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La disputa del pasado. España, México y la leyenda negra

La doble circunstancia efemeridiana de los centenarios de la caída de Tenochtitlan (quinto) y de la promulgación de la independencia de México (segundo) es el pretexto para la elaboración de este volumen colectivo, promovido desde el Real Instituto Elcano, y coordinado por el sociólogo Emilio Lamo de Espinosa.

La disputa del pasado. Emilio Lamo de Espinosa (coordinador). Turner, 2021. 245 págs, 20'8 € (papel) / 9'49 € (ebook).
La disputa del pasado. Emilio Lamo de Espinosa (coordinador). Turner, 2021. 245 págs, 20’8 € (papel) / 9’49 € (ebook).

Sus dos grandes temas son el reciente auge de la memoria histórica y los problemas que conlleva, y la tradicional y nunca desaparecida leyenda negra, centrados especial pero no exclusivamente en el caso de México y España.

El volumen se divide en seis bloques, más una presentación a cargo del citado Lamo de Espinosa y un “a modo de epílogo” a cargo de la profesora de Historia de México Guadalupe Jiménez Codinach. Los bloques se agrupan a su vez en dos apartados, uno referido a la realidad, los hechos históricos, y otro a su representación o, como gusta decir ahora, al relato, que en este caso tiene mucho que ver con la leyenda negra.

Emilio Lamo de Espinosa: “El progreso consiste en romper con el pasado… y mala es la política que se diseña mirando por el espejo retrovisor”

La presentación de Emilio Lamo aborda “cuanto de confuso y turbio hay en la expresión memoria histórica”, sosteniendo que “ni la memoria ni la historia pueden ser objeto de legislación o mandato en sociedades libres”, por lo que “bien harían los políticos, de uno u otro signo, en retirar sus manos de esas materias”. La memoria, añade, es a menudo una forma de compensar las frustraciones del presente, y no cabe mayor tradicionalismo o menor progresismo que meterse a solucionar las querellas de nuestros abuelos. “El progreso consiste en romper con el pasado… y mala es la política que se diseña mirando por el espejo retrovisor”, afirma, antes de concluir con contundencia: “¡Basta de historias!”.

El primer bloque del libro se ocupa, interrogándose sobre cada uno de esos conceptos –no por acuñados menos discutibles- de las presuntas conquista, colonia y la civilización surgida de ambas.

En cuanto a la primera, el profesor de la Universidad Nacional Autónoma de México Martín F. Ríos Saloma, tras reivindicar la historiografía académica frente al discurso histórico nacionalista, sostiene que no cabe hablar de conquista de México por España, puesto que “ni México ni España existían como Estados nación en 1519”. Sobre esa inexistencia, el autor señala la importante participación indígena en las campañas militares de Cortés, dentro de lo que no dejó de ser una guerra civil entre aquellos pueblos precolombinos, y sin que se pueda descartar que algunos de ellos utilizaran al propio Cortés en su beneficio (tesis que viene abriéndose paso últimamente de la mano de algunos historiadores; véase Robert Goodwin). Ríos Saloma concluye abogando por que la sociedad mexicana “supere la visión nacionalista, simplista, maniquea y victimista forjada en las décadas centrales del siglo pasado” y basada en proyectos como los libros de texto, la publicación de textos indígenas o la creación del Museo Nacional de Antropología e Historia.

Si el de conquista es un concepto dudoso, cuando no rechazable, otro tanto cabe decir del de colonia, discutido por el profesor del Instituto Nacional de Antropología e Historia Tomás Pérez Viejo. Sostiene Pérez Viejo que la Monarquía Católica (término preferible, en el siglo XVI, al de Monarquía Hispánica o Española) fue “mucho más monarquía compuesta que imperio con colonias”, por lo que las palabras colonia y colonial resultan anacrónicas. Y abunda en la idea señalando que “todos los reinos de la Monarquía Católica eran de alguna manera colonias del rey, los europeos y los americanos, al servicio de sus intereses y no de los de un reino metrópoli, menos todavía al de los intereses del en esos momentos todavía inexistente Estado nación español… La existencia de metrópolis y colonias exige la de intereses nacionales y en su ausencia resulta difícil hablar de colonialismo, al menos en el sentido actual del término”.

La ciudad de México era una auténtica metrópoli y corazón mercantil del Imperio español

Más allá de esa precisión general y conceptual, el autor subraya el carácter no periférico de la América virreinal (término que prefiere), dentro de la que la ciudad de México era una auténtica metrópoli y corazón mercantil del Imperio español, igual que el virreinato entero de Nueva España era uno de sus centros neurálgicos. Las expediciones científicas dieciochescas, con importantísima participación americana, serían otro aspecto a tener en cuenta a la hora de rebatir la condición colonial de los territorios americanos.

En su participación, aparte de la coordinación y la presentación del volumen, Emilio Lamo rebate otro tópico emparentado con la leyenda negra, como es la no pertenencia a Occidente de América Latina (término que reivindica frente a otros autores). Al contrario, “América Latina es precisamente eso: América latinizada”, cuya indiscutible unidad cultural le viene de pertenecer a la familia cultural de Occidente, con la que comparte religión, lengua, derecho, valores y creencias.

Entrando en las cuestiones relativas al llamado relato, el diplomático Luis Francisco Martínez Montes refuta el conocido en ámbitos académicos como canon whig de la modernidad o corriente historiográfica whig, que considera “una ideología al servicio de los designios geopolíticos de potencias europeas emergentes”, y, como tal, interesada en minusvalorar la contribución hispánica al desarrollo occidental. Frente a ese propósito, conseguido en buena medida durante mucho tiempo, asumido incluso por parte de la intelectualidad española, Martínez Montes sostiene que “la experiencia histórica hispánica entre finales del siglo XV y finales del siglo XVIII constituye, con todas sus luces y sombras, una senda plenamente transitable de la modernidad”.

Dentro de la nítida división en capítulos del libro, los asuntos, lógicamente, se entrecruzan entre unos y otros. Así, José María Ortega Sánchez señala también la diferencia entre la realidad de la América española y los Estados coloniales (decimonónicos) y aborda un asunto parecido al de Martínez Montes, el de la mirada anglosajona sobre el mundo hispano. Esa forma de ver lo español e hispano, mayoritaria en el mundo anglosajón -especialmente académico, pero no solo- está teñida de una hispanofobia que subraya la violencia, el fanatismo y el racismo que caracterizarían el ethos español. Ortega Sánchez se muestra contundente: esa mirada “debe ser considerada un discurso de odio contra el mundo hispano”.

La ‘damnatio memoriae’ y la consiguiente aculturación y marginación de la población hispana en EE.UU. tienen poderosas razones políticas de fondo

A su vez, la colaboración de este último entronca naturalmente con la de María Elvira Roca Barea, una de las autoras más destacadas en el estudio de la leyenda negra, a raíz de su exitoso libro Imperiofobia y leyenda negra (ver entrevista en Nueva Revista). Roca Barea, que también apunta a la cuestión de qué sea la civilización occidental y la pertenencia a ella de la cultura hispana, se centra en “la escandalosa damnatio memoriae que está sufriendo todo el pasado hispano de Estados Unidos, muy especialmente en territorio californiano”. Pero, en su momento, el daño causado por los jóvenes Estados Unidos al mundo hispanomexicano de lo que hoy es California fue más duro y concreto, en forma de confiscación de tierras, un asunto interesadamente enterrado pero que el lector puede relacionar (sin necesidad de lo que lo diga la autora) con el conflicto entre Israel y Palestina. Así, la damnatio memoriae y la consiguiente aculturación y marginación de la población hispana en Estados Unidos tienen poderosas razones políticas de fondo que van más allá de las disputas académicas.

En la colaboración que cierra y resume el volumen, Guadalupe Jiménez Codinach insiste en la mala influencia que en el mundo académico anglosajón tiene ese punto de vista (la mirada) propio de la leyenda negra. Punto de vista que no tiene que ver sólo con prejuicios, sino –como sostiene Roca Barea- con intereses muy concretos, sin olvidar la pura y lisa ignorancia de bastantes autores, citados por Jiménez Codinach y otros colaboradores de este interesante volumen, historiográficamente bien fundamentado, que no oculta su carácter reivindicativo ni rehúye la polémica

Antonio Huertas, presidente de MAPFRE: “Frente a problemas globales, como la pandemia, sólo caben soluciones globales”

“Ante un tsunami que no esperábamos como fue la pandemia, todos los modelos de protección sociosanitarioss han fallado”; y “ante problemas globales sólo caben soluciones globales”. Estas son dos de las conclusiones de Antonio Huertas, presidente de Mapfre, en el seminario El futuro del capitalismo, organizado por el Consejo Social de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), con la colaboración con Nueva Revista.

Se trata de la tercera sesión del ciclo de conferencias, presentado por Jordi Sevilla, exministro de Administraciones Territoriales y actualmente presidente del Consejo Social de UNIR, y dirigido por Rafael Pampillón, catedrático de Economía y profesor del IE Business School. El tema de la sesión fue La sostenibilidad del crecimiento económico.

Jordi Sevilla.

Jordi Sevilla señaló, en la introducción, que la sostenibilidad tiene que ver con “los límites al crecimiento del modelo industrial capitalista”, marcados por tres problemas: “la contaminación; un recurso escaso, como es el petróleo; y más recientemente el cambio climático” Ante ese reto, cabe preguntarse, si “estamos construyendo un modelo económico que también sea sostenible socialmente”, y que tenga “la capacidad de integración y generación de cohesión social suficiente”.

«La comunidad internacional tiene que hacer posible que esa solución frente al virus alcance a todas las regiones del planeta»

El presidente de MAPFRE se refirió a la triple crisis ocasionada por la pandemia: la sanitaria, la económica y la social. “El proceso de vacunación frente a una pandemia global, tiene que ser también global” indicó. “Por lo que la comunidad internacional tiene que hacer posible que esa solución frente al virus alcance a todas las regiones del planeta”, singularmente a áreas especialmente castigadas, como América Latina.

“El seguro -añadió- no ha fallado en ningún caso y en ningún país, yendo incluso más allá de sus compromisos contractuales, dado que la pandemia estaba excluida, en muchos mercados, de ciertos seguros”. En concreto, la Fundación Mapfre ha destinado 45 millones de euros a ayudas frente a la pandemia y, en conjunto, el grupo Mapfre ha movilizado más de 200 millones en el mundo.

¿Podría la industria aseguradora proteger la caída de actividad de un país o de todos los países del mundo a la vez, debido a una crisis global como la que hemos vivido? planteó el ponente. Citó un estudio de la Asociación de Ginebra, think tank líder del sector, según el cual “no hay capacidad alguna para asegurar un riesgo sistémico como este, a pesar de la fortaleza financiera y la solvencia de la industria del seguro”. Y dió un dato: de los 4’5 billones de dólares europeos de pérdidas, apenas el 1% estaba asegurado.

Para hacer frente a riesgos de esa naturaleza es preciso “la colaboración público-privada”, ya que ni los Estados en solitario, ni agrupaciones multi-estados van a poder hacerlo.

En este sentido, la Asociación de Ginebra propone tres soluciones: “un seguro obligatorio o voluntario ofrecido por los gobiernos y administrado por aseguradoras privadas; que los gobiernos reaseguren a empresas privadas a partir de una determinada capacidad para hacer frente a esos retos; o crear seguros de cobertura limitada”.

Respecto a la sostenibilidad, señaló Huertas, que «no es solo un problema de clima», sino que es también «un problema social«. Afirmó que la pandemia no puede frenar los compromisos de sostenibilidad en relación con los Objetivos de Desarrollo de Naciones Unidas de la Agenda 2030, y que, por el contrario, “se deben acelerar todo lo que se pueda en esta década de acción para alcanzar su cumplimiento”.

 ESTABILIDAD ANTICÍCLICA

El presidente de MAPFRE destacó que “el seguro es una industria especialmente preparada para desarrollar ese beneficio social de los productos socialmente responsables (ASG)”. Porque se trata de “un sector amortiguador de las crisis; porque está supervisado; y porque tiene un modelo de gestión de balance que aporta estabilidad anticíclica al conjunto del sistema”. Para ello, es necesario un cambio de mentalidad: “invertir en ASG no es perder rentabilidad”. De hecho, estas inversiones están creciendo a nivel mundial: más de 620.000 millones de dólares en 2020.

Huertas aludió, por último, a la recuperación económica, y señaló tres palancas para impulsarlas: “la educación digital; el apoyo a las pequeñas y medianas empresas y el fortalecimiento de la investigación y el desarrollo tecnológico”.

Concluyó afirmando que “el momento en que nos encontramos se resume en esperanza y oportunidad”, apostando por la educación, para impulsar la formación y la empleabilidad.

EMMA NAVARRO: RECUPERACIÓN SOSTENIBLE

En la sesión también intervino la economista del Estado Emma Navarro. Ha sido presidenta del Instituto de Crédito Oficial (ICO) y vicepresidenta del Banco Europeo de Inversiones, y actualmente es consejera independiente de Iberdrola España. Navarro señaló que el gran desafío es hacer frente a la descarbonización. “Los gobiernos tienen que actualizar sus compromisos para reducir las emisiones y lograr el objetivo del 1’5%”

Emma Serrano.

Y aunque es un reto muy complejo, hay elementos esperanzadores: “EE.UU. ha recuperado su ambición climática; y la Ley del Clima de la Unión Europea consagra la neutralidad climática”.

Los planes de recuperación económica ponen el foco en la sostenibilidad medioambiental. “Así Europa va a destinar en torno al 37% de los fondos de recuperación a objetivos de acción climática; y Estados Unidos ha anunciado un programa de inversiones de más de 2 billones de dólares en infraestructuras bajas en carbono y renovables”. Y no sólo los gobiernos, “también las empresas están cada vez más comprometidas”. Si bien, lograrlo va a ser más complicado en los países en desarrollo.

Respecto a la recuperación económica, considera Navarro que es “una oportunidad histórica para España, que es el segundo país más beneficiado del programa Next Generation, con 140.000 millones de euros en préstamos y subvenciones, condicionados a reformas que nos van a permitir reforzar la economía”.

«La Ley del Cambio Climático moviliza 200.000 millones de euros, que traen oportunidades de inversión muy importantes»

Además, sólo en España “la Ley del Cambio Climático moviliza 200.000 millones de euros, que traen oportunidades de inversión muy importantes; y como el sector público no puede hacer frente a todo este reto, hará falta la colaboración del sector privado y el sector financiero”. En este sentido, “está habiendo “una profunda transformación en el mundo de las finanzas para conseguir el objetivo de la sostenibilidad” apostilló Emma Navarro.

TERESA RASERO: INVERTIR PARA CRECER

Finalmente intervino Teresa Rasero, presidenta de Air Liquide España y de AEGE (Asociación de Empresas con Gran Consumo de Energía), que se refirió a los desafíos y oportunidades que ha puesto de manifiesto la crisis pandémica y las rápidas respuestas de la tecnología. “A mediados de 2020 nos preguntábamos si tendríamos vacunas, pero a principios del 21 ya estaban aquí”. De igual modo que nos hablan de las tecnologías del 2050, “algunas no existen aún o son muy incipientes”. Ese reto ha hecho, por ejemplo, que “se haya acelerado el transporte de hidrógeno, algo que nos hubiera llevado años conseguir”.

Teresa Rasero.

Respecto a la transición energética, matizó que es preciso hablar de “la transición de la sociedad; de la industria y de cómo tiene que reinventarse esta; de cómo se tienen que transformar las ciudades etc.” Echó en falta que la reciente Ley del Cambio Climático no diga que debe aplicarse “con un precio competitivo de la energía”, porque esta última es la base de la sostenibilidad económica de las empresas y de los usuarios.

Sostiene Teresa Rasero que una palanca esencial de la recuperación son las grandes empresas, y las multinacionales, que son las que van a tirar de las pymes. Pero queda mucho camino por delante, en materias como investigación e innovación. Rasero indicó que los ratios de I+d+i en España son pobres (una inversión de algo más de 300 € por habitante, cuando la media de la UE está en más del doble); y el crecimiento de los últimos años ha sido del 5 o el 6%, cuando Alemania está en el 40%.

«Es vital la alianza industria-universidad para usar bien los fondos de recuperación y que la sociedad avance»

Recordó que “es la industria la que invierte, y mucho, en España; y la que tira de la tecnología y de la educación”; por eso «es vital la alianza industria-universidad para usar bien los fondos de recuperación y que la sociedad avance”

Concluyó apelando a la necesidad de educación, singularmente “en formación online a la medida de lo que las empresas y la sociedad necesitan”; y a la necesidad de colaboración:  «Estamos en un momento de cambio y progreso en el que es básica la colaboración. Este cambio necesita una economía que realmente invierta para crecer».

La revolución tecnológica en la universidad

Desde hace ya unas cuantas décadas el término revolución asociado al término tecnología genera una expectante ilusión, gracias a la cual, todos los que trabajan en diferentes sectores donde la tecnología puede ayudar a revolucionar algún aspecto, se apoyan para retar a las posibilidades de esta y así conseguir los impulsos necesarios para avanzar, a veces despacio, pero otras veces suficientemente rápido.

El término revolución, según la Real Academia, adquiere dos acepciones muy interesantes. La primera, «cambio profundo, generalmente violento, en las estructuras políticas y socioeconómicas de una comunidad nacional». 

La segunda, «cambio rápido y profundo en cualquier cosa». A su vez, el término tecnológica se define como «perteneciente o relativo a la tecnología» y, por lo tanto, esta última se define como «el conjunto de teorías y de técnicas que permiten el aprovechamiento práctico del conocimiento científico».

La revolución tecnológica tiene que venir asociada de la disrupción que propician los «0» y los «1», o mejor aún, la que propiciará la computación cuántica cuando sea accesible a la sociedad

Por consiguiente, ¿qué deberíamos esperar ante la revolución tecnológica? Probablemente un cambio rápido y profundo aprovechando el conjunto de teorías y de técnicas que permiten el aprovechamiento práctico del conocimiento científico, concretamente, del mundo digital. Y es que, inevitablemente, la revolución tecnológica tiene que venir asociada de la disrupción que propician los «0» y los «1», o mejor aún, la que propiciará la computación cuántica cuando esta sea accesible a la sociedad. Esto nos lleva a la primera acepción de la palabra revolución y su conexión con la política y las estructuras socioeconómicas.
A lo largo de este artículo trataremos diferentes aspectos de la revolución tecnológica, desde un análisis de la situación actual hasta su aterrizaje en la universidad, pasando por planes de estudio, docentes, tendencias, necesidades y algunas estadísticas, con el ánimo de generar en el lector uno de esos impulsos que ayuden a seguir avanzando con velocidad de crucero.

DIAGNÓSTICO ACTUAL: LA REVOLUCIÓN EN MARCHA 

La mejor manera de reflejar el estado de la situación actual es aquel que está basado en cifras, pero que además las argumenta. Para ello es bueno exponer algunas estadísticas que orienten el trasfondo de la situación: estudiantes e investigación, profesión y academia, para constituir la universidad y sus necesidades de revolución tecnológica.

Todas las cifras y datos se apoyan en los estudios más recientes que hay disponibles, específicamente el informe de La Universidad Española en Cifras (2017/2018) (1), de la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas (CRUE), y el informe Datos y Cifras del Sistema Universitario Español (2018/2019), del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades.

Vamos a observar cuatro gráficas que nos tienen que ayudar a diagnosticar tendencias para poder dar los siguientes pasos.

1. Porcentaje de personas de 25 a 34 años con un nivel de Educación Superior (2008 y 2018) del conjunto de países en el Top 200 del Índice de Shanghái 2019, más Polonia y Grecia.
2. Porcentaje de personas de 25 a 34 años con un nivel de Educación Superior (2008 y 2018) por área de conocimiento del conjunto de países en el Top 200 del Índice de Shanghái 2019, más Polonia y Grecia.
3. Distribución de las ofertas de trabajo y de los estudiantes de nuevo ingreso en las universidades por ramas de enseñanza. Año 2018 y curso 2018/2019.
4. Gasto en I+D por sectores de gasto: empresas y administraciones públicas y universidades, porcentaje del PIB. Media del período 2011 a 2017.

Los resultados de la revolución y su empuje tienen que servir para conseguir que la universidad, sin olvidar su cualidad de universal –donde tienen que darse todas las posibilidades necesarias para cubrir las expectativas de cualquiera de sus miembros–, se alinee con los objetivos de la sociedad donde se desenvuelve, y permitir de esta manera que tanto el desarrollo, como la productividad, sean más eficaces y eficientes para poder seguir avanzando y construyendo la evolución del ser humano, desde una perspectiva integral y social.

Figura 1. Porcentaje de personas de 25 a 34 años con un nivel de Educación Superior (2008 y 2018) del conjunto de países en el Top 200 del Índice de Shanghái 2019, más Polonia y Grecia.

La tendencia natural de los países cuya producción científica y, por tanto, cuyo impulso a la revolución es mayor, es alcista. Se puede observar cómo, en términos generales, el número de egresados de las universidades aumenta tras una década, por consiguiente, la oferta de planes de estudio en la universidad unida a una cultura de estudio arraigada en el seno de la sociedad, devuelven una población con mayor conocimiento y mayor capacidad de acción.

Figura 2. Porcentaje de personas de 25 a 34 años con un nivel de Educación Superior (2008 y 2018) por área de conocimiento de una selección del conjunto de países en el Top 200 del Índice de Shanghái 2019, más Polonia y Grecia.

La gráfica del apartado anterior, tal como ya hemos comentado, devuelve una población más cualificada y con mayores competencias para afrontar diversos tipos de retos. Ahora bien, si observamos esta segunda gráfica podemos identificar que los egresados en tecnologías de la información y comunicación, en comparación con las otras ramas de STEM (acrónimo de Science, Technology, Engineering y Mathematics), es notablemente inferior en todos los países analizados y en la media de la Unión Europea. Profesionales cualificados tanto en STEM como STEAM (acrónimo de Science, Technology, Engineering, Arts y Mathematics) juegan y jugarán un papel fundamental, a nivel social y laboral, en la revolución tecnológica. La necesidad de impulsar este modo de pensar es ya evidente y su omisión podría generar una falta de alineamiento entre necesidades profesionales y ofertas universitarias.

Figura 3. Distribución de las ofertas de trabajo y de los estudiantes de nuevo ingreso en las universidades por ramas de enseñanza. Año 2018 y curso 2018/2019.

Hasta este punto tenemos una visión de la evolución de la universidad a lo largo de una década y, además, tenemos la visión de la tipología de egresados, en términos competenciales, ligados a los elementos fundamentales y necesarios para desarrollar la tecnología. Estos egresados deberían estar asociados, a su vez, con las necesidades de empleabilidad de la sociedad y, sin embargo, las ofertas

Figura 4. Gasto en I+D por sectores de gasto: empresas

y administraciones públicas y universidades, porcentaje del PIB.

Media del período 2011 a 2017

de trabajo en el ámbito de la ingeniería y arquitectura en España, junto con las de ciencias, suman solamente el 24% del total. Si les sumamos las ofertas en artes y humanidades apenas llegaríamos al 35% de la oferta laboral. Un dato probablemente bajo, si deseamos tener protagonismo en el avance que se va a producir con nuestra participación o sin ella.

Figura 5. Titulaciones, Estudiantes y Egresados del Sistema

Universitario Español. (2)


Finalmente, para alcanzar ese protagonismo, es necesario la orquestación de los recursos, así como su focalización en los lugares donde se puede conseguir impulsar la tecnología y todos los elementos que la tienen que rodear para conseguir avanzar. El gasto en I+D, tanto en el ámbito público como en el ámbito privado, necesita de mucho recorrido en España para poder estar al nivel de los que actualmente son considerados motores del empuje de la revolución tecnológica.

Un ejemplo que explicita claramente los beneficios que trae la tecnología es la difusión de los resultados de la investigación

Toda esta información se puede cruzar con la expuesta en la figura anterior que recoge un resumen de la distribución del sistema universitario español. Estos datos ratifican la tendencia de la figura 1, y a su vez manifiestan la necesidad de seguir impulsado el sistema para poder escalar en el desarrollo del país.
Ya en 1942, Robert M. Hutchins, en su conferencia Los fines de la educación (3), criticaba los cuatro problemas en la educación universitaria de su tiempo: escepticismo, presentismo, cientificismo y antiintelectualismo; argumentando que la universidad debía formar al hombre para enseñarle a pensar, dado que esta forma filosófica de actuar le preparaba para enfrentarse a los retos donde aplicar sus conocimientos.

Las estadísticas que hemos visto hasta ahora no ayudan, por sí mismas, a resolver cómo debe ser el futuro de la universidad, y si Hutchins tiene actualmente razón, pero sí nos ayudan a posicionar sobre qué hacemos y qué no hacemos. A pesar de que estos datos podrían ser mejores, no podemos poner en duda que la revolución tecnológica en la universidad está en marcha.

Son muchos los elementos que nos ayudan a poder aseverar esto, como el elevado número de estudiantes que están matriculados en estudios en línea en universidades españolas –sin la ayuda de la tecnología, estos estudiantes no podrían adquirir conocimiento alguno–; o el número creciente de estudios que se ofertan en línea, práctica- mente por parte de las 85 universidades del territorio español.

Siempre ha habido pioneros, visionarios de lo que tiene que venir, sherpas que han ayudado a enseñarnos el camino que otros tienen que seguir

La revolución está en marcha. Siempre ha habido pioneros, visionarios de lo que tiene que venir, sherpas que han ayudado a enseñarnos el camino que otros tienen que seguir. La Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), en España; Minerva y Singularity University, ambas en Estados Unidos; o Kaospilot en Dinamarca, son ejemplos de ello. Cada una tiene un modelo pedagógico diferente y cada una se dirige a un público objetivo concreto, pero todas ellas han sabido afrontar el reto tecnológico y ambicionar una universidad adaptada a las expectativas de sus alumnos, y no solamente a las de estos, sino también a las necesidades de las empresas empleadoras que posteriormente les brindarán una oferta laboral.

De esta manera han conseguido la alineación suficiente para egresar lo que la empresa necesita ingresar como la creatividad, la flexibilidad y el trabajo en equipo, y eliminar así brechas; competencias blandas fundamentales en las relaciones laborales y sociales actuales. Además, todas ellas viven en una constante evolución y disrupción para avanzar al vertiginoso ritmo que hoy en día nos permite el mundo digital.

PLANES DE ESTUDIO DE LA SOCIEDAD DIGITAL

No cabe duda de que conseguiremos profesionales de la revolución tecnológica si los alumnos cursan planes de estudio en los que desarrollen competencias habilitantes para cubrir las necesidades de la universidad. Solo así se convertirán en participantes capacitados y altamente estimulados para bajar de las musas al teatro y hacer realidad la revolución tecnológica.
Siguiendo la misma dinámica que al principio de este artículo, definiremos los términos plan de estudio, sociedad y digital:

Plan de Estudios: Esquema estructurado de las áreas obligatorias y fundamentales y de áreas optativas con sus respectivas asignaturas que forman parte del currículo de los establecimientos educativos. Ministerio de Educación de Colombia, 2020.

Sociedad: Conjunto de personas que se relacionan entre sí, de acuerdo con unas determinadas reglas de organización jurídicas y consuetudinarias, y que comparten una misma cultura o civilización en un espacio o un tiempo determinados. Oxford University Press, 2020.

Digital: Lo digital es lo contrario de lo analógico. Son sistemas que representan, almacenan o usan la información. Casi todos los dispositivos electrónicos e informáticos que nos rodean y que transmiten la información por medios de números (dígitos), son digitales.

¿Los planes de estudio existentes nos preparan para la sociedad digital? La respuesta, ineludiblemente, tiene que ser, depende. ¿Cómo podemos entonces afrontar las necesidades de la sociedad digital?, mediante una formación que prepare al estudiante a desenvolverse en un nuevo ecosistema, que es digital:

– Este nuevo ecosistema digital está suponiendo un desafío importante. Se están redefiniendo las bases de la innovación, de la productividad, pero también va a ser trascendental para los modelos educativos y el empleo.
Las tecnologías digitales incrementarán la competitividad en la economía, la productividad y la innovación, contribuyendo al crecimiento del PIB de los países, tal y como vimos previamente.
– La velocidad con la que avanzan las nuevas tecnologías y los diferentes modelos de negocio digitales ha hecho que los perfiles profesionales más demandados el año pasado, ni siquiera existiesen hace menos de diez.

La educación STEAM se ha convertido en un gran aliado para ello. Digna Couso, directora de CRECIM (Centro de Investigación para la Educación Científica y Matemática), la define así: «Es la capacidad de identificar, aplicar e integrar las formas de pensar y hacer en el desarrollo de la ciencia, la tecnología, matemática y arte entendidas en global para comprender, decidir y actuar ante problemas complejos y para construir soluciones creativas e in- novadoras utilizando las tecnologías disponibles» (5). Es una nueva forma de pensar para lograr soluciones innovadoras para los retos de hoy y los de mañana8.

STEAM favorece la diversificación para aumentar la capacidad del estudiante, permitiendo la personalización a través de la tecnología y consiguiendo la identificación de nuevos segmentos con el fin de incrementar posteriormente su despliegue según las necesidades futuras. Esto posibilitaría tener que afrontar una demanda de perfiles con estas características que se estima que en 2021 crecerá en España un 10% y en Europa un 14%, tal y como se puede leer en el informe de 2020 de las empresas que forman DigitalES (6).

En dicho informe se recoge que un 47% de los empleos actuales desaparecerán en 10-20 años; y que es necesario enfrentarse a la reducción del 40% en España (y 25% en Europa) que han sufrido las matriculaciones en ingenierías y carreras relacionadas con el ámbito de las ciencias.

Figura 6. Incremento de la demanda de Trabajos STEAM en EE.UU. (4)

Grandes universidades, como Harvard University, Stanford University, MIT, Georgia Institute of Technology o California Institute of Technology, llevan apostando por esta manera de pensar y enseñar. Esto ha permitido afrontar el incremento de la oferta de trabajos STEAM en Estados Unidos los últimos diez años, tal y como se puede ver en la siguiente gráfica de la Fundación Telefónica, 2020.

Tratando de ejemplificar la información aportada hasta este momento podríamos tratar de responder algunas cuestiones:

¿Por qué es tan importante la educación STEAM? (7,8,9)

– Porque promueve una cultura de pensamiento científico para la toma de decisiones del alumnado, lo que resulta muy útil tanto dentro como, sobre todo, fuera del aula.
– Porque permite la adquisición de una serie de conocimientos tecnológicos y científicos, aplicables a cualquier posible situación que pueda aparecer en el futuro, desde una perspectiva integrada.
– Porque gracias al factor creativo, el alumnado no solo puede desarrollar las competencias para la resolución de problemas, o el análisis, sino también la innovación y el pensamiento creativo y crítico.

¿Qué competencias podría cubrir? (10)

– Conocer, comprender y evaluar las tendencias en el mercado de la economía digital, así como estimar su impacto en el desarrollo social, económico y cultural.
– Conocer y comprender los fundamentos de las técnicas
para la secuenciación del genoma.
– Desarrollar y aplicar técnicas y sistemas de visualización virtual para entornos industriales.
– Definir, hacer la identificación de alcance y de impactos, estructurar, gestionar y dirigir proyectos de cualquier ámbito de las redes digitales.
– Conocer y aplicar las técnicas de visualización y experiencia de usuario avanzada para el diseño de interfaces eficientes.
– Ser capaz de realizar imágenes con un alto nivel de acabado, utilizando las herramientas más adecuadas en cada proyecto.

¿Qué planes de estudio podríamos generar?

– Máster en Experiencia de Aprendizaje del Usuario.
– Máster en Computación Gráfica y Simulación.
– Máster en Digital Twins.
– Máster en Hogar Digital y Robótica de Servicios.
– Máster en Scalable Architectures.
– Máster en Serious Games.
– Máster en Science Visualization Specialist.
– Máster en Cross-media Developer.
Tenemos que ser capaces de formar a estudiantes para ejercer profesiones que no existen, donde usarán herramientas que todavía no hemos inventado, para resolver problemas que todavía no sabemos que son problemas.

EL DOCENTE DEL SIGLO XXI

Hasta este momento hemos hablado de diversos elementos que son necesarios para alcanzar un cambio de paradigma, pero estos no son suficientes. La universidad, a lo largo de una historia de más siete siglos, ha sido siempre capaz de transmitir el conocimiento a través del claustro; ha compartido el conocimiento tácito y lo ha convertido en explícito y, a su vez, el explícito lo ha hecho tácito. En definitiva, como dirían Nonaka y Takeuchi en su modelo de creación de conocimiento de 1995, el claustro siempre ha conseguido socializar el conocimiento (12).

Por lo tanto, sigue siendo misión de este claustro perseguir la transmisión de lo que con tanto esfuerzo y tesón ha adquirido, de lo que lee, de lo que constantemente aprende e investiga, pero es hora de hacerlo de forma diferente. Términos como flexibilidad, diversidad, cocreación, colaboración, participación, horizontalidad, transparencia y autogestión, tienen que formar parte de su vocabulario común y de unas habilidades a desarrollar a lo largo de todo el ciclo académico (11).

El concepto de geometría variable, usado en diversos ámbitos, más allá de las matemáticas y de la ingeniería, se debe adherir ahora al docente del siglo XXI

El concepto de geometría variable, usado en diversos ámbitos, más allá de las matemáticas y de la ingeniería, se debe adherir ahora al docente del siglo XXI. Un profesor universitario se ha caracterizado, además de impartir docencia e investigar, por realizar funciones de gestión académica según sus habilidades o según la imposición de la jerarquía; ahora con geometría variable.

Todas las funciones clásicas que se han venido haciendo a lo largo de la historia deberían venir impregnadas de efluvios tecnológicos. La tecnología ya nos habilita para ello. Por consiguiente, si clasificamos las actividades más habituales que se realizan en cualquiera de sus pilares, podremos observar si existe algún elemento que impide que lo digital se aproxime:
– Docencia: basada en impartir clases presenciales, corregir actividades, realizar exámenes, dirigir trabajos de fin de titulación, desarrollar contenidos, realizar tutorías académicas o atender foros.
– Investigación y transferencia: centrada en el desarrollo de proyectos de investigación o innovación, la publicación de documentos científicos como exposición de los resultados obtenidos previamente y la transferencia entre la universidad y la empresa, para materializar de manera productiva los esfuerzos realizados en las etapas anteriores.
– Gestión académica: fundamental para la dirección de los centros universitarios, las áreas de conocimiento, los departamentos, los títulos oficiales o propios, y un sinfín de funciones transversales sin las cuales el sistema colapsaría, tales como mejora continua, calidad, prácticas, laboratorios, planificación docente, entre otras.

Este listado de funciones o tareas que un profesor universitario tiene que realizar, incompleto por defecto, no evidencia ninguna en la que la tecnología sea un estorbo, más bien todo lo contrario. Un ejemplo que explicita claramente los beneficios que trae la tecnología es la difusión de los resultados de la investigación; donde antiguamente era necesaria una correspondencia física, de una biblioteca a otra, de un país a otro, para solicitar un documento que ayudase a desatascar una incertidumbre, se ha reducido a un conjunto de clicks de ratón o de toques en una pantalla táctil. La deslocalización de la investigación es una realidad y la deslocalización de la docencia y, en muchos casos, de la gestión de la academia, es también otra.

Los modelos pedagógicos que sirven de base y fundamento para alcanzar un sistema educativo en línea de calidad son cada vez mayores. Geometría variable como base, flexibilidad y adaptación como fin, tal y como se puede ver en el modelo pedagógico expuesto a continuación, donde lo realmente importante es que el estudiante esté en el centro, independiente de cómo se llegue a él.

Figura 7. Modelo pedagógico centrado en el estudiante.

Los profesores del siglo XXI son docentes con conocimiento de didáctica presencial y en línea, que llevan la tecnología implícita en su forma de hacer, con conocimiento del término ubicuidad para actuar como profesores o para comportarse como estudiantes y centrados en mejorar constantemente la experiencia del aprendizaje para elevar la calidad real de los estudios en los que colaboran. Son profesores preparados, con destrezas y capacidades para afrontar retos como (13):

– Utilizar marcadores sociales para compartir los recursos con/entre los estudiantes.
– Utilizar infografías para estimular visualmente a los estudiantes.
– Usar y proporcionar a los estudiantes las herramientas de gestión de tareas, necesarias para organizar su traba- jo y planificar su aprendizaje de forma óptima.
– Ser capaz de detectar el plagio en los trabajos de sus estudiantes.
– Tener conocimiento sobre seguridad online.
– Uso de herramientas de colaboración para la construcción y edición de textos.
– Utilizar las herramientas digitales para gestionar el tiempo adecuadamente.
– Aprovechar las herramientas de trabajo online en grupo/en equipo.
– Llevar a cabo un trabajo de investigación utilizando herramientas digitales.

Vocación y profesión al servicio de la nueva realidad, gracias a la adaptación y a la evolución, que permitirán que la unión de la nueva forma de hacer docencia, de crear y
compartir la investigación, y de colaborar y organizar telemáticamente el mundo de la universidad, incrementen la excelencia académica universal.

PAPEL ESENCIAL DE LA INNOVACIÓN Y LA TECNOLOGÍA

Parece una evidencia, pero para que la revolución digital pueda darse necesita de un uso intensivo de la innovación y de la tecnología. Además, parece imposible comprender hoy en día el término innovación sin que lleve implícito el término tecnología.

La definición clásica de innovación que J. A. Schumpeter nos dejó es esta: «La innovación es la introducción de nuevos productos y servicios, nuevos procesos, nuevas fuentes de abastecimiento y cambios en la organización in- dustrial, de manera continua, y orientados al cliente, consumidor o usuario».

No introducía ni el término digital ni el término tecnología. Pero sí introducía un elemento clave para anexar el elemento tecnológico, «orientados al cliente, consumidor o usuario», algo que hoy en día, de manera notable, se consigue mediante el vehículo conductor de los sistemas de información. Y es que la innovación tecnológica es el proceso de idear y desarrollar una nueva solución desde el conocimiento previo y con la ayuda de la tecnología y el uso de datos, provenientes de sistemas de información, para dar respuesta a una necesidad a través de la invención y la creación para satisfacer dicha necesidad.

La profundidad del cambio que se está produciendo en las TIC puede caracterizarse por el impacto de algunos ámbitos que se intuye serán clave: la generación de datos y las capacidades para su análisis profundo; la proliferación de redes cada vez con mayor capilaridad, que contribuyen al intercambio de datos y a la distribución de contenidos; la interconexión de todo tipo de dispositivos inteligentes cada vez más móviles; el desarrollo de servicios con capacidad creciente de aportación de valor desde múltiples perspectivas, y la seguridad digital, así como la inteligencia artificial, como soporte a la toma de decisiones.
¿Qué penetración tienen algunas de las tecnologías punteras en la universidad? Según el informe FOLTE (Formación OnLine y Tecnologías Educativas) de 2018 podemos divisar las siguientes (14):

Figura 8. Penetración de tecnologías en la universidad.

Las representadas en la figura anterior, evidencian las enormes diferencias que se dan entre unas y otras según aumenta el nivel de complejidad o especificidad. Blockchain y Learning Analytics, que ya pertenecen a un futuro inmediato, requieren aún de un esfuerzo profundo por parte de la universidad, así como también ocurre en el ámbito de competencias digitales o la realidad aumentada. Sin embargo, el uso de las herramientas colaborativas o aquellas destinadas a garantizar la igualdad para todos, a través de la usabilidad y la accesibilidad, forman parte de los deberes bien hechos.

Actualmente las tendencias que están activas en el ámbito tecnológico son las siguientes (15,16):
– CiberseguridadInfluye de manera trasversal en cualquier sector. La ciberseguridad es el conjunto de elementos, medidas y equipos destinados a controlar la seguridad informática de una entidad o espacio virtual. Es uno de los temas más relevantes en el escenario tecnológico actual y seguirá siendo fundamental en los próximos años, dada la importancia del crecimiento de las TIC.
– Inteligencia artificial. El término inteligencia artificial (IA), «la inteligencia de las máquinas», unifica dos palabras que, a priori, no podrían asociarse, dado que el término inteligencia se atribuye a la facultad de la mente de aprender, entender, razonar, tomar decisiones y formarse una idea determinada de la realidad. Se convertirá en la herramienta base para mejorar la experiencia del estudiante, optimizar servicios, facilitar la búsqueda y gestión de información y reinventar una amplia variedad de modelos de negocio, ya que comprende una serie de tecnologías capaces de aprender a realizar tareas muy específicas de forma eficaz, como entender y procesar el lenguaje humano o manejar amplísimos volúmenes de datos.

Profesionales cualificados tanto en STEM como en STEAM (acrónimo de Science, Technology, Engineering, Arts y Mathematics) jugarán un papel fundamental en la revolución tecnológica

– Internet de las Cosas. Cosas conectadas entre sí, de manera autónoma, sin necesidad de intervención humana y con el fin de facilitar la vida a las personas. Forma la base de la próxima revolución industrial y está considerada como la próxima gran novedad en la tecnología de automatización de la sociedad. Supone la ubicuidad en tiempo real eliminando la distancia entre la universidad y el destinatario del conocimiento.
– Redes 5G. Autopista de alta velocidad por la que viajarán todos los datos en el futuro más inmediato. Tecnología móvil que aumentará la velocidad de conexión, reducirá al mínimo la latencia (el tiempo de respuesta) y multiplicará exponencialmente el número de dispositivos conectados. Estaremos conectados a todo, todo el día, y en el menor tiempo posible. Información completa y a tiempo real.
– Impresoras 3D. Impresoras capaces de crear piezas
volumétricas a partir de diseños hechos por ordenador. La impresora 3D ha sido fuertemente adoptada en los últimos años y tiene capacidad de reducir los costes de fabricación de diferentes elementos de aplicación en el aula.
– Blockchain o cadena de bloques, que permite a las empresas y universidades rastrear una transacción con la seguridad de que la información almacenada no ha sido modificada. En el ámbito académico persigue la posibilidad de certificar competencias adquiridas por los estudiantes, asegurando que cada certificado está asociado única y exclusivamente a quién adquirió el conocimiento, sin olvidarnos de la actual tendencia de certificar títulos universitarios.
– Edge y Fog Computing. Conseguirán que otras tecnologías como la nube o internet de las cosas sean aún mejores de lo que son ahora. La computación perimetral es un elemento de computación en el que todo se encuentra cerca de la fuente de información, desde la recopilación de contenido, el procesamiento de la información, y su entrega, reduciendo la latencia existente. La mezcla entre edge computing cloud computing se denomina fog computing, donde solamente se mantendrá en cada extremo aquello que sea necesario, según las circunstancias del consumidor final.
– Datos. Inmersos en una galaxia de información, la integridad de esta se ha convertido en una necesidad para garantizar que se puedan tomar las decisiones haciendo uso de esos datos almacenados a través de diversas tecnologías que sean válidas.

Estas tendencias o realidades están ya insertadas en parte del sistema universitario, bien dentro de la estructura de funcionamiento, bien dentro de los currículos de los planes de estudios más avanzados.

La universidad tiene el reto de incorporar las tecnologías, evolucionando hacia un modelo ágil y eficiente para adoptar los repentinos cambios que se irán sucediendo en pequeños espacios de tiempo

La universidad y su revolución digital particular está en marcha, ¿con qué fin?, con el de usar la tecnología en la selección de itinerarios de formación; con el de mejorar en la enseñanza personalizada para tener flexibilidad en el tiempo (seis meses, doce meses, cinco años); con el de avanzar en el aprendizaje just-in-time; con el de focalizarnos en competencias, de verdad, para formar profesionales capacitados para liderar la revolución digital; con el fin de enfrentarnos a los retos que tendrán que venir y que aún no sabemos cuáles son; con el fin de avanzar.

¿DÓNDE PIENSA USTED QUE ESTAMOS?

A lo largo de esta exposición se han comentado varios elementos relativos al estado del arte de la revolución tecnológica en la universidad. Hemos podido pasar de un análisis centrado en diversos tipos de datos, vinculados todos ellos entre sí, a una ejemplificación de aquellos tópicos más relevantes en el ámbito de la digitalización. La universidad tiene el reto de seguir avanzando en la conversión de esos datos, con el ánimo de que sean más favorables en la reducción de la brecha existente; y tiene también el reto de incorporar en su núcleo de actuación las tecnologías expuestas y las que vendrán, evolucionando así hacia un modelo ágil y eficiente para adoptar los repentinos cambios que se irán sucediendo en pequeños espacios de tiempo.

Más allá de todo eso, la universidad tiene que seguir siendo lo que es, independientemente del medio, el canal, la infraestructura o el modelo pedagógico; una institución académica que aporta conocimiento a la sociedad en general, en todas las disciplinas, clásicas y modernas, para ayudar en la construcción del futuro que tiene que venir y que cada vez se acerca más vertiginosamente.

Hutchins, tal y como comentamos previamente, nos habló de escepticismo, presentismo, cientificismo y antiintelectualismo, hace ya casi un siglo. Actualmente, y en mi opinión, hemos pasado la barrera de muchas de sus afirmaciones pero, y con el ánimo de poder reflexionar tras la lectura de este escrito, me dirijo a los lectores: ¿qué opinión particular tendrían ustedes de la situación actual de la universidad? 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

1) La Universidad Española en Cifras (2017/2018). CRUE Universidades Españolas, 2020.

2) Datos y Cifras del Sistema Universitario Español (2018/2019). Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, 2019.

3) Robert M. Hutchins, Los fines de la educación, Universidad del Estado de Louisiana, 1941.

4) Desafío STEAM. Fundación Telefónica, 2020.

5) Guía de Recomendaciones para impulsar y fortalecer los proyectos STEAM es las organizaciones de educación no formal. Espacio STEAM, Innobasque, 2019.

6) STEAM: la drástica brecha entre formación y demanda. DigitalES, 2019.

7) AulaPlaneta, Educación STEAM: la integración como clave del éxito, 2020.

8)  Peter Charles Taylor, Why is a STEAM curriculum perspective crucial to the 21st century. Murdoch University, Western Australia, 2020.

9) Mary Dell’Erba, Policy Considerations for STEAM Education, Education Comission of the States, 2019.

10)  Libro Blanco para el Diseño de Titulaciones Universitarias en el Marco de la Economía Digital, Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, 2015.

11) Eudaldo Enrique Espinoza-Freire, et al., Características del Docente del Siglo XXI, OLIMPIA. Revista de la Facultad de Cultura Física de la Universidad de Granma, vol.14, nº.43, 2017.

12) Ruth Sabrina Rojas Dávila, Carlos Luis Torres Briones, La gestión del conocimiento basado en la Teoría de Nonaka y Takeuchi, INNOVA Research Journal, vol 2, nº. 4, 30-37, 2017.

13) Escuela 2.0. Las 33 competencias digitales que todo profesor(a) del siglo XXI debiera tener, 2013.

14) FOLTE, Informe de situación de las tecnologías educativas en las universidades, CRUE Universidades Españolas, 2018.

15) IBERDROLA, Las tendencias en innovación en 2020: ¿preparado para el ‘gran salto tecnológico’?, 2020.

16) J. M. Sánchez, R. Alonso, Estas son las tendencias tecnológicas a seguir en 2020, ABC, 2020.

El papel de los archivos para preservar la memoria y velar por el futuro

El político vasco Ramón Jauregui, el exsecretario de Estado José María Lassalle y Verne Harris, responsable del archivo Nelson Mandela, son algunas de las firmas del monográfico Memoria, política y archivos, coordinado por la Fundación Felipe González, que publica Nueva Revista.

La Fundación Felipe González aborda en Memoria, política y archivos, la contribución de los archivos para preservar la memoria, condensar el pasado y velar por el futuro. Como subraya uno de los autores, Verne Harris, «El archivo, en última instancia, no trata sobre el pasado, sino que su tarea es la lucha por la justicia en el presente».

Trece destacados especialistas de los campos de la archivística, la universidad y la política, reflexionan sobre estas cuestiones en cuatro grandes bloques.

En el primero, Gobernanza crítica de la memoria, escriben José María Lassalle, exsecretario de Estado de Cultura sobre España ante su memoria democrática; el exministro y exvicelendakari Ramón Jáuregui acerca de la victoria democrática sobre ETA y la memoria de las víctimas; y Carlos García de Andoín sobre la Ley de Memoria Histórica.

En un segundo apartado, Ramón Alberch, Mateo Maciá y Susana Martínez Cardama se ocupan en sus artículos sobre el papel de la archivística como agluti­nante para la interdisciplinariedad, la justicia, la de­mocracia y la reparación.

Verne Harris, Kate Eichhorn y Jorge Galindo exponen, en el tercero, sus reflexiones a partir de casos particulares como el archivo de Nelson Mandela, el conflicto en Colombia o el World Center for Women’s Archive.

En el cuarto y último bloque Arancha Aguirre, Alberto de Prada y Elena Sánchez Nogales escriben sobre distintos modos y modelos de difundir la memoria colectiva, incluyendo los soportes audiovisuales y las nuevas tecnologías, así como el papel de los archivos como fuente de inspiración para la creación cultural. A los que hay que añadir la reflexión del archivero norteamericano Rick Prelinger sobre el valor histórico de los registros personales y las microhistorias.

Descargar el pdf de Memoria, política y archivos

Hacia una reconstrucción de la cultura y del hombre

Iniciaba Vargas Llosa su libro de 2012, La civilización del espectáculo, afirmando que en toda la historia nunca se había escrito tanto sobre la cultura como en el tiempo actual y que, a la vez, lo que habíamos conocido como cultura hasta ahora estaba «a punto de desaparecer». ¿Cómo no darle la razón ante la reciente venta de una escultura invisible por 15.000 euros por parte del artista italiano Salvatore Garau? A su vez, ¿no manifiesta esto, de nuevo, la necesidad –la urgencia− de seguir ensayando sobre el momento intelectual que vivimos, de sus grandezas y aflicciones?

La causa de la crisis de la cultura radica en la crisis del ser humano y, por tanto, para reconstruir lo humano la cultura es el camino más corto

Esta es la propuesta de José María Carabante, profesor de Filosofía del Derecho en la Universidad Complutense de Madrid, colaborador en varios medios culturales, crítico literario y escritor. En esta ocasión, nos entrega noventa páginas de reflexión sobre nuestro tiempo, dividido en siete breves ensayos, bajo el título genérico de La suerte de la cultura (Marcial Pons, 2021). Pero, a diferencia del Nobel de Literatura citado, esta lectura contagia un tono de profunda esperanza: porque la causa de la crisis de la cultura radica en la crisis del ser humano y, por tanto, para reconstruir lo humano la cultura es el camino más corto.

La suerte de la cultura. LHG, Madrid 2021. 90 págs. 11'40 €
La suerte de la cultura. LHG, Madrid 2021. 90 págs. 11’40 €

¿Cómo es posible que en un mundo tan avanzado, atravesemos una crisis cultural tan profunda? Carabante responde que «la excesiva atención prestada a la exploración científica del mundo, resta peso a lo simbólico». Y ese olvido conduce al «hombre desmediado», al ser humano desconectado del necesario misterio de la mediación cultural, al que habrá que ver cómo sanar.

Se necesita, entonces, liberar a la cultura de los antihumanismos de moda, entre los que destaca, entre otros, la proliferación de las nuevas tecnologías que, junto a sus aspectos positivos, pueden «devorar lo simbólico», aquello que nos distingue como seres humanos. Además, nos ofrece una regla para orientarnos: «Recordar que la cultura está en estrecha relación con lo humano es, precisamente, la forma de la que disponemos para tomar conciencia de sus contornos; en definitiva, la manera de ofrecer un criterio que nos permita depurar lo cultural de sus fraudes».

Pero junto a la presentación cóncava de la cultura como crisis ruinosa, Carabante también sabe detectar su convexidad: la exacerbación de la cultura, una especie de beatería de la cultura con independencia de su contenido. Y al denunciar ese «puritanismo cultural», señalará también su nocivo imperialismo, su propensión a hostigar a quien piense diferente. Y para defender la libertad intelectual, contraatacará exponiendo cómo nace el sano pluralismo: «Heródoto escribió un libro universal [Historia] no por ser griego, sino porque se propuso algo tan noble como celebrar las “admirables y grandes obras de helenos y bárbaros”. ¿Existe una forma de expresarse más inclusiva?».

Uno de los muchos brillos de este libro es que aparecen entrelazados muchos  autores clásicos y contemporáneos. De este modo, se sirve de la reflexión de Walter Benjamin y de René Girard para ensayar la conexión entre el comienzo histórico de la cultura y lo sagrado, pues la supieron detectar ambos pensadores. Y en los tiempos actuales de desencantamiento, de pragmatismo y desacralización, le sirve para plantear si ahora la cultura será «capaz de inmunizarnos, de una vez para siempre, frente a la incursión de lo abominable». La respuesta de Carabante es firme: «Auschwitz sugiere que no». Por eso necesita distinguir la cultura como solo entretenimiento, de la cultura como cultivo de lo humano. Porque solo en este segundo caso se vuelve a conectar cultura y espíritu, y solo entonces la cultura será alimento del espíritu, y este «siempre vivifica».

¿Qué aflicciones padece la cultura como consecuencias de la depauperización espiritual señalada? Ahora recurrirá a la Escuela de Frankfurt, en especial a Adorno, para señalar cómo enferma la cultura cuando capitula ante la rentabilidad. Y asentado esto, diagnosticará tres enfermedades de «la sobredosis de una cultura indiferente a la persona»: la exaltación del yo, con su correspondiente absolutismo identitario; el dominio de una mentalidad relativista, que anula la posibilidad de convivir e imposibilita la pluralidad al no existir la posibilidad de desvelar alguna verdad comunitariamente; y el pragmatismo utilitarista, que pervierte hasta el sentido de la propia cultura.

«Ha sido Nietzsche el que con más acierto ha propuesto el camino para la reconstrucción de la cultura»

Pero llega el momento de plantear soluciones para alimentar la cultura: «Ha sido Nietzsche el que con más acierto ha propuesto el camino para la reconstrucción de la cultura». Y del pensador alemán nos transcribe esta preciosa cita: «Se ha de aprender a mirar, se ha de aprender a pensar, se ha de aprender a hablar y a escribir». Bajo estas líneas trasparecen las fuentes de mediación simbólica que reclama Carabante como necesidad humana de primera magnitud.

Se trata, entonces, de superar el nihilismo ambiental, y de recuperar el asombro. Porque la visión nihilista «nos devuelve a la caverna». Por ello, la suerte de la cultura dependerá de una «propedéutica de la mirada para contemplar lo que nos rodea como el caudal simbólico que es». Y esto es atender a la realidad como un don, lo cual, además, posibilita para descifrar nuestra propia naturaleza. Así podremos distinguir lo verdadero de lo falso, lo feo y lo bonito, lo bueno y lo malo: «Verdad, belleza y bien componen los caminos por los que debe transitar la cultura si no quiere que expire lo más sagrado y singular que poseemos».

EDUCAR LA MIRADA

Pero educar la mirada no es tarea fácil. Y menos aún en el tiempo que corre. Por eso, el libro se cierra proponiendo un cambio de perspectiva revolucionario: el de pasar de actores a espectadores de lo real. Así podremos ser «huéspedes de lo real y huéspedes de nuestra propia naturaleza». Cuánta sintonía con los versos de Octavio Paz, cuando canta: «Tal vez amar es aprender / a caminar por este mundo. (…) / Aprender a mirar. / Tu mirada es sembradora. / Plantó un árbol. / Yo hablo / porque tú meces los follajes».

Quizás todo el que lea estas líneas se considere enamorado de la cultura. Pero, atención: amar –y comprender− es un nuevo aprender a mirar. Y en esta civilización fatigada a la que, por cierto, pertenecemos todos, esta lectura gradúa nuestra vista cansada.

Ramón Jáuregui: “El esfuerzo de reconciliación de la Transición fue un ejemplo para el mundo”

“El esfuerzo de reconciliación que se hizo en la Transición fue un ejemplo para el mundo entero, y me preocupa que todo eso esté siendo cuestionado ahora, entre otros, por los nuevos partidos surgidos en los últimos años” afirmó el socialista vasco Ramón Jáuregui en la presentación del cuaderno monográfico Memoria, política y archivos, coordinado por la Fundación Felipe González, y publicado por Nueva Revista.

Presentó el acto Rocío Martínez Sampere, directora de la Fundación Felipe González, que subrayó la importancia de “asumir en España el pasado, en lugar de reescribirlo, para seguir avanzando”. Aludió, en este sentido, a una frase reciente de González: “nos quieren obligar a ser los nietos de la Guerra Civil en lugar de hijos de la democracia”

Rocío Martínez Sampere entre Ramón Jáuregui y José María Lassalle.

El que fuera ministro de la Presidencia y vicelendakari del Gobierno vasco, entre otros cargos, tomó pie en su intervención de la idea de Felipe González, para afirmar: “Me preocupa el revisionismo de nuestra propia construcción democrática de la Transición, que culminó en un gran pacto reconciliatorio y en la Constitución, algo que considerábamos un valor común”.

«El perdón fue un acto de fe en la conciliación y en el reconocimiento del otro»

Ese pacto alcanzado en la Transición -explicó Jáuregui- no fue ni “una concesión al franquismo, ni la amnistía fue una amnesia impuesta, ni se confundió perdón con olvido, ni la transición sin ruptura obligó a suspender la memoria” como se ha llegado a decir ahora. “Interpretar que no hubo ruptura es un error histórico total”, porque en España, “la ruptura fue la Constitución de 1978”, a diferencia de Chile “donde no hubo ruptura, porque la constitución la impuso Pinochet”, subrayó.

En España “hubo un proceso de ruptura democrática, mediante una disolución de las Cortes franquistas, una Constitución que se sometió a referéndum del pueblo y la convocatoria de nuevas Cortes”. Y el perdón fue “un acto de fe en la conciliación y en el reconocimiento del otro”. Sobre esa base se diseñó la convivencia democrática, añadió.

Esas dudas sobre la Transición son “tan falsas y perturbadoras como las que cuestionan la victoria de la democracia en la lucha contra ETA; y atribuyen la victoria a Bildu, por el hecho de estar legalizada”. Lo cual, dijo Jáuregui, “es injusto”.

El socialista vasco aborda ese tema en uno de los artículos del monográfico, titulado Recuerdos y memoria, mi relato de la verdad, sobre la lucha del Estado de derecho contra el terrorismo. Con el texto como referencia, Jáuregui desmontó algunas “falsedades del relato abertzale”. Señaló que “nunca hubo una ETA buena y nunca hubo razones para matar; nunca fue ETA una organización antifranquista, eran nacionalistas vascos abiertamente antiespañoles y nunca les interesó la democracia; su lucha no fue fruto de la Guerra Civil”.

El Pacto Antiterrorista desató  el nudo gordiano para lograr “una victoria inapelable, limpia y total” sobre ETA

Y fue “otro gran acuerdo, el Pacto Antiterrorista”, recordó Jauregui, el que desató “el nudo gordiano” para acorralar a ETA y lograr “una victoria inapelable, limpia y total”. Algo que no tiene parangón en otros países con conflictos terroristas como “Colombia, Italia, Alemania, Irlanda”.

El expolítico vascó concluyó con el pasaje final de la novela Patria, que glosa en su articulo del cuaderno monográfico: “las dos mujeres protagonistas, la viuda del asesinado y la madre del etarra, se dan un abrazo que expresa dos sentimientos de la sociedad vasca: de una parte cierta generosidad que impregna el corazón de la mayoría (…) y de otra parte, el olvido, una especie de fuga hacia el futuro. Nadie quiere responder a esta pregunta tan incómoda que desgraciadamente nuestros hijos no nos hacen ¿Cómo fuistes capaces?

LASSALLE: LA DEMOCRACIA ES UNA CONVERSACIÓN

También intervino en la presentación José María Lassalle, exsecretario de Estado de Cultura del Gobierno de Rajoy, el departamento del que dependen los archivos españoles. “Recordamos las cosas que necesitamos para sobrevivir” dijo aludiendo al filósofo Henri Bergson, para subrayar que los españoles “no hemos logrado ponernos de acuerdo para reflexionar sobre un pasado marcado por los enfrentamientos, desde la Guerra de la Independencia a la Guerra Civil”.

José María Lassalle.

“La democracia es una conversación pero España se ha encontrado con obstáculos por culpas recíprocas” sostuvo. De forma que es necesario generar “una conversación para mirar hacia atrás, sin tensiones, de forma crítica y también sanadora”.

Indicó que actualmente “vivimos un momento complejo en el que el eje de legitimidad de la democracia se está desplazando del liberalismo al populismo”, y que por esa razón es más necesario que “nunca cuidar la memoria”.

«Es necesario hacer back up para preservar los datos que dejamos en los registros digitales, ya que no somos dueños de nuestros WhatsApp»

Lasalle señaló, por otro lado refiriéndose al registro de la memoria, que «es necesario hacer back up para preservar los datos que estamos dejando en los registros digitales», ya que “no somos dueños de nuestros WhatsApp”. Estos datos personales están siendo “utilizados por corporaciones multinacionales, a través de algoritmos biométricos, analizando mis conversaciones (…) para hacer luego diseños de contenido a la carta”.

Esta, concluyó, es “una de las batallas que el Reglamento de Protección de Datos no ha contemplado pero que se debe seguir abordando dentro de la estrategia digital del mercado único. Y ya existe un primer documento, que es el Reglamento de Inteligencia Artificial”.

¿QUE NOS SUCEDE A LOS ESPAÑOLES CON LA MEMORIA?

Por su parte, Alba Toajas, coordinadora del monográfico, explicó los ejes de la obra y su planteamiento, apuntando las cuestiones tratadas, que se resumen en “¿Qué nos sucede a los españoles con la memoria?”.

En el monográfico trece destacados especialistas de la archivística, la universidad y la política, reflexionan  sobre la contribución de los archivos para “preservar la memoria, condensar el pasado y velar por el futuro”.

Fidel Sendagorta: “Estrategias de poder. China, Estados Unidos y Europa en la era de la gran rivalidad”

En España es muy escasa la literatura sobre geopolítica y casi inexistente la referida a China y su papel en el mundo actual. Los medios de comunicación español suelen hacer una lectura absolutamente superficial de lo que pasa en el mundo y de las fuerzas en juego desde que desapareció el mundo bipolar EE.UU. versus URSS al que estábamos acostumbrados y cuyas claves creíamos entender.

Estrategias de poder. Deusto. 2020. 176 págs. 18,00 € (papel) / 9,49 € (digital).

El libro de Fidel Sendagorta, diplomático de amplia experiencia, es muy interesante para hacerse una idea de las fuerzas que se mueven hoy en el mundo y de sus claves e intereses.

China, a diferencia de la URSS, no pretende exportar un modelo ideológico, sino una influencia económica y un dominio tecnológico que lo soporte

El autor nos presenta un mundo que tras la bipolaridad EE.UU.-URSS, tras una breve etapa unipolar yanqui, está inmerso en una nueva bipolaridad EE.UU.-China, que funciona con claves distintas de la vieja EE.UU.-URSS por cuanto:

– China, a diferencia de la URSS, no pretende exportar un modelo ideológico, sino una influencia económica y un dominio tecnológico que lo soporte

China juega a largo plazo, sin las tensiones generadas por periodos electorales cada cuatro años; y con una visión de su papel en el mundo que se ancla en una historia milenaria en la que su opresión por Occidente en las últimas centurias es percibida solo como un paréntesis.

– China ha asumido que su inferioridad industrial y tecnológica fue causa en los siglos XIX y XX de su conquista por Occidente. Y ahora pretende ser líder en estos ámbitos para no volver a la misma situación.

– El mundo centrado en el Atlántico se ve sustituido por el mundo que gira alrededor del Pacífico y el sudeste asiático.

Sendagorta nos explica que vivimos en una época de gran competición entre los dos grandes actores. Estados Unidos y China, que no es primariamente ni militar ni ideológica, sino de influencia y primacía tecnológica y que se juega en la batalla tecnológica y de mercados.

Las iniciativas estratégicas chinas están creando un espacio euroasiático de infraestructuras y redes -ferrocarriles, telecomunicaciones, puertos, etc– que pretenden crear un gran mercado continental euroasiático bajo la dirección china; y que se extiende a África y se proyecta a Latinoamérica como áreas de influencia china …en competición abierta con los Estados Unidos.

China no exporta -a diferencia de la vieja URSS- ideología ni crea un imperio militar, sino que ofrece financiación y soporte tecnológico a cambio de mercados abiertos a su influencia económica y política. Y no duda en apoyar y colaborar con gobiernos autoritarios o autocráticos, extendiendo así de paso una cierta desligitimación de las viejas democracias liberales y del modelo yanqui.

EL PAPEL DE LA NUEVAS TECNOLOGÍAS

Sendagorta dedica una particular atención al papel de las nuevas tecnologías en esta competición global y en especial al despliegue del 5G donde confrontan la tecnología China y la occidental con sus inmensas implicaciones en materia de ciberseguridad y defensa a escala planetaria.

No oculta Sendagorta los riesgos de que esta competición se traslade al terreno militar y analiza los escenarios de riesgo bélico: el estrecho de Malaca, el mar de China y el sudeste asiático en general.

Parte esencial de las preocupaciones y propuestas del autor se centran en el papel de Europa, de la Unión Europea en este escenario de competencia bipolar entre China y EE.UU. La UE es Occidente y atlántica pero no es un actor determinante en esta confrontación global bipolar, aunque sí tenga un peso específico relevante… y forma parte de la Eurasia que China concibe y planifica y persigue.

Merece la pena leer este libro.

“La masa enfurecida”: para pensar sobre las políticas de identidad

Douglas Murray, periodista y analista de actualidad en algunos de los grandes medios británicos y norteamericanos (The Sunday Times, The Wall Street Journal, Spectator), homosexual -como él mismo recuerda y pone en valor  en su libro pues aporta una perspectiva  personal a algunos de sus análisis-, pone de manifiesto en este libro cómo en un breve plazo –poco más de un cuarto de siglo- se ha creado una nueva ideología: la que sustenta las políticas de identidad hoy tan pujantes tanto en EE.UU. como en Europa y, por exportación ideológica, en el resto del mundo. Murray analiza la falta de consistencia intelectual de estas nuevas ideologías y políticas, a la par que desvela sus potenciales consecuencias negativas para nuestras sociedades libres.

"La masa enfurecida". Douglas Murray. Península, 2020. 366 págs. 19'8€ (papel) / 10'44€ (digital)
«La masa enfurecida». Douglas Murray. Península, 2020. 368 págs. 19’8€ (papel) / 10’44€ (digital)

La obra de Murray intenta poner de manifiesto la carencia de fundamento fáctico y científico de la ideología y el peligro para las libertades democráticas que su expansión supone en nuestros días. Cada capítulo analiza hechos de actualidad vinculados a las luchas de los defensores de las políticas de identidad, especialmente del ámbito británico y estadounidense; es decir, no es un obra meramente teórica, sino un análisis de actualidad con pulso periodístico y profundidad intelectual que pretende ayudar a interpretar las claves de un fenómeno de hoy.

Murray constata ya desde la introducción que, tras la muerte en el siglo XX de todos los relatos explicativos de la realidad vigentes durante siglos, en el mundo posmoderno están proliferando ideas que aspiran a proponer explicaciones y teleologías para llenar el vacío de sentido que existe hoy. El problema, según Murray, es que estas nuevas ideologías «nos invitan a creer cosas en las que no es posible creer» (pág. 21) y que la extensión de tales ideologías hace verosímil que los derechos humanos retrocedan o desaparezcan y con ellos la democracia tal y como la conocemos.

Eso que no es posible creer es que las personas se reducen a una identidad determinada por la raza, el sexo, el género o la orientación sexual

Eso que no es posible creer es que las personas se reducen a una identidad determinada por la raza, el sexo, el género o la orientación sexual y que esas presuntas identidades explican todo tipo de injusticias y discriminaciones históricas, frente a las que hay que luchar a través de las políticas de identidad que están llevando al mundo a la locura como indica el subtítulo de este libro; que -en lógica consecuencia- se estructura en cuatro secciones dedicadas a las ideologías identitarias articuladas respectivamente alrededor de la homosexualidad, las mujeres, la raza y la condición trans; aunque la llamada interseccionalidad, es decir,  la acumulación de distintas identidades o discriminaciones en cada supuesto así como las contradicciones insalvables entre ellas, está presente en toda la obra.

Murray destaca cómo todas estas políticas empezaron como algo noble y de ahí su empuje y credibilidad, pero “en un momento dado, sin embargo, todas descarrilaron”. Ese momento llegó cuando sus defensores dejaron de luchar por la igualdad y pasaron a reivindicarse como “los mejores” y a descalificar a todo discrepante como intolerante, homófobo, racista, etc. Así empezaron a justificarse las banderías, las batallas para acallar al discrepante como a un enemigo y hasta los atentados a derechos básicos como la libertad de expresión, hasta ahora considerados sagrados y esenciales en una democracia.

El libro nos invita a pensar si no estamos creando un monstruo que corroe nuestras democracias: “la posibilidad de retroceder en materia de derechos -incluidos los buenos- es más verosímil cada día”

Nuestra vida pública va así poco a poco sustituyendo el debate democrático en libertad por una pugna de grupos identitarios que se creen legitimados, incluso obligados, por agravios presentes o pasados, reales o ficticios, para imponer sus prejuicios a todos, incluso al precio de conculcar la convivencia en libertad y los derechos de quienes -por no ser de la minoría identitaria- ya no tienen los mismos derechos que los demás. El libro de Murray nos invita a pensar si no estamos creando un monstruo que corroe nuestras democracias: “la posibilidad de retroceder en materia de derechos -incluidos los buenos- es más verosímil cada día” (pág. 22).

Murray resalta que “la rapidez pasmosa con la que se ha verificado este proceso obedece al hecho de que ahora un puñado de empresas de Silicon Valley (sobre todo Google, Twitter y Facebook) tienen poder suficiente para influir en lo que la mayoría del mundo sabe, piensa y dice; además de un modelo de negocio basado en encontrar clientes dispuestos a modificar el comportamiento de otras personas” (pág. 12).

El primer capítulo, «Homo« (págs. 23 a 74), se dedica al análisis de las políticas identitarias vinculadas a la cuestión homosexual, tan cercana para el autor. Murray pone de manifiesto las dudas o ignorancias que todavía existen sobre la condición homosexual: ¿es innata?, ¿es irreversible?, ¿es algo personal o político?, ¿determina una identidad que exige dedicación de 24 horas o no agota a la persona? Con gran delicadeza y humildad, Murray deja claro que no existen razones para imponer (primero, a los homosexuales; y, después, a toda la sociedad), una determinada ideología y política basadas en una interpretación ideológica de la homosexualidad. Denuncia nuestro autor el intento de convertir lo que llama una cuestión de software en una cuestión de hardware (pág. 46 y ss).

El autor distingue entre la lucha contra toda discriminación a los homosexuales y la ideología política queer

Murray distingue con precisión entre “quienes creen que los homosexuales son –y deben ser- iguales a cualquier otra persona” (pág. 55) y quienes, los queers, quieren servirse de su reivindicado carácter diferencial “para derribar ese mismo orden en el que los homosexuales tratan de ingresar” (pág. 56). Es decir, distingue entre la lucha contra toda discriminación a los homosexuales y la ideología política queer; y denuncia que “los partidarios del enfoque queer tienden a concebir el ser homosexual como una ocupación a tiempo completo” (pág. 60) y que hoy muchas manifestaciones por la igualdad de los homosexuales “se mezclan con cosas que causan rubor tanto a los heterosexuales como a muchos homosexuales” (pág. 59)

Dicho de otra manera, nuestro autor muestra cómo es absolutamente endeble el intento de construir una identidad gay para sobre ella articular una ideología de liberación convertida en causa política que tensiona a toda la sociedad dividiéndola en reductos irreconciliables. Se crea así una nueva lucha de clases que permite nuevos liderazgos políticos y genera un nuevo mercado de ideas, debates, modas y liderazgos en el que pueden estar interesados tanto quienes viven de ese mercado y su explotación mercantil como quienes por esa vía pretenden revolucionar la sociedad y las formas de pensar. Murray afirma que la principal confusión en este campo es la siguiente: “si ser homosexual significa sentir atracción por las personas del mismo sexo o si bien quiere decir que uno forma parte de un gran proyecto político” (pág. 65).

INFLUENCIAS DE FOUCAULT Y GRAMSCI

Cada uno de los cuatro capítulos va seguido de un interludio. El que sigue a este primer capítulo (págs. 75 a 90) explica las raíces marxistas de la ideología queer, a través del estudio del pensamiento de la obra de Laclau y Mouffe, los inspiradores ideológicos de la renovación de los análisis marxistas y de los nuevos populismos de izquierda en América Latina y Europa a finales del siglo XX; autores que renovaron intelectualmente el pensamiento de la izquierda marxista asumiendo los planteamientos de Foucault (la sociedad no se puede entender más que como una estructura de lucha por el poder) y de Gramsci (la cultura es el terreno en que se construye la hegemonía). Así, desaparecido el decimonónico conflicto marxista de clases proletarios/burguesía, resultaría que la revolución debe hacerse construyendo grupos o clases en conflicto basadas en identidades ideológicas o culturales y generando una confrontación que a través del conflicto (nueva lucha de clases) haga avanzar la historia.

Este interludio es lectura interesante para entender las posturas políticas de la nueva izquierda radical y no solo en temas de género y políticas de identidad.

El segundo bloque temático de esta obra es «Mujeres» (págs. 91 a 146) y en él el autor se enfrenta a las políticas identitarias feministas mostrando sus contradicciones e inconsistencias y las contradicciones entre feminismo y movimiento político queer, al igual que hace en el capítulo tercero (págs. 167 a 233) con los temas de raza que a los españoles nos pillan más lejos pero que en EE.UU. son de primera línea política.

Murray se detiene en la contradicción existente entre la defensa a ultranza de que las mujeres deben ser muy sexis según los parámetros del nuevo mercado de las relaciones sexuales banalizadas y la pretensión política de que las mujeres no sean sexualizadas por el varón. “Es una reivindicación imposible” (pág. 111). Aunque de pasada, Murray pone de manifiesto una de las locuras de nuestra época: el mercado del sexo, la moda, el porno, la cosmética, las web de contactos online … sexualizan a la mujer al máximo y a la par la ideología dominante exige al varón que se relacione con la mujer como con si su sexo no fuese relevante en la interacción mutua.

A propósito de estos fenómenos, Murray critica de forma acerada las llamadas políticas de sesgo inconsciente que tanto éxito y negocio generan en el ámbito empresarial, así como los planteamientos basados en la interseccionalidad (págs. 121 y ss.), la promoción ideológica del odio al hombre (págs. 135 y ss.) y las teorías tóxicas sobre el patriarcado y la masculinidad tóxica (págs. 140 y ss.).

En pág. 145 resume sus conclusiones al respecto: “a partir de 1990, los activistas homosexuales trataron de persuadir al mundo de que la homosexualidad era una cuestión de hardware, cosa que, como vimos antes, podría o no ser cierta (…) al mismo tiempo que se libraba esa batalla ocurrió algo de lo más asombroso: gracias al trabajo de una serie de personas (…), las mujeres empezaron a avanzar en una dirección diametralmente opuesta (…).”

“Más o menos hasta la década pasada, todo el mundo convenía en que el sexo (o el género) y los cromosomas constituían los componentes fundamentales del hardware de nuestra especie,(…) pero alguien propuso que lo que había sido una cuestión fundamental de  hardware era en realidad una cuestión de software . Alguien levantó la liebre y de repente, dos décadas después, todo el mundo tuvo que creer que el sexo no era algo biológicamente determinado (…).

Este aserto dinamitó la causa feminista y desencadenó unas consecuencias totalmente previsibles: Dejó al feminismo poco menos que indefenso frente a los hombres que afirmaban poder convertirse en mujeres.”

Explica que Silicon Valley no es neutral sino que incentiva las políticas de identidad manipulando la información que proporcionan sus servidores y ayudando a las polarizaciones de identidad

 El segundo interludio (págs. 147 a 165) se dedica a explicar con profusión de ejemplos sacados de la vida real cómo Silicon Valley no es neutral en estas cuestiones sino que incentiva las políticas de identidad manipulando la información que proporcionan sus servidores y ayudando a las polarizaciones de identidad.

Tras el capítulo dedicado a la raza en el que no me detengo, el cuarto interludio (págs. 235 a 247) resulta sorprendente de entrada, pero es profundamente sugerente como propuesta seria: propone el perdón a los distintos, tanto cuando miramos al pasado como en el presente. Para Murray solo superaremos la polarización identitaria que cada vez enfrenta más a unos contra otros si aprendemos a juzgar con los mismos criterios a los «nuestros» y a «los demás». ¡Qué propuesta más revolucionaria y a la vez tan antigua como el Evangelio!

El último capítulo trata de las políticas trans y pone de manifiesto cómo se basan en suponer arbitrariamente que sabemos más de lo que realmente conocemos sobre la transexualidad y en la imposición a toda la sociedad de prejuicios con fundamento no acreditado que socavan todo el orden social. Nos dice: «Una de las cosas que destacan es lo mucho que fingimos saber pero, en realidad, desconocemos. La rapidez con que despachamos preguntas para las que todavía no tenemos respuesta» (pág. 281); y denuncia, refiriéndose a la transexualidad, «la espuria certeza con la que un problema increíblemente complejo se presenta como si fuera la cosa más sencilla y comprensible del mundo« (pág. 309).

El capítulo conclusivo propone detenerse a pensar sobre los problemas reales sin dejarse arrastrar por estereotipos

El capítulo conclusivo (págs. 311 in finem) resume los riesgos para las sociedades libres que los dogmatismos identitarios suponen hoy y propone detenerse a pensar sobre los problemas reales sin dejarse arrastrar por estereotipos, primar la generosidad en las relaciones con los demás, reflexionar sobre las consecuencias de lo que decimos y proponemos, no dar por supuesto que todos somos víctimas ni que por serlo tenemos necesariamente la razón, despolitizar nuestras vidas …

Este libro ayuda a pensar sobre nuestra época y destaca por su sentido común. Por eso merece la pena leerlo.