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Ver productosHay dos días en China en los que se para la construcción, se cierran las calles, y hasta se desvían los aviones. Esto es para evitar cualquier forma de ruido y posibilidad de distracción. No es la celebración del Año Nuevo Chino, ni del Día Nacional. Es el evento educativo más grande del mundo: Son los días del examen de acceso a la universidad, el gaokao. Hay personas que lo describen como “el infierno”, otros como “un asunto de vida o muerte” [1]. Mientras en España se presentaron unos 250.000 alumnos a la EBAU (Evaluación del Bachillerato para el Acceso a la Universidad), en China las cifras son diferentes: 10,78 millones de jóvenes se juegan su futuro. No es solo el acceso a la universidad, es al mismo tiempo el cambio de trayectoria de toda una familia. Es la posibilidad de salir de provincias, y llegar a ciudades, como Pekín, Shanghái o Shenzhen, que ofrecen más expectativas de crecimiento personal y profesional.
Aún con un buen resultado en el gaokao, el éxito no está garantizado. Tsinghua University, una de las mejores universidades del país, sólo admite anualmente a unos 4.000 alumnos en sus grados. Esto es sólo un 0,03% de los alumnos que hacen el examen. El prestigio de esta universidad, y de las otras ocho universidades de la liga C 9, no se limita a China. Se han convertido en unas universidades de reconocimiento mundial, apoyadas por su crecimiento constante en los rankings internacionales. Todo esto es fruto de una visión sumamente estratégica del Gobierno chino, que empezó muchos años atrás. Luego veremos cómo el Gobierno planificó desde hace varias décadas, para llegar a este punto.
Según el Banco Mundial, la tasa bruta de matrícula de educación superior en China llegó al 53,78%. Sigue siendo un porcentaje muy inferior al de los países desarrollados, lo que no impide que el sistema educativo chino sea el más grande del mundo
En un sistema educativo tan selectivo, es normal que los estudiantes con resultados no tan brillantes busquen alternativas en el exterior. Por ello, no sorprende que China sea el país de donde proceden el mayor número de alumnos extranjeros. Por otro lado, China asimismo se está posicionando como centro educativo. Con casi medio millón de estudiantes extranjeros (2018) ya es el mayor destino educativo en Asia.
Con un horizonte de planificación a tan largo plazo, hay que monitorizar bien la evolución y tomar medidas drásticas, si hay desviaciones. En los últimos años, y acelerado por la pandemia, se observa un crecimiento exponencial de tecnología educativa. Evaluamos la evolución y las medidas de corrección en el Apartado EdTech Boom y Explota.
Por último, veremos lo que está por venir. Evidentemente, los planes para los siguientes 15 años ya están diseñados. Las ambiciones son grandes y marcarán, sin duda alguna, al sector educativo global.
EL SISTEMA EDUCATIVO
La evolución del sistema educativo en China en las últimas décadas es extraordinaria. En sólo 50 años se ha conseguido que la mayoría de su población tenga acceso a educación superior. Según el sociólogo americano Martin Trow en su artículo Higher Education and Its Growth [2] , China dejo atrás un sistema de educación superior de élite en el que participaban menos de 1% de la población, para alcanzar un sistema de educación superior universal (superior a 50%), en el que se considera casi un estigma social el no haber cursado al menos un grado. Según los últimos datos del Banco Mundial, la tasa bruta de matrícula de educación superior en China llegó al 53,78%. [3] Sigue siendo un porcentaje muy inferior al de los países desarrollados, lo que no impide que el sistema educativo chino sea el más grande del mundo.
Tabla 1: Tasa Bruta de Matrícula, Educación Superior (1974-2019)

Actualmente existen unas 4.500 instituciones de educación superior en el país. [4] Un 31% de las mismas están destinadas a impartir formación profesional, un 28% a programas de grado y un 18% a programas de posgrado. Hay un 32% de instituciones en manos privadas. Sólo un 10% de las instituciones están bajo supervisión directa del Ministerio de Educación u otros Ministerios Centrales. El resto de las instituciones se supervisa localmente. Por el momento existen sólo quince instituciones de cooperación internacional, aunque existen numerosos programas de cooperación.
En términos de alumnos, unos 50 millones de estudiantes están matriculados en educación superior en 2019.[5] El 36% está estudiando grados, un 26% diplomaturas de menor duración. Los estudios de posgrado solo suponen un 6%. Aunque desde 2019 se ha visto un crecimiento importante de dos dígitos. Este crecimiento se atribuye a una mayor oferta doméstica por la escasez de oferte de empleo para graduados del grado.[6][7] Es interesante observar que en 2019 casi 9 millones de estudiantes (un 18% del total de estudiantes) cursaron programas de educación superior en formato online. Es muy probable estos números hayan ido subiendo a causa de la pandemia.
Uno de los segmentos, que están atrayendo más atención, es el de los doctorados. Hasta hace poco, los EE. UU. tenía más graduados con doctorados, especialmente en las áreas de STEM. Esto se considera importante, porque es una ventaja competitiva, que denota mayor capacidad de investigación en áreas punteras. Esta ventaja se ha diluido, y China supera ahora con tasas exponenciales la generación de doctorados. [8]
Los planes a muy largo plazo son posibles en el país asiático por su sistema de gobierno. Para convertir un país en desarrollo en una potencia mundial, tenían muy claro que la fórmula de éxito pasaba por la educación de su sociedad
Según datos oficiales del Ministerio de Educación, en 2020 la inversión de la educación superior ha sido de 1,399 trillones de RMB [rénminbi, moneda de curso legal en China] (188.000 millones de euros). Esto supone un crecimiento de un casi 15% frente a 2019. De ello, aproximadamente un 20% se dedicó al desarrollo de la formación profesional.[9]
PROYECTOS EDUCATIVOS
Los planes a muy largo plazo, son posibles en China por su sistema de gobierno. Para convertir un país en desarrollo en una potencia mundial, tenían muy claro que la fórmula de éxito pasaba por la educación de su sociedad. Hemos visto en el apartado anterior el creciente acceso a la universidad como primer paso. El siguiente paso era el desarrollo de las propias universidades. Lo han hecho mediante diferentes proyectos educativos, dotando a algunas universidades con más recursos. El listado de las universidades seleccionadas para estos proyectos se puede encontrar en el Anexo 1. ¿?
El primer proyecto se inició en 1995 -el llamado Proyecto 211- para preparar para el siglo XXI a cien universidades inicialmente. De ahí el nombre del proyecto. Actualmente hay 116 universidades comprometidas con el proyecto, aproximadamente un 6% de todas las universidades del país. A cambio de unos 2.000 millones de euros de subvenciones, estas universidades se responsabilizan a formar cuatro quintos de los estudiantes de doctorados, dos tercios de los estudiantes de posgrado, la mitad de los estudiantes extranjeros y un tercio de los estudiantes de grados. Ellos mantienen el 96% de los laboratorios claves del Estado y utilizan el 70% de los recursos de investigación. [10]
En el centenario de la Universidad de Pekín en mayo 1998, se anunció el Proyecto 985. El nombre del proyecto viene de cómo se escribe la fecha en chino 98/5. El objetivo era promocionar la reputación del sistema educativo chino a nivel internacional mediante la creación de universidades locales de reconocimiento mundial. Así se proporcionó a 39 universidades (del Proyecto 211) recursos adicionales para la construcción de centros de investigación, mejora de sus instalaciones, convocatorias de conferencias internacionales, atracción de profesorado globalmente reconocido y apoyo al profesorado chino para que atienda a conferencias en el extranjero. Este proyecto resultó todo un éxito, dado que hoy en día muchas de estas universidades se encuentran entre las 500 mejores del mundo. [11][12] [13][14]
El 985 Innovation Platform Project se puede considerar como un proyecto complementario en el que se incluyen 33 universidades adicionales. Creado en 2006 y conjuntamente financiado por el Ministerio de Educación y el de Finanzas, el objetivo era el desarrollo de áreas específicas de ciencias e ingeniería. El proyecto 985 fue oficialmente cerrado en 2011, sin que nuevas universidades puedan entrar en este selecto grupo.
En 2009 se formó la Liga C9 entre las 9 universidades fundadoras del Proyecto 985. Este grupo de universidades de élite se compara con la Ivy League de los EE. UU. o el Russell Group en el Reino Unido. La Liga C9 cuenta con el 3% de los investigadores, aunque obtienen el 10% de presupuesto nacional de investigación. Publican el 20% de las investigaciones y consiguen el 30% de las citaciones. [15][16]
La iniciativa más reciente Double First Class (Doble Primera Clase) se aprobó en 2015 y se inició en 2017 con 42 universidades y 465 facultades. De nuevo, el objetivo era posicionar a estas universidades o facultades en el primer nivel mundial para 2050. [17] Supuestamente, no es un reemplazo de los anteriores proyectos, si no una remodelación y una adaptación a las nuevas necesidades del país. La novedad de este proyecto radica en que se centra en las facultades en vez referirse a universidades enteras. Todas las universidades del proyecto 985 son parte de esta nueva iniciativa.
El último proyecto anunciado en 2019 tiene como foco la formación profesional. La fuerza de trabajo está en declive y se estima que representará tan sólo un 57% de la población total en el 2030. Para incentivar la formación profesional, el Gobierno lanza para el 2022 el Proyecto 1+X con la creación de 50 universidades de Ciencia Aplicada con un presupuesto de 13.000 millones de euros. Para elevar la consideración de la formación profesional, que sufre el estigma de ser considerada de segunda categoría, estas universidades lanzan grados con certificados profesionales con las competencias necesarias para encontrar empleo. [18][19]
Todos estos proyectos han otorgado una gran relevancia al sector educativo chino en el mapa mundial de la educación. Además, son buena prueba de que el desarrollo económico de un país pasa por la educación. Sin duda, esto requiere una inversión importante de parte del Gobierno. China ha tenido los recursos para sustentarlo.
CHINA Y EL MUNDO
China se ha convertido en la mayor fuente de alumnos internacionales para muchos países. Desde 1978 y hasta 2019, 6,56 millones de alumnos chinos han emprendido la aventura de estudiar fuera. El desarrollo de la sociedad, la creciente apertura del país y la imposibilidad de acceder a una plaza en una universidad local explican esta evolución. Es curioso observar que, según estadísticas del Gobierno de Pekín, más del 85% de estos estudiantes han vuelto a China al graduarse. [20]
Se ha convertido en el destino favorito de educación superior en Asia. La iniciativa Study in China está dotada con un programa de becas y con apoyo financiero para universidades locales a fin de atraer estudiantes procedentes de estos países
El destino favorito de los alumnos chinos son los EE.UU. Alrededor de un 60% se deciden por este país. En los últimos años, el crecimiento se ha estancado. Se puede explicar por las tensiones en EE. UU. y China y las recomendaciones del Gobierno chino de desestimar a los EE. UU. como destino. La evolución de la última década se puede ver en la tabla 2.
Tabla 2: Evolución de Estudiantes Chinos en el extranjero (2009-2019) [21][22]

Asimismo, China se ha convertido en el destino favorito de educación superior en Asia. Unos 492.000 estudiantes de 191 países han cursado programas en el 2018. Este número se ha duplicado desde 2009 con 238.184 estudiantes. Este crecimiento se explica por una iniciativa lanzada en 2010 con el nombre Study in China.[23] Los estudiantes proceden de Corea del Sur, Tailandia, Pakistán, EE.UU., India, Rusia, Japón, Indonesia, Kazajistán y Laos por orden del número de estudiantes. [24]
Es interesante observar que el 65% de los alumnos vienen de países relacionado con la iniciativa de la Franja y la Ruta, un proyecto de ámbito geoestratégico lanzado en 2013. [25] La iniciativa Study in China se englobó a la sombra de este proyecto y está dotado con un programa de becas, pero también con apoyo financiero para universidades locales a fin de atraer estudiantes procedentes de estos países.
La integración de estudiantes extranjeros es compleja. La mayoría de los estudiantes se matricula en programas impartidos en inglés. Hay tensiones por idioma, culturas e ideología. [26] En cambio, aquellos que atienden programas en chino se enfrentan al escrutinio de sus compañeros chinos. Se percibe que no están al mismo nivel académico. Entran en las universidades por políticas de la universidad o del Gobierno y no están expuestos a la misma competición que los alumnos locales.[27]
EDTECH BOOM Y EXPLOTA
Según el índice de startups por país elaborado por USC Marshall, China está en segundo lugar sólo después de los EE. UU. [28]Aunque este índice se refiere a unicornios y a todos los sectores, en el terreno de la tecnología educativa China ya está en el primer lugar desde 2015. Sólo en 2020 se invirtieron unos 8,7 mil millones de euros en este sector. A finales del primer cuatrimestre de 2021, China invirtió casi dos veces más que EE. UU., seis veces más que la India y diez veces más que Europa desde 2010. [29] El ecosistema se puede apreciar en el siguiente gráfico:
Tabla 3: Ecosistema de edTech China en 2020.

La mayoría de estas empresas de edTech se enfocan a la tutoría. Estas clases privadas, muchos de ellas impartidas online, están ligadas a la preparación para el gaokao. Muchos padres empiezan con esta preparación cuando los niños están aún en la guardería.
La pandemia ha contribuido mucho a su crecimiento de dobles dígitos y se han visto muchas salidas a bolsa de estas empresas en los EE. UU. Aunque el gobierno viene avisando que no ve con buenos ojos la proliferación de estas empresas, por la desigualdad que generan. Padres con suficientes recursos económicos pueden permitirse pagar clases privadas y así asegurar mejores resultados en el gaokao.
Por todo ello, no ha sido una sorpresa el gran asalto del Gobierno a las tutorías privadas el 24 de julio de 2021. Según las nuevas reglas, estas empresas tienen que convertirse en empresas sin ánimo de lucro, no pueden impartir clases relacionadas directamente con el currículo impartido por las escuelas públicas, y las tutorías sólo pueden celebrarse de lunes a viernes. En paralelo, las escuelas públicas han alargado dos horas el horario escolar.[30] Adicionalmente, todos los tutores tienen que vivir en China. Las tutorías desde el extranjero, especialmente para el inglés, quedan prohibidas.
Después del impacto mediático y cotizaciones cayendo en picado, estas medidas encajan con muchas otras tomadas por el Gobierno en otros sectores para fomentar la armonía social e impulsar la igualdad. Mientras algunas empresas de edTech, como Yuanfudao, la más grande del sector, ya estaba alineando su oferta, se estima que habrá un mercado negro de tutorías dada la importancia del gaokao.
CHINA EN 2035
¿Qué habrá alcanzado China en el 2035? Como hemos visto, las iniciativas del pasado han cumplido sus objetivos. Basados en eso, podemos hacer una proyección con ciertas garantías; siempre que no haya un cambio radical en la forma de dirigir el país.
La isla tropical de Hainan en el Sur de China, hasta ahora una zona de turismo de lujo para chinos, se habrá convertido en un centro educativo con dos proyectos que ya están en fase de ejecución: Lingshui Li’an International Education Innovation Pilot Zone [31] y (Sanya Yazhouwan Science and Technology City.[32]
El país se habrá convertido en el líder de investigación en áreas de inteligencia artificial y tecnología quantum. Ya en 2021 ha incrementado un 10% su presupuesto en ciencia y seguirá incrementándolo a un ritmo del 7% anual.[33]
En 2035, China habrá alcanzado su objetivo de ser considerada, como el país de vanguardia en ciencia y tecnología, y se habrá convertido además en el centro de talento internacional en este ámbito
En 2035, China habrá alcanzado su objetivo de ser considerada, como el país de vanguardia en ciencia y tecnología, y se habrá convertido además en el centro de talento internacional en este ámbito. Sus universidades serán los centros de formación de investigadores de primer orden, capaces de mantener ese rol de liderazgo científico. Las regiones principales para este posicionamiento educativo serán Pekín, Shanghái y el área de la bahía grande (Greater Bay Area, que incluye la provincia de Guangdong, Macao y Hong Kong).[34]
Estos proyectos a futuro y todas las iniciativas, alrededor de los mismos, que han tenido lugar en las últimas décadas, revelan el rol clave que asigna el Gobierno de China a la educación, y más aún a la enseñanza superior. Su estrategia de éxito demuestra que el desarrollo social y económico está estrechamente ligado a la educación.
NOTAS
[1] El Universo, Gaokao, el examen para el que los jóvenes chinos estudian más de 12 horas diarias durante años
[2] Martin Trow: Higher Education and Its Growth
[3] Inscripción escolar, nivel terciario (% bruto) (bancomundial.org)
[4] Number of Higher Education Institutions (moe.gov.cn)
[5] Number of Students in Higher Education Institutions (moe.gov.cn)
[6] China Expands Grad Schools as the Young Seek Jobs (nytimes.com)
[7] China’s universities produce millions of graduates each year (scmp.com)
[8] China and U.S. STEM PhD Growth
[9] MOE 2020 Statistical Bulletin on Educational Spending
[10] Project 211 and 985
[11] World University Rankings 2020 (THE)
[12] Best Global Universities in China – US News Education
[13] Best Universities in China in 2021-2022 | CWUR
[14] Best universities in China 2022 | Student (timeshighereducation.com)
[15] Eastern stars: Universities of China’s C9 League excel in select fields (THE)
[16] C9 Alliance (c9league.com)
[17] China to develop 42 world-class universities – People’s Daily Online
[18] China announces major reform to vocational education sector (internationaleducation.gov.au)
[19] China’s push to expand vocational education – ICEF Monitor
[20] Statistics on Chinese learners studying overseas in 2019 (moe.gov.cn)
[21] China: number of students that study abroad 2018 | Statista
[22] IIE Open Doors / All Places of Origin (opendoorsdata.org)
[23] Study in China-02-1.21 (chinamission.be)
[24] Statistical report on international students in China for 2018 (moe.gov.cn)
[25] Chinese overseas students and international students in China 2017 (moe.gov.cn)
[26] How China has been transforming international education (theconversation.com)
[27] https://www.mdpi.com/2071-1050/12/16/6419/pdf
[28] Startup Index of Nations & Regions | USC Marshall
[29] 2020 China EdTech 100. Where are they now? – HolonIQ
[30] What China’s ed-tech crackdown really means – Protocol
[31] Hainan Lingshui Li’an International Education Innovation Pilot Zone — Invest Hainan
[32] Sanya Yazhou Bay Science and Technology City — Invest Hainan
[33] China ramps up tech commitment in 5-year plan, eyes 7% boost in R&D spend | Reuters
[34] Xi unveils plan to turn China into talent hub – Chinadaily.com.cn
Este es un problema viejo vigente desde el siglo XVI (Cervantes Pérez, 2020a). En la última década del siglo XX y los primeros años del siglo XXI, el porcentaje de la población en condiciones de pobreza y de pobreza extrema disminuyó; sin embargo, a causa de la pandemia provocada por la COVID-19 hubo un fuerte retroceso en indicadores clave: a) caída del PIB de 7,7%; b) cierre de 2,7 millones de empresas, lo que aumentó la desocupación y amplió las brechas laborales de género; c) registro de 27,8% de muertes por COVID-19; y d) retroceso de doce años en la pobreza y de veinte años en la pobreza extrema[1] .
La pandemia también potenció importantes avances científicos y tecnológicos asociados a la Cuarta Revolución Industrial (4RI), que afectan de manera significativa a los más vulnerables, sobre todo, habitantes en zonas de alta marginación, rurales e indígenas, y personas que presentan algún tipo de discapacidad. Estamos en una situación desigual que puede durar toda la vida para estos grupos poblacionales; sin embargo, estamos en un momento histórico para corregirlo, como lo plantean desde el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) de la UNESCO, en dos de sus cinco mensajes clave, “Las desigualdades se acumulan a lo largo de toda la vida, reflejando a menudo profundos desequilibrios de poder; y podemos corregir las desigualdades si actuamos ahora, antes de que los desequilibrios de poder económico se trasladen al ámbito político” (PNUD, 2019).
El modelo económico dominante actual presenta ya signos de agotamiento, los cuales fueron discutidos en la 48ª Reunión de Davos 2018[2] . Los más importantes son la creciente desigualdad entre ricos y pobres, los efectos de la 4RI, el cambio climático y la alerta de algunas potencias respecto a la sustitución de Estados Unidos como líder global. Sobre los riesgos interconectados de mayor relevancia, se plantearon dos: las consecuencias adversas de los avances tecnológicos y el alto desempleo, subempleo o informalidad laboral, que se agudiza con la computarización y automatización de la fuerza laboral, ya considerada como fuerza disruptiva por sus efectos de largo plazo en el avance de las nuevas tecnologías a lo largo y ancho de la economía global (World Economic Forum, 2018)[3].
El acceso a todos los niveles educativos en LATAM mejoró significativamente en los últimos años del siglo XX y las dos primeras décadas del XXI; sin embargo, la desigualdad y la pandemia provocaron un retroceso en el acceso y permanencia
En este contexto, existen niveles sin precedente de desigualdad global y de extrema concentración de la riqueza. Alejo, Macías y Lawson (2018) encontraron que: a) el 82% de toda la riqueza creada en 2017 benefició a la clase social que controla más de la mitad de la riqueza del mundo (1% de la población global); b) la clase social más pobre (50%) no recibió incremento alguno; c) el 20% más rico posee el 94.5% de esa riqueza; y d) el 80% restante solo tiene el 5.5%. Hoy día, todos los sectores en LATAM han sido afectados por los cambios asociados a la 4RI y por los efectos devastadores que la pandemia generó.
Respecto a la educación, cabe señalar que el acceso a todos los niveles educativos, desde preescolar hasta educación superior, mejoró significativamente en los últimos años del siglo XX y las dos primeras décadas del XXI; sin embargo, la desigualdad y la pandemia provocaron un retroceso en el acceso y permanencia. En relación con la calidad, “la evidencia internacional reciente demuestra que la calidad es fundamental para el desarrollo y crecimiento económico y, en la región, los aprendizajes estudiantiles aún son bajos, desiguales e inadecuados”[4].
En este artículo, se revisa, en particular, el impacto que han tenido algunas políticas públicas, los avances científicos y tecnológicos asociados a la 4RI y la pandemia causada en la atención a la demanda creciente por ingresar a programas académicos de Educación Superior; del mismo modo busca contribuir a la disminución de las brechas de desigualdad, inequidad e injusticia social, y de manera correlativa, a favorecer la pertinencia y calidad de los servicios educativos, administrativos y tecnológicos que reciben los estudiantes. La misión de las instituciones de educación superior (IES) debe incluir el incremento del capital humano calificado que contribuya en la construcción del bienestar sostenible en la sociedad latinoamericana (inclusión, equidad y justicia social) para toda su población.
EDUCACIÓN SUPERIOR: NUEVOS RETOS, NUEVOS PERFILES
La educación superior se transformó en el siglo XX a un ritmo muy lento, y los cambios observados son, en términos generales, superficiales y altamente conservadores; sobre todo, en la integración de las tecnologías digitales en los procesos educativos. Esto provoca tensiones en toda la región porque sólo se ha alcanzado un 42,2% cobertura promedio en sus programas formales (López-Leyva, 2020), debido principalmente a limitaciones institucionales (financieras, infraestructura y disponibilidad de sus docentes). A ello se suma la falta de respuesta oportuna a la presión de los sectores productivos y de gobierno con respecto a la capacitación y actualización o re-escalamiento de las competencias laborales de los miles de profesionales en activo.
La educación superior tiene tres pilares (ver figura 1): Licenciatura, Posgrado y Educación Continua. La Licenciatura tiene una duración promedio entre tres y cinco años, dependiendo de la disciplina; en el posgrado, las especialidades duran entre un año y año y medio, las maestrías entre año y medio y dos años, y los Doctorados entre tres y cuatro años.
Figura 1.- Composición de la oferta educativa de la Educación superior.

En LATAM durante el siglo XX, acceder a estudios de Licenciatura era garantía de un buen desarrollo personal y profesional, de movilidad social y económica, y de una vida de bienestar. Por esta razón, la demanda por ingresar a estudios universitarios ha sido creciente. Sin embargo, la capacidad de absorción de las IES, públicas y particulares, es muy limitada. Las políticas públicas de diferentes gobiernos en la región para atender esta demanda creciente se materializan con un mayor apoyo financiero a las Instituciones de Educación Superior (IES) públicas y con la creación de nuevas IES. A manera de ejemplo, en la figura 2 se muestran datos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) sobre el crecimiento de su matrícula durante el siglo XX [5] . Poco después de su reapertura en 1910, en 1924, contaba con una matrícula de 7.924 estudiantes; entre 1924 y 1970 aumentó su matrícula a la cifra de 100.000 estudiantes. De 1970 a 1976 se incrementó el presupuesto federal asignado a la UNAM para que en un periodo de 10 años su matrícula creciera el doble de lo que creció en los 46 años anteriores y alcanzar más de 270.000 estudiantes en 1980. En los últimos cuarenta años continuó el crecimiento, aunque con una tasa anual menor, hasta llegar a los 360.000 estudiantes en 2020. El mayor incremento se presentó en los programas de bachillerato (educación media superior) y en los de licenciatura, con menor proporción en el posgrado.
Figura 2.- Evolución de la matrícula de la UNAM en el siglo XX y principios del XXI.

La creciente demanda en educación superior también abarca a la oferta académica en particular, a la creación nuevos perfiles profesionales, resultado de los avances científicos y tecnológicos, fenómenos naturales (e.g, cambio climático) y sociales (e.g., guerras, migraciones). Algunas de las nuevas carreras desarrolladas en el siglo XXI son: Inteligencia Artificial, Neurocomputación, Ciencia de Datos, Telemática, Ingeniería Financiera, Seguridad Cibernética, Robótica, Medicina Genómica, Bioinformática, Física Médica, Nanotecnología, Cambio Climático, Biodiversidad, Biotecnología, Seguridad Alimentaria, Energías Renovables e Ingeniería del Aprendizaje, entre otras.
Con la transformación digital, la educación en modalidades abierta, a distancia, en línea y en ambientes virtuales se ha desarrollado hasta alcanzar altos niveles de madurez. En las últimas tres décadas del siglo XX se crearon múltiples IES, o programas dentro de las IES tradicionales en estas modalidades, las cuales contribuyen a incrementar la cobertura poblacional y territorial, con un enfoque que incluye a todos los grupos sociales, privilegiados y vulnerados, e incluso a los olvidados. Por ejemplo: en 1972, en México se creó en la UNAM el Sistema Universidad Abierta, que en 2009 se convirtió en el Sistema Universidad Abierta y Educación a Distancia[6]; en España se fundó la Universidad Nacional de Educación a Distancia [7]; en 1976, en Costa Rica se creó la Universidad Estatal de Educación a Distancia [8]; en Ecuador se inició la modalidad a distancia en la Universidad Técnica Particular de Loja, UTPL [9]; en 1981, en Colombia se fundó la Universidad Nacional a Distancia [10]; en 1995, en República Dominicana se creó la Universidad Abierta para Adultos [11] y en España se fundó la Universidad Abierta de Cataluña[12] ; ya en el siglo XXI, en 2010, en España se creó la Universidad Internacional de la Rioja (UNIR) [13]; en 2012, en México inició su operación la Universidad Abierta y a Distancia de México[14] ; en 2014 la Universidad Internacional de la Rioja en México, UNIR México[15] ; y en 2019 el Instituto de Estudios Superiores Rosario Castellanos [16]; entre otras más.
Desde finales del siglo XX, la Educación Continua ha ido creciendo de manera exponencial, debido, principalmente, a los cambios provocados por los avances científicos y tecnológicos asociados a la Cuarta Revolución Industrial
Desde finales del siglo XX, la Educación Continua (a lo largo de la vida) ha ido creciendo de manera exponencial, debido, principalmente, a los cambios provocados por los avances científicos y tecnológicos asociados a la 4RI. Este crecimiento se presenta en dos vertientes: a) eventos dirigidos a egresados de programas universitarios formales, para re-escalar o re-definir sus conocimientos y competencias profesionales en su disciplina o en áreas afines; y b) programas de formación, capacitación y actualización de cualquier miembro de la sociedad a lo largo de su vida.
El contexto competitivo en que se desenvuelven las IES se ve afectado por diversos factores externos (Halloran & Friday, 2018) que modulan la demanda creciente por educación superior continua:
a) Cambios en el mundo laboral.- Las disrupciones asociadas a las tecnologías digitales están posibilitando la computarización de alrededor del 50% de los empleos disponibles a la fecha (e.g. 50% en Brasil y 52% en México[17]). A medida que cambian los lugares y forma de trabajo, también cambian los perfiles que se necesitan para que un graduado esté «preparado para trabajar»;
b) Fronteras borrosas entre universidad e industria.- Múltiples organizaciones comerciales no universitarias (Google, Oracle, Microsoft, etc.) ofrecen nuevos servicios educativos, rompiendo así la hegemonía de las IES en la formación, actualización y capacitación del capital humano de todos los países del mundo;
c) Consumidores digitales.- La digitalización empodera a los estudiantes al convertirlos en consumidores permanentes de servicios educativos. Conforme las actividades de estos consumidores cambian a los entornos digitales, dispositivos móviles, las redes sociales, la realidad mixta y la realidad virtual, desarrollan nuevas conductas y expectativas de aprendizaje radicalmente diferentes;
d) Mayor competencia internacional.- La competencia internacional por estudiantes y académicos está cambiando el panorama de la educación superior; la movilidad de docentes, investigadores, estudiantes y contenido didáctico aumentará a medida que los cambios tecnológicos, políticos y demográficos hagan de la internacionalización una actividad cotidiana;
e) El aprendizaje continuo.- La educación como un proceso continuo a lo largo de la vida responde a la necesidad de acelerar la capacitación de la fuerza laboral en la economía; ello aumenta la demanda de un aprendizaje autónomo, adaptativo, asequible, accesible y crítico.
La era digital está atrayendo una generación de proveedores de educación alternativos a las IES, que desarrollan soluciones de aprendizaje bajo demanda, en esquemas de bajo costo
La era digital está atrayendo una nueva generación de proveedores de educación alternativos a las IES. Estos proveedores desarrollan soluciones de aprendizaje bajo demanda, en esquemas de bajo costo y cierran la creciente brecha de conocimientos, habilidades y competencias. Ofrecen la certificación de competencias laborales donde participan de manera conjunta con gobiernos, universidades, empresas y organizaciones de la sociedad civil y reconocen la apropiación de conocimientos de frontera, nuevas habilidades y competencias en una amplia gama de disciplinas, y en diferentes niveles de profundidad (Cervantes Pérez, 2020b). Sledge y Fishman (2014) (tomado de Zozaya, 2021) dividen a estos nuevos proveedores de educación alternativa en dos categorías:
2. Programas de inmersión.- Los esquemas de inmersión ofrecen experiencias intensivas de aprendizaje donde el estudiante adquiere habilidades y competencias específicas en demanda, en periodos de tiempos muy cortos. Por ejemplo los “bootcamps de codificación” como “HackReactor[21] ”, “Codesmith[22] ”, “Academia Full Stack [23]” y “Tecnológico de Monterrey coding Boot Camp [24]”, ofrecen programas de inmersión de tres semanas a seis meses, en los que se reciben conferencias en persona, se aprende entre pares, se ejecutan proyectos prácticos y crean relaciones laborales con futuros empleadores.
La demanda en LATAM, y en el resto del mundo, por la oferta de MOOC ha crecido a una velocidad exponencial. Actualmente, en Coursera participan 190 socios, entre IES y Empresas, que ofrecen 3.800 cursos, 385 especializaciones, 17 certificados con trayectoria hacia maestrías y 20 maestrías. En Coursera, en 2016, se inició el proyecto de MOOC en español con la participación de nueve IES de Iberoamérica: Universidad Austral (Argentina); Universidad Autónoma de Barcelona (España); Universidad de los Andes (Colombia); Universidad de Chile; Universidad Nacional Autónoma de México; IE Business School de España; IESE-Universidad de Navarra (España); Pontificia Universidad Católica de Chile y el Instituto Tecnológico de Estudios de Estudios Superiores de Monterrey (México). En sólo cinco años, entre los 70 millones de aprendices atendidos, 13 millones son de LATAM, el mismo número que en Europa. Dos de los cinco países con más beneficiados son de LATAM: México y Brasil, y uno de los cinco países con mayor crecimiento en el número de aprendices, en 2020, fue Argentina. Los resultados de la encuesta que resuelven los egresados de estos programas indica que el 87% recibe beneficios profesionales; el 88% de aquéllos que no tienen estudios universitarios, el 91% que pertenecen a mercados emergentes y el 84% que estaban desempleados también reportan beneficios profesionales. La evaluación de la calidad de los contenidos generados por la IES y las empresas participantes, así como la de la plataforma Coursera, es muy satisfactoria en todos los cursos, 4,7/5 en promedio (Coursera, 2020). Es importante señalar que la eficiencia terminal no es muy alta y el cómo mejorarla es todavía un tema bajo estudio.
DESARROLLO NECESARIO EN AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE
La educación superior debería considerarse como un bien público cuya prioridad es el desarrollo necesario en LATAM, sustentado en los avances científicos, humanísticos y tecnológicos de cada país. El compromiso debe ser ofrecer una educación pertinente y con calidad de servicio a todos con independencia de la clase, género, etnia, edad, origen sociocultural y capacidad económica. Sin embargo, el desarrollo social, cultural y económico no depende sólo de que las IES de la región, acompañadas por IES de otras regiones (e.g., Estados Unidos y Europa), logren incrementar la cobertura poblacional y territorial con una buena educación.
La educación superior debería considerarse como un bien público cuya prioridad es el desarrollo necesario en LATAM, sustentado en los avances científicos, humanísticos y tecnológicos de cada país
Existen retos que gobiernos, sectores empresariales y sociedad civil deben enfrentar, como es reducir la desproporción entre la oferta creciente de profesionales y la incapacidad del mercado laboral para aprovechar el importante potencial de transformación de una fuerza de trabajo preparada intelectual, científica y técnicamente para impulsar el desarrollo en una región con problemas sociales, culturales, políticos y económicos que están muy lejos de ser resueltos. Es fundamental superar la brecha entre educación y oferta de empleo partiendo de una perspectiva del desarrollo personal, profesional, social y económico que asegure el bienestar, sobre todo, cuando se toman en cuenta variables tales como salario, calidad de vida, riesgo de inversión y vigencia que tendrán los estudios en un mercado laboral cambiante.
La educación es fundamental para el mejoramiento de los procesos de crecimiento y desarrollo económico porque beneficia de manera directa el desarrollo social, cultural y económico de los individuos; favorece la integración del capital humano intelectual y productivo en empleos de mayor calidad; y alinea las cualificaciones con los requerimientos de las economías. Además, una buena educación forma una ciudadanía crítica que participa políticamente en la sociedad. Ello requiere la creación de una alianza internacional entre naciones, organismos multilaterales, organizaciones financieras internacionales, sociedad civil, organismos no-gubernamentales, sectores privados y ámbito académico (PNUD, 2021) para aprovechar las capacidades desarrolladas por cada uno de estos grupos y obtener así resultados a la velocidad y escala necesarias en nuestra ruta hacia la consecución de los objetivos de desarrollo sostenible (ODS[25]) establecida en la agenda 2030.
REFLEXIÓN FINAL
La situación de pandemia causada por la COVID-19 resaltó la importancia de la educación en ambientes digitales y del teletrabajo generados en el marco de la 4RI. Para LATAM, la región más desigual del planeta es una época llena de retos y oportunidades para alcanzar los altos niveles de desarrollo que aseguren que todas las personas disfruten de un óptimo grado de bienestar social, cultural y económico y terminar con la desigualdad, la inequidad y la injusticia social de siete siglos.
Para atender la demanda creciente de la población por una buena educación que abarque formación, capacitación y actualización a lo largo de la vida, es necesario un trabajo colaborativo con la participación coordinada de los diferentes órganos de gobierno, los organismos multilaterales, las empresas nacionales e internacionales, la sociedad civil en su conjunto y, por supuesto, la academia.
Francisco Cervantes Pérez es rector de UNIR México
Alma Herrera Márquez es profesora de la Facultad de Estudios Superiores Zaragoza, Universidad Autónoma de México (UNAM) y directora del Instituto de Estudios Superiores Rosario Castellanos
NOTAS
[1]https://www.cepal.org/sites/default/files/presentation/files/version_final_panorama_social_para_sala_prebisch-403-2021.pdf. Alicia Bárcena, Secretaría Ejecutiva, CEPAL. Visitado Noviembre 19, 2021.
[2] http://www3.weforum.org/docs/WEF_GRR18_Report.pdf. World Economic Forum. The Global Risks Report (2018). Visitado Noviembre 19, 2021.
[3] https://es.statista.com/grafico/22182/numero-de-empleos-perdidos-desde-el-brote-de-covid-19-en-america/, Visitado Noviembre 19, 2021.
[4]https://publications.iadb.org/es/nota-pisa-18-pisa-2018-en-america-latina-como-nos-fue-en-lectura. María Soledad Bos, Adriana Viteri y Pablo Zoido, BID. Visitado Noviembre 19, 2021.
[5] https://www.estadistica.unam.mx/series_inst/index.php. Visitado Noviembre 19, 2021.
[6] https://cuaieed.unam.mx/index.php. Visitado Noviembre 19, 2021.
[7] https://www.uned.es/universidad/inicio.html. Visitado Noviembre 19, 2021.
[8] https://www.uned.ac.cr/. Visitado Noviembre 19, 2021.
[9] https://www.utpl.edu.ec/. Visitado Noviembre 19, 2021.
[10] https://www.unad.edu.co/. Visitado Noviembre 19, 2021.
[11] https://www.uapa.edu.do/. Visitado Noviembre 19, 2021.
[12] https://www.uoc.edu/. Visitado Noviembre 19, 2021.
[13] https://www.unir.net/. Visitado Noviembre 19, 2021.
[14] https://www.unadmexico.mx/. Visitado Noviembre 19, 2021.
[15] https://mexico.unir.net/. Visitado Noviembre 19, 2021.
[16] https://www.rcastellanos.cdmx.gob.mx/. Visitado Noviembre 19, 2021.
[17] Fuente: McKinsey 2017, comunicación personal Jeff Maggioncalda, CEO de COURSERA, 2018.
[18] https://www.edx.org. Visitado Noviembre 19, 2021.
[19] https://www.coursera.org. Visitado Noviembre 19, 2021.
[20] https://www.udemy.com. Visitado Noviembre 19, 2021.
[21] https://www.hackreactor.com/. Visitado Noviembre 19, 2021.
[22] https://www.codesmith.io/software-engineering-immersive-new-york-city. Visitado Noviembre 19, 2021.
[23] https://www.fullstackacademy.com/. Visitado Noviembre 19, 2021.
[24] https://bootcamp.tec.mx/coding/es/. Visitado Noviembre 19, 2021.
[25] https://www.un.org/sustainabledevelopment/es/objetivos-de-desarrollo-sostenible/. Visitado Noviembre 19, 2021.
REFERENCIAS
Alejo, D., Macías, Í. y Lawson, M. (2018). Premiar el trabajo, no la riqueza. Informe de Oxfam. Oxford, Reino Unido: Ed. Oxfam Gran Bretaña para Oxfam Internacional. Pp. 92.
Cervantes Pérez, F. (2020b). El presente-futuro de la Certificación en América Latina. Nueva Revista. UNIR España. No 176.
Coursera (2020). Impact Report: Serving the world through learning. COUSERA, San José, California, USA.
Halloran, L., & Friday, C. (2018). Can the universities of today lead the learning of tomorrow: The University of the Future? Sidney, Australia: Ernst & Young.
López-Leyva, S. (2020) Fortalezas y debilidades de la educación superior en América Latina para la competitividad global. Formación Universitaria. Vol. 13(5), pp. 165-176.
PNUD (2019), Más allá del ingreso, más allá de los promedios, más allá del presente: Desigualdades del desarrollo humano en el siglo XXI. Informe sobre Desarrollo Humano 2019, pp. 17.
PNUD (2021), Plan de Desarrollo 2022-2025, pp. 17.
Sledge, L., & Dovey Fishman, T. (2014). Reimagining Higher Education: How colleges, universities business and government can prepare for a new age of lifelong learning. Deloitte University Press.
World Economic Forum. (2018). The Global Risks Report. ISBN: 978-1-944835-15-6. http://www3.weforum.org/docs/WEF_GRR18_Report.pdf. Geneve Switzerland: Ed. World Economic Forum.
Zozaya Gorostiza, C. (2021). La Cuarta Revolución Industrial y la Transformación Digital de las Universidades. En: Liderazgo, Educación y Tecnología en la era de Innovación y Calidad Educativa dentro de la Revolución Industrial 4.0, (Mogollón de Lugo, I. y Cervantes Pérez, F., Eds.). Ediciones UAPA, Republica Dominicana. Pp. 161.
Si algo caracteriza a nuestra época es aquella “vocación por la nada” que ya Nietzsche señaló como su rasgo principal. Un nihilismo que toma cuerpo en el último tercio del siglo XIX, madura y se enseñorea durante el XX y muestra su universalización en lo que llevamos del presente siglo. Quiere ello decir, y esto es clave para comprender el libro de Costantino Esposito, que todos nosotros somos de alguna manera hijos de él en el sentido de que más allá de nuestras creencias, en el nihilismo nos movemos, respiramos y existimos. Si no tenemos esto en cuenta ni comprenderemos bien la época en que se nos ha dado vivir ni a nuestros semejantes ni, más radicalmente, nuestro propio yo. Pero al mismo tiempo si así son las cosas, entonces los límites de nuestro tiempo, cada vez más evidentes, son por ello mismo las insuficiencias sustantivas de ese nihilismo que está en su misma base.

Esa es la perspectiva sorprendente que adopta este profesor italiano de Filosofía de la Universidad de Bari: reflexionar sobre el nihilismo desde dentro del mismo y no desde sus afueras en las que solo nos es dado lanzar contra él invectivas tan ininteligibles ya como estériles. Y que además no dan cuenta y razón de un fenómeno paradójico de nuestros días: la actitud nihilista se ve a menudo salpicada -contradictoriamente- del cumplimiento de valores y virtudes muy valiosos, como hemos comprobado en la abnegación del personal sanitario durante los peores momentos de la actual pandemia. Como si más allá de abolir cualquier sentido posible de nuestras vidas y las ajenas propio de una época nihilista, permaneciese en el fondo de la realidad y del ser humano una plenitud de sentido que nos envuelve más allá del nihilismo propuesto.
La tesis de Esposito es que el nihilismo se revela insuficiente para dar cuenta y razón de las numerosas manifestaciones de lo real en torno nuestro
El libro de Esposito recoge una serie de artículos, diez, que publicó en L’Osservatore Romano en el primer semestre de 2020 bajo el título Crónicas desde el nihilismo. Para nuestra edición en forma de libro se extendieron los artículos y se añadieron ocho más, sin perder el lenguaje sencillo y comprensible de la redacción periodística original. Escritura ágil que combina la reflexión filosófica con el análisis de series de TV -estupenda su digresión sobre True Detectives del cap. XVIII-; películas – Inside Out-; y relatos como La carretera de Cormac McCarthy con que abre el libro. Lo que resulta una cartografía del fenómeno nihilista muy detallada en sus diferentes manifestaciones actuales, sin olvidarnos de la piedra de toque que también para dicha corriente ha supuesto la experiencia del COVID 19. Donde hemos comprobado que la cosmovisión nihilista no ha estado a la altura de la realidad de una pandemia que en ella misma lleva inserta la fuerza de lo real- opuesto a la nada- y sus múltiples sentidos. Como escribe Esposito al comienzo del capítulo VIII que lleva el sugestivo título de “La gratitud de haber nacido”:
“La angustia de estos meses de pandemia a causa del COVID 19 saca a la luz de forma evidente la actitud nihilista que marca por completo el modo de concebirnos a nosotros mismos y la realidad. Además, muestra de golpe claramente que el nihilismo no está a la altura de la crisis que estamos viviendo durante este tiempo. Las preguntas que nacen de la asfixiante emergencia sanitaria indican que la construcción nihilista de la vida y de la cultura, de la política y de la sociedad, están saltando por los aires desde dentro.” (p. 53).
Y es precisamente el análisis de la realidad, lo que enhebra los diversos capítulos que abarcan -cada uno por separado- distintas caras del poliedro de lo real que se nos ofrece a nuestra mirada actual: desde la evidencia de un sujeto que conoce y un objeto que es conocido, el tema de la felicidad, hasta la noción de certeza y verdad, pasando por el enigma de nuestra libertad que se nos sigue dando, a pesar de la proclama nihilista, como un hecho irreductible. En este sentido, el libro viene a ser un estimulante paseo por las diversas manifestaciones del ser, bien sea a través de la vida misma con su mundo de fondo, bien sea a través de la existencia del ser humano que discurre entre cosas y otros diversos.
El libro dibuja una cartografía del fenómeno nihilista muy detallada en sus diferentes manifestaciones actuales
La tesis de Esposito clarea así a medida que avanzan las páginas: el nihilismo se revela insuficiente para dar cuenta y razón de las numerosas manifestaciones de lo real en torno nuestro. Y a medida que se ha ido extendiendo urbi et orbi ese nihilismo, la misma realidad nuestra y del mundo ha ido desplegando a su vez toda la riqueza del ser que se opone a la marea “ordenada e uniforme” de la nada con los diques de sus diversas manifestaciones y complejidades caóticas de lo real. Porque como ya Jünger atisbó, al nihilismo solo le gusta el orden y no el caos. Y frente a la reducción nihilista, lo real siempre nos sorprende inesperadamente como percibió Virginia Woolf, esa grandiosa “nihilista” tan contradictoria:
“Nuestras jornadas están hechas de “momentos de ser”, aunque estos se encuentran “recluidos” (embedded) en momentos de no-ser, mucho más numerosos. […] Gran parte de la jornada es vivida sin conciencia, pero gracias a la sacudida violenta y repentina en momentos excepcionales, algo acontecía con tal violencia que nunca lo olvidaría.”(p. 87)
Y aquí me parece que está el puente de comprensión que procura construir Esposito. Si entendemos al hombre al modo agustiniano como algo oscilante entre el ser y la nada, entonces cabe desde su peculiaridad hacerse cargo de la realidad con sus zonas de nada -por ejemplo la muerte- sin dejarse arrastrar forzosamente por ella. Y mostrar de paso las “sorpresas” del ser bien opuestas a aquella “nada que nadea” de Heidegger que hoy en su presunto apogeo nos revela, impotente, el comienzo de su ocaso.
“¿Quién va a garantizar la seguridad en Europa sin la pax americana?” se pregunta Joseph Weiler, titular de la Cátedra Jean Monnet de la UE de la Facultad de Derecho de la Universidad de Nueva York, en la sesión “La UE, ¿un objeto político nuevo?”, celebrada en la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR).
La seguridad es, en opinión del experto, uno de los desafíos más graves que tiene la Unión Europea, una vez que “ha terminado la pax americana, como ha evidenciado la retirada de Afganistán; y que EE.UU. ha dejado de ser el policía del mundo”. Aunque “el presupuesto de defensa de todos los países de Europa, sumado, es tres veces el de Rusia”, ningún Estado europeo “puede garantizar la propia defensa” añadió.
El jurista y profesor participó en una nueva sesión del seminario Pensar el siglo XXI, dirigido por el catedrático emérito de Sociología Emilio Lamo de Espinosa, y organizado por el Consejo Social, que preside el exministro Jordi Sevilla, con la colaboración de Nueva Revista.
Lamo de Espinosa introdujo la sesión señalando que el proyecto europeo ha funcionado en una primera fase: “tenemos una economía europea aunque incompleta, con mercado y moneda, pero falta fiscalidad y tesoro. Y no se ha dado el salto a la política; es lo que pretendía el Tratado Constitucional de 2004, que fracasó”. Y se preguntó “¿Dónde estamos hoy y en qué dirección caminamos? ¿Avanzamos hacia una soberanía europea o hacia una re-estatalizacion?”
El euroescepticismo ha pasado de ser un fenómeno marginal a un fenómeno central
Además del problema de la seguridad, el profesor Joseph Weiler planteó en su intervención otros dos desafíos de la UE: el político, y el jurídico. El primero se refiere al “déficit democrático de la Unión”, que explica “el creciente euroescepticismo”; este ha pasado de ser “un fenómeno marginal hace años a un fenómeno central actualmente”. El ponente recordó que no se puede hablar de democracia, “si el ciudadano no puede determinar quién le va a gobernar ni cuál va a ser la dirección general de la política”. Y eso es lo que ocurre en la UE. La gente no va a votar, “porque su voto cuenta para nada”.
Weiler se lamentó de que en la agenda europea no se planteen “reformas institucionales” en este sentido, para reforzar la democracia de los procesos dentro de la UE.
“Sin un arquitectura jurídica sólida no hay un futuro para la Unión Europea”
“Sin un arquitectura jurídica sólida no hay un futuro para la Unión Europea” afirmó refiriéndose al problema jurídico y al choque de competencias entre “instancias judiciales supranacionales y estatales”. Algo “peligroso” como ha puesto en evidencia los pulsos de la Corte Suprema polaca y, anteriormente, de la Corte constitucional alemana de Karlsruhe, que se han enfrentado al Tribunal de Justicia de la Unión Europea, alegando que éste ha actuado más allá de sus competencias (ultra vires).
Como recordó el ponente, él mismo y el profesor de Derecho Daniel Sarmiento, han propuesto una fórmula, en el seno de la Conferencia sobre el Futuro de Europa, para atenuar ese tipo de conflictos. Se trata de crear “una nueva cámara del Tribunal de Justicia de la UE para decisiones intra vires (que está dentro del poder legal de esa instancia), con una composición mixta jueces europeos-jueces nacionales”, que permita abordar con mayor eficacia las disputas sobre límites competenciales europeos.
Ignacio Molina: «España puede generar alternativas, en la UE al tratarse de un país europeísta, relativamente grande, y con mucho potencial»
En la sesión también intervino Ignacio Molina, profesor de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Autónoma de Madrid e investigador principal del Real Instituto Elcano. Matizó que el euroescepticismo del que hablaba Weiler “es una buena noticia”, ya que se produce “porque cada vez la Unión Europea se dedica a temas más importantes que afectan a nuestras vidas”.

Ante la sugerencia de Weiler de que España podría encabezar una coalición dentro de la UE para ejercer cierto contrapeso ante el eje franco-alemán, Molina señaló que “puede generar alternativas, al tratarse de un país europeísta, relativamente grande, y con mucho potencial”.
La propia Francia acaba de alcanzar una alianza estratégica con Italia, la sellar los mandatarios Macron y Draghi el Tratado del Quirinal para relanzar la UE.
Belén Becerril: “la reforma institucional es necesaria para que los ciudadanos puedan decir mi voto cuenta'»
Finalmente intervino Belén Becerril, profesora de Derecho de la Unión Europea y subdirectora del Real Instituto de Estudios Europeos de la Universidad CEU San Pablo.

En su opinión, la UE es “imperfecta pero también imprescindible, porque nos jugamos el futuro, dada la pérdida de peso relativa de Europa en términos económicos y demográficos”.
Añadió que «la Unión sale fortalecida de la pandemia, con dos aspectos muy meritorios: el plan de recuperación y el plan de vacunación”. Pero “la reforma institucional es necesaria para que los ciudadanos puedan decir mi voto cuenta»
Belén Becerril indicó que la Conferencia para el Futuro de Europa es una buena oportunidad para afrontar algunos de esos problemas y que “la respuesta es fortalecer las instituciones supranacionales”
Desde que hace algo más de siglo y medio Karl Marx inventara el término «capitalismo», han abundado extraordinariamente las profecías sobre el derrumbamiento de este sistema socioeconómico. Una de las más categóricas y solemnes fue precisamente la del propio Marx.
CONTRA EL CAPITALISMO
A un historiador económico, como quien esto escribe, la extensión de la hostilidad al capitalismo le sorprende un poco. Se trata, al fin y al cabo, del sistema socioeconómico que ha alumbrado el período de mayor crecimiento que registra la historia, con sus concomitantes de prolongación de la vida humana, aumento del bienestar y multiplicación del número de seres humanos sobre el planeta. Puede decirse que el capitalismo ha prolongado la vida humana, la ha mejorado y la ha extendido. Sus críticos ciertamente enmudecieron un tanto tras el fracaso estrepitoso de su supuesta alternativa, el comunismo, hace ya cuarenta años. Sin embargo, un resentimiento soterrado y tozudo persiste, y aflora en períodos de crisis. Este resquemor tiene sus razones, más emocionales que lógicas. Veamos algunas de ellas.
El capitalismo es el sistema socioeconómico que ha alumbrado el período de mayor crecimiento que registra la historia, con sus concomitantes de prolongación de la vida humana, aumento del bienestar y crecimiento de la población
El funcionamiento de la economía capitalista, la economía de mercado, es difícil de comprender para los no especialistas, es decir, la gran mayoría de la población. El mercado funciona de manera amorfa e impersonal. Una estructura de mando, como la militar o dictatorial, es mucho más comprensible para el profano. El lego entiende mejor una personalización de la responsabilidad que su dilución entre una multitud de decisiones anónimas.
En segundo lugar, este mercado de las decisiones anónimas irradia una sensación de inseguridad o arbitrariedad que la estructura jerárquica no ofrece. Este también es un fenómeno puramente psicológico, porque más arbitrario y temible puede ser un tirano unipersonal que un mercado masivo y anónimo.
Pero el vulgo tiende a ver fuerzas personales detrás de los movimientos del mercado, especialmente de los más espectaculares: se acostumbra a atribuir a especuladores siniestros y malévolos tanto la subida como la bajada de los precios, sean estos de los alimentos, del petróleo o de cualquier otra mercancía importante. Igual que el hombre tiende a atribuir a un dios o dioses personales los fenómenos naturales que no entiende, acostumbra también a culpar a agentes poderosos y ocultos de los fenómenos económicos que le afectan y no comprende.
El capitalismo ha generado grandes desigualdades de renta y riqueza, no porque los pobres sean más pobres (todo lo contrario, los pobres son hoy mucho menos pobres que en las sociedades tradicionales), sino porque los ricos son más ricos
Por otra parte, el capitalismo ha generado grandes desigualdades de renta y riqueza, no porque los pobres sean más pobres (todo lo contrario, los pobres son hoy mucho menos pobres que en las sociedades tradicionales), sino porque los ricos son más ricos. Como vivimos en un mundo de gran transparencia informativa, las brechas de niveles de vida se hacen más evidentes que en épocas anteriores.
A esto se une el fenómeno de la alienación, la despersonalización, el sentimiento del individuo que se siente infinitamente pequeño ante una sociedad impersonal, masiva y globalizada; esta pequeñez del individuo acentúa el sentimiento de inseguridad e impotencia: las fuerzas impersonales del mercado (o, según muchos, los poderes ocultos que mueven los hilos y los precios) pueden aplastar, laminar a un individuo: la inflación puede aniquilar sus ahorros, la depresión puede dejarle en paro. La gran mayoría de la población, los estratos bajos y medios, miran con despecho a los triunfadores, tan visibles y tan envidiables; y resulta muy humano atribuir el propio fracaso o insignificancia al sistema, es decir, al capitalismo. En momentos en que la inseguridad se acentúa por un fenómeno de crisis, la pequeñez y la impotencia se agrandan y generalizan, y el deseo de cambiar el sistema social, de reformarlo radicalmente, crece y se extiende.
A FAVOR DEL CAPITALISMO
Quizá convenga ahora definir el capitalismo. Se trata de un sistema socioeconómico en que la mayor parte de los bienes está en manos privadas y la mayor parte de las decisiones económicas se toman libremente en los mercados. El motor psicológico de este sistema es el afán de lucro, es decir, el deseo general de los individuos de mejorar su situación económica o, en otras palabras, de aumentar su renta o de mejorar su nivel de vida. Esto lo expresó con admirable sencillez Adam Smith cuando escribió que «no es de la benevolencia de nuestro carnicero, bodeguero y panadero de lo que esperamos nuestra comida, sino de la búsqueda de su propio interés». Al perseguir cada individuo su propio beneficio (respetando, por supuesto, las normas legales y morales), nos dice también Smith, resulta como si estuviera «guiado por una mano invisible [para] promover el interés de la sociedad más eficazmente que si conscientemente intentara promoverlo». Préstese atención, sin embargo, a la frase entre paréntesis: los individuos promueven el interés general al promover el propio si lo hacen respetando las leyes y la ética; porque si lo hacen robando y matando, entonces no hay mano invisible que valga; la mano invisible se ve sustituida por la mano negra.
Esta necesidad de que se respeten las leyes para que el sistema funcione eficazmente es lo que justifica la intervención del Estado, que debe velar para que las leyes se cumplan. De no ser ello así la sociedad puede convertirse en una anarquía violenta en que todos luchan contra todos, ni la propiedad ni la vida se respetan, el hombre se convierte en un lobo para el hombre, su vida resulta (en palabras de otro británico genial, Thomas Hobbes) «solitaria, pobre, dura, brutal y breve», y la sociedad se torna parecida a la medieval, cuando reinaban el pillaje y el terror, y la paz era impuesta por los señores de horca y cuchillo.
Igual que el hombre tiende a atribuir a un dios o dioses personales los fenómenos naturales que no entiende, acostumbra también a culpar a agentes poderosos y ocultos de los fenómenos económicos que le afectan y no comprende
Pero volvamos a la mano invisible. Los individuos saben que la mejor manera de progresar es trabajar para los demás, es decir, producir algo que el mercado quiera comprar. Cuanto mejor y más barato sea el bien o servicio que el individuo produce, más deseable será y mayores ingresos producirá a su autor. Por lo tanto, tendrá interés en producirlo de manera eficiente, lo cual espoleará su búsqueda de técnicas que favorezcan una mayor productividad. Esto estimulará a científicos e inventores a desarrollar estas técnicas, que venderán los empresarios: el afán de lucro, por tanto, favorece el progreso técnico, que es una de las más eficaces palancas de desarrollo y bienestar: basta mirar en derredor para advertirlo, porque nuestro nivel de vida se beneficia de estos adelantos técnicos que hoy nos envuelven: automóviles, aviones, ordenadores, teléfonos, electrodomésticos, y un larguísimo etcétera. En consecuencia, el que cada uno persiga su propio interés y beneficio por su cuenta produce, sin nadie buscarlo expresamente, el interés de todos.
Puedo imaginar la expresión de escepticismo en el lector: el mundo capitalista, piensa, no es tan idílico como lo pintan
Puedo imaginar la expresión de escepticismo en el lector: el mundo capitalista, piensa, no es tan idílico como lo pintan, produce grandes desigualdades y hace falta un Estado que supervise sus posibles desmanes y corrija sus frecuentes iniquidades. Esto es en parte cierto, aunque, como han puesto de relieve los defensores del capitalismo más puro, también la intervención del Estado puede causar desmanes e iniquidades, y a menudo lo hace. Por lo tanto, hace ya mucho tiempo que las sociedades humanas más adelantadas se debaten entre la preeminencia del mercado y la del Estado en la toma de decisiones económicas.
Nadie pretende que uno u otro tengan control exclusivo de estas decisiones; ni siquiera los liberales extremos lo pretenden, por las razones que antes vimos: alguien tiene que promulgar leyes (normas de convivencia), y hacerlas respetar, para que el sistema funcione, y a ese «alguien» le llamamos Estado, y le hacemos funcionar democráticamente para que aplique la voluntad de la mayoría. Solamente los comunistas pretendieron el extremo opuesto, es decir, que el Estado controlara todas las decisiones económicas, convirtiendo al mercado en un mero apéndice. Pero el Estado comunista no era democrático, por lo que, de hecho, tal sistema colocaba a la economía y la sociedad entera a merced de una pequeña minoría. Esto es hoy evidente para casi todo el mundo y por eso la opción comunista es propugnada únicamente por una sección muy minoritaria, más una secta que una sección.
LA HISTORIA
¿Cuándo se inició el capitalismo? Prescindiendo de épocas prehistóricas, podemos caracterizar a las sociedades de la Grecia y la Roma antigua como capitalistas en el sentido que aquí hemos dado a la palabra. El Imperio romano, sin embargo, fue tendiendo hacia el estatismo, en especial a partir del siglo III, y desde el derrumbe de su mitad occidental en el siglo V, el confuso sistema feudal que prevaleció en la Edad Media se asemeja más a la anarquía hobbesiana que al capitalismo como lo entendemos hoy. El capitalismo renació al final de la Edad Media, en los intersticios de la sociedad feudal, con el desarrollo de las ciudades del Renacimiento. En las monarquías absolutas de la Edad Moderna el capitalismo fue abriéndose paso con la gran expansión de los mercados que trajo consigo el progreso de la navegación y los descubrimientos geográficos. Fueron Inglaterra y Holanda, que se deshicieron del absolutismo en el siglo XVII, los países donde floreció primero el capitalismo, que en Inglaterra dio lugar a la Revolución Industrial del siglo XVIII y a la era de gran crecimiento que siguió.
«No es de la benevolencia de nuestro carnicero, bodeguero y panadero de lo que esperamos nuestra comida, sino de la búsqueda de su propio interés» (Adam Smith)
El capitalismo, por tanto, ha ido desarrollándose y adaptándose a los cambios sociales a que el propio crecimiento capitalista daba lugar. Con el desarrollo, al crecer el comercio y una incipiente industria, las ciudades también crecían y reclamaban libertades públicas: no es casual que fueran Inglaterra y Holanda, las grandes potencias comerciales e industriales del siglo XVII, sedes de las grandes capitales, Londres y Amsterdam, donde tuvieran lugar las primeras revoluciones políticas que trajeron consigo el régimen parlamentario y liberal.
El capitalismo, el liberalismo, el parlamentarismo y, a la postre, la democracia, han crecido juntos y han evolucionado juntos. Porque, ha llegado el momento de decirlo sin ambages, el capitalismo es flexible y a lo largo de la historia ha experimentado numerosos cambios y reformas. El capitalismo que hoy conocemos es realmente muy diferente del que regía en Europa y América a mediados del siglo XIX. Entonces era mucho más parecido al que Adam Smith había preconizado un siglo antes: un capitalismo de pequeñas unidades (atomístico), con mucho menor intervención estatal que ahora: baste decir que el presupuesto de los Estados acostumbraba a estar por debajo del 10% de la renta nacional, cuando hoy el 40% es considerado normal.
Las décadas centrales del siglo XIX marcan el punto más alto de libertad económica en la historia. Desde Adam Smith la ofensiva paralela de economistas e industriales consiguió que la fuerte intervención estatal característica del Antiguo Régimen (el «mercantilismo») fuera cediendo hasta alcanzar un mínimo en la década de 1860. A partir de entonces la tendencia se invirtió, lenta y gradualmente hasta 1914, de manera radical a partir de la Primera Guerra Mundial. Las razones de este reflujo fueron varias, pero quizá la más importante fuera la extensión de la democracia. Los trabajadores reclamaron el voto para promover una legislación que les protegiera de las inclemencias del mercado. Es lo que se ha venido a llamar el «Estado de bienestar», que implica una creciente injerencia del Estado en la economía. La participación del Estado en la economía aumentó considerablemente. A ello contribuyeron asimismo factores políticos como la Revolución Rusa, el triunfo del fascismo en los años treinta y la Gran Depresión (1929-1939), que desprestigiaron el liberalismo económico y convencieron hasta a los países democráticos de que la intervención del Estado en la economía era necesaria para evitar una nueva depresión. A dar respetabilidad a esta convicción contribuyeron las teorías de John Maynard Keynes, que sostenía que el capitalismo en la postguerra no funcionaba ya como antes, por lo que se requería este aumento de la intervención estatal.
Los individuos saben que la mejor manera de progresar es trabajar para los demás: producir algo que el mercado quiera comprar. Cuanto mejor y más barato sea el bien o servicio que el individuo produce, más deseable será y mayores ingresos producirá
Desde entonces el capitalismo oscila entre dos escuelas, la liberal «pura» y la keynesiana. En tiempos de crisis o depresión se tiende a buscar remedios keynesianos, en tiempos de bonanza aumenta la fe en el automatismo del mercado. Hoy se habla, en vista de la pasada crisis, y de la actual (2021), debida a la pandemia del COVID, de una vuelta a la economía keynesiana. No de otra manera pueden interpretarse las gigantescas operaciones de salvamento que se han orquestado y que van a causar pavorosos aumentos en los déficits presupuestarios de muchos países. Pero este nuevo reflujo hacia una mayor intervención económica será un fenómeno temporal.
El sistema capitalista no tiene alternativa: la versión liberal y la keynesiana son dos variantes dentro del marco del capitalismo, que ha sido reformado muchas veces, que ha evolucionado históricamente, y que seguirá haciéndolo sin duda. Pero dado lo que es el ser humano como lo conocemos, va a seguir siendo el afán de lucro lo que mueva la economía, y no se le ve alternativa viable. Hay capitalismo para rato.
«Every step and every movement of the multitude, even in what are termed enlightened ages, are made with equal blindness to the future; and nations stumble upon establishments, which are indeed the result of human action, but not the execution of any human design.» (Adam Ferguson, Civil Society, 1767). («Cada paso y cada movimiento de la multitud, incluso en las llamadas edades ilustradas, se dan con la misma ceguera sobre el futuro; y las naciones tropiezan con ordenamientos sociales y políticos que de hecho son el resultado de la acción humana, pero no la ejecución de ningún designio humano»).
«¿Por qué capitalismo?» es una pregunta que puede entenderse de dos maneras: una, si puede llamarse capitalista al mundo en el que vivimos; otra, si queremos que nuestro mundo sea cada vez más capitalista.
El apelativo «capitalismo» para designar un sistema social tomó vuelo en la obra de Karl Marx, especialmente en el Manifiesto comunista de 1848. El supuesto de partida era que la historia de la humanidad debe analizarse en términos del progreso de un sistema social a otro, del imperio romano al feudalismo, y luego al mercantilismo, la Ilustración, el capitalismo burgués, y por fin el socialismo y comunismo… Tal era en efecto la visión de ese profeta alemán, del que parece que nunca nos libraremos. Esta visión «científica» de la historia es un error que ha tenido graves consecuencias, no solo filosóficas sino también humanas. En verdad, no es científica sino utópica y la Utopía es una bella muchacha con los pies bañados en sangre.
No hay tales «sistemas sociales», que son un espejismo. Pueden esos sistemas usarse como modelos heurísticos, como instrumentos para clasificar datos e interpretar la realidad, cuando no la deforman. Los cognoscenti hablan del capitalismo como un estado social con su propio motor y lógica interna. Lo convierten en cuasi-persona, como una totalidad que hay que atacar o defender en nombre del progreso humano. No son solo Marx y los socialistas quienes han concebido el capitalismo como un sistema real, sino también historiadores económicos como los reunidos en los dos notables volúmenes de la Cambridge History of Capitalism (2014). Ellos también ven el capitalismo como un sistema, con variantes, sí, pero con su propia autónoma vida, para algunos como el monstruo del Dr. Frankenstein.
Sin quererlo nadie fue naciendo un mundo de intercambios comerciales, de ahorro e inversión, de servicios financieros, de maneras de contratar
La visión del llamado sistema capitalista es muy distinta cuando se lo enfoca desde el individualismo metodológico. Si nos colocamos en el punto de vista del individuo en busca de riqueza y respeto, si destacamos la importancia de costumbres surgidas en las sociedades occidentales, el «capitalismo» ya no aparece como un fenómeno total, explicable por leyes históricas y movido por la lucha de clases o los conflictos entre Estados.
Se revela como un inesperado fenómeno que los países sin tradición de libertad encuentran difícil de imitar, pero cuya sorprendente consecuencia ha sido el crecimiento extraordinario de la población mundial, el aumento inesperado de los ingresos per cápita y la mejora del bienestar humano más allá de nuestras más halagüeñas esperanzas, primero en Europa y Norteamérica y luego aunque de manera más frágil en los más diversos lugares del mundo.
Hablando con propiedad y si no nos obsesionamos con la búsqueda de prolegómenos, veremos que la autonomía económica en el marco del libre mercado es la consecuencia de un corte histórico, de un corte iniciado por los burgueses de algunas ciudades católicas del norte de Italia y de las plazas protestantes de Holanda, Escocia e Inglaterra. Los parteros fueron contables, feriantes, banqueros, comerciantes, científicos, no legisladores ni políticos, con una importante excepción: la de los reyes y señores, siempre alcanzados de fondos, que pagaban altos intereses a sus banqueros por sus ingentes préstamos y por remitir dineros a los teatros de guerra naval y terrestre, que sin saberlo echaron las bases de nuestras instituciones financieras, esas instituciones que facilitan la transformación económica al creer ofrecer a la inversión fondos no ahorrados previamente. Así, sin quererlo nadie, fue naciendo un mundo de intercambios comerciales, de ahorro e inversión, de servicios financieros, de maneras de contratar, en el que han surgido nuevas formas más libres de comportarse los hombres en sociedad. Y lo más importante es que todo ello ha sido la matriz de las actividades verdaderamente transformadoras de nuestras sociedades, a saber, la innovación y la invención: innovaciones como la letra de cambio de los mercaderes y banqueros italianos o inventos como la aplicación del vapor a la minería, los telares y el transporte por ferrocarril.
David Hume extrajo de su conocimiento de la historia tres condiciones para que las sociedades se civilizaran: el respeto de la posesión, la transmisión voluntaria de las propiedades y el cumplimiento de las promesas
El filósofo David Hume (1711-1776), muy crítico de la teoría racionalista del derecho y la política, extrajo de su conocimiento de la historia tres condiciones para que las sociedades se civilizaran: el respeto de la posesión, la transmisión voluntaria de las propiedades y el cumplimiento de las promesas. Para que estas tres condiciones tuvieran a lo largo del tiempo el efecto de hacer crecer la población, además del ingreso per cápita y el bienestar era necesaria una cuarta condición: que los individuos respondiesen a los cambios de precios en vez de intentar congelarlos.
A esta visión evolutiva de las sociedades, Adam Smith añadió su análisis del avance de las economías. Resumió en tres las causas de la transformación ocurrida dentro de ese marco institucional: la división del trabajo, la extensión de los mercados y la innovación técnica. La división del trabajo, que tan milagrosos efectos tenía en la fábrica de alfileres, necesitaba un mercado cada vez más amplio para permitir la especialización; el trabajador, aburrido por la rutina, buscaba automatizar partes de su labor y poner en práctica inventos e innovaciones. Smith mismo concluyó que el libre comercio internacional amplía los mercados y la productividad del mundo entero. La aplicación de la ciencia transforma las técnicas de producción. La competencia, que es una forma de colaboración, nos transporta a planos de mayor productividad. Y no se olvide que la demanda de los humanos es infinita.
Sin embargo, nos convence Deirdre McCloskey cuando nos dice que la explicación del mundo burgués de los siglos de la revolución industrial no puede ser exclusivamente legal o económica. En el siglo XVII tuvo lugar en Europa del Norte un cambio moral. Tanto en Holanda como en Inglaterra, las clases negociantes y fabriles accedieron a lo que ella llama «la dignidad burguesa». Para ser respetado ya no era necesario vivir de las rentas y obtener un título nobiliario. El comerciar en el Báltico o en el Caribe, el crear un banco sólido y próspero, el obtener crecidos beneficios con una fábrica textil dejaron de ser causa de desprestigio para convertirse en fuente de aprecio social. Además, fueron precisamente esos inconformistas los que a principios del siglo XIX limpiaron el sistema mercantil de viejas lacras prohibiendo el tráfico de esclavos y aboliendo la esclavitud misma.
Se quejan algunos historiadores de que tradicionalmente se dé excesiva importancia a la personalidad de los innovadores de la primera mitad del siglo XIX. También insisten algunos en el tardío efecto de las innovaciones de la Revolución Industrial en el crecimiento de las economías en su conjunto. La cuestión importante es si esos avances innovadores sirvieron para volcar la ideología hacia la admiración por lo nuevo y materialmente productivo. La aplicación del bombeo del agua de las minas de carbón por bombas movidas por vapor, la transformación de la industria textil gracias a Arkwright, la máquina de Watt para producir movimiento con la energía de vapor, la locomotora Rocket de los Stephenson, el refino del hierro por pudelación de Cort, no transformaron inmediatamente la producción industrial inglesa, pero sirvieron para difundir la idea del progreso económico y social, y reducir la resistencia al cambio de los partidarios del status quo.
Las pensiones de reparto dan lugar a dispendios financieros que no pueden seguir acumulándose sin peligro para las libertades y la propia productividad de las sociedades democráticas
La obsesión con la parte mecánica de estas transformaciones y el alto coste de capital que se suponía necesario indujeron a los industrializadores marxistas de la Rusia revolucionaria a un grave error. Pensaban que la industrialización exigía un alto grado de capitalización inicial. Esa «acumulación primitiva» había de realizarse, creían, por la cruel extracción de plusvalía de una población semiesclava, cuando la esencia de la transformación estaba en novedosas ideas aplicadas.
PASADO Y FUTURO DEL CAPITALISMO
El capitalismo tiene mala prensa, sobre todo en las postrimerías de crisis graves, como han sido la financiera de 2008 o la pandemia de 2020. Muy al contrario, el pasado de los sistemas de libre mercado es sencillamente glorioso, pese a tropiezos, como salvajes guerras mundiales, mal diseñadas intervenciones, ciegas promesas de bienestar social. El ensayo de Leandro Prados de la Escosura en la mencionada Cambridge History recoge una continua evolución al alza del desarrollo humano desde 1870 hasta hoy, y sin visible interrupción. El gráfico 15.2 del volumen 2 es muy elocuente. Cierto que gran parte de esta evolución positiva en los países adelantados se atribuye a la creación del llamado Estado de bienestar, que, no se olvide, ha podido financiarse gracias a la productividad de la economía. Cierto que hay gastos sociales que mejoran esa productividad, como son lo invertido en educación y sanidad públicas. No hay que olvidar, sin embargo, el efecto de la catequesis progresista sobre la libertad individual ni tampoco los gastos difícilmente sostenibles de la salud gratuita. Más generalmente, los llamados entitlements, especialmente las pensiones de reparto, dan lugar a dispendios financieros que no pueden seguir acumulándose sin peligro para las libertades y la propia productividad de las sociedades democráticas.
No podemos estar seguros de que el libre mercado de las sociedades abiertas no vaya a desaparecer. El mayor peligro nace de la utilización de la economía como un arma de poder
No podemos estar seguros de que el libre mercado de las sociedades abiertas no vaya a desaparecer. El mayor peligro nace de la utilización de la economía como un arma de poder. La economía es un juego de suma positiva; la política, un juego de suma negativa, en especial cuando se buscan votos prometiendo panem et circenses. Casi más peligrosa es la tentación de utilizar la productividad del libre mercado para crear Estados e Imperios. No sería la primera vez que los defensores de las libertades individuales se sublevaran contra el imperialismo de sus gobernantes. Cobden y Bright intentaron inútilmente detener la bulimia territorial de los gobiernos victorianos. Bismarck y sobre todo el emperador Guillermo de Hohenzollern crearon una Alemania fabril y proteccionista empeñada en gobernar a Europa. La moda del colonialismo se extendió tras el Congreso de Berlín de 1885, incluso los Estados Unidos de Teddy Roosevelt también se infectaron. Hoy vuelven los sátrapas que buscan reforzar sus poderes por medio de la industrialización y la tecnología. El futuro no está escrito.
REFERENCIAS:
Neal, Larry y Williamson, Jeffrey G. (2015): The Cambridge History of Capitalism. Vol. I The Rise of Capitalism. Vol 2 The Spread of Capitalism. Cambridge University Press.
McCloskey, Deirdre N. (2010): Bourgeois Dignity. Primer volumen de una trilogía. Chicago University Press.
El derecho a la propiedad privada, se dice en la encíclica Fratelli tutti, es un derecho natural meramente «secundario», «derivado del principio del destino universal de los bienes creados». Por ello –se añade poco después– no se debe «sobreponer a los [derechos] prioritarios y originarios» (n.º 120)*. El papa Francisco se está refiriendo ahí, sobre todo, a Juan Pablo II y a algunos padres de la Iglesia que defendían la tesis de que «si alguien no tiene lo suficiente para vivir con dignidad» eso se debe «a que otro se lo está quedando» (n.º 119). ¿Cuál era el contexto de esa concepción de la Antigüedad cristiana? ¿Qué entendía la tradición por «derecho natural secundario»? Y ¿concebía la doctrina social de la Iglesia desde la Rerum novarum la derivación del derecho a la propiedad privada a partir del principio del destino universal de los bienes realmente como una relativización del primero a favor de un derecho superior de la comunidad?
LA ECONOMÍA DE LA ANTIGÜEDAD ROMANA: UN JUEGO DE SUMA CERO
El principio del destino universal de los bienes creados es, indiscutiblemente, un principio fundamental de la doctrina social católica. Tiene sus raíces en el mito de la Antigüedad griega de una Edad de Oro originaria. Ese relato llegó a la teología cristiana a través de la influencia de la Estoa. Así, en la nonagésima de sus Cartas a Lucilio, especialmente famosa, Séneca nos cuenta de una época de «posesión, libre de preocupaciones, de la riqueza común», en la que cada uno «miraba por el prójimo como por sí mismo». Sin embargo, se nos dice que en ese «mundo ordenado de la forma más feliz» irrumpió la codicia. La ávida acumulación de propiedad por unos pocos como causa de la pobreza de todos los demás, así pues un juego de suma cero: tal era la narrativa estoica de la índole económicamente decadente del mundo presente. Ese es hasta hoy el fundamento de toda crítica a la propiedad privada.
Un transmisor decisivo de esa narrativa fue Cicerón, que la conocía probablemente por las lecciones del filósofo estoico Posidonio de Apamea, pero que no la empleó en modo alguno contra la propiedad privada. En De Officiis (I, c. 7, 21) habla de la doctrina de los estoicos según la cual «lo que ha surgido en este mundo» «ha sido creado en su conjunto en provecho de los hombres». Aunque «no existe por naturaleza ninguna clase de propiedad privada», añade Cicerón, esta ha sido surgiendo a lo largo del tiempo a causa de la guerra y del poder resultante de ella, o por obra de leyes, contratos, acuerdos o sorteos; quien no la respete «vulnerará el principio jurídico de la comunidad humana». Puntualiza que, no obstante, al emplear la propiedad privada todos «deben seguir como guía la naturaleza y poner en el centro el provecho común».
Hay riqueza que no descansa ni en la injusticia ni en el robo, sino en la creación de valor
Esta era una posición bien matizada que se nutría del ethos estamental de la nobleza romana. No en vano, la plebs romana –la gran masa de los ciudadanos– dependía para sobrevivir de gigantescas importaciones periódicas de trigo financiadas por los ricos. Hacer esos donativos en bien del pueblo se consideraba un deber de los ricos como ciudadanos del Estado, pero también era una cuestión de supervivencia de un sistema fundado sobre el poder y el clientelismo y que al mismo tiempo –menos en Oriente que en el Occidente romano– despreciaba el ánimo de lucro y el comercio y se encontraba desde el punto de vista económico en una espiral descendente crónica. En ese sistema solo se podía llegar a ser realmente rico –y seguir siéndolo– a costa de otros. Tanto más se afanaban los ricos por mantener contento al pueblo con pan y circo.
LA NECESARIA CONTEXTUALIZACIÓN DE LA CRÍTICA DE LA ANTIGÜEDAD CRISTIANA A LA RIQUEZA
Todo lo anterior dejó claras huellas en la crítica del cristianismo temprano a los ricos y en la consiguiente ética de la propiedad. El pensamiento cristiano de la Antigüedad tardía sobre la riqueza y la propiedad estaba caracterizado, según lo traza Peter Brown en su monumental obra Por el ojo de una aguja (Barcelona 2016), por la idea de instar a los ricos a que hiciesen lo que ya hacían desde siempre, pero a partir de ese momento no por deber patriótico como ciudadanos, sino para ceder su riqueza a la Iglesia, que no en vano miraba ya por los pobres. De ese modo adquirirían un tesoro en el cielo y, al mismo tiempo, quedarían a salvo de los peligros morales de la riqueza.
El primer dignatario eclesiástico que predicó eso y lo practicó él mismo fue un riquísimo descendiente de una familia senatorial romana llamado Ambrosio, primero prefecto al servicio del emperador y desde 374 obispo de Milán. Fue también san Ambrosio quien –haciendo referencia a su modelo, Cicerón– en su obra titulada asimismo De Officiis elogió vivamente la «tesis favorita» de los estoicos de que todos los productos de la tierra están creados para su uso por los hombres y para provecho general de estos, y por ello son comunes a todos. Sin embargo, a diferencia de Cicerón, emplea esa doctrina para despojar a la propiedad privada de toda dignidad moral viendo en ella una usurpatio, es decir, una apropiación contraria a Derecho. Y, así, en sus famosas homilías contra los ricos –ricos cristianos– el hábil retórico les grita: «No estás dándole al pobre algo de tu propiedad, sino devolviéndole lo que es suyo» (De Nabuthe 12, 53).
Esto muy bien podría estar en correspondencia con la realidad de aquel entonces de una «economía de suma cero». San Ambrosio sabía de qué hablaba y de dónde provenía la riqueza de los ricos. Lo que a él –que había puesto él mismo su patrimonio a disposición de la iglesia de Milán, por ejemplo haciendo que se construyese una basílica, la actual basílica de San Ambrosio–– le interesaba era desenmascarar la avaricia de los ricos, hacer de ellos benefactores de la nueva plebs de sus fieles y fundir esas dos partes en un pueblo fiel unido.
Locke señaló que mediante el trabajo, lo que Dios creó en bien de todos los hombres, la tierra y sus frutos naturales, pasa a ser propiedad de algunos de ellos. Así no se quita nada a nadie, porque mediante el trabajo el bien común de la humanidad no disminuye, aumenta
Parecidamente actuó doscientos años después san Gregorio Magno como genial fundraiser en favor de la Caritas organizada por la Iglesia. Escribió en su Regla pastoral (III, 21): «Cuando damos algo a los pobres no les estamos dando algo nuestro, sino que les estamos devolviendo lo que les pertenece». Como san Ambrosio, se apoya en «que la tierra pertenece a todos […] por igual y, por ello, también produce alimento para todos por igual».
Las frases como esas hay que leerlas en su contexto original. Lo mismo sucede, aunque por otras razones, con ciertas afirmaciones del arzobispo de Constantinopla, aunque natural de Antioquía, Juan Crisóstomo. Su ideal no era el del noble romano, sino la comunidad de bienes de los primeros cristianos de Jerusalén (cfr. Hch 4, 32-35). En su comentario a los Hechos de los Apóstoles, san Juan Crisóstomo no aboga por organizar con ayuda de los ricos la atención de la Iglesia a los pobres, sino que, antes bien, desea poner sobre una nueva base toda la sociedad de Bizancio, cuya proporción de pobres estima en la mitad del conjunto de la población: exige una redistribución radical de la riqueza de los ricos. La sociedad, cada casa, debe convertirse en un convento en el que todo sea común a todos. A la objeción, formulada por él mismo, de que de dónde provendrían entonces los nuevos recursos para cubrir las necesidades del pueblo una vez que los ricos hubiesen repartido sus bienes, responde el Crisóstomo lo siguiente: a quien hace el bien Dios no le dejará en la estacada, y basta confiar en la gracia y en la Providencia. A la economía de suma cero se le une ahora en el Crisóstomo, así pues, la economía de la gracia y de los milagros.
Clemente de Alejandría había visto eso mismo –un siglo antes– en su obra Quis dives salvetur? (13-14) de una forma totalmente distinta: ¿si no hubiese ricos, se pregunta, quién podría entonces ayudar a los pobres? Su respuesta: el problema no es la riqueza, sino la avaricia y la codicia. También san Agustín era de otro sentir que el Crisóstomo: la propiedad común, nos dice, solo funciona en pequeñas comunidades monásticas de pertenencia voluntaria, como la fundada por él mismo. Para la sociedad como un todo adopta la posición de Cicerón, si bien ahora en una versión cristiana: aunque la propiedad privada no estaba prevista por naturaleza, en el actual estado del hombre –tras el pecado original, por tanto– es la única posibilidad de convivir en paz en la sociedad. Por ello, según argumenta san Agustín contra los donatistas, cada uno posee lo que posee conforme a la ley humana, y al poder estatal le incumbe la tarea de proteger la propiedad privada; por Derecho divino, en cambio, pertenece (según lo expresa el salmo 24 [23], 1) «al Señor cuanto llena la tierra» (Tratados sobre el evangelio de San Juan 6, 25).
La referencia al destino universal de los bienes no supone que el derecho a la propiedad privada quede limitado por razones sociales. La propiedad privada es precisamente el medio para que los bienes de este mundo cumplan su función de servir a la común utilidad
Así pues, «al principio», por naturaleza o en el paraíso todo era común y no había propiedad privada, mientras que después del pecado original el derecho a ella se ha convertido en una necesidad moral y jurídica. Siguiendo justo esa tradición, presente también en la escolástica medieval, se caracterizó el derecho a la propiedad privada desde el siglo XIX como un derecho natural «secundario»: no para relativizarlo como subordinado respecto de los «derechos de la comunidad», sino para situarlo desde el punto de vista de la historia de la salvación en la época posterior al pecado original. Más tarde, sin embargo, se iba a añadir a tal concepción un segundo modo de llamar «secundario» a ese derecho natural. Ahora bien, tampoco ello condujo a una relativización del derecho a la propiedad privada, sino, como veremos, a una fundamentación más profunda del mismo.
LA ÉTICA IUSNATURALISTA DE LA PROPIEDAD EN LA EDAD MEDIA
La Plena Edad Media, en la que empezaron a florecer el capitalismo comercial y la banca, pensaba de otro modo que la Antigüedad cristiana. Del mito fundacional estoico de una comunidad original de todos los bienes apenas se encuentran huellas en la teología de esa época. También la mentalidad romana de la suma cero parece extinguida, y, antes bien, se reflexiona acerca del dinero como «capital fructífero». Los pioneros a ese respecto fueron precisamente miembros de la orden franciscana, surgida del movimiento de pobreza medieval, especialmente Petrus Iohannis Olivi (1248-1298). En su Tratado sobre contratos, muy influyente, fue probablemente el primero en reflexionar de forma sistemática acerca de que hay riqueza que no descansa en la injusticia y el robo, sino en la creación de valor, y acerca de que el dinero que se invierte corriendo riesgos en negocios que pueden dar beneficio es «capital» que no solo arroja un beneficio comercial, sino que también es de utilidad para la sociedad y mejora la vida de las personas.
Precisamente en esa época se encuadra la fundamentación iusnaturalista de la propiedad privada por Tomás de Aquino: bien es cierto, razona, que en virtud de la naturaleza que los hombres comparten con los seres vivos no racionales nada concreto pertenece a esta o aquella persona. Sin embargo, de cara a la eficiente y pacífica utilización de los bienes la propiedad privada es lo conforme a la naturaleza para el hombre como ser racional, un mandato de la razón natural y parte integrante del ius gentium, del Derecho de todas las naciones (II-II, q. 57, a. 3). También el calvinista holandés Hugo Grocio argumentará de forma similar en su De iure belli ac pacis (1625): aunque por naturaleza esto o aquello no pertenece a nadie, la protección de la propiedad «tal y como existe ahora» es, no obstante, una exigencia del Derecho natural. Queda sancionada moralmente por el mandamiento «No robarás» y jurídicamente por la ley positiva. Por tanto, también aquí –a diferencia de lo que sucedía en san Agustín– encontramos dos niveles de fundamentación, lo cual llevó a teólogos posteriores a presentar la propiedad privada como «derecho natural secundario», pero tampoco en ese caso, según ya dijimos, en modo alguno para relativizarla o clasificarla como cosa «de segundo rango» o subordinada.
La propiedad no cumple su función social solo si se la limita mediante los impuestos o la regulación, o se emplea en un sentido caritativo. Lo hace sobre todo cuando se utiliza con espíritu emprendedor o se invierte productivamente
Santo Tomás fundamenta con argumentos antropológicos realistas por qué la propiedad privada está en correspondencia con la naturaleza humana –que de ningún modo es altruista– y, a diferencia de la propiedad común, precisamente por eso es de utilidad para la sociedad (II-II, q. 66, a. 2). Por esa misma razón subraya que las posesiones privadas siempre se deben emplear también en pro de la comunidad. Por ello, nos dice, en un caso de urgencia extrema –cuando esté en juego la supervivencia misma– nadie tiene derecho a escudarse en sus títulos de propiedad: en ese caso todo es común. Tal era, según estimaciones actuales, la situación en la que se encontraba en la Antigüedad tardía la tercera parte de la población, que sin limosnas de los pudientes sencillamente se hubiese muerto de hambre. En cambio, esa no era ya, salvo en tiempos de hambruna, la situación general reinante en la Edad Media.
¿Y el principio de que Dios ha creado los bienes de este mundo para utilidad de todos los hombres? No se menciona en ningún lugar, y tampoco aparece en la fundamentación de la «función social» de la propiedad que enseña santo Tomás. Eso no debe sorprendernos, toda vez que no en vano tal principio se empleó en la Antigüedad cristiana precisamente para desacreditar moralmente la propiedad privada. No tenía cabida en el mundo medieval, salvo en las formas del movimiento de pobreza rechazadas por la Iglesia como heréticas. Solo subsistió la tradición agustiniana de una comunidad de bienes original existente antes del primer pecado, pero precisamente no se empleó contra la propiedad privada como derecho natural «secundario», vigente en el actual estado de la humanidad.
LA VISIÓN MODERNA: PROPIEDAD Y TRABAJO
Sin embargo, a finales del s. XIX reaparece el principio del destino universal de los bienes –como surgido de la nada, por así decir–, y lo hace concretamente en la encíclica social de León XIII que fue publicada en 1891 con el título Rerum novarum y marcó el comienzo de lo que hoy llamamos «doctrina social de la Iglesia». La primera encíclica social se publicó en la época del capitalismo industrial, un mundo de productividad del trabajo humano nunca vista, de acumulación, de empleo de capitales enormes y de constante innovación. En un mundo también, no obstante, en el que los trabajadores estaban en gran parte sin protección alguna a merced de sus patronos, los cuales a su vez con frecuencia se lo jugaban todo entre enormes riesgos para hacer realidad sus aspiraciones y sueños empresariales. Ahora bien, ese mundo caracterizado por un vertiginoso dinamismo de la economía y su final éxito económico, que se manifestó en un constante incremento de la calidad de vida de las grandes masas, descansaba precisamente en la consecuente y decidida protección de la propiedad privada por el Estado.
La propiedad privada es social precisamente porque sirve como medio para que se beneficien de los bienes de este mundo todos los hombres
Los autores de la Rerum novarum eran conscientes, según todo parece indicar, de la relación que existe entre propiedad privada y progreso económico. Pues justo en esa perspectiva vuelve a surgir ahora en un lugar destacado la referencia a que Dios creó los bienes de la tierra para utilidad de todos los hombres. Pero no reaparece, sin embargo, a fin de relativizar el derecho a la propiedad privada considerándolo cosa de segundo rango, sino –muy al contrario– para fundamentarlo y defenderlo frente al socialismo colectivista.
¿Cómo se explica que el principio del destino universal de los bienes resurgiese precisamente entonces en ese contexto? La Rerum novarum no cita en su apoyo a autores cristianos –todavía Wilhelm Emmanuel von Ketteler se había guiado exclusivamente por Tomás de Aquino– y tampoco remite a otras fuentes. Según es bien sabido, los autores de la Rerum novarum echaron mano de la doctrina de la propiedad del filósofo inglés John Locke. Ya al comienzo del quinto capítulo de su Second Treatise on Government (titulado «On Property») se nos dice que Dios «dio el mundo a todos los hombres en común». Locke cita en apoyo de su tesis el salmo 115, 16, que, sin embargo, no permite esa lectura. Es Locke mismo quien añade «todos» y «en común». Peter Laslett, editor de Locke, conjetura que el filósofo británico se inspiró para ello –aparte de en su amigo James Tyrrell– en el teórico iusnaturalista de la primera Ilustración alemana Samuel Pufendorf. Ahora bien, este se remitía en De iure naturae et gentium (IV, 4, 9) a su vez a Hugo Grocio (De iure belli ac pacis, II, 2, 2). Dios, leemos allí, «dio al hombre, ya con la creación del mundo, el derecho a todas las cosas inferiores», y por ello al principio todo pertenecía a todos de forma indivisa; Grocio cita a ese respecto al padre de la Iglesia del s. II san Justino. Pero eso tampoco era más que la tradicional referencia a una paradisíaca comunidad de bienes original (una referencia que también encontramos en los escolásticos tardíos españoles).
Locke, en cambio, dice más, pues añade lo siguiente: Dios no solo dio el mundo a todos los hombres en común, sino que «también los dotó de razón a fin de que la utilizasen para su mayor utilidad posible y para disfrutar de su vida». Mediante el trabajo, lo que Dios creó en bien de todos los hombres –se está aludiendo sobre todo a la tierra y a sus frutos naturales– pasa a ser propiedad de algunos de ellos. Con eso no se está quitando nada a nadie, pues –y ese es el argumento decisivo– mediante el trabajo «el bien común de la humanidad no disminuye, sino que aumenta» (5, 37). La intención del Creador de que los bienes de este mundo estén al servicio de todos los hombres se hace realidad precisamente a través de la propiedad privada, la cual recibe de esa función de creación de valor su fundamentación más profunda. Por consiguiente, la propiedad privada como tal es ya en sí misma –precisamente como «derecho natural» secundario– conforme a su naturaleza más íntima una institución social y está al servicio del bien común.
Mediante la propiedad privada de los medios de producción, que expresa el dominio del hombre sobre la creación visible, se libera correctamente la iniciativa económica, que está al servicio no solo del individuo, sino también de la sociedad
Exactamente esta es la doctrina de la Rerum novarum, y esa misma seguirá siendo, con un breve paréntesis en los años sesenta, hasta Juan Pablo II y Benedicto XVI la posición del magisterio papal: la propiedad privada es el medio a través del cual la «tierra» y sus frutos –hoy diríamos: los bienes y recursos naturales de este mundo– redundan en bien de todos los hombres. «El que Dios haya dado la tierra para usufructuarla y disfrutarla a la totalidad del género humano» no se opone en modo alguno, nos dice la Rerum novarum, a la «propiedad privada», pues precisamente la tierra «no deja por ello de servir a la común utilidad de todos» (n.º 7).
Así pues, la referencia al destino universal de los bienes no hace que el derecho a la propiedad privada quede, digamos, limitado «por razones sociales»; antes bien, León XIII considera que la propiedad privada es precisamente el medio para que los bienes de este mundo cumplan su función de «servir a la común utilidad». El principio formulado por santo Tomás de utilizar la propiedad siempre con la vista puesta en la utilidad de la sociedad, al igual que también los argumentos antropológicos por él aducidos a favor de la propiedad privada, se pueden integrar perfectamente en esa perspectiva, si bien ahora de una forma moderna, «económicamente ilustrada», centrada ya no en el dar limosna y en la misericordia en situaciones de necesidad, sino en la creación empresarial de valor para el aumento sostenible del bienestar general.
DE LA QUADRAGESIMO ANNO A LA CENTESIMUS ANNUS
Oswald von Nell-Breuning dijo al final de los años setenta acerca de la Rerum novarum que era «un desagradable lunar que la encíclica de los trabajadores empezase con semejante apología de la propiedad». Sin embargo, la encíclica Quadragesimo anno de Pío XI (1931), en cuya redacción él tuvo una participación determinante, hizo suya por completo esa «apología de la propiedad», aunque con reflexiones adicionales acerca de su cometido en la ordenación de la economía: además de su importancia para el bien del individuo, nos dice Pío XI, la propiedad tiene también una función social, a saber, la de ser el instrumento con el cual «los medios que el Creador destinó a toda la familia humana sirvan efectivamente para tal fin» (n.º 45). Exactamente ese mismo había sido el argumento de la Rerum novarum. Además, para Pío XI el trabajo, «en virtud del cual la cosa recibe una nueva forma o aumenta, es lo único que adjudica esos frutos al que los trabaja» (n.º 52). ¡Locke redivivo!
El camino a un mundo justo pasa por la formación. El capital humano es hoy quizá la forma más importante de propiedad y la más democrática. También por la protección jurídica de todos los tipos de propiedad
Según la Quadragesimo anno, por consiguiente, la función social de la propiedad no consiste en modo alguno, como han afirmado recientemente J.-H. Große-Kracht y J. Hagedorn (cfr. Herder Korrespondenz 5/2021, 27), en «reservar ciertos géneros de bienes a la potestad pública» (así citan esos autores fuera de contexto el n.º 114). No en vano eso significaría que la propiedad privada desempeñaría una función social justo en la medida en que pudiese ser socializada, es decir, expropiada, y puesta en manos del sector público. Antes bien, para Pío XI la propiedad privada tiene una función social precisamente en cuanto propiedad privada, y esa función no es otra que la de servir de «medio para garantizar de forma ordenada la consecución de ese fin [de la destinación de los bienes creados a toda la familia humana]» (así se expresaba Nell-Breuning en 1932 en sus «Explicaciones» de la encíclica, n.º 52).
Aquí ya no encontramos un pensamiento con arreglo a las categorías de economía de suma cero y de reparto, sino basado en las de creación de valor mediante el trabajo generador de propiedad. De ese trabajo forma parte principal –según subrayará Juan Pablo II– el del empresario. En efecto: su trabajo es por su naturaleza propia «social» y está al servicio del bien común. Para un trabajo que cree valor de modo sostenible en utilidad de todos la propiedad privada es central. Así, también en la Mater et magistra (n.º 19) de Juan XXIII se dice que «el derecho de poseer privadamente bienes […] lleva naturalmente intrínseca una función social». La propiedad no cumple su función social solo si se limita –mediante la tributación o la regulación– o se emplea en un sentido caritativo, sino que, cuando se utiliza con espíritu emprendedor o se invierte productivamente, tal función pertenece a su esencia intrínseca.
Estas consideraciones quedan sorprendentemente sin mención en la constitución pastoral Gaudium et spes del concilio Vaticano II. Tampoco son tema de la encíclica Populorum progressio de Pablo VI (1967), sino que allí, más bien, la propiedad privada, el ánimo de lucro capitalista y la competencia característica de la economía de mercado se presentan como peligro para el bien común y se propugna una redistribución global. En esos documentos, por tanto, se cedió –de forma pasajera– a la tentación de colocar, en sintonía con la mentalidad de la Antigüedad de la suma cero y de la limosna, la redistribución de la riqueza en el lugar de la creación de valor generadora de bienestar.
Apelando a la tradición de la doctrina social de la Iglesia no se puede justificar una posición de relativización del derecho a la propiedad privada como derecho meramente secundario o subordinado, que haya que limitar en interés del bien común o por razones sociales
Eso vuelve a cambiar con Juan Pablo II. Ya en su primera encíclica social, la Laborem exercens (1981), está en el centro el tema del «trabajo». Mediante el trabajo, enseña el papa polaco, se realiza la participación universal en los bienes de este mundo. En el n.º 42 de la Sollicitudo rei socialis (1987) se habla unos años después de la «hipoteca social» que al decir de Juan Pablo II «grava» la propiedad. El concepto de hipoteca social se entiende frecuentemente como limitación del derecho a la propiedad privada. Pero el texto dice –según se podía leer ya en la Mater et magistra– que esa «hipoteca social» es una «cualidad intrínseca» de la propiedad que descansa «sobre el principio del destino universal de los bienes». La propiedad privada es social precisamente porque sirve como medio para que se beneficien de los bienes de este mundo todos los hombres.
Según explicó Juan Pablo II el 17 de diciembre de 1987 con ocasión de una visita ad limina de obispos polacos, mediante la propiedad privada de los medios de producción, que expresa el dominio del hombre sobre la creación visible, «se libera correctamente la iniciativa económica, que está al servicio no solo del individuo, sino también de la sociedad», lo cual, no obstante, también exige una función ordenadora del Estado en lo que respecta a la propiedad (según ya había subrayado Pío XI en la Quadragesimo anno). La Sollicitudo rei socialis extrae de ello la conclusión de que también los pobres deben adquirir propiedad mediante el trabajo y el espíritu emprendedor y de que pueden llegar a actuar de forma emprendedora mediante la protección de sus derechos de propiedad. Por ello, el «derecho de iniciativa económica» es, se nos dice allí, un derecho fundamental de los pobres.
La Centesimus annus (1991), finalmente, precisará más esa doctrina. En el capítulo de la tercera encíclica social de Juan Pablo II titulado «La propiedad privada y el destino universal de los bienes» vuelve a aparecer la teoría lockeana del origen de la propiedad en el trabajo. El trabajo se entiende como factor de producción y, por tanto, la atención se centra en la productividad y en la creación de valor, en lugar de en el reparto (n.º 31). La «propiedad de la técnica y del saber» –el capital humano– aparece como la forma esencial de la propiedad. Con ello «se hace cada vez más evidente y determinante el papel del trabajo humano, disciplinado y creativo», así como también «el de las capacidades de iniciativa y de espíritu emprendedor» (n.º 32). Se considera, con toda lógica, que el recurso más importante para el hombre es el hombre mismo, y no cualesquiera bienes de los ricos que hubiese que repartir. De ahí que el camino a un mundo justo pase por la formación, el «capital humano» –hoy quizá la forma más importante de propiedad, y también la más democrática– y la protección jurídica de todos los tipos de propiedad, de modo que nadie quede excluido de la posibilidad de llegar mediante su propio trabajo a la participación en el bienestar que le corresponda.
Las tesis de algunos padres de la Iglesia surgidas en el contexto de la economía de suma cero de la Antigüedad romana, según las cuales la riqueza es un robo a los pobres, no tienen cabida en un mundo en el que el capitalismo, la economía de mercado y el espíritu emprendedor marcan la pauta
También esto se hallaba incluido ya en la exigencia de León XIII de que la «autoridad del Estado» debe «asegurar las posesiones privadas con el imperio y la fuerza de las leyes» (Rerum novarum, n.º 30). Por esa razón el desarrollo de la doctrina de la Iglesia acerca de la propiedad debería, en buena lógica, prestar atención al tema de la protección jurídica de los títulos de propiedad precisamente en los países pobres. Sin embargo, la evolución de la doctrina social de la Iglesia parece ir actualmente más bien en la dirección opuesta, de modo que corre peligro de servir de justificación para experimentos socialistas. Otros, a su vez, defienden aún la idea –rechazada explícitamente por Juan Pablo II ya en la Sollicitudo rei socialis, n.º 41– de la doctrina social de la Iglesia como «tercera vía» entre capitalismo y socialismo. Esa idea es un cheque en blanco para concepciones en último término utópicas, que por bienintencionadas que sean no pueden dejar de fracasar todas ellas al enfrentarse a las exigencias reales del progreso económico y social.
FUNDAMENTACIÓN DEL DERECHO A LA PROPIEDAD PRIVADA
Ni apelando a la tradición de la doctrina social de la Iglesia desde la Rerum novarum y a su desarrollo hasta la Centesimus annus, ni tampoco invocando la ética de la propiedad fundada en el Derecho natural escolástico se puede justificar una posición de relativización del derecho a la propiedad privada como derecho «meramente secundario» o «subordinado» que haya que limitar en interés del bien común o por razones sociales. La tradición nunca ha entendido que la relación entre el principio del destino universal de los bienes y el derecho a la propiedad privada sea la existente entre un derecho natural «primario» y uno «secundario», toda vez que el primero no formula en realidad derecho alguno, sino solo un principio fundamental del que recibe su fundamentación y justificación última el derecho a la propiedad privada.
Las tesis de algunos padres de la Iglesia surgidas en el contexto de la economía de suma cero de la Antigüedad romana según las cuales la riqueza es un robo a los pobres no tienen cabida en un mundo en el que el capitalismo, la economía de mercado y el espíritu emprendedor marcan la pauta en el marco de democracias caracterizadas por el respeto a la libertad y a los principios del Estado de Derecho. En este mundo la generación de riqueza no es un juego de suma cero, como en la Antigüedad cristiana y romana, sino un proceso del que todos sacan provecho. Un mundo de ese tipo tiene como condición previa la protección del derecho a la propiedad privada y posibilita justo por ello una economía del creciente bienestar masivo. También para los países pobres es ese el camino, según subrayó Juan Pablo II en su última encíclica social, que llevará a sus ciudadanos a conseguir una vida en dignidad y bienestar.
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Este artículo fue originalmente publicado en la revista Herder Korrespondenz 7/2021, páginas 45-49, con el título: «Warum Eigentum sozial ist: Das Recht auf Privateigentum ist kein “zweitrangiges” Naturrecht». En línea: https://www.herder.de/hk/hefte/
Traducción española del original alemán por José Mardomingo.
NOTA
* Las encíclicas y otros textos papales se citan por su traducción al español disponible en www.vatican.va (nota del traductor).
“Se debe garantizar la independencia de las universidades de cualquier poder político, económico o ideológico” afirmó José Carlos Gómez Villamandos, presidente de la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas (CRUE), en la última sesión el seminario Los futuros de la universidad organizado por Nueva Revista, y que dirige Rafael Puyol, presidente de UNIR.
Doctor en Veterinaria y catedrático de Anatomía y Anatomía Patológica Comparadas de la Facultad de Veterinaria, Villamandos es rector de la Universidad de Córdoba. A lo largo de su exposición insistió en que “sin autonomía financiera no hay autonomía en la universidad”. Actualmente “el marco financiero y el marco normativo están en equilibrio inestable”; y es preciso «consolidarlos, para poder afrontar la clave de bóveda del reto de la gobernanza».
El binomio autonomía-gobernanza es uno de los retos que tiene planteados la universidad española, que el presidente de CRUE, fue analizando a lo largo de su intervención, titulada “Qué universidad necesitamos para convertirnos en una sociedad del conocimiento”.
Se remitió al documento Universidad 2030, elaborado por la CRUE, en el que se detallan qué objetivos y misiones debe cumplir la universidad para ser mejor
Tras exponer cómo se ha modernizado el sistema universitario español en las últimas décadas, con hitos clave como las distintas leyes educativas o el Plan Bolonia, se remitió al documento Universidad 2030, elaborado por la CRUE, en el que se detallan qué objetivos y misiones debe cumplir la universidad para ser mejor y responder con más eficacia a las demandas de la sociedad.
Se refirió, entre otros, a los retos relacionados con la docencia; la transferencia del conocimiento, la internacionalización; la transformación digital y la sostenibilidad.
En investigación son necesarios “programas de fortalecimiento institucional y el desarrollo y financiación de modelo de captación y retención del talento”
Respecto al reto de la investigación, indicó que “la carrera investigadora actual genera grandes bolsas de frustración y es aquí donde hay que actuar”. Son necesarios “programas de fortalecimiento institucional; el desarrollo y financiación de modelo de captación y retención del talento; la implantación de un sistema de acreditación rápido y flexible; y la desburocratización”.
Gómez Villamandos insistió también en la importancia de la transferencia del conocimiento, con el objetivo de “consolidar el sexenio de transferencia”; fomentar el “emprendimiento y la implicación de la universidad con el territorio y el tejido social”.
En este contexto, recordó un reto pendiente: la relación empresa-universidad: “tenemos todas las piezas del puzle para que la relación empresa-universidad funcione bien pero en lugar de compartir y colaborar muchas veces somos competidores»
Destacó el papel que las universidades tienen como ascensor social y también como motor de desarrollo económico en los territorios donde se ubican. Hasta el punto de que “si las quitáramos se produciría un agujero económico” en los mismos.
El mercado laboral no ofrece “condiciones de estabilidad y reconocimiento salarial” a los nuevos profesionales que salen de la universidades
El ponente llamó la atención sobre los problemas del mercado laboral, que no ofrece “condiciones de estabilidad y reconocimiento salarial” a los nuevos profesionales que salen de la universidades. Mencionó el caso de los médicos, que terminan yéndose al extranjero, a pesar de que el sistema sanitario español necesita profesionales. «La realidad es que en España hay muy buenos médicos, pero luego hay 31.000 médicos que han pedido la acreditación para trabajar fuera en la última década”; situación que se repite con los informáticos y otros profesionales.
“No es cuestión, como algunos achacan, de que tengamos una juventud sobrecualificada” -señala el presidente de CRUE- “el problema es no tenemos un mercado laboral” capaz de permitir el progreso basado en la absorción de personas formadas. Y dio un dato: “En 2020, el 63,9 % de los graduados superiores españoles estaban trabajando en puestos de alta cualificación, el dato más reducido de todos los países de la UE”, y el resto en empleos por debajo de su formación.
“Soy defensor del sufragio universal con doble ponderación para elegir rector”
Respecto a los retos relacionados con la gobernanza, Gómez Villamandos señaló la reducción de tamaño de los órganos de gobierno; y el sistema de elección de rector y decanos; reiterando las peticiones de las universidades ante la futura Ley Orgánica del Sistema de Universidades (LOSU).
“Soy defensor del sufragio universal con doble ponderación para elegir rector” -manifestó-. Subrayó la importancia de que la figura del rector tenga “un plus de garantía de calidad”. Y enfatizó el papel de consejos sociales “que representen a la sociedad y sean independientes, sin conflicto de intereses”.
CINCO EXPRESIDENTES DE LA CRUE
Clausuró la sesión y el ciclo Los futuros de la universidad, José María Vázquez García-Peñuela, rector de UNIR. Por este seminario de reflexión académica han pasado con sus respectivas ponencias durante el último año y medio Juan Vázquez, exrector de la Universidad de Oviedo; Federico Gutiérrez-Solana, exrector de la Universidad de Cantabria; Adelaida de la Calle, exrectora de la Universidad de Málaga; Ángel Gabilondo, exrector de la Universidad Autónoma de Madrid y exministro de Educación; y Roberto Fernández, exrector de la Universidad de Lleida, todos ellos expresidentes de la CRUE.