Romano Prodi: «La encíclica papal podría ser una semilla para la unificación política europea»

El político italiano analiza la encíclica «Magnifica Humanitas» y su visión de asuntos como la IA, la guerra y Europa

Plaza de san Pedro en Ciudad del Vaticano
Plaza de San Pedro en Ciudad del Vaticano
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Romano Prodi fue primer ministro italiano entre mayo de 1996 y octubre de 1998, y presidente de la Comisión Europea entre 1999 y 2004. Fue presidente del Consejo de Ministros de Italia desde 2006 hasta enero de 2008. Desde septiembre de 2008 es presidente del Grupo de Trabajo ONU-Unión Africana relativo a las misiones de mantenimiento de la paz en África. 


Avance

Al año de su nombramiento como papa, y tras unos primeros meses marcados por la discreción (lejos del eco mediático despertado por su predecesor), León XIV se ha convertido en un referente mundial más allá del mundo católico. Su enfrentamiento con Donald Trump y su encíclica Magnifica Humanitas, dedicada a la inteligencia artificial, son dos hitos destacados de su proyección pública, que tendrá otro jalón en su visita a España este fin de semana.

El veterano político italiano Romano Prodi, que fuera primer ministro de su país y presidente de la Comisión Europea, habla en una reciente entrevista en El Grand Continent del papa, su encíclica, la guerra y el papel de Europa en el cambiante mundo actual. Reproducimos a continuación algunos pasajes de la entrevista.

Prodi sostiene que, en la encíclica, «el papa no rechaza la modernidad, la tecnología ni el mundo contemporáneo, pero invita a actuar con discernimiento, distinguiendo lo que puede contribuir al bien común de lo que corre el riesgo de tener consecuencias destructivas. Su insistencia en la vigilancia y la verificación minuciosa de las consecuencias de la IA no es en modo alguno una oposición al progreso, sino un recordatorio del papel de la política como regulador necesario de esta gran revolución tecnológica. Está ahí, nos dice, y debemos tenerla en cuenta porque tiene un gran potencial. Pero este optimismo es indisociable de una fuerte exigencia ética y política. El propio título, Magnifica Humanitas, es un llamado a la confianza en las novedades que se producen en el mundo, pero al mismo tiempo contiene un análisis severo de las condiciones necesarias para que la humanidad pueda merecer verdaderamente el adjetivo magnífica».

Añade que ha visto en la encíclica una actitud profundamente reformista que casi ha desaparecido de la política contemporánea. «Desde Tony Blair hasta Matteo Renzi, los progresistas han ido renunciando progresivamente a su ambición de transformación, contentándose con presentarse como la fuerza más fiable en la gestión de la economía. Al hacerlo, hemos perdido de vista nuestra vocación original: cambiar la sociedad para mejor», dice Prodi, para el que esa renuncia al verdadero reformismo tiene la consecuencia de convertir la democracia en una lucha entre extremismos.

Economía social de mercado

En su opinión, «León XIV pone de manifiesto todas las contradicciones entre los extremos y, curiosamente, se muestra muy duro con el monopolio y el poder regulador de las grandes empresas, al igual que en Estados Unidos. La recuperación de esa radicalidad es precisamente la lucha que distingue a los verdaderos reformistas».

«La encíclica —añade Romano Prodi— afirma explícitamente que el mercado debe estar regulado y que esa tarea corresponde a la política. Se trata de una postura que rompe con el nuevo consenso estadounidense, según el cual la intervención pública debería reducirse al mínimo, incluso ante cuestiones estructurales como la IA, y que justifica la ausencia de normas por la necesidad de ganar la competencia geopolítica». En cambio, lo que propone la encíclica papal es «una doctrina bien conocida por los europeos: la de la economía social de mercado, de origen alemán, que se pone claramente de manifiesto a lo largo de todo el texto». Dicho modelo, explica Prodi, «combina la libertad económica con la intervención pública. El mercado sigue siendo el motor de la prosperidad, pero el Estado mantiene la misión de garantizar las condiciones de la competencia, corregir los desequilibrios y orientar la economía hacia el bien común. No se trata ni de una visión liberal ni de una visión estatista».

Con la misma visión, aborda León XIV el asunto de la inteligencia artificial. «Rechaza la idea de que una tecnología tan decisiva pueda dejarse exclusivamente en manos de las dinámicas del mercado», pero oponiéndose a «una concepción puramente intervencionista». «La cuestión fundamental —remacha el político italiano— es que el mercado debe existir, pero no puede dejarse sin regulación. La política debe conservar la capacidad de orientar y regular estos instrumentos en interés de la comunidad».

Frente a los modelos chino y estadounidense, «el horizonte de la encíclica sigue siendo el de Europa, el de la economía social de mercado, la competencia regulada y la protección de la persona», insiste Romano Prodi.

Trump, la guerra y la IA

En opinión del veterano político italiano, la encíclica de León XIV «es clara y rotundamente antitrumpista… Ya se había producido anteriormente un enfrentamiento muy duro y directo entre Trump y el papa, sobre cuestiones bastante fundamentales como el control de la sociedad en general. Pero aquí se abre un nuevo capítulo en una polémica indirecta sobre otro tema: la guerra… León XIV observa que, hoy en día, la guerra y la fuerza se ensalzan cada vez con mayor frecuencia como instrumentos habituales de la política, cuando su uso solo puede justificarse en casos de legítima defensa. Se trata de una postura realista, basada en un análisis severo pero lúcido del mundo contemporáneo, donde domina la lógica de Babel: un enfrentamiento entre imperialismos, entre quienes quieren preservar su primacía y quienes aspiran a conquistarla».

«La consecuencia de esta guerra extendida —añade Prodi— es la proliferación de conflictos locales, tal y como había previsto Francisco al hablar de una guerra mundial por partes. En un contexto así, la diplomacia multilateral y las instituciones internacionales, empezando por la ONU, parecen cada vez más marginadas. Por eso, León XIV advierte contra una extensión excesiva del concepto de guerra justa, al tiempo que reafirma el derecho a la legítima defensa, entendido, sin embargo, en el sentido más estricto del término».

La regulación de la IA no es ajena a la necesidad de «frenar la carrera hacia el apocalipsis». Todo el marco intelectual de la encíclica «tiene como objetivo evitar la guerra, tanto en lo que respecta al armamento como a la IA, que puede convertirse ella misma en un instrumento de guerra. Porque esta tecnología multiplica las capacidades del ser humano, pero si no se inscribe en marcos jurídicos adecuados y va acompañada de una supervisión rigurosa, corre el riesgo de vulnerar los derechos y la dignidad humana».

«No se trata de una cuestión técnica. La IA tiene un profundo impacto en la vida de las personas y en la organización de la sociedad. No existe una solución puramente técnica. Precisamente por eso, el colosal poder de los ecosistemas digitales corre el riesgo de conducirnos hacia nuevas atrocidades, no menos vergonzosas que las del pasado, al tiempo que sigue prometiéndonos la imagen de una sociedad avanzada y civilizada», añade Romano Prodi.

Debilidad de Europa

En el tramo final de la entrevista, Prodi se centra en la debilidad de Europa. Constata que, mientras a principios del milenio, con la adopción del euro, «Europa se percibía como el punto de equilibrio, el mediador entre la potencia establecida y la emergente», hoy no cuenta para nada. El euro era «un llamado a la grandeza política», como mostraba una frase que le dijo el alemán Helmut Kohl, partidario de la moneda única, pese a la oposición de la patronal alemana. «Quiero el euro —dijo Kohl— porque mi hermano murió en la guerra».

Prodi concluye la entrevista afirmando que hoy falta en Europa una gran cultura común, y el mensaje de León XIV le parece «contundente y unificador en lo que respecta a Europa, ya que recuerda indirectamente su misión de conciliación».

«En la guerra de Ucrania, en Medio Oriente, en lo relativo a Irán, en los grandes problemas del mundo, Europa no tiene voz. La voz del papa está ahí, pero, ¿de qué sirve si no hay una estructura y una voluntad política capaces de traducirla en hechos? La paz y la guerra son los grandes problemas de hoy, y Europa no dice nada. Ha apoyado a Ucrania —y eso era fundamental—, pero sin explicar cuál era su visión del futuro».

«Si no podemos apoyarnos ni en el imperio emergente ni en el imperio consolidado, la única referencia posible debería ser la Unión Europea y su patrimonio político y cultural. Sin embargo, la propia Europa no logra traducir ese patrimonio en una fuerza histórica y política concreta. Para mí, eso es realmente un motivo para estar triste: no veo a nadie capaz de asumir esa misión. La encíclica podría ser una semilla que contribuya a la unificación de la política europea. Eso espero. Puede serlo. Ahora solo queda encontrar a alguien capaz de tomar el relevo».


El artículo es un extracto de la entrevista concedida por Romano Prodi a la revista El Grand Continent. El texto completo puede verse aquí.

La foto que ilustra el artículo muestra la plaza de San Pedro en la Ciudad del Vaticano. El autor es Diliff y tiene licencia Creative Commons. Puede consultarse aquí.