o el retoque se veían compatibles con las supuestas habilidades femeninas. El resultado era que cada vez más mujeres se formaban en estudios fotográficos.

A partir de 1890, la asociación berlinesa Lette-Verein y, a partir de 1905, también el Instituto de Enseñanza e investigación de Fotografía de Múnich ofrecían una formación institucional para mujeres. Durante la República de Weimar, el número de fotógrafas aumentaba de forma continua. Cada vez más universidades ofrecían clases de fotografía y también la Bauhaus de Dessau, desde 1929. Muchas estudiantes recibían aquí una formación profesional. Pero ya antes de eso, las fotógrafas desempeñaban un papel fundamental en la Bauhaus. Desde muy pronto, profesionales como Paula Stockmar o la mencionada Lucia Moholy promocionaban los productos y las obras de la influyente escuela de arte, diseño y arquitectura. Con la creciente difusión de la cámara de 35 mm a partir de 1925, también crecía el interés por este medio. Muchas estudiantes se animaban a observan su entorno a través del objetivo de la cámara y a capturarlo desde perspectivas nuevas y poco habituales.

Por supuesto cultivan el retrato. El suyo es el de la nueva mujer de los años 20: autónoma, sofisticada, exploradora… Sorprende la calidad y la osadía de quienes se permitieron experimentar, jugando con reflejos y distorsiones. La imagen de Marianne Brandt deformada y multiplicada en esferas metálicas convierte su autorretrato en una composición compleja que recuerda las de Escher, mientras que Gertrud Arndt se adelanta en sus Maskenporträts (Retratos enmascarados) a los actuales filtros. Improvisando con accesorios, velas y telas, produjo una serie de autorretratos escenificados para llamar la atención sobre la capacidad del rostro para transformar la percepción de la totalidad de la persona y su identidad a través del vestuario y la expresión.

La historia del trabajo de las mujeres es también la de las dificultades de su tiempo. La llegada al poder de los nazis y el cierre de la escuela hizo que varias fotógrafas se vieron obligadas a abandonar su oficio y huir. Por seguir la carrera de algunas de las protagonistas de este texto, Lucia Moholy, por ejemplo, llegó a ser reconocida como una de las fotógrafas de arquitectura más importantes de su época, pero en 1933 tuvo que abandonar Berlín, dejando atrás sus negativos. Muchos terminaron en manos de Walter Gropius, «quien los publicó para dar a conocer la escuela y su arquitectura, pero no la reconoció como su autora», resume Engelsberg Ideas. Tras una larga disputa legal, los negativos de Moholy le fueron devueltos en 1957.
Irena Blühová, por su parte, tras documentar la injusticia social y la agitación política para el periódico Arbeiter-Illustrierte-Zeitung, regresó a su Checoslovaquia natal y allí se convirtió en combatiente de la resistencia antifascista. Tuvo que esconderse en Bratislava en 1942 y todos sus negativos fueron destruidos. Solo después de la guerra logró reconstruir su obra a partir de fotografías previamente publicadas.

Entre las fotógrafas más exitosas se puede citar a Elsa Thiemann y Etel Mittag-Fodor, cuya temprana labor capitalizó el auge del fotoperiodismo en los años veinte y treinta. Ambas trabajaban y vendían sus imágenes de la vida moderna en ciudades cosmopolitas a agencias para su distribución a periódicos y revistas, pero el trabajo se publicaba de forma anónima o bajo el nombre de la agencia, lo que dificultaba enormemente la tarea de darse a conocer.
Legados rescatados, restaurados o debidamente atribuidos constituyen el núcleo de una exposición que reúne 300 fotografías de los fondos del Archivo de la Bauhaus / Museo de Diseño de Berlín y revela cómo un grupo de mujeres utilizó la cámara para dejar testimonio de una época convulsa, participando en ella.
Las fotografías de este artículo pertenece a los materiales de prensa facilitados por el propio museo. Se pueden consultar aquí.