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La Tierra desde el Espacio

Fue el 4 de octubre de 1957 cuando la Unión Soviética puso en órbita el primer satélite artificial de la Tierra. Daba una vuelta a nuestro planeta cada hora y media. Pesaba mis de 80 kilos. De este modo, se abría la zas, deleites y en el saber y la salud. El, en cambio, admiraba a la gente «sin pliegues en las capas ni dobleces en el alma»: hombres buenos, llanos, sin artificios ni embelecos, sencillos en el vestido y el ánimo. Unos pocos años antes el británico Francis Bacon había afirmado que «nuestro tiempo es el anciano del mundo, y se encuentra rico en observación y experiencia» y por tanto es, en potencia, superior. era del espacio, Y el New York Times pudo escribir: «Los rusos exultaban de júbilo. Cansados de las privaciones y sacrificios de la era de la postguerra, veían en «su» luna un símbolo de realización nacional y el fin de su inferioridad histórica en la tecnología y la ciencia. Para Occidente, fue como un jarro de agua fría. Occidente había subestimado la tecnología soviética», Desde entonces, ha llovido mucho. Y han surgido multitud de clases de satélites: los satélites espía, los meteorológicos, los de recursos terrestres, los de comunicación y los de observación astronómica.

Este libro, que comentamos, nos enseña y describe cómo son usados los satélites para explorar la Tierra. Su autor, Jon Erickson, ha trabajado, como especialista en exploraciones e investigaciones de importantes compañías mineras y petrolíferas. Actualmente, es un geofísico de reconocido prestigio. Se ha escrito que los únicos conocimientos inútiles son los que no se tienen. La investigación espacial, por sus elevados costos, ha producido siempre, en multitud de ambientes, un rechazo. Pero nada más alejado de la realidad. Los satélites nos ayudan en la predicción del tiempo, en la observación de los océanos, en la planificación del uso del suelo, en la confección de mapas geológicos, en la agricultura y en la descripción gráfica de potenciales desastres naturales. Precisamente, el autor dedica el último capítulo del libro a estudiar el modo, según el cual los satélites pueden ayudar a prevenir terremotos, erupciones de volcanes, grandes tormentas e inundaciones. También los satélites pueden ayudar a predecir las épocas de hambre.

Investigación científica

El tema siempre de moda de la contaminación pueden ser estudiado con la ayuda de los satélites artificiales. Cada día, es mayor la sensibilidad del hombre medio hacia estos problemas. Por medio de imágenes de satélite, se puede detectar la contaminación en las áreas de grandes núcleos de población o en zonas muy industrializadas. Los constituyentes de la atmósfera, como el vapor de agua, el ozono y el monóxido de carbono, han podido ser medidos desde el espacio.

Finalmente, los satélites constituyen un factor decisivo en la guerra moderna. Gracias a los satélites espía es posible la escucha de las comunicaciones por radio. Así, son hoy un potente medio de comprobación de los acuerdos de control de armamentos y de las actividades clandestinas de otras naciones. También pueden avisarnos, con tiempo, de la presencia de misiles enemigos y proporcionarnos información vital para determinar el tipo de respuesta de represalia.

La Humanidad se encuentra hoy frente a graves problemas. También tiene poderosos medios para hacerlos frente. Uno de estos medios son los satélites. En el fondo, el gran medio es el conocimiento, cuya base reside en la investigación científica. Es el grado de conocimiento el que da el poder y la riqueza a las naciones. Por ello el autor concluye afirmando que «con la aplicación de las más sofisticadas tecnologías, quizá podamos, aprendiendo de nuestros pasados errores, resolver de forma inteligente los difíciles problemas con los que nunca, hasta ahora, se había enfrentado la Humanidad»

1492-1992. Significados de una conmemoración

Son tantos y tan diversos los actos ya celebrados o previstos en numerosos países americanos y europeos para este año de gracia de 1992, que al ciudadano de a pie no la cabe duda de que algo importante se rememora. De lo que no está tan seguro es de qué se trata: ¿del descubrimiento europeo del Nuevo Mundo?; ¿del encuentro de razas y culturas que en él tuvo lugar a partir de entonces?; ¿de la transformación del Atlántico de barrera infranqueable en camino muy transitado, como sugiere la exhibición sobre «El hombre, el buque y el mar» que va a inaugurarse en Génova?; ¿de los nuevos horizontes físicos y mentales que nos han ido abriendo los humanos impulsos de curiosidad y aventura, como pretende mostrar la ya famosa «Expo» de Sevilla?; ¿de la dispersión mundial de especies vegetales y animales, cual va a presentarse en «Simientes de cambio», la mayor de las exposiciones organizadas en el Museo Nacional de Historia Natural de Washington D.C., y que ilustrará el papel histórico desempeñado en los cinco últimos siglos por el maíz, la patata, el caballo, el azúcar y los microbios patógenos?; ¿o quizás de la invención de la contabilidad por partida doble, evocada en la muestra sobre «500 años de técnicas contables» que se va a inaugurar en Columbus, Obio?.

Tampoco existe unanimidad, sino confusión y antagonismos, acerca del significado de las conmemoraciones. ¿Se trata de celebrar acontecimientos meritorios y creadores, sea mediante la construcción de un faro-mausoleo en Santo Domingo, o de una estatua en Columbus, Wisconsin, o a través de ia singladura transatlántica de réplicas de las naves que la llevaron a cabo hace medio milenio? ¿Procede, por el contrario, denunciar-en vez de celebrar acontecimientos del pasado que reflejan, no la grandeza de los hombres, sino su arrogancia y brutalidad, tal como pretenden hacer en Quezaltenango, Guatemala, los organizadores de un «Encuentro continental» proyectado para Octubre próximo? ¿Es preferible reflexionar acerca de la dimensión ética de ciertos hechos históricos y de sus consecuencias, como lo ha intentado, por ejemplo, en Estados Unidos, el National Council of the Churches of Christ, por cierto, con resultados que -muy benévolamente- pueden calificarse de desafortunados? ¿O sería mejor limitarse a estudiar esos hechos científicamente, tal se ha pretendido en el Congreso Internacional que en Diciembre último organizó la Real Academia de la Historia? ¿O se trata, tal vez, simplemente de negociar, bien sea con el rodaje de películas y series televisivas sobre Colón, o provocando corrientes turísticas por cualquier medio, o fabricando y poniendo de moda millones de camisetas, llaveros, encendedores y demás quincalla estampada con símbolos y motivos colombinos? No parece ocioso despejar algunos de estos interrogantes y puntualizar ciertos extremos polémicos.

Un largo proceso histórico

Colón y sus tripulaciones hallaron en 1492 seis remotísimas islas, una ruta para regresar desde ellas a Europa y las suficientes muestras de oro para que sirvieran de estímulo a posteriores navegacionesa aquellos parajes. Aunque a tales hechos se les considere hoy el descubrimiento de América, éste no fue sino el resultado de un proceso histórico complejo y de larga duración, cuyo inicio podria remontarse hasta las navegaciones de los vikingos y su llegada a desconocidas «islas» occidentales a partir del año 983. Arribaron a ellas -como acaeció a casi todos los descubridores hasta entonces- porque sus naves fueron arrastradas por vientos, temporales y corrientes mucho más allá de donde pretendían llegar. En cambio, cuando en 1434 inician los portugueses sus viajes al Sur del cabo Bojador, se proponen, no sólo ir cada vez más allá, descubrir tierras y mares a la sazón desconocidos para los europeos, sino también explorar la costa africana y las aguas atlánticas de manera continua y sistemática, hecho que constituyó una importante novedad en la historia de las navegaciones.

Las así emprendidas por los marinos del Algarve portugués progresaron hacia el Sur a un ritmo hasta entonces increíble, gracias a la planificación eficaz, la unidad de dirección y la continuidad en el esfuerzo debidas al príncipe Don Enrique, hijo y hermano de monarcas lusitanos, quien las financió en sus difíciles comienzos, las prestigió hasta convertirlas en un buen negocio y creó en tomo a ellas una red de intereses suficiente para que se transformasen, después de su muerte (1460), en tarea nacional de su patria. Sin tan estimulante liderazgo, los marinos de la Baja Andalucía se limitaron aparentemente al comercio y la colonización de las islas Canarias, pero no dejaron de competir con sus rivales portugueses en la navegación y tráfico del litoral descubierto, como lo demuestran sus expediciones de corso a Guinea durante la guerra luso-castellana de 1475-1479.

Las distancias recorridas, cada vez mayores, exigieron grandes progresos en la náutica y la construcción naval, pronto demostrados en la rápida exploración del golfo de Guinea, completada en 1471-1475 pese a sus enormes dificultades. Por entonces, e incluso antes de esas fechas, carabelas y pilotos del Suroeste peninsular eran capa ees de realizar sin excesivo riesgo la travesía del Atlántico, pero ignoraban que éste tuviese un límite y una orilla occidental situada a distancias para ellos asequibles, Más larga y difícil que la ruta transatlántica era la vuelta de Guinea, que les exigía navegar desde el golfo de ese nombre hacia el Sur, en busca de vientos favorables, y alejarse después hacia el Oeste, con objeto de aprovechar los vientos alisios, mas no tanto como para que les impidiera el regreso a Europa. Hasta alcanzar las islas Azores, la navegación resultaba fatigosa y peligrosísima, cual puede observarse en el gráfico 1; desde las Azores o sus proximidades, con vientos de popa, el viaje se tornaba seguro y rápido.

Durante la primera mitad de la vuelta de Guinea y navegando en estación poco propicia, bastaba encontrar un temporal o vientos inusualmente fuertes para que un buque de la época se viese arrastrado, sin posibilidad de evitarlo, hasta las Pequeñas Antillas. En consecuencia y a partir de 1475, si continuaban las navegaciones a Guinea, era inexorable y seguro que, más pronto o más tarde, en aguas del Atlántico central se alcanzarían las costas americanas. A partir de 1492, numerosas expediciones llevadas a cabo a lo largo de un tercio de siglo, permitirían conocer el trazado de la orilla occidental del Atlántico, como puede advertirse en el gráfico 2; ello representaba la primera fase del verdadero descubrimiento de América por los europeos, tarea que requeriría, hasta completarse, varios siglos de exploraciones marítimas y terrestres.

Fechas simbólica

El primer viaje de Colón, no más difícil y peligroso que otros muchos anteriores y posteriores, aparece como uno de tantos en el largo proceso descubridor, No obstante, si la verdadera importancia de un hecho histórico reside en sus consecuencias, bien puede decirse que las navegaciones de Colón a América y de Vasco de Gama a la India hacen del período 1492-1499 e) comienzo preciso de la historia moderna. Antes de él, coexistieron en el mundo varias grandes civilizaciones muy diferenciadas entre sí, en cierto equilibrio y en relativo aislamiento mutuo. Después de estos años se inicia una nueva Edad -que más que Moderna debería llamarse Europea- caracterizada por la multiplicidad de contactóse interinfluencias culturales, por la progresiva homogeneización cultural del mundo y por la hegemonía política y tecnológica de la civilización europea sobre todas las demás.

Cierto que la Historia es un fluir constante en el que, como en el caso de un río, no existen ni cortes ni discontinuidades; cierto también que tampoco se dan relaciones simples de causa a efecto, sino más bien relaciones complejas en las que cualquier hecho responde a numerosas concausas relacionadas entre sí. Pero asimismo es verdad que sin un determinado grado de simplificación y organización no se podía hacer inteligible la enorme heterogeneidad y aparente confusión del acontecer histórico. Algunos hechos y fechas adquieren así un valor emblemático y sirven para representar -sin que por ello se falsee la Historia- el final de una situación y el principio de otra, el ocaso de un sistema de valores y el ascenso de otro. En el pórtico de una Edad caracterizada por el desarrollo de las comunicaciones y la progresiva homogeneización cultural del mundo, parece correcto simbolizaren tos dos grandes viajes marítimos de 1492-1499 los múltiples cambios y novedades que iban a transformar el mundo, a globalizar tanto la Historia como el destino de la Humanidad.

En el aspecto material, la rápida implantación en América de casi todas las especies animales y vegetales domesticadas procedentes del Viejo Mundo, supuso en el Nuevo una revolución ecológica que, a la larga, resultó enriquecedora para la naturaleza y útil para sus habitantes. La simultánea, aunque más lenta, dispersión mundial de especies vegetales americanas ha dejado en todos los demás continentes un balance general de análogos beneficios. Mucho más que representar un signo de explotación y pillaje, los metales preciosos americanos permitieron la existencia de un comercio mundial y actuaron como poderoso estimulo para el desarrollo económico no solo de Europa y de algunas regiones de Asia, sino de la propia América. Cierto que todo ello no careció de efectos negativos y consecuencias desfavorables; cada cambio histórico ofrece posibilidades y riesgos, perspectivas ventajosas y destructoras, luces y sombras, sin que sea posible separarlas ni eliminar las no deseables. Lo que no resulta justo es proclamar unas e ignorar otras. Decir, por ejemplo, que el tabaco -planta americana- ha arruinado la salud de millones de seres humanos en e) Viejo Mundo y silenciar que la patata -planta también americana- ha salvado del hambre a todavía más millones de individuos.

En lo que respecta a la cultura no material, el Nuevo Mundo quedaría transformado por la presencia de los europeos, pero a su vez transformó a éstos, a los pueblos indígenas -que sobrevivieron a la traumática experiencia del choque de culturas- y a los africanos que fueron llevados allí -sobre todo a las regiones tropicales- en la mayor de las emigraciones forzosas. Juntos, aunque en desigual medida, contribuirían a crear en América una variada y rica constelación de nuevas provincias de la civilización occidental originaria de Europa. Esta no quedó menos transformada: la tradicional estructura de su economía, de sus ciencias y de sus creencias se tambaleó ante lo insuficiente de las respuestas que podía dar al desafío representado por un mundo nuevo, imprevisto y desconcertante. América constituyó un formidable estímulo para ia creatividad europea, decisivo en la revolución científica del siglo XVII -que se inició en el XVI por hombres como Francisco de Vitoria, José de Acosta y tantos más- así como en el pensamiento de la Ilustración y en los comienzos de la revolución tecnológica del siglo XVIII.

El impacto cultural del descubrimiento de América en Asia y en África fue menos intenso, menos profundo y más lento que en Europa, pero igualmente importante a largo plazo. El proceso de Las luchas entre españoles e indios acabaron en una síntesis racial y cultural vigorosa y fértil. transformaciones culturales desencadenado por el descubrimiento de América no sólo afectó a todos los aspectos materiales, técnicos, intelectuales y éticos de la vida humana, sino también, más pronto o más tarde, en mayor o menor medida, a todos los lugares del mundo.

La nación y sus fastos

En esa peculiar mezcla de calendario y registro que eran los fasti, los antiguos romanos anotaban sus fiestas, sus juegos, sus victorias militares, las fechas de dedicación de sus templos y, en general, los hechos memorables de su República. Antes y después de ellos, ningún pueblo ha podido prescindir ni de su memoria histórica ni de cierta articulación ceremonial. En el caso de España, es natural que esa memoria histórica se centre en la labor pobladora, cristianizadora y culturalmente creadora que el pueblo y el Estado españoles llevaron a cabo en América, y ello por dos razones. La primera, porque tales actuaciones constituyen lo más importante de nuestro pasado y lo que dio a nuestra historia una dimensión universal. El segundo motivo seria el deseo de responder a una leyenda negra antiespañola, difundida a partir del siglo XVI por toda Europa y utilizada como arma de propaganda en los conflictos internacionales -tanto militares como políticos y religiosos- de aquella época.

Es curioso advertir que en el amasijo de falsedades, exageraciones y verdades que componen esa leyenda, los datos más precisos y los argumentos más sólidos procedan de algunos de los escritores españoles que participaron en un duro y apasionado debate moral y jurídico acerca de la conducta de sus compatriotas y de sus gobernantes, en lo que constituyó el primer caso -y eí más sonado- de un pueblo que sometió sus propias actuaciones a un severo escrutinio ético. Dado el carácter polémico que desde entonces ha conservado la cuestión, se explica el hecho de que algunos reaccionasen subrayando los aspectos positivos de la acción española en América, considerando realidades lo que en buena parte no fueron más que buenas intenciones e ignorando cualquier faceta negativa. Tal leyenda rosa, al igual que la leyenda negra que la provocó, resultan hoy insostenibles, aunque no falten quienes se empecinen en mantenerlas. Ya nadie medianamente informado ignora que la conducta de los castellanos en América no fue más cruel ni violenta que la de cualquier pueblo coetáneo, que su esfuerzo bélico resultó muy fugaz comparado con su pacífico empeño poblador y que su comportamiento ético estuvo más por encima que por debajo de la media usual de la época en cualquier otro lugar del mundo. Las epidemias de enfermedades infecto-contagiosas, que constituyeron al aspecto más catastrófico derivado de su presencia en América, ocurrieron de forma inevitable, por ignorarse entonces, los mecanismos de transmisión de esos males. Europa padeció numerosas invasiones y sufrió mortíferas epidemias antes de participar en su propagación y tornarse a su vez invasora. El pasado no puede juzgarse con criterios del presente y la historia es irreversible, con su cortejo de guerras, violencias, plagas y desastres, que ningún pueblo se ha visto libre de padecer ni de infligir.

La España de hoy, como cualquier otra nación, puede y debe conmemorar sus fastos, sin que tenga que excusarse ante nadie por la conducta de los españoles de otros siglos -de la que nosotros no somos responsables- ni pedir perdón precisamente a los descendientes de esos españoles viajeros y emigrantes que fueron sus antecesores directos, no los nuestros. Dice bastante en nuestro favor el hecho de que la mayor y más costosa parte de las conmemoraciones españolas de 1992 se dirija más al futuro que al pasado, se oriente a proyectos científicos y técnicos de cooperación iberoamericana y aspire a vitalizar y potenciar una comunidad de naciones libres y soberanas, que hablan el mismo idioma, que tienen un pasado en buena parte común y muchos intereses coincidentes, que unidas no aspiran a perjudicar a nadie, sino a beneficiarse todas ellas de los mutuos vínculos de interés, solidaridad y afecto que sean capaces de establecer y de reforzar.

Historia y debates políticos

El descubrimiento de América y su posterior repoblación fue una secular y única empresa europea, en la que distintos pueblos y naciones se sucedieron en el protagonismo principal -que se disputaron duramente entre sí-en función de sus respectivas situaciones geográficas, o bien en virtud de circunstancias históricas que, en etapas sucesivas, favorecieron a alguno de ellos con respecto a los demás. De lo que no parece caber duda es de la unidad subyacente del proceso, aunque cada nación europea lo protagonizase de acuerdo con sus propias tradiciones y a través de su personalidad cultural. En no pocos países americanos, esta visión eurocéntrica fue gravemente exagerada, hasta el punto de informar las mitologías de los entonces nacientes nacionalismos. En el caso de Estados Unidos, por ejemplo, estuvo durante mucho tiempo en boga la idea de que Colón llegó a un mundo prácticamente desierto, iniciando con ello un proceso de civilización, progreso continuo y perfeccionamiento ilimitado de los modelos europeos allí implantados, que concluye con la aparición del país más rico y poderoso, de la sociedad más avanzada y libre del mundo, orgullo de quienes la componen, modelo y meta de toda la Humanidad. Mutatis mutandi, esa mitología nacional se corresponde con las «ínclitas razas ubérrimas» de los países del Sur o, en otro orden de cosas, con la leyenda rosa española: para idealización mitificadora.

Si los Estados Unidos elaboraron el mito Colón tras la guerra de 1812, con objeto de diversificar su galería de héroes, hasta entonces exclusivamente británicos, depués de las guerras civiles de Independencia algunos países iberoamericanos comenzaron a mitificar su pasado precolombino, exaltando sus raíces culturales aborígenes. Ello ha conducido a símbolos tan equilibrados como el de la mexicana Plaza de las Tres Culturas, presidida por un edificio prehispánico, otro barroco y otro moderno que representan la triple base de su nacionalidad; pero asimismo ha llevado a los peores excesos del indigenismo, que considera la época de las civilizaciones aborígenes como una Edad de Oro brutalmente interrumpida por la llegada de los europeos, quienes inician una oscura Edad Media destructora y retrógrada que sólo concluiría tras la Independencia. En años recientes empieza a consolidarse otra interpretación todavía más radical, que pretende convertir a Colón en símbolo e inicio de un proceso de destructora explotación que llega hasta nuestros días. Lo caracterizan por el genocidio de los pueblos indígenas, esclavizados por los europeos y destruidos por las enfermedades que estos llevaron consigo; por el «ecocidio» resultante de una civilización que ha roto en todo el continente los equilibrios naturales, que ha destruido bosques y selvas, contaminando suelos y aguas, empobrecido flora y fauna generalizado el crimen y la injusticia. Se trata, como alguien ha escrito en Estados Unidos, de «otro convulsivo intento de reaventarse a sí mismos, de concebir una versión del pasado que justifique el presente y, si es posible, que configure el futuro».

Protagonizan esta actitud diversas asociaciones de «americanos nativos», afroamericanos e indios iberoamericanos, amén de intelectuales, ideólogos y políticos de diversas procedencias. Proclaman una versión idealizada de la población indígena y del mundo en que esta vivió, olvidando o ignorando que esa América tuvo también su propia historia de civilización y opresión, de guerras ofensivas y de crueldades, de violencia y de agresión, de esclavitud y de canibalismo Satanizan a Colón y a todos los europeos que le siguieron después, a quienes acusan de haber introducido todos los males en aquel incontaminado paraíso. Están por supuesto, en su derecho de forjar la mitología que responda a sus necesidades y sirva a sus fines, pero eso nada tiene que ver ni con la verdad ni con el pasado, sino con el presente y con los problemas políticos y sociales de nuestros días.

Cuatro lecciones europeas

Desde la llegada de la primavera se han producido varias elecciones en el corazón de la Comunidad: cantonales y regionales en Francia (22 y 29 de mano), regionales en dos Importantes estados alemanes (Badén-Würtemberg y Schlesswig-Holstein, 5 de abril) y generales en Italia (5 y 6 de abril) e Inglaterra (9 de abril).

En conjunto, han supuesto un importante sondeo de opinión tras el proceso de Maastrich y plantean algunos interrogantes respecto a ta estabilidad política de ios países comunitarios.

Dada la heterogénea naturaleza de las consultas y las distintas tradiciones, situaciones y sistemas de los países afectados, es aventurado extraer conclusiones, aunque resulta inevitable -porque la percepción tiende a ser anticipativa y bolista, también en política-, preguntarse por una serie de rasgos comunes que se han dibujado con cierta nitidez.

  1. Inglaterra ha evitado que los apuntes «anti-sistema» mostrados en otros lugares se subrayen indebidamente. El excelente sentido práctico de los ingleses, reflejado en un procedimiento electoral modélico por su eficacia, ha impedido la indebida generalización de dos lecturas muy a mano; «castigo a los gobernantes»’ y «crisis de) modelo político». Ambas posibilidades se formularon en Inglaterra y fueron ampliamente rechazadas por los electores.
  2. Cabría decir que la excepción inglesa en nada invalida la regla general («castigo» y «crisis» del modelo), que se ha seguido con particular nitidez no sólo en el país trasalpino sino en Francia y Alemania. Sin embargo, tal vez sean más interesantes las semejanzas que las diferencias: los electores parecen alejarse de las pautas meramente ideológicas, de las antítesis políticas, y orientarse hacia posiciones pragmáticas que se ocupen de problemas a veces olvidados en los mensajes de los grandes partidos.
  3. Hay una aceptación genérica de Europa, pero el electorado no quiere que ese mensaje sirva para ocultar pudorosamente los problemas nacionales. De hecho una cierta inestabilidad, reflejada en estos comicios, puede retrasar la andadura europea.
  4. Los cambios en el continente están teniendo unas consecuencias relativamente suaves; los ajustes son. al menos de momento, pequeños; sería probablemente un error, sin embargo desestimar el potencial político de unas mutaciones que todavía no han desplegado sus últimas consecuencias; una ola de contestación y de localismo parece barrer el panorama. El nacionalismo, «estupendo sembrador de estragos» como decía Pedro Salinas, que derrumbó el Imperio del Este asoma su nariz por el Oeste.

Es frecuente escuchar advertencias de alarma frente a la emergencia de extremismos de derecha y de indicios de xenofobia que se han consagrado con fuerza en Francia y Alemania. Nunca sobran las advertencias de buen corazón, pero no estaría de mas examinar con detalle las carencias que procuran aquellos excesos porque, con frecuencia, los síntomas pueden desorientar respecto a la etiología. Instalados en el «fin de la historia», podemos olvidar que tal cosa es poco más que un «slogan», y olvidarnos de las peculiaridades locales que en política lo son casi todo: en Italia, por ejemplo, los resultados no se pueden valorar bien sin olvidar la peculiar cruzada contra el sistema llevada a cabo desde la presidencia de Cossiga.

Los políticos harían bien en lomar nota de lo que tal vez sea la lección mis general: los electores no van a seguir endosando las descalificaciones del contrario como méritos propios, entre otras cosas porque «el Otro» ha dejado de existir. Hay muchos problemas en nuestras prósperas democracias y tos ciudadanos parecen confiar más, pese a todo, en quienes se fajan con ellos y procuran formular respuestas creíbles y adecuadas, que en quienes parecen estar dispuestos a cambiarlo todo con tal de llegar. o de seguir, arriba.

Arrendamientos urbanos. La reforma que nunca llega

No hay que ser un Premio Nobel de economía para saber que la forma más rápida y segura de conseguir la escasez de un producto cualquiera es controlar sus precios para evitar que aumenten cuando la oferta y la demanda así lo exigen. Como consecuencia del control, crecerá la demanda de ese producto y se reducirá su oferta; y los consumidores, a los que teóricamente se intentaba favorecer, acabarán teniendo cartillas de racionamiento o haciendo largas colas para adquirirlo. No puede sorprendernos, por tanto, que el control de precios de las viviendas arrendadas en España haya forzado a la baja la oferta de una forma tal que, por ejemplo, el porcentaje de pisos en alquiler en relación con el número total de pisos existentes, sea hoy extraordinariamente bajo en comparación con el de otros países similares al nuestro.

La regulación de los arrendamientos urbanos en España, aunque tiene en común con otras políticas de limitación de precios este efecto de reducción de la oferta, presenta también peculiaridades dignas de mención. La más importante es, seguramente, la radical segmentación del mercado que ha producido. Hemos llegado a acostumbrarnos, en efecto, a ver cómo por el arrendamiento de viviendas grandes en los barrios más caros de una ciudad se está cobrando, a menudo, sólo una pequeña parte de lo que cuesta alquilar un apartamento en un barrio obrero. O a que, en un mismo inmueble, haya inquilinos que paguen cantidades miserables por el alquiler de sus pisos, mientras otros deben pagar cifras muy altas por otro de las mismas características.

Consecuencias

Los efectos de la ley no son sentidos, por tanto, en la misma medida por todos los consumidores, como sucede en el caso de otros productos de precios controlados. Los contratos para obtener una vivienda en arrendamiento no exigen necesariamente al consumidor su realización repetida. Basta, por el contrario, si la ley establece !a prórroga forzosa, contratar una sola vez y disfrutar de los privilegios que la norma establece. Los propietarios de los inmuebles, por su parte, ante unas leyes que les causan graves perjuicios, reducen la oferta, lo que hace que los precios suban en el sector liberalizado mucho más de lo que lo harían si todo el mercado fuera libre. Pero esto no afecta a los inquilinos de renta antigua. Serán os nuevos demandantes, especialmente los jóvenes que buscan vivienda y no tienen medios para comprarla, quienes sufran las consecuencias.

Los efectos de nuestra desdichada Ley de arrendamientos urbanos no se limitan, sin embargo, a producir una redistribución indeseable de la renta, Al crear incentivos para que los inquilinos no se muevan del piso o local comercial que ocupan, la ley no permite que la asignación de los inmuebles responda a criterios de eficiencia; y toda la sociedad se ve perjudicada por ello. Y al dificultar a los propietarios la libre disposición de sus bienes, hace que muchas personas, que en otro caso habrían empleado parte de su capital en el sector de alquileres, busquen otros campos más atractivos para su ahorro; y si, pese a todo, compran fincas urbanas, las utilizan simplemente como depósito de valor, prefiriendo la pérdida que supone dejarlas vacías al riesgo de no poder recuperarlas cuando lo necesiten. Si a esto unimos el temor de que un día un gobierno cualquiera pueda decidir establecer ¡a prórroga forzosa en todos los contratos de arrendamiento, resulta fácil entender la extraña situación del mercado inmobiliario hoy existente.

Ruina

Pero no acaban aquí los efectos del control estatal de los arrendamientos. Se ha comprobado muchas veces, tanto en España como en otros países, que no hay medio más idóneo para degradar zonas enteras de las ciudades y hacer que sus edificios se deterioren hasta llegar a la ruina que impedir que el mercado funcione en este sector. No hay incentivos para conservar casi nada, porque los edificios con inquilinos de renta antigua casi nada valen. La ruina del edificio liega a ser así la única esperanza del propietario, que ve cómo inquilinos que pagan rentas ínfimas se niegan a contribuir a los gastos de mantenimiento más fundamentales.

Por si esto fuera poco, resulta, además, difícil encontrar normas sociales, o incluso creencias religiosas, que establezcan entre los individuos lazos tan fuertes como los que crea nuestra Ley de arrendamientos urbanos. Para la Iglesia Católica un matrimonio sólo se disuelve por la muerte de uno de los cónyuges. Pero esta unión parece efímera si se compara con la que se obliga al establecer al propietario con su inquilino. ¡Ni siquiera la muerte de un arrendatario con derecho a subrogación hace que los derechos del fallecido terminen! El propietario no sólo se casa con su inquilino; también lo hace con su viuda, sus hijos, sus padres o sus hermanas en una asombrosa unidad de destino en lo universal en la que los derechos de unas generaciones se transmiten a otras.

A nadie se le escapa hoy que para un partido en el gobierno e¡ principal objetivo es la conservación del poder; que muy pocos políticos estarían dispuestos a perder votos modificando leyes en perjuicio de un grupo significativo de sus electores, aunque, con el cambio, la mayoría de la población resultara beneficiada. Pero si los efectos de una norma llegan a ser tan negativos que la sociedad misma empieza a darse cuenta de lo que la ley realmente significa, su mantenimiento puede originar pérdidas de votos. Es entonces el momento en el que los gobernantes se plantean la posibilidad de la reforma.

En España tal situación parece haberse ya presentado. Los estrangulamientos que la Ley de arrendamientos urbanos produce en el mercado inmobiliario tienen tal gravedad que difícilmente podrán seguir siendo soportados por nuestra economía, si queremos que ésta abandone, por fin, su tradicional tendencia al corporativismo y al proteccionismo y pase a ser el fundamento de una sociedad abierta y eficiente. Todavía pesan las preocupaciones por conservar lo antiguo y el temor por la pérdida de votos. Pero, al menos, ya estamos casi todos de acuerdo en que en una economía moderna las prórrogas forzosas, las rentas controladas o las subrogaciones en los contratos de arrendamientos urbanos son algo tan anacrónico como lo serían hoy -de seguir existiendo- las cartillas de racionamiento o las fiscalías de tasas. Por algo se empieza.

Las primarias americanas

Tras seguir el caudal de información que ha habido en los Estados Unidos sobre las elecciones primarias podemos presentar el siguiente panorama. Además de apostar por un ganador -por ejemplo, Bush diez a uno-, describiremos a grandes rasgos cómo ha quedado planteada la camera electoral de noviembre.

Los problemas de la economía americana han estado en todo momento en primer plano. Tras terminar la guerra fría, los asuntos internacionales ya no movilizan la opinión pública, salvo algunos slogans medioambientales y, por supuesto, la competencia comercial con Japón y la Comunidad Europea. Estados Unidos pasa por la recesión más larga de su historia y, en jerga periodística, la sensación de «resaca», ras la «euforia« financiera de los ochenta, ha hecho al país a volverse sobre sí mismo y reexaminar los porqués del relativo mal estado de su economía. Este pararse a pensar colectivo en principio favorecía a los demócratas, en un momento en que después de tres presidencias republicanas seguidas el desgaste del Ejecutivo conservadores grande. Este otoño, sólo la enorme popularidad de ia pasada guerra del Golfo parecía ayudar las aspiraciones de reelección de Bush. Sin embargo, los líderes demócratas más presidenciables no se decidieron entonces a presentarse a las primarias. El noventa por Por José M. de Areilza Carvajal George Bush ciento de aprobación popular a Bush en varios meses de 1991 parecía pesar en sus ánimos y proyecciones.

ecciones. Por otra parte, si en el pan ido republicano la división entre libertarios y conservadores tradicionales puede quitar fuerza al mensaje electoral de Bush, en el demócrata las diferencias programáticas son aún mayores, A pesar de usar unos conceptos de intervención pública en la economía formulados en lenguaje cada vez menos anticuado, los demócratas tienen una base electoral menos homogénea que la republicana, por sus esfuerzos de llegar al poder representando a una gran coalición de minorías, profesionales y trabajadores. La probada ineficacia y corrupción del Congreso americano, dominado por los demócratas, ha terminado de sembrar la desconfianza no sólo entre votantes sino entre potenciales candidatos presidenciales demócratas.

Sin embargo, la popularidad de Bush ha ido bajando en estos meses de elecciones primarias, a medida que la prensa y televisión reflejaban el descontento por los efectos del credit crunch, que es como se explica la presente y cada vez más suave recesión económica. Pero como señalábamos, cuando en la oposición se han dado cuenta de lo vulnerable que puede ser Bush, ha sido tarde para reaccionar y los pesos pesados demócratas -Cuomo, Gore, Nunn, Gephardt, Betsen- han quedado fuera de las primarias.

Bush

Bush ha intentado por todos los medios demostrar que no está demasiado volcado en asuntos de política exterior. A la vez, ha tratado el problema de 1a recesión económica como una epidemia internacional, a la que asegura estar atacando con decisión y paciencia, resistiendo la tentación proteccionista y sorteando los obstáculos que le pone el Congreso de mayoría demócrata. El presidente ha recibido también alguna crítica por no prestar suficiente ayuda y atención al cambio en la anterior Unión Soviética, pero en general su flanco débil es una supuesta falta de liderazgo económico doméstico, provocado por su pragmatismo a ultranza y su escepticismo sobre el papel del Estado como motor de cambios sociales.

Una ventaja de Bush ha sido la falta de un contrincante republicano serio. No es que Buchanan no haya influido haciendo que Bush afirmara sus posiciones conservadoras. Pero ha sido un desafio modesto y rápido, una actuación bien planeada, casi guerrillera, para asegurarse Buchanan un puesto destacado en la facción conservadora republi cana y desde-allí luchar contra los demócratas. El fratricidio se ha evitado tras varias escaramuzas serias y todos los políticos republicanos han cerrado filas en cuanto Bush y Buchanan pactaron la paz. El ahorro de recursos y la concentración de Bush en asuntos de gobierno mientras ¡os demócratas se peleaban entre ellos ha sido notable.

Ello no quiere decir que el electorado que ha votado en las últimas elecciones al partido republicano repita por fuerza. De hecho, hay un tercio de republicanos que en las encuestas afirma no sentirse representado por Bush. Y el voto de los independientes, en principio anti-establishment, podría ser decisivo para la reelección o no del presidente. A pesar de ello, el aparato republicano está preparado para ayudar a convencer en noviembre, no ahora, a ¡os desencantados que forman el llamado «voto de protesta». Sobre todo porque Bush siempre compite mejor contra otros que contra sí mismo. Y porque se espera que la bajada de los tipos de interés en diciembre junto a la aplicación de otros estimulantes macroeconómicos, produzca resultados positivos a más tardar para junio.

A pesar de que el indicador económico principal sobre el que se discuta en la contienda de noviembre puede ser la tasa de desempleo -un escandaloso 1%-, difícil de influir en el corto plazo, los republicanos esperan poder contar con un aumento de la productividad industrial, consumo individual, beneficios de las empresas e índices de bolsa.

Clinton

En el lado demócrata, Clinton parece que será el candidato a la presidencia, si la convención del partido en julio no resuelve de otra manera. El gobernador de Arkansas es una figura discutida. Los que le apoyan subrayan su astucia, buena imagen televisiva y capacidad organizativa. Su pro grama económico está dirigido al votante de clase media y propone una subida de impuestos para los que más ganan, una reducción de un 10% para los votantes de ingresos medios y aumentar el gasto en asuntos sociales, sobre todo en educación y programas de aprendizaje profesional. Clinton intenta representar, superando la tradición de New Deal del Partido, el cambio económico a través de un mercado levemente corregido por el sector público a la vez que se aleja del proteccionismo en asuntos de comercio internacional que predican otros demócratas menores.

Los que le critican señalan en primer lugar que desde que tenía uso de razón pensaba en ser presidente de los EEUU. Aunque esto no sea necesariamente malo o bueno, en el caso de Clinton parece haber reducido los escrúpulos del candidato a candidato. Por la manera con la que ha justificado cuatro o cinco «escándalos» que la prensa ha desenterrado en dos meses, sus críticos dentro del Partido hablan de «dudas sobre su carácter», un eufemismo en comparación de los variados términos que puede usar a partir de julio el establishment republicano para atacarlo. Su supuesta infidelidad matrimonial, artimañas para no luchar en Vietnam, tráfico de influencias desde su puesto de gobernador con el despacho de su mujer y juvenil uso de drogas no dañarían a ningún político en España, sino con toda probabilidad realzarían sus credenciales «progres». Sin embargo, en Estados Unidos el presidente tiene que parecer honrado antes y después del periodo electoral. Clinton ha reaccionado con arrojo ante acusaciones y chismes, controlando en lo posible el daño a su imagen y apoyándose en el partido demócrata y la prensa liberal que llevan intentado meses autoconvencerse para cerrar filas en tomo a este profesional de la política.

Los otros dos contendientes demócratas, Brown y Tsongas. aparte de estar enfrentados con el aparato del partido y faltarles financiación, tienen también lo que los líderes de opinión llaman en su jerga «problemas de elegibilidad» (Tsongas la falta de carísma. Brown el exceso de). Ambos han atacado con dureza a Clinton y conseguido ganar en importantes estados sólo por las dudas que el gobernador de Arkansas, según las encuestas, inspira en al menos la mitad del electorado demócrata. Tsongas podría ser a última hora un buen sustituto si la Convención demócrata decide por unanimidad reemplazarlo para la carrera electoral de noviembre. Asimismo, cualquiera de los pesos pesados demócratas podría entrar si se produce tal crisis de desconfianza.

Desde la Depresión de 1929, lo que más ha importado hasta ahora en las elecciones americanas no son tanto los programas y promesas como la predicción y el instinto, acertado o no, que los votantes desarrollan sobre la (labilidad de cada candidato. Clinton representa una nueva generación de políticos americanos, «óa by-boomers», jóvenes de los años sesenta, en lugar de veteranos de la Segunda Guerra Mundial, con contradicciones más aparentes que sus mayores. Pero el electorado de estas primarias podría resistirse al cambio generacional e inclinarse en noviembre, a falta de mejor opción, por la prudencia y experiencia del candidato republicano.

Los sindicatos del futuro

La tesis de que el sindicalismo está en crisis es usual, ya se refieran los análisis a los ámbitos nacionales o internacionales. Pero no es mucho mayor ni en intensidad ni en tensión que la que soportan las demás instituciones de Occidente. Hoy el debate es sobre el Nuevo Orden Mundial, lo que quiere decir que los viejos esquemas están o periclitados u obsoletos. Si hasta ahora la causa ha tenido como centro el proceso de transformación que origina el paso a la sociedad post-industrial, el derrumbamiento del imperio comunista, así como la consolidación del proyecto de la Nueva Europa, añaden en la actualidad nuevas tensiones en la relación de los sindicatos con la sociedad.

Dice Lord Lever, un antiguo ministro laborista, que los «-sindicatos buscan desesperadamente poder». Puede parecer extremista, pero es una afirmación que encaja en el fenómeno de una afiliación sindical que, por minoritaria, no se corresponde con el poder real que los sindicatos europeos tienen en las políticas nacionales. Es esta, en efecto, una lectura negativa de la lucha sindical, pues aunque no es razonable responsabilizarles del deterioro de la economía, no se puede negar que los sindicatos tienen también una responsabilidad respecto a la sociedad y no sólo respecto a los intereses de los trabajadores. La impopularidad que han alcanzado en otros países (recuérdese que se les considera artífices del triunfo de Margaret Thatcher) y la crispación social que suscitan en España por las huelgas salvajes de los servicios públicos, demuestran el deterioro de su imagen ante la opinión.

Pero si la superación de esta imagen negativa es una cuestión de «sensibilidad social» y de saber borrar a tiempo la denuncia de «corporativismo» que está pesando cada vez más contra ellos, son los cambios tecnológicos y económicos los que están exigiéndoles con urgencia «renovarse o morir». La transformación de las sociedades industriales en sociedades de servicios ha supuesto el desmantelamiento de las grandes fábricas que, junto a las sucesivas reconversiones industriales, están forzando a que los sindicatos se adapten a las nuevas formas de producción. La introducción de nuevas técnicas -como, por ejemplo, el «toyotismo»- modifica también el planteamiento sindical, que no puede desdeñar la competitividad desleal que representan los «5 Dragones» orientales con sus jornadas de 15 horas diarias. «¿Cómo asegurar -se preguntan los sindicalistas- que ¡as mejoras realmente necesarias de la productividad y de la calidad de vida no se hagan a expensas de las condiciones de trabajo y de la influencia sindical?».

Ruptura con los partidos

Los sindicatos tienen ante sí un panorama reivindicativo complicado, especialmente porque sus objetivos están superando los límites de lo meramente laboral para convertirse en eje sociopolítico del movimiento obrero. La Resolución del VI Congreso de la Confederación Europea de Sindicatos (CES) de Estocolmo de 1988 pone de manifiesto que los sindicatos europeos han perdido la confianza en sus partidos hermanos socialdemócratas, a los que creen seducidos por el «neoliberalismo que nos invade».

Esta ruptura de los sindicatos con los partidos políticos plantea interrogantes de gran relevancia no sólo para el futuro del sindicalismo, sino también para el funcionamiento del sistema democrático. Suplantar a los partidos es desnaturalizar la representatividad sindical y potenciar el «corporativismo», justificando la institucionalización de «sindicatos de base» (COBAS italianos) o de «oficio* (EMT madrileña). La politización (en su significado de vinculación a un partido o adscripción a una ideología y de enfrentamiento radical al adversario ideológico) pierde una gran parte de su sentido cuando la máquina democrática está perfectamente engrasada y permite canalizar los votos de los trabajadores. En una sociedad en donde el «partido de masas» está siendo sustituido por «el partido ¡nte re ¡asista» («catch match») el radicalismo sindica! no es el adecuado para la estrategia que requieren los objetivos a corto plazo.

Entre estos objetivos está la doble respuesta que los sindicatos europeos tienen que dar al reto del Mercado Unico. Por un lado, los sindicatos nacionales han de unir a la defensa de sus trabajadores la solidaridad con el resto de los ciudadanos en la tarea común de incorporar su sociedad a la nueva Europa.

Por otro lado, se encuentran ante la necesidad de instrumentar un verdadero poder sindical a nivel europeo. Es el camino que ha iniciado ya la Confederación Europea de Sindicatos (CES). Pero tanto ella como la patronal europea (UNICE) deben superar los recelos de los sindicatos nacionales respecto a la pérdida de competencias y funciones, pues igual que sus Estados también sienten resquemores a la hora de poner límites a su soberanía…

Burocracia

Los sindicatos se encuentran, por tanto, ante ¡o que no es sólo un cambio de estrategia, sino de objetivos y de filosofía y mentalidad, No pueden sustraerse a este hecho. Necesitan dar un salto cualitativo y desembarazarse de la imagen de «ghetto» burocrático que a veces tanto les daña en su operatividad. Son, por esencia más demócratas que políticos, y sobre todo, más eficaces que reivindicativos. Por eso no pueden ignorar tos datos que indican una importante caída a nivel europeo en la afiliación sindica!, como denuncia el último informe de la OCDE; ni la significativa llamada de atención de la Encuesta Nacional de la Juventud que descubre que los sindicatos son una de las últimas asociaciones en las que piensa un joven cuando decide afiliarse o asociarse a algo; ni el hecho de que el Estado de Bienestar ha sido sustituido por permanentes bolsas de paro; y, en fin, que et mapa de las relaciones laborales ha cambiado con la constitución del Mercado l’nico, al promulgarse en Bruselas más del 75 por ciento de las normas laborales y al incrementarse et carácter transnacional de las empresas con sus centros de decisión fuera de la *territorialidad» de los sindicatos nacionales…

Si los sindicatos son «hijos de su tiempo…» y son consecuentes con su propia realidad, el futuro será positivo para todos en la medida en que una estrategia sindical basada en et diálogo y la negociación facilita siempre acuerdos sobre políticas económicas y sociales que garanticen tanto la recuperación de las crisis como la distribución equitativa de la riqueza nacional.

Por el contrario, si el protagonismo lo asumen o el radicalismo o los sindicatos corporativistas, la crisis sindical se convertirá en crónica; y la sociedad seguirá preguntándose, como lo hizo en la pasada década, «para qué sirven los sindicatos?», y como ha empezado a hacerlo en la década actual: «¿son los sindicatos unos irresponsables» Para un demócrata, sería una situación insoportable…

Una personalidad oculta

Hace unos meses, al publicarse en Francia la versión original de esta obra, suscitó ecos sensacionalistas que hacían suponer el descubrimiento de una biografía escandalosa con aspectos desconocidos y provocativos en tomo a la vida de Marguerite Yourcenar. Esta respetable dama belga que mereció el honor de ser la primera mujer admitida en el ilustre y cerrado santuario de l’Academie Frangaise parecía que iba a quedar en entredicho sólo unos años después de su fallecimiento, ocurrido en 1987. Tal creencia se atribuía a las supuestas revelaciones de la periodista francesa Josyane Savigneau que aludía a ciertas desviaciones eróticas desconocidas en la vida de la Yourcenar.

Sin embargo, la primera grata impresión que despierta en el lector el documento biográfico, es la de estar elaborado con toda seriedad, sin ningún deseo de llamar la atención utilizando recursos poco limpios ni referencias de mal gusto. Es de justicia, ante todo, señalar qu e la autora ha llevado a cabo un trabajo de investigación y búsqueda de datos notablemente amplio y concienzudo que no siempre debió ser fácil de conseguir. dada la escasez de fuentes. Unas veces la relicencia de los informadores y otras su elevada edad y merma de facultades complicaban el esclarecimiento de algunos hechos fundamentales. Tarca que se complicaba todavía más ante el hecho de que la Yourcenar dejó gran parte de su correspondencia personal sellada, con prohibición de abrirla hasta que pase medio siglo a partir de la fecha de su muerte.

No obstante, la autora ha logrado reunir datos suficientes como para reconstruir año por año los aspectos básicos de la trayectoria humana y literaria de Marguerite Yourcenar con una precisión y rigor extraordinarios. Se desvelan así los perfiles de aquella mademoiselle Marguerite de Crayencoeur, huérfana de madre bajo la atenta mirada de un padre rico, retinado, decadente y bohemio que provocaba en ella una reacción hacia la reserva interior y la ambivalencia en defensa de su intimidad.

El arte del disfraz

Desde muy pronto, como señala Josyane Savigneau, aprendió la niña a desviar la curiosidad impertinente de los que no formaron parte del círculo de sus escasas amistades, llegando a detalles bastante significativos para el conocimiento de su personalidad. Desde la idea de disfrazar el apellido familiar utilizando un anagrama (Yourcenar=Crayencour), hizo lo mismo con su imagen privada, al ocultarla tras un estereotipo que, de cara al público, presentaba el aire de timidez y altivo distanciamiento que siempre le atribuyeron.

Teniendo en cuenta esos datos, la autora elabora su biografía con habilidad, interpretando de modo prudente las referencias comprobadas con el fin de evitar conclusiones precipitadas que podrían desfigurar el verdadero rostro de la novelista. Para aclarar determinados pasajes, Josyane Savigneau deja hablar a Marguerite Yourcenar tal como se muestra en declaraciones fiables, capaces de trasmitir su imagen real, fuera de los habituales recursos de ocultamiento.

De este modo se delimita el carácter y la psicología de la escritora, a través de las distintas etapas vitales de aquella mujer singular tan llena de complejidades y de aspectos desconcertantes. De cultura europea y nacionalizada norteamericana supo integrar en sí misma de forma única los valores literarios y artísticos de esos dos continentes. que formaron parte de su mundo particular y de su ficción narrativa.

Aunque se presta atención a la trayectoria novelística de Marguerite Yourcenar es evidente la falta de intenciones críticas en el trabajo de la autora que da a su biografía un sesgo básicamente informativo, no analítico, con abundantes referencias a la historia personal de la novelista que a sus libros. En cuanto se refiere a la vida afectiva de la Yourcenar, aunque se procura guardar la necesaria delicadeza, tampoco se ocultan las desviaciones sexuales que, por otra parte, eran sobradamente conocidas.

Todos estos elementos documentales se presentan con objetividad y realismo, sin importarle a la autora que los rasgos surgidos de la historia no sean los más favorecedores, siempre que sean los más exactos. Con fidelidad a tales planteamientos Josyane Savigneau nos ofrece en su biografía una crónica certera relativa a una mujer que, junto a su vida individual, también representa a toda una época enraizada por un lado en el siglo XIX y por otro con los fenómenos culturales y sociales propios del XX. Realiza su trabajo de modo convincente con estilo fluido que logra mantener el interés hacia el personaje a lo largo de toda la obra. Siguiendo una tónica habitual en los tiempos que corren, se omite cuidadosamente cualquier tipo de opinión relativa a la conducta afectiva o comportamiento moral de Marguerite Yourcenar, aunque tampoco se la presenta como ejemplo que merezca la pena ser imitado.

La marina de guerra americana

Las razones por las que en España se desconoce en términos de cultura ambiente la historia de Hispanoamérica son muchas y de variada índole. Las celebraciones con motivo del V Centenario del Descubrimiento no pasan de ser un esfuerzo de alcance político que no han llegado a calar en los afanes e inquietudes de la opinión pública. Pero así están las cosas y no se observan realizaciones prácticas que ayuden a aumentar el grado de conocimiento de hechos relacionados con las naciones iberoamericanas.

Una prueba más de tales consideraciones la ofrece el hecho-de que haya sido un historiador norteamericano experto en temas navales, Robert L. Scheina, quien haya abordado la tarea de investigar la trayectoria seguida por las armadas de los países de Iberoamérica desde los años de la Independencia hasta el momento actual. Sorprende, en primer lugar, el extraordinario acopio documental elaborado por el autor después de reunir datos precisos que le fueron facilitados en los departamentos navales militares y civiles de los respectivos países. Allí constan fechas de las batallas navales, número y nombre de las unidades participantes, resultados de los combates y hasta el número de bajas o el nombre de jefes, oficiales y marinería cuando ha sido posible.

Para facilitar la exposición de los datos el autor ha seguido un criterio básicamente cronológico en lo relativo a los hechos narrados, y por países en lo que se refiere a las acciones de guerra sucedidas. De este modo es posible seguir el desarrollo y la evolución de las marinas nacionales al mismo tiempo que se producen los acontecimientos en los que intervinieron. Naturalmente se presta mayor atención a las armadas de Chile, Argentina, Brasil o Perú debido a los enfrentamientos y acciones en tas que tomaron parte, quedando en segundo plano otras de países que no prestaron tanta atención a su flota, como es el caso de México.

Acontecimientos clave

Dentro del interés documental que ofrece el trabajo, destacan los capítulos dedicados a los combates de la guerra de Independencia contra España —poco y mal conocidos en nuestro país— así como a la participación de las naciones iberoamericanas en las dos guerras mundiales. Los detalles aportados resultan de gran importancia para conocer el valor estratégico de la zona y el papel desempeñado por cada país en la marcha de las operaciones navales. La guerra de las Malvinas que enfrentó en 1982 a la Argentina y Gran Bretaña ofrece datos desconocidos y permite reconstruir con detalle el teatro de operaciones y las fases del conflicto con referencias documentales bien elaboradas. Tales datos han sido obtenidos con entrevistas personales de! autor con los protagonistas de los hechos que aportaron planes, objetivos cubiertos y acciones desarrolladas a lo largo de la lucha.

La amplitud del trabajo y el carácter general de una obra de estas características explica la apretada síntesis de datos y la falta de una adecuada elaboración explicativa de los hechos. Da la impresión de que, teniendo en cuenta los documentos presentados, se haría necesario ahora un estudio de varios volúmenes que hiciera posible una historia comentada de los acontecimientos. De lo contrario no es fácil asimilar toda la información reunida ni encajarla dentro de la más reciente historia americana y mundial, como sería de desear.

En todo caso, y en determinados aspectos de la historia relacionada con España, sería interesante la aportación de nuestros expertos navales a la hora de ampliar y completar la presencia hispana en América, mantenida con mayor o menor intensidad durante el siglo XIX. Respecto a la traducción, que es correcta en términos generales, se aprecian expresiones poco usuales y defectos de estilo que hubieran podido evitarse con una más cuidada revisión del texto. Otro tanto sucede con la edición, con excesivas erratas que dificultan la lectura y perjudican el rigor de una obra en que la precisión documental es básica