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Ver productos[Las citas para este texto han sido seleccionadas de: Aristóteles, Ética a Nicómano; edición bilingüe, Introducción de Julián Marías, Ed. Centros de estudios políticos y constitucionales, Colección: clásicos políticos, 7ª edición, Madrid, 1999].
Para citar a Aristóteles se ha utilizado la numeración de Bekker. Este sistema consta de tres ejes: un número (que hace referencia al número de la página de la edición de Bekker), una letra (a o b, que indica la columna de la página) y otro número (que se refiere a la línea del texto).
«También la virtud se divide de acuerdo con esta diferencia: pues decimos que unas son dianoéticas [virtudes intelectuales] y otras éticas, y así la sabiduría, la inteligencia y la prudencia son dianoéticas, la liberalidad y la templanza, éticas; pues si hablamos del carácter no decimos que alguien es sabio o inteligente, sino que es amable o morigerado; y también elogiamos al sabio por su hábito, y a los hábitos dignos de elogio los llamamos virtudes» (Aristóteles, 1999, 1103a7, p. 18).
«El bueno, efectivamente juzga bien todas las cosas y en todas ellas se le muestra la verdad. Para cada carácter hay bellezas y agrados peculiares y seguramente en lo que más se distingue el hombre bueno es en ver la verdad en todas las cosas, siendo, por decirlo así, el canon y la medida de ellas» (Aristóteles, 1999, 1113a34, p. 38).
«Por tanto, si se dice que todos aspiran a lo que les parece bueno, pero no está en su mano ese parecer, sino que según la índole de cada uno así le parece el fin, si cada uno es en cierto modo causante de su propio carácter, también será en cierto modo causante de su parecer; de no ser así, nadie es causante del mal que él mismo hace, sino que lo hace por ignorancia del fin, pensando que por esos medios conseguirá lo mejor, pero la aspiración al fin no es de propia elección, sino que es menester, por decirlo así, nacer con vista para juzgar rectamente y elegir el bien verdadero» (Aristóteles, 1999, 1114b2, p. 40).
«Por eso también parece signo de más valiente no tener temor y mostrarse imperturbable en los peligros repentinos que en los previsibles, porque en ese caso es más consecuencia del hábito, por cuanto depende menos de la preparación: las acciones previsibles, en efecto, pueden decidirse por calculo y razonamiento, pero las súbitas se deciden según el carácter» (Aristóteles, 1999, 1117a23, p. 46).
«Ordena también la ley hacer lo que es propio del valiente, por ejemplo, no abandonar la formación, ni huir ni arrojar las armas; y lo que es propio del hombre morigerado, como no cometer adulterio ni comportarse con insolencia; y lo que es propio del hombre de carácter apacible, como no dar golpes, ni hablar mal del otro; e igualmente lo que es propio de las demás virtudes y formas de maldad, mandando lo uno y prohibiendo lo otro, rectamente cuando la ley está bien establecida y peor cuando ha sido establecida arbitrariamente» (Aristóteles, 1129b25, p. 71).
«Por tanto, tenemos que volver a considerar también la virtud; en efecto, también en la virtud existe una relación parecida a la que se da entre la prudencia y la destreza (que no son idénticas, sino semejantes), entre la natural y la virtud por excelencia. Todos piensan que cada uno tiene su carácter en cierto modo por naturaleza, y, efectivamente, somos justos, moderados, valientes y todo lo demás desde que nacemos; pero no obstante buscamos algo distinto de esto como bondad suprema, y poseer esas disposiciones de otra manera» (Aristóteles, 1144b5, p. 100).
«Todas las formas excesivas de insensatez, cobardía, desenfreno y mal carácter son o brutales o morbosas: aquél cuya naturaleza le lleva a tener miedo de todo, incluso del ruido que hace un ratón, es cobarde con una cobardía animal; el que tenía miedo de la comadreja era víctima de una enfermedad» (Aristóteles 1999, 1149a8, p. 109).
«En las amistades fundadas en virtud, aun cuando no hay reclamaciones, es una especie de medida del beneficio la intención, porque lo principal de la virtud y del carácter está en la intención» (Aristóteles, 1999, 1163a30, p. 138).
«Eudoxo pensaba que el placer es el bien supremo porque veía que todos los seres aspiran a él, tanto los racionales como los irracionales (…) Sus argumentos inspiraron confianza más por la excelencia de su carácter que por ellos mismos; se le tenía, en efecto, por hombre de extraordinaria continencia, y se consideraba, por consiguiente, que no era por ser amigo del placer por lo que hablaba en aquellos términos, sino porque lo que decía era verdad» (Aristóteles, 1999, 1172b17, p. 157).
El repunte de la inflación preocupa porque está siendo más intenso y persistente de lo esperado. “Que se traslade a los precios de consumo en España va a depender no sólo del grado de persistencia de shocks globales, externos y transitorios [como los cuellos de botella o la evolución del precio del gas] sino también de la reacción de los agentes nacionales”, según ha indicado Óscar Arce, director general de Economía y Estadística del Banco de España, en el seminario La economía española en los próximos 5 años, de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR).
Al referirse a los agentes nacionales, Arce detalló que el comportamiento de la inflación va a depender de “en qué medida los márgenes empresariales absorban los aumentos de costes de factores productivos; y de en qué medida las demandas salariales tiendan a incorporar el mayor crecimiento de los precios de consumo y, a su vez, los precios de los productores los eventuales mayores costes laborales”.
El seminario de reflexión académica La economía española en los próximos 5 años es un ciclo de sesiones, organizado por el Consejo Social de UNIR; y dirigido por Rafael Pampillón, catedrático emérito de la Universidad San Pablo-CEU y profesor del IE Business School.
El directivo del Banco de España señaló en su intervención que “la aceleración reciente de la inflación se explica, en su mayor parte, por el componente energético, ya que contribuyó con 3,7 puntos porcentuales a la inflación de octubre, cuando escaló hasta el 5,4%, la mayor tasa desde 1992”. Lo cual es debido, a su vez, “al encarecimiento del gas y también a los derechos de emisión de CO 2, aunque éstos en menor medida”; así como a “los cuellos de botella globales que están afectando a los precios de producción en España”.
«La inflación ha repuntado con fuerza en economías como la española, con un crecimiento anual de la tasa armonizada del índice de precios al consumo que ha pasado del -0,1% en febrero al 5,4 en octubre»
La inflación ha repuntado con fuerza en economías como la española, “con un crecimiento anual de la tasa armonizada del índice de precios al consumo que ha pasado del -0,1% en febrero al 5,4 en octubre”. Se espera, sin embargo, una moderación a medio plazo, si “la subida de los componentes energéticos y los cuellos de botella comienzan a remitir a lo largo de 2022, como señalan analistas y los indicadores procedentes de los mercados de capitales” indicó el ponente.
Aunque los fenómenos que subyacen al repunte “parecen transitorios, a mayores incrementos de precios y salarios, mayor es el riesgo de aumento de inflación”. Y “si esta deja de ser transitoria, requeriría la actuación de la política monetaria” manifestó Arce.
No obstante, se remitió al mensaje de Christine Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo, señalando que “no hay ningún indicador que nos permita anticipar que vayan a subir los tipos de interés en los próximos trimestres”
«La nueva estrategia adoptada el pasado julio dota al BCE de las herramientas adecuadas para afrontar este episodio»
La nueva estrategia adoptada el pasado julio -explicó Arce- «dota al BCE de las herramientas adecuadas para afrontar este episodio: nuevo objetivo de inflación simétrico 2%, orientación de medio plazo, vigilancia permanente, y capacidad de anticipación ante eventuales desarrollos desfavorables». Lo cual permite al organismo actuar con “un mayor grado de paciencia de cara a retirar sus estímulos, evitando así un endurecimiento prematuro de su política monetaria en respuesta a shocks inflacionarios que se consideren transitorios”.
En este caso, lo aconsejable -subraya el director de Economía del Banco de España- es “ser pacientes ante un repunte que, de momento, no genera un riesgo claro para la estabilidad de precios a medio plazo”.
GEFAELL: LA REVOLUCIÓN DEL SMART MONEY
En la sesión intervino también José Gefaell, socio director de Caelum Labs, que señaló que el gran reto es “mejorar la productividad”; y para ello “va a ser esencial el dinero de curso legal programable (smart money)”. El experto sostiene que este nuevo formato va a suponer “una revolución similar a la que supuso el smartphone frente al teléfono móvil, al proporcionar muchas más aplicaciones gracias a su naturaleza programable”.

ALICIA CORONIL: POLITICAS DE OFERTA PARA IMPULSAR LA PRODUCTIVIDAD
Finalmente intervino Alicia Coronil Jonsson, economista jefe del Singular Bank. Explicó que en el repunte de la inflación “no todo es estructural, sino que también hay factores transitorios”; si bien considera que “deberíamos tomarnos la inflación como algo relevante en nuestra política económica”. Si España quiere ser competitiva, “se deben hacer políticas de oferta que impulsen la productividad” subrayó.

En próximas sesiones del seminario La economía española en los próximos cinco años, se abordarán los siguientes temas: Las pensiones; El necesario ajuste de la deuda pública; El futuro de España en el contexto internacional (América Latina); y El crecimiento económico y el empleo.
“La inflación actual no es un fenómeno pasajero: en Estados Unidos será aún mayor en 2022, entre un 5% y un 10%; y en la eurozona podría rebasar el 5% en los próximos dos años” afirmó Juan Castañeda, director del Institute of International Monetary Research de la Universidad de Buckingham, en el seminario Inflación y política monetaria, celebrado en la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR).
Se trata de un ciclo de sesiones, organizado por el Consejo Social de UNIR, en colaboración con Nueva Revista; y dirigido por Francisco Cabrillo, catedrático emérito de Economía Aplicada de la Universidad Complutense.

Al presentar al ponente, Cabrillo manifestó que los economistas no se ponen de acuerdo sobre “las causas y la naturaleza de la inflación actual”; y “que ha cogido con el pie cambiado a los bancos centrales”, los cuales consideran que es un fenómeno “temporal”. Se habla de que los precios suben por “la escasez de bienes y la inflación de costes”; y se habla apenas de otro factor: “el fuerte crecimiento de la oferta monetaria”.
El disparo de la inflación se debe una extraordinaria expansión monetaria, como respuesta a la crisis económica derivada de la pandemia
Juan Castañeda sostuvo que el disparo de la inflación se debe a “una extraordinaria expansión monetaria, como respuesta a la crisis económica derivada de la pandemia; y a una regulación bancaria más laxa, con mayor capacidad de los bancos para crear dinero”.
Ya advirtió en 2020 del riesgo de la escalada en el ensayo ¿Es la inflación la próxima amenaza?, escrito con la colaboración de Tim Congdon, presidente del Institute of International Monetary Research. La crisis económica provocada por la pandemia fue “una crisis atípica” al tratarse de “un choque negativo de oferta”, que “llevó aparejada escasez de bienes y servicios”, explicó.
Los bancos centrales han recurrido un instrumento de política monetaria: «la expansión cuantitativa, que no es otra cosa que hacer compras masivas de bonos públicos y privados a instituciones financieras, y la forma de pagarlo es con dinero que lo bancos centrales crean ex novo». Lo cual supone “monetizar el déficit público”.
Ya se recurrió a esa medida en la crisis de 2008, «porque los bancos no creaban suficiente dinero”. Pero en 2020 el dinero sí estaba creciendo y el efecto está siendo contraproducente; ya que con “la expansión cuantitativa los bancos centrales han disparado el crecimiento del dinero a tasas incompatibles con la estabilidad de precios y la estabilidad macroeconómica”.
LA MAYOR TASA DE CRECIMIENTO DE LA POSGUERRA
“La tasa de crecimiento monetario en EE.UU. -detalló el experto- llegó a situarse en el 25% de crecimiento anual, la más elevada desde la Segunda Guerra Mundial”, lo cual ha provocado el aumento de la inflación.
Para conseguir la estabilidad de precios, “el crecimiento monetario debería volver a tasas de crecimiento alrededor del 4% anual”, indicó. Todo ello dependerá, en cierta medida, de la reacción de los bancos centrales.
Juan Castañeda no descarta, incluso, que pueda producirse “estanflación”, cuando los bancos centrales retiren los estímulos y “puedan llegar a convivir, a la vez, estancamiento con la inflación”.
ESCENARIOS MENOS PESIMISTAS
En la sesión también intervino Elena Márquez, profesora titular de Universidad en el Departamento de Economía Aplicada, Pública y Política de la Complutense. Señaló que se barajan las dos explicaciones sobre el regreso de la inflación: por un lado “las presiones de la demanda y el aumento de costes”; y por otro “el crecimiento de la cantidad de dinero”.

Respecto a si la inflación ha llegado para quedarse o si es un fenómeno puramente pasajero, recordó que las previsiones del Fondo Monetario Internacional “predicen menores tasas”; y que el Banco de la Reserva Federal de Saint Louis pronostica, según sus mediciones más recientes, “una inflación para EE.UU. del 3,08% de media tomando en consideración los próximos 5 años; y del 2,7% de media para un período de 10 años”.
Hace dos años reseñábamos el libro: Dante, la novela de su vida, (Cátedra, 2018), de Marco Santagata. Y allí dejábamos caer que el subtítulo «la novela» respondería más que nada a criterios de marketing, porque era, en realidad, un ensayo histórico. Me equivoqué. Tengo la excusa de que había leído el ensayo mucho más imaginativo de Indro Montanelli titulado Dante y su siglo (1969), y la exquisita y deslumbrada Vida de Dante de Giovanni Boccaccio. En comparación con ambos, Santagata se antojaba, en efecto, un frío profesor de historia.

Tras leer en ensayo Dante de Alessandro Barbero, publicado por El Acantilado, se percibe hasta qué punto Marco Santagata novelizó con sutileza los datos ciertos de la vida de Dante para trenzar, como se explicaba en la reseña, una historia unitaria tejida con tres hilos, uno rojo, otro de plata y el último de oro (esto es, la nobleza de espíritu, la preocupación política y la pasión poética, respectivamente). Alessandro Barbero no teje nada: se ciñe a los datos ciertos, que rebusca con afán de académico y expone sin distracciones imaginativas ni especulativas. Para compensar, conoce muy bien la época y nos ofrece los datos dantescos perfectamente contextualizados con otros de su tiempo y de su entorno.
El mérito literario de Barbero radica en la amenidad con la que despliega sus exhaustivos conocimientos sobre el autor de la «Divina Comedia»
Nos da un Dante neto, sin aditamentos de ningún tipo, pero con una certeza científica muy firme: la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad. Su mérito literario —que lo tiene— radica en la amenidad con la que despliega sus exhaustivos conocimientos.
A pesar de esa diferencia de actitud con Santagata, coincide con él en la importancia superlativa que para Dante tuvo reafirmar su condición de noble y reflexionar sobre la naturaleza de esa condición. Estas palabras de Marco Santagata las firma el Dante de Alessandro Barbero de la cruz a la raya: «La reflexión sobre qué es la nobleza y quiénes son nobles atraviesa las obras dantescas como un hilo rojo. Dante utiliza su exploración del concepto de nobleza (de ánimo o hereditaria, es decir, de sangre) para medir las relaciones sociales y para descubrir cuál puede ser el estado óptimo de una sociedad bien ordenada, pero surge con fuerza la sospecha de que en él actúan también motivos personales y privados. Es decir, de que la suya no sea solamente una necesidad intelectual de definir al noble, sino también de definir su propia posición social».
Los primeros capítulos de Barbero tratan significativamente de la condición de caballero de Dante, de la que queda constancia en la batalla de Campaldino, donde ocupó un puesto entre los feditori (los caballeros que primero entraban en combate con la intención de herir —de ahí su nombre— al enemigo). Barbero no se anda con circunloquios: «¿Por qué hemos empezado por ese día memorable? Para contar quién era Dante hay que plantear, ante todo, el problema fundamental de su posición social». Más tarde insiste: «Para él se trataba de una cuestión muy importante».
Exhaustivas investigaciones le llevan a constatar «la posición intermedia de la familia de Dante» (p. 65), esto es, que sus pruritos de nobleza tenían una justificación real. Sin lugar a dudas, su matrimonio fue excelente: emparentó con «una de las familias más nobles de Florencia», (p. 110). Además, vivía de las rentas.
Luego, su talento poético le introdujo «en un medio social más alto del que procedía» (p. 84). Lo que explica que Dante, sin renunciar, ni mucho menos, a reivindicar a lo largo de la Comedia la nobleza de su sangre y la antigüedad de su familia, se pregunte, paralelamente —en la paralela superior—por el concepto de nobleza de espíritu. En la canción Le dolci rime, que luego comentará en el libro IV del Convivio declara que la nobleza de sangre no existe, aunque en el canto XV del Paraíso insiste en hablarnos de su tatarabuelo.
Ser noble, para Dante, «significa haber nacido con la predisposición a la virtud, a la piedad y a la misericordia, al valor, y es un don que pertenece a los individuos, no a las familias»
Contradicciones (tan naturales) aparte, lo importante es que ser noble, para Dante, «significa haber nacido con la predisposición a la virtud, a la piedad y a la misericordia, al valor, y es un don que pertenece a los individuos, no a las familias. Se trata [sigue diciendo Barbero] de una variante —muy ingeniosa, porque no identifica nobleza con virtud sino con la predisposición innata a comportarse noblemente— de un lugar común muy trillado y explorado en la Antigüedad, entre otros por Aristóteles, Séneca, Juvenal y Boecio. Un tópico que reaparece en los trovadores provenzales, en los muchos moralistas que se interrogan acerca de la vera nobilitas; se discute en las escuelas y es analizado por el maestro de Dante, Brunetto Latini, y por Guido Ginizelli en la canción Al cor gentil». Que no fue una veleidad juvenil queda claro porque «Dante, en sus últimos años, seguía reflexionando sobre el problema de la nobleza, que le apasionó durante toda su vida» (p. 263). Para nosotros esto tiene una importancia vertical, literaria; y otra actualísima, social.
En primer lugar, el impulso ascensional que pone en movimiento toda la Divina comedia no puede entenderse sin este otro combustible (junto al amor y la fe) del ánimo de mejoramiento personal, del cuidado del alma que implica y obliga la nobleza de espíritu, como opera desde Sócrates.
Por otro lado, Barbero constata que esa predisposición hacia la nobleza no era, ni mucho menos, un signo de sus tiempos. Dante vivió y actuó en política en un ambiente de un acendrado popularismo, en que los pruritos aristocratizantes podían pasarle factura por los dos cabos: por el orgullo de las familias más grandes, ya a la defensiva y por el resentimiento de los populares más vindicativos. El tono imperante en la república de Florencia nos lo describe Indro Montanelli en Dante y su siglo: «Una oleada de radicalismo democrático dio rienda suelta también a una grotesca retórica, hecha de títulos honoríficos a la inversa. Mientras hasta entonces todos habían procurado ser o hacerse llamar “Caballero” o “Micer”, a partir de aquel momento, en los documentos oficiales se impuso la costumbre de añadir a la firma los calificativos de “pobre”, “mísero”, “débil” y hasta “imbécil” e “impotente”. El vocabulario italiano aún no había elaborado la palabra “camarada”». La Divina comedia también nace del rechazo a un clima tan enrarecido.
CONOCER INTIMIMAMENTE A DANTE Y SU TIEMPO
El Dante de Alessandro Barbero no es una introducción filológica a la lectura de la Comedia. Pero con él entramos en ella conociendo más íntimamente a Dante y su tiempo. Teniendo en cuenta que, además del autor, es el personaje clave de todo su libro, arrancamos la lectura de «esa obra inmortal donde pusieron mano el Cielo y la tierra», con un pie más firme y un ánimo mejor predispuesto. Gracias a Barbero, se disfrutará mucho más el viaje.
Los defensores del capitalismo aseguran que goza de buena salud y no necesita grandes cambios. Otros autores detectan síntomas de agotamiento y creen que son necesarias reformas. Otros, en fin, sostienen que se debe superar el capitalismo y avanzar hacia un socialismo participativo. Siete prestigiosos especialistas, representativos de las diferentes tendencias, aportan sus opiniones y argumentos en el último número de Nueva Revista.
Se trata de Phillippe Aghion, Francisco Cabrillo, Gabriel Elorriaga, Thomas Piketty, Martin Rhonheimer, Pedro Schwartz y Gabriel Tortella.
Nueva Revista seguirá aportando reflexiones sobre el futuro del capitalismo, tanto en próximos números como en la página web.
Iniciamos un nueva sección, Ética de la Tierra, con un artículo de Jorge Riechmann sobre los orígenes del ecologismo, y un fragmento del prólogo de Almanaque del condado arenoso, escrito por Aldo Leopold, pionero de ese movimiento.
En Libertad de expresión, el lector encontrará un análisis, firmado por el jurista Juan José Lavilla Rubira sobre tres recientes y polémicas sentencias dictadas por el Tribunal Constitucional. Reflexiona además sobre los nuevos desafíos jurídicos planteados por internet y las redes sociales.
El número incluye una recensión, firmada por Pilar Gómez, sobre uno de los libros del año según The New York Times, La privacidad es poder, en el que la filósofa y profesora de la Universidad de Oxford Carissa Véliz alerta de la amenaza que supone el uso de nuestros datos personales por parte de corporaciones y poderes públicos.
Reproducimos el fragmento dedicado a la premio Nobel bielorrusa, Svetlana Alexievich, del libro Solidarios, de Antonio Rubio Plo. Y en el apartado de La historia manipulada, ofrecemos una reflexión sobre la memoria histórica, de Emilio Lamo de Espinosa, extracto de la presentación de la obra La disputa del pasado, España, México y la leyenda negra.
Completa el número de Nueva Revista, un artículo de César Cervera sobre La anarquía, del historiador William Darlymple, acerca de la Compañía de las Indias Orientales; y otro de Pilar Gómez sobre los Diarios de Stefan Zweig; y las reseñas de La anomalía de Hervé Le Tellier, ganador del Premio Gouncourt; Hamnet, de Maggie O’Farrell; y Valle inquietante, de Anna Wiener.
Fedor Dostoyevski (1821-1881)vivió en la segunda mitad del siglo XIX, en una Rusia zarista que empezaba a incorporar ciertas reformas sociales. Las obras que escribió tuvieron un fuerte impacto en su época. También el lector de ahora acoge con interés sus novelas. Probablemente la razón que explique, en buena medida, la actualidad de Dostoyevski es que supo formular los interrogantes que llevaba dentro el hombre moderno y, además, logró proporcionar respuestas coherentes y adecuadas a esas cuestiones.
Publicó en un momento de fuerte influencia ideológica. Inicialmente Dostoyevski se había codeado con reformadores utópicos, hasta que fue encarcelado y condenado a Siberia por delitos políticos. La experiencia de convivir y trabajar con lo más depravado y miserable de la sociedad le marcó profundamente.
La lectura del Evangelio en los años del presidio le sirvió para dar un fuerte giro en sus convicciones. De las utopías modernas que ofrecían fórmulas de éxito para la felicidad social pasó a una penetrante psicología humana, que no siempre fue bien comprendida.
Dostoyevski no buscaba la reforma ideal de la sociedad, pretendía algo más revolucionario y más doloroso: diagnosticar enfermedades morales
Hacia el final de su vida Dostoyevski recibió una crítica sobre los temas que solía tratar en sus escritos. En ella se le reprochaba la obsesión por cierto tipo de conducta que reflejaba una voluntad enfermiza en sus personajes.
La respuesta a esta crítica fue publicada en Diario de un escritor, una revista editada por el propio Dostoyevski. En su réplica, el escritor ruso no sólo no negó la crítica sino que la hizo propia y dejó entrever algunas de sus motivaciones más hondas de su tarea literaria:
«En lo que respecta a “mi debilidad por las manifestaciones patológicas de la voluntad”, sólo le diré que, en efecto, a veces he conseguido desenmascarar en mis novelas y relatos a ciertas personas que se consideran sanas y demostrarles que están enfermas. ¿Sabe que hay muchísima gente cuya enfermedad se debe precisamente a su buena salud, es decir, a su desmedida confianza en su normalidad, que les inculca una terrible presunción, un desvergonzado amor propio que a veces llega casi a convencerles de su infalibilidad? Pues bien, ésas son las personas que he mostrado más de una vez a mis lectores, y hasta es posible que haya llegado a demostrar que esos individuos no gozan de tanta salud como suponen, sino que, por el contrario, están muy enfermos y necesitan curarse».[1]
Dostoyevski no buscaba la reforma ideal de la sociedad ni la denuncia de los abusos de los poderosos. Pretendía algo más revolucionario y, desde luego, más doloroso: diagnosticar enfermedades morales. Sólo si el lector tomaba conciencia de su malestar era posible que realmente pudiera curarse. Dostoyevski, en el fondo, deseaba contribuir a la salud moral de sus lectores.
La Ilustración, al subrayar el papel preponderante de la razón y del conocimiento para la felicidad del hombre, prestó una atención menor a otras dimensiones de la persona. En particular, la reflexión sobre lo bueno se vio muy condicionada por una lógica basada en resultados verificables.
Así, el hombre moderno pronto terminó por encogerse de hombros ante las cuestiones de orden moral. No podía decir mucho con certeza en este ámbito, puesto que la razón adiestrada por la ciencia se veía confundida al carecer de un método eficaz para juzgar moralmente.
Ante este panorama, Dostoyevski pensaba que, aunque un enfermo no supiera que tenía una dolencia, no por ello dejaba de encontrarse mal. La ignorancia puede ser el mejor aliado de la enfermedad. De ahí que el autor ruso pretendiera hacer caer en la cuenta a aquellos que presumían de salud moral que quizá requerían de algún tratamiento para curar su voluntad. Un modo de lograrlo fue tratar de mostrar las consecuencias de los planteamientos modernos y proponer ideas acordes con la estructura moral de la persona humana.
SIN FE EN LA INMORTALIDAD NO HAY AMOR
ssssEl hombre moderno, seguro de sí mismo y confiado en su autonomía, estimó que la libertad sólo podía considerarse como tal si podía elegir sin ninguna restricción. Sin embargo, ante esta actitud se alzaba un obstáculo particularmente incómodo: Dios. El orden moral que tenía su origen en Dios era visto como una amenaza para la libertad moderna.

Dostoyevski formuló este conflicto de un modo sintético en la última de sus novelas, Los hermanos Karamazov. Probablemente la frase más conocida de esta novela sea la tesis de Iván, el segundo de los hermanos: “Si Dios no existe, todo está permitido”.
Realmente, el autor no pone nunca en boca de Iván esta frase. Son otros personajes quienes dialogan con él sobre este razonamiento. No obstante, al leer despacio estas conversaciones, se observa que la premisa de la tesis tiene que ver más con la dimensión espiritual del hombre:
«Si se extirpa en el hombre la fe en la inmortalidad, se secará en él enseguida no sólo el amor, sino, además, toda fuerza viva para continuar la existencia terrena. Más aún: entonces ya nada será inmortal, todo estará permitido, hasta la antropofagia«.[2]
Iván Karamazov es el referente del ateísmo ilustrado. Persona culta y educada, afirma sin ambages que Dios no existe, y deduce –con una lógica impecable- que, sin Dios, no hay fe en la inmortalidad del hombre. Por tanto, carecemos de un sentido para nuestra existencia y nuestro amor se ahogará antes o después. Dado que no hay nada inmortal, nada duradero, no habrá razón alguna para vetar ninguna conducta. La distinción entre lo bueno y lo malo sería, pues, algo impuesto por la fuerza.
Si la tesis karamazoviana pudiera parecer exagerada, o quizá caduca, conviene tener presente que el siglo XX ha experimentado un continuo resonar de esta intuición de Dostoyevski. Probablemente el eco más difundido haya sido uno de los lemas del 68: “Prohibido prohibir”. Este eslogan no deja de ser la formulación precisa del rechazo a cualquier limitación de la libertad por parte de ninguna autoridad.
EL GIRO DOSTOIEVSKIANO A LA LIBERTAD
Dostoyevski deja el razonamiento de Iván sin una réplica directa. Pero hace algo más útil: refuta esta tesis con la historia de otros personajes y con el desenlace trágico del propio Iván.
Una de las mejores respuestas al planteamiento de Iván es la historia personal de Zósima, un asceta de gran ascendiente sobre el hermano pequeño de los Karamazov. Cuando era joven, Zosima trabó amistad con un personaje de más edad que él. Este hombre tenía renombre en la ciudad por sus obras de beneficencia, y era apreciado por todos.
En un momento dado, este personaje le reveló a Zósima un terrible secreto: hacía catorce años que había asesinado a una mujer por celos, y había encubierto su crimen para que fuera acusado uno de los sirvientes de la casa.
Aunque este personaje al principio se volcó con su trabajo, cada vez que se acordaba de lo que había hecho le inundaba un fuerte pesar. No lo podía olvidar. Este sufrimiento fue amargándole más todavía cuando se casó. Así lo recuerda Zósima:
Ya durante el primer mes de matrimonio empezó a torturarle sin cesar una idea: ‘Mi mujer me ama; pero ¿qué ocurriría si se enterase?’ Cuando ella quedó encinta del primer hijo y se lo comunicó, se sintió turbado: ‘Doy vida y yo mismo he quitado una vida’. Llegaron los hijos: ‘Cómo me atreveré a amarlos, a instruirlos y educarlos, cómo voy a hablarles de la virtud: yo he derramado sangre’. Los hijos crecen hermosos, él siente deseos de acariciarlos: ‘No puedo mirar sus rostros claros, inocentes; no soy digno de ello”.[3]
Aquella acción había dejado una profunda huella en su interior, que ni el tiempo ni sus buenas acciones lograban borrar. El crimen, fruto de una decisión ciertamente excitada por una pasión, y su acusación injusta de un inocente, le hacían indigno del amor de sus hijos. En realidad este hombre estaba interpretando un papel: daba la apariencia de un filántropo y de un buen padre, pero, en el fondo, no se atrevía a darse a conocer por el miedo a verse rechazado por su mujer y sus hijos. Estaba lleno de vergüenza.
En el trato con el joven Zósima, este personaje se decidió a confesar su crimen, tras intensos debates internos consigo mismo. Realmente no le creyeron cuando lo contó públicamente, pero halló una paz que antes no tenía. La opción por la verdad de su vida le abrió las puertas de Dios y, sobre todo, le hizo salir del amargo sufrimiento de no verse amado sinceramente por los demás. Después del revuelo, pudo decir con convicción a su joven amigo: “El Señor no está en la fuerza, sino en la verdad”[4].
Dostoyevski deja entrever que el auténtico enemigo de nuestra libertad somos nosotros mismos
Dostoyevski aporta una clave para descifrar el enigma de la libertad del hombre. Parecía que el enemigo de la libertad era la autoridad, y especialmente la autoridad divina. Daba la impresión de que las normas impuestas sofocaban la libertad. Sin embargo, a la vista de la historia del joven Zósima, Dostoyevski deja entrever que el auténtico enemigo de nuestra libertad somos nosotros mismos: podemos realizar acciones que nos impiden amar, o, para ser más precisos, que no dejan que seamos amados con sinceridad.
De este modo Dostoyevski ilumina el sentido de lo que es bueno: lo bueno es aquello que nos transforma en personas dignas de ser amadas. Este principio es lo que orienta la libertad auténtica.
Con la historia del amigo de Zósima, Dostoyevski nos muestra que no todo está permitido. Lo hace cambiando nuestro punto de vista: lo que verdaderamente angustia al hombre no es lo que está permitido o lo que está prohibido, sino lo que deja de recibir. Dostoyevski nos ayuda a comprender que la identidad profunda del hombre no radica tanto en hacer como en recibir.
Con este giro dostoyevskiano de la libertad, la persona puede revitalizarse y, en lugar de ver amenazas, abrirse al descubrimiento de un amor que desea curar su voluntad herida.
Nota
[1]F.M. Dostoievski, “¿Soy un enemigo de los niños? ¿Qué significa a veces la palabra ‘feliz’?, Diario de un escritor, diciembre 1877. En: F.M. Dostoievski, Diario de un escritor, Alba, Barcelona 2007, p. 583.
[2]F.M. Dostoievski, Los hermanos Karamázov, Cátedra, Madrid 82005, p. 160.
[3]Ibídem, p. 481.
[4]Ibídem, p. 483.
“La universidad ha conocido un notable desarrollo en Colombia, pero debe invertir en investigación e innovación para impulsar el desarrollo social y económico”. Esta es una de las principales conclusiones que extrae Cecilia María Vélez, exministra de Educación del país latinoamericano, del monográfico de Nueva Revista, que fue presentado en la embajada de Colombia en España.
“El monográfico servirá de hoja de ruta para tomar decisiones trascendentales en el sector” subrayó el embajador de Colombia
El acto estuvo presidido por el embajador Luis Guillermo Plata. Este subrayó que el monográfico es “un compendio de expertos”, que “alberga un análisis profundo sobre la universidad en Colombia”, así como sobre “las nuevas tendencias en educación superior”, y que “servirá de hoja de ruta para tomar decisiones trascendentales en el sector”.

Añadió que la educación es “uno de los pilares más fuertes entre España y Colombia”, como lo demuestra las becas a estudiantes del país latinoamericano. Y subrayó, concretamente, el papel desarrollado por la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), en la que “se han graduado 8.000 colombianos, y en la que actualmente estudian otros 5.000”.
EL RETO DE LA CALIDAD
También intervino el presidente de UNIR, Rafael Puyol, que indicó que “el gran reto” que tiene por delante la universidad en Colombia es “el de la calidad”; para lograr que las universidades “tengan una oferta formativa suficiente, adecuada y que dé entrada al sistema a personas independientemente de su situación económica”; así como para que puedan “realizar la mejor investigación posible y transferir sus resultados a la sociedad; y cumplir una función cultural de la que pueda beneficiarse toda la ciudadanía”.
Por su parte, Cecilia María Vélez, que ocupó la cartera de Educación del Gobierno colombiano de 2002 a 2010 y que ha coordinado el cuaderno de Nueva Revista, explicó, en un coloquio con el periodista Julio Sánchez Cristo, que el monográfico hace “un diagnóstico muy interesante sobre la educación superior en Colombia, que sirve para señalar dónde tienen que hacer fuerza las universidades para responder tanto al mercado como a los desafíos del futuro”.
Valoró la calidad y el rigor de los once autores del monográfico, procedentes del mundo de la educación superior, la economía y la empresa; y señaló que la pandemia ha supuesto “un impulso para la educación virtual” en Colombia, y para “la adaptación del profesorado”; pero también ha servido “para cuestionar la universidad presencial”.
“No se va a terminar la presencialidad” pero “la educación se encamina a un sistema blended ” afirmó la exministra
A preguntas de Sánchez Cristo, Vélez ponderó las ventajas de la educación virtual. Explicó que una de las preocupaciones que tenía cuando era rectora de la Universidad Tadeo, un centro presencial, era “hacer el seguimiento específico de los estudiantes”, y que cuando llegó a UNIR, universidad en internet, una de las cosas que más le impresionaron fue “el seguimiento que se hace de los estudiantes, desde la virtualidad”.
La exministra añadió que la educación presencial y virtual son “mundos distintos, pero que se van a ayudar mucho mutuamente”. La segunda ha permitido desarrollar nuevas pautas y metodologías, poniendo en juego competencias novedosas, como el desarrollo del pensamiento crítico. “No se va a terminar la presencialidad” pero “la educación se encamina a un sistema blended [híbrido]”. Todo lo cual “va a mejorar, en general, a la educación”.
Una de las ventajas de la universidad virtual es “la posibilidad de llegar a sitios increíbles, donde no llega la presencial”. Así, explicó, “un muchacho de Colombia puede estudiar en cualquier municipio que tenga conectividad y no hace falta que vaya a Bogotá”. Al romper barreras geográficas, temporales y sociales, la educación en línea permite adaptarse a “la situación de quienes están trabajando o de las madres con hijos” apostilló la exministra.
Sánchez Cristo cerró el coloquio, agradeciendo a Cecilia María Vélez el monográfico editado por UNIR, universidad a la que calificó como “un proyecto académico ejemplar no solo para España sino de España para el mundo”.
Mark Van Doren (1894-1972) es sobre todo conocido como ganador del premio Pulitzer de Poesía (1940) y como catedrático de Inglés durante más de cuarenta años en la Universidad de Columbia. Dejó una fuerte impronta en varias generaciones de universitarios estadounidenses. Un alumno suyo muy notable fue Thomas Merton. Este segundo ensalza a Van Doren en La montaña de los siete círculos.
Van Doren es también una mente preclara explicando el papel de la universidad, de los estudios, de cómo se estudia, de la formación y de la importancia de los grandes libros en la formación. Lo hace notablemente en su ensayo Liberal Education.

De Mark Van Doren, Liberal Education, Henry Holt and Company, Nueva York, 1945, sacamos a continuación su visión del carácter y de la educación del carácter.
[Traducción y subrayados: José Manuel Grau Navarro]