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La globalización y el cambio climático intensifican las tendencias migratorias, señalan expertos en la materia

El desarrollo de las telecomunicaciones y la economía de mercado, los conflictos en los países de origen y el cambio climático han transformado las tendencias de las migraciones; al tiempo que los Estados del primer mundo persisten en controlar los flujos migratorios. Estas fueron algunas de las principales conclusiones del seminario Las migraciones en el mundo, en el que participaron Carlota Solé, catedrática emérita de la Universidad Autónoma de Barcelona y fundadora del Grupo de Estudios sobre Inmigración y Minorías Étnicas (GEDIME); y Joaquín Arango, catedrático de Sociología emérito en la Universidad Complutense, codirector del Grupo de Estudios sobre Migraciones Internacionales (GEMI) y expresidente del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS).

La sesión forma parte del ciclo de conferencias Pensar el siglo XXI organizado por el Consejo Social de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) y dirigido por el catedrático emérito de Sociología, Emilio Lamo de Espinosa, vicepresidente de UNIR.

Este introdujo a los ponentes, resaltando la actualidad de las migraciones, aludiendo a las que llegan a la Unión Europea desde el Este (debido a la guerra de Ucrania) y desde el Sur (con los subsaharianos). Destacó que los movimientos de población forman parte de nuestra especie, porque “la emigración es la historia de la humanidad”. Y recordó que España ha pasado de ser un país que enviaba emigrantes a mediados del siglo pasado a recibirlos durante las últimas décadas.

Carlota Solé.

Carlota Solé explicó que “el desarrollo de las telecomunicaciones y la economía de mercado global han cambiado las tendencias en la emigración”. Por un lado, ha aumentado el número de emigrantes internacionales en las últimas décadas y, por otro, “los Estados del primer mundo persisten en controlar los flujos migratorios”.

“Desde 2010, se reconocen las llamadas migraciones medioambientales, ya que el cambio climático reduce las posibilidades de supervivencia en determinadas zonas”

Las razones que impulsan a abandonar el país “ya no son solo económicas”, sino también “para huir de amenazas al bienestar físico, quiebras de Estado, violencia política o civil o desastres ecológicos. Desde 2010, se reconocen las llamadas migraciones medioambientales, ya que el cambio climático reduce las posibilidades de supervivencia en determinadas zonas” añadió la experta

Por otro lado, “al final del siglo XX los migrantes se movían de forma pautada. Ahora en el siglo XXI parecen movilizarse indiscriminadamente, en un sistema mundial desestructurado”, apostilló.

FEMINIZACIÓN DE LOS MOVIMIENTOS MIGRATORIOS

Se da, además, una feminización del fenómeno: “ha aumentado el número de mujeres que migran como cabezas de familia”. Y paralelamente en un país como España, “las inmigrantes extracomunitarias han permitido que mujeres españolas, que han rechazado tareas de cuidado de larga duración, sigan con sus trayectorias profesionales, lo que supone una aportación al Estado de bienestar”.

“España, que fue un país emisor desde los años 50 a los años 70, se ha convertido  actualmente en uno de los veinte países más importantes de destino de inmigrantes”, recordó Solé, “con 5 millones de personas, que representan aproximadamente el 12% de la población total y el 17% de la población activa”. Subrayó que la población de origen emigrante tiene “tasas de paro más elevadas que la autóctona, del 22,5% frente al 13,65% en 2022”.

CONTRIBUYE AL CRECIMIENTO DEMOGRÁFICO

La ponente resaltó los aspectos positivos de la emigración: “contribuye al crecimiento demográfico, económico y cultural, y no amenaza a los intereses de la población autóctona sino que comporta un beneficio”. Se lamentó, en este sentido, del rechazo social que generan colectivos como “los menores extranjeros no acompañados (MENAS) cuando en realidad, aquellos que no hayan cometido delitos, son la esperanza, jóvenes que con su trabajo pueden contribuir al desarrollo y al capital productivo del país”.

Influyen en esa actitud “el racismo y la xenofobia”, agregó. Y “los populismos que resurgen en concomitancia con los movimientos migratorios”.

Joaquín Arango, por su parte, coincidió en apuntar la “hiperpolitización negativa” que provoca el fenómeno migratorio, “utilizado en la confrontación partidaria de fuerzas populistas y xenófobas, que encuentra su correlato en prácticas de gobiernos”.

“La preocupación por la inmigración irregular se ha traducido en la primacía de políticas de control, con proliferación de muros, vallas y verjas”

“Asistimos -destacó- a una creciente preocupación por la inmigración irregular, una psicosis, en contraste con la indiferencia de hace unas décadas”. Esto se ha traducido en todo Occidente en “la primacía de políticas de control, con proliferación de muros, vallas y verjas, 70 en la actualidad, cuando antes no pasaban de siete”.

Joaquín Arango.

“La parte del león de la Política Común de Inmigración y Asilo de la UE la constituyen medidas y prácticas para reforzar las fronteras de la Unión” añadió Arango. En el caso de Estados Unidos, “el aumento del número de migrantes mexicanos en las primeras dos décadas del siglo y los atentados del 11-S ha alimentado el rechazo a los foráneos”. Lo cual ha provocado “la securitización de las políticas restrictivas de migraciones, que autoriza a políticas y prácticas defensivas, soslayando el derecho internacional promulgado en la Convención de Ginebra”.

“El control de los flujos es difícil sin colaboración de países de origen y de tránsito”

De todas formas, “crece la conciencia de que el control de los flujos es muy difícil sin colaboración de países de origen y de tránsito, sin las políticas de ‘externalización’”, puntualizó.

En las últimas décadas se ha producido “un deterioro en la valoración social de la emigración”, a pesar de que Occidente necesita la llegada de extranjeros. Y recordó el caso de Nicolás Sarkozy, que “fomentó en Francia una política de inmigración que potenciase la inmigración escogida (mano de obra cualificada) frente a la sufrida (refugiados, irregulares, etc.)” .

Respecto a España, “el grado de integración se sitúa en cotas muy estimables”, señaló el experto. A lo que ha contribuido “la política de empadronamientos llevada a cabo por los ayuntamientos”.

Lecturas recomendadas para entender la realidad hispanoamericana

Diversas figuras del derecho, la historia, la geopolítica y la academia que participaron en el I Congreso Internacional Hispanoamericano, hicieron recomendaciones de ensayos y obras literarias para quienes estén interesados en comprender mejor la realidad política, económica y social de Hispanoamérica, así como su historia y su idiosincrasia.

A continuación ofrecemos los títulos recomendados por algunos de los ponentes, que Nueva Revista entrevistó al término de sus intervenciones.

Enrique Krauze:

Reid, Michael. El continente olvidado, (Una historia de la nueva America Latina). Crítica, 2019. 544 págs. (Historia)

Williamson, Edwin. Historia de América Latina. Fondo de Cultura Económica, 2013. 706 págs. (Historia)

Paz, Octavio. El laberinto de la soledad. Cátedra, 2004. 584 págs. (Ensayo).

González y González, Luis. Pueblo en vilo. Fondo de Cultura Económica, 2007. 290 págs. (Historia)

Tomás Pérez Vejo:

Tutino, John. Creando un nuevo mundo. Los orígenes del capitalismo en el Bajío y la Norteamérica española. Fondo de Cultura Económica, 2017. 813 págs. (Ensayo)

Pérez Vejo, Tomás. Elegía criolla. Una reinterpretación de las guerras de independencia hispanoamericanas. Crítica, 2019. 252 págs. (Historia)

Meyer, Jean. La cristiada. Fondo de Cultura Económica, 2014. 384 págs. (Historia).

Francisco Javier González Errázuriz: (para entender la idiosincrasia política y cultural de Chile)

Mistral, Gabriela. Poesía reunida. Fondo de Cultura Económica, 2020. 300 págs. (Poesía)

Vial, Gonzalo. Historia de Chile (1891-1973). Cinco tomos. (Historia)

Manuel Lucena y Carlos Malamud:

Granés, Carlos. Delirio americano. Taurus, 2022. 600 págs. (Ensayo cultural y político)

Martín Ríos Saloma:

-De la Cruz, Sor Juana Inés. Antología poética. Alianza, 2017. 114 págs. (Poesía)

Azuela, Mariano. Los de abajo. Fondo de Cultura Económica, 2008. 173 págs. (novela sobre la Revolución mexicana)

Luiselli, Valeria. Desierto sonoro. Sexto Piso, 2019. 464 págs. (novela sobre los inmigrantes)

Otras lecturas recomendadas:

Carlos Fuentes. La región más transparente. Alfaguara, 2018. 752 págs. (Novela)

Marcelo Gullo. Madre patria. Espasa, 2021. 560 págs. (Ensayo).

 

Entrevista a Carmen Iglesias: “La historia de España está unida a la historia de América”

Ofrecemos a continuación una entrevista con Carmen Iglesias, que había disertado sobre ‘La monarquía hispánica. Globalización e historial global’, en la clausura del I Congreso Internacional Hispanoamericano.

[Transcritas, y ligeramente editadas, las respuestas de Carmen Iglesias son las siguientes]:

La historia de España y la historia de América no se pueden comprender por separado, sino en la interrelación entre una y otra. Han formado uno los conglomerados más importantes que ha habido porque cambió el mundo; es decir, no se puede conocer la historia del mundo sin conocer la historia de España. Y la historia de España está unida a la historia de América.


La memoria histórica no tiene nada que ver con la historia (Carmen Iglesias)


[En la Real Academia de la Historia] hemos escrito montañas de artículos diciendo que la memoria histórica no tiene nada que ver con la historia. Es otra cosa: la memoria es individual; y los académicos hemos insistido en ello. Igual que hemos hecho las alegaciones respecto a la última Ley de Educación, diciendo que no estábamos de acuerdo en todo; unas alegaciones de casi 30 páginas que las tenemos colgadas en internet. Hicimos esas alegaciones con lealtad institucional, pero no hemos recibido nunca ninguna contestación. Pero por nosotros que no quede.

El español es, desde luego, el primer imperio global, porque los otros imperios que hubo antes del descubrimiento de América no eran globales, todavía no se conocía el globo. La primera globalización es la de la monarquía hispánica, que se hizo uniendo las partes del mundo: Europa, América, Asia, África y hasta Oceanía.


En la monarquía hispánica tanto los españoles americanos como los españoles peninsulares son súbditos del rey de España en igualdad de condiciones (Carmen Iglesias)


La característica de este imperio que se llama la monarquía hispánica, que no tiene nada que ver con la imperialista, es que tanto los españoles americanos como los españoles peninsulares son súbditos del rey de España en igualdad de condiciones. No hay ninguna diferencia entre ellos.

Con la independencia, la América hispana simplemente dejó de existir; y lamentablemente hubo una división, una fragmentación que perjudicó mucho a aquel territorio. Trabajaron intensamente los agentes británicos, y otros, para que fueran naciones fragmentadas, dieciséis provincias de lo que había sido una gran unidad. Y con un empréstito, con una deuda con los ingleses concretamente, que no se pudo acabar de pagar, debido a los grandes intereses, hasta mediados del siglo XX, hasta los años 50.


Con la independencia, los máximos perjudicados fueron los indios, porque se hizo una desamortización de las tierras comunales y se quedaron sin protección (Carmen Iglesias)


Los máximos perjudicados fueron los indios, porque se hizo una desamortización de las tierras comunales y se quedaron sin protección. Además, hubo una gran concentración de tierras, unos latifundios que antes no existían.  [La independencia] favoreció fundamentalmente a los criollos que luchaban por ciertas capas sociales, y que lo que querían era tener el poder.

 


[Carmen Iglesias es catedrática de Historia de las Ideas y Formas Políticas en la Universidad Complutense y en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, directora de la Real Academia de la Historia, y miembro de la Real Academia Español. Ha sido directora del Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, consejera del Consejo de Estado y presidenta institucional de Unidad Editorial.

Especialista en historia moderna europea y española y en otros temas de historia y filosofía política de distintas épocas, tiene en su haber más de 200 publicaciones. Pueden destacarse: El pensamiento de Montesquieu: política y ciencia natural (1984); Razón, sentimiento y utopía (2006); No siempre lo peor es cierto. Estudios de historia de España (2009), y Pandemias en la Historia: la fuerza de la vida (2021).

Está en posesión del Premio Montesquieu (1985), la Ordre des Palmes Académiques del Gobierno de Francia (1992), la Gran Cruz de Alfonso X el Sabio (1995), el Premio Nacional de Historia de España (2000) y el Premio Sophia a la Excelencia (Nueva York, 2020), entre otras distinciones]

Carmen Iglesias, directora de la Real Academia de la Historia: “El mestizaje es uno de los grandes activos de España”

La académica e historiadora, que fue presentada por Juan Carlos Moreno Piñero, director de la Fundación Iberoamericana y Europea de Yuste, disertó sobre ‘La monarquía hispánica. Globalización e historial global’, en la clausura del I Congreso Internacional Hispanoamericano. El evento académico congregó a destacados especialistas de la historia, la literatura, la geopolitica y el derecho, entre los días 22 y 24 de junio.

“Las Indias nunca fueron colonias. La igualdad a un lado y otro del Atlántico fue total»

Carmen Iglesias comenzó subrayando la originalidad de la monarquía hispánica, en la que “todos los súbditos eran iguales y dependientes del rey”, y en los dos hemisferios. En este sentido, “Las Indias nunca fueron colonias. La igualdad a un lado y otro del Atlántico fue total». Al hablar del español como imperio global, «es importante -agregó- no confundir imperio con imperialismo».

“Las élites españolas aceptaron el mestizaje en América, y este no era sólo étnico sino también cultural”, señaló. Y añadió que “el mestizaje es uno de nuestros grandes activos, algo que nada tiene que ver con lo que pasó en los Estados Unidos”. Lo de España era “mestizaje” recalcó, y “no racismo”. «Nunca hubo genocidio; ni rapiña tolerada».

CONCIENCIA DE PERTENENCIA GLOBAL

Durante los tres siglos de presencia española en América «había una conciencia de pertenencia global a una organización que funcionaba». De hecho, indicó Iglesias, «aún nos asombra a los historiadores la conciencia común de pertenencia como clave de bóveda de la monarquía hispánica en América». Incluso hoy, se puede decir que “no sabemos quiénes somos si no conocemos la América Hispana”.

Por otro lado, “no se puede hablar de decadencia de la monarquía española en el siglo XVII”, ni de atraso en la América Hispana. Esta tuvo un periodo de prosperidad y progreso, que asombraban a los viajeros extranjeros, como ocurrió con “Alexander von Humboldt a principios del siglo XIX, al comparar a Ciudad de México con Boston o Filadelfia”.

LEYENDA NEGRA Y FALTA DE AUTOESTIMA

Sin embargo, «el siglo XIX fue lo más traumático que hemos sufrido». Perdura, de hecho, “de forma traumática la entrada de España en la contemporaneidad». A lo que hay que unir los complejos que arrastra España, señaló la académica. “Todo poder hegemónico genera una leyenda negra; lo de a de España es especial, porque lo hemos interiorizado, tenemos falta de autoestima”, apostilló.

Entrevista a Jon Juaristi: “En gran parte del Continente hispano se está utilizando el indigenismo como un elemento anti-español”

Ofrecemos a continuación la entrevista a Jon Juaristi, que había participado en la mesa redonda Identidad y globalización, del I Congreso Internacional Hispanoamericano.

 

[Transcritas, y ligeramente editadas, las respuestas de Jon Juaristi son las siguientes]:

He hablado de identidad y globalización y de la identidad en tiempos de globalización. Quería relacionar estos dos aspectos, porque a medida que avanza la globalización, las identidades son más frágiles y más transitorias, más fugaces. Entre otras cosas, porque la globalización supone una nivelación general. Esto es especialmente importante respecto a Hispanoamérica, a España, al español, porque lo que era antes un venero de identidad indiscutible, como era la lengua, en estos momentos, ya es mucho más difícil. Es más difícil que las lenguas mas extendidas, las que tienen un carácter internacional, se conviertan en productoras de identidad. Esto que estamos viendo con el ascenso de los indigenismos, al socaire de los nuevos populismos en Latinoamérica (en Bolivia, Perú, etcétera), viene precisamente de la imposibilidad de que el español le sirva en estos momentos para construir identidades.


En gran parte del Continente hispano, de Sudamérica y Centroamérica, el indigenismo se está utilizando como un elemento anti-español y contra el elemento cultural común, cultural común. (Jon Juaristi)


Voy a contar una brevísima anécdota: hace veinte años yo era director del Instituto Cervantes, y teníamos un pequeño centro en Nuevo México, que tenía muy poca actividad porque allí todo el mundo sabe español. Entonces se presentaron en Madrid representantes de los pueblos indígenas de Nuevo México, los llamados indios pueblo, que eran navajos, zuni, comas y hopis de cuatro etnias diferentes, vivían muy juntos y con una población muy pequeña. Pero curiosamente los cuatro pueblos hablaban lenguas muy distintas entre sí y no podían comunicarse unos con otros. Lo que nos pidieron es que formásemos profesores de español para las comunidades indígenas, porque solamente a través del español podían tener una cierta identidad común como indios. Como digo, eran una población muy pequeña, unos 35.000 individuos dispersos por el territorio de Nuevo México y de Arizona, pero tenían clarísimo que ellos comienzan a ser algo, a tener una identidad propia, cuando son evangelizados por los misioneros franciscanos que llegan desde México y por Fray Junípero Serra y sus compañeros. Y en ese sentido su identidad era una identidad muy hispánica, muy española. Eso contrasta con la situación actual de gran parte del Continente hispano, de Sudamérica y Centroamérica, donde el indigenismo se está utilizando como un elemento anti-español y contra el elemento cultural común.


[El nacionalismo] utiliza la cultura, incluso en algunos casos la religión, como un pretexto para crear fundamentalmente comunidades nacionalistas, donde la religión y la cultura acaban desapareciendo rápidamente. (Jon Juaristi)


Creo que el nacionalismo rompe la comunidad. El nacionalismo quiere crear comunidades nacionalistas, no comunidades culturales. Todo lo demás, la cultura, incluso en algunos casos la religión, son utilizadas como un pretexto para crear fundamentalmente comunidades nacionalistas, donde la religión y la cultura acaban desapareciendo rápidamente. Porque lo que se produce es una transferencia de sacralidad de la religión al nacionalismo; ya en Europa sucedió y estamos al cabo de la calle con este tipo de procesos. Y está sucediendo ahora en Hispanoamérica con una nueva oleada de estos nuevos nacionalismos, o nuevos relatos que decía Tomás Pérez Vejo, al socaire del ascenso de los populismos, con este componente nacionalista que, por supuesto, lo primero que hace es romper las comunidades nacionales existentes hasta ahora.


A muchos de los líderes populistas actuales, no les interesa que la verdad se conozca. (Jon Juaristi)


Es muy difícil [contrarrestar la mentira de los populismos] con las minorías intelectuales, porque la historia, como decía Tomás Pérez Vejo y José Varela Ortega, no es precisamente un género muy leído y popular. El esfuerzo del intelectual, de luchar por la verdad y construir la verdad, no tiene un reflejo inmediato en la comunicación de masas, ni mucho menos. Se trata de un problema en general, el problema de educación y de un problema político fundamental. A muchos de los líderes populistas actuales, no les interesa que la verdad se conozca. Ponía Tomás Pérez Vejo el caso de López Obrador, que me parece evidente, que dedica tres de las veinticuatro horas todos los días para echar abajo todo el esfuerzo de los historiadores serios como el propio Pérez Vejo.


[Jon Juaristi es catedrático de Literatura Española en la Universidad de Alcalá de Henares, ensayista y escritor, y columnista en el diario ABC. Doctor en Filología, ha sido profesor en diversas universidades extranjeras. Dirigió la Biblioteca Nacional de España (1999-2001), cargo que abandonó para dirigir el Instituto Cervantes (2001-2004).

Está en posesión, entre otros galardones, del Premio Espasa de Ensayo, el Premio Nacional de Ensayo, el Premio Comillas de Historia y Biografía y el Mariano de Cavia de Periodismo.

Autor de poesía, novela, ensayo cultural y trabajos de investigación sobre el nacionalismo, entre sus obras destacan las siguientes: El bucle melancólico; Vestigios de Babel. Para una arqueología de los nacionalismos españoles; Espaciosa y triste. Ensayos sobre España; El canon español: el legado de la cultura española a la civilización (coescrito con Juan Ignacio Alonso) y la biografía Miguel de Unamuno.]

Entrevista a Tomás Pérez Vejo: «Hay un problema de los países latinoamericanos con su propio pasado»

Ofrecemos el vídeo de la entrevista concedida por Tomás Pérez Vejo en el marco del I Congreso Internacional Hispanoamericano, celebrado en Madrid. Antes pronunció una ponencia en la mesa redonda sobre «Identidad y globalización».

 


[Transcritas, y ligeramente editadas, las respuestas de Tomás Pérez Vejo son las siguientes]:

EN AMÉRICA LATINA hay un problema con España, aunque no es tanto con España como de los países latinoamericanos con su propio pasado. Hay dos relatos sobre lo que cada una de las naciones latinoamericanas. Son dos proyectos de nación alternativos e incompatibles.

En la modernidad, en el mundo que surge a finales del siglo XVIII principios del siglo XIX, los conflictos en todas las sociedades han tendido a articularse en torno a tres elementos. Conflictos ideológicos (democracia, no democracia, monarquía, república, etc.); conflictos económicos, que tienen que ver con el reparto de recursos y con la riqueza del país (cómo se reparte entre los habitantes del país) y conflictos identitarios, que tienen que ver con qué somos.

Estos conflictos identitarios aparentemente son los más irrelevantes, pero yo diría que es un error percibirlos así. Si uno piensa en todos los grandes conflictos contemporáneos (hay uno que tenemos ahí a la vista, que es el de Ucrania, fundamentalmente es un conflicto identitario; el conflicto no es ni por el sistema político, ni por la riqueza del petróleo, ni por la riqueza de la tierra de Ucrania; el conflicto es porque hay unos individuos que se consideran rusos y otros individuos que se consideran ucranianos), si pensamos en el conflicto de Oriente Medio (fundamentalmente es también un conflicto identitario), si pensamos en las guerras de los Balcanes y en la desaparición de la antigua Yugoslavia, es también un conflicto identitario; si pensamos en la vida política contemporánea, quizás española, quizás el conflicto más irresoluble que tenemos ahora mismo es el conflicto de Cataluña, que es un conflicto identitario…


«El conflicto sobre el relato de nación ha estado presente en toda la vida mexicana a lo largo de los siglos XIX y XX; ha estado presente en toda la vida de todos los demás países latinoamericanos» (Tomás Pérez Vejo)


¿Cuál es el problema de los conflictos identitarios? Los otros dos conflictos se pueden negociar. El conflicto identitario es innegociable. Uno puede negociar más o menos democracia, más o menos derechos, más o menos impuestos a los ricos, más o menos impuestos a los pobres. Pero no se puede negociar qué somos, porque somos una cosa u otra. No se pueden ser dos cosas a la vez.

Eso convierte el conflicto sobre el relato de nación en un conflicto que ha estado presente en toda la vida mexicana a lo largo de los siglos XIX y XX; ha estado presente en toda la vida de todos los demás países latinoamericanos, aunque con perfiles menos netos y menos definidos que el de México, que tiene que ver con la respuesta a la pregunta sobre qué somos. 

A ese qué somos hay dos respuestas posibles y en México se van a dar las dos. Una: somos descendientes de los españoles. Dos: somos descendientes de las civilizaciones prehispánicas. Digamos que hay un intento de transacción que se produce en México a finales del porfiriato (1876-1911) y con la revolución, que tuvo un cierto eco en otros países que es afirmar: no somos ni lo uno ni lo otro. Lo que sostiene Justo Sierra Méndez: nosotros somos hijos de la mezcla de dos pueblos y de dos civilizaciones. Ahora bien, yo tengo la impresión de que en México, como en el resto de América Latina, es mestizo el que no puede ser otra cosa.


«A ese qué somos hay dos respuestas posibles. Una: somos descendientes de los españoles. Dos: somos descendientes de las civilizaciones prehispánicas» (Tomás Pérez Vejo)


Una de las revoluciones historiográficas más interesantes que se ha producido en el conjunto del mundo latinoamericano ha sido una especie de revisión absolutamente radical sobre la forma de interpretar las llamadas guerras de independencia. Hay un hecho que a mí me parece realmente llamativo. Yo acabo de utilizar la expresión las «llamadas guerras de independencia». Lo que de fondo hay es que en realidad no fueron tan guerras de independencia. Esto que yo acabo de decir, hace veinte años no lo diría nadie. Esto es tan claro que cuando uno lee lo que escribían los historiadores anteriores a la década de los 90 se ha quedado obsoleto. 

Ahora se ha generado un consenso historiográfico en que las naciones no fueron la causa sino la consecuencia de las guerras de independencia. Las guerras de independencia no fueron un enfrentamiento entre criollos y peninsulares, fueron un enfrentamiento entre americanos. El caso de México es muy significativo: tan novohispano (mexicano: ese término carecía de sentido en la época) era Agustín de Iturbide como Miguel Hidalgo y Costilla, no hay ninguna diferencia. El ejército realista estaba formado fundamentalmente por novohispanos, gentes nacidas en América. Las guerras no se pueden entender como una historia nacional de México, de Argentina, de Colombia, etcétera. Fueron el conflicto global de toda la monarquía. Es la crisis de la monarquía católica la que genera la guerra de independencia tanto en España como en América. Y eso también creo que es un dato interesante, porque por primera vez estamos haciendo o intentando hacer una historia común del conjunto de la monarquía. Una opinión mía, que puede ser más discutible, es que España como Estado-nación contemporáneo nace, lo mismo que las naciones americanas, a partir de la crisis de la monarquía católica. La monarquía católica es una institución distinta y del hundimiento de esa monarquía se produce el nacimiento de los Estados-nación. No hay que olvidar que también en España hay una guerra de independencia. Y el último punto, que me parece un punto central, es que esas guerras de independencia —y en eso también hay un consenso historiográfico prácticamente absoluto en estos momentos—, es que las guerras de independencia no fueron guerras de independencia, sino guerras civiles, guerras civiles entre americanos. Los ejércitos realistas y los ejércitos de insurgentes estaban formados básicamente por americanos.


«Las naciones no fueron la causa sino la consecuencia de las guerras de independencia. Las guerras de independencia no fueron un enfrentamiento entre criollos y peninsulares, fueron un enfrentamiento entre americanos» (Tomás Pérez Vejo) 


La última gran batalla de la monarquía en América es la batalla de Ayacucho (1824). Supuso no solo el fin de la presencia de la monarquía en América, sino el fin de la monarquía como tal institución. En esa batalla de Ayacucho se enfrentaron por un lado los supuestos ejércitos independentistas de Perú y, no el Ejército realista, no el Ejército español, que es lo que las historiografía decimonónicas han contado sistemáticamente, sino el Ejército Real del Perú. El Ejército del Rey en Perú estaba formado aproximadamente por unos 9500 hombres, incluidos todos, no desde el último tambor hasta el general que le mandaba. De esos 9400 hombres, los nacidos en la Península Ibérica no llegaban a 400. Solo para hacer una comparación: el batallón de los voluntarios de la ciudad de Castro (ahora en Chile, en el archipiélago de Chiloé) eran 499. ¿Qué significa esto?  Significa que sólo la isla de Chiloé aportaba más hombres y soldados al Ejército Real del Perú, al Ejército del Rey en el Perú, que todos los señoríos reinos de los territorios europeos de la monarquía. Creo que el componente de guerra civil es muy obvio.


«España, como Estado-nación contemporáneo, nace, lo mismo que las naciones americanas, a partir de la crisis de la monarquía católica» (Tomás Pérez Vejo)


En el proceso de construcción del Estado-nación español, el Estado-nación que surge en los años treinta del siglo XIX toma la elección de asumirse como heredero y continuador, no solo heredero, sino como continuador de la antigua monarquía católica. Probablemente porque había una enorme facilidad, dado que se mantiene la misma monarquía. Muere Fernando VII; en España se opta por un sistema monárquico y entonces hay una continuidad, digamos genealógica o biológica, entre los reyes de la antigua monarquía católica y los reyes del Reino de España, que a partir de ese momento ya no es la monarquía católica, es el Reino de España. Desde el punto de vista del relato histórico, el Estado-nación español se asume heredero y continuador de esa monarquía. De hecho, se asume tan heredero y continuador de esa monarquía que España se constituye como un país con los reyes católicos, surge a partir de ahí. Con los americanos ocurre una cosa curiosa y es que se construyen como la negación de la monarquía católica. Por lo tanto hay una voluntad expresa de decir: no tenemos nada que ver con la antigua monarquía católica, entre otras cosas porque se construyen como repúblicas, no se construyen como reinos. Se definen como repúblicas y por lo tanto intentan negar cualquier vinculación con el pasado de la monarquía católica. 

En realidad, cuando el mundo de los liberales mexicanos del siglo XIX y de las izquierdas mexicanas del siglo XX reniegan del pasado español, no están renegando del pasado español: de lo que están renegando del pasado virreinal. Lo que les preocupa no es España. Y eso vuelve a lo que decía. El problema de España en América Latina es un problema interno, no un problema de relaciones con España. Yo no creo que a Andrés Manuel López Obrador (actual presidente de México) le interese mucho a España; creo que no le interesa nada. A López Obrador le interesa España como elemento de polarización política en el interior de México: es un problema de relaciones internas.

Libros para entender la historia de México

Para intentar entender el proceso de la independencia, recomiendo Elegía criolla, a pesar de que sea un libro que se escribió coincidiendo con el bicentenario de 1810. Hay un libro muy interesante para entender el período virreinal de John Tutino, un historiador norteamericano. Tiene apellido italiano, pero es norteamericano. Es gringo. Se titula Creando un nuevo mundo. Los orígenes del capitalismo en el Bajío y la Norteamérica española. Es un libro que recomiendo básicamente porque es uno de los intentos más serios que se han hecho en los últimos años de dar una visión radicalmente diferente de lo que fue el virreinato de la Nueva España, lo que él llama la Norteamérica española, que sería la Nueva España del norte de la Ciudad de México, fundamentalmente el Bajío, en lo que se desarrolló en los siglo XVI, XVII y XVIII: la primera sociedad capitalista de la historia de la humanidad. Por eso lo del origen del capitalismo del subtítulo. Se creó una sociedad basada en la competencia, la libre empresa, la mezcla racial, etc. Me parece un libro interesante. También recomendaría un libro que tiene que ver con la revolución vista desde la otra parte. Es un libro ya bastante viejo, de Jean Meyer, titulado La Cristiada .Lo que plantea —esa especie de historia heroica de la revolución que acaba con los privilegios, etc.— tiene una respuesta extraña: de una parte de una población fundamentalmente campesina, fundamentalmente centrada en Jalisco, Michoacán, etc., que se levanta en armas en contra de la revolución y que eran tan «clases populares» —por utilizar una terminología actual— como los seguidores de Emiliano Zapata Salazar, los seguidores de Pancho Villa. Creo que sería una buena contraparte para romper con esa especie de leyenda áurea de una revolución en la que los pobres lucharon contra los ricos.

La búsqueda de la verdad

Desde luego, la historia es una disciplina científica y como tal disciplina científica tiene no solo la necesidad, sino también la obligación de establecer hipótesis e intentar demostrarlas y por lo tanto, descubrir la verdad. 

Lo que normalmente llega al gran público y lo que interesa al poder político no es la historia, es la memoria, es decir, la forma en la cual una sociedad interpreta su pasado. Y la memoria, a diferencia de la historia, no es una disciplina científica, sino que es una forma de relatar el pasado, de contarnos el pasado. En ese sentido, la memoria, a diferencia de la historia —por eso a mí me resulta absolutamente aberrante hablar de una memoria oficial, porque tiene siempre un carácter a priori, no sé si de falsedad, pero en todo caso no de algo que se pueda demostrar, que sea verdadero o falso—, se mueve en unos parámetros radicalmente distintos. Esos parámetros radicalmente distintos es lo que hacen que no sea lo mismo la historia de España desde la perspectiva de un historiador, que la memoria que los españoles tienen sobre su propio pasado, que, insisto, tiene mucho más que ver con un mito de origen. Y los mitos, eso ya lo decía Émile Durkheim, es un asunto viejo, no son verdaderos ni falsos, son mitos.


«Lo que interesa al poder político no es la historia, es la memoria, es decir, la forma en la cual una sociedad interpreta su pasado. Y la memoria, a diferencia de la historia, no es una disciplina científica» (Tomás Pérez Vejo)


Desde la transición, España no ha estado tan ausente posiblemente de México como ahora. Pero yo me atrevería a decir algo más: está más ausente no solo de México, sino de toda América Latina. ¿Cuál es la explicación de esto? Yo no tengo una explicación clara. Desde luego, en el caso de México concreto hay un elemento de distorsión obvia, que es el Gobierno de López Obrador, que ha mantenido una clara política de confrontación con España. España posiblemente sea el país del cual más López Obrador más ha hablado López Obrador en sus Mañaneras y generalmente de una forma negativa, generalmente buscando una confrontación. Hay varios aspectos. Uno tendría que ver con las propias políticas exteriores del gobierno español, de los gobiernos españoles. Hubo una política exterior española con respecto a América Latina bajo el gobierno de Felipe González, sin ninguna duda, y bajo el Gobierno de José María Aznar. Los pongo los dos para que se vea que no es un asunto ideológico, es algo de otro tipo. Dos gobiernos con sesgos ideológicos distintos mantuvieron una política hacia América Latina. Esto es una cuestión importante y que además fue acompañada de un incremento de los intercambios económicos, académicos, de todo tipo. Ese fue el gran momento de hecho de asentamiento de capital español en América Latina, que es un fenómeno absolutamente novedoso en la historia de las relaciones entre América y España, porque nunca había habido inversión de capital en español en América. Ese fue un momento álgido.¿Qué pasó con posterioridad a ese momento? Pues que la política exterior española hacia América Latina sufrió un claro retroceso tanto en el Gobierno de Zapatero como en el Gobierno de Rajoy, como en el Gobierno de Pedro Sánchez. Y es un hecho objetivo que compartimos con Latinoamérica idioma, historia, lazos familiares, intereses económicos, demográficos, culturales, etc. Por lo tanto, ese es un aspecto, el problema de la política exterior española. Pero yo creo que la sociedad española en gran parte ignora a América Latina. No solo es un asunto de los gobiernos, sino de la propia sociedad. Y como tercer aspecto: España, en algún momento, yo creo que en torno a la crisis del 2008 posiblemente, deja de convertirse en un modelo deseable para América Latina.


«Desde la transición, España no ha estado tan ausente posiblemente de México como ahora. Pero yo me atrevería a decir algo más: está más ausente no solo de México, sino de toda América Latina» (Tomás Pérez Vejo)


Desde el momento de la transición, España se convierte en una especie de modelo ideal. Visto desde la perspectiva de muchos países de América Latina —que también estaban inmersos en procesos de transición democrática—, entonces España se ofrecía como el gran modelo, pero como el gran modelo no solo político, sino económico, cultural, etc. Recuerden que antes de la crisis de 2008, el milagro español parecía muy evidente, por ponerle fecha simbólica. La organización de los Juegos de Barcelona es un momento singular. De alguna manera, lo que las élites latinoamericanas pensaron es si España consigue entrar en la modernidad, es que nosotros también vamos a conseguir entrar en la modernidad. Pero a partir de la crisis del 2008, España empieza a parecer como una especie de contramodelo. La visión que se empieza a tener es un país en el cual parece que no acaba de llegar a la modernidad, que hay corrupción, que además tiene conflictos de articulación del territorio (el procés catalán). España empieza a perder cierta pátina de fascinación. Todo lo anterior, unido, explica esa idea de que España ha dejado de ser el gran modelo de Latinoamérica. Y además, insisto, yo tengo la impresión de que no hay una política exterior clara de España. O hay una especie de cacofonía. Porque, claro,¿la política exterior española es la de Rodríguez Zapatero y su presencia en el Club de Puebla? Eso es una política claramente sesgada, de apoyo bolivariano a Venezuela, etc., etc. Claro, a eso se me puede decir que Zapatero no forma parte del Gobierno. Sí, pero los ex presidentes tienen una capacidad representativa importante. Hay una clara falta de sintonía entre lo que están planteando los gobiernos y lo que están planteando algunas de sus de las figuras públicas de la vida política española.


«En toda América Latina, la cercanía al mundo indígena supone siempre un rechazo de lo español. Y eso es un contexto internacional, no solo de América Latina: el auge de movimientos de pueblos originarios, indigenismo, teorías decoloniales, etc.» (Tomás Pérez Vejo)


Comparemos lo que ocurrió en 1910 con lo que ocurrió en 2010. En 2010, se inicia desde el lado español, con una declaración del presidente de ese momento, de Rodríguez Zapatero, en la que dice que España se va a limitar a acompañar a los países que celebraban el bicentenario de su independencia en el proceso de las celebraciones. Ese acompañamiento se pareció mucho a la ausencia absoluta. En 1910, desde Argentina hasta México, el país protagonista de las celebraciones del centenario fue España. En las celebraciones de 2010, España fue el gran ausente.

México tiene dos celebraciones de la independencia, el de 1810 y, la independencia real de México, la independencia de Iturbide en 1821.En la celebración de 2021 del Gobierno de López Obrador, por haber invitados extraños, hubo hasta invitados del Gobierno de Corea. De España no hubo ningún invitado, ni siquiera el embajador de España. 

Así como 1910 fue el momento del reencuentro, 2010 ha sido la plasmación y la escenificación del distanciamiento. Y no digamos ya 2021, que ha sido en el caso de México algo absolutamente claro y llamativo.

¿Qué es lo que puede hacer el Gobierno español? En realidad creo que puede hacer muy poco. El Gobierno español y la sociedad española. Por dos motivos. Primero, por el contexto del triunfo de las tesis indigenistas como elemento de articulación del discurso de América Latina. En toda América Latina, la cercanía al mundo indígena supone siempre un rechazo de lo español. Y eso es un contexto internacional, no solo de América Latina: el auge de movimientos de pueblos originarios, indigenismo, teorías decoloniales, etc., es muy claro en todo el continente. Por lo tanto, el contexto, digamos internacional, no es demasiado favorable y habría que inventarse no sé qué medios para hacerlo. 

Hay otro segundo aspecto que a mí me parece importante. El problema con España es un problema interno. Es un problema interno porque tiene, insisto, una enorme, una enorme capacidad de polarización colectiva. Como es un problema interno, cuando López Obrador utiliza España, no está hablando a España. Cuando López Obrador escribe una carta al Rey diciéndole que España debe pedir perdón por los errores cometidos, por los errores u horrores cometidos en la conquista, en realidad no está escribiendo al Rey de España ni le interesa un pepino lo que responda el Rey de España. No le interesa lo más mínimo. Es más, si realmente hubiese querido tener una respuesta, hubiese sido algo que habría hecho a través de los trámites habituales en las relaciones internacionales, que son los respectivos ministerios de Asuntos Exteriores. No una carta personal. No quiere una respuesta, dado que lo que está buscando es utilizar esto como elemento de la política interna.

Planteado así el asunto, la verdad es que el Gobierno español, la sociedad española, lo tiene enormemente complicado, porque en el fondo es un convidado de piedra.


[Tomás Pérez Vejo (Caloca, Cantabria, 1954) estudió Historia en la Universidad Complutense de Madrid. Ha desarrollado la mayor parte de su carrera académica en México, donde actualmente es profesor-investigador en el Instituto Nacional de Antropología e Historia y miembro del Sistema Nacional de Investigadores, nivel III. Ha sido investigador invitado, entre otras instituciones, en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) de España y L´Ecole des Hautes Études en Sciences Sociales  de Francia.

Está en posesión de la Encomienda de la Orden de Isabel la Católica, concedida por el Estado español; y de la Orden Mexicana del Águila Azteca, concedida por el Estado mexicano.

Especialista en el estudio de los procesos de construcción nacional en el mundo hispánico, Pérez Vejo es autor, entre otros, de los libros 3 de julio de 1898. El fin del imperio español (2020); Repúblicas urbanas en una monarquía imperial. Imágenes de ciudades y orden político en la América virreinal (2018); España imaginada. Historia de la invención de una nación (2015); Elegía criolla. Una reinterpretación de las guerras de independencia hispanoamericanas (2010) y España en el debate público mexicano, 1836-1867. Aportaciones para una historia de la nación (2008)].

Identidad y globalización, a debate

“Actualmente las grandes lenguas internacionales no son capaces de producir identidades, como es el caso del inglés y del español” afirmó el catedrático de Literatura y ensayista Jon Juaristi, en el I Congreso Internacional Hispanoamericano, organizado por la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) y la Universidad Francisco de Vitoria (UFV).

Jon Juaristi.

Juaristi intervino en la mesa redonda, Identidad y globalización, en la que participaron Tomás Pérez Vejo, profesor-investigador en el Instituto Nacional de Antropología e Historia de México; y el catedrático de Historia Contemporánea, José Varela Ortega; actuando como moderador, Miguel Ángel Garrido Gallardo, filólogo y semiólogo.

Pérez Vejo: En el caso de México “subsisten hoy dos relatos alternativos”: uno que agradece el legado español; y otro que lo denigra

Pérez Vejo apuntó que “la identidad es una narrativa, somos aquello que nos contamos que somos”. En el caso de México “subsisten hoy dos relatos alternativos”: uno que agradece el legado español; y otro que lo denigra. Si bien “estos dos relatos y el conflicto identitario están presentes, con matices y variaciones, en los demás países de Hispanoamérica”.

Tomás Pérez Vejo.

José Varela Ortega: “La visión indigenista y antiespañola es una visión anacrónica”

En tanto que José Varela sostuvo que “la leyenda negra es, en realidad, la americanización de la leyenda negra”, pero “la visión indigenista y antiespañola es una visión anacrónica”.

José Varela Ortega.

Es evidente, añadió, que “Hispanoamérica es Occidente, y que ha habido una globalización en español”.

Entrevista a Carlos Malamud: “La fragmentación existente complica la integración regional en América Latina»

Ofrecemos a continuación una entrevista a Carlos Malamud, que ha intervenido con una ponencia sobre El mundo latinoamericano la geopolítica actual, en el I Congreso Internacional Hispanoamericano.

[Transcritas, y ligeramente editadas, las respuestas de Carlos Malamud son las siguientes]:

En la sesión sobre la geopolítica en América Latina ha estado sobre la mesa los efectos de la guerra de Ucrania sobre la región, cómo afectó la postura de los diversos gobiernos regionales, qué impacto económico ha tenido, cuáles son las opciones de futuro y las oportunidades que para la región se brinda.  A continuación hablamos sobre los procesos de integración regional en América Latina; y cómo la fragmentación existente y la heterogeneidad complican los consensos, tanto en materia regional como internacional de la región. La integración regional atraviesa un momento bastante complicado; y esto también penaliza la relación de América Latina con los principales actores internacionales, comenzando por China y Estados Unidos, ya que es imposible negociar de forma coordinada y hay que negociar de forma bilateral, con lo que se debilitan las posiciones interiores.


Otra cuestión central fue cómo los nuevos gobiernos de izquierda, que están surgiendo al socaire de procesos electorales, se van a relacionar con EE.UU (Carlos Malamud)


¿Cuál es la relación de América Latina con Estados Unidos? Un vecino que siempre ha tenido una relación muy peculiar con todo el Continente, un vecino que ha sido muchas veces hegemónico, que ha dictado las políticas de los gobiernos, pero que otras veces también ha pasado por momentos de aislamiento o de poderío relativo, menguado. Y esta es, precisamente, una de esas de esas coyunturas. Y en relación con este tema, otra cuestión central fue cómo los nuevos gobiernos de izquierda, que están surgiendo al socaire de procesos electorales, se van a relacionar con EE.UU., toda vez que en un momento como el actual, marcado por la invasión rusa de Ucrania, las necesidades de fortalecer determinadas alianzas son vitales.

Y finalmente el papel de China en América Latina, un papel que se ha incrementado de forma exponencial en los últimos veinte o veinticinco años. Un papel que ha dejado de estar centrado únicamente en el comercio, como ocurrió en las etapas iniciales para tener una presencia mucho mayor y más diversificada.


Más que una corriente política ideológica, el populismo es una manera de hacer política que implica utilizar las instituciones y los resortes de la democracia para llegar al poder y, una vez en el poder, cargarse precisamente todas esas instituciones democráticas (Carlos Malamud)


El populismo es un fenómeno consustancial con la política latinoamericana, sobre todo desde mediados del siglo XX.  Hemos tenido distintas oleadas populistas, una primera donde emergen figuras tan relevantes como Juan Domingo Perón. Tras las dictaduras militares de los 60 o 70, parecía que con la vuelta a la democracia los populismos iban a desaparecer, pero tuvimos una nueva oleada conocida como los populismos neoliberales; ahí estaban Carlos Menem en Argentina o Fujimori en el Perú y también en Ecuador y en otros países del continente. Y luego hubo una tercera ola, la ola bolivariana, donde junto con Chávez emergen otras figuras como Evo Morales, Rafael Correa, etcétera.

Hoy estamos en un momento muy peculiar, no solo porque tenemos populismos en América Latina, sino porque el populismo se ha convertido en un fenómeno internacional. Hemos tenido a Trump en EE.UU., a Duterte en Filipinas, tenemos otros casos en Europa, como ocurre en Hungría con Orban o en Polonia con Kaczynski. Es decir, que el populismo se ha convertido en un fenómeno internacional, pero hoy en América Latina (y lo mismo ocurre en el resto del mundo), no es un fenómeno exclusivamente de un color determinado, como ocurría en el pasado. Hoy tenemos populismos de izquierda y populismos de derecha, populismos de centro, populismos de muy diverso color. En realidad, el populismo es un fenómeno muy difícil de definir, si bien junto con el terrorismo en ciencias sociales no hay otro concepto que tenga tan variedad de definiciones. Yo creo que más que una corriente política ideológica, el populismo es una manera de hacer política que implica utilizar las instituciones y los resortes de la democracia para llegar al poder y, una vez en el poder, cargarse precisamente todas esas instituciones democráticas.


Mientras que el XIX fue el siglo del auge del panamericanismo, cuando había una gran sintonía entre EE.UU. y los gobiernos latinoamericanos, a partir de 1898 y de la guerra de Cuba a manera en que América Latina comienza a ver a EE.UU. cambia radicalmente (Carlos Malamud)


La relaciones de Estados Unidos y América Latina siempre ha sido complicadas, ha tenido momentos de mayor cercanía y momentos de peor sintonía. En este sentido, es importante destacar que en la década de los 90 intentó fraguarse un gran proyecto para crear un área de libre comercio de escala hemisférica desde Tierra del Fuego hasta Alaska, donde iban a participar todos los países de la región, lo que dio origen a la Cumbre de las Américas y al proyecto del ALCA, (Área de Libre Comercio de las Américas). Pero este proyecto que empieza a fraguarse con Bill Clinton y luego hace suyo George Bush, termina descarrilando en la Cumbre de las Américas celebrada en Mar del Plata en 2005, a partir de la convergencia entre Néstor Kirchner, Evo Morales y Hugo Chávez. A partir de aquí, la situación en la relación con EE.UU. fue conflictiva. Mientras que el XIX fue el siglo que conoció el auge del panamericanismo, cuando la política hemisférica tenía una razón de ser, y había una gran sintonía entre EE.UU. y los gobiernos latinoamericanos, a partir de 1898 y de la guerra de Cuba la manera en que América Latina comienza a ver a EE.UU. cambia radicalmente. A partir de intelectuales como el uruguayo Rodó o como el nicaragüense Rubén Darío cambia la percepción de EE.UU. que tiene América Latina. Y el nacionalismo latinoamericano, que era muy potente, incorpora como uno de los elementos identitarios más fuertes el anti-norteamericanismo y el anti-imperialismo. Esto sigue hoy presente, permea todas las ideologías desde la izquierda a la derecha, y marca la difícil relación, una relación de amor-odio, entre EE.UU. y América Latina. Porque, por un lado, Estados Unidos es el gran enemigo de la región; pero por otro, ¿cuál es el destino preferido de todos los latinoamericanos que quieren salir de su país, dadas las difíciles condiciones económicas? Como dice el dicho mexicano atribuido a Porfirio Díaz. “pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos”.


Esta diferenciación entre intelectuales y políticos es algo que se comparte en otras latitudes, donde hay gobiernos democráticos, y donde generalmente el intelectual rehúsa incorporarse directamente en la política porque prefiere tener otra forma de vida, prefiere un cierto margen de acción (Carlos Malamud)


Respecto a la diferencia entre la clase política e intelectual en la región, la realidad cultural latinoamericana es muy variada, generalizar sobre la región es complicado. Recientemente ha parecido una obra monumental y excelente de un historiador colombiano, Carlos Granés, titulada Delirio americano, que es una historia cultural y política de la región desde el 98 hasta nuestros días. Lo que plantea Granés es precisamente la vinculación profunda entre política y literatura, entre política y cultura, algo que generalmente se marcaba como dos campos totalmente separados. Esta diferenciación entre intelectuales y políticos es algo que se comparte en otras latitudes, donde hay gobiernos democráticos, y donde generalmente el intelectual rehúsa incorporarse directamente en la política porque prefiere tener otra forma de vida, prefiere un cierto margen de acción. Pero al mismo tiempo, como ocurre también en otras partes del mundo, en América Latina lo que prueba Granés es precisamente una vinculación muy estrecha entre el mundo de la cultura y la política, porque muchos de estos intelectuales terminan viviendo de las ayudas que les da el Estado o de los puestos de trabajo en distintas instituciones que también les provee el Estado.


Los caminos de América Latina, en un momento como el actual, son complicados de discernir, porque tiene delante de sí distintas disyuntivas (Carlos Malamud)


El futuro geopolítico, los caminos de América Latina, en un momento como el actual, son complicados de discernir porque América Latina tiene delante de sí distintas disyuntivas. Por un lado, el enfrentamiento entre China y EE.UU.; el posicionamiento no depende únicamente de América Latina, sino también de qué respuestas den las dos grandes superpotencias. Tenemos la invasión rusa de Ucrania, ¿cómo se posiciona América Latina ante esta cuestión? Y ¿cómo se va a reacomodar el mundo, la situación geopolítica global, las cadenas globales de abastecimiento y de valor? Y evidentemente América Latina tendrá que responder ahora hacia dónde va a ir. La verdad que es hoy por hoy, es imposible discernirlo.


Carlos Malamud es catedrático emérito de Historia de América en la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) e investigador principal del Real Instituto Elcano. Académico correspondiente de la Academia Nacional de la Historia de Argentina, Malamud fue seleccionado en 2015 como uno de los “50 intelectuales iberoamericanos más influyentes” según Esglobal. Ha sido senior associate member (SAM) en el Saint Antony’s College, Universidad de Oxford, e investigador visitante en la Universidad de los Andes.

Es autor de numerosas obra históricas, entre las que caba destacar Populismos latinoamericanos (2010); Historia de América (2010); y El sueño de Bolívar y la manipulación bolivariana. Falsificación de la historia e integración regional en América Latina (2021)