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Análisis del votante. Fernando Vallespín: «A pesar de todo estamos eligiendo la moderación»

Detrás de los datos siempre hay muchas preguntas y la pregunta de por qué hemos llegado a los datos a los que hemos llegado.

Veníamos de una legislatura, o pseudolegislatura, anómala, que es la que comenzó como consecuencia de la moción de censura [la moción de censura contra el Gobierno de España presidido por Mariano Rajoy se celebró entre el 31 de mayo y el 1 de junio de 2018], donde después un partido, el PSOE, apoyado exclusivamente en 84 escaños, consiguió una proeza relativa, aguantar durante nueve meses en el Gobierno.

Pero venimos también de uno de los grandes traumas que ha sufrido la política española desde la Transición, que fue el famoso otoño catalán de 2017, que generó una situación que podríamos llamar de psicosis política nacional. Me parece que no entendemos nada de lo que está pasando si no aludimos a ese shock, un shock muy relevante que ha tenido una traducción en el comportamiento de la mayoría de nuestros actores políticos. Y esto creo que es muy relevante. O sea, que el trasfondo es: una anomalía, una anomalía que viene desde la época de la crisis económica, que es cuando se rompe el sistema bipartidista y cuando entramos en un fraccionamiento mucho mayor y una puesta en cuestión realmente de la herencia de la Transición, que acaba derivando en un periodo de cuatro elecciones en cuatro años, sin contar la de ayer, que nos ofrece algunas respuestas que se quedaron sin contestar en las generales.

Nueve millones de votantes votaron algo distinto en abril de 2019 de lo que habían votado en el 2016. Este es un dato espeluznante. Lo que significa es que estamos ante un sistema tremendamente volátil, es decir, que los cambios pueden ser profundos. Lo estamos observando también en otros sistemas políticos de nuestro entorno. Es una patología del mundo occidental, donde realmente no sabemos a qué atenernos. Los puntos de orientación tradicionales nos sirven cada vez menos. Esto creo que es muy importante.

Hay un castigo evidente al PP. Las razones no son fáciles de definir pero me parece que eso queda claro en las elecciones generales.

Y luego se produce una situación muy extraña donde un país acostumbrado al bipartidismo de repente se encuentra con un pentapartito, donde cinco partidos tienen más del diez por ciento pero ninguno supera el 30 por ciento. Es decir, hemos aniquilado a los partidos de masa. Los grandes partidos han desaparecido y ahora nos encontramos con un pelotón donde un partido que saca solo —subrayo lo de solo, porque en la historia democrática española es una anomalía– el 28,2 por ciento, que se traduce después más o menos en un 35 por ciento de escaños, se le da como vencedor casi absoluto de las elecciones.  Es decir, aquí hay una anomalía, pero realmente esto es un terremoto. ¿Cómo se puede decir que vence en unas elecciones alguien que no ha llegado si quiera al 30 por ciento del voto?

Y sin embargo, después de haber visto funcionar al PSOE con 84 escaños, decimos ahora que casi está garantizada la gobernabilidad. Porque después de cada elección tenemos que preguntarnos siempre: ¿está garantizada la gobernabilidad? Y en el caso de que optemos por una respuesta afirmativa también tenemos que contrastar eso con respecto a cuáles son los retos, los desafíos que tenemos que afrontar como país. Porque una cosa es la gobernabilidad corriente y otra la gobernabilidad necesaria para hacer frente a según qué retos.

Se ha hablado mucho de la participación, y del aumento de la participación. Cuando en España y en otros países democráticos sube tanto, generalmente tiene que ver con la necesidad que tienen los ciudadanos de alzar la voz, de participar en algo que les parece importante. Dicen: «Aquí estoy yo». Por eso normalmente cuando sube la participación es cuando va a haber cambio de Gobierno. «Te quiero dar la patada», sería la traducción. Fue lo que ocurrió en 1982, con la participación más alta que tuvimos; fue cuando se produjo por fin la alternancia de la derecha en 1996; fue lo que se produjo como consecuencia del 11M y todo aquello en la traumática elección del año 2004 –la participación también subió entonces al 80 por ciento–, y ha ocurrido ahora. Es decir, que un sector muy importante de la ciudadanía española percibió señales de alarma que le hizo salir a la calle a votar para decir «aquí estoy yo».

La pregunta es: «¿Qué fue lo que provocó las señales de alarma?». Esta es la pregunta del millón de dólares. Mi tesis fundamental es que hubo un factor tremendamente distorsionante, casi hasta traumático: la aparición de Vox como un fantasma cuyo tamaño ignorábamos y que se hizo una interpretación tremendamente errónea de los resultados de las elecciones andaluzas.

Yo creo que los resultados de las elecciones andaluzas del 2 de diciembre de 2018 han sido patológicos a la hora de explicar muchas de las sobreactuaciones de algunos de los sectores políticos españoles. Porque las consecuencias de estas elecciones, como ha señalado Cristóbal Torres, yo creo que ha sido el aumento de la participación, y que ha beneficiado fundamentalmente a la izquierda. Pero ha beneficiado también y sobre todo a los nacionalistas e incluso a los regionalistas. En el fondo el enmarque fundamental en el que tuvieron lugar las últimas elecciones generales fue España: España, la unidad nacional (por parte de aquellos que no comparten la visión de España –lo que en seguida empezó a llamarse el bloque de derechas, el tridente–: el temor a que ese trío pudiera acceder al poder e imponer un determinado modelo de España). Eso ha sido muy perceptible en la España periférica, en la España nacionalista. Al final esa concentración sobre una visión de España profundamente ideologizada, que ha sido prácticamente el único tema sobre el que han discutido los tres partidos de la derecha, ha contribuido enormemente a movilizar al nacionalismo.

La izquierda se ha movilizado fundamentalmente no tanto por esa visión de España, como por la propia presencia de Vox, y la indiferencia de los partidos de centro derecha, que se supone que son Ciudadanos y el PP, ante Vox. Y aquí está el precedente andaluz. Es decir, el pensamiento de que «ojo, estos no van a tener ningún inconveniente de pactar con un Vox que puede llegar a sacar, porque se dijo, 60 escaños». Es decir: «Aquí no nos va a gobernar la derecha tradicional del PP, en el caso de que venza, ni una especie de coalición Ciudadanos-PP, sino que aquí vienen una derecha dura». Estaba la polarización de la derecha y su elección de una única cuestión en el orden del día del debate electoral: la denigración de toda visión de España que no coincidiera con la más radicalizada. ¿Quién es Albert Rivera para decidir qué partido no forma parte del consenso constitucional?

Aprovecho para abrir un paréntesis: hablar de constitucionalismo carece de sentido en una Constitución donde no hay cláusulas de intangibilidad. Es decir, que cualquier cosa reformable de la Constitución, mientras se tenga una mayoría suficiente, es reformable. Por lo tanto no se puede decir que la Constitución, tal y como existe, son las tablas de la ley que Moisés ha grabado y que por tanto tienen que permanecer inevitablemente así, que es la interpretación que se hace desde Ciudadanos y desde el Partido Popular, y que no se hace desde el PSOE.

Eso es algo de lo que se dio cuenta Pedro Sánchez, o quien quiera que esté detrás de Pedro Sánchez, su equipo. Al no poder el PSOE pactar con Ciudadanos, que hubiera sido un pacto de Gobierno perfectamente estable, se produce una anomalía que obliga al partido de la izquierda a flexibilizar su posición respecto los partidos que clásicamente llamábamos nacionalistas. Aunque desde luego hay una serie de líneas negras que son las que marca la Constitución, que, en contra de lo que se ha dicho, no ha transgredido Pedro Sánchez. Pedro Sánchez no ha reconocido el derecho de autodeterminación, no tiene poder para hacerlo, no ha pactado una solución al juicio, que se sepa, etc., etc.

Las elecciones andaluzas estuvieron muy dominadas por la cuestión catalana, que casi se discutió más que cualquier otra cuestión de política regional y no provocó una reacción de la izquierda. Es decir, la izquierda no estaba movilizada en Andalucía, y no estaba movilizada porque a la izquierda, en el fondo, o a un sector de esa izquierda, tampoco le parecía tan absolutamente importante. Primero porque no pensaba que fuera a caer Susana Díez, pero por otra parte el PSOE andaluz había generado una fatiga en su apoyo que no era trasladable automáticamente al resto de España.

Aquí hay dos lecciones que la derecha no supo tener en cuenta: primera, que la izquierda se puede activar, dependiendo de cómo formules tú tu propio discurso, y la segunda es que tres no suman: que la derecha solo ha conseguido gobernar históricamente en España cuando ha conseguido unificarse e ir al centro. Que es exactamente lo contrario de lo que ha hecho a lo largo de estas últimas elecciones.

Andalucía creó la imagen de que era posible una derecha polarizada, fundamentalmente en la cuestión nacional, y dividida. Cada uno se equivocó de diferente manera. El PP se equivocó pensando que su adversario era Vox, cuando su adversario era su propio posicionamiento más a la derecha de lo que venía siendo tradicional en el PP, es decir: tú eres tu propio adversario si dejas de atender o prescindes de uno de los elementos que te ha dado prestigio a lo largo de la historia reciente de España que es tener una hoja de servicios de una gestión bien hecha. Con casos de corrupción, lo que se quiera. Pero se renuncia a esa dimensión del PP, para saltar a la doctrinaria nacionalista española, aznarista, y se renuncia a la de Rajoy, Santamaría, etc., de gestión, gestión, gestión. Y hay que recordar lo que significó la crisis, que el PP fue el que sacó a España de la crisis, pues no se habló de esto. De esto no se habló: se habló exclusivamente de si Sánchez y una determinada concepción de España, la España constitucional, frente a una España «bastarda», evidentemente con una simplificación. En el último capítulo de Juego de Tronos, uno de los protagonistas propone elegir a otro para ocupar el Trono de Hierro porque dispone de la mejor historia (storytelling). El relato  que se crea es muy importante: el que tiene la mejor historia al final suele ser quien gana.  Y yo creo que ni el PP ni Ciudadanos –Vox todos sabemos cómo lo enmarcó– supieron enmarcarlo bien. Así pues, el PSOE, sin hacer grandes esfuerzos supo enmarcarlo relativamente bien porque lo que vino es a aparecer como la fuerza moderada. Sabían que la indiferencia del PP y de Ciudadanos hacia Vox les iba a presentar a ellos como moderados y que por lo tanto ahí tenían mucho que ganar. El discurso del PSOE era que se trataba de elegir entre continuidad, con un Gobierno moderno, un Gobierno feminista, un Gobierno con conciencia social, o la vuelta al semifranquismo. No estábamos hablando ya de la vuelta al PP, de la corrupción, etc.: no hizo falta recurrir a eso, sino que había algo que daba todavía mucho más miedo.

Yo he salido de las elecciones muy preocupado. El aumento espectacular de los nacionalismos, que ahora se ha acentuado –porque desde el momento en que se plantean unas elecciones en clave de unidad de España, de cuál es la naturaleza de este país llamado España, de una manera tan radical, y gana, que ganó en número de votos, la heterodoxa, es decir, la que no coincide con la que veníamos entendiendo que era la visión de España tradicional desde la época de la Transición–, nos obliga a entrar en un tema delicadísimo. Tenemos el deber en nuestro país, un país integrado, cohesionado, de reformular otra vez algo tan cansino como puede ser el modelo de Estado.

A mí me parece que lo que han sacado a la luz la elección de abril y la de ayer es que el modelo constitucional que tenemos de España no nos sirve o por lo menos tenemos que intentar revisarlo y que sobre todo lo que no podemos hacer si queremos defender de verdad la Constitución es imaginar que la única Constitución posible es la actualmente existente. La mejor manera de defender la Constitución algunas veces es reformarla. Sobre todo si a través de esa reforma conseguimos la supervivencia de España tal y como la tenemos.

La mayor consecuencia y la más preocupante consecuencia de las elecciones generales y de lo que ocurrió ayer es que el PP no existe en el País Vasco y apenas existe en Cataluña; está además el aumento de partidos radicales como Bildu, por ejemplo, el aumento espectacular de ERC, lo que ha ocurrido con Puigdemont — es decir, los resultados de las europeas en Cataluña, donde yo creo que han pasado ya del 50% por primera vez los independentistas–, todo eso son llamadas de atención. Son llamadas de atención y solo hay un partido del espectro de los partidos nacionales –quitando a Podemos, que se ha hundido en estas últimas elecciones— que mantiene un discurso de: «Vamos a intentar no ofrecer una versión muy dogmática de lo que pensamos que debe ser España, y vamos a intentar negociar con los más propensos a tender puentes en Cataluña y en el País Vasco». El PNV está tan seguro de sí mismo y sabe que ahora mismo solo tiene que ganar, que ni siquiera se quiere plantear la opción por la independencia, si se plantea como tal independencia.

Se nos ha abierto en canal la cuestión nacional, lo vivimos ya el 1 de octubre de 2017, y está volviendo. Y seguramente va a volver ahora en el escenario europeo con una virulencia tremenda. Con todo, y a mí me parece que este es un dato que debería apaciguarnos un poco, los resultados de las elecciones generales, pero sobre todo los resultados de ayer, lo que muestran es que a pesar de la polarización, por lo menos en el espectro izquierda-derecha, estamos eligiendo la moderación. Vox, como algunos ya habíamos anticipado, va camino de una erosión progresiva y la derecha está tomando nota de que al final solo puede quedar unoCiudadanos es incapaz de conseguir que gane la derecha pero es incapaz también de conseguir un Gobierno de coalición centrado: centro-izquierda o centro-derecha; impide que haya salida por alguna de las dos opciones.

El resultado de Unidas Podemos ha sido verdaderamente patético. El titular real de ayer es «Madrid salva a Pablo Casado de la quema y entierra a Pablo Iglesias». Hemos asistido a que hay una recuperación provisional –estoy hablando desde mi perspectiva– del nuevo liderazgo del PP. Casado ha ganado tiempo, lo cual no significa que se haya asentado. Cuando los cargos del PP hagan balance, señalarán al responsable, y no les va a servir de nada decir que se ha conservado la Comunidad de Madrid o que se ha conseguido el Ayuntamiento de Madrid. Eso puede ser insuficiente -creo yo-. Puede ser más una ilusión que no una realidad lo que hemos visto con el PP.

Pienso que la investidura va a ser relativamente sencilla y luego vamos a ver qué es lo que dice Sánchez, porque lo que está claro es que lo que ocurrió ayer ha devaluado a Pablo Iglesias como partner posible de un Gobierno de coalición, y que ayer el propio Sánchez dijo explícitamente: vamos a ver si nos dejamos de vetos, y estaba dirigiéndose claramente a Ciudadanos.

Ahora tenemos que salir del juicio. Los catalanes vamos a estar en el centro del debate europeo con Puigdemont y con un alcalde en Barcelona independentista. Tenemos que llegar a un entendimiento como se produjo a la hora de la reforma constitucional de 2011:  hay momentos en los cuales hay que unir fuerzas y hay que ser un poco realistas.

El PSOE no ha ganado más poder territorial porque se ha derrumbado Unidos Podemos. Y esa es la factura que le va a presentar Pedro Sánchez a Pablo Iglesias: «¿Quiere ser ministro de qué?»

Sobre la gobernabilidad: me preocupa mucho la gobernabilidad sobre todo porque ERC no es un socio fiable como se vio sobre todo en el caso de Miquel Iceta.

En definitiva: tenemos que redefinir lo que es el patriotismo español, nuestra identidad colectiva, buscar cómo podemos sumar sin generar exclusiones. Cataluña no está dividida en dos sino en tres tercios: uno independentista que ya no hay quien recupere; otro españolista que se va a mantener leal pase lo que pase, pero el tercer tercio es el que hay que conquistar, porque dependiendo de quién se lleve ese tercer tercio el futuro de Cataluña estará dirigido hacia un lado o hacia otro.

Estamos en un momento en el que el liderazgo es muy importante, precisamente por los desafíos a los que tenemos que hacer frente. Nuestro gran desafío es la reconstrucción de un consenso transversal imprescindible no solo para satisfacer este reto sobre la naturaleza de la nación, sino para afrontar otros asuntos decisivos: la propia presencia internacional, la reforma laboral, la transición energética, la financiación autonómica, etc.

Fernando Vallespín, Cristóbal Torres y Pedro Arriola: de izquierda a derecha en la imagen.
Fernando Vallespín, Cristóbal Torres y Pedro Arriola (de izquierda a derecha en la imagen) han intervenido hoy en el seminario de Nueva Revista sobre “Análisis del votante”. Foto: © Josema Visiers

[Lo anterior es una transcripción de la conferencia, que se puede seguir también en el vídeo]

Véase también:

Análisis del votante. Cristóbal Torres: “Uno de cada diez votos es nacionalista”

Análisis del votante. Pedro Arriola: “Solamente hay ‘el problema’. El de los territorios”

Análisis del votante. Cristóbal Torres: «Uno de cada diez votos es nacionalista»

El presente texto corresponde a mi intervención en el seminario de Nueva Revista dedicado a analizar las elecciones generales celebradas en España el pasado 28 de abril de 2019. Este seminario tuvo lugar el lunes 27 de mayo, es decir, justo el día después de las triples elecciones, municipales, autonómicas y europeas del 26 de mayo de 2019.

La estructura del mismo atiende, en primer lugar, a un análisis de las referidas elecciones de abril de 2019 desde una perspectiva comparativa longitudinal del voto, para lo que se toma como referencia las anteriores dos últimas elecciones generales acontecidas en nuestro país en diciembre de 2015 y junio de 2016. A partir de sus conclusiones se ofrece esta misma comparativa en lo referido a los escaños resultantes en el Congreso de los Diputados, con el fin de ilustrar sobre la base del proceso de inestabilidad institucional política que estamos atravesando desde diciembre de 2015, es decir, en los últimos cuatro años. Toda ya una legislatura en la que se han celebrado otras dos elecciones generales y en la que no están descartadas unas nuevas elecciones en lo que resta de 2019, aunque en el momento de escribir estas líneas se antoja más estrategia retórica que verosimilitud política. Como tercer eje se indaga en la encuesta preelectoral del CIS de las referidas elecciones generales de 2019, dado que a día de hoy aún no está disponible la encuesta postelectoral que realiza esta institución pública y que permite una aproximación más fina al perfil de los votantes de cada una de los principales partidos. Se concluye, con los datos todavía “saliendo del horno”, con una aproximación a los resultados de las elecciones europeas del 26 de mayo en perspectiva comparada con lo acontecido en las generales del mes anterior y de las propias europeas de mayo de 2014.

Análisis comparativo del voto

Los datos que se presentan en la Tabla 1 recoge la distribución de votos para las tres elecciones generales celebradas en España en los últimos cuatro años. Aun cuando los datos definitivos oficiales incorporan para diciembre de 2015 y junio de 2016 el voto CERA (el de los residentes ausentes por vivir en el extranjero que previamente se han inscrito como tales en los consulados), para evitar la distorsión en lo que respecta a los niveles de abstención (un dato fundamental) y su comparación con los datos de abril de 2019 (que todavía no incluyen el voto CERA), el total del censo electoral utilizado ha sido siempre sin voto CERA. No obstante esto supone una muy pequeña distorsión en la distribución del voto, dado que en las elecciones generales de 2016 y 2015 no es posible eliminar de la distribución de votos los emitidos en el CERA. Así, en junio de 2016 solo hay 121.277 votantes CERA (de un censo CERA de 1.924.021 personas) y en diciembre de 2015 estos mismos votantes son 88.900 personas (de un censo de 1.880.064). En definitiva, y como se ha indicado, supone de un lado un impacto insignificante respecto de la distribución de votos entre los distintos partidos y en su sumatorio para el conjunto, pero de otro permite llevar a cabo una comparativa relevante sobre la abstención dado que, como se ha visto, el censo CERA es bien voluminoso, aun cuando sus votantes son bien escasos. De ahí que, como considerando metodológico, se haya optado por manejar el censo electoral sin los Votantes CERA[1].

TABLA 1

COMPARATIVA VOTOS. ELECCIONES GENERALES 2015 A 2019

ELECCIONES

GENERALES

ABRIL 2019 JUNIO 2016 DICIEMBE 2015
Absolutos % Válidos % Censo Absolutos % Válidos % Censo Absolutos % Válidos % Censo
Censo sin CERA 34.798.204 100 34.596.892 100 34.631.784 100
Votantes 26.361.051 75,75 24.279.259 70,18 (D) 25.438.532 73,45 (E)
Abstención 8.437.153 24,25 10.317.633 (C) 29,82 9.193.252 (C) 26,55
Voto CERA 121.277 0,35 88.900 0,26
Nulos 275.410 0,79 225.504 0,65 227.219 0,66
Voto Válido 26.085.641 100 74,96 24.053.755 100 69,53 25.211.313 100 72,80
Blanco 199.511 0,76 0,57 179.081 0,74 0,52 188.132 0,75 0,54
PSOE 7.480.755 28,68 21,50 5.443.846 22,63 15,74 5.545.315 22,0 16,01
PP 4.356.023 16,70 12,52 7.941.236 33,01 22,95 7.236.965 28,71 20,90
Ciudadanos 4.136.600 15,86 11,89 3.141.570 13,06 9,08 3.514.528 13,94 10,15
Podemos 2.881.445 11,05 8,28 3.227.123 13,42 9,33 3.198.584 12,69 9,24
Izq. Unida 926.783 3,68 2,68
En Comú Podem 614.738 2,36 1,77 853.102 3,55 2,47 929.880 3,69 2,69
Podemos + Compromìs 659.771 2,74 1,91 673.549 2,67 1,94
Podemos  Mareas 236.746 0,91 0,68 347.542 1,44 1,00 410.698 1,63 1,19
Suma Podemos 3.732.929 14,32 10,73 5.087.538 21,15 14,71 6.139.494 24,34 17,73
VOX 2.677.173 10,26 7,69 47.182 0,20 0,14 58.114 0,23 0,17
ERC 1.015.355 3,89 2,92 632.234 2,63 1,83 601.782 2,39 1,74
JxCAT; CDC; DL 497.638 1,91 1,43 483.488 2,01 1,40 567.253 2,25 1,64
PNV 394.627 1,51 1,13 287.014 1,19 0,83 302.316 1,20 0,87
EH Bildu 258.840 0,99 0,74 184.713 0,77 0,53 219.125 0,87 0,63
Compromis 172.751 0,66 0,50
CCa-PNC 137.196 0,53 0,39 78.253 0,33 0,23 81.917 0,32 0,24
NA+ 107.124 0,41 0,31
PRC 52.197 0,20 0,15
Resto Partidos 866.922 3,32 2,49 547.600 2,28 1,57 756.372 3,0 2,18
Supone PACMA 326.045 1,25 0,94 286.702 1,19 0,83 220.369 0,87 0,64
Supone Front Republicà 113.008 0,43 0,32
Supone BNG 93.810 0,36 0,27 45.252 0,19 0,13 70.863 0,28 0,20
Supone UPYD 50.247 0,21 0,15 155.153 0,62 0,45
Suma PP+ Cs+ Vox+ NA + y UPYD 11.276.920 43,23 32,41 11.180.235 46,48 32,32 10.964.760 43,49 31,66
Suma PSOE + Podemos y Confluencias 11.213.684 42,99 32,23 10.531.384 43,78 30,44 11.684.809 46,35 33,74
Suma Nacionalistas (A) 2.546.029 9,76 7,32 1.632.701 6,79 4,72 1.761.339 6,99 5,09
Suma Regionalistas (B) 189.393 0,73 0,54 78.253 0,33 0,23 81.917 0,32 0,24
Resto Partidos 660.104 2,53 1,90 452.101 1,88 1,31 530.356 2,10 1,53
Fuente: Ministerio del Interior. Elaboración Cristóbal Torres.

NOTAS:
(A) Incluye Front Republicà y BNG.
(B) Solo incluye CCa-PNC en 2015 y 2016. En 2019 también incluye PRC.
(C) El resultado es por diferencia al estar incluido y repartido el Voto Cera.
(D) En Elecciones 2016 la Participación a las 20:00 h. fue del 69,83%.  Votantes con Cera sobre censo No Cera (70,18%)  –  Voto Cera sobre censo No Cera (0,35%)= 69,83%. OK.  Elecciones 2016: Total Censo Cera (1.924.021); Votantes Cera (121.277). Supone que solo vota el 6,30% del Censo Cera.
(E)  En Elecciones 2015 la Participación a las 20:00 h. fue del 73,2%. Votantes con CERA sobre censo No Cera (73,45%) – Voto Cera sobre Censo No Cera (0,26%)= 73,19%. OK. Elecciones 2015: Total Censo Cera (1.880.064); Votantes Cera (88.900). Supone que solo vota el 4,73% del Censo Cera.
[1] Al respecto pueden verse las notas D y E de la propia Tabla 1.

 

Como puede apreciarse en la señalada Tabla 1, uno de los hechos más destacados de las elecciones de abril de 2019 es el incremento de la participación electoral en un 5,9% sobre el total del censo sin CERA. En concreto, se ha pasado de un 69,8% de votantes en junio de 2016 a un 75,7% en abril de 2019, lo que en términos absolutos supone que algo más de dos millones de ciudadanos fueron a votar en las últimas elecciones generales, teniendo en cuenta que el incremento intercensal entre ambas elecciones fue de apenas doscientas mil personas.

Del análisis de la distribución de este conjunto de votos, y tomando siempre la perspectiva comparativa, puede deducirse que ha sido el Partido Socialista (PSOE) y los diversos partidos nacionalistas o independistas los beneficiados de esta acentuada movilización electoral. A mi juicio, la explicación más plausible de esta sobresaliente movilización y de su decantación electoral concreta radica en la incertidumbre sobre los resultados acerca de quién iba a obtener la mayoría parlamentaria (en un escenario de bipolaridad antagónica entre izquierda vs. derecha), que se vio dramatizada por el reciente ejemplo de los resultados en las elecciones autonómicas andaluzas de diciembre de 2018, que supuso un histórico cambio de Gobierno en la Junta de Andalucía. La exponencial irrupción de Vox como fuerza electoral y parlamentaria, que ha sido decisiva en la formación de una mayoría de gobierno parlamentaria alternativa a las fórmulas políticas precedentes siempre bajo la égida del PSOE, ha supuesto un importante efecto de movilización, a uno y otro lado del continuum ideológico, así como una recombinatoria en la distribución del voto dentro de cada bloque.

De esta manera puede estimarse, a partir de los datos de la tabla mencionada, que los dos millones de votos de más que el PSOE obtuvo en 2019 con respecto a 2016 provienen, grosso modo, de buena parte de los 1,35 millones que pierde el sumatorio de Unidas Podemos en 2019 con respecto a 2016, y de algo menos de la mitad de los 2,08 millones de la abstención de 2016 que, sensu contrario, se movilizan y votan en 2019 (en la encuesta preelectoral del CIS un 16% de los que se abstuvieron en 2016 indica que van a votar al Partido Socialista, aunque realmente han debido ser en torno a la mitad de este porcentaje), más los correspondientes trasvases de votos provenientes del resto de los distintos partidos políticos en los que, a tenor de la citada encuesta, Ciudadanos y Compromìs conforman las fuentes principales que ha nutrido el voto socialista.

Siguiendo con el análisis de esta Tabla 1 destaca que el Partido Popular perdió algo más de 3,5 millones de votos en 2019 en relación a 2016. Éstos se repartieron, en lo principal, entre Vox que sumó 2,63 millones de votos más que en las elecciones de 2016 y Ciudadanos que recogería los 955.000 votos restantes. Esta pérdida del manantial de votos del PP explicaría casi por completo, y sin tener en cuenta otros posibles considerandos, el crecimiento electoral en 2019 de Vox y Ciudadanos. En concreto, el crecimiento de Ciudadanos fue de 995.000 votos, es decir, solo 40.000 votos más de los que pueden atribuírsele de los provenientes por las pérdidas del PP.

Junto al Partido Socialista, los partidos nacionalistas e independentistas fueron los otros grandes beneficiados del incremento de la participación en las últimas elecciones generales. En total han sumado algo más de 900.000 votos que en 2016, si bien 172.000 provienen del nuevo posicionamiento en solitario de Compromìs, posicionado en 2016 como una confluencia de Unidos Podemos y en 2019, ya en solitario, más claramente en el bloque nacionalista. En este bloque destaca muy especialmente el resultado obtenido por Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) que ha crecido en unos 383.000 votos, lo que supone un 60,6% de votos más que los registrados en 2016. Un crecimiento también notable, aunque menos espectacular, se apunta el Partido Nacionalista Vasco (PNV) que suma unos 107.000 votos más, lo que supone un 37,5% de lo obtenido en 2016. Y en esta misma línea, EH Bildu aporta un crecimiento de unos 74.000 votos, lo que implica un crecimiento del 40% respecto a sus registros del verano de 2016. Solo el actual Junts per Catalunya (JxCAT) no crece significativamente, puesto que su incremento ha sido de tan solo un 2,9%, de tal manera que ERC le ha doblado ya en número de votos en las elecciones generales de 2019 (1.015.355 votos frente a 497.638). Adicionalmente otras fuerzas políticas nacionalistas como BNG y Front Republicà, a pesar de no obtener escaño parlamentario alguno, registran volúmenes de votos bien relevantes (93.000 y 113.000 votos, respectivamente).

Todo lo cual ha supuesto que el sumatorio del voto a los partidos nacionalistas e independentistas en las pasadas elecciones de abril de 2019 ha alcanzado ya, prácticamente, a uno de cada 10 votos emitidos, mientras que en 2016 y 2015 este dato no pasó del 7%.

Pero, junto a este primer destacado hecho, también puede apreciarse en las últimas filas de la referida tabla un segundo fenómeno sobresaliente. En concreto, que el sumatorio de votos en 2019 entre el bloque de partidos de derechas (PP, Ciudadanos y Vox) y el bloque de partidos de izquierdas (PSOE, Podemos y confluencias electorales) es prácticamente idéntico. Así, del lado derecho suman 11.276.920 votos, mientras que del bloque izquierdo aglutinan 11.213.684 votos, siempre bajo la referencia de partidos del ámbito del conjunto nacional. La diferencia de apenas algo más de 60.000 votos, sobre 26,36 millones de votos emitidos en abril de 2019, ilustra de manera nítida la división política en la que nuestro país se encuentra sumido. División que se ha inclinado a uno u otro lado en las elecciones de diciembre de 2015 (720.000 más votos a favor de la izquierda) o en las de junio de 2016 (648.000 más votos a favor de la derecha), pero que nunca ha supuesto una diferencia superior al 3% del total de votos emitidos en ambas elecciones.

En definitiva, que en un contexto de alta participación electoral que alcanza el 75% del total del censo no CERA, la división de las fuerzas de ámbito nacional es igualitaria con el modulador del diezmo que suponen los apoyos a los partidos nacionalistas e independentistas.

La estabilidad política tras las elecciones

Este panorama electoral de acentuada simétrica división en dos mitades que, con pequeños márgenes variados, se repite desde el fin de la legislatura de 2011-2015, más la permanente destacada presencia (ahora incluso más fortalecida) de las fuerzas nacionalistas, convertidas en fuerzas independentistas por lo que hace a Cataluña, es lo que explica todos los hechos políticos relevantes del último cuatrienio: la imposibilidad de formar Gobierno tras las elecciones de diciembre de 2015 (debido a las alternativas coaliciones de bloqueo que se sucedieron), la necesidad de volver a convocar elecciones en junio de 2016, la debilidad parlamentaria de soporte del Gobierno del Partido Popular que emerge tras las elecciones de junio de 2016 y que dio lugar a su imprevisto derribo por la moción de censura de mayo de 2018 encabezada por el Partido Socialista, entendida más como una coalición de bloqueo ante el anterior Gobierno popular que como un explícito refrendo del nuevo Gobierno socialista. De hecho, esto último provocó otra nueva convocatoria electoral en abril de 2019, cuyo poco holgado resultado a favor del Partido Socialista, también supone una débil base para garantizar una estabilidad de gobierno en los a priori cuatro años de la nueva legislatura, tal como puede apreciarse en la siguiente Tabla 2, aun cuando a priori pueda existir ahora una menor propensión natural a la coalición de bloqueo que la que se produjo en el primer semestre de 2016.

TABLA 2

COMPARATIVA ESCAÑOS CONGRESO DE LOS DIPUTADOS

PARTIDOS ELECCIONES 2019 ELECCIONES 2016 ELECCIONES 2015
PSOE (1) 123 85 90
PP (2) 66 137 123
Ciudadanos 57 32 40
Podemos (3) 33 45 42
Izquierda Unida 2
En Común Podem 7 12 12
Podemos + Compromìs 9 9
Podemos Mareas 2 5 6
Suma Podemos (4) 42 71 71
VOX 24
ERC 15 9 9
JxCAT; CDC; DL 7 8 8
PNV 6 5 6
EH Bildu 4 2 2
CCa-PNC 2 1 1
NA + 2
Compromìs 1
PRC 1
Total Escaños 350 350 350
Bloque Derecha (5) 149 169 163
Bloque Izquierda (6) 165 156 161
Bloque Nacionalista (7) 33 24 25
Bloque Regionalista (8) 3 1 1
Bloque Soporte del Gobierno (9) 175 175 170
Fuente: Ministerio del Interior y Congreso de los Diputados. Elaboración Cristóbal Torres.

NOTAS:
(1) Incluye candidaturas con PSC y PSOE-NCa (Nueva Canarias).
(2) Incluye candidaturas con UPN, PAR y Foro.
(3) Para 2015 se incluye aquí un diputado de la colación Podemos-Ahora Alto Aragón en Común.
(4) La suma en 2016 y 2015 incluye a Compromìs, a pesar de que este partido mantuvo en estas dos legislaturas a cuatro diputados en el Grupo Mixto (2015) o con Grupo Parlamentario propio (2016).
(5) Sumatorio de PP + Cs. Y en 2019 se incluye a VOX y NA +.
(6) Sumatorio de PSOE + Suma Podemos. Por tanto en 2016 y 2015 incluye a Compromìs.
(7) Sumatorio de ERC + JxCAT + PNV + Bildu en 2015 y 2016. En 2019 incluye a Compromìs.
(8) Incluye a CCa-PNC y PRC.
(9) En 2015 y 2016 es el sumatorio de PP + Cs + CCa-PNC + PNV. En 2019 es el sumatorio de PSOE+ Suma Podemos+ PNV+ Compromìs + CCa-PNC + PRC.

 

Aun cuando en el momento de redactar estas líneas no hay todavía fijada una fecha para la sesión de investidura del nuevo Presidente del Gobierno, es previsible que el nuevo Gobierno socialista salga adelante (aun en segunda ronda), en parte por la lógica institucional de evitar la repetición del ciclo electoral dual 2015-2016, y en parte por el ejemplo de la crisis vivida en el PSOE en Septiembre de 2016 con la defenestración del actual Presidente del Gobierno, entonces solo Secretario General del Partido Socialista (que acuñó la ya célebre “no es no, que parte de la frase no ha comprendido”), y la resultante abstención de la mayor parte de los diputados socialistas.

Así pues, la pregunta clave al respecto supone plantear si será posible que el nuevo Gobierno socialista pueda completar el periodo cuatrienal de esta nueva XIII legislatura iniciada en abril de 2019. A favor de la respuesta positiva está el hecho diferencial que el hipotético actual ciclo de gobierno del Partido Socialista estaría en sus inicios, a diferencia de 2015 y 2016 en el que el Partido Popular ya había completado un especial duro ciclo (2011-2015) por mor de la crisis económica iniciada en 2010 y las duras medidas de austeridad tomadas para remediarla. Pero con todo, la respuesta más contingente pero más directa radica en el posicionamiento que, de un lado el bloque nacionalista y muy especialmente el independentista (encabezado por ERC pero sin descartar a otras fuerzas parlamentarias), y de otro Ciudadanos, hagan del apoyo parlamentario al nuevo Gobierno investido.

En el caso de los partidos nacionalistas y regionalistas, y aun cuando el posicionamiento de Coalición Canaria no esté claro, el nuevo Gobierno necesitaría el apoyo estable de ERC o de EH Bildu, amén del respaldo del PNV, Compromìs y PRC. Pero, sobre todo, el Gobierno socialista requiere contar con el sólido apoyo de la suma de Podemos y sus confluencias. Sin embargo el apoyo de Unidas Podemos, en coalición o colaboración, también pudiera suponer una contradicción con la lógica institucional del Gobierno socialista si éste decide mirar más al centro por el caladero que suponen los votantes de Ciudadanos que, tras las elecciones europeas de mayo de 2019, se ha dejado una parte bien significativa de los votos que obtuvo en las generales del mes anterior. Adicionalmente Unidas Podemos va a tratar de recuperar, mediante algún tipo de responsabilidad y acción institucional en el Gobierno, la sangría de sufragios que ha perdido en favor de un PSOE que hasta ahora ha mantenido una dinámica retórica que claramente ocupaba su espacio.

Como resuelve esta triple posibilidad de respaldo (en clave nacionalista, de izquierdas o de centro) y establece su estrategia el Gobierno del Presidente Sánchez es una de las escenas principales a seguir. La otra será el papel que se autoasigne Ciudadanos en la oposición. Hasta las generales de abril de 2019 la idea ha sido buscar el sorpasso al Partido Popular en el eje del centro derecha, con el fin de tomar el liderato de la oposición. Algo que casi consigue, pues solo ha quedado a unos 220.000 votos, lo que supone un exiguo 5% del total de votos obtenidos por el PP, tal y como puede apreciarse en la tabla arriba mencionada. Continuar en esa estrategia, a pesar de la caída de votos en las europeas del mes siguiente, supone mantenerse en una posición de bloqueo y alternativa de gobierno al Partido Socialista. En el momento de redactar estas líneas esa parece ser su estrategia, al menos la de sus principales líderes. Con todo, no es descartable algún tipo de apoyo ocasional táctico que permitiría arrancar la actual XIII legislatura, pero que a medio plazo se modulará en función del posicionamiento que el Gobierno Socialista haga con nacionalistas e independentistas y con Unidas Podemos, y con la continuidad o no de su estrategia del sorpasso.

El perfil de los votantes

Realizado un análisis de las principales variables del voto, y de la estabilidad parlamentaria y política resultante, cabe dirigirse ahora a un escrutinio de las líneas maestras más generales del perfil de los votantes. Para ello recurrimos a la encuesta preelectoral del CIS realizada con motivo de las elecciones generales del 28 de abril de 2019, con el trabajo de campo realizado entre el 1 y el 18 de marzo y cuyo detalle metodológico y de resultados está publicado en la web del citado instituto demoscópico.

Al respecto lo primero a indicar que en esta ocasión su predicción preelectoral (la popularmente llamada “cocina del CIS”) ha acertado en lo que hace al pronóstico de votos y escaños del Partido Socialista, Partido Popular y Unidas Podemos y confluencias (excepto con el singular caso de Podemos Mareas). No obstante lo anterior, erró en lo que respecta a Ciudadanos y Vox. Así, en el caso de Ciudadanos se infraestimó su resultado en unos diez escaños y un 2,2% de sus votos, y en el de Vox se sobreestimó en otros diez escaños y un 1,6% de sus votos.

Cabe pues deducir que la materia sobre la que se ha cocinado, los datos en bruto de esta encuesta preelectoral, es tan fidedigna y válida como de costumbre. De esta manera se pueden tomar los datos de la variable que en una dinámica preelectoral explícita más se acerca a los datos reales de las elecciones que habitualmente es la suma de intención directa de voto más la simpatía a partido político, en aquellos que no se posicionan en la intención directa de voto. En definitiva, lo que vamos a considerar es lo que en la lógica metodológica y en el análisis matemático se llama una variable proxy, dada la imposibilidad de acceder a la matriz de la variable “cocina” del CIS.

En la siguiente Tabla 3 pueden verse, sobre el total de la población con derecho a voto, los datos reales de las pasadas elecciones generales, y la ventaja aproximativa de manejar esta variable de “intención directa más simpatía” sobre la de intención directa exclusivamente, siempre a partir de los datos de la encuesta preelectoral del CIS.

TABLA 3

COMPARATIVA DATOS ELECCIONES GENERALES 2019 Y DATOS DIRECTOS PREELECTORAL CIS (MARZO 2019) // % SOBRE CENSO 

DATOS REALES INTENCIÓN DIRECTA CIS INTENCIÓN + SIMPATIA CIS
PSOE 21,50 18,9 24,8
PARTIDO POPULAR 12,52 8,5 11,7
CIUDADANOS 11,89 7,1 10,6
UNIDAS PODEMOS 8,28 5,5 7,6
EN COMÚ PODEM 1,77 0,9 1,3
PODEMOS MAREAS 0,68 0,1 0,1
SUMA PODEMOS 10,73 6,5 9,0
VOX 7,69 3,8 4,4
ERC 2,92 2,8 3,7
JxCAT 1,43 0,6 0,8
EAJ-PNV 1,13 0,8 1,1
EH BILDU 0,74 0,7 0,9
COMPROMÌS 0,50 0,3 0,5
CCa-PNC 0,39 0,2 0,2
NA + 0,31 0,2 0,2
NUEVAS CANARIAS 0,14 0,0 0,0
PACMA 0,94 1,0 1,4
OTROS 1,6 0,7 1,0
EN BLANCO 0,57 2,2 2,2
VOTO NULO 0,79 0,8 0,8
ABSTENCIÓN /NO VOTARÁ 24,25 7,0 19,0
NO DECIDIDO AÚN 25,3 2,6
NO SABE 4,5
NO CONTESTA 8,2 5,0
CIS SIN ATRIBUIR PARTIDO 45,00 26,6
TOTAL 100 100,1 99,9
Fuente: Ministerio del Interior y CIS. Elaboración Cristóbal Torres

 

Un somero análisis sociodemográfico de esta variable de intención más simpatía muestra que existen pocas diferencias significativas en función del género. En todo caso, puede destacarse que las mujeres muestran una ligerísima mayor tendencia a posicionarse a favor del PP frente a los hombres (12,5% vs. al 10,8%), así como a ser más proclives a la abstención (20,2% vs. al 17,6%). Por el contrario, los hombres muestran similar pequeña tendencia a favor de Unidas Podemos respecto de las mujeres (8,8% vs. 6,6%). Pero es en Vox donde la probabilidad de obtener un voto masculino frente al femenino se da de manera muy relevante, puesto que los hombres doblan a las mujeres (6,0% vs. 2,9%).

Con respecto a la edad, las diferencias son más relevantes. Así, la probabilidad del voto al PSOE es mayor entre los mayores de 55 años (30,8%), mientras que cae entre los menores de 45 años, y muy especialmente en los jóvenes de menos de 35 años (18,8%). En el caso del PP, su voto es también mucho más proclive a partir de los 65 y más años (30,8%). Y también cae entre los menores de 45 años, aunque de manera no tan acusada como ocurría con el Partido Socialista. Es reseñable que el voto a Unidas Podemos cae a la mitad entre los mayores de 65 años, mientras que los votantes de Ciudadanos presentan una mayor propensión a tener menos de 45 años. El votante de Vox se distribuye de una manera homogénea entre las distintas cohortes de edad, si bien es ligeramente superior la propensión a votar a este partido entre los menores de 55 años y se reduce entre los mayores de esta misma edad. Similar regularidad puede apreciarse entre los votantes de ERC y JxCAT, si bien en los votantes de ERC destacan los menores de 45 años. En cualquier caso, la propensión a la abstención es mayor entre los menores de 45 años y muy especialmente, cinco puntos más que la media, entre los jóvenes de 18 a 24 años.

Como hitos principales del análisis según el nivel educativo puede destacarse que las  personas sin estudios o con estudios primarios son más propensas a votar a los partidos con mayor respaldo (PSOE y PP), mientras que entre los votantes de Ciudadanos, Unidas Podemos y ERC la probabilidad de los votantes con estudios superiores aumenta. Es en Vox donde se encuentra una mayor propensión al voto de aquellos con estudios medios. En todo caso, la abstención se da en menor probabilidad entre aquellas personas que cuentan con estudios superiores (4,2%).

Un aspecto interesante en el análisis del votante supone adentrarse en el análisis de la ideología expresada por los encuestados. El CIS usa desde hace ya muchos años una escala numérica de 1 a 10, cuyo punto natural equidistante (5) se englobaría en la parte simétrica de la izquierda (5 posiciones del 1 al 5) frente a su correspondiente en la derecha (5 posiciones del 6 al 10). Tal vez por ello, y como puede apreciarse en la Tabla 4, la media aritmética obtenida para el conjunto de los entrevistados es de 4,6 es decir netamente a la izquierda, dado que el punto medio de referencia sería 5,5.

TABLA 4

POSICIONAMIENTO IDEOLÓGICO (1-10) DE LA CIUDADANÍA

IDEOLOGÍA CIUDADANÍA
PUNTUACIÓN % CIUDADANOS
1 IZQUIERDA 5,9
2 5,9
3 14,6
4 13,9
5 21,2
6 8,7
7 6,7
8 4,9
9 1,8
10 DERECHA 1,4
NO SABE 9,1
NO CONTESTA 5,9
MEDIA 4,6
DESVIACIÓN TÍPICA 2,0
TOTAL IZQUIERDA (1-4) 40,3
PUNTO MEDIO (5) 21,2
TOTAL DERECHA (6-10) 23,5
Fuente: CIS. Macrobarómetro Preelectoral Marzo 2019.

 

Una manera de hacer frente al déficit métrico de esta escala pasa, como se ha hecho en la referida Tabla 4, por individualizar el peso de cada uno de los puntos de la escala. Los resultados muestran, a pesar de contar con un punto menos, la hegemonía de las posiciones (1 a 4) explícitas de izquierda (40,3%), frente a las de derecha (6 a 10) que suman un 23,5%. De esta manera, y asumiendo un 15% de encuestados que no se posicionan (no saben o no contestan), el punto medio natural de 5 registra el valor modal y aglutina a una cuarta parte de la población (21,2%). En definitiva, que algún partido (también en plural) del bloque de la derecha necesitaría ocupar este espacio del 5 para equilibrar la balanza ideológica que ahora recae favorable al lado izquierdo.

Sin embargo, y como aparece en la columna izquierda de la siguiente Tabla 5, es el Partido Socialista (4,1) al que el conjunto de los entrevistados sitúan en la posición más cercana tanto a la media general del conjunto de entrevistados (4,6) como al punto medio natural de la escala (5). Por la izquierda, Podemos se encuentra muy alejado (2,3). Pero por la derecha la distancia a esta media conjunta no es menor. Así el más cercano es Ciudadanos, que se encuentra en el 6,9. Y el Partido Popular obtiene una puntuación del conjunto de los entrevistados muy alejada (8.1), ubicándose Vox en un todavía más lejano 9,3.

Pudiera pensarse que esta atribución ideológica de la ciudadanía a los partidos podría castigar especialmente a los partidos del bloque de la derecha. Y en efecto, como puede apreciarse en la columna derecha de la misma Tabla 5, el auto posicionamiento en la escala ideológica según los declarados propios votantes de cada uno de los partidos en las elecciones generales de 2016 atempera especialmente la puntuación obtenida por el Partido Popular (que del anterior 8,1 pasa a una media propia de 7,0) y por Ciudadanos (que pasa de una media del conjunto de 6,9 a una auto media de 5,7). Pero en cualquier caso, la puntuación obtenida entre los propios electores del PP (7,0) supone una importante distancia con respecto al punto medio que supone el 5. Algo que, sin embargo, no ocurre entre los votantes de Ciudadanos en 2016 que solo se distancian siete décimas del señalado punto medio.

Pero en este ejercicio de auto posicionamiento también se modera la valoración de Podemos, que de una media general de 2,3 pasa a 2,9 en la opinión de sus propios votantes. Curiosamente el PSOE es el único que se escora ligeramente más a la izquierda, al obtener un valor de 3,7 en la atribución que le hacen sus propios votantes de 2016, frente al posicionamiento medio que obtenía en el conjunto de entrevistados (4,1).

En cualquier caso, destacar que aquellos entrevistados que se abstuvieron en las elecciones generales de 2016 son quienes se ubican (4,8) prácticamente en la media del conjunto de la ciudadanía (4,6). Y algo idéntico puede decirse de aquellos que no recuerdan o no contestan a la pregunta del sentido de su voto en 2016 (4,7 en ambos casos).

Es decir, que la movilización de esos espacios medios de posicionamiento ideológico son los que han terminado por otorgar la victoria electoral relativa al Partido Socialista, de la misma manera que ha relegado el apoyo al Partido Popular que, por otra parte, se ha visto pinzado y solapado en su otrora amplia ocupación del continuum ideológico de la derecha por, de un lado, la fulgurante irrupción de Vox por su flanco derecho y, de otro, por la posición más centrada de Ciudadanos.

TABLA 5

ESCALA IDEOLÓGICA (1 a 10) DE PARTIDOS Y VOTANTES (%)  

ATRIBUCIÓN ESCALA IDEOLÓGICA

SEGÚN CIUDADANÍA

AUTOPOSICIONAMIENTO ESCALA IDEOLÓGICA SEGÚN VOTANTES

EN 2016

PARTIDOS MEDIA PARTIDOS MEDIA
PSOE 4,1 PSOE 3,7
PP 8,1 PP 7,0
CIUDADANOS 6,9 CIUDADANOS 5,7
PODEMOS 2,3 PODEMOS 2,9
ECP 3,1 ECP 2,8
PODEMOS MAREA 2,5 PODEMOS MAREA 2,9
VOX 9,3 VOX
ERC 3,1 ERC 2,5
JxCAT 5,9 JxCAT 4,2
EAJ-PNV 6,0 EAJ-PNV 4,3
EH BILDU 2,5 EH BILDU 2,4
COMPROMÌS 2,9 PODEMOS COMPROMÌS 2,8
CCa-PNC 6,0 CCa-PNC 5,4
PRC 5,0 PRC
PACMA 3,7 PACMA
Media Aritmética 4,6 NO VOTÓ 4,8
NO RECUERDA 4,7
NO CONTESTA 4,7
Fuente: CIS. Macrobarómetro Preelectoral Marzo 2019.

 

¿Un epílogo con vuelta al bipartidismo?

Las elecciones europeas son de una naturaleza distinta a las generales y, por ello, suponen un nivel de participación significativamente muy alejado de estas. Como puede verse en la Tabla 6, mientras que en las de mayo de 2014 solo votó el 45,9% del censo sin CERA (siendo el total de votantes CERA el 0,1% de este mismo censo), en las elecciones generales de diciembre de 2015, apenas diecinueve meses después, el grado de participación electoral fue de casi treinta puntos porcentuales más (73,4%, conforme se indica en la Tabla 1).

No obstante lo anterior, las elecciones europeas constituyen un buen escenario para registrar tendencias emergentes (como en 2014 supuso la irrupción de Unidos Podemos) o  corroborar o no mayorías establecidas. Así en mayo de 2014 (Tabla 6) se observaba el desgaste del Partido Popular frente a la rotunda victoria de noviembre de 2011 que, no obstante, todavía aventajaba en 3 puntos porcentuales de votos válidos al PSOE (26% vs. 23%).

TABLA 6

COMPARATIVA VOTOS. ELECCIONES EUROPEAS 2014, 2019 Y GENERALES 2019

ELECCIONES

GENERALES

EUROPEAS MAYO 2019 GENERALES ABRIL 2019 EUROPEAS MAYO 2014
Absolutos % Válidos % Censo Absolutos % Válidos % Censo Absolutos % Válidos % Censo
Censo sin CERA 34.989.414 100 34.798.204 100 34.821.466 100
Votantes 22.505.271 64,32 26.361.051 75,75 15.998.141 45,94
Abstención 12.484.143 35,68 8.437.153 24,25 18.823.325 54,06
Voto CERA 34.310 0,10
Nulos 192.775 0,55 275.410 0,79 287.925 0,82
Voto Válido 22.312.496 100 63,77 26.085.641 100 74,96 15.710.216 100 45,12
Blanco 215.315 0,96 0,62 199.511 0,76 0,57 361.567 2,30 1,04
PSOE 7.327.020 32,84 20,94 7.480.755 28,68 21,50 3.614.232 23,01 10,38
PP 4.491.571 20,13 12,84 4.356.023 16,70 12,52 4.098.339 26,09 11,77
Ciudadanos 2.718.061 12,18 7,77 4.136.600 15,86 11,89 497.146 3,16 1,43
Podemos 2.242.620 10,05 6,41 2.881.445 11,05 8,28 1.253.837 7,98 3,60
Izq. Unida 1.575.308 10,03 4,52
En Comú Podem 614.738 2,36 1,77
Podemos  Mareas 236.746 0,91 0,68
Suma Podemos 3.732.929 14,32 10,73
VOX 1.383.978 6,20 3,96 2.677.173 10,26 7,69 246.833 1,57 0,71
ERC 1.015.355 3,89 2,92
JxCAT; CDC/LLiures Europa 1.024.924 4,59 2,93 497.638 1,91 1,43
PNV 394.627 1,51 1,13
EH Bildu 258.840 0,99 0,74
CEUs (Coalición Europa) 619.306 2,76 1,77 851.971 5,42 2,45
EPDD/Ahora Repúblicas 1.256.857 5,63 3,59 630.072 4,01 1,81
Compromis per Europa 293.317 1,31 0,84 172.751 0,66 0,50
CCa-PNC 137.196 0,53 0,39
NA+ 107.124 0,41 0,31
PRC 52.197 0,20 0,15
UPYD 1.022.232 6,51 2,94
Resto Partidos 739.527 3,31 2,11 866.922 3,32 2,49 1.558.679 9,92 4,48
Supone PACMA 293.141 1,31 0,84 326.045 1,25 0,94 177.499 1,13 0,51
Suma PP+ Cs+ Vox+ NA + y UPYD 8.593.610 38,51 24,56 11.276.920 43,23 32,41 5.864.550 37,33 16,84
Suma PSOE + Podemos y confluencias 9.569.640 42,89 27,35 11.213.684 42,99 32,23 6.443.377 41,01 18,50
Suma Nacionalistas (A) 3.194.404 14,32 9,13 2.546.029 9,76 7,32 1.482.043 9,43 4,26
Suma Regionalistas 189.393 0,73 0,54
Resto Partidos 739.527 3,31 2,11 660.104 2,53 1,90 1.558.671 9,92 4,48
Fuente: Ministerio del Interior. Elaboración Cristóbal Torres. Elecciones Europeas 2019 escrutado al 99,48%.

NOTAS:
(A) Incluye Lliures Europa, CEUs, Ahora Repùblicas y Compromìs per Europa.

 

Como puede verse en los datos recogidos en la señalada Tabla, en el caso de las europeas de 2019 el dato de participación ha sido del 64,3% del total censal, lejos de las cifras de las generales del mes anterior, pero más lejos todavía de los ya señalados de mayo de 2014. Sin duda, la cercanía con las generales y el hecho de que, en esta ocasión, coincidieran en fecha con las municipales y autonómicas explicarían esta relativa alta participación. Esta destacada participación daría, a mi juicio, más fuerza a una lectura de esas tendencias emergentes que, conforme al párrafo anterior, puede hacerse a partir de sus resultados.

La primera constatación es que en mayo de 2019 hay casi cuatro millones de votos menos que en el mes de abril anterior (3,85 millones). Sin embargo, el Partido Socialista y el Partido Popular mantienen el volumen absoluto de sus votos. En concreto, el PSOE solo pierde 153.000 votos de una bolsa de más de siete millones y el PP gana 135.000 en un total de más de cuatro millones.

Frente a este destacado hecho, sobresale también que Unidas Podemos, Ciudadanos y Vox registran muy fuertes pérdidas. El caso de Unidas Podemos el descenso del voto es de 1,49 millones, lo que supone un 40% de sus votos del mes anterior, aunque el trasvase de sus confluencias a algunas de las coaliciones nacionalistas pueda dar cuenta en alguna parte de este voto.

Ciudadanos perdió 1,42 millones de votos de unas a otras elecciones, lo que supone algo más de la tercera (34,3%) de sus votos de abril. Y la caída de Vox alcanzó a casi la mitad de sus votantes de las pasadas generales (48,3%), lo que supone 1,29 millones de votos. Aparte de constatar la extraordinaria volatilidad de estos votantes que en apenas un mes decidieron no repetir sus votos, debe también indicarse que fueron votos que no se encaminaron hacía ninguna otra fuerza política cercana, sino que se fueron a la abstención.

De otro lado, también destaca sobremanera que las distintas coaliciones nacionalistas o independentistas (Lliures Europa, CEUs, Ahora Repùblicas y Compromìs per Europa) han seguido ganando votos. Así sumaron casi 650.000 votos más que sus principales partidos en las generales del mes anterior, lo que supone un crecimiento del 25,5%, si bien hay que tener presente que en este sumatorio el voto canario de CCa está incluido en la coalición nacionalista CEUs liderada por el PNV, y que pueden incluirse otros votos de partidos menores que en la Tabla 1 aparecían en el ítem de Resto de Partidos.

En definitiva, que tal vez las recientes elecciones europeas celebradas estén apuntando algún tipo de vuelta, aun por pasiva de una parte importante del electorado, al bipartidismo tradicional (seguramente por cansancio ante la falta de estabilidad gubernamental dada la fragmentación de fuerzas), si bien ahora con mayoría electoral en el Partido Socialista, que de esta manera podría iniciar un nuevo ciclo electoral y de gobierno. Y junto a esto, un cada vez más sólido afianzamiento del bloque nacionalista que bien pudiera explicarse por la dinámica de polarización y división civil que la irrupción del independentismo ha tenido en Cataluña, así como por su contagio al resto de comunidades autónomas con arraigada fuerza nacionalista.

 


 

 

 

Fernando Vallespín, Cristóbal Torres y Pedro Arriola
Fernando Vallespín, Cristóbal Torres y Pedro Arriola (de izquierda a derecha en la imagen) han intervenido hoy en el seminario de Nueva Revista sobre «Análisis del votante». Foto: © Josema Visiers

 

Véase también:

Análisis del votante. Fernando Vallespín: “A pesar de todo estamos eligiendo la moderación” 

Análisis del votante. Pedro Arriola: “Solamente hay ‘el problema’. El de los territorios”

Rémi Brague: «La humanidad duda de la legitimidad de su existencia»

“Unas palabras llenas de sentido que en el peor de los casos pueden nada menos que inquietar, y en el mejor encantar.” Así definió Miguel Herrero de Miñón, presidente de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, la conferencia de Rémi Brague titulada «La fuerza del bien». Brague disertó anoche en la sede de esta venerable institución situada en la Plaza de la Villa (Madrid), en un salón de actos lleno. La presentación del pensador francés corrió a cargo del filósofo español Miguel García-Baró.

La situación nueva en la que nos encontramos desde hace unos setenta años, dijo Brague, es «una situación metafísica», en el sentido de que «se trata nada menos que del ser o el no ser de la especie humana”.

¿Por qué? Porque “la existencia de dicha especie ha dejado de ser una evidencia: el final de la vida humana en este planeta se ha convertido en una posibilidad real.»

Los filósofos distinguen dos tipos de posibilidad. «De un lado está la posibilidad lógica, según la cual todo lo que no implica contradicción resulta posible. Su campo es inmenso. Por ejemplo, no implica contradicción que las naranjas sean azules. Por otro está la posibilidad real, es decir, hay algunos hechos cuyas causas ya existen aunque dichas causas todavía no han producido sus efectos. ‘Soy capaz de dar esta conferencia porque tengo cuerdas vocales, lengua, dientes, etc. Cuando me callo, sigue existiendo en mí la posibilidad real de hablar.'»

El no ser de la humanidad siempre ha sido una posibilidad lógica, no es necesario que haya gente, pero «el fin de la humanidad ha pasado de ser una posibilidad meramente lógica a una posibilidad real»: poseemos los medios técnicos para acabar con la humanidad.

Brague mencionó tres:

  1. Las armas atómicas. Hay un arsenal suficiente para destruir toda la civilización y quizás borrar toda vida de la superficie de la tierra. Hay además armas nuevas químicas, bacteriológicas y nanotecnológicas, respecto de las cuales las bombas termonucleares parecerían «una broma pesada, pero inocente.»
  2. El deterioro del medio ambiente, el calentamiento climático y sus consecuencias: la contaminación del aire, del agua, etc.
  3. El progreso de los mundos artificiales, por ejemplo químicos, de contracepción.

«La existencia de la humanidad depende cada vez menos de la naturaleza y cada vez más de una elección libre de los padres.»

Armas de destrucción masiva, deterioro del medio ambiente y control de la natalidad son diferentes por cuatro razones:

  1. La velocidad de una posible destrucción. En un conflicto nuclear, la muerte sería casi instantánea, mientras que la conversión de la tierra en un desierto acontecería poco a poco y «una extinción demográfica podría suceder muy despacio, sin ruido, casi inconscientemente».
  2. Las causas que podrían iniciar el proceso de destrucción dependen de la voluntad humana pero se distinguen por la cantidad. Pueden ser “monárquicas”, “oligárquicas” o “democráticas”. Una guerra total se desencadenaría por culpa de un hombre único que apretaría el botón nuclear. Una catástrofe ecológica por culpa de tal o tal grupo industrial que preferiría intereses a corto plazo. La extinción demográfica se produciría por culpa de la humanidad entera, de todas las parejas que decidirían quedar sin descendencia.
  3. La tercera diferencia es el eco en la conciencia pública. En los años 50 y 60 se hablaba mucho de la guerra atómica y de sus posibles consecuencias. El recuerdo de Hiroshima estaba todavía fresco en las memorias. «Ahora los periódicos están llenos de los problemas del clima. En cambio, poca gente habla del llamado invierno demográfico”.
  4. La valoración moral. Con armas nucleares, y menos quizá con el cambio climático, la destrucción sería «un crimen monstruoso». “En cuanto a la extinción demográfica, apenas sería un crimen, porque se parece al crimen perfecto. ¿Dónde está la víctima? No hay ningún cadáver. Además: ¿qué tipo de ley moral hubiera sido infringida? ¿Qué mandamiento se hubiera desobedecido? ¿Qué virtud hubiera sido desatendida? No existe ningún deber de reproducirse.»

Hay también otra serie de hechos de carácter interior, intelectual y moral que describen todo este panorama y que Brague resumió así: «La humanidad duda de sí misma, duda de la legitimidad de su existencia.»

Brague recordó: «Nuestra modernidad se da cuenta de las consecuencias peligrosas de la industria. Ahora hay voces que dicen que el hombre es el más cruel y peligroso de todos los seres vivientes. Ahora dudamos del carácter radical de la diferencia entre lo humano y lo animal. Se dice, por ejemplo, que tenemos más del 90 por ciento del ADN común con la raza de los monos, de ese hecho científicamente establecido se deduce la tesis ideológica según la cual somos monos que tuvieron suerte en la lotería de la evolución, nada más. El hombre es “el último mono”.»

«Frente a lo anterior, frente a la amenaza de la destrucción y la duda del hombre ante el hombre mismo, tendríamos que ser capaces de señalar por qué es un bien que haya hombres.»

A pesar del progreso material clarísimo en todos los campos, “nuestro comportamiento demuestra con evidencia que no nos parece que la vida sea un bien tan grande como para que la debamos transmitir a la generación siguiente, es decir, no queremos engendrar a quienes puedan disfrutar de los bienes de los que nosotros disfrutamos.” Esto ocurre especialmente en los países más ricos.

“De hecho, engendrar niños es un acto problemático. Es un acto totalmente antidemocrático. Puesto que no podemos pedir la opinión al no nacido: lo arrojamos a una vida de la cual no podemos saber por adelantado si será agradable y que en cualquier caso acabará con la muerte.”

“¿Cuál sería un bien suficientemente grande para que pudiera justificar todas las dificultades que la vida trae consigo?»

Si la vida humana debe proseguir ha de haber razones para ello. La generación precedente nos ha arrojado a la vida. ¿Por qué tendríamos que echar a la vida nosotros a otra generación sin más? «Sería obedecer a una especie de lógica de la novatada: he tenido que sufrir de mis antepasados, voy a vengarme haciendo sufrir a los jóvenes».

Las causas que hacen que la gente engendre son varias, y entre ellas, está el instinto. «Pero aquí no buscamos causas, sino más bien razones. Las causas bastan para explicar lo que aconteció en el pasado. Pero cuando se busca lo que tenemos que hacer nosotros en el presente, necesitamos razones, argumentos que convenzan a nuestra inteligencia. De lo contrario entregamos la razón a la irracionalidad; eso sería una especie de suicidio intelectual».

«La vida debe de ser un bien tan fuerte que pueda contrapesar todos los males, incluso la muerte.»

Brague continuó: «Para decir que la existencia de la humanidad es un bien, necesitamos un punto de referencia exterior. La auténtica fuerza del bien debe ser fundada en un principio trascendente, independiente de nuestro parecer. La idea de una trascendencia horizontal, que sería el futuro, no se puede defender en serio, puesto que la existencia de la humanidad depende de nosotros.»

Hay dos modelos de tal principio trascendente: «uno sacado de la antigüedad clásica (Platón) y otro de la revelación divina (la Biblia). Ambos afirman una bondad fundamental del ser. El ser se identifica con el bien. Todo lo que es, es, como tal, bueno. Como tal, es decir, independientemente de la relación que tenga con nosotros, aunque nos molestara o nos destruyera.»

Pero cuidado con confundir la fuerza del bien con la fuerza que se supone que se utiliza al servicio del bien. La fuerza se puede poner en efecto al servicio de un bien (la Policía, el Ejército: para la paz en la ciudad, para la paz entre las naciones), pero en estos casos esa fuerza tendrá que estar limitada y controlada por una fuerza superior que será en última instancia la fuerza del bien.

«La fuerza del bien debe ser la del bien como tal, y no la fuerza que viene del exterior para defender o aún peor para imponer un bien. Solo un bien débil necesita una fuerza exterior. Cuanto más se siente que un pretendido bien es débil, más necesidad tiene de la fuerza.»

Tenemos que ver más allá de las apariencias del poder político, militar o mediático: «El recurso a la fuerza es una confesión de debilidad intrínseca. Los mayores crímenes de la historia casi siempre se hicieron en el nombre de un “bien”. Acontece muy a menudo que el peor mal venga de la voluntad de un supuesto “bien”, normalmente falso, y que necesita de la fuerza, necesita destruir todo lo que no es él mismo». Así se ha intentado forzar a ser una “nación ilustrada”, “una raza mejor”,  “la abundancia material».

«Si la fuerza del bien viene del Bien mismo, no tiene que tomar prestada una fuerza exterior, no tiene que ser una fuerza que fuerce, tiene que ser capaz de obrar sobre una libertad.» Esta fuerza es un “encanto”, porque suscita en nosotros las ganas de disfrutar de él. 

«Hay una palabra para significar la ligereza de una bailarina y el indulto de un juez: gracia. El encanto atrae dando, y da atrayendo, en una paradójica combinación del dar y del tomar.»

Brague mismo resumió su conferencia con estas tres tesis:

-La existencia del hombre en la tierra y la continuación de la existencia no son hechos necesarios. Ha de haber un Bien que los justifique. 

-Ese Bien tiene que ser trascendente, que no dependa de la voluntad humana, que exista en sí mismo.

-La fuerza de ese Bien ha de ser parecida al encanto que respeta la libertad.

El diario de formación de Flannery O’Connor

Flannery O’Connor (Savannah, Georgia, 1925-1964) ha pasado la historia de la literatura norteamericana como autora de libros de culto como Sangre sabia (1952) o Un hombre bueno es difícil de encontrar (1955). Pero su diario de formación en sus años universitarios proporciona claves esenciales de su obra madura.

Muy útiles para entender unos relatos que estremecen e intrigan al lector más contemporáneo, al que sitúan frente a las distorsiones y las extravagancias de la existencia, para permitirle atisbar (tras una última vuelta de tuerca) los sinuosos caminos de la gracia.

Entre enero de 1946 y septiembre de 1947, una jovencísima Flannery O’Connor escribe Diario de oración, un dietario en la forma de cartas a Dios. O quizá al revés: escribe cartas a Dios con la cobertura formal de estar llevando un diario. La editorial Encuentro lo ha (el diario) o las ha (las cartas) publicado con exquisito cuidado y afinada traducción de Isabel Berzal y Guadalupe Arbona, añadiendo de regalo el facsímil del cuaderno original con la cuidada caligrafía de O’Connor.

La versión inglesa salió a la luz en 2013, a cargo de William Sessions, amigo personal de la autora. El pequeño volumen es un tesoro tanto para conocer a Flannery O’Connor como para asomarse al fenómeno de cualquier vocación literaria auténtica.

Puesto que Diario de oración es un libro vocacional en toda la extensión de la palabra y por partida doble, literaria y cristiana, es importante deslindar su campo y aclarar los conceptos. Flannery O’Connor, joven escritora católica, inquieta, talentosa, ha dejado por primera vez su Savannah natal para irse a estudiar a Iowa City.

En la universidad, al contacto con otros compañeros que quieren ser escritores y que no tienen fe, se despiertan a un tiempo sus ansias y sus dudas literarias y religiosas. El diario lidia con ambas. Pero su vocación cristiana no es a la vida consagrada, que es la vocación que se suele ver desde fuera, sino a consagrar su vida a la literatura.

Consecuentemente, la materia de sus oraciones suele ser muy literaria, hasta los extremos más prácticos: «Ayúdame, amado Dios, a ser una buena escritora y a que me publiquen algo». Impacta este cóctel de lo teológico con lo literario y con lo puramente comercial o editorial. La oración de O’Connor no es vaporosa. Ella concreta hasta el extremo de pasar de la fe y la piedad, a través del arte, a las inseguridades típicas de todo escritor inédito, y vuelta. Curiosamente, en otro diario de juventud, Evelyn Waugh recoge sus fervientes oraciones de escritor novel por encontrar un editor competente.

Estas peticiones no son egoístas o egocéntricas porque, como hace constar O’Connor, «incluso si Te rezamos eres Tú el que reza en nosotros». El interés literario es mutuo e imbricado con el teológico. Como la misma escritura: «Querido Dios, esta noche no es decepcionante porque me has regalado un relato». Llega incluso a escribir: «Si alguna vez consigo ser una buena escritora, no será porque sea una buena escritora, sino porque Dios me ha echado una mano en algunas cosas. Amablemente Él escribirá por mí. Así, en cada bloqueo recordaré Quien hace el trabajo cuando el trabajo es hecho y Quien no lo está haciendo en ese momento».

La ganadora del último premio Adonáis, Marcela Duque, recoge en su libro Bello es el riesgo (Rialp, 2019) un poema, «Don y oficio», basado en la misma concepción. La poeta se dice: «Es bueno que se te resistan las palabras […]/ Es bueno que te canses,/ que se te oponga tozuda la materia/ y a veces sufras/ la monotonía de labrar en vano./ Así cuando el poema, ligero, emprenda el vuelo/ y lo veas palpitar, sabrás que en él/ está presente un soplo que no vino/ de la sola pericia de tus manos».

Borges: “Lo que los clásicos llamaron Musa (…) nuestra triste mitología lo llama el subconsciente”

 

Ambas autoras alegrarían a Jorge Luis Borges que, en el prólogo de La rosa profunda (1975), comentó que lo que los clásicos llamaron Musa y los hebreos y cristianos se atrevieron a llamar Espíritu, nuestra triste mitología lo llama el subconsciente. Ya vemos que la mitología de todos, no: nuestras escritoras comparten sus derechos de Autor gozosamente. Como ha subrayado Angela Alaimo O’Donnell, O’Connor en este libro «teme la tiranía de su intelecto, la pérdida de la fe y la amenaza de una mediocridad literaria y espiritual, pero más que de miedo estas cartas son el testimonio de su deseo».

Las angustias de Flannery O’Connor y su paralelo sentido del humor destrozan cualquier atisbo de noñería. Esperanza Ruiz ha escrito: «Maravillosa forma de acabar algo que se titula Diario de oración: “Hoy he descubierto que soy una glotona de galletas escocesas y de pensamientos eróticos. No hay nada más que decir de mí”». Ruiz hace en su glosa un elegante uso de la doble ironía, porque, en una primera instancia, quiere que nos choque o nos sorprenda, pero en una segunda vuelta viene a destacar que es lo más natural de un diario de oración, sobre todo si lo ha escrito Flannery O’Connor.

“Veo mi ridiculez gradualmente”

 La aprendiz de escritora se toma sus angustias y sus limitaciones con humor. «Soy demasiado perezosa para desesperarme», reconoce. Todo el Diario hace gala de una persistente introspección irónica. También cuando confiesa que todos los días dice cosas muy poco caritativas sobre otra gente «porque me hacen aparecer inteligente. Por favor, ayúdame [pide a Dios] a darme cuenta de lo barato que es este truco». No se da un respiro: «Mi mente está metida en una caja pequeña, querido Dios, que a su vez está dentro de otras cajas, y esas dentro de otras y así sucesivamente. Hay muy poco espacio en mi caja. Por favor, dame espacio, tanto como sea posible pedirte sin llegar a la presunción». O: «Estoy desechando ciertos hábitos adolescentes y mentales. Hace falta poco para que nos demos cuenta de lo tontos que somos, pero ese poco tarda en llegar. Veo mi ridiculez gradualmente».

Virtud principalmente es vigor, anota Flannery O’Connor para darse ánimos. Los necesita porque: «Qué duro es mantener una sola intención, una sola actitud hacia una pieza de trabajo, y un solo tono, y un solo lo que sea». Ha de concentrarse porque no se permite concesiones: «He roto lo último. Estaba, desde luego, a mi altura, pero no a la altura de lo que tengo que ser».

Sorprende, en una autora tan compleja y sugerente como Flannery O’Connor un afán tan marcado por la claridad: «Por favor, no permitas que tenga que desechar el relato porque su significado sea equívoco o contenga equívocos». Su lucha contra las distracciones es constante: «Pierdo fácilmente la atención. De esta forma [escribiendo] estoy atenta todo el tiempo».

En su etapa de formación lee a Kafka, Freud, Proust, Bernanos, Péguy y Bloy

En esta lucha a brazo partido por la concentración y por acendrar sus escritos, se encuadran sus lecturas. La de Kafka, con humor y distancia. La de Freud, desde el interés crítico por los mecanismos del deseo (omnipresente en el libro). La de Proust, con una melancólica y profunda comprensión. Con muchas más complicidades, las de Bernanos o de Péguy. Pero sobre todas las lecturas destaca la de León Bloy.

El encuentro con el autor de El mendigo ingrato tiene ecos de choque casi físico: «Me he topado con Bloy». El francés se convierte en un instrumento de su formación como cristiana y escritora. Al leerle, reconoce que «los demás hemos perdido el don de vomitar». Añade: «Soy tan frívola que necesito que Bloy me haga tener pensamientos graves, e incluso entonces no los tengo mucho rato».

En el análisis que Thomas Joseph White hace de la literatura de O’Connor recalca con admiración: «Es muy extraña. Es muy provocativa. Es católica pero con un toque raro. […] Deja al lector con preguntas y lo lleva a preguntarse muchas más cosas sobre Dios».

El Diario de oración nos permite asistir a la forja de esa escritora que describe White. ¿Acaso no son ya raras en una católica y bien provocativas frases como «Sólo Dios es ateo» o «El pecado es algo muy bueno siempre que se reconozca como tal. Lleva a Dios a muchas personas que de otro modo no llegarían» o «El acto sexual es un acto religioso y cuando ocurre sin Dios es una burla o, como mucho, un acto vacío. Proust tiene razón en que solo perdura el amor que no satisface»?

Quien en sus obras de madurez será capaz de mirar sin apartar la vista al sufrimiento y al sinsentido (y de vivirlos: estuvo muy enferma los últimos 13 años de su vida) está creciendo ante nuestros ojos en estas cartas sobre la mesa. Hablando de los diarios de Andrés Trapiello ya señalábamos la importancia instrumental del género en la creación del carácter del escritor contemporáneo. Vivisecciona su propio proceso de madurez. Rodeada de un ambiente alérgico a lo religioso en la universidad, se acostumbrará a una rocosa soledad intelectual, que más tarde será la posición ante el mundo y la cultura sobre la que construya su obra. En estas páginas busca su sitio: «Dame un lugar, no importa lo pequeño que sea, pero haz que lo conozca y lo mantenga. Si tengo que fregar un escalón todos los días, házmelo saber y deja que lo friegue y que mi corazón rebose de amor al fregarlo».

No caerá en la autocompasión ni en la queja. En su último libro, La imaginación conservadora (2019), Gregorio Luri cuenta que O’Connor había subrayado en The Conservative Mind de Russell Kirk la siguiente frase: «El sentimentalismo abstracto conduce a una brutalidad real». Lógico, en una autora que consideraba que «el sentimentalismo es el pariente pobre del deseo de redención». Su rechazo de todo sentimentalismo será, por tanto, la manera de apartar de un manotazo cualquier obstáculo, por atractivo o confortable que parezca, a lo salvífico.

La falta de compensaciones y de autoengaños en el diario de una chica de ventipocos años nos sitúa en la senda. Flannery amará al prójimo y al personaje como se ama a sí misma. A pesar de su edad, abomina del «asqueroso romanticismo» y suplica «Dios mío, arranca estos forúnculos, ampollas y verrugas del romanticismo enfermo».

El género epistolar es uno de sus puntos fuertes, como demostrará ‘The Habit of Being’, su imprescindible colección de cartas

Diario de oración expone de forma extraordinaria el proceso formativo de O’Connor, porque el género epistolar es uno de sus puntos fuertes, como demostrará años después en The Habit of Being (1979), su imprescindible colección de cartas.

En un diario escolar, recientemente encontrado, se había reconocido con humor: «Mis poderes epistolares me estremecen. Es una pena que no pueda recibir mis propias cartas. Si produjesen tanta aprobación sincera en sus destinatarios como lo hacen en su origen, podrían mantener mi memoria viva y saludable» (22 de enero de 1944).

Este libro hace más que mantener viva la memoria de Flannery O’Connor: nos ayuda a entenderla en su madurez, cuando su destino de cristiana y de escritora se fundan y sean uno. Tan fundidos empiezan a estar ya en Diario de oración que, incluso cuando parece que ha cometido un exceso devocional, ella se recrimina un flagrante error literario: «El pecado es inmenso y está rancio. No puedes comértelo entero, ni tampoco digerirlo. Hay que vomitarlo. Pero quizá esta afirmación es demasiado literaria y [estas páginas] no deben ser artificiales».

Hasta qué punto cumplirá los deseos y las aspiraciones, puede comprobarse, respecto a la necesidad de fundir sus dos vocaciones, en el ensayo de 1957 La Iglesia y el escritor de ficción, milimétricamente medido. Y, en cuanto a su importancia como escritora, puede admirarse en sus propios relatos. Del final rotundo, irónico, de este libro, ya nos hemos fijado en las galletas escocesas y en los pensamientos eróticos, pero la última frase es una declaración de intenciones y una poética: «No hay nada más que decir de mí». A partir de entonces, de Flannery O’Connor (y de todos nosotros) hablarán sus personajes.

Nueva entrega de los episodios personales de Andrés Trapiello

El poeta, ensayista y novelista Andrés Trapiello (1953) vuelve, como casi cada año, como vuelven las oscuras golondrinas, a publicar un tomo de su diario. Las cosas naturales siempre vuelven. Desde que en 1990 publicase El gato encerrado, pocas veces ha faltado a la cita con sus lectores. El volumen de este año narra el año 2008, se titula Diligencias y hace el número 22 de la serie, titulada Salón de pasos perdidos.

Para los lectores habituales la publicación de un nuevo tomo es un acontecimiento, una fiesta literaria, un placer. Para el crítico es una prueba de fuego. Porque mientras que el lector que está en el secreto lo que quiere es que se pondere la última entrega y se compare con las precedentes en una especie de juego o contradanza de reconocimientos y variaciones, el lector que no conozca estos libros más que de oídas necesita una explicación previa. Muy obvia para el trapiellófilo, obligatoria para el recién llegado. Sin ella, aun aceptando que es una lectura deliciosa, se le escaparía su importancia literaria, social y biográfica.

"Diligencias" (Editorial Pre-Textos), 512 págs.
«Diligencias» (Editorial Pre-Textos), 512 págs.

Los diarios de Andrés Trapiello hay que encuadrarlos en la tradición de la literatura del yo, arrancando de las Confesiones de Agustín de Hipona, nada menos, y su descubrimiento de la intimidad. Los libros de Teresa de Jesús también contribuyen a delimitar el campo de acción del género, con su prosa cercana y sabrosa, su aire de sinceridad («tono de confesionario» lo bautizaría Baudelaire), el sentido del humor, la legítima defensa, la variedad temática, la mezcla de reflexión y anecdotario, etc. Un mérito de Trapiello es incorporarse a esa tradición aportando su sello, pero fidelísimo a la naturaleza del género, que conoce y ha estudiado profundamente, como demuestran sus conferencias en la Fundación March.

Partir del origen ayuda a comprender la explosión del género diarístico desde los años 30 del siglo pasado y, sobre todo, en los últimos decenios. El fenómeno lo ha destacado Adam Zagajewski (En la belleza ajena, Acantilado, 1998): «Somos testigos de esta renovación de la literatura. Diarios de escritores, memorias, autobiografías retornan a esa tradición arcaica, a escribir la historia desde el punto de vista de un hombre soberano y no de un profesor adjunto».

Ortega: “Se olvida demasiado que el hombre es imposible (…), sin idear el personaje que va a ser”

Acierta el prestigioso poeta polaco al subrayar la soberanía del hombre corriente, y José Ortega y Gasset lo pone en su contexto histórico. En La rebelión de las masas (1929), se preguntó: «Al contemplar en las grandes ciudades esas inmensas aglomeraciones de seres humanos… ¿Puede hoy un hombre de 20 años formarse un proyecto de vida que tenga figura individual…?» Ya había adelantado la respuesta en Meditaciones del Quijote (1914), donde alertó de la necesidad del hombre de salvar su circunstancia para salvarse a sí mismo. En Historia como sistema (1935) precisó que esa salvación ha de ser literaria: «Se olvida demasiado que el hombre es imposible sin imaginación, sin la capacidad de inventarse una figura de la vida, sin idear el personaje que va a ser. El hombre es novelista de sí mismo, original o plagiario». En el Prólogo para alemanes (1932) remacha: «¡La vida resulta ser, por lo pronto… un género literario!»

Desde esta perspectiva se entiende mejor la proliferación de diarios en el mundo contemporáneo, que no es una moda, sino una necesidad. De ahí su carácter íntimamente épico y subrepticiamente político. Este fenómeno lo desarrollé en este pequeño ensayo. Que Trapiello, sin ser particularmente orteguiano, es muy consciente del reto lo demuestra la cita de Benito Pérez Galdós (Fortunata y Jacinta I, 3, III) que encabeza todos y cada uno de los tomos de su diario: «Por doquiera que el hombre vaya lleva consigo su novela.»

El lector que se encuentre por primera vez con cualquiera de los tomos del diario de Trapiello necesita además otra perspectiva. Junto a las tradiciones venerables y las corrientes actuales, ha de conocer que ese libro que tiene entre las manos es un volumen más en una obra ya monumental, de 22 tomos («y los que te rondaré, morena»), que ocupa (por ahora) más de 11.000 páginas.

Esta perspectiva es necesaria por dos razones. Para calibrar la importancia objetiva del proyecto literario en el que, como lector, se adentra. Lee, en buena medida, los Episodios Nacionales de la España actual, más biográficos, como corresponde por reacción a esta época tan saturada de ficciones novelísticas, televisivas, periodísticas y hasta políticas, pero igual de atentos —de reojo— a la evolución cultural, política y social de nuestro país, testigos de excepción de la Historia desde su intrahistoria.

La segunda razón es que una buena parte del atractivo de esta lectura consiste en dejarte llevar por el paso del tiempo, sus ritmos y recurrencias, como en cualquier vida; y sobresaltarte por sus giros inesperados, celebrando los buenos y llorando los otros. No fue un acierto pequeño que la colección conmemorativa de ensayos sobre Salón de pasos perdidos que se publicó en 2009 se titulase Vidario, porque de lo que da testimonio este proyecto, día a día, es de una vida.

Partiendo de aquí, podemos por fin entrar en el nuevo diario. En Diligencias encontramos lo de siempre y lo nuevo, entreverados. Como los últimos tomos, es algo más breve y este año hay más entradas más cortas, casi aforísticas. En ellas, abundan las greguerías exentas («Las mimosas florecidas, todo el árbol como ese instante en que estalla un fósforo antes de ser llama»); porque los aforismos, en realidad, a Trapiello ya le salen solos y redondos a cada paso en el interior de su prosa cotidiana. Por ejemplo, éste, de una psicología tan perspicaz, incluido en la crónica de una visita a Cádiz: «“Se vende”. Es ese uno de los carteles que más fantasías han despertado, porque la mayoría de los cándidos pensamos: “Se compra”».

«Se advierte que es un hombre bueno en que es un hombre con humor»

Volvemos a encontrar el costumbrismo cotidiano («La eterna margarita social: ¿saludo, no saludo? Me saludan, no me saludan…»), la crítica del mundo cultural («En el periodismo, como en este mundo, sólo te dan lo que ya tienes, sean reseñas o premios»), la hilarante mofa del arte moderno («De un pollock grande podrían hacerse seis pollockitos, y de un rothko, dos o tres rothkitos»),  y una sabiduría profunda que crece con los años: «Se advierte que es un hombre bueno en que es un hombre con humor. El humor es una condición necesaria de la bondad, tanto o más que la verdad es una condición necesaria de la belleza».

Hallamos, precisamente, el mismo humor de siempre, quizá más dulcificado. Idéntica pasión por las palabras, que es amor por la realidad y que le hace capaz de detenerse a apuntar las diferencias entre la mula burrera y la yeguata, el mulo burrero y el yeguato. Trapiello utiliza, como quien no quiere la cosa, un vocabulario exacto y riquísimo, en la estirpe de Azorín.

En Diligencias hay una profundización en uno de los grandes temas del diario: la poesía conyugal, tierna incluso cuando se describe un enfado. Está el incansable interés por la vida de los vecinos, que en este tomo alcanza una cumbre de emoción contenida en la historia del joven electricista y sus hermanos, a los que llaman “los peregrinos”  (páginas 256-263). También hay un quijotesco enfrentarse a las miserias pequeñas del mundillo literario, como cuando cuentan anécdotas chuscas o denigrantes, apócrifas, de Juan Ramón Jiménez y él se revuelve así: «Si es por pintarle bigotes a la Monalisa, se entiende, pero si no, es como para cagarse en su puta madre, dicho esto en general, sin pensar en la madre de nadie en concreto». La prosa de Trapiello ha llegado a un nivel desde el que puede insultar con tanta crudeza como delicadeza, a la vez, sin confundir lo cortés con lo valiente.

Las novedades las pone por su cuenta la vida: la edad de los hijos, sus finales de carrera, sus novias, sus proyectos; y algún susto de salud, que queda en eso. La importancia que cobra el deporte (visto, no practicado) no me la esperaba. Lo comenta con pasión en varias ocasiones, y con una épica hilarante en la antológica crónica de la final de Wimbledon de Nadal (págs. 337-342). El paso de la edad se observa con curiosidad y trae más sabiduría y humor que melancolía y tristeza. Véase esta nota a vuelapluma: «A todo se llega: me cuesta ya más enviar un libro que escribirlo».

Vidario: Recetario para construir vidas

A veces nos hemos preguntado quién leerá en el futuro una obra tan monumental y tan pegada a la cotidianidad de un hombre. Pocos trapiellólogos no habremos fantaseado alguna vez con hacer una antología o con extraer una aforística o, sobre todo, con montar unos tomos temáticos. Habría materia para dedicar un volumen a cada uno de estos tópicos u otros: matrimonio, hijos, política, oropéndolas, lechuzas y ruiseñores, conferencias en provincias, mendigos, metadiarística, enfermedades e hipocondrías, melancolías, vidas ejemplares, vecinos de Conde de Xiquena, vecinos de Las Viñas, familia, familia política, cenas de sociedad, estrellas, labores del campo, palabras preciosas, difuntos, disputas, memoria histórica, y retratos de amigos. Saldrían exactamente (el orden de los factores…) otros 22 tomos.

Sin embargo, perderíamos lo esencial, que es la vida. No tanto la de Andrés Trapiello, ojo, que seguiría tan fresca en los fragmentos, como la del lector, que acude a estos tomos, quizá sin ser consciente del todo, porque son una escuela sostenida en el tiempo de personalismo e individualidad. Adiestran a la mirada a ver la cotidianidad iluminada, guían el pensamiento y el sentido crítico y animan a la introspección. Dice Trapiello: «Sin ánimo de ofender a nadie: yo soy como todo el mundo», y ese «yo» es al que todo el mundo, como quería Ortega, ha y hemos de aspirar. ¡Con cuánto trabajo en estos tiempos! Andrés Trapiello se lo dice a él, pero lo oímos todos: «Hemos de conducirnos noblemente en atención al muerto que todos llevamos dentro».

Ese reto moral ante el que nos pone y para el que nos prepara hace que su diario no vaya a pasar ni necesite de estrategias de embalsamiento o marketing para el futuro. Siempre habrá lectores que acudan a él como a un vidario, esto es, como un recetario gracias al cual construir sus propias vidas.

Se estrenó en Madrid «La Sorpresa», de Chesterton

Se ha estrenado en español, casi noventa años después de haber sido escrita, La Sorpresa, una de las tres obras teatrales de Gilbert Keith Chesterton (1874-1936). Tampoco hace tanto que fue traducida por primera vez: en 2014, en Ediciones Ulises. La obra pudo verse en la madrileña Sala Arapiles, representada por la compañía de Teatro Lucía, los días 17, 18 y 19 de mayo.

A Chesterton le sorprendería este estreno, él que tendía a minusvalorar todo lo suyo. A Bernard Shaw, en cambio, le parecería lo más lógico, convencido del talento teatral de su amigo/contrincante. Nosotros, esta vez, y sin que sirva de precedente, estamos con Bernard Shaw. Él llegó a conspirar con la mujer de Chesterton para incitar a Gilbert a poner manos a la obra (teatral). En el prólogo a la publicación española de la obra, conté esa divertida historia.

G.K. Chesterton © Wiki Commons
G.K. Chesterton © Wiki Commons

La que cuenta La Sorpresa es igual de divertida, pero con un trasfondo muy serio. A primera vista, la sorpresa de la obra parece una copia de la shakespeariana Mucho ruido y pocas nueces. Se trata de dos historias de amor cruzadas: quien tiene que casarse está enamorado de otra persona, que a su vez está enamorada de otra persona, que sí está enamorada de la persona correcta, pero que piensa que no tiene que casarse con ella porque no sería correcto.

Casarte con quien ya amas está muy bien, pero es mucho mejor amar a la persona con la que ya te has casado

Chesterton defiende un clásico: casarte con quien ya amas está muy bien, pero es mucho mejor amar a la persona con la que ya te has casado, aunque él le da un giro pasmoso y paradójico. Pero ni siquiera esa es la verdadera Sorpresa. Será otra, y final, y tan grande que convierte una comedia romántica e histórica en un auto sacramental. Como suena.

Por eso es una obra tan exigente con el montaje y con los actores. Éstos tienen que representar dos veces un mismo personaje y casi un mismo papel pero con dos personalidades diametralmente distintas.

Un momento del ensayo general de «La Sorpresa».

Fue en el prólogo a la primera edición de La Sorpresa cuando la escritora Dorothy L. Sayers calificó a Chesterton de «bomba benéfica» para su generación. Explica muy bien por qué y también cómo: «Fue, en consecuencia, estimulante oír que el cristianismo no era una cosa aburrida, sino alegre; no un paquidermo fósil, sino una aventura; no algo idiota, sino sabio y, sin duda, sagaz (porque mientras todavía se admitía con frecuencia que era cándido como las palomas, había dejado de ser considerado astuto como las serpientes). Sobre todo resultaba refrescante ver la polémica cristiana emprendida con las armas ofensivas más que con las defensivas. Cierto que las armas a menudo eran percibidas ofensivas en más de un sentido. Se acusaba al estilo de ser más florido y frívolo de lo que era compatible con la dignidad y con la profundidad; y sí que pudo haber habido alguna justificación en aquel contemporáneo satírico de Oxford que se quejaba de los chestertonianos que pululaban en la universidad:

Hay cinco cosas que los jóvenes chestertonianos reverencian:

el chuletón, la ordinariez, la Iglesia, el lío y la cerveza».

En la obra, hay comida (pastel, en este caso), ordinariez (y oropel), bastante cerveza y vino y, desde luego, muchísimo lío. También Iglesia.

El argumento fue bosquejado por el mismo G.K.C. en las páginas de Ortodoxia

El argumento, muy bien abocetado aquí por Luis Daniel González, fue, en realidad, bosquejado por el mismo G.K.C. en las páginas de Ortodoxia: «De acuerdo con la mayoría de los filósofos, Dios al hacer el mundo lo esclavizó. Según el cristianismo, al hacerlo lo liberó. Dios habría escrito, no tanto un poema, como una obra de teatro; una obra que Él habría planeado perfecta, pero que habría sido necesariamente dejada en manos de los actores humanos y los directores, que la habrían convertido en un gran desastre». Ese desastre, precisamente, es el Felix Culpa que tan sorpresivamente representa La Sorpresa.

Nicolás Gómez Dávila, escolios para explicar el mundo

Admirado por unos, rechazado por otros, debido al carácter reaccionario y tradicionalista de sus posiciones políticas e ideológicas, Nicolás Gómez Dávila (1913-1994) fue, sin embargo, uno de los grandes intelectuales de América Latina de la segunda mitad del siglo XX. Poseía una notable erudición filosófica y literaria, avalada por una biblioteca en la que consiguió reunir más de 30.000 volúmenes. Leía siete idiomas –incluido el griego y el latín-. Y se dio a conocer, cumplidos los 64 años, con los escolios o aforismos. Fue admirado y seguido, entre otros, por Ernst Jünger, Gabriel García Márquez o Alain Finkielkraut.

Como advierte Manuel Hidalgo en El Mundo “pierden el tiempo quienes, en lugar de leerle para disfrutar de su inteligencia asombrosa (…) y de la oportunidad de alimentar y estimular su capacidad de reflexión, busquen en él recetas para autoafirmarse o para execrar con arreglo a sus prejuicios y plantillas ideológicas”. Y autores tan distantes de sus postulados, como Fernando Savater, reconocen, no obstante, su perspicacia.

Con motivo del 25 aniversario de la muerte de Gómez Dávila, publicamos una aproximación a su obra que Enrique García-Máiquez hizo en su blog:

“La publicación de Escolios a un texto implícito, los aforismos completos de Gómez Dávila por Atalanta (Gerona, 2009) fue calurosamente recibida por los gomezdavilófilos de aquí. En España se habían publicado el último libro del autor, Sucesivos escolios a un texto implícto, por la editorial Áltera (Barcelona, 2002) con prólogo de Álvaro Mutis, y una antología, Escolios escogidos, por Los papeles del sitio (Sevilla, 2007), que Juan Arana ordenó según utilísimo criterio temático.

Las reseñas y los comentarios se han centrado en los aspectos más políticos y polémicos de su obra. Pero los Escolios a un texto implícito van más allá: proponen una cosmovisión; y junto a la política y a la sociología, reflexionan sobre teología, ciencia, historia, vida social, psicología, etc. En ese catálogo universal, goza de una importancia central la literatura. Nos ceñiremos a la primera entrega: Escolios a un texto implícito, 1 (que en la edición de Atalanta ocupa las pp. 69-451).

Empezaría mi antología por aquellos escolios que tratan del oficio de escritor. Al poderoso argumento de su inteligencia, se une la autoridad de comprobar a cada paso que quién los ha escrito es un finísimo autor. Lean algunos ejemplos:

El escritor procura que la sintaxis le devuelva al pensamiento la sencillez que las palabras le quitan.

*

La originalidad de una obra depende a veces de lo que su autor no sabe hacer.

Hay una impotencia creadora.

*

Gran escritor es el que moja en tinta infernal la pluma que arranca al remo de un arcángel.

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Nadie piensa seriamente mientras la originalidad le importa.

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Nadie debe escribir o pensar sino para sus superiores.

*

En otros idiomas existe una prosa correcta para uso cotidiano, mientras que en español sólo el gran escritor escribe decentemente.

El libro mediocre es más mediocre en español que en otros idiomas.

*

No debemos escribir como hablamos, sino como debiéramos hablar.

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La estética no puede dar recetas, porque no hay métodos para hacer milagros.

*

Sin dignidad, sin sobriedad, sin modales finos, no hay prosa que satisfaga plenamente.

Al libro que leemos no pedimos sólo talento, sino también buena educación.

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Periodismo es escribir exclusivamente para los demás.

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El escritor se enreda en los hechos, si sus frases no tienen filo.

Escolio viene del griego «schólion», comentario

Como Borges, pero quizá con más sinceridad, Gómez Dávila se enorgullecía de lo leído más que de lo escrito. Leer era, por otra parte, su método de trabajo. Sus aforismos son decantaciones de horas innumerables en una biblioteca personal de más de 33.000 volúmenes. El mismo género y título, “escolios” lo advierte. “Escolio” —del griego “schólion”, comentario— es, como recuerda Franco Volpi en el prólogo a la edición de Atalanta, una nota en los manuscritos antiguos y en los incunables, añadida por el “escoliasta” en interlínea o al margen para explicar los pasajes oscuros del texto desde el punto de vista gramatical, estilístico o exegético. Sus consejos de lectura están escritos, pues, con un profundo conocimiento de causa:

 

El tránsito de un libro a otro se hace a través de la vida.

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El libro no educa a quien lo lee con el fin de educarse.

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La literatura toda es contemporánea para el lector que sabe leer.

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Siempre nos arrepentimos de leer, simplemente porque trata un tema interesante, al escritor sin talento.

*

Cada nueva verdad que aprendemos nos enseña a leer de manera distinta.

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Admirar lo que no nos divierte es etapa intermedia entre la etapa primitiva, donde sólo admirábamos lo que nos divierte, y la etapa final, donde sólo nos divierte lo que admiramos.

*

No admirar sino las obras realmente admirables es indicio de gusto dudoso.

El verdadero tacto literario, y la auténtica afición, aprecian el encanto del poeta menor y la delicadeza de prosas subalternas.

*

Meditar es dialogar con algún muerto.

 

Nicolás Gómez Dávila escribió algunos poemas que han permanecido inéditos, y que conservan sus familiares y amigos. Ese dato explica, además de una afición que se adivina constante, la cantidad de escolios dedicados a la poesía, y su perspicacia técnica.

 

Como la única prueba de la sinceridad de un poema es cierto tono inconfundible, llamamos sinceridad ese tono, cualquiera que haya sido la manera de lograrlo.

*

La poesía que desdeña la musicalidad poética se petrifica en un cementerio de imágenes.

*

Gran parte de la poesía moderna se resigna a parecer simplemente traducida.

*

Los poetas cargan la mayoría de sus poemas con pólvora mojada.

*

El poeta ayer confiaba en el adjetivo tradicional, hoy confía en el inusitado.

En ningún caso la receta reemplaza al talento.

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El poeta mediocre inventa sus símbolos. El gran poeta los descubre.

*

El poeta no traduce una visión en palabras. Su visión se elabora en ellas.

El poeta descubre lo que quiere decir diciéndolo.

La poesía es una retórica victoriosa.

Gómez Dávila acabó convirtiéndose en crítico, esto es, en un lector con cuatro ojos

Gómez Dávila fue sobre todo un lector, pero tan atento que acabó naturalmente convirtiéndose en crítico, esto es, en un lector con cuatro ojos. O con seis, porque fue un crítico que, como pedía Eliot, se atrevió a criticar al crítico.

 

El oficio del profesional, en las ciencias del espíritu por lo menos, es el estudio de las obras del aficionado.

*

“Arte por el arte” significó para una generación independencia del arte, y para otra independencia del artista.

Los primeros defendieron una tesis estética exacta; los segundos pregonaron una tesis ética errónea.

*

Recordando las pifias de sus colegas de ayer, los críticos contemporáneos prodigan el incienso, sin advertir que más grave que ignorar a un gran artista es pasmarse ante un mediocre.

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La buena obra teatral no se puede ver, ni la mala leer.

*

La pasión igualitaria es una perversión del sentido crítico: atrofia la capacidad de distinguir.

*

Al hablar de un poeta es tonto insistir sobre sus poemas fracasados. Lo normal es que los poemas fracasen.

Un poeta no es más que sus triunfos.

*

La crítica literaria incluye todo lo que al hombre inteligente se le ocurra decir sobre un libro.

*

Entre la obra lograda y la obra fallida no existe diferencia que la razón esclarezca, sino distancia que el espíritu constata.

*

El que no entiende que dos actitudes perfectamente contrarias pueden ser ambas perfectamente justificadas no debe ocuparse de la crítica.

*

Nuestra opinión sobre un gran libro es un fallo con que el libro nos juzga.

*

La humanidad cambia menos lo que admira que las razones con que justifica su admiración.

Tres mil años han admirado a Homero sucesivamente por razones contradictorias.

Las obras duran más que las estéticas.

*

A pesar de la intrusión de ínfulas técnicas en las letras, los artefactos estéticos no son utensilios de laboratorio, sino trampas para cazar ángeles.

*

Después de milenios de literatura debiéramos saber que la verdad importa menos que el talento con que un escritor se equivoca.

*

Negar el valor estético del tema, porque algún tonto pensó que el valor de las obras dependía de determinados temas, equivale a negar el valor estético del color, si se le ocurriera pensar a otro tonto que el valor de las obras depende de determinados colores.

Temas, formas, colores, ritmos, etc., son ingredientes estéticos de la obra.

 

A poco de ponerme a recopilar los escolios literarios, sin embargo, se me quitó de la cabeza tan descabellado propósito. Me tenía que haber escamado que el propio autor no ordenase su obra por materias y optase por un aparente caos temático. Desorden que resulta especialmente sospechoso en alguien que ha escrito: “Entre injusticia y desorden no es posible optar. Son sinónimos”.

La crítica literaria no puede desconectarse de una concepción completa del mundo

En realidad, lo que Gómez Dávila pretende decirnos con la mescolanza de temas es que todos los suyos están íntimamente relacionados, sosteniéndose entre sí. La crítica literaria no puede desconectarse de una concepción completa del mundo. Más: la crítica literaria consiste en esa concepción. “La crítica decrece en interés mientras más rigurosamente le fijen sus funciones. La obligación de ocuparse sólo de literatura, sólo de arte, la esteriliza. Un gran crítico es un moralista que se pasea entre libros”, ha predicado el moralista Nicolás Gómez Dávila. Se trata de un paseo de ida y vuelta. Sus ideas le orientan a través literatura y a través de la literatura concibe sus ideas:

 

El libro que no tenga a Dios, o a su ausencia, por protagonista clandestino, carece de interés

*

La literatura moderna: esa colosal empresa reaccionaria.

*

El Progreso respira mal en el Parnaso

*

Una gramática insuficiente prepara para una filosofía confusa.

*

Desde Blake, Wordsworth y el Romanticismo alemán, la poesía moderna es una conspiración reaccionaria contra la desacralización del mundo.

*

Las estéticas “modernistas” han sido invento de escritores reaccionarios: Balzac, Baudelaire, Eliot

*

La literatura plantea los problemas del hombre en el idioma de la inteligencia y no en uno de los esperantos del intelecto.

*

La apologética debe mezclar escepticismo y poesía.

Escepticismo para estrangular ídolos, poesía para seducir almas.

*

El mundo es un sistema de ecuaciones que resuelven ventiscas de poesía.

 

Si la literatura ocupa ese lugar central, alrededor del cual gira su pensamiento, es porque nada está más íntimamente conectado al alma humana. Su poética implícita es personalista:

 

La crítica romántica nos enseñó a leer no solamente libros, sino autores.

Allí aprendimos a escuchar en la obra la resonancia de un alma.

*

Una obra es literaria cuando autor y obra son inseparables, científica cuando cualquiera puede haberla escrito.

*

Para seducir no es necesario que el escritor tenga algo que decir, sino que sea alguien.

*

Lo que el escritor inventa primero es el personaje que escribirá sus obras.

Recoger exclusivamente los escolios literarios suponía desgajarlos del alma de Gómez Dávila, esto es, del alguien que nos seduce. Y era desconectarlos del todo que les da sentido y, lo que quizá es más grave, de su misión de dar sentido al todo. Para acceder a su poética implícita hay que leerle entero. Eso que salimos ganando».

Corrección política: del campus a la empresa

Ahora se llama aliados (allies) a las personas que pertenecen a grupos privilegiados que reconocen esa condición y se comprometen a cuidar y fomentar a los grupos más débiles, especialmente a minorías sexuales y étnicas. Esto, que hasta hora parecía una temática exclusiva de departamentos universitarios progresistas, ha empezado a calar también en las grandes multinacionales.

Toby Young se hace eco en The Spectator (9.III.2019) de cómo la sensibilidad que han desarrollado los campus universitarios a los ‘estudios de queja’ está empezando a entrar en las grandes corporaciones. Algunas de las llamadas ciencias sociales (estudios de género, de identidad), sostenidas por las que Young califica de «descabelladas ideas de los profesores neomarxistas», han comenzado a tomar posiciones más allá de los ambientes cerrados de las universidades.

Por ejemplo, la filial británica de Accenture, la firma global de consultoría, invitó a que sus nuevos empleados lucieran en sus trajes o vestidos lazos con los colores del arcoíris. También sugerían que en su correo corporativo los recién llegados añadieran la palabra aliado. Con ella no se referían a una conmemoración de la Segunda Guerra Mundial. Un aliado sería «el que toma cartas en el asunto para promover una cultura de aceptación e inclusiva sin tener en cuenta su propia identidad, demostrando así su compromiso en el lugar de trabajo».

Un aliado es la persona que a pesar de sus privilegios (blanco, varón y heterosexual, por ejemplo) muestra su apoyo a las «minorías oprimidas». De ese modo en la idea de aliado se dan por buenas, por científicamente comprobadas, las ideas de que existen los privilegios, de la opresión de las minorías, de que impera la dictadura del heteropatriarcado, de que la sociedad es injusta aunque no lo sepa.

Por supuesto, con este paradigma, cualquier empleado que no se hiciera inmediatamente aliado estaría mostrando su desafección a las ideas correctas. Sin lugar a dudas, también demostraría su satisfacción con su condición de opresor y su renuncia a luchar contra lo demasiado blanco (too white). Es probable que los empleados recientes de Accenture, por mucho que pudieran venir de un entorno «privilegiado», con presupuestos de este tipo no se vieran en condiciones de tomar una postura distinta a la oficial, y que se convirtieran en aliados que lucen orgullosos un arcoíris en su solapa de forma análoga a como algunos totalitarismos invitaban a sus ciudadanos bajo amenaza a realizar actos de ‘espontáneo’ homenaje al dictador.

Este tipo de discurso de lucha dialéctica está presente en Apple, Amazon, Facebook, Goldman Sachs o Coca Cola

Young señala que este tipo de discurso de lucha dialéctica está presente en Apple, Amazon, Facebook, Goldman Sachs o Coca Cola. En esas empresas nadie que quiera promocionar de puesto se atreverá a relativizar o criticar la nueva ortodoxia. Todavía se recuerda la suerte de James Damore, un ingeniero de software en Google que fue despedido de su trabajo por realizar en 2017 un estudio en el que explicaba por qué no era habitual que se contratara más mujeres como ingenieros debido a sus diferencias de intereses. ¿Había dicho algo opinable o se merecía una expulsión por alimentar los estereotipos de género? ¿Qué decían los datos? ¿Fueron refutados con otros datos, o solo con agendas de género o dogmas?

En nombre de la corrección y el cuidado de las minorías se llega a extremos como el planteado por la Universidad de Hertfordshire. Allí se ha iniciado una política de contratación marcada por la discriminación positiva que obligaría a que el 10% de los trabajadores sean LGTB y el 20% BAME (el acrónimo británico para Black, Asian and Minority Ethnic, es decir, no blancos) Parece no importar el dato de que en Gran Bretaña el tanto por ciento de personas que dicen pertenecer al colectivo LGTB esté por debajo del 6% de la población o el de BAME en el 13%, sin entrar a la calificación que debería merecer cualquier tipo de discriminación por razones de raza o de orientación sexual.

Otro ejemplo. En las ofertas de empleo para el Servicio Civil (funcionarios de la Corona británica) se realiza una entrevista a los candidatos en la que tienen que demostrar su interés por «promover de forma activa la diversidad y la igualdad», tanto en su trabajo como en su propia vida privada: se les pide que asuman como propio el discurso de los activistas del ‘ala izquierda’ en todas las facetas de su vida. En Ontario (Canadá), insiste Young, se pide que toda persona que aspire a trabajar como abogado «acate una serie de principios en los que reconocen su obligación de promover la igualdad, la diversidad y la inclusión tanto en su vida profesional como personal». El discurso de las teorías de género se ha convertido en un hecho, sin importar la discusión científica e intelectual sobre el mismo.

Estas ideas, que ya estaban presentes en los centros educativos y en la función pública, han entrado en los departamentos de Recursos Humanos, que dedican con frecuencia grandes esfuerzos para eliminar los «privilegios de blancos» Así lo ha hecho KPMG que dice promover la igualdad social, a pesar de dedicarse a ayudar a que las grandes compañías minimicen sus cargas impositivas. Otras, como el portal Jobbio, explican cómo detectar en el lugar de trabajo la ‘masculinidad tóxica inadvertida’.

O la consultora de recursos humanos Jaluch enseña a combatir microagresiones, entre las que se encuentra la de tratar a todos por igual, algo que «obviamente» no es posible porque todo el mundo (de nuevo, especialmente los varones heterosexuales blancos) están determinados por sus prejuicios inconscientes.

A día de hoy el entrenamiento en la diversidad se ha convertido en una industria muy rentable. «Hace poco Starbucks envió a sus 175.000 empleados a una jornada de ‘entrenamiento en prejuicios». Sin embargo, no solo no está clara la base científica e intelectual de estos presuntos prejuicios inconscientes, sino que tampoco lo está si ese tipo de jornadas sirven para algo más que para alimentar el malestar de las personas que se sienten acusadas por el hecho de ser quienes son. El Journal of Applied Psychology lo subraya en un artículo del Profesor Lee Jussim en 2015.

Por otro lado, ¿aseguran esas políticas que se ganará en justicia para las minorías? «Ahora que ninguna empresa quiere que haya una brecha salarial entre hombres y mujeres, y que sus Departamentos de Recursos Humanos han anunciado que eliminarán esas brecha para, por ejemplo 2025, tienen una buena excusa para dejar de emplear a mujeres en puestos en los que el salario sea pequeño» explica Young. Es decir, para evitarse problemas o acusaciones, ¿qué mejor que contratar únicamente a varones?

¿Debe ir el color de la piel o la orientación sexual, antes que la preparación?

¿Se podrá seguir fichando a la gente por sus habilidades? No hay nada más discriminatorio que preguntar cuestiones que afecten a la intimidad de los candidatos, algo que será inevitable si las razones para elegir entre futuros empleados no tienen que ver con su cualificación profesional sino con sus orientaciones: ¿debe ir el color de la piel o la orientación sexual, antes que la preparación? ¿Debería discriminarse a quienes han recibido educación privada? ¿Y a los que se sienten atraídos por personas de distinto sexo al suyo? ¿O a los que entienden que el tema del género está más en la línea de la ideología que de la ciencia? ¿Y tendrá un candidato la posibilidad de responder a las preguntas sobre sus convicciones personales con un ‘mi vida privada no es de su incumbencia’ y conservar la esperanza de ganar el puesto? ¿No son estas políticas una invitación a la hipocresía o al ‘pensamiento único’?

Buscando las causas del fenómeno, Young señala cómo está teniendo lugar un curioso cambio de papeles. Antes eran los empleados mayores quienes guiaban a los nuevos (a los rookies) en los entresijos de la empresa. Ahora son los novatos quienes tienen que convertirse en mentores para formar a sus mayores en asuntos relacionados con la diversidad. «¿Una vuelta a la atmósfera de las sesiones de autocrítica de la Revolución Cultural de los 60 en China?», se pregunta Young. En ellas, eran los jóvenes los que enseñaban a los viejos profesores el nuevo modo de pensar, y estos únicamente podían asentir.

Un ámbito cargado de ideología

Gillette lanzó una polémica campaña contra la masculinidad tóxica a pesar de ser una filial de Procter & Gamble, empresa que cuenta con un elevado número de mujeres en todos sus niveles jerárquicos. Lo que importa a la nueva izquierda, señala Young, no es la impresionante diferencia de sueldos entre esas jerarquías, sino que se viva la nueva ortodoxia. Lo importante es despertar una cierta conciencia laboral en favor de las causas sociales progresistas, de modo que las grandes corporaciones apoyen las nuevas guerras culturales a la vez que evitan que se fijen en sus beneficios fiscales o en regular sus monopolios. De ese modo esas empresas se santifican bajo el paraguas de las ‘causas nobles’ y la clase obrera no tiene nada que hacer contra ellas, añade Young.

Por fin, el lugar de trabajo se convierte en un ámbito cargado de ideología hasta el punto de que los trabajadores deben medir mucho lo que dicen en reuniones o la pausa del café. «En breve, ya trabajes en el sector público o en el privado, acabarás teniendo un ‘mentor inverso’ o una ‘sesión de autocrítica’, en el caso de que no la hayas tenido aún» apostilla el autor. Las empresas ya no son apolíticas. Se han entregado a los nuevos comisarios de la ideología dominante. La meta: que cuanto antes todos seamos aliados.