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Unos días después de que Rubén Darío había nacido en Metapa en enero de 1867, apareció en La Gaceta, el diario oficial, la noticia de que un águila real había sido hallada en alguna cumbre de las montañas del norte de Nicaragua: «Bastantemente fornida, su cabeza pequeña, viva, inteligente, adornada por un círculo de plumas negras en su extremidad, formándole una corona… hasta hoy no se creía que en Nicaragua hubiese águilas, y mucho menos águilas reales», dice La Gaceta.
El águila fue presentada como obsequio al general Tomás Martínez, quien terminaba su segundo período presidencial, electo tras la expulsión de los filibusteros del aventurero sureño William Walker en 1857; y da la casualidad de que el mismo año del nacimiento de Darío, aquel general presidente mandó levantar un censo, igual que lo hizo el emperador Augusto en Palestina, cuando el nacimiento de Cristo.
De este censo resultó que la población total de Nicaragua llegaba apenas a 150.000 habitantes. El presidente, preocupado de que los nicaragüenses fueran tan pocos, y quizás avergonzado, ordenó aumentarle al censo 100.000 almas más. Ya antes, había mandado cambiar la Constitución política para poderse reelegir, viejo vicio nacional.
La más grande ciudad de Nicaragua, que era en aquel entonces León, la ciudad de la infancia de Darío, tenía 30.000 habitantes, la mayor parte mulatos, indios y mestizos pobres, habitantes de los barrios marginales, mientras los criollos descendientes de los españoles, dueños de las haciendas, ocupaban las casonas del cuadro central que rodeaban la catedral. La gallera hacía las veces del club social.
Nicaragua, tal como era, pudo parir un solista, pero en aquellas condiciones de pobreza cultural no podía dar una orquesta completa
Es lo que cuenta Ephraim Squier, quien llegó en 1850 como primer embajador de Estados Unidos, en su libro Nicaragua, sus gentes y paisajes; y dice que era rara la población donde hubiera escuela; los niños repetían en coro la lección que dictaba el maestro, armado de una vara para reprimir a los díscolos.
Para aquel año del nacimiento de Darío, había 92 escuelas de primaria para varones en todo el país, y 9 escuelas para niñas: «Yo diré que el estado actual de la instrucción pública humilla nuestro patriotismo», dice en 1871 en un informe el secretario de Instrucción Pública. Periódicos, fuera del diario oficial, de aparición esporádica, no circulaba ningún otro.
Ya podemos imaginar entonces las cifras del analfabetismo. ¿Y los libros? En el registro de aduanas de ese año de 1867 no aparece ninguna importación de papel, o de tinta de imprenta, y lo que se imprimía en las únicas tres tipografías del país eran volantes y folletos. Muy pocos se importaban del extranjero, según los mismos registros aduaneros.
Resulta raro que un poeta que tendría en el mundo una fama tan grande, naciera en un país tan pobre y atrasado. Tan raro fue, que, un águila real, rara ella misma también, anunció su nacimiento. Al menos, el novelista se conforma con la mitología.
Nicaragua, tal como era, pudo parir un solista, pero en aquellas condiciones de pobreza cultural no podía dar una orquesta completa. Nacía un poeta capaz de transformar la lengua desde el traspatio, mientras la oscuridad seguía sin disiparse en el país, asolado por las guerras civiles provocadas por las inquinas provincianas, y por las periódicas apariciones del cólera morbus, además de las invasiones militares provenientes de Estados Unidos.
La literatura nicaragüense es moderna gracias a Darío, y no se quedó congelada en la novedad del modernismo. Fue moderna con Salomón de la Selva, luego con el grupo de Vanguardia que encabezó José Coronel Urtecho, después con Ernesto Cardenal y Carlos Martínez Rivas, más tarde con Gioconda Belli, Ana Ilse Gómez y Daisy Zamora. Pero sus poetas siguieron siendo solistas sin orquesta.
Cuando decimos orquesta imaginemos a un concierto de músicos tocando cada uno su instrumento. Si una sociedad tiene una orquesta completa, entonces cada quien será ingeniero, arquitecto, constructor de edificios, de presas, biólogo, matemático, médico, químico, especialista en computadoras, inventor de programas digitales, traductor, artista, escritor, actor de teatro, director de cine.
A CADA UNO, UN INSTRUMENTO
¿Y cómo se consigue tener la orquesta completa, dejar atrás la penumbra del tercer mundo? De verdad es muy simple, pero nunca ha sido entendido a cabalidad en nuestros países regidos por el caudillismo más cerril: con la educación articulada de abajo hacia arriba, y viceversa. La educación que le da a cada cual su propio instrumento, y le enseña a tocarlo.
Es por eso que para tener una buena orquesta primero hay que preparar a los músicos. No hay buenas orquestas con músicos que tocan de oído, que desconocen los instrumentos que tienen en sus manos, o son incapaces de leer una partitura, donde están escritos los signos musicales. Y no se puede improvisar, no se puede ser chapucero. Antes de presentarse en público, una orquesta ensaya y ensaya. Cada quien ha estudiado la partitura que tiene abierta en el atril.
¿Cuántos Rubén Darío se han quedado de macheteros en el campo?, se preguntaba a mitad del siglo pasado el pensador nicaragüense Carlos Cuadra Pasos. Es una interrogación inquietante.
¿Cuántos ingenieros químicos se quedaron de carretoneros? ¿Cuántos que hubieran podido descubrir una vacuna en un laboratorio se quedaron cargando sacos? ¿Cuántas mujeres que pudieron ser cirujanas capaces de trasplantar un corazón, un hígado, se quedaron en la cocina, soportando los golpes y los abusos de un marido pendenciero?
El positivista liberal, fiel creyente en el progreso, hablaba por boca del poeta que quería ver el futuro escrito en el ala de los cisnes
Cuando Darío se despide de Nicaragua en 1908, después de su viaje triunfal a la tierra natal tras muchos años de ausencia, en el discurso que pronuncia en el Ateneo de León lo que recomienda a los jóvenes, más que hacerse poetas, es aprender las artes liberales, de provecho para el avance del país. Recomienda abrir escuelas técnicas donde se enseñen oficios útiles en beneficio del bien común.
Quienes habían llegado a escucharlo se quedaron decepcionados. El positivista liberal, fiel creyente en el progreso, hablaba por boca del poeta que quería ver el futuro escrito en el ala de los cisnes.
Darío creía en la necesidad de la orquesta completa. Cada quien cumpliendo distintas tareas útiles a todos, en la agricultura, la ganadería, la industria, las artes liberales, las humanidades y las ciencias.
En 1979, tras el triunfo de la revolución, se llevó adelante en Nicaragua la Campaña Nacional de Alfabetización. 50.000 jóvenes y adolescentes se trasladaron por medio año a la Nicaragua campesina, y a los barrios, para enseñar a leer y escribir al 70 por ciento de la población, bajo el lema «convertir la oscurana en claridad». No ha habido otro momento más hermoso en la historia del país. Los analfabetos aprendieron a leer las poesías de Rubén Darío, sus cuentos escritos en verso.
El analfabetismo se redujo al 17 por ciento. La orquesta empezaba a afinar. El siguiente escalón, que ya no se consiguió, era llevar a todo el mundo al nivel del cuarto grado de primaria, para que la alfabetización se hiciera irreversible. Y todo volvió de nuevo para atrás entre enfrentamientos armados y empecinamientos ideológicos que arruinaron al país.
El talento, que abunda entre los más humildes, no puede dar frutos en el analfabetismo, ni tampoco en un sistema educativo atrasado y deficiente
El talento, que abunda entre los más humildes, no puede dar frutos en el analfabetismo, ni tampoco en un sistema educativo atrasado y deficiente, dominado por la indolencia y la mediocridad, e ideologizado, convertido en un instrumento de propaganda política, como hoy día bajo una nueva dictadura.
Sin educación, no podemos dejar atrás la pobreza. ¿Cómo, si en un aula un solo maestro debe enseñar a alumnos de los seis grados de primaria? ¿Y si en las universidades la fidelidad a las consignas sustituye la calidad académica?
LA CALIDAD
Para abrir las oportunidades a todos, es necesario que la escuela funcione como un foco de irradiación de cambio, bajo dos premisas fundamentales: el pensamiento crítico, sin trabas ideológicas, y la aspiración de excelencia. La calidad.
La escuela debe crear ciudadanos sensibles, de imaginación abierta, que respiren una atmósfera cultural libre, y sean capaces de cuestionar los dogmas ideológicos y las verdades establecidas: «No para que todos sean artistas, sino para que nadie sea esclavo», escribe Gianni Rodari.
La cultura debe entrar en las aguas de la democracia. Porque la cultura y la educación son las grandes generadoras de la democracia, que sin esos dos pilares básicos se hunde bajo la ignorancia, o el adoctrinamiento, que viene a ser lo mismo. Así lo reclama Salomón de la Selva:
La independencia fue para que hubiese pueblo
y no mugrosa plebe:
hombres, no borregos de desfile;
para que hubiese ciudadanos…
Tener una orquesta completa en un país que busca el desarrollo, es crear todas las oportunidades posibles en las disciplinas científicas, desde las matemáticas puras a la cibernética, de la biología marina a la medicina y a las cada vez más numerosas especialidades de la ingeniería. Tener juristas, no leguleyos. Mientras más instrumentos y más músicos que saben tocar, mayor resonancia, más armonía. Si no, los instrumentos callan, o tocan desafinados.
Hoy abundan en Centroamérica las universidades de zaguán, concebidas como negocios. Cualquier garaje es bueno para abrir una universidad, lo mismo que se abre una pulpería o un salón de belleza.
Y al lado de universidades que ofrecen títulos sin control de calidad, hay miles de jóvenes que no tienen acceso a la educación, y también otros miles que aprueban la escuela secundaria sin saber leer correctamente un texto. Y en Nicaragua hay quienes son promovidos por su fidelidad al partido. Promovidos sin saber resolver una ecuación. No podrán leer la partitura, ni podrán tocar ningún instrumento.
Hemos sido creados para imaginar. Siempre tendremos la necesidad de contar historias, y de que nos cuenten historias
Darío mandaba a los jóvenes instruirse en las más diversas especialidades útiles. Pero alguien pudo haberle preguntado entonces: ¿Aquel que quiere ser ingeniero, o médico, debe leer poesía, debe leer novelas? Sin duda, habría respondido que sí. Nadie puede vivir sin la imaginación. Hemos sido creados para imaginar. Siempre tendremos la necesidad de contar historias, y de que nos cuenten historias. De escuchar la música de un verso, asomarse a las percepciones ocultas que la poesía nos revela.
¿Qué necesitamos? Lectores que pueden aprender, instruirse, y también imaginar. Una biblioteca en el centro de estudios, digital o de papel, y entrar en familiaridad cotidiana con los libros. Sólo así la escuela producirá ciudadanos dueños de ideas diferentes, con menos posibilidades de ser embaucados por los discursos que buscan crear patrones únicos de pensamiento y de conducta. Poder disentir, opinar diferente, es una necesidad del ser humano. Y una necesidad para terminar con el caudillismo que, en América Latina, se asienta en la ignorancia que crea fidelidades ciegas y fanatismo político.
Y en esa diversidad es que podemos encontrar el espíritu de la libertad, sin el que la democracia no es sino un fantasma, porque no hay nada más libre que la imaginación. Y a la imaginación le temen las dictaduras.
Si leemos nuestras constituciones latinoamericanas tocamos con las manos la utopía nunca resuelta, forjada tras la independencia. Gobiernos para el bien común, independencia de poderes, respeto a los derechos individuales, libertad de expresión, igualdad ante la justicia. Podemos leer esas constituciones como novelas, fruto de la imaginación.
LA MODERNIDAD
Cuando después de la independencia intentamos la modernidad, no pudimos apropiarnos de los modelos que se nos proponían. Eran ropajes importados que quisimos cortar a nuestra medida, los mismos que vistieron Voltaire, Rousseau, Montesquieu, Jefferson, Paine. Pero bajo los pliegues de esos ropajes asoma siempre la cola del caudillo que impone el autoritarismo sobre la democracia porque la cultura rural de nuestras sociedades no ha cambiado, y la educación, única capaz de derrotarlo, sigue siendo el más rotundo de nuestros fracasos.
En lugar de resolver nuestro acomodo en el siglo veintiuno, deberíamos terminar de resolver nuestras cuentas pendientes con el siglo diecinueve, el siglo en que nació Darío, que fue un siglo pleno de propuestas de modernidad.
La lista de nuestros productos de exportación sigue siendo la misma que en el siglo diecinueve, salvo uno que viene a ser ahora el primero: la mano de obra de los emigrantes. Ganado vacuno, minerales, madera. Café, cacao, azúcar. En la mesa de la civilización, seguimos sirviendo los postres. Y los emigrantes sirven la mesa.
Pese a todo, si algo nos redime es la cultura. Nos redimen los solistas.
Esas obras son universales, en la medida en que enseñan el valor trascendente de una cultura que habría de alcanzar a finales del siglo diecinueve la dimensión moderna que le da la poesía de Rubén Darío
El poeta José Coronel Urtecho señalaba que a cada época del devenir de Centroamérica correspondía una obra literaria capital: el Popol Vuh a la época precolombina; la Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España, de Bernal Díaz del Castillo, a la época de la conquista; la Rusticatio Mexicana, del padre jesuita Rafael Landívar, a la época colonial; y la poesía de Rubén Darío, a la época independiente. Yo debo agregar la obra narrativa de Miguel Ángel Asturias en el siglo veinte.
Esas obras son universales, en la medida en que enseñan el valor trascendente de una cultura que habría de alcanzar a finales del siglo diecinueve la dimensión moderna que le da la poesía de Rubén Darío desde la publicación de Azul en 1888, toda una revolución en la lengua castellana, continuada en la prosa de vanguardia de Asturias, desde la aparición de Leyendas de Guatemala en 1930, donde «los maestros magos que van a las aldeas a enseñar la fabricación de los tejidos y el valor del Cero, componen el más delirante de los sueños», como escribió Paul Valéry. Nuestra modernidad real en el siglo diecinueve fue la del modernismo. Nos hizo no sólo contemporáneos, sino inventores de una cultura cosmopolita, un término caro a los modernistas. Y eran, en su mayoría, Darío a la cabeza, liberales positivistas, convencidos de que la modernidad literaria tenía su par en el progreso, en el aprovechamiento local de los nuevos medios de comunicación, los ferrocarriles, el telégrafo, el cable submarino; las instituciones civiles separadas de la iglesia, la educación laica.
Mientras tanto, seguimos siendo una potencia cultural con los pies descalzos. Una potencia de solistas que tocan en un escenario de atriles desiertos.
[Se puede descargar aquí en PDF el artículo de Sergio Ramírez «Rubén Darío: El solista y la orquesta.]
[Texto procedente del número impreso de Nueva Revista 181; lo ofrecemos en PDF al final del artículo].
Brighton Rock arranca con la nota a la primera edición del autor en la que se explica el título del libro. Se refiere al nombre de un dulce típico en forma de barra de caramelo con el nombre de la ciudad costera. «La palabra Brighton aparece en los extremos de la barra con independencia de por dónde se rompa».
Como «El revés de la trama» (1948) y «El final del affaire» (1951), «Brighton Rock» es un juego intelectual que engancha desde la primera página
El autor de esa novela, Graham Greene, es uno de los autores británicos más importantes del siglo XX. Se licenció en Oxford y seguidamente, además de su labor como periodista en The Times y The Spectator, durante la Segunda Guerra Mundial trabajó para el servicio secreto británico, lo que le permitió viajar por diferentes países que más tarde se convertirían en el escenario de sus novelas. Su obra ha sido adaptada al cine en numerosas ocasiones. Brighton Rock es la tercera novela traducida y publicada en Libros del Asteroide. Como El revés de la trama (1948) y El final del affaire (1951), Brighton Rock es un juego intelectual que engancha desde la primera página.

«He leído que cuando alguien comete un asesinato, a veces, tiene que cometer otro… para no dejar cabos sueltos», dice Pinkie Brown, el protagonista de la historia. Y esta frase es uno de los ejes de esta novela de Graham Greene, ambientada en los años treinta en la ciudad costera de Brighton, sobre dos bandas de mafiosos rivales.
Pinkie Brown es el líder de una de esas bandas. Decide matar a Charles «Fred» Hale, un periodista que visita la ciudad por trabajo, al que se relaciona con la muerte del antecesor de Pinkie al frente de la pandilla. El día de Pentecostés es «cuando alguien comete un asesinato».
Pinkie, también nombrado en el texto como el Chico, tiene 17 años, es católico y no cree en el cielo. Tiene cara de niño, no fuma, no bebe, es calculador, no siente culpa alguna por sus crímenes y considera que las relaciones sexuales son algo peor que el asesinato. Odia el mundo y repite en distintas ocasiones dona nobis pacem («danos la paz»), porque ansía una tranquilidad que no conoce. La única emoción que experimenta, por llamarlo de algún modo, es una ambición desmedida por hacerse con el control de las apuestas de la ciudad y no acabar en prisión (o en la horca).
Ida Arnold es una mujer de gran corazón, que cuida y se preocupa por quienes le rodean, carece de fe, es alegre, vive feliz, considera que el sexo es diversión (no se hace mal a nadie) y sigue enamorada de Tom, su primer marido. Conoce a «Fred» Hale en un bar y le parece desde el primer instante un buen tipo. Poco después lee en el diario la noticia de la muerte por causas naturales de «Charles Hale», con su fotografía. Decide investigar el fallecimiento de su amigo. Le resulta extraño que se deba «a causas naturales» porque hay piezas que no le encajan (el nerviosismo de Hale, su extraña desaparición y el cambio de nombre en los periódicos).
Rose es la segunda derivada de la trama. Tiene dieciséis años, es católica y trabaja de camarera en la cafetería Snow’s. Se entera del asesinato del domingo de Pentecostés. Pinkie termina casándose con ella por lo civil (y no por la Iglesia). En el matrimonio, una esposa no puede ser obligada a testificar contra su marido.
Esta novela representa los modos de ver la vida a través de las historias que surgen a raíz del asesinato de Hale: la investigación que Ida Arnold lleva a cabo para esclarecer la verdad, salvar a Rose y hacer justicia; la de las decisiones de Pinkie por evitar ir a la horca; y, por último, la de Rose, que enamorada decide aceptar la propuesta de matrimonio de Pinkie sin apenas conocerlo, con las consecuencias morales que eso conlleva.
El resultado de esta partida está en las últimas páginas del libro. Puede que a unos pocos les resulte sorprendente. Y con todo, hasta la última frase no se conoce el final de la historia
Mientras Ida defiende sus fuertes principios morales, habla del «bien» y del «mal» y la complejidad del mundo, admite una escala de grises; para los dos jóvenes católicos la vida se divide en «gracia» y «pecado» y «cielo» e «infierno», y no existen los términos medios. El resultado de esta partida está en las últi- mas páginas del libro. Puede que a unos pocos les resulte sorprendente. Sin embargo, a muchos más les será familiar. Y con todo, hasta la última frase no se conoce el final de la historia.
Brighton Rock ha sido adaptada al teatro varias veces y también en dos ocasiones se ha llevado al cine, con finales diferentes a los del libro: en 1949, por John Boulting y en 2010, por Rowan Joffe. La historia de esta última se sitúa en Brighton en mayo de 1964, cuando se produjo el enfrentamiento entre las conocidas tribus urbanas de los mods y los rockers durante dos días.
Se puede descargar en pdf la reseña de María Tapias Fraile, sobre Brighton Rock
[Texto procedente del número impreso de Nueva Revista 181; lo ofrecemos en PDF al final del artículo].
José Manuel Sánchez Ron es catedrático emérito de Historia de la Ciencia de la Universidad Autónoma de Madrid y académico de la Real Academia Española y de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. Su trayectoria profesional se ha desarrollado entre la docencia y la investigación, siendo autor de innumerables artículos y libros sobre historia de la ciencia. En 2015 recibió el Premio Nacional de Ensayo por la «originalidad», «extraordinaria erudición» y uso del lenguaje en su obra: El mundo después de la revolución: la física de la segunda mitad del siglo XX.
El Poder de la Ciencia es la nueva edición del libro que publicó en 1992, que originalmente abarcaba tan sólo el marco temporal del siglo XX. En la segunda edición de 2007 el autor amplió su estudio para incluir el siglo XIX y, en la tercera, ha incorporado nuevos capítulos que versan sobre avances científicos recientes: la nueva medicina, la era digital, la revolución del ADN y la situación del planeta y sus problemas medioambientales en el periodo conocido como Antropoceno.

No es una historia de la ciencia en sentido convencional y lineal, sino que analiza la relaciones e influencias mutuas y bidireccionales que han existido en cada periodo de la historia, entre la ciencia y la sociedad, la economía y la política. La ciencia da poder: político, militar y económico, pero recíprocamente necesita y se beneficia del poder para desarrollarse.
Asumiendo el reto de contextualizar el desarrollo científico con las diferentes y mudables formas políticas, sociales y económicas, Sánchez Ron construye una extensa y documentada obra. Se compone de diferentes ensayos ordenados cronológicamente, que pueden leerse de forma independiente. Una idea de la extensa bibliografía y documentación con la que el autor ha trabajado son las cerca de 1.500 notas a pie de página y las cuarenta páginas de índice alfabético.
Napoleón, que había sido alumno de Laplace y tuvo una intensa relación con los científicos de su tiempo, influyó poderosamente en el desarrollo científico de Francia
Tres de los quince capítulos tienen nombres propios: Napoleón Bonaparte, Charles Darwin y Albert Einstein. El primero ejemplifica cómo el poder político determina e impulsa el desarrollo de las ciencias. Napoleón, que había sido alumno de Laplace y tuvo una intensa relación con los científicos de su tiempo, influyó poderosamente en el desarrollo científico de Francia. Darwin y Einstein, con el desarrollo de las teorías de la evolución y de la relatividad, son ejemplos del «poder de las ideas» para desencadenar auténticas revoluciones científicas, con extraordinaria influencia sobre la sociedad.
Los primeros capítulos narran el desarrollo científico durante el siglo XIX en Francia, Alemania, Gran Bretaña y Estados Unidos, así como las dificultades que en aquella época encontró la ciencia en España. Los procesos de institucionalización de la ciencia en cada país, principalmente la física y la química, consistieron en la incorporación de estas materias a la enseñanza, la universidad y las escuelas técnicas, así como la creación de organismos: academias, sociedades científicas, centros de investigación, etc., tanto de iniciativa pública como privada, determinantes del progreso de la ciencia. Asimismo, participaron en esta institucionalización las industrias que nacieron, crecieron y se beneficiaron de los nuevos conocimientos. El autor destaca que la extensión y velocidad del progreso científico estuvo –y sigue estando–, en relación directa con el apoyo político, económico y social a los procesos de institucionalización.
Hablar de ciencia es hablar de un vastísimo campo de conocimiento que se ha ramificado en múltiples disciplinas, desde el mundo subatómico y las ciencias de la vida, hasta la astrofísica. Por ello, el planteamiento original del autor encuentra múltiples derivaciones en las que Sánchez Ron profundiza. Como ejemplos: la relación con el poder militar, los problemas éticos asociados a la genética o las controversias sobre el armamento nuclear, en la que intervinieron científicos como Robert Oppenheimer, Linus Pauling y Andréi Sájarov. También se hace referencia a la influencia de las ciencias en literatura y filosofía, señalando a los escritores H. P. Lovecraft y T. S. Eliot, así como el impacto que la teoría de la relatividad general de Einstein causó en filósofos como Bertrand Rusell y Karl Popper.
La relación entre ciencia y tecnología no siempre es unidireccional, ya que en muchos casos la tecnología se adelanta a la ciencia, y el empirismo, al conocimiento científico. En el caso de la medicina, Jenner descubrió la vacuna de la viruela y Lister y Semmelweis utilizaron los antisépticos, antes de conocerse la existencia de los microorganismos. Peculiar fue la invención de un dispositivo –hoy tan indispensable– como el teléfono, cuyo mérito cabe atribuir a Antonio Meucci. Aunque tenía formación de ingeniero, trabajaba como mecánico en el teatro y se adelantó a Alexander Graham Bell.
Gracias a científicos como Copérnico, Lavoisier, Mendel, Darwin, Faraday, Pasteur, Marie Curie, Maxwell, von Neumann, Ramón y Cajal, Bohr, Planck, Einstein, Fleming, Pauling, Heisenberg, Watson, Crick y una larga nómina que Sánchez Ron recoge con detalle, se consiguió que el mundo sea como hoy lo conocemos, con el espectacular desarrollo de las ciencias y su aplicación en todos los campos, desde la salud a la agricultura y desde la informática a la comunicación.
Uno de los avances más significativos fue la revolución del ADN, a la que el autor dedica un capítulo, que es el resultado de una larga sucesión de descubrimientos, entre los que destaca la famosa «fotografía 51», obtenida mediante difracción de rayos X por Rosalind Franklin
Sánchez Ron describe con detalle las cadenas de descubrimientos que condujeron a la ciencia al nivel actual. Por ejemplo, Louis Pasteur y Robert Koch, que establecieron la relación causal entre microorganismos y enfermedades infecciosas, abrieron un amplio horizonte en la lucha contra enfermedades que periódicamente diezmaban la población. El posterior descubrimiento de la penicilina por Alexander Fleming y su producción a escala debida a Howard Florey y Ernst Chain, marcó el comienzo de la era de los antibióticos, salvando cientos de millones de vidas. Uno de los avances más significativos fue la revolución del ADN, a la que el autor dedica un capítulo, que es el resultado de una larga sucesión de descubrimientos, entre los que destaca la famosa «fotografía 51», obtenida mediante difracción de rayos X por Rosalind Franklin. El descubrimiento de la estructura de doble hélice del ADN por James Watson y Francis Crick condujo al dogma central de la biología molecular, según el cual la información genética necesaria para construir un organismo se encuentra en la secuencia de nucleótidos del ADN. Posteriormente Frederick Sanger, que ya había obtenido la secuencia de aminoácidos de la insulina, desarrolló el método de secuenciación de ADN y en 1977 obtuvo el genoma completo del virus Φ-X174.
En diferentes capítulos se analiza la evolución de la ciencia en España, poniendo de relieve las carencias que la investigación ha arrastrado en nuestro país. No obstante, hubo excepciones destacadas, especialmente en ciencias biomédicas. Los científicos más emblemáticos fueron Santiago Ramón y Cajal, que estableció la teoría de las neuronas y sentó las bases de la neurociencia y Severo Ochoa con sus investigaciones sobre la síntesis del ARN. Como comenta Sánchez Ron «un país puede pasar, malamente, eso sí (y más aún a partir del siglo XX), sin físicos, químicos o matemáticos, salvo algunos que se limiten a transmitir algunas enseñanzas, pero no sin médicos»
¿Quién tiene en definitiva el poder sobre la ciencia? ¿Los científicos, los políticos, las grandes corporaciones, los militares? No hay una respuesta general. En los regímenes totalitarios de Hitler y Stalin, los dictadores definían la orientación de la ciencia
¿Quién tiene en definitiva el poder sobre la ciencia? ¿Los científicos, los políticos, las grandes corporaciones, los militares? No hay una respuesta general. En los regímenes totalitarios de Hitler y Stalin, los dictadores definían la orientación de la ciencia. A Stalin le irritaban las teorías burguesas de la relatividad de Einstein y de la mecánica cuántica de Max Planck, que «distorsionaban la simetría newtoniana del marxismo». Además de los recelos con la física teórica, consideraba a la genética moderna como contrarrevolucionaria y fueron numerosos los científicos ajusticiados o recluidos en campos de concentración. A pesar de sus prejuicios ideológicos, Stalin consideró la ciencia como imprescindible para aumentar su poder político y militar.
Dwight D. Eisenhower, presidente de EE.UU. entre 1953 y 1961, fue consciente del peligro de dejar el control de la ciencia en manos de la política o de las grandes corporaciones armamentísticas: «La perspectiva del control de los científicos de la nación por parte del Gobierno Federal, la asignación de proyectos y el poder del dinero están presentes en todo momento y deben ser considerados muy seriamente».
INTERRELACIONES ENTRE CIENCIA Y PODER
Con su magnífica y documentada obra Sánchez Ron realiza un riguroso análisis de las complejas interrelaciones de la ciencia con el poder. Como el mismo autor advirtió en el prólogo de la segunda edición, «es importante analizar hoy con cuidado la relación entre poder y ciencia. Si ésta, la ciencia, es uno de los elementos más importantes en la configuración y desarrollo –incluyendo el bienestar– social, tenemos la obligación de vigilar quiénes y cómo intervienen en su desarrollo y en la explotación de las posibilidades –¡y beneficios! – que emanan de ella».
Se puede descargar en pdf la reseña de Enrique Orihuel Iranzo, sobre El poder de la ciencia
[Texto procedente del número impreso de Nueva Revista 181; lo ofrecemos en PDF al final del artículo].
Isaac Bashevis Singer (Radzymin, Polonia, 1903, Miami, 1991) ha sido el único escritor en lengua yiddish en alzarse con el Premio Nobel. Cuando a Bashevis Singer le otorgaron el Nobel, en 1978, ya era un asentado en Estados Unidos y reconocido como un maestro del relato corto. En Harper’s, The New Yorker o Playboy se publicaban con éxito sus originales historias.
Las ficciones de Bashevis Singer se nutren de existencias de judíos polacos, cuyo diverso destino cuenta siempre con una derrota anunciad
Las ficciones de Bashevis Singer se nutren de existencias de judíos polacos, cuyo diverso destino cuenta siempre con una derrota anunciada. Si la intención del autor es penetrar en la atmósfera pesimista de sus personajes, a menudo sus historias toman un camino irónico, como si las vidas de seres desgraciados acabasen siendo todavía más patéticas, por culpa de absurdos errores morales. Si unimos en una panorámica muchos de sus relatos, encontramos que sus protagonistas componen una muchedumbre indisoluble. Sus protagonistas judíos no son tópicos, se alzan como una realidad desconocida, entre luces y sombras, les acecha el desencanto religioso y también el desconcierto ante la vida moderna. El público tiene la impresión de entrar verdaderamente en el escenario cotidiano de unos seres humanos perdidos, antes del nazismo, o en su diáspora posterior.
En Una ventana al mundo y otros relatos, publicado por Nórdica, algunos de los escenarios del desarraigo son norteamericanos. Los desterrados tienen múltiples rostros y voces, pero comparten la experiencia común del exilio y la desilusión en sus desastrosos intentos de supervivencia. Se presentan aquí cinco cuentos inéditos, y se añade El huésped, ya publicado por la editorial en la colección Minilecturas.

Pero, aunque tanto Nórdica, promoviendo los libros de Singer, como Ediciones B, que publicó sus relatos completos, y sus memorias, Amor y exilio, a inicios de los años 2000, y pese a que otras editoriales han publicado gran parte de su obra, el Nobel Isaac Bashevis Singer ha permanecido como un autor bastante secreto en nuestro país. Hijo y nieto de rabinos de una región de Polonia bajo influencia rusa hasta 1918, Bashevis Singer abandonó su país natal en 1935, cuatro años antes de la ocupación nazi de Polonia. Singer siguió la trayectoria de su hermano mayor, Israel Joshua Singer, también escritor, instalado unos años antes en Nueva York. América, como menciona Bashevis Singer en sus memorias, representaba un continente donde ni Hitler ni Stalin resultaban ya una amenaza.
Naturalmente, Hitler y Stalin, eran las bestias negras de Singer. En el relato El Huesped, un hombre piadoso, Reb Berish, instalado en un barrio de Nueva York, alquila un cuarto a Melnik, un judío descreído y libertino que había sobrevivido a los campos. Cuando el inquilino encuentra a Reb Berish rezando, le pregunta: «¿A quién le reza? ¿Al Dios que hizo a Hitler y le otorgó capacidad de asesinar a seis millones de judíos? ¿O quizás al Dios que creó a Stalin y le permitió liquidar a otros diez millones de víctimas?». La manera de narrar de Isaac Bashevis Singer plantea todas las perspectivas posibles, el maniqueísmo no entra en sus historias.
Tampoco los finales esperados. En El último regalo, el narrador, un escritor que vive en Balarbour, Florida, quizá el propio Bashevis Singer que pasó allí sus últimos años, tiene una vecina multimillonaria de más de ochenta años, Priscilla Levy Clark. El escritor y la acaudalada anciana entablan una amistad de vecindad. El incierto entramado de pequeñas peripecias hace que estemos a la expectativa del «regalo» que Priscilla ha prometido a su vecino. Pero la audacia de Singer está en mostrarnos cómo la vida desbarata los planes trazados de antemano.
La metamorfosis de la cultura judía es uno de los contenidos de la obra de Singer. La desnaturalización del orden de la sociedad judía no viene tanto del mundo exterior, sino que los cambios provienen de las propias familias que no viven en una burbuja. En El regalo de la Misná el viejo Reb Israel Walden, seguidor a ultranza de los libros sagrados, vive con sus nietos, los huérfanos de Naphtali. Su nieta Basheleh y su hermano Asher Ayim han convertido la casa en un centro revolucionario, en las habitaciones los jóvenes hacen el amor y las arengas políticas son constantes. Al viejo solo le quedan sus rituales, ante la indiferencia de los jóvenes.
HUMOR CÁUSTICO
El descreimiento del autor ante las razones que mueven a sus personajes se manifiesta con un humor cáustico en el relato Una ventana al mundo. Dos escritores maduros del Club de Escritores Yiddish de Varsovia, con pequeños éxitos en su juventud, solían jugar juntos al ajedrez. Uno de ellos, Menahem Roshbom se había pasado a las filas del periodismo, al otro, Zimmel Hesheles, se le consideraba un misterioso pelagatos que cubría un puesto de corrector en las vacaciones de verano. Los escritores jóvenes del Club sentían curiosidad por aquellos individuos que habían abandonado la literatura. La boda secreta de Hesheles irá transformando la tranquila vida de todos los personajes. Las historias del Premio Nobel son sencillas, pero su desarrollo hacia el final sorprendente es de una eficacia que trastorna por completo lo esperado.
Estos relatos son una magnifica introducción a la obra de Isaac Bashevis Singer. De él se puede decir ese tópico de que «nada es lo que parece» en las sociedades judías. Sus héroes no son peores ni mejores que los demás. La aceptación de sus pecados y la ironía implícita evitan una visión fatalista de los hombres y mujeres insignificantes. Al registrar cada movimiento mediocre o idealista del alma de los personajes, los convierte en universales. El escepticismo ante los seres humanos asoma en cada una de las líneas de Singer. Acepta que los seres cambian de piel, y también muestra cómo los sufridores y los desterrados quedan enredados en las complejidades de una vida múltiple.
Se puede descargar en pdf la reseña de Lourdes Ventura, sobre Una ventana al mundo y otros relatos
La periodista Ariane Nicolas estudia en esta obra -muy centrada en autores, hechos y políticas franceses- una nueva ideología que denomina antiespecismo. Según la autora esta ideología se define por inventar un hecho (la humanidad trata injustamente a los animales de forma estructural al negar que se trata de seres de igual dignidad a la humana), inventar un nombre para esa actitud (especismo, según el modelo de racismo o sexismo) y convertir en causa política y exigencia moral la lucha contra ese especismo.

Capítulo tras capítulo, Ariane Nicolas pone muchos ejemplos de esta lucha antiespecista: la condena de comer carne como asesinato de animales, la repulsa a la domesticación de animales como atentado a su libertad, el rechazo a la inseminación animal como violación, etc.
Bajo la disculpa seudo moral de la defensa de los animales no hablantes degrada al ser humano al equiparar a todos los animales sintientes
Al final, se trata de un anti humanismo que bajo la disculpa seudo moral de la defensa de los animales no hablantes degrada al ser humano al equiparar a todos los animales sintientes.
Pero, resalta la autora, a la vez es un curioso humanismo de forma contradictoria, pues considera a los humanos como la única especie con obligaciones morales con las demás especies.
También se detiene la autora en poner en valor la tentación violenta de esta nueva ideología que ya tiene sus pequeñas manifestaciones en hechos reales, pero que se manifiesta sobre todo en un lenguaje agresivo e insultante para los discrepantes, que es una forma de violencia no física que, según muestra la historia, con frecuencia es el preludio de la violencia física.
Una nueva historia de Grecia. Es sorprendente cómo no nos cansamos de releer o reescribir la historia de los griegos. Esto demuestra que no puede dejar de interesarnos la Grecia clásica porque no es solo historia del pasado, sino que es nuestra historia; y esta nunca cansa y respecto a ella nunca nos damos por satisfechos sino que siempre queremos oírla de nuevo, como sucede con las historias de nuestra familia.

Esta historia de los griegos escrita por una profesora británica no aporta nada sustancialmente nuevo, pero sí un toque humano (femenino, si se me permite decirlo sin ser crucificado) en el relato de la vida de nuestros ancestros griegos. A la autora se le nota mucho cómo ama a aquellos antepasados nuestros: por eso, se fija más en lo que los hace amables y omite pudorosamente sus lacras.
Edith Hall elige diez características de los griegos y las desarrolla en diez capítulos que se ubican en diez territorios distintos y en diez épocas distintas y consecutivas
Quizá la principal novedad de esta obra es su estructura. La autora elige diez características de los griegos que le parecen definitorias de ese pueblo y las desarrolla en diez capítulos que se ubican en diez territorios distintos y en diez épocas distintas y consecutivas.
De la mano de Hall vivimos el amor de los griegos por el mar, la desconfianza hacia la autoridad, la exaltación de la libertad individual, la mentalidad inquisitiva, la apertura mental, el sentido del humor, la competitividad agresiva, la pasión por la excelencia, el cultivo de la elocuencia y su entrega hedonista al placer.
Estas diez características de los griegos que singularizan a este pueblo -según la autora- nos son expuestos en una historia que comienza 1.500 años antes de Cristo y concluye a finales del siglo IV después de Cristo cuando la cristiandad sustituye a la cultura clásica griega.
Lo mejor del libro me ha parecido el análisis de la influencia cultural griega en el imperio de Roma (capítulo 9, págs 303 y ss) y lo más flojito el análisis de la sustitución de la cultura griega por el cristianismo (capítulo 10, págs. 329 y ss.). Me parece que la autora, por una insuficiente comprensión del cristianismo, no aprecia como se merece el valor de la aportación de la cultura griega a la nueva civilización cristiana en la cual subsiste lo más genial y valioso de la herencia histórica de los griegos.
En todo caso, es un libro de agradable lectura y que ayuda -una vez más- a volver a bañarse en las aguas en que fuimos concebidos.
Rüdiger Safranski es un filósofo y ensayista alemán con una capacidad divulgativa notable que le ha permitido hacer llegar a un público amplio la vida y el pensamiento de algunos de los grandes pensadores de los últimos tiempos a través tanto de la televisión como de biografías sobre autores como Nietzsche, Heideger o Hölderlin y libros sobre cuestiones como el mal, la dimensión temporal de la vida o -ahora- sobre la individualidad existencial como característica de los tiempos modernos.

En Ser único. Un desafío existencial, Safranski analiza el intento desde el Renacimiento hasta los existencialismos del siglo XX de construir personalidades que intentan valerse por sí mismas, sin buscar la propia identidad exclusivamente en el grupo social. Y lo hace analizando la vida y obra de diecisiete autores (de Lutero a Sartre) que entre el siglo XVI y el XX han afrontado en circunstancias distintas hacer realidad ese ideal o necesidad de «ser únicos». Al estudio de estos diecisiete autores, precede un capítulo dedicado a los personajes renacentistas que -según Safranski- iniciaron esta vía.
La identificación de la quiebra nominalista como el origen del individualismo moderno (en la que el autor insiste una vez y otra en este libro) me parece uno de sus grandes aciertos explicativos
Con acierto, Safranski identifica el origen de esta tendencia en el nominalismo del siglo XIV. Así en la página 25 escribe: «esta evolución había comenzado ya con el surgimiento de la corriente nominalista en la tardía Edad Media: lo que existe es individual. Hay solamente singularidades. En ellas está contenida toda la plenitud de lo real». La identificación de la quiebra nominalista como el origen del individualismo moderno (en la que el autor insiste una vez y otra en este libro) me parece uno de los grandes aciertos explicativos de este libro, pues es clave interpretativa que habitualmente no se tiene en cuenta para entender la modernidad.
Safranski no duda en reconocer que, antes del Renacimiento y la revolución nominalista en el pensamiento, ya hubo personas que se esforzaron por ser únicos y que esto es especialmente notable en la antigua Grecia y en el cristianismo, pero resalta que esos fenómenos se dieron en sociedades que no reforzaban esa actitud sino más bien la tribal o de identificación social; y que lo novedoso de la época moderna es que la sociedad se organiza progresivamente para incentivar esa individualidad creativa.
El autor intercala en sus estudios sobre cada uno de los personajes a los que se acerca tres interludios o reflexiones intermedias que ayudan a ir haciendo balances parciales de lo que el autor -y el lector de su mano- va aprendiendo: La primera de ellas (pág. 71 y ss.) explicita lo aprendido estudiando a los renacentistas, Lutero y Montaigne; la segunda (págs. 119 y ss.) y la tercera (págs. 177 y ss.) hacen los mismo respecto a Rousseau, Diderot, Stendhal, Kierkegaard, Stirner y Thoreau.
Una reflexión final (pág. 315 y ss.) concluye el libro tras el estudio, entre otros, de Jaspers, Heidegger, Hannah Arendt, Sartre y Ernst Jünger.
Queda patente en esta reflexión final la singularidad del esfuerzo por ser único en el siglo XX, bajo el impacto de los totalitarismos; y, actualmente, con el riesgo de la sociedad digital que nos abre a un todo virtual con el riesgo de no ser capaces de volver a nosotros mismos tras asomarnos al mundo de la red.
TRADICIÓN DEL REALISMO ARISTOTÉLICO – TOMISTA
Esta obra es muy interesante para iluminar uno de los rasgos esenciales de la modernidad. Quizá podría complementarse -para lograr una imagen más omnicomprensiva de nuestra época- con el estudio de las corrientes de pensamiento y las vidas de quienes en los siglos modernos no cedieron al planteamiento nominalista sino que permanecieron en la tradición intelectual del realismo aristotélico-tomista; pues en esta tradición también se ha desarrollado un personalismo creativo pero no individualista que ha permitido sugestivas aportaciones hoy muy vivas en el ámbito del pensamiento cristiano, especialmente católico.
(Texto de la ponencia sobre migraciones de la profesora Carlota Solé en el Seminario de Nueva Revista, Pensar el siglo XXI)
Las migraciones han existido desde el principio de la Humanidad. A lo largo de los siglos, ha ido incrementándose el volumen de las personas que migraban y la velocidad de sus movimientos. Las razones son principalmente demográficas y económicas.
En Europa, tras la Segunda Guerra Mundial, las migraciones internacionales aumentan en volumen y espectro. De 1945 a 1973, las migraciones de trabajadores procedentes de países en vías de desarrollo cubren las necesidades de mano de obra de países de Europa occidental, Norteamérica y Oceanía. Tras la crisis de 1973, con el aumento de los precios del petróleo se desarrollan nuevas formas transnacionales de producción y surgen nuevos países de inmigración como los del sur de Europa, los países del Golfo Pérsico, América Latina, África y Asia (Castles, S., 2000: 156).
En el primer mundo el incremento de inmigrantes documentados e indocumentados coincide con la transformación de la economía postindustrial en una economía de servicios basada en el conocimiento y el control de la información paralela a la producción de bienes materiales. Ello repercute en la escala laboral-social al potenciar los niveles extremos, superior e inferior, de trabajadores altamente cualificados y poco cualificados en detrimento del nivel intermedio de los obreros manuales.
En los últimos treinta años, se incrementa el número de mujeres que emigran como cabezas de familia o como «breadwinners», concentrándose en el subsector de servicios personales del servicio doméstico y de cuidado de ancianos, niños, enfermos y discapacitados
El desarrollo de las telecomunicaciones, de la informática y del transporte, así como la desaparición de fronteras al comercio, la distribución de inversiones a nivel internacional induce a la aparición de una economía de mercado global a nivel mundial (China se suma al modelo de economía de mercado hacia 1979, la Unión Soviética colapsa en 1991). En esta economía el flujo transnacional de mercancías, bienes, trabajo y capital están garantizados. Sin embargo, los Estados del primer mundo persisten en controlar los flujos de inmigrantes, sobre todo de los no cualificados, que no ofrecen más que su fuerza de trabajo (Massey, D.S., 2018).
Otro aspecto para tener en cuenta en las recientes tendencias migratorias es la feminización de los flujos migratorios. A lo largo de la historia las mujeres migraban acompañando a los hombres. En los últimos treinta años, se incrementa el número de mujeres que emigran como cabezas de familia o como breadwinners (Castles, S., 2000:157), concentrándose en el subsector de servicios personales del servicio doméstico y de cuidado de ancianos, niños, enfermos y discapacitados.
Mientras hasta finales del siglo XX los migrantes se movían de forma pautada por su estrategia de movilidad socioeconómica ascendente en el seno de un sistema mundial estable, en el siglo XXI parecen, además, movilizarse indiscriminadamente en el seno de un sistema mundial desestructurado
A finales del siglo pasado, las migraciones se contemplan en términos globales: son el resultado de la integración de una población y comunidad locales en una economía nacional. A principios del siglo XXI, las personas se mueven más fácilmente y de forma poliédrica en todas direcciones (del campo a la ciudad, entre regiones limítrofes o no limítrofes, entre países, entre continentes). Siempre en busca de seguridad y mejores condiciones de vida. Mientras hasta finales del siglo XX los migrantes se movían de forma pautada por su estrategia de movilidad socioeconómica ascendente en el seno de un sistema mundial estable, en el siglo XXI parecen, además, movilizarse indiscriminadamente en el seno de un sistema mundial desestructurado, siguiendo una estrategia de supervivencia ante las amenazas medioambientales que no pueden controlar. Ello da lugar a nuevas formas de movimientos migratorios transnacionales.
Migrar implica cruzar fronteras. Hay migraciones internas e internacionales. A menudo, esta distinción pierde sentido por cuanto existen fronteras geográficas en tierras pobladas por personas culturalmente similares (el sur de Filipinas y el norte de Malasia, por ejemplo), y al revés, las migraciones internas pueden darse entre poblaciones ocupando un mismo Estado, pero muy distanciadas culturalmente (la etnia uigur en China movilizándose hacia las ciudades del Este del país). Otras veces son las fronteras las que cambian (la disolución de la Unión Soviética es un ejemplo), transformando las migraciones internas en internacionales. Éstas últimas se vinculan estrechamente con el proceso de globalización (Lamo de Espinosa, E.,1995:354-35)
El proceso de globalización, caracterizado por la interconectividad amplia, intensa y rápida a lo largo y ancho del mundo, en todos los aspectos de la vida económica, social, política, cultural y personal, permite producir, distribuir, intercambiar y comunicarse, en tiempo real y a nivel planetario. Las modernas tecnologías de la información y de la comunicación facilitan la formación de una red transnacional que permite el flujo rápido de intercambios de capitales, de comercio de bienes y servicios, de ideas, de elementos culturales y de personas, en todas direcciones. Así como los flujos de capitales y mercancías son socialmente aceptados por las economías de mercado de las sociedades liberales, los flujos de población causan reticencias. Se consideran una amenaza potencial a la soberanía e identidad nacionales.
CAUSAS Y CONSECUENCIAS DE LAS MIGRACIONES INTERNACIONALES
En las dos primeras décadas del siglo XXI se agregan a las razones económicas y querencia de mayores y mejores oportunidades de vida, la de huir de los peligros que amenazan el bienestar físico o la vida, derivados de una serie de causas, ajenas al migrante, como son los desastres ecológicos, la quiebra de algunos Estados o de manera más general, las situaciones de gran violencia política y civil.
Actualmente se habla de las migraciones medioambientales producidas por el cambio climático que reduce las posibilidades de supervivencia en determinadas zonas del mundo
El cambio climático se ha presentado hasta ahora como un fenómeno no relacionado directamente con la movilidad de las personas. Pero actualmente se habla de las migraciones medioambientales producidas por el cambio climático que reduce las posibilidades de supervivencia en determinadas zonas del mundo. Paradójicamente, la catástrofe natural fija en el lugar del siniestro a la población afectada con menos recursos o capital social e individual, impidiendo su rápida recuperación, y a veces incluso, su supervivencia.
Los conflictos bélicos producen desplazamientos de personas, de refugiados. De acuerdo con la evolución histórica y las relaciones internacionales el perfil de los refugiados ha ido cambiando desde 1950. Hasta bien entrados los 1970s, tras la crisis del petróleo de 1973-1974, los países de la Europa central y nórdica necesitaban mano de obra extranjera y los refugiados eran bienvenidos. En la Europa meridional, el número de refugiados era entonces prácticamente inexistente.
En los años 1980s crece, especialmente en Alemania, el número de solicitantes de asilo por parte de personas procedentes de países africanos, asiáticos y suramericanos. Progresivamente, se van externalizando las fronteras de la Unión Europea a países africanos o asiáticos, en el intento preventivo de no dejar que emigren los ciudadanos de estos países hacia Europa.
En las últimas dos décadas han aumentado considerablemente los movimientos migratorios irregulares, refugiados y asilados desde muchos países del mundo. El derecho de las personas a solicitar asilo se tiene que compatibilizar con el derecho de los Estados de la Unión Europea a regular la entrada, admisión y residencia de extranjeros en sus territorios. En 2015 se produce la llamada “crisis de los refugiados”. Huyendo de la guerra civil en Siria, casi un millón de personas se desplazaron hasta Europa. Únicamente Alemania tuvo una actitud positiva de acogida de los refugiados.
Hoy, en 2022, nos enfrentamos a una nueva crisis de refugiados procedentes de Ucrania. Esta crisis es distinta de las anteriores: por su elevada velocidad y gran volumen, por la proximidad geográfica y cultural de los desplazados: son europeos, cristianos, con oficios y profesiones propios de la clase media, aunque muchos ocupen en el lugar de destino puestos de trabajo temporales y de baja cualificación. Los ucranianos han sido inmigrantes económicos, deseados y buscados, en muchos países de la UE. Tienen allí parientes y amigos que ahora acogen a los refugiados.
Paralelamente, se activa la Directiva de Protección Temporal, aprobada en julio de 2021 por el Consejo Europeo, que concede protección temporal en el caso de afluencia masiva de personas desplazadas y asume las consecuencias de su acogida, regulando los derechos de residencia, acceso al mercado de trabajo, asistencia médica, educación (incluso para adultos) y tutela legal de los menores de edad. La UE se erige, así como garante de las libertades y los derechos democráticos (Garcés, B.,2022).
Normalmente, los conflictos armados empobrecen las economías y sociedades contendientes. En 2019 nueve de las diez mayores y severas crisis alimentarias se produjeron en lugares del mundo con violencia e inestabilidad endémicas (Yemen, República Democrática del Congo, Afganistán, Etiopía, Siria, Sudán del Sur, Sudán, Norte de Nigeria y Haití). Se forma un círculo vicioso entre conflicto armado, impacto de los desastres relacionados con ello, vulnerabilidad y subdesarrollo (Buhaug, H. y von Uexkull, N., 2021: 5.12-5.13).
Una reacción positiva a la entrada de inmigrantes económicos, climáticos, refugiados o retornados es la voluntad y gestión de la integración sociocultural de estas personas en la estructura socioeconómica y en la vida política y cultural de la sociedad receptora. Existen obstáculos a ese proceso. En épocas de crisis económica se pueden desarrollar en el seno de la población autóctona reacciones de rechazo a los inmigrantes, repercutiendo negativamente en su proceso de integración.
Recientemente, el Enfoque Global de la Migración y la Movilidad, adoptado por la Comisión en 2011, el Nuevo Pacto sobre Migración y Asilo de 2020 y el Plan de Acción renovado de la UE contra el Tráfico Ilícito de Migrantes (para 2021-2025) firmado en septiembre de 2021, muestra la voluntad de la Comisión Europea de regular las migraciones. España ha adaptado su legislación a estos pactos y acuerdos desde 1985.
En el contexto de la crisis sanitaria y económica de 2020 rebrotan actitudes racistas, no sólo el conocido racismo de las personas de raza blanca o caucásica contra las personas de color, sino también el racismo institucional, el sistémico, el estructural
Reacciones negativas a la entrada y presencia de los inmigrantes en los Estados de la Unión Europea son el racismo, la xenofobia y los populismos que afloran en ellos. En el contexto de la crisis sanitaria y económica de 2020 rebrotan actitudes racistas, no sólo el conocido racismo de las personas de raza blanca o caucásica contra las personas de color, sino también el racismo institucional, el sistémico, el estructural.
Igualmente, cabe hablar de racismo daltónico o colorblind, racismo ciego al color, que niega la existencia de racismo estructural, sistémico. Consiste en negar las desigualdades raciales existentes, afirmando que se ha superado el racismo. Debe distinguirse el racismo de la xenofobia, son fenómenos distintos. Racismo supone la subordinación a la superioridad blanca, al supremacismo blanco. Implica la inclusión de grupos necesarios pero inferiores. La xenofobia implica exclusión del otro. El racismo, al contrario de la xenofobia, no es aceptado políticamente, es visto como una amenaza a los recursos laborales, sanitarios, culturales, económicos. El rechazo del otro, es decir, la xenofobia, en cambio, es celebrado, ya que por no ser legítimos integrantes del Estado-nación, los otros, los extraños, se pueden rechazar.
Los populismos surgen en su inicio con independencia de la existencia de migrantes. Pero resurgen en concomitancia con los movimientos migratorios que dan pie a discursos antiinmigración. La oposición a la inmigración se presenta, bajo el populismo, como una defensa de la identidad cultural (o lingüística) de la nación y, en consecuencia, como una defensa de la propia nación. Se enfatiza la lucha de la voluntad general de un pueblo moralmente virtuoso contra una elite degradada. Elite y pueblo conforman una visión dicotómica y maniquea del espacio político.
ESPAÑA: PAÍS DE EMIGRACIÓN Y DE INMIGRACIÓN
España era hasta los años 1970s un país emisor de emigrantes. En los años 1950 y 1960 muchos españoles emigraron a países europeos, especialmente a Alemania, Inglaterra y Francia, en busca de trabajo. Según la Organización Internacional de las Migraciones (OIM), España es actualmente uno de los veinte países principales de destino de las migraciones internacionales, tras Estados Unidos de América, Alemania, Federación Rusa, Reino Unido, Emiratos Árabes Unidos, Canadá, Francia, Australia (OIM, 2018).
Según las recientes Estadísticas de Migraciones, la población española es de 47.435.597 habitantes. El 11,6% son extranjeros (5,5 millones). La mayor parte de la inmigración procede de Marruecos y América
Según las recientes Estadísticas de Migraciones, publicadas por el Instituto Nacional de Estadística a 1 de enero de 2022 la población española es de 47.435.597 habitantes. El 11,6% son extranjeros (5,5 millones) (INE, 2022). La mayor parte de la inmigración procede de Marruecos y América Latina.
El repunte reciente de la inmigración muestra una mayor diversidad de países de nacimiento de los inmigrantes, una mayor feminización y una distribución por edades menos concentrada en edades jóvenes. El 84,2 por ciento de las autorizaciones de residencia de extranjeros de Régimen General en vigor en España son de larga duración. El 15,8% de las autorizaciones son de residencia temporal, sujeta a renovaciones (CES, 2019: 41-51). En cambio, las solicitudes de protección internacional o de asilo son muy poco elevadas en España, en comparación con otros países europeos.
La población de origen extranjero sigue concentrándose en las Comunidades Autónomas más pobladas como Madrid, Cataluña, Andalucía y Comunidad Valenciana (Iglesias de Ussel, 2010). En esas comunidades, coinciden proyectos migratorios que priorizan disfrutar de una calidad de vida vinculada al ocio y descanso (jubilados del norte de Europa), y proyectos migratorios orientados a la vida laboral (extracomunitarios oriundos mayormente de Latinoamérica y norte de África). La concentración en las áreas urbanas alcanza el 80 por ciento de los inmigrantes por las mejores perspectivas laborales y vitales frente a solo el 20 por ciento que se ubica en zonas rurales. (CES, 2019:77).
La crisis económica de 2007-2008 produjo un cambio en la tendencia general que convirtió a España, temporalmente, en un país de emigración. Parten hacia el extranjero algunos españoles y se produce una re-emigración de inmigrantes hacia otros países. Por un breve espacio de tiempo, España volvió a ser un país de emigración, especialmente de inmigrantes cualificados (Petroff, A., 2016).
SITUACIÓN SOCIOECONÓMICA. DISCRIMINACIÓN.
En general, para prácticamente todos los sectores económicos, las tasas de paro de los inmigrantes son más elevadas que las de la población autóctona. En 2022 la tasa de paro en España es del 13,65%, para los inmigrantes es la de un 22%, aproximadamente.
Existen situaciones de discriminación en la contratación de inmigrantes en España al igual que en muchos otros países europeos y occidentales. Las explicaciones son culturales, económicas o institucionales. Los empleadores pueden sentir desagrado hacia ciertas minorías étnicas y seleccionar a los trabajadores a contratar, siguiendo sus prejuicios y estereotipos respecto a la supuesta incapacidad e ineficiencia de los inmigrantes para llevar a cabo determinadas tareas productivas (Becker, G., 1957). Los empleadores actúan por interés económico propio, pero pueden tener información incompleta o sesgada sobre la capacitación y habilidades de las minorías étnicas que demandan trabajo. Los empleadores reclutan y remuneran a sus trabajadores según el contexto institucional en el que deciden y operan. Sus decisiones están influidas por el contexto en el que se toman. Así, el mismo grupo étnico es tratado de diferente forma en distintos países. (Lancee, B., 2021:1192-1195).
Ya en 2003, el Colectivo IOÉ describe los ámbitos y dominios de discriminación para tres colectivos de inmigrantes no-comunitarios (marroquíes, ecuatorianos y colombianos), que representan más de la mitad de la inmigración no procedente de la Unión Europea, además del de los gitanos como minoría cultural con una presencia histórica y significativa en España (cerca de medio millón de personas). Estos ámbitos son el de la vivienda, acceso al empleo y promoción, acoso en el lugar de trabajo, trato inadecuado por la policía, centros educativos, de salud, bancos, servicios sociales, espacios de ocio, instituciones (Colectivo IOÉ, 2003: 35-39). La discriminación hacia los musulmanes o islamofobia en España es igualmente una violación de los derechos humanos y una amenaza para la cohesión social. En España representan un 4% de la población total. La islamofobia aparece en las redes sociales, en el discurso político, en las instituciones, en el acceso al empleo, en la educación, en los medios de comunicación (Aparicio, R. y Doménech, C., 2019: 5-24).
Los trabajadores/as inmigrantes encabezan hogares de baja renta y tienen un riesgo de pobreza elevado, muy superior al de la población española (2,5 veces superior). La gran mayoría vive en residencias de alquiler, subarrendados en algunos casos. Muchos inmigrantes carecen de algunas prestaciones básicas como es el seguro de desempleo. Las posibilidades económicas y la ubicación residencial también influyen en la concentración de los inmigrantes en el sistema educativo. Los hijos de los inmigrantes se concentran en las escuelas públicas y realizan mayoritariamente estudios de formación profesional. En la segunda generación estas diferencias disminuyen. En cuanto al acceso a la atención sanitaria y servicios sociales, la asistencia sanitaria, la utilización de los recursos sanitarios es mínima por cuanto, en general, los inmigrantes extracomunitarios gozan, en general, de un buen estado de salud, por ser todavía jóvenes.
Las tareas de cuidado de larga duración (personas dependientes por discapacidad, enfermedad o edad, en muchos casos viviendo solas y sin el soporte de los cuidados tradicionales) las realizan mayoritariamente mujeres inmigrantes, al igual que en otros países europeos como Alemania, Inglaterra, o Suecia (Albesa Jové, E., 2021: 10). La crisis económica de 2008 ha inducido a la re-familiarización de los sistemas de cuidado, que han pasado del ámbito institucional público (residencias) al ámbito privado de las familias y al mercado (Albesa Jové, E., 2021:225-229).
En conjunto, los inmigrantes contribuyen, a través del aumento de la población activa y de la tasa de empleo, casi en un 30% al crecimiento económico
Una percepción extendida entre la población española es que los inmigrantes se benefician más de las prestaciones del Estado del Bienestar de lo que contribuyen a mantenerlo y que, en proporción, reciben más del Estado del Bienestar que los autóctonos y son más dependientes de él. Sin embargo, siendo eminentemente laboral, la inmigración ha tenido un efecto muy notable en el crecimiento económico y la sostenibilidad del Estado de Bienestar
La incorporación de muchas mujeres extracomunitarias a la realización de las actividades de cuidado y del hogar favorecen enormemente la participación laboral de las mujeres autóctonas en actividades productivas acordes a su nivel de formación académica o profesional. En conjunto, los inmigrantes contribuyen, a través del aumento de la población activa y de la tasa de empleo, casi en un 30% al crecimiento económico (CES, 2019:189).
CONSIDERACIONES FINALES
La convivencia y respeto a la presencia de otras religiones y culturas en una sociedad puede inducir valores y pautas de conducta aceptados por las subpoblaciones autóctona e inmigrante. Igualmente, del contacto entre culturas pueden surgir productos culturales nuevos, no solamente híbridos. Por ejemplo, la minoría turca en Alemania y los artistas hip hop en Turquía combinan los ritmos y melodías turcos, la música Arabesk, un estilo folclórico de Turquía de la década de 1960 con música hip hop de Alemania y Estados Unidos. El producto es el hip hop turco que es más que un híbrido, es la música con la que se identifican muchos turcos nacidos en Alemania, retornados a Turquía, alemanes en contacto familiar o social con turcos, alemanes y turcos interesados en nuevos ritmos bailables (Brown, T.,2006).
Aun conformando en la actualidad una pequeña parte de la población de muchas sociedades, las migraciones pueden constituir en el futuro un revulsivo en términos demográficos, laborales, económicos, culturales, sociales y políticos
Las políticas europeas sobre migración son restrictivas pues se llevan a cabo bajo la premisa de proteger a los ciudadanos de los países comunitarios. Pero cabe cambiar la perspectiva y visión sobre la inmigración: no como una amenaza a los intereses de la población autóctona sino como un beneficio futuro para ella. Por ejemplo, se suele tratar a los MENAs (inmigrantes menores extranjeros no acompañados) con rechazo, como una amenaza, cuando en realidad aquellos MENAs que no hayan cometido delitos son una esperanza, son personas jóvenes, son futuros trabajadores, a quienes se puede formar para cubrir actividades imprescindibles para el bienestar de las sociedades industrializadas, de las democracias liberales.
Aun conformando en la actualidad una pequeña parte de la población de muchas sociedades, las migraciones pueden constituir en el futuro un revulsivo en términos demográficos, laborales, económicos, culturales, sociales y políticos. En la medida en que las nuevas tecnologías de la comunicación y el transporte se desarrollen y sigan penetrando no solo en las sociedades avanzadas sino en las subdesarrolladas, la movilidad se acrecentará, a través de fronteras progresivamente desdibujadas en lo cultural. La movilidad seguirá afectando a todo el mundo, a los migrantes e indirectamente a los no migrantes. Involuntariamente estarán en contacto e interactuarán unos con otros en el lugar de trabajo, en la vida social, cultural y política. Progresivamente, las migraciones constituirán parte del núcleo central de nuestras sociedades multiculturales, en el contexto de la mundialización y la globalización. Imperceptiblemente, las migraciones acompañarán o se erigirán en el núcleo duro de las transformaciones sociales más profundas de nuestras sociedades.
BIBLIOGRAFÍA
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