Mi cesta

Tu cesta está vacía, pero puedes añadir alguna de nuestras revistas o suscripciones.

Ver productos

El caso de Singapur: SkillsFuture

SkillsFuture Singapore (SSG) es una comisión gubernamental dependiente del Ministerio de Educación de Singapur. Impulsa y coordina la aplicación de la iniciativa nacional SkillsFuture, para promover una cultura y un sistema global de aprendizaje permanente.

Esto se lleva a cabo mediante la búsqueda del dominio de las aptitudes y el fortalecimiento del ecosistema de la educación y la capacitación de calidad en Singapur. Desde los estudiantes hasta los empleados, para todos aquellos que desean hacer la transición digital, Singapur ha elaborado 34 marcos de aptitudes (https://www.skillsfuture.sg/skills-framework) que ayudan a los empleadores a desarrollar mejores capacidades en la fuerza de trabajo.

Junto con las instituciones educativas y otros socios colaboradores en materia de educación, la SSG garantiza que los estudiantes y los adultos que trabajan tengan acceso a una capacitación de alta calidad y adecuada para la actividad profesional durante toda la vida. Así, la SSG reúne las sinergias de la educación y la capacitación continuas (CET por sus siglas en inglés), la capacitación previa al empleo (PET por sus siglas en inglés) y la industria con el fin de garantizar que se cumplan los requisitos de aptitudes en los diferentes sectores de la economía. (Véase https://www.ssg-wsg.gov.sg/about.html).

Para que todos los naturales de Singapur pudieran acceder a esta capacitación adecuada durante su vida laboral, cada singapurense de 25 años o más recibió un crédito de 500 dólares en 2016 que se ha ampliado en 2020 (Véase:  https://www.skillsfuture.sg/credit).

El sector de la educación y la formación continuas ha seguido funcionando con éxito durante la crisis de la COVID-19. A partir del 7 de abril de 2020 se ordenó a los centros de educación y formación permanentes de Singapur que impartieran sus cursos mediante aulas virtuales y otras formas de aprendizaje en línea, salvo en casos excepcionales específicamente aprobados. Esto significó que todos los centros de formación, incluidos los centros de formación interna, estaban obligados a adoptar disposiciones para incorporar las infraestructuras, la instrucción pedagógica, el plan de estudios, la capacitación y la evaluación adecuadas a los modos de aprendizaje online. Nuestros centros CET ya estaban impartiendo formación por diferentes formatos (online incluido) antes de la COVID-19, de modo que la transición fue sencilla para el sector.

SkillsFuture Singapore (SSG) garantiza que los estudiantes y los adultos que trabajan tengan acceso a una capacitación de alta calidad y adecuada para la actividad profesional durante toda la vida

El paquete de empleos y aptitudes del SGUnited  (https://www.ssg-wsg.gov.sg/sgunitedjobsandskills.html) es un conjunto de medidas de apoyo que tiene por objetivo ayudar a unos 100.000 singapurenses, incluidos los afectados por la situación de COVID-19. Las iniciativas ayudarán a los singapurenses a adquirir aptitudes y competencias relacionadas con el empleo y a acceder a mayores oportunidades de trabajo.

Las principales iniciativas son las siguientes:

– Aumento de las oportunidades de trabajo: La iniciativa SGUnited Jobs se amplía, con el objetivo de crear 40.000 puestos de trabajo en 2020 -15.000 de los cuales en el sector público- para cubrir una gran variedad de funciones a largo y corto plazo que satisfagan las demandas inmediatas y futuras.

Aumento de prácticas: El programa de prácticas (SGUnited Traineeships programmese introdujo en los Presupuestos de Recuperación de marzo de 2020, con el fin de ofrecer a los recién graduados la oportunidad de adquirir una valiosa experiencia relevante para la industria y el mercado laboral, así como para crear redes profesionales, en el contexto de las escasas contrataciones que se estaban llevando a cabo durante la crisis de la COVID-19. El WSG (Workforce Singapore) cofinancia el 80% del subsidio de formación para los que disfruten de las prácticas y el resto lo financia la organización de acogida.

– Programa para personas en la mitad de su vida profesional: Este programa (SGUnited Mic-Career Pathwayse introdujo para ofrecer oportunidades de formación y capacitación en empresas y organismos del sector público a personas en la mitad de su vida profesional. Permite elegir entre las modalidades de adscripción o formación.

Adscripción: Proporciona oportunidades a las personas en la mitad de su carrera para asumir una vinculación con una empresa u organización de acogida y obtener una experiencia significativa relevante para la industria a la hora de impulsar la empleabilidad, mientras recibe un subsidio de hasta 3.000 dólares.

– Formación a tiempo completo de entre seis y doce meses: En sectores que pueden ofrecer oportunidades de empleo a medida que la economía se recupera, como las tecnologías de la información y las comunicaciones y la industria manufacturera. Los alumnos recibirán un subsidio mensual de capacitación de 1.500 dólares, sujeto a los criterios de elegibilidad, durante la duración de su formación; así como asesoramiento profesional y asistencia para el empleo mientras buscan trabajos adecuados donde puedan poner en práctica sus recién adquiridas habilidades.

– Programa para la capacitación y el apoyo laboral: El programa de habilidades SGUnited es un programa de formación a tiempo completo que va de seis a doce meses. El programa comprenderá cursos certificables impartidos por centros de educación y formación continua (CET), incluidos instituciones de enseñanza superior.

Los cursos de capacitación están diseñados en colaboración con el mercado laboral para ayudar a quienes se inscriban a adquirir las aptitudes pertinentes para la industria y que pueden mejorar sus posibilidades de empleo. Los estudiantes también podrán aplicar los conocimientos adquiridos durante el programa mediante oportunidades de inmersión en los lugares de trabajo y en proyectos industriales.

(Traducción del inglés: Pilar Gómez)

La universidad en el 2040

Si algo hemos aprendido en los últimos meses es que el futuro es incierto y todo puede cambiar de forma repentina e inesperada. Desde marzo 2020 todos nos hemos visto obligados a repensar el mundo en el que vivimos: Nuestros sistemas sanitarios y laborales, nuestras economías y patrones de movilidad y por supuesto también nuestra educación.

La educación superior no ha sido inmune a estos cambios. Una vez normalizado el apresurado cambio de clases presenciales a un modo online y hechos los ajustes operativos necesarios, es deber de las universidades tomar esta profunda crisis como un punto de inflexión y de reflexión en el cual repensar su papel en la sociedad futura.

Se comenzó una iniciativa en 2017 en la que se recopilaron las visiones de líderes de educación superior, de los gobiernos, del mundo empresarial y de la sociedad civil sobre la universidad en 2040

Con la idea de explorar las universidades del futuro, se comenzó una iniciativa en 2017 en la que se recopilaron las visiones de líderes de educación superior, de los gobiernos, del mundo empresarial y de la sociedad civil sobre la universidad en 2040. El resultado hasta ahora ha sido la publicación de The Futures of Universities Thoughtbook (www.futureuniversities.com) en cuatro versiones: edición Europa (2017), edición Australia (2018), edición EE.UU./ Canadá (2019) y edición Universidades en tiempos de crisis (2020); a las que hay añadir la versión de México actualmente en ejecución.

Este artículo ofrece las contribuciones que los más de 150 expertos y representantes de otros grupos de interés han realizado en las cuatro ediciones de The Futures of Universities Thoughtbook. Las características de las universidades del futuro más comúnmente mencionadas en las contribuciones se han extraído y clasificado para diseñar los cinco objetivos principales de las universidades en 2040.

Estas cinco funciones no son exclusivas ni independientes, de hecho, algunas de ellas están íntimamente relacionadas. Tampoco cubren todas las actividades que las universidades del futuro pueden llevar a cabo, pero dan una idea de las visiones actuales sobre la evolución de las universidades y pueden inspirar conversaciones estratégicas en un momento crítico como el actual. Estos cinco objetivos son:

Talent-engine: Desarrollar y validar competencias relevantes de los estudiantes.

Life partner: Incrementar y mejorar las habilidades de la sociedad a lo largo de la vida.

Discovery: Desarrollar una investigación visionaria y colaborativa de vanguardia.

Home Base: Crear un espacio abierto de intercambio para el trabajo colaborativo en la región.

Launch-pad: Posicionarse como la base emprendedora para estudiantes, académicos, empresas y sociedad.

Los vamos a desarrollar, con detalle, a continuación.

LA REVOLUCIÓN DE LAS PEDAGOGÍAS TRADICIONALES

Talent-engine. Este primer rol se centra en el desarrollo y la validación de competencias relevantes en los estudiantes para prepararlos para toda su carrera profesional, bien como empleado, empleador o autoempleado, así como para ser mejores ciudadanos.

En Talent-engine los exámenes basados en memoria se convierten en proyectos y desafíos y muchos contenidos se gamifican para que el aprendizaje sea más lúdico

Esto comienza por cambios importantes en las pedagogías tradicionales. Las clases magistrales se convierten en seminarios, talleres, proyectos y mentorías centrados en el alumno, aplicando modalidades híbridas y de aula invertida con profesores convertidos en facilitadores y mentores. Los exámenes basados en memoria se convierten en proyectos y desafíos, y muchos contenidos se gamifican para que el aprendizaje sea más lúdico y apegado a la realidad. Los modelos de aprendizaje se expanden del autoaprendizaje al aprendizaje entre pares, guiado, aplicado y mixto. Así, cada estudiante utiliza aquel aprendizaje que mejor se adapta a sus necesidades y preferencias.

En cuanto al contenido, más allá del conocimiento técnico y disciplinar, la universidad se encarga del desarrollo de habilidades transversales o blandas (por ejemplo: colaboración, resolución de problemas complejos, creatividad, innovación, autoaprendizaje, etc.) que ya comenzaron a ser desarrolladas en niveles de educación inferiores. Entre ellas destacan la colaboración, la resiliencia, la capacidad de aprendizaje, la innovación, las habilidades emprendedoras y las digitales.

Al mismo tiempo, el currículo se flexibiliza y el alumno elige, con la guía de un tutor, entre una serie de cursos, distintas disciplinas para formar su propio perfil que le diferencia y prepara para el futuro. Es común mezclar, por ejemplo, módulos de derecho, ética y tecnologías de la información; o ingenierías con administración de empresas o medicina. La educación se hace más relevante formando talento que sepa combinar diferentes disciplinas y enfoques, por ejemplo, formar líderes de ingeniería capaces de desarrollar soluciones de movilidad sostenible equilibrando los aspectos medioambientales, sociales y económicos. No solo se pueden elegir asignaturas de la universidad, sino también otras preautorizadas de distintas universidades y organizaciones externas.

El currículo no lo diseñan los docentes de forma aislada, sino que lo codiseñan junto con un amplio grupo de empleadores y representantes de la sociedad civil para incrementar la relevancia del mismo. Este currículo debe incluir no solo conocimiento y habilidades necesarias para el mercado laboral actual, sino aquellas que van a ayudar a los graduados a adaptarse al mercado laboral futuro y, en términos generales, a ser mejores ciudadanos. Esta universidad defiende y hace un creciente uso de recursos educativos online abiertos de alta calidad.

Estos representantes de la industria y la sociedad civil también participan en la implementación del currículo. Es decir, se involucran para dar charlas extracurriculares, como ponentes invitados, como profesores de prácticas o de asignaturas completas. Complementan la formación teórica con la experiencia práctica, abren una ventana para que los estudiantes conozcan qué está sucediendo en el mundo laboral y los inspiran a continuar sus estudios. Las organizaciones también participan abriendo sus puertas a la realización de prácticas, proyectos o retos que permitan una transferencia de conocimiento hacia sus organizaciones. De esta forma, los estudiantes desarrollan valiosas relaciones con las organizaciones que pueden favorecer su acceso al empleo.

Otra actividad esencial para esta universidad es la validación del conocimiento y las habilidades que se han adquirido dentro o fuera de la universidad, antes, durante o después de sus estudios. Esta validación visibiliza las habilidades de los individuos más allá de su título académico, y les permite comunicar no solo lo que saben, sino lo que saben hacer con su formación, lo cual favorece un mejor funcionamiento del mercado laboral.

LA NOCIÓN DE ESTUDIANTES SE EXPANDE

El segundo rol de las universidades del futuro, Life partner, se concentra en el incremento y la mejora de las habilidades de los miembros de la sociedad a lo largo de sus vidas, con el fin de que puedan afrontar con éxito los retos de un mundo cambiante.

Más allá de los estudiantes tradicionales que comienzan sus estudios universitarios directamente después de la enseñanza secundaria y antes de tener experiencia laboral, la noción de estudiantes se expande para incluir individuos en todas las etapas de la vida.

Estas universidades interactúan con jóvenes en etapas anteriores de la educación (colegios, institutos) a través de cursos que fomentan, por ejemplo, ciertas vocaciones (como las STEM) o ayudan a costear la matrícula universitaria de estudiantes desfavorecidos. De la misma forma, la universidad abre sus puertas a los jubilados que quieren seguir formándose en cualquier disciplina, ejerciendo como mentores de estudiantes y emprendedores o contri- buyendo a la sociedad, por ejemplo, a través de programas de emprendimiento social.

Entre estos dos perfiles, están aquellos adultos que buscan mejorar su conocimiento, reforzar sus habilidades actuales o aprender nuevas habilidades que les permitan encontrar o mantenerse en un puesto de trabajo; promocionar; cambiar de sector; o reinventarse de cualquier otro modo en el mundo laboral, así como aquellos que simplemente tienen un interés intelectual en algún área o tema específico. El nuevo conocimiento regularmente actualizado, la inclusión de habilidades transversales en todos los programas, las nuevas pedagogías y la flexibilidad en el aprendizaje hacen de las universidades una opción atractiva para individuos en cualquier momento de sus vidas.

El concepto de graduado, egresado o antiguo alumno desaparece y las universidades adaptan su oferta educativa al estudiante permanente

El concepto de graduado, egresado o antiguo alumno desaparece y las universidades adaptan su oferta educativa al estudiante permanente.  Para ello, incrementan sus programas profesionales o ejecutivos y multidisciplinares.  Además, modulan su oferta con cursos cortos reconocidos con una credencial independiente (microcredenciales) que los estudiantes pueden elegir libremente según sus intereses y necesidades y que pueden ser acumulados para así obtener una credencial de mayor rango (licenciatura, maestría o doctorado).

En este contexto, y apoyadas en la tecnología, las universidades están abiertas permanentemente y se flexibilizan para facilitar que los estudiantes comiencen, dejen y retomen sus estudios en cualquier momento, organicen su aprendizaje de diferentes formas (por ejemplo, incluyendo conferencias online, participando en espacios de co-working), y decidan cuándo completan el trabajo de sus cursos (como clases nocturnas, cursos híbridos u online, cursos de diferente duración, a tiempo parcial o completo) y qué módulos del curso pueden seleccionar de otros programas (experiencias interdisciplinarias y extracurriculares). Estas universidades fomentan, en todo momento, la capacidad de autoaprendizaje para permitir que los individuos sigan aprendiendo a lo largo de la vida.

INVESTIGACIÓN VISIONARIA Y COLABORATIVA

El tercer rol, Discovery, se centra en el desarrollo de una investigación visionaria y colaborativa de vanguardia para incrementar su contribución al desarrollo económico y social.

El punto de partida es la existencia de un gran potencial desaprovechado por las universidades para contribuir a la sociedad a través de su conocimiento, tecnología y capital humano investigador. Por ello, estas universidades se centran en la creación, el intercambio y el desarrollo del conocimiento, y también actúan como agentes facilitadores y coordinadores de las redes de conocimiento involucrando estudiantes, investigadores, profesionales, empleadores, agencias gubernamentales y otros actores sociales.

Las universidades llevan a cabo tanto investigación básica como aplicada, que amplía los límites del conocimiento, a la vez que se enfrenta a los problemas o retos regionales o mundiales. Son comunes los centros de investigación o institutos interdisciplinares con equipos de vanguardia, que acogen a investigadores de diferentes materias y logran innovación colaborativa imposible de realizar individualmente. Con frecuencia, estos centros también incluyen investigadores de otras universidades, de la industria y del gobierno, cuyas organizaciones también participan en la financiación de la infraestructura y el equipamiento del centro.

La participación de grupos sociales en la investigación no es una excepción y es particularmente útil para la identificación de problemas. Estos investigadores también tienen contacto frecuente con emprendedores; y existen emprendedores residentes que trabajan temporalmente junto con los investigadores en temas de su interés y que pueden complementar su conocimiento y experiencia. Los modelos de colaboración para la investigación son muy diversos, pero la ubicación de diversos grupos de interés con experiencia y conocimiento complementarios que trabajan en unas mismas instalaciones crea una gran cantidad de sinergias y mejora exponencialmente los resultados de la investigación y su impacto.

Con el rol de Home-Base las universidades toman un papel proactivo en la creación y el desarrollo de redes de colaboración para la interacción regional

Las universidades apoyan profesionalmente a los investigadores en la potencial comercialización de los resultados, así como en su inserción en publicaciones científicas y su difusión en otros formatos que llegan a un público más amplio. Los campus universitarios se convierten en espacios inteligentes e interactivos donde se prueba y se muestra parte de la investigación que se realiza en la universidad. En ellos, son comunes las plataformas donde se muestra la investigación a la industria y la sociedad de una forma más ordenada, simple, tangible y atractiva.

INTERLOCUTOR COMPROMETIDO EN EL DESARROLLO REGIONAL

En el cuarto rol, Home-Base, la universidad del futuro se convierte en un espacio abierto de intercambio para el trabajo colaborativo en la región. Con esta perspectiva basada en el ámbito local, las universidades son un interlocutor y socio legítimo en su región, un actor respetado y apreciado que se posiciona como un punto de encuentro para la interacción formal e informal, así como el trabajo conjunto en educación, formación continua, mentoría, investigación o emprendimiento de los principales actores de la región: estudiantes, académicos, institutos de investigación, emprendedores, empresas, gobierno y otros grupos de interés.

La universidad abre sus puertas y se convierte en un lugar de experimentación colectiva y de cocreación entre los grupos de interés. Un laboratorio de innovación seguro para trabajos colaborativos y un punto de encuentro personal de cuyas interacciones se espera surjan nuevos proyectos. Por ejemplo, estudiantes conviven con startups y empresas, facilitando el acceso a mentores y prácticas; o investigadores conviven con miembros de la comunidad para orientar su investigación a la solución de problemas regionales. Los campus se diseñan cuidadosamente y con espacios flexibles para que se sientan en casa no solo los estudiantes y académicos, sino también el resto de los actores.

Estas universidades están muy comprometidas con el desarrollo regional y toman un papel proactivo en la creación y desarrollo de redes de colaboración para la interacción regional. Esta universidad es parte central de un ecosistema de innovación regional, que se puede traducir en una localización física conjunta, bien en un parque científico o tecnológico o bien en un distrito de innovación. En este caso, la universidad aprovecha la alta densidad de estos espacios para fomentar encuentros formales e informales de académicos y estudiantes con el resto de los actores regionales.

Está más que demostrado que una universidad tradicional que no se reinvente va a terminar por ser irrelevante para la sociedad actual

Este compromiso de las universidades con la sociedad donde operan se traduce en un alto impacto en sus regiones. Las universidades contribuyen al bienestar social económico, ambiental y cultural de las comunidades de varias formas:

-a través de la formación de capital humano cualificado;

-la aplicación de los resultados de la investigación;

-la atracción de talento;

-la creación de empleos;

-el pago de impuestos, etc.

Sin embargo, en 2040 muchos de los lugares de interacción ya no son físicos. Estas universidades están libres de la lógica del espacio físico y son capaces de conectar a individuos y organizaciones de todo el mundo para investigación y educación digitalmente de manera sincrónica o asincrónica, multiplicando exponencialmente su potencial impacto.

PUNTO DE PARTIDA PARA EL EMPRENDIMIENTO

En rol de Launch-Pad, la universidad se convierte en una base para el emprendimiento de estudiantes, académicos, empresas y la sociedad en general. La universidad es la principal fuente de nuevo conocimiento, investigación y tecnologías que pueden ser escalables y comercializables. Al mismo tiempo, se forma al talento que puede sacar el mayor partido de este conocimiento y tecnologías. En este rol, la universidad pretende aprovechar su capital humano y sus recursos para incrementar su impacto social, contribuyendo al desarrollo a través de la innovación y el empleo de calidad.

En este contexto, la universidad tiene un papel importante para lanzar nuevas empresas creando oportunidades para que todos conciban, prueben, lancen y escalen sus operaciones. La universidad apoya a spin-offs de académicos para llevar resultados de investigación al mercado, así como start-ups para que estudiantes exploten sus ideas innovadoras. Al mismo tiempo, abre sus puertas para dar apoyo a pequeñas y medianas empresas y scale-ups regionales.

Con ese fin, se invierte para crear un ambiente ideal de apoyo. Este se compone de lugares físicos y virtuales de emprendimiento e innovación, como centros de innovación, maker spaces, fablabs, incubadoras, aceleradoras y espacios de co-working. Estos centros, a su vez, también acogen a miembros de la comunidad, así como a emprendedores y empresas externas y ejercen como nodo para crear sinergias entre diversos actores de dentro y fuera de la universidad. Al mismo tiempo, son parte de redes de empresas innovadoras, inversores y otros actores interesados.

Estos lugares están liderados por profesionales con la experiencia, el conocimiento y las capacidades necesarias para guiar a los emprendedores en las distintas etapas de desarrollo de su negocio y conectarlo con inversores y con mentores de dentro y fuera de la universidad. Estos profesionales también coordinan formación de todos los emprendedores. Para incrementar las probabilidades de éxito, todos los emprendedores, y aquellos miembros de comunidad que lo soliciten, reciben una sólida formación en emprendimiento e innovación, que se extienden desde la creatividad y la mentalidad innovadora hasta los aspectos más técnicos y operativos de la creación y gestión de empresas.

Todos los estudiantes toman clases de habilidades emprendedoras e innovación, que le serán útiles en su carrera profesional, independientemente de si quieren ser emprendedores o no. Estas habilidades están integradas en el modelo de la universidad, junto con otras habilidades transversales.

REFLEXIONES FINALES

Tradicionalmente se conoce a las universidades como torres de marfil y se les acusa de apenas haber cambiado en los últimos siglos. Por tanto, los expertos son conscientes de que se necesitan reformas profundas que deben comenzar por simplificar las estructuras y agilizar la burocracia universitaria para proporcionar un servicio más rápido y eficaz. Posteriormente, los cambios reales necesitan de la creación de una cultura de innovación dentro de la universidad que incluya todas sus funciones y misiones. Este proceso de transformación no estará exento de resistencia por parte de algunos académicos y gestores, pero está más que demostrado que una universidad tradicional que no se reinvente va a terminar por ser irrelevante para la sociedad actual y futura y esa falta de relevancia le hará desaparecer. Por tanto, si no se arriesga, se arriesga mucho más.

El futuro es imposible de predecir, pero contar con la opiniones y visiones de un gran número de líderes de opinión y expertos ayuda a visualizar una universidad en 2040. La universidad del futuro está tocando a la puerta y está en nuestras manos moldearla. No se espera que las universidades adopten cada uno de estos cinco roles proactivamente, pero sí que comiencen un diálogo honesto sobre la universidad que quieren ser en el futuro y cuál puede ser el proceso para llegar hasta allí. Aunque existirán diferentes modelos, la que tendrá éxito en 2040 será la universidad innovadora y emprendedora, que de forma colaborativa ponga su conocimiento, tecnología y capital humano al servicio de un desarrollo sostenible que contribuya a un mejor futuro del planeta.

Victoria Galán Muros es CEO y confundadora de Innovatives Futures Institute

Todd Davey es cofundador de  Innovatives Futures Institute y profesor de Institut Mines-Telecom Bussines School

El maestro Chaves Nogales que estaba allí

El editor Ignacio F. Garmendia califica la publicación de la obra completa de Manuel Chaves Nogales como “el rescate más espectacular de la reciente historia de la literatura española”. Encontrar, situar en contexto y editar en cinco tomos la obra dispersa del periodista sevillano, después de 80 años de olvido, parece, en efecto, una “resurrección”, como indica el propio Garmendia.

Obra completa. Chaves Nogales. Libros del Asteroide, Barcelona 2020, 3.364 págs. 94'95 €
Obra completa. Chaves Nogales. Libros del Asteroide, Barcelona 2020, 3.364 págs. 94’95 €

Se trata de nueve libros, ordenados cronológicamente: La ciudad  (1921), Narraciones maravillosas y biografías ejemplares  (1924), La vuelta a Europa en avión. Un pequeño burgués en la Rusia roja  (1929), La bolchevique enamorada (1930), Lo que ha quedado del Imperio de los zares (1931), El maestro Juan Martínez que estaba allí (1934), Juan Belmonte, matador de toros (1935), A sangre y fuego (1937) y La agonía de Francia (1941), además de series de reportajes como sus crónicas de la Alemania nazi o los relatos de la defensa de Madrid. A los que hay que añadir 68 piezas breves nunca antes publicadas en volumen. 

 «Es comparable a George Orwell, Vasily Grossman y Albert Camus», afirma Antonio Muñoz Molina

Esas casi 4.000 páginas constituyen el elocuente testimonio de la calidad literaria de un periodista y escritor injustamente olvidado. Un escritor comparable a “George Orwell en Inglaterra, Vasily Grossman en la URSS, y Albert Camus en Francia”, como llega a decir Antonio Muñoz Molina, prologuista junto con Andrés Trapiello de la Obra Completa.

Nacido en Sevilla en 1897, Manuel Chaves Nogales se inició muy joven en el periodismo. Trabajó en diarios de Andalucía, y pronto se trasladó a la capital de España, con su mujer, Ana Pérez, y su primera hija (el matrimonio tendría tres hijos más). Fue redactor jefe del Heraldo de Madrid; y en 1927 ganó el Premio Mariano de Cavia por el  reportaje La llegada de Ruth Elder a Madrid, la primera mujer que cruzó en solitario el Atlántico en avión. 

Ya había dejado constancia de su ambición literaria en un libro primerizo, escrito a los 24 años, La ciudad (1921). Se trataba de una miscelánea con Sevilla como telón de fondo, entre el ensayo, la estampa costumbrista e incluso el reportaje social. Su discípula, la periodista Josefina Carabias, dirá años más tarde que el libro “estaba inundado de un lirismo juvenil, del que sabía que tendría que desprenderse según avanzara en la carrera de reporter internacional”.

Y eso fue exactamente lo que hizo Chaves en sus trabajos en La estampa y La Gaceta literaria, con los que renueva el reporterismo. En su obsesión por “contar y ver” como testigo directo, estuvo en el Berlín nazi, la Rusia soviética, la Roma fascista, y recogió sus vivencias en reportajes que se incluyen en la Obra Completa.

Entrevistó a Goebbels “un tipo ridículo, grotesco; con su gabardinita y su pata torcida…”

Se puede apreciar en todos ellos que jamás escribía de oídas, que acudía a los escenarios y a las fuentes. Escribió la biografía de Juan Belmonte, tras largas entrevistas con el célebre diestro; entrevistó entre otros a Alfonso XIII, el Negus Haile Selassie, Maurice Chevalier, Charles Chaplin o Goebbels, el ministro de Propaganda de Hitler, al que describe como “un tipo ridículo, grotesco; con su gabardinita y su pata torcida…” (…) “hay en él la misma capacidad de sugestión y de dominio que en todos los grandes iluminados, en todos esos tipos nazarenoides de una sola idea encarnizada, Robespierre o Lenin”.

En Lo que ha quedado del imperio de los zares “descubre” a una jovencísima y desconocida Irene Nemirovski, emigrada a París tras huir de los bolcheviques. La que, andando el tiempo, fue autora de la Suite francesa, cuenta cómo estar encerrada en su casa de Moscú, rodeada de libros de Maupasant u Oscar Wilde, mientras fuera arreciaban los combates, hizo nacer en ella la vocación de escritora. 

Y entrevista a un testigo clave de la Revolución rusa, Alexander Kerenski -presidente socialista del Gobierno provisional tras la caída del zar Nicolás-, que le cuenta cómo los bolcheviques de Lenin se llevaron por delante un proyecto prometedor de sistema constitucional para Rusia.

Todas esas entrevistas y semblanzas constituyen, según Muñoz Molina, una “galería de retratos tan definitivos como instantáneas de fotógrafo”.

Repudió  el alzamiento franquista del 18 de julio del 36. Pero tampoco aprobaba los desmanes del Frente Popular, ni sus coqueteos con la URSS

De 1931 a 1936 será director de Ahora, diario afín a Manuel Azaña. En esa época, hace reportajes sobre la Revolución de Asturias, y escribe dos de sus libros más representativos, la biografía de Belmonte y El maestro Juan Martínez que estaba allí.

Era simpatizante de Izquierda Republicana, el partido de Azaña; y se definía como “un pequeño burgués liberal, ciudadano de una república democrática y parlamentaria”. Repudió  el alzamiento franquista del 18 de julio del 36. Pero tampoco aprobaba los desmanes del Frente Popular, ni sus coqueteos con la URSS. De modo que fue incomprendido por los republicanos y perseguido por los franquistas.  Por eso no se editaron sus obras durante 70 años -con alguna aislada excepción como A sangre y fuego, publicada por la Diputación de Sevilla en los años 90 o su biografía de Juan Belmonte, por Alianza en los años 70-. 

Laico, ilustrado, republicano, pertenece Chaves Nogales a esa tercera España de Clara Campoamor, Madariaga, Sánchez Albornoz, Besteiro, la del  Ortega de “No es esto, no es esto” o la de Julián Marías que describía así a los bandos enfrentados en la Guerra Civil: “los justamente vencidos; los injustamente vencedores” 

La prueba de que tampoco le gustaba la deriva antidemocrática de la II República es que se exilió al comienzo de la Guerra, cuando el gobierno de Largo Caballero cayó bajo la esfera de influencia de la URSS -que él conocía de primera mano después de sus estancias en Rusia-. En noviembre de 1936, con la huida del Gobierno a Valencia, comprobó que “la República había dejado de existir como régimen democrático” como apunta Trapiello. Y ni siquiera él mismo estaba seguro: “un hombre como yo había contraído méritos bastantes para haber sido fusilado por los unos y los otros”. Pero dejó un impresionante testimonio de la guerra fratricida en su libro A sangre y fuego.

Siguió batiéndose por la libertad, desde el exilio, primero en Francia -donde se marcha llevándose a su familia- y luego en Gran Bretaña. Y siempre con la pluma: colaboró desde París en medios como  L´Europe Nouvelle, Candide, France Soir, y en periódicos de América Latina; y montó una publicación artesanal, Sprint, con noticias sobre España que le contaban los exiliados que llegaban a Francia. 

Fichado por la Gestapo, pocos días antes de que la Wehrmacht entrara en París, el periodista huye a Burdeos y desde allí a Londres

Fichado por la Gestapo, pocos días antes de que la Wehrmacht entrara en París, el periodista huye a Burdeos y desde allí a Londres, mientras su mujer y sus hijos regresan a España. En la capital británica monta una agencia de noticias, The Atlantic Pacific, y colabora en el Evening Standard y en los servicios extranjeros de la BBC. Allí “siguió siendo republicano (lo que no le perdonaron los fascistas) y siguió siendo periodista (lo que no le perdonaron los comunistas)” como sintetiza Trapiello. 

Nunca llegó a ver cómo se hacían realidad los ideales por los que luchó desde el pacífico frente de la linotipia: murió a los 46 años, de una peritonitis, en 1944, un año antes de que los aliados ganaran la II Guerra Mundial y naciera la Europa contemporánea; y tres décadas antes de la Transición de España a la democracia.

PRECURSOR DEL NUEVO PERIODISMO

Leyendo El maestro Juan Martínez que estaba allí o A sangre y fuego, no es fácil concluir si estamos ante novelas o reportajes. ¿Cuánto hay de escritor en Chaves Nogales y cuanto de periodista? Criado en el taller de una Redacción desde los 17 años, no renunciará nunca al relato de los hechos, “pero tampoco a contarlos de una manera literaria” como observa Trapiello. Fórmula (hechos más técnica de novela) que se anticipa 30 años al Nuevo Periodismo y la novela de no-ficción, de Truman Capote y Gay Talese, como apunta Muñoz Molina. Una fórmula que se reveló exitosa en el periodismo español de los años 30, con firmas como Josep Pla o Josefina Carabias. Aunque a diferencia de Tom Wolf y compañía, Chaves Nogales “tenía mucha conciencia de artesano y muy poca conciencia de autor” -según Juan Bonilla-.

El género que mejor se aviene a esa fórmula es el reportaje

Y el género que mejor se aviene a esa fórmula es el reportaje. Varios de sus  libros son recopilaciones de reportajes que se publicaron a modo de serial, como El maestro Juan Belmonte que apareció como folletón en la revista Estampa. Y hasta A sangre y fuego, revestida con un estilo más literario, se nutre de hechos: “cada uno de sus nueve episodios -dirá el autor- tiene una existencia real, que solo en razón de la proximidad de los acontecimientos se mantiene discretamente velada”.

Reportajes son las piezas tan características de Chaves Nogales como La agonía de Francia, que narra como testigo directo de la invasión alemana, La vuelta a Europa en avión, o Lo que queda del imperio de los zares. Nada cuenta que no haya vivido él. Vivido, sufrido, olido, sentido. Si habla del miedo de Juan Martínez a los bolcheviques es porque el propio Chaves lo ha pasado; y lo mismo se puede decir del hambre, del exilio, o de la incertidumbre sobre el futuro, bajo las bombas de la aviación franquista en Madrid, o en el barrio de Montrouge (París) huyendo de la Guerra Civil sin saber si algún día regresaría a España. 

Chaves Nogales pertenece a una generación de reporteros-literatos., como Ramón J. Sender, Ruano, Camba o Jacinto Miquelarena, y construye su edificio literario con materiales sacados de la linotipia. 

Terminaría sus días en Fleet Street, la calle londinense de los periódicos, “caudaloso río de tinta y de esa sustancia indefinible que es la noticia”

Si algo queda claro en la Obra Completa es su pasión por ver y contar, su amor al periodismo, heredado de su padre, Manuel Chaves Rey periodista de El Liberal de Sevilla, y fraguado cuando a los 17 años queda huérfano y simultanea sus estudios de Filosofía y Letras con el trabajo en una Redacción. Chaves Nogales terminaría sus días trabajando en Fleet Street, la calle londinense de los periódicos, “caudaloso río de tinta y de esa sustancia indefinible que es la noticia” en la delegación de la revista cubana Bohemia. En Londres pasará la última etapa de su vida, donde murió en mayo de 1944, solo un mes antes del desembarco en Normandía. 

Una de sus últimas crónicas describe el clima trepidante de Fleet Street: “Entre el martilleo monótono de los teletipos pasa la madrugada estremecida por el flash de una nueva batalla en el frente oriental o en África (…) A lo largo de toda la calle, se percibe el zumbido sordo, subterráneo de las cien rotativas que van vomitando los millones de ejemplares que centenares de camiones llevan a los trenes de Prensa para que mañana a las ocho cada inglés tenga su periódico junto al breakfast”.

___________________________________________________

CINCO OBRAS  REPRESENTATIVAS DE CHAVES NOGALES

1. NARRACIONES MARAVILLOSAS Y BIOGRAFÍAS EJEMPLARES (1924)

Son relatos cortos pero no son pura evasión sino documentos sociológicos de la España de los años 20. Muchas de ellos toman pie de sucesos aparecidos en la prensa, que reflejan la penosa situación del campo andaluz o manchego o la dureza de los obreros en la gran ciudad. Historias marcadas por la fatalidad de vampiresas cosmopolitas, chicas humildes abocadas a acabar de sirvientas o de prostitutas, pistoleros, anarquistas, camorristas, caciques, señoritos, oficinistas. “El ruedo ibérico” dirá Trapiello. Un universo compuesto también por padres de familias, ahogados de trabajo y deudas para sacar la prole adelante y, en general, de “hombres de buena voluntad, incapaces de detener el siniestro goteo de muertos y desdichas de la trágica clepsidra”.

Algunos otros resultan relatos distópicos, como “El desastroso fin de la humanidad” donde se anticipa al envejecimiento de la población y la fecundación in vitro; y otros, en fin, son retratos simplemente humorísticos, con un trasfondo pesimista, como “El muerto insepulto y transeúnte”, “Las mil pesetas que hay en el mundo” o “El purgatorio de los tontos”. El conjunto refleja la maestría de un joven Chaves Nogales -27 años- en su objetivo confesado de «despersonalizar al héroe literario para humanizarlo».

2. EL MAESTRO JUAN MARTINEZ QUE ESTABA ALLÍ (1934)

El periodista dio en un café de París con un bailaor flamenco de Burgos (¿?) que le contó su accidentada peripecia, desde la Constantinopla anterior a la Gran Guerra, hasta el Moscú de la revolución bolchevique. Y supo aprovechar la mina de información en un relato que se publicó en veintisiete entregas, a modo de folletón, y posteriormente como libro. Poniéndose en la piel de Juan Martínez, Chaves Nogales narró en primera persona las aventuras del bailaor y Sole, su mujer, en unas páginas llenas de pintoresquismo y humanidad. Reflejó a través de personajes del mundo de los cabarés o de la farándula, como el payaso español Zerep (Pérez), acontecimientos como la caída de Nicolás II, el Gobierno menchevique de Kerenski, la llegada de los bolcheviques y el horror de la guerra civil rusa, en la que “los rojos asesinaban y robaban a los burgueses, y los blancos asesinaban a los obreros y robaban a los judíos”.

El resultado es un libro difícil de clasificar, que refleja el naufragio de un mundo (el de los  imperios otomano, ruso y austrohúngaro), y que contempla con irónico distanciamiento el sinsentido de las revoluciones. Como apunta Andrés Trapiello “no deja de ser curioso que una revolución tan trascendente como la soviética la relate un especialista en castañuelas”.

3. JUAN BELMONTE, MATADOR DE TOROS (1935)

El autor de una de las mejores biografías taurinas jamás había pisado un ruedo; pero se documentó, como siempre de primera mano, y narró, punto por punto, la trayectoria de Juan Belmonte (1892-1962), llamado el Pasmo de Triana, y considerado el fundador del toreo moderno. Desde su infancia humilde en Sevilla, de hijo de quincallero; su bautismo taurino cuando a los once años se pone delante de un becerro (“Recuerdo la primera impresión que me produjo ver de cerca aquel bulto inquieto, que se revolvió y correteaba detrás de nosotros”); hasta sus días de gloria; sus grandes faenas en los cosos de México o Perú; el miedo a la muerte; sus amoríos; o su rivalidad a lo largo de 257 tardes, con José Gómez Ortega, Joselito, el otro gran diestro de la época. 

Como hiciera con el Maestro Juan Martinez, Chaves Nogales toma prestada la voz de Belmonte y cuenta en primera persona lo que ve y siente, captando su personalidad de hombre hecho a sí mismo y de torero filósofo («Hay que ofrecer gallardamente al Destino el sitio donde pueda herirnos»). Una idiosincrasia que refleja la famosa anécdota que el torero tuvo con Valle-Inclán. “Don Ramón era para mí un ser casi sobrenatural. Se me quedaba mirando mientras se peinaba con las púas de sus dedos afilados su barba descomunal y me decía con gran énfasis:

-Juanito, no te falta más que morir en la plaza.

-Se hará lo que se pueda don Ramón -contestaba yo modestamente”.

4. A SANGRE Y FUEGO (1937)

Chaves Nogales refleja en A sangre y fuego las atrocidades de los dos bandos. Fundamentalmente del franquista pero también del republicano. Son los héroes, bestias y mártires de España como reza el subtítulo del libro. Los once relatos (dos de los cuales eran inéditos en forma de libro)  son otras tantas escenas de la guerra, narradas con nervio dramático, pero basadas en episodios reales. Le sirven para abordar, por ejemplo, el caciquismo andaluz (La gesta de los caballistas); la quinta columna franquista en el Madrid republicano (Y a lo lejos una lucecita); el caracter mafioso en el que derivaron algunos sindicalistas (Consejo obrero); el vandalismo de delincuentes y desertores (La columna de hierro); los bombardeos (¡Masacre, masacre!); o la peripecia de los combatientes moros del ejército franquista (Los guerreros marroquíes).  Otros relatos como Hospital de sangre o El refugio le sirven para poner de relieve cómo las personas concretas terminan siendo aplastadas por las ideologías. Porque el eje de la obra de Chaves es la persona sin adjetivos políticos: “En la singularidad de la experiencia de cada ser humano está el antídoto contra las abstracciones terribles de la ideología y de la propaganda” apostilla Muñoz Molina.

Andrés Trapiello: “De los cientos de relatos o novelas que se han escrito de la guerra civil acaso ninguno puede compararse a Sangre y fuego (…)”

En todos ellos quedan claras dos dos cosas: la brutalidad del ser humano entregado a la espiral de la violencia, y la compasión del autor por las víctimas, por los que sufren. Una frase sintetiza ambas ideas: “Los aviones rebeldes pasaban y repasaban sobre su cabeza ametrallando el rosario de fugitivos, que a veces quedaba cortado por las ráfagas de plomo, como cuando se corta de un pisotón la procesión de un hormiguero”.

Antólogos y editores coinciden en señalar que se trata del libro más importante del autor. “Es quizá la obra más ambiciosa, representativa y trascendente de nuestro escritor” apunta Abelardo Linares, que editó en Renacimiento las crónicas de la defensa de Madrid. Y Andrés Trapiello, por su parte, afirma que “de los cientos de relatos o novelas que se han escrito de la guerra civil acaso ninguno puede compararse a Sangre y fuego (…) ni han contado lo que él contó ni lo contaron de la misma manera”.

5. LA AGONÍA DE FRANCIA (1941)

Exiliado en Francia en 1936, le sorprendió la invasión alemana en 1940. Pero dejará para la posteridad su diagnóstico de la caída de Francia: “No es el drama lamentable de un pueblo cobarde que no ha querido batirse. No, Francia, durante los meses de guerra, que han sido su agonía, lucha no contra el enemigo exterior, sino consigo misma”.

Y eso que desde que “se derrumbó el mito de Moscú que había atraído falazmente a quienes tenían hambre y sed de justicia (…) Francia había vuelto a ser la Meca de todos los hombres libres de Europa”. Pero esa libertad fue aplastada por los blindados de la Wehrmacht en 1940. En La agonía de Francia, muestra el contraste entre “la indiferencia absoluta de una gran ciudad alegre y confiada (,,,) y la catástrofe nacional”. La gente endomingada paseaba o tomaba el aperitivo en París a punto de ser invadida por los alemanes: “En unas horas plácidas, banales, de un domingo radiante, Francia, la Francia que creíamos inmortal, se había hundido, quizás para siempre”.

Pero no solo refleja la invasión nazi, sino también la guerra civil larvada entre los partidarios del Frente Popular y los profascistas: “esta guerra civil, que es la que en realidad ha vencido a Francia, estaba declarada desde que en 1936 la nueva táctica comunista llevó al poder al gobierno del Frente Popular”.

Pasa revista Chaves Nogales a la corrupción interna, la decadencia moral, la diferencia entre el país real y el país oficial, la pérdida de los valores cívicos. En realidad, el país “sufría una enfermedad espiritual” y estaba rendido de antemano. 

Contrapone al anciano mariscal Petain con el joven general De Gaulle

Contrapone al anciano mariscal Petain con el joven general De Gaulle. Del primero “vencedor de Verdún” dice: “Toda la gloria de Petain no ha servido para provocar un minuto de apaciguamiento. No ha sabido ser sino un partisan, un leño más arrojado al fuego, un tronco añoso con que incrementar la hoguera de la discordia interior”.

Y De Gaulle es “el hombre representativo del coro de generales y coroneles jóvenes que no querían sacrificar al juego siniestro (…) que se negaban a desempeñar el papel de imbéciles que les había correspondido”. 

Y se muestra duro con una casta militar que parece estar fuera de la realidad. “Humorísticamente -escribe- decíase que el Estado Mayor va siempre ‘con una guerra de retraso’. En 1914 quería hacer la guerra como en 1870 y en 1939 estaba pensando todavía en la guerra de 1914”.

El caso de la Universidad Técnica Particular de Loja

La relación entre las universidades y su entorno pasa por la necesidad de articular territorios y pobladores mediante las herramientas de la gestión del conocimiento y las tecnologías digitales. La finalidad es que dicho conocimiento se distribuya socialmente y sirva para la toma de decisiones por parte de las autoridades públicas en orden a la mejora de las condiciones de vida de los ciudadanos.

El enfoque simplista de responder, de forma reactiva, a las necesidades primarias de las poblaciones no puede ser la forma de atención que las universidades se planteen dentro de sus estrategias de vinculación con la sociedad y el entorno geográfico. Para poder aportar a la conformación de la sociedad digital en los territorios más desfavorecidos, pero con potenciales alternativos de desarrollo, es imprescindible crear plataformas de datos orientados a la gestión inteligente de los territorios.

Dentro de este marco general, se expone aquí un enfoque de vinculación universitaria que integra el uso de tecnologías de la información y la comunicación, el uso de plataformas virtuales, la generación de datos, la producción de conocimiento mediante la investigación y el compromiso por el desarrollo sostenible del territorio; todo ello en pro de la gestión inteligente del mismo y su transferencia a la sociedad. Se trata de la iniciativa SmartLand (territorios inteligentes), que la Universidad Técnica Particular de Loja (UTPL-Ecuador)  lleva a cabo como estrategia prioritaria de vinculación con la sociedad y el entorno (1).

¿QUÉ ES SMARTLAND-UTPL?

El adjetivo inteligente (smart) aplicado a una ciudad o territorio implica un enfoque orientado al usuario (2), esto es, tanto al ser humano que se encuentra situado en un área física, como a aquellos que tienen la responsabilidad de gestionarla. Es un término que se dirige a la generación de respuestas ante las necesidades de las personas y los servicios que reclaman.

La UTPL es una universidad con clara vocación de vinculación con su medio

La finalidad de construir un territorio inteligente no mira, por consiguiente, al mero prurito de almacenar datos o conocimiento, sino al incremento de las capacidades de gestión de un territorio con vistas a la satisfacción de las necesidades de la población. De este modo, se integran población, territorio, gestión y conocimiento.

La UTPL es una universidad con clara vocación de vinculación con su medio. Dispone, a nivel nacional, de una red de centros de apoyo en educación a distancia, y tiene en la ciudad de Loja un campus dotado de una infraestructura amplia y de una red de servicios educativos y administrativos. Desde nuestro campus, trabajamos por ayudar a configurar un territorio cuyas capacidades humanas y naturales se aprovechen de forma adecuada, y para tejer redes de relaciones institucionales mediante diversos servicios. SmartLand es una de las iniciativas clave en este empeño (3).

Figura 1. SmartLand UTPL

¿Qué es SmartLand? Es una herramienta de construcción de un territorio inteligente. El desarrollo de territorios inteligentes comporta distintas variables, de orden político, económico, social, tecnológico y de infraestructura (4). SmartLand se constituye en una plataforma virtual que aborda el componente tecnológico y de conocimiento que un proyecto de territorio inteligente requiere, y que resulta, por su carácter abierto, una herramienta clave que permitirá en un futuro la interconexión de soluciones. Se trata entonces de una iniciativa que puede intercambiar datos con sistemas de información del mismo o distinto territorio en orden a crear un tejido territorial interconectado mediante la gestión de datos (5).

Este portal de información está conectado a una red de sensores automáticos que proporciona a la plataforma datos cuantitativos de forma continua

SmartLand es un portal digital en el que se carga información relacionada con el territorio donde se encuentra el radio de acción de la UTPL (Loja, Ecuador). La región del sur del Ecuador constituye una franja territorial que va desde la costa del Pacífico (provincia del Oro), la sierra (provincia de Loja) y el oriente amazónico (provincia de Zamora-Chinchipe), aunque por el momento la mayor parte de la información está más relacionada con Loja. Este portal de información está conectado a una red de sensores automáticos que proporciona a la plataforma datos cuantitativos de forma continua, además de información cualitativa alimentada a partir del trabajo de una red de observatorios (6).

El objetivo último de este trabajo de recolección y construcción de conocimiento es ayudar a la toma de decisiones por parte de los gestores públicos para el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la agenda 2030 de Naciones Unidas.

RED DE OBSERVATORIOS UNIVERSITARIOS

En definitiva se trata de reunir, gestionar y modelar datos para proponer una gestión inteligente y sostenible del territorio. Entre los datos que nutren el portal mediante la red de sensores tienen un papel importante los relativos al clima y al tráfico. La red de observatorios la constituyen trece en total, distribuidos en temáticas diversas: clima, tráfico, sismos, empresas, economía, turismo, cultura e industrias creativas, cultura de paz, conflictos socioambientales, comunicación, drogas y salud mental, sociedad de la información y telecomunicaciones, y territorio.

Figura 2. Red de Observatorios – SmartLand UTPL.

El trabajo de los observatorios se sostiene en los equipos de profesores que, con la intervención de estudiantes que realizan prácticas de vinculación, recolectan datos, reúnen información, la analizan y la gestionan ante los interlocutores públicos y privados para la toma de decisiones. En este sentido, el aporte de SmartLand a la vinculación de la universidad con los actores públicos y los grupos de interés externo ha sido crucial. De este modo, se contribuye a crear un tejido social que se nutre de la cooperación, el intercambio de información, la conformación de equipos de trabajo interinstitucional y la creación de lazos de confianza, que tienen como horizonte último brindar a los ciudadanos mejores condiciones de vida y respuestas a problemas urgentes.

Para dar una idea de los canales de cooperación que SmartLand ha ayudado a trazar mediante el análisis de la información y los datos que la plataforma aporta, la iniciativa ha favorecido vínculos con más de dieciocho instituciones y proyectos públicos, entre los que destacan la Prefectura de Loja, el Municipio de Loja, la Cámara de Comercio, el Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología (INAMHI), el Ministerio del Ambiente, el Ministerio de Salud Pública, el Ministerio de Educación, Loja para Todos, la Defensoría del Pueblo y el Ministerio de Cultura y Patrimonio.

Con la información de SmartLand  las brigadas contra incendios han contado con mapas de alta resolución en orden a combatir el fuego en lugares remotos del territorio y de difícil acceso

Con la información de SmartLand, por poner un ejemplo, las brigadas de lucha contra incendios de la provincia han contado con mapas de alta resolución en orden a combatir incendios en lugares remotos del territorio y de difícil acceso; las autoridades nacionales de tráfico han podido tomar decisiones informadas acerca de proyectos de inversión en viabilidad pública; y el comité de emergencia local para la lucha contra la pandemia ha proporcionado a la ciudadanía un portal informativo para monitorear en tiempo real la situación sanitaria en la provincia. Un sitio web creado al efecto aporta datos diarios y acumulativos de la pandemia.

SOPORTE DE VINCULACIÓN EN LA INNOVACIÓN SOCIAL

La iniciativa SmartLand ha contribuido, además, a articular las propuestas de vinculación de la UTPL. Mediante la red de observatorios académicos que nutre la plataforma, los proyectos de vinculación universitarios han encontrado una herramienta de apoyo y canales de cooperación ya abiertos con muchos actores sociales y comunitarios, además de recibir la información y redes de contactos de SmartLand. La UTPL orienta todos sus proyectos de vinculación hacia los objetivos de desarrollo sostenible, mediante un enfoque de innovación social, en orden a buscar soluciones creativas en las que los actores comunitarios sean agentes de su propio desarrollo.

Figura 3. Vinculación con la sociedad para generar innovaciones sociales.

SmartLand no es únicamente una plataforma de datos. Su propósito es hacer del territorio el marco de un desarrollo humano con finalidad social, sobre la base de la tecnología, la innovación y la gestión. Lo que impulsa a esta herramienta, por consiguiente, es un espíritu social que pretende encontrar soluciones innovadoras a los problemas de los ciudadanos y sus territorios. La combinación de tecnología e innovación productiva no es suficiente para abrir caminos de desarrollo sostenible (7), porque corre el riesgo de poner en un segundo plano al ser humano y las poblaciones.

La persona humana es el factor clave del desarrollo. Este enfoque es el que aportan los proyectos de innovación social de la UTPL, que tratan de responder a las necesidades sociales, fomentar el emprendimiento en las comunidades y dar lugar a nuevos productos, todo ello con una perspectiva de sostenibilidad. Desde este punto de vista, la UTPL ha trabajado, por ejemplo, en sistemas de gestión de agua para caseríos, huertos comunitarios, emprendimientos agroindustriales, fortalecimientos de asociaciones de custodios del manglar y consultorios jurídicos itinerantes, entre otros.

TERRITORIO Y BIODIVERSIDAD

Un eje central de la iniciativa SmartLand es el de la biodiversidad. Si seleccionamos los países de mayor biodiversidad del mundo, nos encontramos con que nueve están en Latinoamérica (México, Guatemala, Costa Rica, Colombia, Ecuador, Perú, Brasil, Bolivia y Venezuela), seis en Asia y cuatro en África. Aunque estos países ocupan tan solo el 10% de la superficie del planeta, albergan sin embargo el 70% de la biodiversidad de la Tierra (8). Es fácil colegir entonces que la biodiversidad es una de las mayores riquezas de estas naciones, y su protección es fundamental para la sostenibilidad del planeta.

El adjetivo inteligente (smart) aplicado a una ciudad o territorio implica un enfoque orientado al usuario

Los territorios de alta biodiversidad presentan retos de extrema complejidad para su gestión inteligente y sostenibilidad, y uno de los aspectos más importantes para ello es entender las interacciones que se producen entre los pobladores de esos espacios y la naturaleza (9).

Se necesitan enfoques interdisciplinarios que reúnan actividades de investigación, prácticas innovadoras, la participación de la colectividad y el diseño de políticas públicas. La combinación de tecnología, innovación y población, con sus necesidades sociales, abre el camino para encontrar formas creativas que fomenten la protección y uso racional de la biodiversidad.

SmartLand reúne a equipos interdisciplinares de investigadores que trabajan por la sostenibilidad del territorio biodiverso del sur del Ecuador. En este sentido, esta iniciativa es crucial para este espacio geográfico, ya que la región sur del Ecuador, debido a su excepcional biodiversidad y grado de endemismo (especies cuya distribución está limitada a un ámbito geográfico reducido), cuenta con tres Reservas de la Biosfera reconocidas por UNESCO; sin embargo, debe enfrentar grandes desafíos como la reciente puesta en marcha de varios proyectos mineros a gran escala (10).

Uno de los proyectos más importantes que la UTPL ha puesto en marcha es el fomento del biocomercio, con la identificación de productos naturales con potencial de explotación y exportación

Uno de los proyectos de investigación y desarrollo económico-social más importantes que la UTPL ha puesto en marcha en los últimos años es el fomento del biocomercio, con la identificación de productos naturales con potencial de explotación y exportación. Estos proyectos se llevan a cabo con la cooperación e implicación de las comunidades locales, a las que se capacita, cuyas creencias y conocimientos se tienen en cuenta y a los que se asocia para dar sostenibilidad a los emprendimientos que nazcan como resultado de los proyectos.

CONCLUSIÓN

La vinculación universitaria con la sociedad debe buscar la construcción de marcos integradores de los factores que generan capacidades en la población sobre la base del potencial de los territorios. Combinar tecnología, datos, investigación y participación de la población, todo ello desde un enfoque de innovación social y gestión del conocimiento, hace posible que las universidades puedan incidir efectivamente en la solución de los problemas sociales y el manejo inteligente de los territorios. SmartLand es una experiencia que puede ayudar a las universidades que buscan referentes para sus prácticas de vinculación social y territorial en la Cuarta Revolución Industrial.

____________________
NOTAS:

1) Acosta, S., Piedra, N., y Suárez, J.P. (2017). Higher Education in the World. Toward a Social Responsible University: Balancing the Global with the Local. Girona: GUNI, pp. 330-1.

2) Nam, T., y Pardo T.A. (2011). Conceptualizing Smart City with Dimensions of Technology, People, and Institutions. En Proceedings of the 12th Annual Interna- tional Digital Government Research Conference: Digital Government Innovation in Challenging Times, p. 283.

3) Piedra, N., y Suárez, J. P. (2018). Hacia la Interoperabilidad Semantica para el Manejo Inteligente y Sostenible de Territorios de Alta Biodiversidad usando SmartLand-LD. RISTI, (26), 104-122.

4) Maestre-Góngora, G.P., Colmenares-Quintero, R.F., Stansfield, K., y Astudillo, H. (2019). Conceptualización de territorios inteligentes: una aproximación desde el enfoque sociotécnico. En Memorias de Congresos UTP, p. 55.

5) Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (2018). Iniciativas digitales de territorios y ciudades inteligentes. ¿Cómo consolidar un territorio o ciudad inteligente a través del desarrollo de iniciativas digitales? Gobierno de Colombia, p. 15. Recuperado de https://estrategia.gobiernoenlinea.gov.co/623/arti- cles-17464_recurso_34.pdf.

6) Piedra, N., y Suárez, J. P. (2017). SmartLand-LD: A Linked data approach for integration of heterogeneous datasets to intelligent management of high biodiversi- ty territories. In International Conference on Software Process Improvement (pp. 207-218). Springer.

7) Fernández, M.T., Montes, O., y Asián, R. (2012). La innovación social como solución a la crisis: hacia un nuevo paradigma de desarrollo. XIII Jornadas de Economía Crítica. Sevilla, p. 1085.

8) Acosta et al.ibid., p. 330.

9) Myers, N., Mittermeier, R. A., Mittermeier, C. G., da Fonseca, G., y Kent, J. (2000). Biodiversity hotspots for conservation priorities. Nature (403(6772), 853–858. http://doi.org/10.1038/35002501

10) Acosta et al., ibid.. p. 333

Emilio Lamo de Espinosa: “No hay nadie en el puente de mando de la humanidad: porque EE.UU. se ha ido y China no ha llegado”

“No hay nadie en el puente de mando de la humanidad: porque EE.UU. se ha ido y China no ha llegado” ha afirmado el catedrático emérito de Sociología y académico de Ciencias Morales, Emilio Lamo de Espinosa, en el seminario de reflexión académica Pensar el siglo XXI. 

La pérdida gradual del poder de Occidente, el ascenso de China para disputar la hegemonía a Estados Unidos y el papel de la Unión Europea han centrado, entre otras cuestiones, la primera sesión del seminario, dirigido por el propio Lamo de Espinosa, y organizado por el Consejo Social de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), que preside el exministro Jordi Sevilla, con la colaboración de Nueva Revista.

La sesión contó con una ponencia de Lamo de Espinosa, titulada La era post-occidental: el retorno de Asia, y con las intervenciones de José Ignacio Torreblanca, profesor de Ciencia Política de UNED, y Ana Palacio, exministra de Asuntos Exteriores y abogada especialista en Derecho Europeo, en un debate moderado por Rafael Puyol, presidente de UNIR. 

El profesor Lamo de Espinosa comenzó citando la frase de Ortega y Gasset “No sabemos lo que nos pasa, y eso es precisamente lo que nos pasa” para señalar que nos encontramos en “un punto de inflexión histórico e incluso civilizacional”.

Explicó que el mundo del siglo XXI está viviendo “la tercera gran transformación de la humanidad -después de las revoluciones agrícola e industrial-”, pero con la particularidad de que esta es “más extensa -afecta a la totalidad del planeta-; más profunda -la población urbana ha superado por primera vez a la rural-; y más rápida -los ritmos de crecimiento de los países emergentes se han acelerado-”. 

«La gran recensión de 2008 y la pandemia han reforzado la asimetría del crecimiento»

Este crecimiento ha sido asimétrico, y la gran recensión de 2008 y la pandemia han reforzado esa asimetría. En este contexto, China “está recuperando terreno y su economía está superando a la de Occidente”. En realidad -explica Lamo de Espinosa- más que un ascenso se trata de un retorno, ya que China e India  han representado durante siglos el 50% del PIB del mundo; cayó con la Revolución Industrial en favor de Occidente, hasta representar tan solo el 5% en 1970; pero ha vuelto a crecer en las últimas décadas. 

El relevo en la hegemonía mundial quedó plasmado en una portada del Financial Times de 2014, que daba “la noticia del siglo” subrayó el ponente: “Si en 1872, la economía norteamericana había sobrepasado a la del Imperio Británico y daba comienzo a su hegemonía; en 2014, era China la que comenzaba la suya”.

Entre las causas, el catedrático de Sociología ha destacado la demografía del gigante asiático, que cuenta con casi 1.400 millones de habitantes. El empuje demográfico de Asia es uno de los factores que explica que, según las previsiones, la población mundial  vaya a pasar de los 3.000 millones de habitantes en 1950 a 9.500 millones en 2050.

Esta divergencia demográfica entre el Este (creciente) y el Oeste (declinante) se ha acoplado con una convergencia tecnológica (los países de Oriente se benefician de los avances de Occidente y copian las innovaciones). Esto ha contribuido al incremento de la productividad de China e India.  En ese sentido, constata el sociólogo que “las potencias demográficas terminan transformándose en potencias económicas; éstas en potencias políticas; y posteriormente en potencias militares». 

WASHINGTON, PEKÍN Y LA TRAMPA DE TUCÍDIDES

Por eso, en el mundo del siglo XXI China y la India están ganando poder geoestratégico, en tanto que EE.UU. y la UE lo están perdiendo. Tenemos “una superpotencia declinante (EE.UU.), una potencia ascendente alternativa (China); una potencia sobrevalorada (Rusia) y una potencia ascendente infravalorada (India)” apunta Lamo de Espinosa.

Washington y Pekín mantienen una rivalidad estratégica, en la que «el primero puede caer en la tentación de hacerle la guerra a la potencia ascendente, como le ocurrió a Esparta frente a Atenas» -lo que el politólogo Graham Allison ha llamado la trampa de Tucídides-. 

«Tenemos un mundo de   hombres fuertes (Trump, Bolsonaro, Putin) e instituciones débiles»

En esta era post-occidental, «el mundo adolece de una falta de gobernanza global”. En lugar de eso lo que  tenemos -afirma el sociólogo- es  “una multipolaridad asimétrica, en un mundo neo-westfaliano, de hombres fuertes (Trump, Bolsonaro, Putin) e instituciones débiles”. 

La Unión Europea no está en ese juego de poder global; es “herbívora” no “carnívora”. Y “su poder es económico y regulador, pero no político ni menos militar”. En este sentido, el ponente ha citado la frase del vicepresidente de la Comisión Europea, Josep Borrell “la  UE tiene que aprender a hablar el lenguaje del poder” 

«¿Seremos capaces los europeos de  escribir nuestra propia historia o vamos a dejar que la escriban otros?»

Lamo de Espinosa terminó su intervención preguntando si en el futuro los europeos “seremos capaces de escribir nuestra propia historia o vamos a dejar que la escriban otros”. Ya que durante trescientos años la historia del mundo se ha escrito en Occidente; pero “ya no es así después de las las dos guerras mundiales que fueron guerras civiles de Occidente, y del retorno de Asia”. 

En el coloquio posterior, moderado por Rafael Puyol intervinieron el profesor de Ciencia Política de la UNED José Ignacio Torreblanca, y la exministra Ana Palacio.

José Ignacio Torreblanca.
José Ignacio Torreblanca.

Torreblanca sostiene que “la única pregunta relevante para saber cómo va a acabar el siglo XXI es preguntarse por la cuestión de China”. El gigante asiático ha salido de un siglo de humillaciones y “toda la problemática de Asia gira en torno a la cuestión de China”, de manera análoga que la problemática de Europa «ha gravitado sobre la cuestión de Alemania  durante todo el siglo XX».

 Torreblanca: “Los europeos no sabemos qué opción elegir: arrimar el hombro con EE.UU., hacer un tercer polo o ponernos de perfil”

En China se frustró la posibilidad de una liberalización con la represión de Tiannamen. “Hablamos de la caída del Muro, en el 89, pero hay otro 89, el 4 de junio de ese mismo año” señala Torreblanca. Explica que se dio un golpe de Estado contra el primer ministro Zhao Ziyang, líder del proceso de democratización desde dentro del Partido Comunista, como él mismo cuenta en su libro Prisionero del Estado. Tiannamen supuso “el derrocamiento del Gorbachov chino”, que fue apartado antes de que pudiera poner en marcha el proceso democratizador. Desde entonces «se reforzó el autoritarismo, se rompió la rotación del liderazgo interno del Partido Comunista, y se cerró la posibilidad de cambio». 

Respecto a la pregunta “¿qué significa Europa en el mundo bipolar del siglo XXI?”, señaló que la clave está en “la  transición de poder entre EEUU y China”. Y añadió que la pregunta es difícil de responder porque “sabemos lo que quiere China, sabemos lo que quiere EEUU, pero no sabemos lo que queremos nosotros”. No sabemos cuál de estas tres opciones elegir: “arrimar el hombro con EEUU en esa pugna, hacer un tercer polo o ponernos de perfil y esperar a que escampe”. 

Ana Palacio: “Si queremos entender el mundo del siglo XXI tenemos que dejar el eurocentrismo con el que lo analizamos todo”

Por su parte, Ana Palacio afirmó  que “si queremos entender el mundo del siglo XXI tenemos que dejar el eurocentrismo con el que lo analizamos todo”. Con perspectiva histórica, el dominio de Occidente desde la Revolución Industrial hasta ahora, periodo en el que hemos hecho las reglas y las hemos diseminado, “ha sido un accidente”.  Añadió que ahora es preciso mirar a “la emergencia del Indo-Pacífico” y a China, que tiene “cosas que decir y principios que aportar en la arquitectura multilateral del mundo, como por ejemplo la armonía”. 

Ana Palacio.
Ana Palacio.

“No podemos cuestionar los principios de la civilización (individuo, derechos humanos, racionalidad crítica, democracia)” sostiene  la exministra, pero añade que en “la defensa de las reglas” es necesario “hacer adaptaciones para llegar a una intersección” con potencias como China. 

LA UNIÓN EUROPEA, POTENCIA REGULATORIA

Aunque EE.UU. tiene “un grave problema de quiebra interna”, Palacio se ha mostrado optimista ante la importancia que está dando la administración Biden a los aliados y considera que “EE.UU. está entendiendo que es líder de Occidente, y sería bienvenido su liderazgo”. 

 Y respecto al discutido papel de la Unión Europea, ha recordado que sigue siendo “una potencia regulatoria: hasta China ha copiado la normativa sobre plásticos. Y eso es poder”. Pero añade que “necesitamos seguridad, hard-power, y un presupuesto común para abordar cuestiones estratégicas  que nos interesan a todos”. 

PRÓXIMOS SEMINARIOS 

El seminario Pensar el siglo XXI se ocupará en próximas sesiones de La geopolítica de la energía (del petróleo a las renovables); La globalización, antes y después de la pandemia; El cambio climático y la sostenibilidad; y contará con la participación de destacados expertos que analizarán y debatirán estas cuestiones. 

La universidad del futuro, la universidad emprendedora

Hacer un análisis sobre la universidad del futuro a fina­les de 2020 para justificar su necesaria evolución hacia una institución emprendedora, debe actualizar, reforzan­do o redirigiendo, lo previsto en la conferencia con títu­lo «La universidad emprendedora»1, impartida el 10 de febrero de 2020.

En tan corto tiempo hemos sufrido el gran impacto de la COVID-19, siendo sus efectos devastadores sobre la sa­lud de las personas, el sistema sanitario, los modelos de convivencia y la economía. Lo que ha hecho replantear­se si eran acertados los paradigmas en los que basábamos nuestro modelo de crecimiento social; concluir que no, y acordarse del valor del conocimiento como motor de un crecimiento más robusto y sostenible para la sociedad.

Siguiendo el hilo y la estructura de la citada conferen­cia, su contenido debe analizarse comparativamente con la visión que emana de diferentes documentos: del propio Gobierno 2,3,de las asociaciones empresariales 4,5 y fundacio­nes 6, o del sistema universitario español 7. Estos, entre otros documentos, han nacido del replanteamiento realizado por los diferentes agentes sociales, aportando visión y objetivos para la sociedad del futuro en la que la universidad debe potenciar su protagonismo sustancial.

Bajo estas premisas, este artículo analiza primero las claves de futuro del marco social al que queda vinculada la universidad, para luego establecer, como consecuencia y conclusiones, las propuestas de futuro para esta.

EL MARCO SOCIAL

1. La universidad debe contemplar el futuro teniendo en cuenta su responsabilidad frente a la sociedad como princi­pal agente de la gestión del conocimiento.

El valor social de cualquier actividad, incluida la universi­taria, se determina por lo que sus resultados representan para la sociedad en su conjunto 8. Las sociedades demandan fun­cionalidad a las universidades y contribuyen a su financiación para ello, y estas devuelven los resultados de su actividad, creación y transferencia de conocimiento, de forma que su valor radica en apoyar el crecimiento social 9, del que forman parte preferente las empresas. Por tanto, en el marco social de una sociedad de conocimiento la coordinación universi­dad-empresa es clave para sustentar el crecimiento adecua­do, sostenible, eficaz y eficiente de la sociedad.

La actividad de las universidades tendrá tanto mayor valor social cuanto más potencie el desarrollo económico y social, por lo que debe medirse en sus conceptos clave, encadenados: conocimiento creado; su transferencia para aplicaciones de innovación y desarrollo; competitividad del sistema productivo; y, finalmente, mode­lo de sociedad y bienestar propio (autónomo, elegido libre­mente). La figura 1 ilustra el flujo que vincula conocimiento y desarrollo social propio de las sociedades de economía in­novadora, en cuyo colectivo debe encontrarse España.

La mayor parte de los elementos de este flujo están ex­puestos en valor en el programa España Puede3, pero no hay un modelo claro de enlace entre ellos que haga eficiente el conocimiento al transferirlo para el desarrollo social. Mode­lo que para el medio plazo es demandado por la CEOE, que solicita intensificar la actividad de I+D+i estratégicamen­te como palanca de competitividad empresarial4 y el desa­rrollo de una industria de mayor valor añadido5. Todo ello en genérico, sin apenas referenciar a la universidad como agente clave. Por su parte la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas (CRUE)7 sí reclama para las uni­versidades su implicación con el territorio y el tejido social, como potente plataforma para el desarrollo sostenible.

El gráfico de la figura 1 justifica la importancia para la eficacia y eficiencia de la gestión del conocimiento, en la que tienen gran responsabilidad las universidades, como agentes activos en todas sus etapas, y de la adecuada in­versión para realizarla. Inversión que debe ser equilibrada en consonancia con sus objetivos: el de dar apoyo a su creación –investigación– por un lado, y a su transferencia –clave para la innovación– por otro. Consecuentemente, debe estar equilibrado en su procedencia: la relación en la participación pública y privada de la inversión.

Figura 1. Flujos y modelo de gestión del conocimiento para el desarrollo social

2. La gestión del conocimiento es clave. La sociedad debe invertir en capacidades para crearlo y transferirlo adecuada­mente para potenciar la innovación y el crecimiento.

Para tener una economía basada en la innovación, el crecimiento social se debe apoyar en una gestión del conocimiento, en la que las universidades son agentes claves ya que funcionalmente son activas en sus tres estados funcionales: generación, transferencia y aplica­ción8,10, mostrados esquemáticamente con la estructura de sus interrelaciones en la figura 2. Con estos estados funcionales sobre el conocimiento:

1. Se potencia su generación –estado 1– mediante la adecuada planificación de la investigación en univer­sidades y otras instituciones investigadoras. De esta forma, se alcanzarán mayores cotas en el conocimien­to almacenado que pueda ser inoculado (transferido) internamente en procesos de formación a las personas.

2. Se establecen las vías de su transferencia –estado 2– de ese conocimiento al entorno receptor, empresas y otros agentes. Todo ello, a través de la incorporación en estas de las personas que lo contienen, y de compartir ese conocimiento en actividades colaborativas en procesos de investigación aplicada, innovadores o de desarrollo.

3. Se garantiza su aplicabilidad en procesos productivos –estado 3– generadores de empleo y riqueza desde las es­tructuras existentes, las empresas, o por creación de nue­vas mediante procesos basados en el emprendimiento.

Figura 2. Modelo de flujos del conocimiento entre universidad, empresas y otros agentes

En este escenario se debe contemplar la funcionalidad de las universidades, teniendo en cuenta que para tener conocimiento que transferir hay que crearlo y orientar su transferencia como materia prima necesaria para la inno­vación. Esto exige una inversión adecuada por parte de la sociedad, pública y privada, y un convencimiento en las universidades sobre su valor para:

– Incentivar la aplicabilidad del conocimiento en pro­cesos productivos.

– Activar la transferencia con procesos internos (in­traemprender) y externos.

En cuanto a la inversión, un análisis comparativo mues­tra que cualquier inversión que no se acerque al 2% en I+D+i, lastra la competitividad en resultados de investiga­ción, tanto cualitativa como cuantitativamente (figura 3), debiendo venir una parte sustancial, en torno al 65%, de la parte privada para garantizar una adecuada capacidad de innovación11. España está lejos de esta situación (figura 4).

La actividad de las universidades tendrá tanto mayor valor social cuanto más potencie el desarrollo económico y social

Así lo denuncia el propio Gobierno de España2, y alien­ta a aprovechar la oportunidad y concienciación, derivada de la crisis de la COVID-19, del valor del conocimiento en la solución, para acometer una decidida inversión en ciencia y en empresas innovadoras (generación y transferencia de conocimiento) a la vez que anuncia incrementos de inversión pública.

Figura 3. Relación entre cantidad y calidad de la producción científica en función de la inversión. Fuente: Elaboración propia.

Sin embargo, para alcanzar una inversión del mínimo (2%) no solo hace falta que haya un compromiso de finan­ciación inicial de la parte pública, en más de un 20%, sino que la parte privada, empresarial, debe hacerlo duplicando su inversión actual. Y esto último no se consigue sino por convencimiento de su eficacia, lo que supone incremen­tar entre todos los agentes sociales un adecuado marco para que la transferencia de conocimiento sea una reali­dad adecuadamente estructurada y ágil, favorecedora de la innovación. Esto obliga a la universidad a ser proactiva con este fin. Simultáneamente, el Estado debería incenti­var, fiscalmente al menos, de forma más rotunda que con los tímidos pasos apuntados solo para algunos sectores 2,6.

Figura 4. Relación entre innovación e inversión en I+D+i

Más allá de soluciones fallidas para la transferencia nacidas desde la visión, propia y, en general, no coordina­da, de universidades o empresas, las universidades deben abanderar claramente el necesario esfuerzo de cambio o de refuerzo en la gestión del conocimiento para garantizar a la sociedad, por oportunidad y necesidad, una transfe­rencia de conocimiento altamente eficaz.

Las universidades no pueden, ni deben, esperar más a que sean otros agentes sociales los que actúen, y lo hagan con acierto, considerando las necesidades para fomen­tar el crecimiento, económico y social. Deben pasar a la proactividad, siendo promotoras para idear, hacer ver el valor de sus propuestas y apoyar la ejecución una potente trama de transferencia del conocimiento. Para ello deben:

– Identificar y mostrar el alto valor del conocimiento y su gestión para generarlo y transferirlo.

– Planificar programas adecuados para alcanzar la bue­na gestión, no solo de forma nominativa, sino de forma efectiva y ejecutiva.

– Vincular su actividad como gestores de conocimiento desde su responsabilidad social, máxime en el momento ac­tual, activando la colaboración, en base a la confianza mutua, con el resto de agentes: empresas y también administraciones.

Un análisis comparativo muestra que cualquier inversión que no se acerque al 2% en I+D+i, lastra la competitividad en resultados de investigación

Esta trama debe propiciar que las propias universidades potencien la transferencia del conocimiento desde su extremo, a la vez que, desde el otro extremo, las empresas funda­mentalmente estén conectadas demandando esa transferencia, señalando sus retos y necesida­des para innovar y crecer. Am­bas acciones deben estar coor­dinadas, lo que necesita trabajo previo de creación del marco adecuado.

En efecto, la transferencia no se puede hacer reprodu­ciendo los modelos actuales. Hay que generar un cambio que las universidades, desde su responsabilidad de gestio­nar el conocimiento como valor, deben promover. Nuevos canales de comunicación, de conocimiento y análisis mu­tuo con los agentes productivos, generadores de entornos compartidos –concepto Boundary spanning12–, desde los que resulta fundamental colaborar estrechamente, con confianza en los otros.

Este marco propicio es, si cabe, más necesario cuando des­de el Gobierno de España se propugna2 un eje de inversión dedicado al impulso de la I+D+i empresarial para reforzar las bases del tejido productivo innovador con nuevos instrumen­tos y medidas de interconexión investigación-empresa.

3. El conocimiento se asienta en las personas: es necesario desarrollar y apoyar sus capacidades emprendedoras.

Las necesarias conexiones y estructuras de cohabita­ción entre la universidad y el tejido empresarial propician que el conocimiento sea la materia prima fundamental en el crecimiento sostenible. Tal como se aprecia en el esque­ma de la figura 5, tanto las personas como los propios pro­yectos colaborativos que se desarrollan desde el contacto entre personas son las vías de transferencia del conoci­miento, que así circula desde sus entornos de generación a los propios de su aplicación en procesos productivos.

Estimular la transferencia exige un régimen de estrecha colaboración universidad-empresa, demandada por ambas partes 4,7 aunque sin especificar en cómo establecerla. Por ello, las universidades deben promover la creación de ámbitos de cogeneración de iniciativas, de interfaz, establecidos desde la visión de las dos partes. De estos ámbitos compartidos deben nacer tanto programas formativos sobre las personas como procesos de aplicación del conocimiento. En el primer caso, compaginando la formación en contenidos –tradicionalmen­te académica– con saber aplicar estos contenidos desde la experiencia de hacerlo –más experiencial– con valor empre­sarial o social. En el segundo caso, aplicando dichos procesos en objetivos identificados, normalmente por las empresas, de investigación aplicada, innovación y desarrollo.

En cualquiera de estos procesos, los actores principales de la transferencia de conocimiento son las personas, cuyo valor preponderante debe ser tenido en cuenta. Por lo que, además de establecer acciones de concienciación, contacto, coordinación y colaboración con los otros agentes sociales, las universidades deberán contemplar otras para asegurar la función de transferencia del conocimiento por cualquiera de sus vías, en las que necesita la adecuada formación pre­via de las personas. Estas acciones deben cubrir carencias y reforzar insuficiencias, que se marcan con + en el esquema de la figura 5. Resaltemos algunas de ellas.

Las estructuras de cohabitación entre la universidad y el tejido empresarial propician que el conocimiento sea la materia prima fundamental en el crecimiento sostenible

La primera, imprescindible, resulta ser la potenciación de la cultura emprendedora de los universitarios en formación, lo que propone CRUE7, sea el que sea su nivel formativo de grado o posgrado. Para ello, las universi­dades deben ofrecer programas de sensibilización, formación y apoyo al emprendimiento, con los que fortalecer habilidades transversales que les permita aplicar su conocimiento, poten­ciando su alcance, en iniciativas innovadoras.

Figura 5. Planificar un modelo estratégico para la transferencia
del conocimiento

Como resultado derivado, la capacidad emprendedo­ra de los graduados acrecienta su empleabilidad, sea esta por cuenta ajena, al valorarse por los empleadores su en­trenamiento para dar apoyo o iniciar procesos innovadores, o bien en iniciativas de emprendimiento propio innovador, por su destreza para detectar oportunidades. De esa forma, la transferencia del conocimiento se canaliza a través de ellos, favoreciendo la necesaria innovación empresarial y mejorando la capacidad de intraemprendimiento empresa­rial13, cuyo nivel en nuestro país no alcanza los estándares de las sociedades de crecimiento basado en la innovación14.

En este contexto, merece destacarse el valor estratégico de futuro que en la transferencia tiene el personal inves­tigador. Así, la sensibilización a iniciativas emprendedoras de los investigadores en formación, aportándoles entre­namiento en las habilidades transversales que necesitan, activa y potencia la capacidad estructurada de las universi­dades para generar startups, propias o en colaboración con empresas, nacidas de los resultados de su investigación, que alimentan ideas disruptivas con valor económico o so­cial. Estas nuevas empresas, por la alta capacidad de inno­vación asociada al conocimiento en que se basan, tienen un alto potencial en sostenibilidad (90% sobreviven a los cinco años) y empleabilidad15, lo que representa un activo para el crecimiento y la competitividad de su entorno, que se demanda en la visión de recuperación y transformación social para nuestro país3.

Las universidades deben cubrir la funcionalidad requerida desde el modelo actual, pivotando hacia otro que las haga promotoras de crecimiento social

Estas actividades de sensibilización y apoyo para gene­rar nuevas empresas se enmarcan en el concepto de in­traemprendimiento del sector universitario, por lo que la sensibilización debe alcanzar a todo el colectivo de inves­tigadores universitarios, en todos los niveles de responsabilidad, y fundamentalmente a los responsables de gestio­narla para que sean motor de las mismas, abandonando la barrera de considerar la trans­feribilidad de los resultados de la investigación como una pér­dida de tiempo, desviadora de productividad científica inmediata.

Por el contrario, esta transferibilidad activa la eficacia de la acción investigadora en dos sentidos: uno, en la apli­cación del conocimiento para la innovación empresarial, y dos, en sentido contrario, en la demanda empresarial de nuevas colaboraciones. Con ello, se empezará a estimular el círculo virtuoso de relación universidad-empresa, que debe incentivar equilibradamente investigación y transfe­rencia. Además, una buena gestión de la financiación de la transferencia debe servir como recurso para potenciar la investigación capaz de crear nuevo conocimiento orienta­do a nuevos procesos de aplicación.

Los resultados serán socialmente mucho más eficaces si, además, esta relación se establece y potencia desde fo­ros de interfaz entre universidad y empresa, cogeneradores de actividad en común nacida desde el trabajo previo en ellos compartido.

Entender que las personas emprendedoras son abso­lutamente necesarias para alcanzar una sociedad innova­dora, debe llevar a las universidades a plantearse que el encargo de su formación y el apoyo a sus iniciativas no debe limitarse a los universitarios en exclusiva.

Las universidades deben cubrir la funcionalidad requerida desde el modelo actual, pivotando hacia otro que las haga promotoras de crecimiento social

Así, con referencia a la formación, la universidad, como institución emprendedora, debe responsabilizarse de la canalización a otros niveles educativos y a entornos pro­fesionales de sus capacidades formativas en las necesarias habilidades transversales.

Con la aplicación de sus innovaciones educativas en otros niveles académicos, y en el propio, las universidades garantizan mejoras en la empleabilidad de los jóvenes, par­ticularmente un gran reto en España, por su ganancia en capacidades para enriquecer con iniciativas sus entornos la­borales y su disposición a ser ellos mismos promotores de iniciativas empresariales16. En la formación de habilidades transversales a los profesionales, se deben incluir las estrate­gias de las universidades para canalizar todas sus capacida­des en programas de recualificación y formación a lo largo de la vida, como propuestas de valor social por su transferencia y aplicación externa a la vez que capacitadoras de obtención de recursos económicos para las propias universidades.

Con respecto al apoyo a las iniciativas emprendedoras/ innovadoras, la universidad debe planificar y ayudar, en coordinación con el resto de agentes sociales, la creación de entornos para gestionar el conocimiento como sopor­te de una sociedad innovadora y competitiva. Desde es­tos entornos deben nacer las actividades de colaboración entre investigadores, empresas y nuevos emprendedores, generadoras de nuevas iniciativas y crecimiento social y económico sostenible.

Es decir, la universidad, como entidad emprendedora, debe acometer su responsabilidad para propiciar una socie­dad emprendedora, innovadora y con crecimiento sostenible, como se esquematiza en la figura 6, apoyándose en la forma­ción de las personas. Sin embargo, esta visión de necesidad de una sociedad emprendedora, España Nación Emprendedora para el Gobierno de España3, no aparece señalada por otros agentes (empresas o universidades). Tampoco la de universi­dad emprendedora, por lo que implica que queda mucho por hacer y la universidad no debe esperar sino actuar en el im­pulso para alcanzar una sociedad plenamente emprendedora.

Figura 6. Modelo estratégico de desarrollo local

4. Como referente, Europa establece la cultura emprendedora como valor social y la universidad no puede quedar ajena a ello.

Para su estratégica función formativa en habilidades emprendedoras, la universidad tiene un método referen­cial aportado por Europa, su marco EntreComp para el desarrollo de las competencias emprendedoras17, de modo semejante al aportado para las competencias digitales, DigComp. EntreComp establece las capacidades que, con mayor o menor intensidad, deben aplicar las personas para impulsar el crecimiento social, como se ve en la figura 7, apoyándose para ello en las competencias digitales, cuya vinculación visualiza el documento España Puede3.

Figura 7. Marco EntreComp

La misión de este nuevo marco es garantizar el acceso continuado de las personas, en un escenario armonizado y referencial, al necesario espíritu emprendedor como prio­ridad global para el desarrollo, estableciendo las capaci­dades en las que se deben educar y entrenar, tanto en sus etapas educativas como profesionales, para que puedan implementarlas. Al establecerse como referencia común para el mundo educativo y el del trabajo, EntreComp se convierte en un poderoso apoyo para la transferencia del conocimiento a través de las personas y, así, a la innova­ción y al crecimiento. Desarrollo y emprendimiento que­dan, con él, vinculados al entenderse el último como la capacidad transversal de las personas que, actuando sobre oportunidades e ideas, y usando recursos adecuados, consi­guen transformarlas en valor, económico, cultural o social para sí mismas o para otras.

Este marco referencial aporta, por tanto, a las perso­nas las capacidades para impulsar el crecimiento social, dotando a los emprendedores de un conjunto de habilida­des aplicables tanto en su desarrollo personal (formación, empleabilidad, autoempleo) como en su participación en el crecimiento social, a través del mercado laboral o la co­laboración. Estas capacidades, quince definidas, se sub­dividen en tres áreas vinculadas a la generación de ideas y aprovechamiento de oportunidades, la gestión adecua­da de recursos y, finalmente, a la ejecución de iniciativas. Todo ello, estructurado en un modelo progresivo de ad­quisición de las capacidades en cuatro niveles de menor a mayor autonomía y responsabilidad: desde el básico, en el que cada persona necesita el apoyo de otras, hasta el experto, en el que la autonomía ya está totalmente desa­rrollada, tras aportar a la persona capacidad para liderar e impulsar la transformación, la innovación y el crecimiento.

Estas capacidades, que se aprecian en la figura 7, son las que señala el Word Economic Forum18 como las ten­dentes a ser más demandadas socialmente al potenciar el pensamiento crítico, la creatividad o la inteligencia emo­cional. A través de estas capacidades se pueden encontrar mejores soluciones a problemas complejos, apoyándose en la gestión y coordinación de equipos, la negociación para el acercamiento de intereses, el análisis y la toma de deci­siones flexibles y sostenibles. Es decir, soluciones innova­doras para el desarrollo colectivo. Desde esta perspectiva, que conecta también con la empleabilidad demandada por CRUE7, debe trabajarse su oferta formativa por las univer­sidades.

5. Las sociedades innovadoras requieren universidades si­multáneamente investigadoras y emprendedoras.

Las universidades deben ser reconocidas, y reconocer­se ellas mismas, como verdaderas protagonistas de la ca­pacitación innovadora de la sociedad, más allá de la acep­tación de su contribución a la misma7. De la necesidad de sus funciones relativas a generar y transferir conocimiento debe surgir en ellas, por responsabilidad, una actitud pro­motora. Desde esta, y con la visión puesta en el crecimien­to de todos, deben acompañar a su consustancial perfil formativo, como entidades educativas, otros perfiles:

– El investigador que las distingue como creadoras de conocimiento.

– Y el emprendedor que las sitúa como elementos in­dispensables para trasladarlo en aplicaciones generadoras de crecimiento.

No hay ninguna duda sobre la alta eficiencia de la acti­vidad investigadora del sistema universitario español, y alta rentabilidad científica en calidad y cantidad en función de la inversión en I+D+i19,20. Establecida la cultura inves­tigadora en las universidades, lo que queda es garantizar una adecuada financiación que promueva inversiones con visión para paliar los déficits estructurales, cuya carencia lastra un mayor alcance de los resultados de investigación. Carencias incrementadas con la reducción de inversión debida a la crisis iniciada en 20082, como la pérdida de in­vestigadores, que exige políticas activas para la retención y captación del talento investigador 7, así como de personal de apoyo a la investigación, consolidando la estabilidad de sus carreras profesionales y propiciando equipamiento, re­cursos y estructuras funcionales favorecedoras de poten­ciar sus capacidades investigadoras.

Como ya se ha expuesto, esta mayor inversión debe garantizar actividades y programas que favorezcan la transferencia del conocimiento en apoyo de procesos innovadores. Ser instituciones promotoras de estas acti­vidades y programas es lo que debe caracterizar a las uni­versidades como instituciones emprendedoras, capaces de detectar oportunidades para aplicar su conocimiento en iniciativas generadoras de crecimiento sostenible para toda la sociedad.

Entendiendo que el aprovechamiento de las oportu­nidades lo activan las personas con su conocimiento y su capacidad de ponerlo en valor, las universidades em­prendedoras deben incluir la educación en competencias emprendedoras y la motivación al emprendimiento en el proceso formativo de los universitarios, sean estudiantes, doctorandos o investigadores.

La educación emprendedora tiene un importante im­pacto en los jóvenes, por el cambio de mentalidad que les proporciona y la capacitación que les supone en habili­dades transversales. Todo ello mejora su empleabilidad y su adaptación a los nuevos entornos profesionales con demanda de talento, en un momento en que un 65% de la demanda futura de trabajo es hoy desconocida18. Tam­bién su facilidad para aprovechar oportunidades de gene­rar nuevas iniciativas propias basadas en su conocimiento y experiencia. Todo ello genera grandes resultados a nivel colectivo, ya que los emprendedores activos son motores de procesos innovadores que propician crecimiento.

Para alcanzar el carácter de institución emprendedo­ra, a una universidad no le basta con formar profesionales emprendedores, necesita también ser proactiva en generar valor de todas sus capacidades y recursos para promover escenarios de crecimiento social. Por ello deben pasar a una dinámica de relación y colaboración activa –no de espera– con otros agentes (administraciones, empresas, otras instituciones universitarias o de investigación, o de desarrollo cultural y tecnológico…) que favorezcan mode­los estratégicos de desarrollo local en su entorno.

En el marco de estos modelos han de asumir la res­ponsabilidad de la formación integral –en conceptos y ca­pacidades– de las personas. No solo universitarias, sino también estudiantes no universitarios, profesionales, ad­ministradores públicos, desempleados o jubilados. Tam­bién de la activación de dichas personas para transmitir el conocimiento y la experiencia que atesoran en iniciati­vas que promuevan la innovación, la competitividad y el crecimiento de la estructura productiva, dando apoyo y acompañamiento a la creación, atracción y asentamiento de nuevas empresas productivas en los sectores más estra­tégicos, por oportunidad y capacidad, de la sociedad.

Estas acciones, sean dedicadas a las personas, al creci­miento del tejido productivo o a la creación y asentamien­to estable de nuevas empresas, deben estar coordinadas bajo estructuras de apoyo al crecimiento local, en las que la universidad debe colaborar en su concepción, creación y activación permanente, y favorecer la estabilización y la atracción del talento, verdadero motor de una sociedad permanente innovadora.

PROPUESTA S PARA LAS UNIVERSIDADES EMPRENDEDORAS

Del análisis del marco social, que determina las responsa­bilidades funcionales que las universidades deben aportar al desarrollo sostenible de la sociedad, se desprenden las siguientes propuestas dirigidas a ellas como entidades em­prendedoras:

1) Las universidades son responsables de la gestión del conocimiento para el desarrollo social y deben cumplir sus funciones con aptitud y actitud emprendedoras.

2) Las universidades deben señalar las acciones que la sociedad necesita y los actores a realizarlas, los recursos necesarios, el método y el ritmo de ejecución y partici­par activamente aportando el conocimiento de forma útil y eficiente.

3) Las universidades deben formar y entrenar a las per­sonas en competencias y conocimiento conceptual, para prepararlas a retos y necesidades sociales con máximo aprovechamiento de capacidades y oportunidades; generar conocimiento en investigación; y transferir el mismo a través de personas y procesos emprendedores, en pro de la innovación y la competitividad para un crecimiento social sostenible.

4) Las universidades deben evolucionar para cubrir la funcionalidad socialmente requerida desde el modelo actual, pivotando hacia otro que las haga promotoras de crecimiento social al ritmo que la sociedad ya lo demanda.

5) Las universidades deben añadir decididamente a sus funciones actuales de generar conocimiento y formar en conceptos, las de la formación en capacidades emprende­doras y de la gestión de sus capacidades como institución emprendedora, hacia adentro (intraemprendimiento) y hacia afuera (promotoras de desarrollo social).

La situación actual de crisis, social, sanitaria y econó­mica, asociada a la pandemia de la COVID-19, pone en evidencia de forma descarnada la necesidad urgente de esta transformación.

REFERENCIAS

1 La Universidad emprendedora. Conferencia. Federico Gutiérrez-Solana Salcedo en UNIR, Logroño, 10 de febrero de 2020.

2 Plan de choque para la ciencia y la innovación: Hacia una economía basada en el conocimiento. Gobierno de España. 2020.

3 España puede: Plan de recuperación, transformación y resiliencia. Gobierno de Es­paña. Presidencia del Gobierno. Octubre de 2020.

4 Estrategia España para la recuperación de la crisis del COVID-19. Deloitte, Esade y CEOE. Mayo 2020.55 la universidad del futuro, la universidad emprendedora

5 Decálogo CEOE para el aprovechamiento del Plan Europeo de Recuperación en España. Octubre 2020.

6 Plan de choque para la ciencia y la innovación. Análisis, valoración, propuestas. Fundación Cotec para la Innovación. Septiembre 2020.

7 Universidad 2030. Propuestas. CRUE Universidades Españolas. Octubre 2020.

8 Gutiérrez-Solana Salcedo, Federico. La razón social para la asociación universi­dad-empresa, en Universidades y Empresas. Apuntes para crear sinergias con senti­do. StudiaXXI, Fundación Europea Sociedad y Educación, 2018, pp. 40-53.

9 Pastor, J.M., y Peraita, C. La contribución socioeconómica del Sistema Universitario Español. Madrid. Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, Secretaría Gene­ral de Universidades, 2012.

10 Gutiérrez-Solana Salcedo, Federico. La universidad promotora: ¿cómo propiciar una cultura de transferencia de conocimiento? Post en blog UniversidadSi, Stu­dia XXI. Mayo 2020. https://www.universidadsi.es/la-universidad-promotora-co­mo-propiciar-una-cultura-de-transferencia-de-conocimiento/.

11 Gutiérrez-Solana Salcedo, Federico. La investigación como valor social de la Universidad, el caso del SUE. Universitas Tarraconensis. Revista de Ciències de l’Educació. Monogràfic 2018, pp. 45-67.

12 The Boundary Spanner Development Program. https://www.spanning-boundaries.eu.

13 II Informe sobre Emprendimiento Corporativo en España: Situación y claves de la colaboración entre empresas para innovar y ser más competitivos. Banco Santan­der-Santander Universidades, Centro Internacional Santander Emprendimiento (CISE). 2020.

14 Informe Global Entrepreneurship Monitor (GEM) España 2019-2020. Enisa, Centro Internacional Santander Emprendimiento (CISE). 2020.

15 Carnicer, M.P.; Juliá, J.F.; Melia-Marti, E.; Villalonga, I. El emprendimiento en el sistema universitario. El caso de las universidades de la ciudad de Valencia. Editorial de la Universidad de Cantabria, 2015.

16 Effects and impact of entrepreneurship programmes in higher education. European Commission. 2012.

17 EntreComp into Action. Get inspired make it happen. A user guide to the European Entrepreneurship Competence. Framework. European Commission. 2018.

18 Future of Jobs Report. World Economic Forum. Octubre 2020.

19 Gutiérrez-Solana Salcedo, Federico. La comparación entre las universidades. Los Rankings Universitarios, mitos y realidades. Editores Climent, V.; Michavila, F., y Ripollés, M. Editorial Tecnos, pp. 23-41, 2013.

20 Gutiérrez-Solana Salcedo, Federico. Investigación e Innovación en Universidad 2018. Nueva Revista, nº 163, 2017, pp. 126-142.

Albert Camus, una reconsideración radical del periodismo

El periodismo ha perdido el rumbo. En un tiempo estuvo en un barco habitado por la información, pero los tripulantes del navío se dejaron seducir por las estrellas fugaces que se activan desde misteriosos mecanismos y terminó siendo más atractiva la luminaria de origen desconocido que la antigua carta de navegación. La navegación hasta entonces se aseguraba con datos seguros, comprobados, pero ya no hace falta. Los bandoleros mal informados que asaltaron el Capitolio poco antes de que Trump fuera sucedido por Joe Biden forman parte del enorme ejército de convencidos de que para viajar en barco da igual la información que la opinión, aunque ésta se base en mentiras.

La noche de la verdad. Traducción: MªTeresa Gallego Urrutia. Debate. Barcelona, 2021. 432 págs. 24,90 € (papel) /12,99 € (Digital)
La noche de la verdad. Traducción: Mª Teresa Gallego Urrutia. Debate. Barcelona, 2021. 432 págs. 24,90 € (papel) /12,99 € (Digital)

De hecho, las mentiras resultan ahora más atractivas, tienen mejor prensa, que lo que cuesta comprobar. El rumor, que en un tiempo no tenía cabida en la escritura de los periodistas sino en las soflamas de los pasquines, son ahora alimento que engorda tertulias en las que participan sedicentes periodistas que, además, manejan como si fueran suyos los argumentos de los partidos políticos de los signos más diversos. El resultado es un caos del que se nutren a la vez el periodismo, la política y los ciudadanos. Las redes sociales han enmarañado el tablero y hoy solo hay nube o furia donde antes hubo periodismo. El barco está loco y los tripulantes sufren un mareo que conduce a una terrible guerra en la que los datos no importan tanto como la opinión que se forma a raíz de la existencia de los rumores.

Las redes sociales le han dado tal impulso a la mentira que ahora ésta no sólo es más potente sino que convence con más facilidad

El asunto es muy viejo, naturalmente, y ha sido materia de estudio o preocupación desde la antigüedad; ha sido trampolín de desprestigios interesados, en tiempos de paz y en tiempos de guerra, y ahora es el campo en el que se libra una batalla total en la que va ganando la mentira. La mentira, como la verdad, no es un valor absoluto (si aquella fuera un valor), pero mientras en el esquema de una información haya el aire de un rumor la noticia estará más cerca de la mentira que de la verdad, pues la mentira mancha más, y es una mancha sucia. Las redes sociales le han dado tal impulso a la mentira que ahora ésta no sólo es más potente sino que convence con más facilidad. Porque, además, se divulga con la velocidad con la que vuelan el virus o las pompas de jabón.

Reclamaba “una prensa clara y viril”, y a los periodistas les recordaba “que las palabras tenían un valor y que había que pensárselas”

Albert Camus, un personaje que logró imponerse a otras autoridades del siglo XX (como Jean Paul Sartre), alertó de esta situación en medio de la Segunda Guerra Mundial, cuando las mentiras de Hitler generaron matanzas que ahora son revividas como materia de conmemoración aunque los argumentos que las llevaron a efecto sigan siendo inyectados en la sociedad desde los mecanismos mentirosos que, en otro tiempo, puso en marcha el diabólico dictador alemán.

Casi cada día, el entonces director de Combat, autor luego de El extranjero y en 1957 precoz Nobel de Literatura, hizo honor a los rudimentos viejos del oficio, no se dejó contaminar por el clima de la guerra, donde casi todo vale, y usó su tribuna en el periódico (desde 1944 a 1947) que fue uno de baluartes civiles de la Resistencia para avisar de las desviaciones a las que unos y otros querían conducir lo que publicaba entonces la prensa.

Comprometido con la causa antinazi, como todos sus compañeros, tuvo tiempo cuando Hitler aun amenazaba con su bota de acero (1944) de llamar la atención sobre los deberes sagrados del oficio que él ejercía y admiraba. Él reclamaba “una prensa clara y viril”, y a los periodistas les recordaba “que las palabras tenían un valor y que había que pensárselas”, pues en aquel momento era “responsabilidad de los periodistas” la dignidad que querían “restablecer para el oficio”.

LAS REGLAS DEL OFICIO

En épocas en que ya se preparaba Francia (y el mundo) para la caída de Hitler y por tanto para restablecer la ética de los distintos comportamientos decaídos por la contienda, explicó de esta manera las reglas del oficio: “Cualquier reforma ética de la prensa sería en vano si no la acompañasen medidas políticas que permitieran garantizarles a los periódicos una independencia real frente al capital”.  Pero, a la inversa, seguía Camus en uno de sus editoriales firmados en Combat, “la reforma política no tendría sentido alguno si no se inspirase en una profunda reconsideración del periodismo que llevasen a cabo los propios periodistas. Aquí, como en los demás, existe una interdependencia entre la política y la ética”.

Un periodista es, “en resumidas cuentas, un historiador sobre la marcha cuya principal preocupación ha de ser la verdad”

Esa reconsideración del periodismo la exigía el autor de El revés y el derecho mientras resonaban las bombas y sus compañeros daban noticia de la peor tragedia del mundo hasta ahora. Pero él estaba inaugurando una reflexión sobre “la nueva prensa”, y es tal el alcance que le da a su preocupación por el oficio que hasta hoy debería llegar su eco. Decía Camus que en los años de la clandestinidad también era imperiosa esa discusión. Pues un periodista es alguien que “se supone que tiene ideas”, “se encarga a diario de informar al público de los acontecimientos del día anterior” y por tanto es, “en resumidas cuentas, un historiador sobre la marcha cuya principal preocupación ha de ser la verdad”.

Pero la verdad no nace sola. Dice Camus: “Cualquier historiador sabe hasta qué punto en historia, pese a la perspectiva, el cotejo de documentos y los testimonios que coinciden, es la verdad cosa escurridiza. A este estado de hecho sólo puede aportar una enmienda, que es ética; quiero decir, un prurito de objetividad y de prudencia”.

El libro en el que ahora se incluyen estas reflexiones (entonces urgentes, ahora urgentísimas) sobre los perjuicios que causa el rumor como materia del oficio ha sido publicado en España por Debate, La noche de la verdad, cuenta con un importante prólogo de Manuel Arias Maldonado y la traducción es de María Teresa Gallego Urrutia. Como El revés y el derecho (Alianza Editorial, 1984, traducción de Alberto Luis Bixio, revisada por Miguel Salabert), donde el Nobel argelino cuenta cómo “el sol que reinó sobre” su infancia lo privó “de todo resentimiento”, este es un libro sobre los orígenes y perjuicios del odio, y el (mal) ejercicio del periodismo es su piedra de toque.

Cuando nos dicen que la mentira y sus otros aditamentos “es lo que quiere el público”, hemos de replicar que eso no es cierto. “No, el público no quiere eso. Se le ha enseñado durante veinte años a quererlo, que no es lo mismo”

 En el artículo en el que avisa a los periodistas de las obligaciones que concurren en lo que no está escrito en nuestro carnet, avisa Camus que cuando nos dicen que la mentira y sus otros aditamentos “es lo que quiere el público” hemos de replicar que eso no es cierto. “No, el público no quiere eso. Se le ha enseñado durante veinte años a quererlo, que no es lo mismo. Y también el público ha reflexionado durante estos cuatro años, está dispuesto a adoptar el tono de la verdad puesto que acaba de vivir una época de verdad terrible”. Hice este subrayado, porque creo que es como una de las flechas que Camus ha hecho llegar hasta ahora mismo: “Pero si veinte periódicos, todos los días del año, exhalan a su alrededor el mismísimo aliento de la mediocridad y del artificio, respirará ese aliento y no podría ya prescindir de él”.

Esta radical reconsideración del periodismo de antaño es similar a la que hace sólo tres años puso en circulación el profesor Timothy Snyder en Sobre la tiranía (Galaxia), avisando, como avisaba Camus contra Hitler, acerca de los perjuicios que tenía sobre la conciencia civil de los hombres la aceptación perezosa de las manipulaciones de la que ahora son objeto (por Trump, en este caso) los medios de comunicación y, sobre todo, las redes sociales, con ese “tono de verdad” que denunciaba el director de Combat.

Uno de aquellos editoriales de Camus apelan al periodista de hoy como una exigencia que va más allá de lo que en este tiempo marca el estilo del oficio. Él se refiere a la situación en Francia de aquel momento, pero nosotros podemos aplicar hoy su reflexión al momento estrictamente mundial de la ciudadanía cibernética. Dice el que sería Nobel: “Lo esencial (…) es que estemos sobre aviso. La tarea de cada uno de nosotros es pensar bien lo que se propone decir, ir moldeando poco a poco cuál es la esencia de su periódico, escribir con atención y no perder nunca de vista esta inmensa necesidad en que nos hallamos de devolver a un país su voz profunda”. Y ese es el final del artículo, que es la vez un grito: “Si hacemos que esa voz siga siendo la de la energía más que la del odio, la de la orgullosa objetividad y no la de la retórica, la de la humanidad más que la de la mediocridad, entonces quedarán a salvo muchas cosas y habremos estado a la altura”.

UN MOTIVO DE ORGULLO

Cuando leí, hace muchos años, El revés y el derecho, y sentí que aquella frase sobre el sol y contra el rencor era una apelación vital sobre el oficio, subrayé tanto ese libro que parecía que quería reescribirlo. Me ha sucedido ahora, de nuevo; pero en este caso porque siento que esta recopilación no se detiene en la diatriba dicha bajo la sombra horrible de una guerra, sino que advierte a los ciudadanos obnubilados por los destellos de la mentira a exigir a la prensa, en todas sus formas, el respeto a las normas eternas de un oficio que podría desaparecer bajo un lodo que se ofrece bajo la especie de la transparencia y que tan solo es grito y furia sin otro fundamento que el de causar el daño del rencor y de la sombra. Es un oficio muy serio, del que depende la salud mental de la humanidad, que exige a los periodistas la lucha que obliga a los historiadores a fijar, con honestidad y valor, lo que pasó en otros tiempos.

En el mejor ensayo que se haya hecho sobre Camus y, entre otras cosas, los valores del periodismo (Camus a contracorriente, traducción de José Luis Aristu, Galaxia, 2008), su amigo de la infancia Jean Daniel (legendario director de Le Nouvel Observateur), recoge lo que pasó tras una de las ocasiones en que Camus, al final de una jornada de trabajo, se sintió feliz de lo que él y sus compañeros habían hecho para que Combat no fuera solo unas hojas sino un motivo de orgullo. Exclamó Camus, para brindar con ellos: “¡Vale la pena luchar por una profesión como ésta!”

Para llegar a ese brindis hoy habría que tener la certeza de que el barco no hace aguas o no nos encandilan sus luces falsas.

(Artículo publicado inicialmente en La Nación de Buenos Aires)

Más allá de la universidad

«Ningún verdadero maestro puede dudar de que su tarea es ayudarle a su alumno a realizar la naturaleza humana contra todas las fuerzas deformadoras de la convención y el prejuicio»

(Allan Bloom. The closing of American Mind, 1987)

«Una crisis nos obliga a volver a las cuestiones mismas y exige respuestas nuevas o viejas, pero, de todos modos, requiere juicios directos. Una crisis solamente se torna un desastre cuando respondemos a ella por medio de juicios preformados, es decir, por medio de preconceptos. Tal actitud no solamente agrava la crisis como también nos priva de la experiencia de la realidad y de la oportunidad que ella proporciona a la reflexión.»

(Hannah Arendt, The crisis in education, 1954)

En plena emergencia educativa, mientras las universidades buscaban atender el derecho a aprender de sus alumnos con un uso más o menos atropellado de internet, los periódicos y redes sociales recogían la noticia del lanzamiento de Google career certificates. Un servicio con tarifa plana de 250 euros y una duración de seis meses, que da la opción a conseguir títulos de Google equiparables a un grado. No es casualidad que El País titulara la noticia con: «Google, también a por la universidades»; y La Vanguardia con: «Google ya diseña sus propias carreras universitarias». En el texto de El País podía oírse la voz profética de un profesor de la Universidad de Nueva York que nos recordaba que «ya sucedió algo similar con los periódicos, que con la irrupción de internet perdieron progresivamente el monopolio informativo».

Sirva esta noticia exclusivamente como una anécdota del sinfín de proyectos de corporaciones tecnológicas y educativas que están emergiendo en la crisis actual, en muchos casos después de más de una década de espera para afianzar su modelo de negocio.

El sistema de educación superior ofrece unas expectativas de crecimiento alto, sostenido y a largo plazo, por lo que la irrupción de nuevos operadores es difícilmente cuestionable y evitable

El sistema de educación superior ofrece unas expectativas de crecimiento alto, sostenido y a largo plazo, por lo que la irrupción de nuevos operadores es difícilmente cuestionable y evitable. Actores que incorporan nuevos productos formativos acordes a las demandas empresariales, con nuevas metodologías flexibles de aprendizaje fundamentadas en un uso intensivo de la tecnología; además de, con contenidos de excelencia referenciados por las universidades líderes en los rankings globales, y con prácticas de certificación de competencias al margen de los títulos oficiales, legitimadas por el reconocimiento del mercado de trabajo y con una alta empleabilidad.

El impacto de este nuevo marco educativo en los sistemas nacionales de aprendizaje afectará tanto a las prácticas formales, como a las no formales, e incluso a las informales, e impulsarán cambios radicales. Para valorar la dimensión del fenómeno al que nos enfrentamos podemos usar como referencia las previsiones del Instituto de Estadística de la UNESCO.

El bienestar de las personas, la productividad de las instituciones y la sostenibilidad de las sociedades dependerá de su capacidad de aprender y de la prioridad que concedan a esta actividad

Según este organismo internacional, en 1970 había 32,6 millones de estudiantes matriculados, en comparación con 99,9 millones en 2000, y se estima que para 2030 habrá 377,4 millones, 471,4 millones en 2035 y 594,1 millones de estudiantes en 2040. Tan solo en el sector de las universidades, Rafael Puyol, presidente de UNIR, considera que «algo parecido va a pasar en España en un contexto de crecimiento general del alum- nado hasta 2030-35 debido al desembarco de las generaciones nacidas en la etapa de recuperación de la natalidad (1998-2008)».

Estos cambios se retroalimentan en un entorno social que de acuerdo con el informe de la OCDE Knowledge Management in the Learning Society. Education and Skills, del año 2000, bien podríamos denominar «sociedad del aprendizaje». Como señala José Antonio Marina, «hemos entrado en la sociedad del aprendizaje, que se rige por una ley implacable: Toda persona, toda empresa y toda sociedad, para progresar, tiene que aprender al menos a la misma velocidad a la que cambia el entorno. Y si quiere progresar, deberá hacerlo a más velocidad».

El bienestar de las personas, la productividad de las instituciones y la sostenibilidad de las sociedades dependerá de su capacidad de aprender y de la prioridad que concedan a esta actividad. Este informe de la OCDE repite el título del libro en el que Robert Hutchins nos proponía, en 1968, a una visión utópica de la sociedad, cercana a la Paideia griega, en la que el desarrollo integral de la persona a través del apren- dizaje estaría en el centro de la actividad social. Con una perspectiva complementaria de naturaleza económica, el premio Nobel Joseph E. Stiglitz, en su monografía La creación de una sociedad del aprendizaje, nos recuerda que «el éxito de las economías modernas se debe a la innovación del aprendizaje», a la vez que insta a la puesta en marcha de políticas públicas que ayuden a superar las ineficiencias del mercado para facilitar el aprendizaje personal e institucional.

LA PARADOJA DE LA SOCIEDAD DEL APRENDIZAJE

La sociedad del aprendizaje lleva aparejada una paradoja: nos obliga a vivir sin poder parar de aprender, a la vez que nos sumerge en una incertidumbre irresoluble; lo que una persona necesitará conocer dentro de veinte años es imposible de saber de manera adecuada en el presente. Solo cabe un propósito: educarse. Como señala Stiglitz, «el factor determinante en el aprendizaje de los individuos son sus capacidades, su capacidad de aprender y, quizá, el determinante más crucial en ello es la educación». Una educación que no podrá ser igual a la que ha sido hasta ahora. «La comunidad académica debe tener el valor de decirle a la juventud que las prerrogativas y certezas no forman ya parte del presente. Es en la incertidumbre donde está la esperanza, al filo de las luces y las sombras» (Federico Mayor Zaragoza, 1992). Del papel que asignen las políticas públicas a las universidades, y de la capacidad de estas para adaptarse a las demandas sociales, no solo dependerá su futuro, sino también la justicia y la prosperidad de sus países.

Al plantearnos el futuro de la universidad lo primero que deberíamos de tener en cuenta es que no existe un concepto único de universidad, la idea y la función de la misma están estrechamente vinculadas a los territorios y al momento en el que desarrollan su actividad. Como destaca el premio Príncipe de Asturias, Belisario Betancourt, «una nación sin universidad es un ser incompleto, sin expresión, ni señas de identidad; y, sobre todo, es una nación recortada de perspectivas e interrogada en su destino». El proceso de democratización en el acceso a la universidad posterior a la Segunda Guerra Mundial en los países occidentales, y las transformaciones producto de la globalización en las últimas décadas, en especial en Asia, han acarreado una mayor diversidad entre las universidades. Por otra parte, el retorno generado, en las últimas décadas, por las universidades a sus respectivos países también han sido muy diversas, con aportaciones en muchos casos decisivas, como en España, para la consolidación de una cultura de la democracia.

Por otro lado, conviene recordar que «la universidad es una institución que vive de sus crisis», como señalaba e 1989 en el Club Siglo XXI el entonces rector de la Universidad Complutense de Madrid. En la apertura del congreso sobre «La universidad ante el quinto centenario del descubrimiento de América», Federico Mayor Zaragoza, en aquel momento director general de la UNESCO, apelaba a la urgencia de adaptar la universidad: «Es preciso –decía– crear una conciencia social, un convencimiento general para poder enderezar los viciados contornos de nuestras instituciones de enseñanza superior concebidas para otros momentos y otros contextos».

La crisis económica y la masificación reclamaban la transformación de la universidad a finales del siglo pasado. De igual manera que dos siglos antes la revolución humboldtiana había metamorfoseado los vestigios de la universidad escolástica (cuyo aislamiento de la sociedad había conducido al cierre de universidades, último refugio del pensamiento más reaccionario), creando una nueva institución, la «universidad investigadora». Un proyecto concebido a la luz de la revolución industrial, el liberalismo y la creación de los estados nación, que, junto a las universidades imperiales en Japón, y las Land-Grant Universities estadounidenses, contribuirían a transformar el mundo de manera radical. Universidad escolástica en cuyas aulas se alumbraron las ideas que condujeron a la Reforma protestante, y que en siglos previos abrieron paso a un saber interrogante, indagado y adquirido que debía conducir al descubrimiento de la Naturaleza y a los ideales del Humanismo.

Al hablar de universidad tampoco podemos pasar por alto su singularidad en el marco constitucional, que deriva de sus privilegios originarios como comunidad de maestros y estudiantes, derechos incorporados en la libertad de cátedra, y que hoy se vertebran en el derecho fundamental de la autonomía universitaria, reconocido en el artículo 27 de la Constitución española. Derecho de autonomía que viene a establecer una suerte de relación directa entre universidad y sociedad, o cuando menos, una relación paralela a la del Estado. Privilegio que confiere a la universidad una profunda responsabilidad social, y que la legitima a intervenir en las regulaciones que sobre su futuro se pretende establecer desde las administraciones territoriales.

Otras circunstancias que con demasiada frecuencia condicionan el debate universitario son los prejuicios ideológicos. Nos referimos tanto a aquellos prejuicios que surgen de la nostalgia de una universidad de excelencia, que nunca existió; planteamientos que conllevan implícitamente la denuncia de la universidad de masas, y la reivindicación de una universidad de élites, como también a aquellas posiciones que denuncian la mercantilización de la universidad, reivindicando la desaparición de cualquier vínculo con el mundo productivo. Posiciones, no por legítimas, menos estériles y bastante más cercanas en sus conclusiones de lo que pudiera parecer en primera instancia.

Junto a los prejuicios ideológicos también son frecuentes los tópicos interesados que denostan la universidad española. Así pasa cuando la endogamia se plantea como si fuera una enfermedad de los universitarios y no como consecuencia de un determinado modelo refrendado, reforma tras reforma.

Desgraciadamente, la lectura sesgada de los rankings internacionales hace habitual minusvalorar el sistema universitario español

Desgraciadamente también la lectura sesgada de los rankings internacionales hace habitual minusvalorar el sistema universitario español. Son los datos de estos mismos rankings los que ponen de manifiesto que, en su conjunto, solamente son aquellos países que han convertido la industria de la educación superior en su principal actividad de servicios los que aparecen situados detrás del sistema universitario español. Por no hablar del lugar común de reprochar a la universidad su incapacidad para poner en valor los resultados de su investigación, sin perjuicio de que no exista un análisis riguroso acerca de si esta situación responde más bien a una limitación del sistema productivo español.

EL RETO DE REDEFINIRSE

Hoy por hoy, las universidades se han convertido en el actor más destacado del creciente y complejo ecosistema de la educación superior. Si aspiramos a que la universidad siga manteniendo su centralidad, no bastará con rememorar méritos anteriores, ni con reivindicar como propia la misión que Ortega y Gasset deseó para la universidad: transmitir la cultura, enseñar las profesiones y asumir la investigación de ciencia.

Como no será suficiente para liderar la sociedad del aprendizaje, aunque sea absolutamente necesario, que las universidades sean diversas, y compitan con los nuevos actores, incorporando nuevos públicos, nuevas competencias, nuevas metodologías y nuevas certificaciones, y que, aun siendo de gran valor, refuercen su condición de impulsores del desarrollo endógeno a través de la innovación tecnológica y social, o que se posicionen como industria de la educación superior y motor de la atracción de talento a sus territorios.

La universidad debe construir una nueva «carta de servicio público» que evidencie su capacidad diferencial de generar valor

El reto de las universidades es redefinirse en relación con la singularidad de la función que su sociedad demanda. Desde su posición privilegiada y única entre la sociedad y el Estado; el mercado y los reguladores; lo global y lo local, la universidad tiene que renovar su legitimidad. La universidad debe construir una nueva «carta de servicio público» que evidencie su capacidad diferencial de generar valor. Tiene que revisar su contrato social en un nuevo marco en el que su presencia está llamada a ser mucho más intensa y determinante: en la sociedad del aprendizaje.

Este pacto viene determinado por las funciones y privilegios que justifican la razón de ser de la autonomía universitaria: la búsqueda, la reflexión y la comunicación. Atributos estos garantizados constitucionalmente como condición necesaria para atender el deseo de comprender la realidad, así como de promover la transformación de las personas y de la sociedad de acuerdo con los valores de un Estado social y democrático de derecho.

Pasemos, a continuación, a considerar cuáles son conceptos en los que podría apuntalarse la singularidad de la propuesta de valor de las universidades para su centralidad en la sociedad del aprendizaje.

EL ESTUDIO

El artículo 1 de la Ley Orgánica de Universidades, Funciones de la Universidad, establece en su primer párrafo que «la universidad realiza el servicio público de la educación superior mediante la investigación, la docencia y el estudio». Es el momento de reivindicar el estudio como actividad esencial de la universidad. El estudio entendido como el camino para el desarrollo personal y la socialización.

«El estudio no tiene que ver con adquirir conocimientos o competencias o, en general, con el logro de resultados de aprendizaje, sino con la formación del sujeto y con la transformación de su relación con el mundo, es decir, con hacerla más atenta, cuidadosa, densa y profunda» (McClintock, 1971). Una universidad transformadora es la oportunidad conocida y probable de entender la educación como un todo. De acercarnos a los referentes que hace veinticinco años marcó el Informe Delors de la UNESCO. Porque, como nos recuerda César Coll, «no podemos separar al estudiante del aprendiz».

En un escenario que bien podemos llamar de «nuevo orden educativo» nada parece más necesario que reivindicar la figura del maestro en la universidad

La otra cara de la moneda del estudio es aquella en la que aparece la figura del maestro. En un escenario que bien podemos llamar de «nuevo orden educativo», caracterizado por un acceso potencialmente universal y ubicuo a la información, y dominado por una ideología que nos invita a creer que cada persona tiene exclusivamente bajo su propia responsabilidad el aprender a lo largo de su vida, nada parece más necesario que reivindicar la figura del maestro en la universidad. La función del maestro es esencial en tanto que agente que gestiona, con claridad, lo que queremos alcanzar en conocimiento, habilidades, subjetivación y, por supuesto, socialización a través de la educación. En la era de internet, las instituciones que consideren al profesor como una fuente de información están llamadas a la irrelevancia. El maestro no es recurso, es un «virtuoso» que posee el «don de la enseñanza».

Hablamos de la transformación del profesor, mediatizado por indicadores cuantitativos, para llegar a ser un maestro capaz de «dirigir su actividad al control de la definición de lo que es deseable en cada situación, en lo que respecta a los propósitos y a los medios desde el punto de vista educativo, para valorar la singularidad de persona y el momento; en definitiva, para asumir el juicio y la mediación del maestro» (Gert J.J. Biesta, 2016).

LA ESPERANZA

«Esperanzarse es mostrarse capaz de anticipar lo por venir y comenzar desde ya a transformar nuestras condiciones actuales de vida. Darnos esperanza es construir desde ahora. La esperanza entonces es performativa» (Antonio Lafuente, 2018). La esperanza es el principal valor de la universidad para la sociedad del aprendizaje.

En una sociedad en la que la capacidad de aprendizaje permanente es la condición para el acceso a una actividad retribuida y al ejercicio de la ciudadanía, en definitiva, para eludir la exclusión, el propósito de la universidad es diferencial. Así, el sesgo socioeconómico de los estudiantes en la universidad no es una variable independiente en la función universitaria, pues «gran parte de los retos de la educación no son educativos sino sociales» (Carlos Magro, 2020).

La garantía del acceso al conocimiento de una manera inclusiva y diversa es esencial. En su consecución, las universidades adquieren una relevancia superior a la que hayan podido tener en cualquier otro momento. El aprendizaje permanente es determinante de la mejora de la productividad de las personas, pero por encima de todo, es una condición de ciudadanía.

La falta de movilidad social que condena a la sociedad española actual (Olga Cantó, 2020), y que la universidad consiguió romper hace unas décadas, se soporta fundamentalmente en la ignorancia. La Organización Mundial del Trabajo, en la declaración por su centenario, nos recordaba que el principal obstáculo para acceder a un empleo digno es «la carencia de las competencias básicas, que limita la capacidad de comprender la importancia que tiene su conocimiento». La paradoja de Menón nos persigue, y sirve para recordar el papel crucial de las políticas públicas y de las universidades.

En un mundo interconectado es imposible hablar de esperanza y equidad como circunstancias aisladas, de ahí que sea consustancial su vinculación a la idea de una universidad cosmopolita. El cosmopolitismo surge cuando los contextos locales de interpretación se transforman como consecuencia de su interacción con lo global, a la vez que estos sufren la influencia de lo local. Las universidades son un nodo privilegiado que posibilita la glocalización, así como, agentes clave en la construcción de nuevos tipos de ciudadanía que van más allá de nación (Gerard Delanty, 2008).

Posiblemente el mayor reto al que se enfrenta la universidad, y las universidades, es aprender a escuchar a la sociedad, y, por qué no, a escucharse

La emergencia de los populismos y nacionalismos nos sirve para cuestionar el papel subordinado que tuvieron las universidades elitistas en la construcción de las estructuras cognitivas del Estado-nación. Reemplazar, en las universidades de masas, esta hegemonía por la del mercado, lejos de solucionar el problema, lo agravaría. La construcción de una sociedad que tenga como  referencia la democratización en el acceso al conocimiento demanda una universidad abierta que contribuya a definir las estructuras cognitivas de la sociedad.

Por otra parte, siguiendo con la visión cosmopolita de la universidad, conviene recordar que en la Carta Constitucional de la UNESCO, en 1945, ya aparece como indisoluble la unión entre educación y paz, en su apartado primero: «Que, puesto que las guerras nacen en la mente de los hombres, es en la mente de los hombres donde deben erigirse los baluartes de la paz». Desde entonces, y según ha ido evolucionando la relación de la universidad con la sociedad, no ha hecho más que evidenciarse que la universidad, como señala la expresidenta del Consejo Ejecutivo de UNESCO, Aziza Bennan, «puede contribuir de forma eficaz a la creación de un mundo en el que exista mayor comprensión, concordia y paz, en beneficio de la gran familia humana, la cual, al fin al cabo, tiene un único y mismo destino común. Este mundo solo podrá hacerse realidad si nos orientamos hacia el mestizaje, la convivencia multicultural y lo universal»

Posiblemente el documento que mejor recoge este compromiso es la Declaración Mundial sobre la Educación Superior en el siglo XXI de UNESCO en 1998, en donde se refuerza la idea de «la necesidad de una nueva visión y un nuevo modelo de la educación superior».

El compromiso actual de las universidades con los objetivos de desarrollo sostenible 2030 de la ONU, no hacen más que dar continuidad a lo expresado en declaraciones como las de 1990 de Talloires (Francia), o de 1990 de Halifax (Canadá). Manifiestos cuya concreción hacen evidente que no hay una red global con la capacidad de la universitaria para buscar la paz y la sostenibilidad económica, social y medioambiental.

LA ESCUCHA

Posiblemente el mayor reto al que se enfrenta la universidad, y las universidades, es aprender a escuchar a la sociedad y, por qué no, a escucharse. Ninguna otra institución goza de una posición como la suya en la relación entre sociedad y Estado. Privilegio que le legitima y habilita para actuar como una plataforma de escucha capaz de integrar flujos de información tan dispares como los que proceden de: el estudio, la educación, la investigación, la innovación tecnológica y social, la atracción de talento, la creación cultural, la interculturalidad, la globalidad, la búsqueda de la paz…  La gestión de un mundo cada vez más global e interrelacionado, como es al que nos dirigimos, demanda plataformas de convivencia, de cohabitabilidad y de cocreación que lo hagan posible. Las universidades tienen ante sí una oportunidad ineludible.

Una universidad calmada puede crear «una forma de organización del conocimiento que dé valor al entorno local, al trabajo colaborativo, que anteponga la vida buena, que sea capaz de aprender sin necesidad de aislarse y que convierta a sus miembros en una comunidad más libre, justa y sostenible. Un espacio de encuentro para lo transdisciplinar, lo interdisciplinar y lo indisciplinar. Un lugar para enfrentarnos a los conflictos de naturaleza crónica ante los que actuamos como si el tiempo los arreglara por sí solo, cuando sabemos que no es así» (Juan Freire, 2018).

La necesidad de escuchar de las universidades puede canalizarse a través del emergente concepto de la ciencia abierta, cuyo antecedente más sólido lo encontramos en la Conferencia Mundial sobre la Ciencia para el Siglo XXI: Un nuevo compromiso de Budapest, en 1999, de donde surgió la Declaración sobre la Ciencia y el uso del saber científico de UNESCO.

Por un lado, las universidades son el principal instrumento del que disponen los poderes públicos para contrarrestar la privatización del conocimiento. Es un sentir común que la respuesta a los acuciantes conflictos energéticos, climáticos, alimentarios, epidemiológicos o de salud a los que nos enfrentamos no pueden quedar bajo el único criterio de los planes de negocio de las corporaciones con capacidad de producir y adquirir el conocimiento; y, sobre todo, de modular la llegada de sus beneficios a la sociedad por criterios exclusivamente de mercado. La soberanía tecnológica, nacional o europea, ha pasado a ser una preocupación crítica en todas las estrategias de seguridad y defensa, como hemos podido vivir en la crisis de la COVID. En este sentido podemos encontrar en las últimas décadas múltiples declaraciones institucionales; desde la realizada por los ministros de ciencia y presidentes de las academias del G-8 en 2013, a las célebres de la Open Society Foundations (OSF), Budapest Open Access Initiative 2002, o Berlin Declaration on Open Access to Knowledge in the Sciences and Humanities, Berlín: Max Plank Society, 2003/2007.

En este apartado también hay que destacar la tradicional dificultad que encuentra para abrirse paso la comunicación social de la ciencia. Antivacunas, negacionistas del calentamiento global o de la COVID, tierraplanistas o supremacistas conviven en la irrelevancia de la cultura científica, cuando no en el aislamiento de los científicos. Vivimos una realidad cada vez más esquiva. Las noticias falsas ya no se elaboran en pueblos de Ucrania. Las mayores falsedades se inoculan con talento y recursos, tomando incluso la forma de las publicaciones científicas. Recientemente lo hemos podido comprobar en la lucha por la desinformación sobre el SARS-CoV-2, con la publicación realizada por Li-Meng Yan y financiada por Steve Bannon. En este ámbito es de destacar la Iniciativa Helsinki sobre Multilingüismo en la Comunicación Científica de 2019, que defiende con intensidad la necesidad que la investigación se realice en el idioma vernáculo para interactuar con la sociedad y para compartir conocimiento más allá de la academia.

La universidad tiene la oportunidad de jugar un papel determinante en la construcción de una ciencia ciudadana, y con ella, en la defensa de la democracia

Por último, los grandes desafíos a los que nos enfrentamos como especie, el cambio climático, los demográficos, la eugenesia o la pérdida de la intimidad, no pueden resolverse solo en los laboratorios y por los expertos. Es necesario incorporar a los ciudadanos en la formulación de las preguntas y en la investigación de las respuestas. Su diagnóstico y tratamiento necesita de la presencia de los afectados; de los expertos en experiencia. La universidad tiene la oportunidad de jugar un papel determinante en la construcción de una ciencia ciudadana, y con ella, en la defensa de la democracia.

CONCLUSIÓN

Hay tantas universidades posibles como propuestas de sociedad. La construcción de la sociedad del aprendizaje demanda una universidad capaz de ofrecer servicios y valores que ninguna otra institución puede ofrecer. Sobre el estudio, y la figura del maestro, la esperanza, construida a través de una visión cosmopolita, y la escucha, articulada sobre la noción de ciencia abierta, la universidad está en condiciones de garantizar el acceso democrático al conocimiento.

Construir una universidad transformadora, calmada y abierta, que mire más allá del mercado, del laboratorio y del Estado, con una visión propositiva, creativa y glocal, es una prioridad moral.