El padre Roberto

La inolvidable experiencia peruana de León XIV

Robert Prevost, en una entrevista con el diario «La Industria de Chiclayo», en 2018
Robert Prevost, en una entrevista con el diario «La Industria de Chiclayo», en 2018
Nueva Revista

Avance

La experiencia peruana del nuevo papa le marcó a él y marcó a unos feligreses que le recuerdan con cariño y han celebrado su nombramiento con entusiasmo. Durante esos años, Robert Francis Prevost, actual papa León XIV, fue «el padre Roberto»; un cura y luego obispo que se arremangó y trabajó codo a codo con sus feligreses. No faltaron los problemas; desde la pobreza estructural y el terrorismo a los desastres naturales como el huracán El Niño o la pandemia de 2020. El padre Roberto, dice uno de los testimonios recogidos en un documental, «siempre fue ese pastor que salía a las calles y que tenía mucha compasión por el dolor de la gente; siempre estuvo cercano, siempre buscó la forma de ayudar en el momento de necesidad».

ArtÍculo

Desde hace un año, Robert Francis Prevost es el papa León XIV. Pero durante una buena parte de su vida fue «el padre Roberto». Lo fue en su larga etapa peruana. De la impronta que dejaron esos años en su personalidad, del cariñoso recuerdo que le queda, puede dar una buena idea el hecho de que, en su primer saludo como papa desde el balcón de la basílica romana de San Pedro, tuviera presente a su «querida diócesis de Chiclayo» (dicho así, en español, idioma que domina a la perfección).

Todos los artículos y biografías dedicados a él, destacan la experiencia peruana de León XIV. Entre ellos, destaca el documental «León de Perú», realizado por los medios de comunicación vaticanos y compuesto por los testimonios de quienes (sacerdotes, trabajadores diocesanos, gente del pueblo) trabajaron con él en unos años que fueron cualquier cosa menos fáciles. A los problemas sociales y políticos de un país con mucha pobreza y sacudido por el terrorismo —el de grupos como Sendero Luminoso y también el promovido desde el Estado— se añadieron la pandemia de 2020 y los desastres causados por el huracán El Niño en 2023. Allí estuvo el padre Roberto, arremangándose, calzando botas de agua, llevando agua, comida y lo que hiciera falta en la furgoneta que él mismo conducía o yendo a caballo a los lugares más inaccesibles. En esos espacios y en esos recorridos que no aparecen en las notas de prensa ni los boletines eclesiales donde se forjó la imagen del padre Roberto que recuerdan los peruanos.

Cuando llegó como misionero novato a la localidad de Chulucanas, los que iban a ser sus feligreses tardaron en reconocerlo. Esperaban a alguien distinto, posiblemente mayor, pero —dice una de las personas que hablan en el documental— «nos encontramos con un jovencito que vestía jeans, igual que los postulantes, igual que los seminaristas». Él, por su parte, les dijo: «Me llamo Robert, pero díganme Roberto».

Un pastor en la calle

Los testimonios de quienes aparecen en el documental —expresados en ese castellano limpio que, felizmente, se mantiene en muchos lugares de Latinoamérica— no dejan lugar a dudas sobre lo que representó la estancia del futuro papa entre los peruanos: «Siempre fue ese pastor que salía a las calles y que tenía mucha compasión por el dolor de la gente. Siempre estuvo cercano, siempre buscó la forma de ayudar en el momento de necesidad». Otros dejan claro que era un cura a pie de calle y con buena formación: «Con él podíamos hablar de camionetas, de motores, de cooperación internacional, de matemáticas». En definitiva (otro testimonio), «él ha caminado con nosotros». Algo perfectamente coherente con el pensamiento de León XIV, para quien «sínodo significa caminar juntos».

Su caminar junto a la gente humilde de Perú, por barrios y localidades de sonoros nombres precolombinos (Pacaipampa, Chalaco, Morropón, Chulucanas, Chiclayo, Pachacútec, Incahuasi) no lo olvidan tampoco sus habitantes, que han compuesto canciones populares dedicadas a este nuevo papa que fue el padre Roberto: «Un gran León se ha forjado en el norte del Perú», «qué bonito, qué bonito, todo lo que Roberto hizo».

Su labor ha tenido también un reconocimiento más oficial. En 2023, le fue concedida la Medalla de Oro de Santo Toribio de Mogrovejo, la distinción más alta del Episcopado Peruano, que recibió de manos de monseñor Miguel Cabrejos, entonces presidente de la Conferencia Episcopal Peruana y del Consejo Episcopal Latinoamericano.

Lo cierto es que el padre Roberto se ocupó de lo que pasaba en las cabañas y en los palacios. Cuando fue nombrado obispo de Chiclayo, al final de la ceremonia de ordenación, animó a las autoridades a combatir la corrupción en las entidades regionales y municipales para evitar que se repitieran los hechos delictivos cometidos por el exalcalde de la ciudad. Fue en 2015, el mismo año en que obtuvo la nacionalidad peruana.

Formado en Perú

En 2017, dos días después de que el gobierno indultase al autócrata Fujimori, el entonces obispo de Chiclayo, y en su calidad de tal, sugirió al exmandatario pedir perdón a cada una de las víctimas de su gobierno. «El expresidente Alberto Fujimori pidió perdón en una forma digamos genérica, casi. Reconociendo solo en términos generales si algunos se han sentido ofendidos. Tal vez, de su parte, sería más eficaz pedir perdón, personalmente, por algunas de las grandes injusticias que fueron cometidas y por las cuales él fue juzgado y sentenciado».

Además de lo dicho, defendió causas ecológicas, promovió programas contra la desnutrición infantil y apoyó a los inmigrantes, especialmente a los numerosos procedentes de Venezuela. Como dice uno de los autores del documental, el periodista Salvatore Cernuzio, «ha tocado con la mano lo que significa para una familia morir de hambre y ver su propia casa arrasada por el agua. Creo que es algo que no se puede olvidar y que te queda dentro». En opinión del periodista, este pasado marcará su pontificado: «Se formó en Perú. Llegó como misionero novato a los 30 años. Luego fue formador, profesor, párroco, obispo, administrador apostólico y de nuevo obispo. Así que todas las etapas de su carrera las vivió en Perú. Creció con Perú. (…) Esta atención a los pobres imagino que será un poco la seña de identidad».

No es aventurado coincidir con ese pronóstico y pensar que la experiencia peruana acompañará siempre al padre Roberto, hoy León XIV. Quizá sea aquel contacto con la pobreza lo que esté detrás de referencias suyas, como las hechas recientemente en Mónaco, a «las configuraciones injustas del poder» y «las estructuras de pecado que crean abismos entre pobres y ricos, entre privilegiados y descartados».


Este artículo se ha elaborado a partir del documental «León de Perú» y de informaciones de diversos medios de prensa. La foto procede del diario La Industria de Chiclayo y tiene licencia Creative Commons. Puede consultarse aquí.