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Ver productosLo contradictorio es el criterio de lo real», escribió Simone Weil, «mi admirada Simone Weil», la llama Pablo d’Ors en el emocionante epílogo que culmina su último libro publicado, Biografía de la luz (Galaxia Gutenberg, 2021). Fue resultado, según relata en esas páginas finales, de un momento tenebroso en el que se sentía muy desdichado. «Más que eso: experimentaba vergüenza y confusión ante mí mismo». La contradicción era flagrante (el adjetivo es suyo): sus libros se traducían y vendían, la red de meditadores que dirige crecía, al igual que los lectores que le escribían para manifestarle afecto y admiración… «Yo me escondía a llorar en mi habitación», reconoce. Y reconoce también que se hundió en una depresión —tras escribir un libro titulado Entusiasmo—. Y salió. Salió haciendo lo mismo que solía hacer: meditar, escribir. «Hay que permanecer en la noche, confiar y continuar trabajando. Solo así se abre el día (…). Tener éxito —hoy lo sé— es perseverar en el fracaso».

«Lo contradictorio es el criterio de lo real», de nuevo, como un mantra, la frase de la filósofa Simone Weil. Si nos interesa el bienestar emocional, si interrogamos y andamos detrás de él es porque, demasiado a menudo, somos carne de malestar. Es lo que bulle, lo que reverbera y atiza. Es el conocido envés del bienestar emocional, ese que se añora cuando se pierde, pero que cuando se posee apenas se disfruta o se valora. Eso tan esquivo, huidizo, eso es el bienestar. ¿Cómo apresarlo? ¿Cómo definirlo? ¿Dónde encontrarlo? De todas estas cuestiones hablamos con el exitoso escritor, el meditador, el sacerdote Pablo d’Ors. Él, que habitó la penumbra y encontró y escribió sobre la luz, ¿sabrá definirlo? Por ahí empieza esta conversación.
—¿Qué es para usted o cómo definiría «bienestar emocional»?
—Preferiría hablar de bienestar físico, mental, emocional y espiritual, de modo que la visión fuera más holística o integral. Las emociones no deben, evidentemente, ser reprimidas. Pero tampoco deben sacarse sin más, so pena de ir sembrando el patio de cadáveres. Se trata de mirarlas y atravesarlas, por decirlo brevemente: un proceso que, normalmente, no se enseña.
—En Biografía de la luz escribe: «No podemos meditar –hacer la experiencia de nuestro yo profundo– y pretender que nuestra vida no se haga pedazos», lo cual trae muy malas noticias para quien entiende la meditación en términos utilitaristas: «si hago esto, me sentiré mejor». ¿Puede explicar por qué es un error pensar en esos términos?
—La meditación no arregla por sí misma la vida de nadie, al igual que la pareja tampoco arregla la vida de nadie. Meditación y pareja, por seguir con esta correlación, son medios para la consecución de un fin, pero sin amor, sin insuflar espíritu a esa meditación o a esa relación de pareja no hay nada que hacer. La meditación no es solo una terapia, es una mística. No solo ayuda a reconciliar la dimensión psicofísica, sino que abre a lo trascendente, al fondo sagrado que hay en cada ser humano.
—¿Cómo se relacionan o dónde se tocan entonces –si en algún punto– la meditación y el bienestar emocional?
—Allí donde termina el trabajo emocional o psicológico, empieza el espiritual. Si lo psicológico no está saneado, es fácil que lo espiritual se convierta en una tapadera. Uno no medita para sentirse bien, sino para encontrarse con uno mismo, y en ese proceso se encuentran muchas cosas que no gustan y que no nos lo hacen pasar bien. La meditación es para aventureros del alma.
—Hablando de bienestar emocional en términos personales, es muy valiente de su parte el texto final de su último libro, donde relata que entró en depresión… Y salió. ¿Cree que uno es responsable de su propio bienestar emocional? ¿Cómo puede ayudarse uno, cómo pueden –si pueden– ayudar los demás?
—Somos responsables de casi todo. Si estalla la guerra en Ucrania, yo debo preguntarme: ¿en qué he fallado? Esa pregunta es siempre más interesante y necesaria que preguntarse en qué han fallado los políticos o quien quiera que sea. Si en los corazones de todo el mundo hubiera paz, sencillamente no habría guerras. Vivimos lo que nos corresponde, porque hemos de aprender esa lección. Si estuviera ya aprendida, no la viviríamos. Muchos me dicen que soy muy sincero. Me sorprende que admiren eso, porque la sinceridad es para mí el valor mínimo. Lo importante es ser auténtico, solidario, compasivo, sabio…
—Saliendo de lo individual, ¿cree que es posible trasladar el término «bienestar emocional» a una comunidad, una sociedad o un tiempo? Si así fuera, ¿cómo describiría o calificaría el bienestar emocional de nuestra época?
—Nuestra época está obsesionada con el bienestar emocional. Pero, al igual que no podemos amar a los demás si no nos amamos a nosotros mismos, tampoco podemos amarnos a nosotros si no amamos a los demás. Son vasos comunicantes. Es el mismo amor el que volcamos sobre los demás que el que volcamos sobre nosotros. Yo veo poco amor: veo más bien individualismo y altruismo frenético.
—Es bastante beligerante con el bienestar (a secas, sin lo de «emocional»). En Biografía del silencio lo describe como el enemigo a batir, el principal de los ídolos. Copio: «Conectar con el propio dolor y con el dolor del mundo es la única forma, demostrable, para derrocar al principal de los ídolos, que no es otro que el bienestar». ¿Por qué? ¿Sería el bienestar emocional también una especie de parapeto egoísta, quizá tranquilizador, pero que desconecta del mundo?
—En efecto, el bienestar es una tentación. Todo lo sano es incómodo. Si no salimos de nuestra zona de confort, es decir, de nuestro bienestar, no creceremos como personas y el camino espiritual será sencillamente inviable. Más que estar bien, nuestra meta debería apuntar a ser lo que somos: eso es lo que nos hará estar realmente bien, aunque haya muchos momentos en el camino que no serán nada agradables.
—El dolor sí le parece útil y llega a decir que es nuestro principal maestro. ¿Por qué esta exaltación? ¿No tiene esto un punto masoquista? ¿Qué le diría a quien piensa lo contrario, que del dolor nada se aprende?
—Nuestra resistencia al sufrimiento es resistencia a la vida. En cuanto dejamos de resistirnos, empezamos a vivir y el sufrimiento deja de tener ese veneno tan devastador que le caracteriza. Cualquier camino serio, el de los atletas, el de los ascetas, el de los verdaderos artistas y escritores, comporta una disciplina que, se quiera o no, incide dolorosamente en el cuerpo. Llamamos masoquismo a lo que es, simplemente ‒y no parece tan simple‒, capacidad de sacrificio. Hay momentos en que entregarse duele, no todo es tan soft como a muchos les gustaría.
+ ARTÍCULOS SOBRE BIENESTAR EMOCIONAL
· Paradojas y disyuntivas del bienestar emocional
· El bienestar emocional de ellas
· De qué hablamos cuando hablamos de «bienestar emocional»
· Retorno a la subjetividad
Rafael Puyol, presidente de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) y catedrático de Geografía Humana, sintetizó en tres conclusiones su intervención sobre las previsiones demográficas del siglo XXI: “Seremos más en el mundo, pero creceremos de forma más lenta; habrá menos nacimientos y más muertos; y nos moveremos con más intensidad y envejeceremos más aprisa”.
Por su parte, el doctor en Demografía, economista, escritor y expolítico, Joaquín Leguina, manifestó que “la demografía española es preocupante. Vamos a una población envejecida; y hemos pasado de tener la fecundidad más alta de Europa a una de las más bajas del mundo”.
Ambos participaron junto con Lola Puga González, científica titular del CSIC y miembro del grupo de investigación sobre envejecimiento, en una nueva sesión del seminario Pensar el siglo XXI dirigido por Emilio Lamo de Espinosa, catedrático emérito de Sociología y académico de Ciencias Morales y Políticas.

Lamo de Espinosa introdujo la sesión con un significativo dato de actualidad: “en noviembre de 2022, la población del planeta ha alcanzado los 8.000 millones de personas”.
A este mismo dato se refirió Rafael Puyol, comparándolo con los 2.500 millones de habitantes de 1950. “En términos absolutos -indicó- el crecimiento de la población mundial sigue siendo fuerte”; pero “la tasa anual de incremento ha caído a la mitad: de 2,1 en el primer quinquenio de los años 60 a quedar por debajo del 1%”.
“El crecimiento de población se va a concentrar en Asia Central y del Sur y en el África subsahariana, mientras que Europa y América del Norte permanecerán estancadas”
El factor inicial del crecimiento de población se debe a “la caída de la mortalidad (la epidémica, la ordinaria y la infantil). Ha subido la esperanza de vida, pero han crecido las muertes absolutas debido al envejecimiento”.
A corto y medio plazo no se esperan reducciones fuertes, debido a la llamada “inercia demográfica”, explicó el ponente. “En 2050 se estima que habrá unos 9.700 millones de habitantes. Luego seguiremos creciendo, pero a menor intensidad hasta alcanzar los 10.400 millones en 2100”.

El crecimiento de la población no es homogéneo en todo el planeta. “Se va a concentrar en Asia Central y del Sur y en el África subsahariana, mientras que Europa y América del Norte permanecerán estancadas. Solo la India y China rebasarán cada una los mil cuatrocientos millones. Si bien el segundo ya está disminuyendo su población y será adelantado por la India”. En conjunto, añadió el catedrático, “entre 2022 y 2050 más de 60 países perderán población”.
Otro fenómeno significativo -destacó Rafael Puyol- es “la disminución de la tasa global de fecundidad: De 5 hijos por mujer en 1950 ha retrocedido hasta 2,3 en 2021. Dos tercios de la población mundial vive en territorios donde ya no se renuevan las generaciones y se espera que en 2050 la tasa global baje a 2,1 hijos por mujer”.
Por otro lado, las migraciones internacionales han experimentado un fuerte crecimiento: “En 1970 las personas que vivían en un país distinto al de su nacimiento eran 84 millones (2,3 % del planeta) y en 2020 281 millones (un 3,6 %). Además, se han globalizado, en el sentido de que son cada vez más los países emigratorios, inmigratorios o de tránsito (o las tres cosas a la vez)”.
“Se calcula que hay en el mundo 771 millones de personas de 65 años y más, tres veces más de las que había en 1980 (258 millones)”
Otra tendencia relevante es el envejecimiento de la población: En 2022 “se calcula que hay en el mundo 771 millones de personas de 65 años y más, tres veces más de las que había en 1980 (258 millones), debido a la caída de la natalidad y el aumento de la longevidad” La tendencia va a ir a más. “En 2050 la cifra llegará a los 1.600 millones. Todas las regiones estarán envejecidas, a excepción del África subsahariana, y serán Europa y América del Norte quienes lideren la clasificación”.
Es preciso “entender el envejecimiento como una conquista social” -matizó Rafael Puyol- y concebirlo “como una oportunidad, aunque deba enfrentarse a retos importantes como el pago de las pensiones, los gastos sanitarios o la dependencia”. En el caso de los países subsaharianos, con altos porcentajes de población joven (por debajo de los 15 años) “el reto es alimentar y educar a tanta gente joven, y la oportunidad de acelerar el crecimiento económico y el desarrollo social gracias a este “dividendo demográfico”.
“Introduciendo una perspectiva de género”, indicó, “globalmente el mundo tenía en 2022 un porcentaje algo superior de varones (50,3 %) que de mujeres (49,7 %)”. Sin embargo, esta distribución “se invertirá a lo largo del siglo a medida que se intensifique el envejecimiento ya que entre las personas de 65 años y más el 56 % (2022) son mujeres. Se calcula que hacia 2050 los dos sexos tendrán efectivos muy semejantes”.
Puyol aludió, por último, al impacto de la pandemia de covid-19, subrayando que ha afectado sobre todo a la mortalidad. “El exceso de mortalidad se estima en 14,9 millones en el periodo comprendido entre el 1 de enero de 2020 y el 31 de diciembre de 2021”.
Afectó de forma desigual a la fecundidad: “en los países de rentas altas se produjo una disminución temporal de las concepciones y los nacimientos provocada por la disminución de nuevos matrimonios y el retraso de la maternidad”. En tanto que en los estados de rentas bajas o medias “no se produjeron variaciones significativas en los embarazos y los nacimientos”.
La pandemia mermó de forma notable la movilidad: “Se calcula que entre 2020 y 2021 las migraciones internacionales se redujeron a la mitad, según la World Population Prospects de 2022” destacó el experto.
Joaquín Leguina: “No estamos ante un problema de inmigración sino de integración de la inmigración”
Por su parte, Joaquín Leguina, doctor en Demografía por la Sorbona y ex demógrafo experto de Naciones Unidas, puso en cuestión que la llegada de inmigrantes logre “compensar la caída demográfica de España por la baja natalidad” y advirtió, además, que “no estamos ante un problema de inmigración sino de integración de la inmigracion” Se preguntó “¿cuántos hijos de esos inmigrantes están en la Universidad?”. El nivel es bajísimo comparado con los autóctonos, ya que cuando terminan la enseñanza obligatoria se pone a trabajar. Lo cual plantea problema para la integración, dado “el carácter de escalera social de la universidad”. El fenómeno es extensible a toda la UE: “Europa se lo tiene que tomar más en serio, no existe una política de inmigración europea”.

Respecto al envejecimiento, Leguina recordo que “en medio siglo casi el 30% de la población será mayor de 65 años”, aunque actualmente hay mejores estándares de calidad de la salud que antes. Incidió, no obstante, en los problemas médicos y sociales del envejecimiento, singularmente “la soledad y asociado con ella, el problema de los suicidios”.
Lola Puga González: “Una de las megatendencias globales es el envejecimiento, al que se refería The Lancet como ‘la bomba’”
Por su parte, la científica titular del CSIC Lola Puga González, manifestó que “una de las mega tendencias globales es el envejecimiento, al que se refería The Lancet como ‘la bomba’. Ahora ‘la bomba’ no es la amenaza de la superpoblación, de la que se hablaba hace décadas, sino el reloj del envejecimiento, que ha sonado para China, y para muchos países”.

El haber aumentado la esperanza de vida supone un gran logro, pero “el envejecimiento plantea muchos desafíos, en términos de sistemas de protección y de composición generacional, estructura de cuidados etcétera”.
Señaló que actualmente se está dando “un enlentecimiento de la demografía mundial, si bien a escala país se está produciendo una aceleración del cambio demográfico, debido al peso de las migraciones”.
En el coloquio posterior, los ponentes abordaron entre otros temas, el papel de las políticas natalistas. Leguina se mostró pesimista al destacar que “son de difícil implantación”, aunque es preciso impulsarlas, y mencionó las llevadas a cabo en Francia tras la II Guerra Mundial. Recordó que según una encuesta del INE, las mujeres españolas en edad fértil desean tener “más del doble de los hijos que tienen”; y subrayó que “la obligación de los poderes públicos es ayudarles a cumplir esos deseos”.
Rafael Puyol matizó que “no cabe esperar milagros” de estas políticas, pero que son necesarias para “evitar, junto con la inmigración, que caigamos en implosión demográfica”. Y subrayó que las implementadas en Suecia o Francia han tenido cierta efectividad. “Suecia tiene una tasa de natalidad de 1,7, Francia 1,9, España 1,28. ¿Cuánto dedican a política familiar? Suecia el 3,3 del PIB, y España sólo el 1,2 del PIB” concluyó.
El acuerdo político que define la salud como un estado de bienestar físico, psicológico y social (ONU) ha sido criticado por su generalidad conceptual, así como por su incapacidad para dar cuenta de una experiencia cambiante. No hay nada extraño en ello, pues mientras los planteamientos más universalistas consideran invariables los elementos de la salud, muchas otras corrientes en el campo de la antropología o de la historia cultural parten de la premisa contraria, y buscan esclarecer las variaciones históricas de lo que se denomina «bienestar». Desde este último punto de vista, el problema de qué sea el bienestar se complica, pues del mismo modo que hay quien se siente mal sin que (en principio) le ocurra nada, también hay quien dice sentirse bien estando (en principio) enfermo. Esta doble paradoja —la de personas que, aun cuando se encuentren objetivamente bien, se sienten mal, y la de personas que se sienten bien aun cuando estén objetivamente mal— plantea serios problemas no solo en el campo de la historia, sino también de la ética y la política. Entiéndase bien: no se trata tanto de que mostremos indignación hacia quien es feliz sin merecerlo o compasivos ante quien es desgraciado sin culpa. El problema radica más bien en qué hacer con quienes se dicen felices en la miseria o en la enfermedad y, quienes, al contrario, son desgraciados en la opulencia o en la salud.
ENTRE LA RESIGNACIÓN Y LA RESISTENCIA
La historia del bienestar se entiende mejor a partir de estos casos extremos que nos obligan a decidir entre las consideraciones objetivas de la salud y las valoraciones subjetivas de la experiencia. A lo largo de los siglos, hemos basculado en torno a estos dos extremos. Por un lado se han situado todas aquellas posturas filosóficas, éticas o económicas que, ligadas a una política de la resignación, han promovido formas, ya sean laicas o religiosas, de encontrar paz y descanso aun en la situación más lenitiva o en la economía más adversa. Por el otro, se han colocado todos aquellos para quienes la correcta medida del bienestar depende de consideraciones objetivas y de políticas públicas. Es fácil encontrar ejemplos de ambas cosas. Hoy sabemos, por ejemplo que, a comienzos del siglo XIX, la mayor parte de la población más desfavorecida de la denominada clase obrera en Inglaterra consideraba su forma de vida con resignación, de modo que no es infrecuente encontrar, como en las plantaciones del sur los Estados Unidos, muestras de felicidad en el trabajo infantil, en el dolor o en la miseria. Al mismo tiempo, no son pocos los autores que han señalado la victimización o el fraude como forma de obtener réditos económicos, políticos o emocionales.
La historia del bienestar emocional ha basculado en torno a las consideraciones objetivas de la salud y la valoración subjetiva de la experiencia
DEL HECHO INDIVIDUAL AL SOCIAL: EL EJEMPLO DEL SUICIDIO
La paradoja señalada no es la única. Tan importante como la valoración emocional de los acontecimientos de la propia vida es la consideración de que aquellas circunstancias que consideramos, en principio, «individuales» —incluyendo las que conducen, por ejemplo, al suicidio, como expresión máxima de malestar personal— forman parte de un fenómeno que puede y debe examinarse como un hecho social.
Veamos esto con algo más de detenimiento. Como cualquier otra acción individual, el suicidio suele interpretarse como la expresión máxima de un malestar personal, según se refirió a este fenómeno el Premio Nacional de Ensayo, Ramón Andrés en la obra que le dedicó: Semper dolens. Se trataría así de una decisión privada tomada en circunstancias adversas, ya sea porque el suicida no puede soportar más el dolor del presente o porque no encuentra esperanza en el futuro. En las primeras décadas del siglo XIX, lo encontramos con frecuencia descrito de ese modo. En los textos de Chateaubriand, en las novelas de Charles Nodier o en las de Goethe, suele equipararse al deseo por poner fin al sentimiento de frustración causado por un deseo insatisfecho. También a Madame de Staël, que lo había justificado en su juventud y que posteriormente se mostró contraria en el tratado que escribió sobre la materia en 1812, le parecía apropiado defender que la mayor parte de los suicidios se debían a la incapacidad para comprender ya fuera la relación entre la fortuna y la voluntad como entre la ruina y al deshonor.
Aun cuando esta visión individualista y romántica del suicidio se extiende hasta nuestros días, hay que tener presente que la acción, en principio autónoma, por la que alguien decide quitarse la vida, comenzó también a estudiarse, mucho antes de la famosa obra de Émile Durkheim, como un fenómeno colectivo que requería una explicación más de naturaleza sociológica que psicológica. La epidemia de suicidios que se extendió por Europa después de la Revolución francesa parecía demandar algún tipo de explicación. Así mientras que entre 1827 y 1830 había un suicidio en París por cada tres mil habitantes, de 1830 a 1835 una de cada dos mil personas se había quitado la vida. Citando la autoridad del alienista (hoy diríamos psiquiatra) Esquirol, el suicidio pasó a considerarse un hecho social, ligado a la liberación del tutelaje del Antiguo Régimen. En un tratado de 1773, Jean Dumas escribía: «Desde hace algún tiempo, el suicido se ha vuelto común en todas las partes del mundo cristiano, a consecuencia de la irreligión, del lujo y de la corrupción». Resultado de una riqueza mal adquirida o de una pobreza mal llevada, dejó de ser una cosa de ricos o de pobres, para afectar a capas más extensas de la población. Después de 1790, las clases medias, que parecían haber quedado exentas de este mal durante siglos, comenzaron a quitarse la vida, en parte como resultado del incremento de las enfermedades de la imaginación.
La ola de suicidios que se extendió por Europa tras la Revolución francesa parecía demandar algún tipo de explicación social más allá del mero malestar individual
LA SALUD, CUESTIÓN DE ESTADO
Esta forma de intervenir socialmente en las valoraciones subjetivas del malestar o del bienestar está detrás de otras muchas formas de intervención pública que marcan el desarrollo del mundo contemporáneo. La Ilustración vio nacer y desarrollarse no solo una reflexión del suicidio como un hecho social, sino una nueva concepción secularizada de la salud, ligada a una ética de la responsabilidad y a una política de educación. Esta medicalización de la salud, y su consideración como asunto de Estado, tuvo efectos muy variados: desde el nacimiento de la dietética o de la gimnasia escolar hasta la supervisión de la nutrición y de los usos del agua. A estos ejemplos podrían añadirse el control de la natalidad, la seguridad laboral, el cuidado de la pobreza así como la regulación de la sexualidad o del parto como demuestran estudios de diversos autores. La subordinación de la vida a principios de naturaleza científica continuó durante todo el siglo XIX con el desarrollo de la bacteriología y de la higiene social, y desembocó tanto en los planteamientos eugenésicos de principios del siglo XX, en su vertiente más siniestra, como en el estado del bienestar (Welfare State), posterior a la Segunda Guerra Mundial.
El nacimiento de la medicina clínica, la formación de nuevos cuadros profesionales, así como la creación de centros hospitalarios y de investigación formaron parte de esa política de regulación del bienestar individual que pasó a convertirse, como el propio suicidio, en un asunto de interés social. Tanto el nuevo humanitarismo, por un lado, como la puesta en valor de un sistema de caridad, por el otro, permitieron la reforma de hospitales, prisiones, cementerios, pero también la promulgación de leyes relacionadas con la limitación del trabajo infantil o con las medidas de re-urbanización y saneamiento. Así, al mismo tiempo que se incentivaron campañas de vacunación o de profilaxis ligadas, por ejemplo, a la lucha contra la viruela, la sífilis o el cólera se promulgaron leyes relacionadas con la educación social, con el maltrato infantil o con el mundo laboral; lo que hace muy difícil distinguir entre well-being o welfare en la historia del estado del bienestar.
Las políticas de regulación del bienestar individual convirtieron a este en un asunto de interés social, lo que hacía difícil distinguir entre well-being o welfare
ENTRE LA RENUNCIA Y LA PASIÓN
Al examinar la obra de Adam Smith, el economista Albert O. Hirschman entendió que la confluencia entre pasiones e intereses hacía difícil alcanzar un equilibrio entre las razones privadas y el bien general. La paradoja es notable, pues parece que hay una gran diferencia entre promover una filosofía del bienestar individual o considerar, por contra, que los seres humanos no pueden ser felices más que en comunidad. La primera opción siempre ha sido la propia, en Occidente, de corrientes estoicas o neo-estoicas (en general promovidas por personas a las que no les faltaba nada). Para esta línea de pensamiento, el bienestar de las personas no depende de sus condiciones de vida, sino de la valoración que cada cual hace de su propia existencia y de la sabia aceptación de su infortunio o de su fortuna. Se trata de filosofías de la renuncia, que ponen freno a lo que podríamos llamar la imaginación proyectiva.
Las raíces históricas de esta línea de pensamiento son antiguas. Como había enseñado el sabio Epicuro en el siglo IV a.C., la felicidad solo podía obtenerse si consiguiéramos liberarnos de los temores injustificados y de los deseos insatisfechos. En esa misma línea de pensamiento, también Plutarco estaba convencido de que solo la paz interior podía amainar los vientos del exterior. Y puesto que la tranquilidad del espíritu no dependía de los avatares de la fortuna, sino del ejercicio de la virtud, incluso los más desfavorecidos podían aprender a cultivar una vida feliz. Una opinión que también compartió Séneca en el mundo romano. Para este último autor, el cúmulo de las adversidades, lejos de trastornar el ánimo, era más bien provechoso para quien lo padece. «El hombre feliz —escribía— es aquel que, de acuerdo con la razón, nada teme ni nada desea».
Para las corrientes estoicas, el bienestar solo depende de la valoración que cada uno hace de su propia existencia y no tanto de sus condiciones de vida
Al contrario que esta eudaimonía de los estoicos, ‒una forma de bienestar caracterizada por la ausencia de miedo y de deseo‒, la Ilustración se mostró partidaria de una forma de felicidad que fuera el resultado de la movilización de las pasiones. Así, mientras que el estoicismo nos alejaba de la política, convenciéndonos de que podíamos encontrar la paz y el sosiego espiritual incluso en la más adversa de las circunstancias, la Ilustración promovió una concepción de la felicidad que dependía de la satisfacción del deseo. Si Séneca quiere que vivamos sin ambición y sin deseo, escribía el filósofo La Mettrie, «¡entonces nosotros seremos anti-estoicos!». Esta posición la comparten otros muchos autores. Sin las pasiones, escribía Diderot, las bellas artes regresarían a la puericia y la virtud a la insignificancia. Solo gracias al lujo de las ramas disfrutamos la sombra de los árboles, afirmaba en sus Pensamientos filosóficos. En consonancia con el clima intelectual de la época, que buscaba imitar los logros de Isaac Newton en el contexto de las ciencias del hombre, el también filósofo Helvétius equiparó las pasiones a las fuerzas de la mecánica, sometidas a leyes y principios básicos: «Es la avaricia la que guía las naves a través de los desiertos del océano; el orgullo el que llena los valles, allana las montañas, se abre camino a través de las rocas, eleva las pirámides». Por eso se dice que el amor afiló el lápiz del primer dibujante o que el deseo de gloria, en la cima helada de las montañas, en medio de las nieves y del hielo, inclinó los anteojos del astrónomo. En todos los casos, y completamente al contrario de lo que había defendido la apatheia clásica —es decir, la idea de que no había más felicidad que la que provenía de la ausencia de pasiones, sobre todo de aquellas que, denominadas «ficticias», no se correspondían con las necesidades naturales—, el siglo XVIII vio una reivindicación del universo pasional: no hay más felicidad que la que proviene de la realización de un deseo.
Si Séneca quiere que vivamos sin ambición y sin deseo, escribía el filósofo La Mettrie, «¡entonces nosotros seremos anti-estoicos!»
LA ECONOMÍA SIGUE A LA FILOSOFÍA
Esta reivindicación de las pasiones venía además refrendada por las teorías económicas. Con el antecedente del famoso tratado sobre la fábula de las abejas en el que el doctor Mandeville había intentado mostrar hasta qué punto los vicios privados contribuían a las virtudes públicas, la segunda mitad del siglo XVIII hizo del egoísmo el fundamento económico del mercado. Por más que en 1759, en su Teoría de los sentimientos morales, Adam Smith hubiera descrito la ambición como una pasión cuyos excesos debían ser regulados, en 1787 había llegado a la conclusión de que nuestro sustento no provenía de la benevolencia del carnicero, del cervecero o del panadero, sino del cuidado que cada uno de ellos ponía en su propio interés. Si queremos cenar no debemos apelar a la humanidad de los comerciantes, sino al amor que sienten por sí mismos; no debemos referirles jamás nuestras necesidades, sino sus beneficios, decía. Como Helvétius antes que él, Smith no veía inconveniente en relacionar el amor a las cosas materiales con los honores, dignidades y reconocimientos, es decir, con todas las pasiones sociales que habían sido desde antiguo una de las grandes preocupaciones del ser humano y que, en términos generales, habían sido rechazadas desde los tiempos de Agustín de Hipona bajo el nombre genérico de cupiditas.
La reivindicación de las pasiones tuvo su refrendo económico y la segunda mitad del xviii hizo del egoísmo el fundamento económico del mercado
ALGUNAS CONCLUSIONES
Todas estas paradojas nos vienen a decir que la historia del bienestar debe escribirse atendiendo a las tres circunstancias mencionadas. Por un lado, habrá que esclarecer si el bienestar es una valoración subjetiva antes que una consideración objetiva. Del mismo modo, habrá que decidir si lo que llamamos bienestar se consigue mediante ejercicios privados o a través de políticas públicas. Finalmente, también habrá que determinar si entendemos por felicidad la moderación o incluso la ausencia de pasiones o, por el contrario, la exaltación del deseo satisfecho.
En nuestros días, estas tres disyuntivas están ampliamente representadas. Por un lado, asistimos al desarrollo exponencial de una industria de la felicidad que recupera no pocos elementos del estoicismo antiguo, así como de otras corrientes de pensamiento oriental. Esta mercantilización del bienestar emocional ha sido estudiada por Cabanas e Illouz en su imprescindible Happycracia. Cómo la ciencia y la industria de la felicidad controlan nuestras vidas. El desmantelamiento y la puesta en cuestión del estado del bienestar (welfare) ha ido emparejado en los últimos años por una recuperación de las políticas de la resignación, acentuadas por la práctica de formas distintas de introspección o meditación, de modo que, en la vieja tradición estoica, la adversidad pueda servir de ocasión a la virtud.
En segundo lugar, también presenciamos la consolidación de una sociedad al mismo tiempo quejumbrosa y opulenta, que se lamenta sin motivo y se queja sin razón. Esta hipocondriasis social se reviste de mil formas, pero todas tienen en común el triunfo de la valoración subjetiva sobre la frialdad de los hechos meramente verdaderos. Como en los mejores tiempos del licenciado vidriera, creerse enfermo es estar enfermo.
En la actualidad, la hipocondriasis social se reviste de mil formas, pero todas tienen en común el triunfo de la valoración subjetiva sobre la frialdad de los hechos
Finalmente, asistimos a una resignificación del universo pasional y, más en particular, de los deseos relacionados con la fama y el lujo como medida liberal de éxito. Dicho de otra manera, mientras se pone cada vez más en entredicho la visión ilustrada de que la felicidad es un bien colectivo que, en consecuencia, exige y demanda una protección social, también se afianza la idea, también ilustrada, de que la verdadera felicidad procede de la realización las pasiones más pueriles.
Lo que estas tres formas de bienestar tienen en común es justamente su regusto liberal. El individualismo posesivo no solo se ha convertido en sujeto de la razón, sino en dueño de una pasión desbocada que, contra toda evidencia, se queja de lo que no tiene, recela de la política y se arrastra, a cualquier precio, por los bienes de la fortuna y de la fama.
+ ARTÍCULOS SOBRE BIENESTAR EMOCIONAL
· Pablo d’Ors: «El bienestar es una tentación»
· El bienestar emocional de ellas
· De qué hablamos cuando hablamos de «bienestar emocional»
· Retorno a la subjetividad
REFERENCIAS
Andrés, Ramón (2015), Semper dolens. Historia del suicidio en Occidente, Barcelona, Acantilado, 2015.
Bergdolt, Klaus (2008) Wellbeing. A Cultural History of Healthy Living. Malden, MA., Polity Press.
Cabanas, Edgar y Illouz (2019), Happycracia. Cómo la ciencia y la industria de la felicidad controlan nuestras vidas, Madrid, Contextos,
De Staël, madame, [1796], De l’influence des passions sur le bonheur des individus et des nations, suivi de [1813], Réflexions sur le suicide, París, Rivages Poche, 2000, p. 266.
Helvétius, [1758]. De l’Esprit, Me he servido de la traducción española de José Manuel Bermudo, Madrid, Editora Nacional, 1984.
Hirschman, Albert O. [1973], The Passions and the Interests. Political Arguments for Capitalism Before Its Triumph, Princeton, Princeton University Press, 2013.
Séneva vs La Mettrie, (2018), El combate por la felicidad, Madrid, Errata naturae.
Han pasado ya algunas décadas desde que la Organización Mundial de la Salud (1986) planteara un modelo alternativo al modelo biomédico para definir la salud, sustituyéndolo por un modelo biopsicosocial, que definía la salud como «Un completo estado de bienestar físico, mental y social» y no únicamente como «la ausencia de enfermedad». El problema de esta ampliación era explicar en qué consistía exactamente el bienestar de las personas. Así, los esfuerzos por comprender y describir el bienestar han sido notorios. Las aproximaciones científicas al estudio del bienestar proceden de dos orientaciones filosóficas: la orientación hedonista, representada en la psicología actual por el concepto de bienestar subjetivo, y la orientación eudaimónica, representada por el concepto de bienestar psicológico. De esta manera, el estudio del bienestar subjetivo se ha centrado en el balance afectivo entre la frecuencia de experiencias positivas y la satisfacción con la vida, y el estudio del bienestar psicológico se ha centrado más en el desarrollo de las capacidades y el crecimiento personal.
Uno de los primeros estudios sobre el bienestar fue el trabajo de la psicóloga Marie Jahoda (1958). Modelos posteriores inspirados en esta teoría, intentaron delimitar el concepto de bienestar, mostrando claros puntos de convergencia entre sus formulaciones. Así, la teoría de la autodeterminación de Ryan y Deci (2000) sostiene que el bienestar psicológico implicaría la satisfacción de tres necesidades básicas: autonomía, competencia, y un sistema de valores y metas coherentes entre sí y con las propias ideas. La satisfacción de dichas necesidades daría lugar tanto al bienestar subjetivo (satisfacción con la vida y afecto positivo) como al bienestar psicológico (desarrollo del potencial humano), cerrando así la posible divergencia entre las diferentes teorías.
El estudio del bienestar subjetivo se centra en la satisfacción con la vida; el del bienestar psicológico, en las capacidades y el crecimiento personal
MIDIENDO EL BIENESTAR EMOCIONAL
Sobre la evaluación del bienestar se han desarrollado diferentes instrumentos, centrados en constructos variados pero relacionados entre sí, como el bienestar subjetivo, el bienestar psicológico, la calidad de vida, la satisfacción vital, etc. Prueba de ello son las escalas de Bienestar Psicológico de Ryff (1995), la escala de Satisfacción con la vida de Diener et al. (1985), la escala de Bienestar Personal de Fierro y Rando (2007), el Índice de Bienestar Personal de Cummins, et al. (2003), la escala de Bienestar Subjetivo (EBS-20 y EBS-8) de Calleja y Masón (2019), o la escala de Bienestar Mental de Warwick-Edimburgo (2007) que recoge los últimos avances en medidas psicológicas de acuerdo a la definición de salud de la OMS. La mayoría de estas escalas se desarrollaron con fines de investigación. Pueden aplicarse conjuntamente a otro tipo de instrumentos que miden componentes emocionales, como las escalas de Afecto Positivo y Negativo (PANAS) de Watson et al. (1988). Otras pueden adquirirse directamente, como la Escala de Bienestar Psicológico, de Sánchez Cánovas (2021).
EMOCIONES Y REPERCUSIONES
En los últimos años se han desarrollado numerosas investigaciones sobre el estudio del bienestar y otros conceptos afines, como la felicidad, o la calidad de vida, que han hecho posible una mayor profundización y ampliación de su marco conceptual, subrayando en los resultados de todos estos trabajos el impacto de las emociones en la salud física y mental. Tal es el caso de disciplinas como la neurociencia afectiva, la psiconeroinmunología, la psicología positiva, la inteligencia emocional, la psicología cognitiva, o la investigación de trastornos mentales. Algunos estudios de psicología de la salud han encontrado que una alta emocionalidad negativa favorece el desarrollo de enfermedades cardiovasculares, artritis, diabetes, osteoporosis, alzheimer, y algunos tipos de cáncer. También se ha encontrado que las personas con altos niveles de estrés, o depresión son más vulnerables al desarrollo de infecciones. Otros estudios han mostrado que la emocionalidad positiva reduce el riesgo de infarto, y puede incrementar la esperanza de vida. En esta línea de investigación, la psicología positiva ha aportado grandes avances al estudio del bienestar centrado fundamentalmente en las emociones positivas, y en algunas fortalezas humanas, como el optimismo, la gratitud, la honestidad, o la valentía, entre otras, demostrando de un modo bastante claro que experimentar emociones positivas y saber expresarlas puede tener un papel muy importante en la esperanza de vida. Así, diferentes estudios han señalado que las emociones positivas como el optimismo tienen un efecto amortiguador del estrés y la reactividad cardiovascular. Quede claro que el optimismo que defiende la psicología positiva no tiene nada que ver con el extendido movimiento americano de «pensamiento positivo» del siglo pasado que defendía que si pensamos en positivo las cosas saldrán bien, etc. El optimismo inteligente (Avia y Vázquez, 1998) defiende una actitud optimista a sabiendas de que las cosas no están totalmente bajo nuestro control y ante algunas circunstancias es mejor ser prudente.
Hay que diferenciar entre el optimismo que defiende la psicología positiva y el extendido movimiento americano del «pensamiento positivo»
En cuanto a la inteligencia emocional, y sus efectos positivos sobre el bienestar, diferentes estudios indican que las personas con más inteligencia emocional tienden a mostrar menor sintomatología depresiva, menor nivel de ansiedad, llevan a cabo conductas más saludables, muestran mayor ajuste social y son menos conflictivas. Estos hallazgos son muy importantes, pues la capacidad para regular las emociones tiene una relevancia crucial para los aspectos asociados al bienestar y la felicidad. Es decir, las personas con más inteligencia emocional muestran mayores niveles de satisfacción con su vida personal y social (Fernández-Berrocal, Extremera y Ramos 2009).
Al mismo tiempo, las investigaciones sobre trastornos mentales señalan que existe una mayor vulnerabilidad al desarrollo de desórdenes emocionales cuando se padecen niveles muy altos de ansiedad, irritabilidad y tristeza-depresión (Cano-Vindel y Dongil, 2017). El estrés está asociado al desarrollo de emociones negativas, disminución del estado de ánimo, enfermedad coronaria y cáncer.
Igualmente, desde la psicología cognitiva se sabe que cuando las personas llevan mucho tiempo sometidas a fuertes niveles de ansiedad y estrés, es más probable que puedan desarrollar distorsiones o sesgos cognitivos (errores a la hora de interpretar la realidad), así como dificultades en la regulación de sus emociones (evitación de situaciones temidas, intentos de suprimir pensamientos angustiantes, rumiaciones obsesivas…), observándose contenidos cognitivos disfuncionales frecuentes, como valoraciones excesivamente negativas de cualquier evento, anticipación de resultados no deseados, magnificación de consecuencias, importancia desproporcionada concedida a los problemas o dificultades, excesivo tiempo dedicado a pensar en amenazas, etc., generando cada vez mayor activación fisiológica, temor, ansiedad, emocionalidad negativa y cronificación o desarrollo de trastornos.
A la luz de los datos disponibles, la evidencia empírica sobre la relación entre las emociones y la salud física y mental queda fuera de toda duda
EL (IMPORTANTE) PAPEL DE LAS EMOCIONES NEGATIVAS
A la luz de los datos disponibles, la evidencia empírica sobre la relación entre las emociones y la salud física y mental queda fuera de toda duda. La investigación sobre las bases del bienestar comienza a hacerse inabarcable. Pese a todo ello, hacen falta todavía muchos estudios controlados que contrasten de un modo definitivo el papel de las emociones positivas en el bienestar y en la esperanza de vida, aunque sin duda existen datos que parecen indicar que las emociones positivas tienen un papel realmente importante en nuestras vidas. Ahora bien, el bienestar y el malestar psicológico están determinados por el tipo de emociones que experimentamos en cada momento. Estar relajado, alegre y con buen estado de ánimo es bueno para nuestro bienestar. Por el contrario, no es agradable el malestar psicológico producido por emociones negativas como la ira, la ansiedad, la tristeza, el miedo, o la culpa, aunque son imprescindibles, pues cumplen funciones importantes. Por ejemplo, el miedo nos ayuda a evitar peligros, a ser cautelosos, a protegernos, o a reaccionar huyendo, luchando o quedando paralizados. La culpa nos ayuda a cumplir principios éticos, a tomar conciencia del mal ocasionado, pedir disculpas y reparar el daño. El enfado, nos ayuda a reaccionar con cierta determinación, transmitiendo al otro que nos ha hecho daño, o que ha desatendido nuestros intereses, o nos ha ignorado, y nos sentimos molestos y esperamos una rectificación. Sería un error grave no enfadarse nunca para evitar el malestar que produce expresar lo que nos ha molestado, o considerar que somos rencorosos, intolerantes, poco compasivos o vulnerables porque nos hemos enojado.
Lo mismo cabe decir de otras emociones negativas. No es adaptativo no preocuparnos por nada, por ningún problema, o pensar que estamos enfermos si nos preocupamos y sentimos ansiedad. Tampoco sería adaptativo no entristecernos ante las pérdidas, o considerar que somos débiles si nos sentimos tristes por una ruptura o la muerte de un ser querido. Del mismo modo, la ansiedad es una emoción necesaria, adaptativa, que nos activa cuando tenemos que afrontar situaciones que percibimos como amenazantes y anticipamos que puede haber un resultado negativo. El problema surge cuando nos activamos en exceso, cuando mantenemos una alerta permanente o cuando nos asusta nuestra propia ansiedad y se retroalimenta. De modo que tanto las emociones positivas como las negativas son esenciales para nuestro bienestar porque nos ayudan a adaptarnos y sobrevivir.
Las emociones negativas cumplen funciones importantes. No es adaptativo no preocuparnos por nada o pensar que estamos enfermos si nos preocupamos
HABILIDADES Y ESTRATEGIAS DE REGULACIÓN EMOCIONAL
Para mejorar nuestro bienestar emocional, debemos intentar seguir las recomendaciones basadas en la evidencia científica propuestas desde diferentes ámbitos de la psicología científica. La inteligencia emocional señala la importancia de aprender a percibir, comprender, asimilar y regular las emociones, y contempla cuatro habilidades emocionalmente inteligentes que pueden aumentar nuestro bienestar: (1) ser capaces de identificar y expresar nuestros sentimientos; (2) saber cómo influyen las emociones sobre nuestros pensamientos y nuestra forma de procesar la información; (3) dar sentido a lo que estemos sintiendo en un momento determinado, siendo capaces de comprender dichos sentimientos asociados a una determinada situación o experiencia concreta; (4) ser capaces de regular nuestras emociones y acciones de forma eficaz, manteniendo un equilibrio en nuestros impulsos y emociones.
Las estrategias de regulación emocional más importantes son seis; tres que aumentan los síntomas de ansiedad y depresión (evitación, rumiación y supresión) y tres que los reducen (aceptación, reevaluación y solución de problemas). Con frecuencia, muchas personas al sentirse mal utilizan estrategias de regulación emocional equivocadas. La rumiación consiste en dar vueltas y vueltas al problema, focalizando la atención sobre el propio estado emocional, las preocupaciones y otros problemas, generando así cada vez más ansiedad, más preocupación, y caída del estado de ánimo. La evitación pretende eludir el afrontamiento activo de situaciones o problemas que se deben atender, con el fin de disminuir el malestar, pero a costa de dar aún más importancia a la amenaza, con lo que se refuerza la ansiedad. La supresión supone un intento de reprimir, negar o anular pensamientos o estados emocionales desagradables, buscando el control perfecto del bienestar, entrando así en un bucle que intensifica el malestar porque producen un aumento de los pensamientos que se pretenden eludir, etc.
Utilizar estrategias de regulación emocional equivocadas
‒evitación, rumiación y supresión‒ puede agudizan el malestar y los síntomas de ansiedad
Entre las estrategias de regulación emocional adaptativas, que consiguen reducir el malestar e incluso generar emociones agradables, la primera de ellas es la aceptación. Consiste en admitir las emociones negativas y el malestar que producen, dando sentido a lo que estamos sintiendo y comprendiendo su significado, lo que ayudará a una mejor adaptación. La siguiente, la reinterpretación del malestar psicológico, nos puede llevar a entender mejor las distorsiones cognitivas que estamos desarrollando sobre el problema y que conducen a una excesiva reacción emocional negativa que produce un gran malestar. Esto nos puede permitir, al menos en parte, entender el problema de una manera menos emocional y centrarnos en otras actividades, que requerirán nuestra atención, llegando así a un estado emocional más neutro o incluso positivo. Finalmente la solución de problemas nos lleva a poner en marcha nuestras funciones ejecutivas, por ejemplo, planificar la acción futura o tomar decisiones para resolver los problemas que van apareciendo, ayudándonos a manejar mejor los problemas y las emociones. La vida tiene momentos buenos, neutros y malos, dependiendo de los avatares, las situaciones que vivimos y las emociones que se generen. No se puede aspirar a que en la vida desaparezcan el esfuerzo, el trabajo, o los problemas. Tenemos que adaptarnos a la vida.
LA REESTRUCTURACIÓN COGNITIVA: DE LA AMENAZA AL DESAFÍO
El enfoque cognitivo de la emoción resalta la importancia que tienen determinados procesos cognitivos, como la valoración o la atención y cómo influyen en nuestro estado de ánimo y en nuestras reacciones emocionales. Por ejemplo, las personas con altos niveles de ansiedad, valoran de manera exagerada las amenazas que pueda conllevar una determinada situación y tienden a cometer cuatro tipos de errores interpretativos cuando se encuentran ante situaciones que perciben como amenazantes: (1) sobrevaloran la probabilidad de que suceda lo que temen; (2) sobrevaloran la severidad del evento, cuando suceda; (3) infravaloran los propios recursos para afrontar el problema; (4) infravaloran la posibilidad de recibir ayuda para paliar las dificultades. Es decir, tienden a pensar: «Seguro que sucede, será terrible, no podré hacer nada, nadie me ayudará». En cambio, otras personas, reevalúan los problemas intentando sustituir la valoración de amenaza por la valoración de desafío, lo que les permite manejar mejor su ansiedad y malestar. Las técnicas de reestructuración cognitiva basadas en la evidencia científica ayudan a las personas a detectar sus pensamientos distorsionados y a reinterpretarlos de una manera más realista, lo que disminuye la ansiedad.
Las personas con altos niveles de ansiedad pueden valorar de manera exagerada las amenazas de una situación, cometiendo errores interpretativos
APRENDIZAJE EMOCIONAL DO IT YOURSELF
El estudio del bienestar ha permitido crear un conjunto de conocimientos basados en el rigor científico que pueden aplicarse en diversos ámbitos (individual, familiar, educativo, sanitario, social, laboral, ambiental, etc.) con el fin de mejorar la calidad de vida de las personas. El interés por conocer qué son las emociones, para qué sirven, qué función cumplen en nuestras vidas, ha hecho posible reunir una serie de conocimientos prácticos que pueden entrenarse y aprenderse. Este aprendizaje consiste en adquirir información y desarrollar habilidades que permiten reducir el estrés, la ansiedad, y en general la emocionalidad negativa. La adquisición de estas habilidades se puede abordar desde distintos enfoques como la psicología positiva, la inteligencia emocional o la psicología clínica, pero todas ellas se basan en el aprendizaje emocional. Los estudios realizados hasta el momento han mostrado evidencia sobre la validez de todos estos procedimientos para aprender a mejorar el bienestar emocional desde un enfoque integral, entendiendo salud como la define la OMS (completo estado de bienestar físico, mental y social). La web del Ministerio de Sanidad: https://bemocion.sanidad.gob.es/ contiene información sobre este tipo de técnicas y procedimientos para regular las emociones, promover la salud, y prevenir desórdenes emocionales. No obstante, debe tenerse en cuenta que algunas técnicas deben ser aplicadas por profesionales especializados. Al buscar un profesional cualificado, puede ser de gran ayuda el asesoramiento de un colegio profesional de psicología o de una sociedad científica, con el fin de evitar los problemas derivados del intrusismo o de personas sin formación académica y profesional que ofrecen sus servicios.
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Ante el nacimiento de un hijo, los padres tienen a preguntarse cariñosamente acerca del futuro de la criatura, fantaseando sobre muy diferentes historias vitales. Sin embargo, todos los padres del mundo coinciden en una misma cosa: siempre desean “una vida plena” para su hija o hijo recién nacido. Por desgracia, el cambio de ritmo vital que supone la llegada de un nuevo miembro a la familia dificulta la tarea de establecer un plan de crianza y educativo que facilite la realización de esa “vida plena” del neonato. Por fortuna, los investigadores se han encargado de investigar el asunto.
LOS RETOS A LA HORA DE ESTUDIAR CIENTÍFICAMENTE LA PLENITUD VITAL
En los orígenes del pensamiento, los filósofos griegos ya se preguntaban acerca de qué es lo que define una vida plena, señalando aquello que el ser humano tiene que intentar perseguir o lograr durante su vida. Para Epicuro era el placer, para Aristóteles la vida virtuosa. Los filósofos de otras épocas han intentado responder a esta pregunta tomando enfoques muy diversos que daban respuestas tan diferentes como el imperativo categórico de Kant o la necesidad de reemplazar a Dios por el superhombre de Nietzsche.
Con la llegada del método científico y el paso de los siglos, los avances en técnicas de investigación sociológicas y epidemiológicas intentaron dar luz a esta materia, si esta investigación tradicionalmente ha estado limitada por dificultares propias de este campo. En primer lugar, por la falta de consenso a la hora de definir “plenitud vital” en el ámbito científico, lo cual no debería sorprendernos puesto que, en la historia del pensamiento, los filósofos mismos la han definido de manera diferente. En el ámbito de las ciencias sociales, se han definido un sinfín de constructos psicológicos para medir el bienestar, la felicidad, la salud mental, el carácter moral, etc., que contemplan una cara de lo que sería esa vida plena. Sin embargo, debido a que cada estudio publicado se han realizado en diferentes poblaciones y han usado diferentes modelos estadísticos con diferentes variables, resulta complicado la comparación de todos los estudios acerca del bienestar. Por ejemplo, podemos saber a partir de dos estudios publicados en una revista de Psicología que la satisfacción con la vida podría estar explicadas por las relaciones familiares y por la satisfacción en el trabajo, pero debido a las diferencias entre ambos estudios, no podemos saber cuál de esos dos aspectos son más influyentes en la satisfacción vital a menos que un solo estudio mida las dos variables. Y por limitaciones del método estadístico muchas veces no resulta posible analizar todas las variables que predicen un fenómeno.
En segundo lugar, porque el método científico exige controlar todas las variables en un experimento para confirmar una hipótesis, y por motivos éticos no se puede experimentar con humanos para ver cuál tiene una vida plena. Al no poder realizar estudios experimentales, los científicos sociales tienen que recurrir a datos de estudios observacionales donde pueden investigar cómo se asocian unas variables con otras, pero siempre queda la duda de si las asociaciones encontradas son causales (es decir, una variable causa a la otra) o están explicadas por una variable no recogida en el estudio, conocida como factor de confusión. Solo los estudios con una alta rigurosidad metodológica permitirán establecer asociaciones causales.
Varios investigadores de las humanidades y ciencias empíricas del Human Flourishing Program, liderados por el doctor Tyler VanderWeele, han desarrollado un marco teórico y metodológico para ayudar a promover el estudio de la vida plena
Con tal de dar respuesta a estas limitaciones, varios investigadores de las humanidades y ciencias empíricas del Human Flourishing Program (HFP) de la Universidad de Harvard, liderados por el doctor Tyler VanderWeele, han desarrollado un marco teórico y metodológico para ayudar a promover el estudio de la vida plena.
En primer lugar, acotaron la definición del término “florecimiento” (flourishing) para su estudio en ciencias sociales. Según su definición, una persona es floreciente (está en plenitud) cuando está satisfecho con todas las dimensiones de su vida. ¿Y de qué dimensiones hablamos? De aquellas que son universalmente deseadas por todas las personas y culturas a lo largo de la historia.
Estas dimensiones son cinco dominios:
1) “bienestar y felicidad”,
2) “salud física y mental”,
3) “significado y propósito de la existencia”,
4) “carácter y virtud”,
y 5) “satisfacción con las relaciones sociales cercanas”.
A estos cinco dominios se le suele añadir un sexto, la “estabilidad económica y financiera”, que más que un componente del florecimiento es considerado un estabilizador de este, ya que la riqueza económica no es algo universalmente deseado en todas las culturas, por mucho que choque a nuestro pensamiento occidental.
Por tanto, para estudiar la vida floreciente o plena, hay que buscar estudios que hayan medido estos constructos u otros parecidos. Cuantos más variables sobre la vida misma se midan, más nos podremos hacer una idea de si la vida es vivida plenamente en todas sus dimensiones. A este respecto, para descubrir qué aspectos modificables de la vida afectan a los componentes del florecimiento humano, el HFP se especializa en la realización de estudios que midan muchos desenlaces a la vez (outcome-wide studies). De esta manera, se puede comparar cómo afecta una medida educativa a varios desenlaces y facilitar así la toma de decisiones. Además, sus análisis estadísticos están realizados con una alta rigurosidad, lo que prácticamente permite descartar cualquier atisbo de duda acerca de la causalidad de las asociaciones encontradas.
Los siguientes párrafos pretenden revisar sucintamente la literatura publicada acerca de los determinantes del florecimiento humano.
PREPARANDO VIDAS FLORECIENTES DESDE LA FAMILIA
En un estudio publicado por el HFP se demostró que mostrar el afecto y apoyo a los hijos puede tener consecuencias positivas en el futuro, incluso cuando los hijos cumplen 50 años1. Este estilo parental afectuoso aumenta las puntuaciones en la escala de florecimiento y resulta protector de trastornos de salud mental como la depresión o de hábitos perjudiciales como el tabaquismo o consumo de otras drogas.
En un estudio similar, tener una alta satisfacción en las relaciones familiares durante la infancia se asoció con un mayor bienestar emocional y menor riesgo de enfermedades mentales, trastornos alimentarios, consumo de cannabis o sobrepeso. Y en este estudio, además, se constató que un estilo parental autoritativo (que establece normas para los hijos) se asocia también con mejor bienestar emocional, menos síntomas depresivos y un menor riesgo de sobrepeso o de conductas sexuales problemáticas2.
También han estudiado3 si existen diferencias entre los jóvenes que asisten a colegios públicos, colegios privados (religioso o no) y los que son educados por sus familias en programas homeschooling. Si bien no encontraron diferencias notables entre la escolarización privada o pública, los alumnos del ámbito homeschooling realizaron voluntariado y asistían a oficios religiosos con más frecuencia, y tuvieron una mayor predisposición a perdonar, un mayor sentido en la vida, y menos consumo de cannabis y compañeros sexuales a lo largo de la vida, en comparación a los de la escolarización pública. Sin embargo, tenían una peor tasa de acceso a college. Por otro lado, los alumnos de colegios religiosos tenían una mayor probabilidad de asistir a oficios religiosos con mayor frecuencia, menor índice de masa corporal, y menos conductas de riesgo, aunque estas asociaciones eran de un nivel de evidencia modesto comparado con los referidos al homeschooling.
RELIGIOSIDAD Y FLORECIMIENTO
Los efectos del tipo de colegio durante la adolescencia se solapan bastante con los de otro estudio del HFP que analizó la práctica religiosa durante la adolescencia y el florecimiento durante la vida adulta4. Asistir a oficios religiosos y/o rezar semanalmente durante la adolescencia se asoció a una mayor satisfacción con la vida, mejores emociones, mejor carácter y menor consumo de cannabis y compañeros sexuales.
En otro estudio realizado en adultos, se demostró que la atención a servicios religiosos protegía contra hábitos no saludables (consumo de alcohol y tabaco) y causan un mejor bienestar emocional 5, y otro estudio realizado en mujeres incluso logró demostrar una reducción de la mortalidad por todas las causas mediada parcialmente por la disminución de hábitos de riesgo y el aumento del apoyo social y del optimismo6.
Aunque los beneficios de la religiosidad medidos en estos estudios son innegables, es cierto que no todos los educadores están dispuestos a imponer una práctica religiosa, por lo que resultaría de interés saber cuál de los contenidos asociados normalmente a las creencias religiosas, como la generosidad o la esperanza, son los que fomentan una vida floreciente. Por fortuna, el HFP ha realizado bastantes de esos estudios.
FLORECIMIENTO Y «POSTURAS ANTE LA VIDA»
Vivir con esperanza de un futuro mejor que el presente actual se asocia con una mejor salud física y mental e incluso una mayor longevidad, una mayor satisfacción vital y un mayor sentido de propósito en la vida7. Casi de manera análoga, sentir que se tiene un propósito en la vida se asocia con una mejor salud física y longevidad un mayor optimismo, menor incidencia de depresión y de problemas de sueño, y una menor sensación de soledad8.
La disposición a promover el bien se relaciona con mayor satisfacción vital y felicidad, salud física y mental, mejor integración social y sentido de propósito, y disminuye específicamente el riesgo de ansiedad, depresión, y los sentimientos de estrés, tristeza y soledad
En cuanto a la apertura a los demás, el HFP ha estudiado las consecuencias de vivir de acuerdo con unos estándares morales elevados, de estar predispuesto a promover el bien o del voluntariado, encontrando resultados igualmente ilustrativos. Vivir de acuerdo con un código disminuye el riesgo de depresión y podría ser protector de problemas de salud física y mental9. La disposición a promover el bien se relaciona con mayor satisfacción vital y felicidad, salud física y mental, mejor integración social y sentido de propósito, y disminuye específicamente el riesgo de ansiedad, depresión, y los sentimientos de estrés, tristeza y soledad10. Por último, un estudio de voluntariado realizado en ancianos constató que realizar voluntariado durante la ancianidad disminuye el riesgo de mortalidad en 4 años o de sufrir limitaciones físicas, síntomas depresivos, desesperanza y soledad, además de mejorar las puntuaciones en escalas psicológicas de optimismo, propósito vital, y de bienestar psicológico11.
Se podría discutir que otra forma de “apertura a los demás” es el perdón. En dos estudios diferentes12,13, tener una predisposición a perdonar se asoció con un mayor bienestar e integración social y menor y menor malestar psicosocial, aunque no se encontró relación con el perdón y la salud física o los estilos de vida.
INGREDIENTES PARA LA EDUCACIÓN DE LA VIDA PLENA
Todos los estudios arriba mencionados están realizados con métodos estadísticos rigurosos que controlan por numerosas variables previas a la exposición de interés del estudio. Además, aunque se han realizado en poblaciones con diferentes características (adultos jóvenes, ancianos, etc.), los resultados son coherentes y apuntan en la misma dirección, por lo que podemos empezar a deducir algunos de los ingredientes que hacen falta para tener una vida plena, o floreciente: una buena relación con la familia en la infancia, la educación religiosa, o la habilidad de salir de uno mismo y abrirse a los demás.
EL ESTUDIO MAS GRANDE SOBRE FLORECIMIENTO
Sin embargo, la mayoría de esos estudios se han realizado en ambientes occidentales, por lo que siempre queda la duda de cómo cambiarían los resultados de haber realizado esos estudios en otras poblaciones tan diferentes como en África, Asia o Latinoamérica, entre otros. Por eso, el HFP se ha propuesto realizar en colaboración a la Universidad de Baylor y al grupo Gallup el estudio más grande sobre el florecimiento realizado hasta la fecha: The Global Flourishing Study14.
En este estudio, que comenzó el año pasado, se proponen entrevistar a una muestra representativa de individuos de más de 20 países del mundo con diversos contextos socioculturales, de manera que los resultados del estudio servirán para definir los predictores del florecimiento humano tanto a escala global como para cada país participante. Esto permitirá la elaboración de programas educativos adecuados al contexto de cada país, lo que sería de gran ayuda para ayudar a padres y madres primerizos a educar a sus hijos en la “vida plena” que tanto desean.
REFERENCIAS
1.Chen, Y., Kubzansky, L. D. & VanderWeele, T. J. Parental warmth and flourishing in mid-life. Soc Sci Med 220, 65–72 (2019).
2.Chen, Y., Haines, J., Charlton, B. M. & VanderWeele, T. J. Positive parenting improves multiple aspects of health and well-being in young adulthood. Nature Human Behaviour 2019 3:7 3, 684–691 (2019).
3.Chen, Y., Hinton, C. & VanderWeele, T. J. School types in adolescence and subsequent health and well-being in young adulthood: An outcome-wide analysis. PLoS One 16, e0258723 (2021).
4.Chen, Y. & Vanderweele, T. J. Associations of Religious Upbringing With Subsequent Health and Well-Being From Adolescence to Young Adulthood: An Outcome-Wide Analysis. Am J Epidemiol 187, 2355–2364 (2018).
5.Pawlikowski, J., Białowolski, P., Wȩziak-Białowolska, D. & Vanderweele, T. J. Religious service attendance, health behaviors and well-being—an outcome-wide longitudinal analysis. Eur J Public Health 29, 1177–1183 (2019).
6.Li, S., Stampfer, M. J., Williams, D. R. & Vanderweele, T. J. Association of Religious Service Attendance With Mortality Among Women. JAMA Intern Med 176, 777–785 (2016).
7.Long, K. N. G. et al. The role of Hope in subsequent health and well-being for older adults: An outcome-wide longitudinal approach. Glob Epidemiol 2, 100018 (2020).
8.Kim, E. S., Chen, Y., Nakamura, J. S., Ryff, C. D. & VanderWeele, T. J. Sense of Purpose in Life and Subsequent Physical, Behavioral, and Psychosocial Health: An Outcome-Wide Approach. Am J Health Promot 36, 137–147 (2022).
9.Weziak-Bialowolska, D. et al. Prospective associations between strengths of moral character and health: longitudinal evidence from survey and insurance claims data. Soc Psychiatry Psychiatr Epidemiol 1, 1–14 (2022).
10.Weziak-Bialowolska, D., Bialowolski, P., VanderWeele, T. J. & McNeely, E. Character Strengths Involving an Orientation to Promote Good Can Help Your Health and Well-Being. Evidence From two Longitudinal Studies. https://doi.org/10.1177/0890117120964083 35, 388–398 (2020).
11.Kim, E. S., Whillans, A. v., Lee, M. T., Chen, Y. & VanderWeele, T. J. Volunteering and Subsequent Health and Well-Being in Older Adults: An Outcome-Wide Longitudinal Approach. Am J Prev Med 59, 176–186 (2020).
12.Long, K. N. G., Chen, Y., Potts, M., Hanson, J. & VanderWeele, T. J. Spiritually Motivated Self-Forgiveness and Divine Forgiveness, and Subsequent Health and Well-Being Among Middle-Aged Female Nurses: An Outcome-Wide Longitudinal Approach. Front Psychol 11, 1337 (2020).
13.Long, K. N. G., Worthington, E. L., VanderWeele, T. J. & Chen, Y. Forgiveness of others and subsequent health and well-being in mid-life: a longitudinal study on female nurses. BMC Psychol 8, 104 (2020).
14.Global Flourishing: A Preview | Psychology Today. https://www.psychologytoday.com/us/blog/human-flourishing/202209/global-flourishing-preview.
Según una forma habitual de narrar la historia, la llegada de los españoles a América supuso el comienzo de la explotación coercitiva y de la imposición cultural, sobre todo de la fe católica. En parte, así fue. Pero el asunto es mucho más complejo.
La monarquía española no era un imperio con características similares a los imperios coloniales del siglo XIX y principios del XX. En las guerras de la independencia latinoamericanas lucharon criollos contra criollos, no contra españoles peninsulares. Esos conflictos no fueron batallas entre la modernidad representada por América y el arcaísmo, encarnado por España.
En las tres frases del párrafo anterior se destila el mensaje de los especialistas que escriben sobre «La dualidad de la identidad iberoamericana» en este número de Nueva Revista, y que antes participaron en el I Congreso Internacional Hispanoamericano, celebrado en Madrid en junio de este 2022.
El nacionalismo forja ficciones nacionales. Actualmente, el populismo y el indigenismo afectan a las prácticas políticas y culturales de todo Occidente. De ahí la importancia de acercarse lo más posible a la verdad histórica y de ajustar los proyectos de presente y futuro a esa verdad histórica.
Una de las características singulares de la monarquía hispánica fue el mestizaje (cruce de razas diferentes y mezcla de culturas distintas), un aspecto inédito en otros grandes imperios europeos, como el inglés, el francés o el holandés, y uno de nuestros grandes activos. Mestizaje, lengua común y fe forman la base de la cohesión de América Latina, y sobre esos pilares la construcción será sana. También esas han sido enseñanzas del congreso, reflejadas en Nueva Revista.
El debate sobre la identidad de Iberoamérica es el debate sobre qué son los latinoamericanos. La respuesta que se está imponiendo dice: descendientes de las civilizaciones prehispánicas. Se deja de lado la aportación cultural española y se olvida igualmente que son hijos de la mezcla de dos pueblos y de dos civilizaciones. De la misma manera, en la península ibérica se desconoce el papel de las tierras al otro lado del océano en la forja de España.
En América Latina se produce un debate parecido al que se da en Europa. ¿Cuáles son las auténticas raíces y los valores europeos?, ¿hay que conservarlos? La solución a los problemas, europeos y latinoamericanos, no se encuentra nunca en el recurso a la vía revolucionaria, sino en la reforma gradual social e institucional del presente. Olvidarse de la raíces y de la verdad conlleva graves y sangrientas consecuencias, en Europa y en América.
El número 182 de Nueva Revista incluye las reseñas de los libros Leadership. Six Studies in World Strategy de Henry Kissinger, a cargo del general Salvador Sánchez Tapia; y del Diccionario Cervantes, de Jean Canavaggio, por la catedrática de Literatura Esther Borrego.
En el apartado Influyentes, reproducimos extractos de La revancha de los poderosos, de Moisés Naím; de Capitalismo y libertad, de Milton Friedman; e incluimos una reseña de Ser único, de Safranski, en lo concerniente a la evolución de Jean- Paul Sartre.
La reseña del ensayo Identidad y amistad, del filósofo Emilio Lledó; y el artículo de Inger Enkvist, Mejorando el sistema educativo, integran el bloque de Educación del carácter.
Completan el número 182 la reproducción de un artículo de The Economist: La nueva física más allá del Modelo Estándar, diez años después del Bosón de Higgs; y dos lecturas recomendadas: Laurus, de Evgueni Volodazkin; y Creían que era libres. Los alemanes 1933-1945, de Milton Mayer.
Podría decirse que este Diccionario Cervantes viene a culminar la abundante bibliografía surgida en las dos primeras décadas del siglo XXI en el marco de las efemérides de la vida y obra de nuestro autor más universal. Ante este desbordamiento de ediciones, estudios críticos y publicaciones de toda índole, que, como el reconocido hispanista francés Jean Canavaggio apunta, «desanima a quienes se aventuran en ese maremágnum», esta obra «aspira a ofrecer la posibilidad de recorrer la vida y la obra del autor, incluso de vagabundear por ellas a su antojo». El ilustre cervantista pretende, a través de un formato enciclopédico y siguiendo un criterio no cronológico, sino alfabético (de ahí la designación de su libro como diccionario), condensar los aspectos esenciales de la vida y la obra de Cervantes, concretamente en 136 entradas, de modo que se permita al lector que lo desee privilegiar tal o cual perspectiva, el entorno familiar de Cervantes; las ciudades en que transcurrieron las etapas de su vida; las campañas militares y su cautiverio en Argel; sus comisiones andaluzas; su formación intelectual; su actitud frente al mundo y a la España de su tiempo, en relación con los varios aspectos de una personalidad compleja que se nos escurre más de una vez; su producción literaria (Galatea, poesías, teatro, Novelas ejemplares, Quijote, Persiles, Viaje del Parnaso); y, finalmente, su fama póstuma.
Jean Canavaggio, catedrático emérito de la Universidad de Paris Nanterre y antiguo director de la Casa de Velázquez, es el más destacado traductor y editor de la obra de Cervantes en Francia y tiene en su haber obras de referencia imprescindibles para el hispanismo, como Cervantes entre vida y creación (Centro de Estudios Cervantinos, 2000), Don Quijote: del libro al mito (Espasa, 2006) o Retornos a Cervantes (IDEA, 2014), por citar algunos de sus muchos títulos, además de su participación en la Gran Enciclopedia Cervantina, iniciada en 2005 bajo la dirección de Carlos Alvar, con once volúmenes publicados hasta la fecha, a falta del único que queda para su conclusión. Desde luego, este extraordinario currículum no deja lugar a dudas sobre la idoneidad del hispanista galo para afrontar este proyecto, que, como él mismo indica, no va dirigido a un lector especializado, como sí pretenden otras obras que llevan, efectivamente, el término «enciclopedia» en su título, como la recién citada de la Universidad de Alcalá de Henares y el Instituto Miguel de Cervantes (IEMSO), o la Enciclopedia Cervantina de Juan Bautista Avalle-Arce (Centro de Estudios Cervantinos y Universidad de Guanajuato, 1997). Asimismo, Canavaggio reconoce el valor de las biografías de Miguel de Cervantes recién editadas, que «pueden proporcionar una sugerente aproximación a su figura», pero defiende su Diccionario, dirigido a «quien no quiere conformarse con una narración regida por los imperativos de la cronología».
En la visión poliédrica que posibilita este Diccionario Cervantes radica una comprensión (casi) total del genial autor
UN CERVANTES DE MÚLTIPLES LECTURAS
Las entradas se agrupan temáticamente en torno a hechos, lugares o personas de ciertas etapas de la vida de Cervantes, a su familia, a sus propias obras, a conceptos literarios o sociológicos de la época y, finalmente, a la recepción y fama póstuma de su obra. Así, contamos con entradas de tipo biográfico, como «Cautiverio», «Origen converso», «Comisiones», «Lepanto», «Negocios», «Cartas de Cervantes», «Información de Argel», «Orden Trinitaria», «Tumba», y a su vez de personajes contemporáneos relacionados con su trayectoria vital, como el cardenal «Giulio Acquaviva», el «Conde de Lemos», «Juan López de Hoyos», «Alonso Fernández de Avellaneda» o «Félix Lope de Vega», entre otros, sin olvidar a su propia familia (su padre Rodrigo de Cervantes, su madre Leonor de Cortinas, sus hermanos, su esposa Catalina de Salazar, etc.). Destacadas entradas de tipo geográfico y de indudables resonancias cervantinas son «Argel», «Alcalá de Henares», «Barcelona», «Esquivias», «Italia», «Madrid», «La Mancha», «Sevilla» o «Valladolid». En el ámbito sociológico, son de gran interés contextual voces como «Gitanos», «Inquisición», «Brujas y hechiceras», «Jesuitas», «Moriscos», «Inquisición», «Prisiones», «Religión», «Risa», etc. El autor trata con rigor y agudeza estas entradas, que son del todo necesarias para comprender la España de la época y, por ende, la obra cervantina. En este contexto histórico no faltan los reyes de su tiempo, «Felipe II» y «Felipe III», ni mucho menos la propia voz «España», que se enfoca sagazmente desde el punto de vista de las obras prosísticas de Cervantes.

En el ámbito literario nada se escapa a los ojos del crítico, pues no solo dedica entradas a cada una de sus obras con sus títulos específicos («Galatea, Primera parte de la»; «Quijote, Primera y Segunda parte del»; «Novelas ejemplares»; «Viaje del Parnaso», «Persiles y Sigismunda, Los trabajos de»; «Numancia, La destrucción de»; «Comedias, Ocho»; «Entremeses, Ocho» y «Poesías») sino también a conocidos personajes quijotescos («Dulcinea del Toboso», «Roque Guinart» o «Cide Hamete Benengeli»). Particularmente pertinentes son algunas entradas relacionadas con géneros literarios o cuestiones filológicas o interpretativas de su época o de siglos posteriores: «Libros de caballerías», «Prólogos», «Poética», «Picaresca», «Esoterismo», «Biblia», etc.
Sin embargo, son las voces en torno a la recepción de la obra de Cervantes a lo largo de los siglos, sobre todo del Quijote, las que merecen una atención especialísima en este Diccionario. En torno al propio Quijote figuran sugerentes entradas como «Imágenes del Quijote», «Canciones de don Quijote» o «Traductores del Quijote»; también merecen voz propia las «Biografías» de Cervantes, desde el siglo XVIII al actual y sus «Retratos», así como la voz «Atribuciones», destinada a esclarecer autorías dudosas en mayor o menor medida asignadas a Cervantes. En lo que podríamos denominar «recepción crítica» figuran entradas dedicadas a estudiosos de la talla de Azorín, Américo Castro, Michel Foucault, Sigmund Freud, Thomas Mann, José Ortega y Gasset y Miguel de Unamuno. Pero también figuran en este Diccionario dos entradas que sintetizan la recepción del Quijote en dos movimientos artísticos y vitales bien delimitados: «Ilustrados» y «Románticos». La recepción literaria se disemina en voces de amplio alcance, como «Adaptaciones teatrales», «Óperas» o «Ballets» (estas últimas formas híbridas entre música y literatura, a las que se añadiría la coreografía en el caso del ballet), pero también se focaliza en autores como Jorge Luis Borges, Gilbert K. Chesterton, Charles Dickens, Denis Diderot, Fiódor Dostoievski, Gustave Flaubert, Pierre Carlet de Chamblain de Marivaux, Franz Kafka, Graham Greene, Herman Melville y Benito Pérez Galdós, por destacar algunos nombres.
LA RECEPCIÓN DEL QUIJOTE
De indudable interés es la voz «Letras hispanoamericanas», donde el hispanista francés traza el recorrido del Quijote desde sus primeros ejemplares llevados a las Indias, que se remontan al mismo año de su publicación, hasta su impronta en la obra de escritores contemporáneos de la altura de Jorge Luis Borges (aunque a este se le dedica una entrada específica, como he hecho notar), Gabriel García Márquez, Alejo Carpentier y Carlos Fuentes. La presencia de la obra cervantina en la música se concreta en nombres como Jacques Brel, Manuel de Falla o Richard Strauss, y la recepción pictórica, en genios autóctonos y foráneos como Salvador Dalí, Honoré Daumier, Gustave Doré, Francisco de Goya y Pablo Picasso. No se le escapa al autor la recepción de tipo divulgativo en formatos como el cómic, ni tampoco la difusión cinematográfica de las aventuras del hidalgo manchego tanto en el ámbito nacional como en el internacional.
La perspectiva sociológica, histórica y, por supuesto, la literaria: nada escapa a los ojos de Jean Canavaggio
SIN POLÉMICAS: «UN BALANCE PRUDENTE Y EQUILIBRADO»
Hay que decir también que Canavaggio se evade de las polémicas habituales en torno a la figura de Cervantes (orígenes, lugar de nacimiento, ciertas hipótesis sobre su etapa de cautiverio, por seleccionar algunas); él mismo afirma que «este diccionario no pretende aportar novedades sino ofrecer un estado de la cuestión despojado de leyendas que ya no son de recibo. Conviene en efecto entrar con suma cautela en debates que no han encontrado solución hasta la fecha (…) En todos los casos se impone un balance prudente y equilibrado».
El estudioso nos presenta, basándose en la documentación (de hecho, es significativa la presencia de una voz titulada «Documentos»), al hombre Miguel de Cervantes, a sus peripecias vitales, pero también al poeta, al dramaturgo y, sobre todo, al novelista autor del Quijote, cuya recepción literaria, artística, cinematográfica y crítica copa un elevado número de entradas, como no podía ser de otra manera. En estas líneas es difícil separar a Cervantes y a su Quijote del mito y de su transformación a lo largo de la historia. Creo que el planteamiento estructural de este libro permite acercarse aquí y acullá a las diversas caras del excelso autor y de su obra, y que en esa misma visión poliédrica acaso radique una comprensión (casi) total de Cervantes, a la que es imposible acceder a través de una ideal biografía exhaustiva o de la sola interpretación de sus obras, por muy aguda que sea.
A las entradas por orden alfabético les sigue un utilísimo cuadro genealógico de los Cervantes, desde los abuelos de nuestro autor, Juan de Cervantes y Leonor de Torreblanca, hasta su nieta Isabel Sanz, vástago de Isabel de Saavedra, a su vez hija bastarda de don Miguel; una cronología cuyo hilo conductor es la vida y obra del autor, que se presentan necesariamente entrelazadas; y, finalmente, una acertada bibliografía selecta a la que el hispanista francés ha denominado con inteligencia «Obras de referencia», que son las que él ha utilizado o las que merecen su consideración en el inabordable corpus bibliográfico sobre Miguel de Cervantes.
UNA OBRA PARA «DELEITAR APROVECHANDO»
Hay que destacar, por otra parte, y sin ser cuestión menor en los estudios filológicos, la espléndida presentación material del libro, de impecable factura. La encuadernación en tapa dura con el retrato más conocido del manco de Lepanto (Hernán Cortés [2005], según el retrato tradicionalmente atribuido a Juan de Jáuregui de la Real Academia de la Lengua); la alta calidad del papel; las hermosas capitulares en página completa al frente de cada sección de las letras del alfabeto –que el mismo autor indica que «se han inspirado en las de la célebre edición del Quijote de Ibarra corregida por la Real Academia Española (Madrid, 1780»–; el diseño de las páginas a doble columna; y la magnífica elección de los grabados (pinturas, dibujos, fotografías, fotogramas de películas, etc.), tanto en blanco y negro como en color, hacen de esta obra una joya bibliográfica, como muchas otras editadas por el Centro de Estudios Europa Hispánica.
En conclusión, estamos ante un magnífico trabajo, que no podía haber sido posible sin el vasto saber y la espléndida pluma de uno de los más prestigiosos cervantistas del hispanismo internacional, y que a la vez tiene el enorme mérito de saber llegar, mediante un estilo atractivo y una selección de contenidos esenciales, a un lector ajeno al ámbito filológico y al mundo académico. Un lector culto y curioso, que a lo largo de estas más de quinientas páginas va a enriquecer sus conocimientos de la mejor manera («deleitar aprovechando») y que va a descubrir en estas sugerentes páginas un mar sin orillas, como lo fue la azarosa vida y la genial e imperecedera obra de Miguel de Cervantes.
En un panorama editorial marcado por unas tendencias un tanto previsibles y reiterativas, una novela como esta es, por una parte, una apuesta arriesgada que puede sorprender o descolocar a bastantes lectores, pero, por lo mismo, una agradable sorpresa que, de entrada –e independientemente del juicio final que merezca– resulta de agradecer. Laurus es la segunda novela de Evgueni Vodolazkin, un autor ruso contemporáneo (nacido en 1964 en Kiev, entonces Unión Soviética, actualmente Ucrania), muy reconocido en su país con varios premios y algunos precisamente por esta novela, publicada en 2012. Vodolazkin es también, según se lee en la solapa del libro, experto en la historia y el folclore de la Rusia medieval. Esto último es perfectamente perceptible en esta novela, ambientada en la Edad Media tardía de su país. Concretamente, en la segunda mitad del siglo XV, cuando el mundo está en vísperas de ampliarse con los grandes viajes oceánicos y todavía corren leyendas sobre ese mundo ignoto.
Si estuviéramos ante una película, esta encajaría en lo que últimamente se llama biopic, literalmente película biográfica, aplicando libremente ese significado también a personajes de ficción. No hay un término semejante para la narrativa, pero lo que Laurus presenta es, en una primera aproximación, el recorrido biográfico de su protagonista, el Laurus del título, si bien este personaje aparece con otros tres nombres a lo largo del relato. Laurus es el último de esos nombres y, quizá, el que mejor le define al aludir a una planta curativa que, al ser de hoja perenne, anuncia la vida eterna. Y es que Laurus –o Arsénij, como es bautizado y aparece al comienzo del relato– es, más que un médico, un sanador. Alguien dotado desde niño para hacer más fácil la vida de la gente. Y el tiempo y la espiritualidad, esas dos grandes cuestiones que se condensan en el concepto de vida eterna, son los dos raíles principales sobre los que discurre esta novela compleja, repleta de sugerencias e ingredientes.

La columna vertebral de la historia que cuenta Laurus es la vida de este sanador, una especie de santo que encaja en lo que la Iglesia rusa llamó, sobre todo en los siglos XIV, XV y XVI, «locos por Cristo», personajes genuinamente rusos, cuya pasión radical por el sacrificio, incomprendida e incomprensible para el común de los mortales, llega a ser percibida en ocasiones más como humillación y como locura que como desprendimiento. En España contamos con un precedente con el que Laurus puede estar emparentado. Se trata del Nazarín galdosiano, no en vano la crítica ha relacionado esta novela con la lectura que de la obra de Tolstói hizo don Benito Pérez Galdós.
La biografía de Laurus se despliega en una serie de asuntos colaterales que enriquecen y dan un tono peculiar a la novela. Dicho tono emerge de la mezcla de misticismo, recursos del cuento tradicional, ecos bíblicos y realismo mágico. En Laurus hay, por un lado, el despojamiento, la renuncia a sí mismo del protagonista, y por otro, nevadas que recuerdan los fenómenos meteorológicos que asolaban Macondo, apariciones de la muerte, muertos que hablan o tienen conciencia, levitaciones, un personaje que llora durante siete días y siete noches o pasa medio mes seguido durmiendo, un pan que no mengua cuando se come, y otros fenómenos maravillosos como una resurrección, lágrimas que hacen brotar plantas o fuego que no quema.
Curiosamente, y ese es un atractivo de la novela, lo anterior convive con un realismo escrupuloso en la descripción de algunos aspectos de la vida de la época: las posadas y los posaderos embaucadores (antecesores de los Thénardier de Los miserables), las caravanas, ceremonias como la de tomar el hábito sacerdotal, contada con toda viveza y detalle. Ese contraste entre realismo y fantasía se corresponde con un contraste parecido entre el lenguaje arcaizante de muchos pasajes y las ocasionales expresiones coloquiales –colega, tenerlo crudo, incluso tacos– que puede recordar el estilo de nuestro Álvaro Pombo, también preocupado por la vida religiosa en alguno de sus libros. No faltan pinceladas de humor, como en el caso del hombre que, al contrario que sus vecinos, no busca el vigor sexual, ya que a él lo que le parece difícil es justamente conseguir lo contrario.
Los títulos de los cuatro bloques en que se divide el volumen –el libro del conocimiento, el libro de la renuncia, el libro del camino, el libro de la tranquilidad– pueden dar también una idea de su contenido. En el tercero de ellos, centrado en una peregrinación a Tierra Santa y el más ágil del conjunto, la historia deviene casi relato de aventuras. No falta un eco de lo que hoy se llama animalismo, pero que en el contexto de la historia sería franciscanismo, por la presencia de animales –un lobo, un oso– que se acercan al hombre.
No es que el tiempo no exista, como llega a sugerir un personaje, sino que es un episodio de la eternidad que no debe sobrestimarse
Finalmente, lo que caracteriza a esta original novela son las numerosas reflexiones que, al hilo de la narración, contiene. Laurus podría ser lo que antes se llamaba una «novela de ideas». Alrededor del tiempo y la espiritualidad, los antedichos dos grandes pilares que sostienen el relato, este abunda en reflexiones y sugerencias que enriquecen el texto y hacen que permanezca y crezca en la memoria del lector. Como dice en el prólogo el traductor, Rafael Guzmán, la idea filosófica principal del libro es que el tiempo no tiene fronteras. En otras palabras, no es que el tiempo no exista, como llega a sugerir un personaje, sino que es un episodio de la eternidad que no debe sobrestimarse. «El mundo material es el único que necesita tiempo», sostiene ese personaje. «Pero también el mundo material es el único en el que es posible actuar», le replica el protagonista. Porque Arsénij-Laurus, con su despojamiento y su renuncia a sí mismo, no deja de actuar e intervenir en el mundo: estar vivo es ser capaz de hacer buenas obras.
Hay todavía, a propósito del tiempo, sugerencias sobre la identidad entre el final de la vida personal y el fin del mundo, o sobre el modo en que el pasado y las personas que conocimos entonces nos siguen acompañando. No sorprende, dado el tipo de novela que es Laurus, una consideración sobre la fe y el conocimiento, sobre el esfuerzo que requiere la primera y la tranquilidad que supone el segundo, y cómo la fe de los justos es tan fuerte que llega a convertirse en conocimiento.
Otras cuestiones planteadas a lo largo del relato tienen que ver con lo agridulce de la vida, en la que se dan despedidas y encuentros. Sin olvidar las primeras, debemos alegrarnos de los segundos, se dice, alegrarnos de lo bueno sin olvidar lo malo; y saber que la dulzura del mundo se convierte finalmente en sal y amargura igual que el agua dulce del río se convierte en el agua salada del mar. Un personaje sostiene que, salvo con lágrimas, no es posible limpiar y purificar la mácula y la inmundicia del alma, y que «en la vida tiene que haber algún tipo de plenitud». Esas ideas que, a modo de aforismos, la recorren, enriquecen una novela bien nutrida de historias y personajes, que no desmerece de la gran tradición rusa, sean los maestros del XIX u otros del XX, como Andréi Biely o Ribákov.