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22 Jul 2026 - 3min.
Avance
El edificio de Gropius, el fundador. El manifiesto. El predominio de la función. El arte y la artesanía. Son las palabras clave que vienen a la cabeza cuando se habla de la Bauhaus. También rondan algunos nombres, además del fundador, como Paul Klee, Wassily Kandinsky, László Moholy-Nagy, Josef Albers… En los últimos años, se ha reivindicado la presencia de las mujeres en la institución: Alma Siedhoff-Buscher, Anni Albers y Margarete Heymann, entre otras, han ido a parar donde se encontraban, entre sus compañeros. Ahora, una gran exposición en el Museum für Fotografie de Berlín se centra en ellas, pero no a granel: se fija expresamente en aquellas que eligieron la fotografía, que fueron muchas y muy desconocidas, para documentar un tiempo y un país.
Elsa Thiemann fue una de esas mujeres. Se formó en la Bauhaus, obtuvo su diploma en 1931 y regresó a Berlín para trabajar como fotógrafa de prensa. Fue conocida posteriormente por sus imágenes del Berlín destruido después de la Segunda Guerra Mundial, el mismo que intentaba levantarse de nuevo. Reflejó sus ruinas, sus edificios y sus gentes; unos niños espectrales en la entrada del metro de Neukölln, en la década de 1950 y, en la misma época, una multitud abarrotando la escalera de la piscina al aire libre de Wannsee son dos de las fotos que se pueden ver en la muestra, abierta hasta octubre.
Otras mujeres se fijaron en la arquitectura, pero no en la presencia masiva de los bloques, sino en la delicadeza de los elementos. En este tipo de instantáneas, como la que Lucia Moholy tomó del balcón en el edificio de la Bauhaus Dessau, «las personas ceden el protagonismo al lugar […]. Las fotógrafas se centran en los elementos originales y enfatizan su singularidad mediante perspectivas desorientadoras», explica Malcolm Forbes en Engelsberg & Ideas.
El manifiesto de Gropius de 1919 anunciaba que la escuela estaba abierta a «cualquier persona de buena reputación, sin importar su edad ni sexo». Las mujeres acudieron a esa llamada para aprovechar un acceso sin precedentes a la educación artística. Muchas de ellas se centraron y destacaron en disciplinas como el tejido y la cerámica. A la postre, son las más conocidas. Sin embargo, un grupo no pequeño se volcó en la fotografía. En 1929, cuando la Bauhaus estableció un curso de esta disciplina, casi la mitad del alumnado que se matriculó los formaban mujeres. Un hito paritario en la época donde nada lo era.
Pero más que los porcentajes, sorprende la calidad y la osadía de quienes se permitieron experimentar, jugando con reflejos y distorsiones. La imagen de Marianne Brandt deformada y multiplicada en esferas metálicas convierte su autorretrato en una composición compleja que recuerda las de Escher, mientras que Gertrud Arndt se adelanta en sus Maskenporträts (Retratos enmascarados) a los actuales filtros improvisando con accesorios, velas y telas.
Artículo completo: The women of the Bauhaus
https://engelsbergideas.com/reviews/the-women-of-the-bauhaus/
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