El magisterio de Millán Puelles

Luis Núñez Ladevéze

Título: «Razón y libertad. Homenaje a Antonio Millán-Puelles».
Coordinado por: Rafael Alvira.
Editorial: Ediciones Rialp, 1990. 400 páginas.
Precio: 2.500 pesetas.


El nombre de Antonio Millán-Puelles figura hace ya tiempo en la relación de maestros de la filosofía contemporánea española. Cuarenta años de magisterio universitario, desde que obtuvo la cátedra, en 1951, de Fundamentos de filosofía de la Universidad Complutense, quedan reconocidos con el volumen que un grupo de discípulos de Antonio Millán ha publicado con el título de Razón y libertad. Discípulos directos o indirectos de Millán, pero maestros hoy, a su vez, de nuevas generaciones.

A la vista de los nombres que figuran en este volumen, y tras la lectura de los trabajos que en él se reúnen, es posible comprender la fecundidad del germen sembrado por este maestro de filosofía durante cuatro decenios de dedicación docente. Tal vez no pueda asegurarse que Millán-Puelles haya creado una escuela definida de pensamiento, pero no cabe duda de que su influencia indefinible abarca los más amplios horizontes intelectuales, muchas veces porque su obra ha servido de inspiración directa, otras de aliento indirecto y, en casos también, su influjo ha surgido del contraste, de la disputa, de la controversia.

Calidad

En los trabajos reunidos en el volumen la calidad es el denominador común. No se crea que esta colección de trabajos expresa un espíritu colegiado. El germen de Millán es el punto de referencia unitario de la diversidad. Diversidad de estilos, de intenciones, de actitudes dentro de un criterio unificador flexible y abierto. Para la glosa me detendré brevemente en el comentario de los textos que, por una u otra razón, más me han impresionado.

La prosa insinuante y sutil de Rafael Alvira, para empezar. Comienzo obligado por razones, además, técnicas, ya que Alvira es el coordinador del volumen y alumno, como tantos otros entre los que me encuentro, del homenajeado.

Como el glosador no puede impedir mirar el mundo a través de su cristal, matizaré que Alvira critica la idea de libertad del «utilitarismo», no la del «liberalismo», al menos como yo lo entiendo, porque el liberalismo no da, aunque sí la ética utilitaria, una definición moral del bien, sino que es una respuesta a la pretensión de quienes, sabiéndose en posesión del bien o de la verdad, pretenden imponerlo a la fuerza a los demás.

Esa observación habría que hacerla a Widow cuya idea del «bien universal» es irreprochable, siempre que ese «bien universal» no se convierta en un objetivo político. José Antonio Ibáñez Martín dedica un agudísimo comentario a la noción de «educación plena». Critica algunos excesos del proyecto ilustrado que degenera en un «planteamiento permisivista», pero acepta los fundamentos ilustrados cuando afirma que «los hechos morales son esencialmente una práctica personal en la que hay un indeclinable compromiso del sujeto». Actitud que aparece nítidamente matizada en la contribución de Alejandro Llano cuando observa que «la superación del sujeto de la tradición moderna no debe hacer tabla rasa de todas las conquistas de la Aufklärung, entre las que se encuentran -radicalizados- no pocos elementos cristianos y humanistas». Con su comentario a Kant, Llano delimita el legado vivo de la modernidad ilustrada, separándolo de sus excesos afortunadamente desfallecidos.

Cuatro aspectos

Sistematizar 30 trabajos fruto de inspiraciones personales es tarea inútil. Alvira los clasifica en cuatro apartados. El primero, sobre aspectos fundamentales de la filosofía, el segundo sobre aspectos antropológicos, el tercero sobre la libertad y el cuarto sobre política. Es discutible, sin embargo, por qué la inspirada glosa de Juan Cruz sobre el mito de «Antígona» y la interpretación hegeliana del mito aparecen en el último apartado y no en otro lugar, o por qué los fragmentarios pero insinuantes y metafóricos esbozos del profesor Polo se incluyen en la primera y no en otra parte, mientras la síntesis de García López se incluye en la segunda y no en la primera.

Tampoco importa mucho, por no decir nada. Lo que vale es el conjunto y cada una de las monografías incluidas, pulcramente escritas, trabajadas, densas sin ser herméticas ni dejar de ser accesibles. Trabajos de calidad que demuestran cómo una savia común puede discurrir por diversidad de cauces sin desnaturalizarse y sin uniformarse.