Las dificultades para medir los problemas de salud mental y sus implicaciones

La falta de precisión terminológica y de mediciones coherentes en el ámbito de la salud mental conllevan el riesgo de inducir a error a los responsables políticos y perjudican a quienes más lo necesitan

Joven con problemas psicológicos
Foto: © Mohamed_hassan / Pixabay
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Avance

La tesis principal que defiende John Burn-Murdoch en un artículo publicado el viernes en el Financial Times, titulado What’s really going on with mental health? (¿Qué está pasando realmente con la salud mental?), es que la falta de precisión terminológica y de mediciones coherentes en el ámbito de la salud mental conllevan el riego de inducir a error a los responsables políticos y perjudican a quienes más lo necesitan.

Hay un crecimiento de los diagnosticados con trastornos de ansiedad, autismo y el trastorno por déficit de atención e hiperactividad, y un fuerte incremento de la proporción de quienes declaran tener una discapacidad. Pero, por ejemplo, como Simon Baron-Cohen publicó recientemente, «una persona como Elon Musk puede llamarse autista, y esta es la misma etiqueta diagnóstica que se le da a un niño que nunca saldrá de casa o nunca podrá vivir de forma independiente, que presenta importantes discapacidades intelectuales y del lenguaje, y que a la vez, con frecuencia, padece epilepsia y se autolesiona».

Burn-Murdoch insiste, para que no se le malinterprete, que el aumento del malestar psicológico entre los jóvenes es real y alarmante si se miran las tasas de hospitalización por autolesiones entre las adolescentes y las mujeres jóvenes, y ofrece estadísticas preocupantes al respecto. Pero eso justo es medible y un extremo. Términos claros.

No así en otros casos. Christoph Henking y Ben Baumberg Geiger, en un reciente estudio, sintetizan: «A pesar del amplio debate público en Inglaterra sobre la salud mental, se distingue poco entre sus diferentes tipos de indicadores. Eso es importante porque pueden reflejar procesos diferentes: un aumento del malestar, la identificación del malestar como enfermedad mental o la exclusión social».

Burn-Murdoch, tras la lectura del informe de Henking y Baumberg Geiger, señala que aunque se ha producido un fuerte aumento de la proporción de jóvenes británicos que declaran padecer una enfermedad mental, apenas ha variado la proporción de personas que dicen que un problema de salud mental limita su funcionamiento cotidiano.

Un aspecto importante de todo esto es la «medicalización de los sistemas», es decir, que los sistemas laborales, educativos y de bienestar social están diseñados de forma demasiado rígida, con solo dos categorías posibles: «discapacitado» o «no discapacitado». Esa inflexibilidad obliga a encajar en una de esas dos casillas a personas con necesidades muy distintas entre sí. Desde las más incapacitantes hasta las más leves, sean permanentes, provisionales o intermitentes.

Hoy se habla más abierta y positivamente de salud mental y hay menos estigmatización. Pero se ha generado un efecto secundario. El problema es saber si hay un aumento genuino de problemas de salud mental o simplemente que ahora se reportan y detectan más casos que antes por la menor estigmatización.

Tanto en el Reino Unido como en los Estados Unidos, el aumento de las declaraciones de problemas de salud mental ha sido mucho mayor entre los jóvenes que entre los mayores, y entre quienes se sitúan en la izquierda política que entre quienes se sitúan en la derecha, pero pequeñas variaciones en la formulación de las preguntas hacen que esas diferencias desaparezcan.

Insiste Burn-Murdoch: «Esto no significa que el aumento de los problemas de salud mental declarados sea un espejismo». Pero sí que las mediciones no son consistentes porque distintos estudios o instrumentos catalogan cosas distintas o de forma diferente y porque el propio concepto de «problema de salud mental» se interpreta según la persona. No todo el mundo entiende lo mismo por «tener ansiedad» o «tener un problema psicológico», y esa interpretación ha ido cambiando con el tiempo.

Burn-Murdoch propone la creación de instrumentos de medida mejores y más precisos. Así las decisiones políticas no errarán y se ayudará con eficacia a los afectados de verdad.

Más información

Burn-Murdoch, J. (2026, 11 de julio). What’s really going on with mental health? Financial Times.

Henking, C. and Baumberg Geiger, B. (2026). Population mental health in England, 2003–2022: Teasing apart psychological distress, mental illness and activity limitations. ESRC Centre for Society and Mental Health. King’s College London.

Nueva Revista (2024, 25 de septiembre). Carlos Chiclana: «Tenemos herramientas para proteger la salud mental de nuestros hijos».

López-Ibor, María Inés. (2022, 27 de diciembre). ¿Podemos hacer algo para mejorar la salud mental de nuestros adolescentes? Nueva Revista.