Thomas Sowell: «Hechos económicos y falacias»

Hay hechos demostrables. Pero otros se creen porque se repiten y la repetición se acepta como sustituto de la evidencia

Rey y otras piezas de ajedrez. Autor: David Lapetina. CC vía Wikimedia Commons
Rey y otras piezas de ajedrez. Autor: David Lapetina. CC vía Wikimedia Commons
José Manuel Grau Navarro

Thomas Sowell ha impartido clases de Economía en Cornell, UCLA y otras instituciones académicas. Su obra Economía básica ha sido traducida a seis idiomas. Actualmente es investigador de la Hoover Institution (Universidad de Stanford).

Avance

En esta nueva edición de Hechos económicos y falacias, Thomas Sowell desmonta algunos de los errores más extendidos en temas económicos. Narra con autoridad y claridad y desmantela muchas creencias con las que nos manipulan dirigentes y políticos de todo signo.

Thomas Sowell: «Hechos económicos y falacias», Valor Editions, 2026
Thomas Sowell: «Hechos económicos y falacias», Valor Editions, 2026

La falacia de suma cero consiste en pensar que si una parte gana, otra necesariamente pierde. Por ejemplo: que la inmigración quita trabajo a los nacionales, como si hubiera una cantidad fija de empleos y cada puesto ocupado por un inmigrante fuera automáticamente un puesto perdido por otra persona.

En la falacia de composición, se atribuye al conjunto una propiedad que solo se ha observado en una parte o en todas por separado. Pensar que se mantendrá cuando las partes formen un todo es una quimera. Por ejemplo, un equipo de fútbol con los mejores jugadores teóricos no tiene por qué desembocar en el mejor equipo. Porque también cuenta la coordinación, la estrategia y la relación entre sus miembros, entre otros factores.

Se incurre en la falacia post hoc ergo propter hoc  (‘después de esto, por tanto a causa de esto’), cuando se concluye que un hecho A causa un hecho B solo porque B ocurre después de A. Se confunde sucesión temporal con relación causal. «Me puse unos pantalones negros antes de examen, y aprobé, por lo tanto, aprobé gracias a los pantalones negros».

Adam Smith, en La teoría de los sentimientos morales (1759), critica al «hombre de sistema», que se atribuye poder ordenar la sociedad «con la misma facilidad con que la mano dispone las piezas sobre un tablero de ajedrez». Esa es la falacia de las piezas de ajedrez. Un reforma educativa impuesta desde arriba dependerá para que triunfe, entre otros aspectos, de cómo la apliquen los de abajo.

Por la falacia de la bondad ilimitada, el buenismo, se actúa como si fines deseables en sí mismos (ayudar, proteger, garantizar derechos y mejorar servicios) pudieran ampliarse indefinidamente sin costes, límites, incentivos perversos ni conflictos entre objetivos. «Como la sanidad es buena, el Estado debe financiar cualquier tratamiento».

Muchas equivocaciones parten de que somos iguales, cuando no es así salvo en que todos somos seres humanos criaturas de Dios, con igual dignidad y los mismos derechos. A esto último le presta especial atención Thomas Sowell en Hechos económicos y falacias.

ArtÍculo

Hay hechos demostrables. Pero otros se creen porque se repiten y la repetición se acepta como sustituto de la evidencia.

El propósito de Tomas Sowell en Hechos económicos y falacias no es simplemente desacreditar, sino revelar falacias que han tenido efectos nocivos en el bienestar de millones de personas en países de todo el mundo. Porque la incomprensión de la economía, o aun peor, su manipulación, causan estragos. Baste mencionar a los regímenes comunistas de la Europa del Este. De forma quizás más sutil, tales manipulaciones las padecemos también ahora en los países más desarrollados.

En siete capítulos, Sowell destroza leyendas urbanas sobre hombres y mujeres vistos desde la economía, rentas, raza y tercer mundo.

La imposibilidad de la igualdad

Hay individuos, grupos y naciones. Pero también diferencias personales, geográficas, demográficas, históricas y culturales. No cabe esperar, según Sowell, que las mujeres y los hombres trabajen el mismo número de horas, ni hay razón alguna por la que deban hacerlo.

Las metas, prioridades y habilidades de los que abandonan la escuela secundaria se diferencia de las de los graduados universitarios y comparar sus sueldos sin más al cabo de unos años puede dar resultados parecidos a ciertas alucinaciones de la inteligencia artificial.

No hay motivo para esperar que las economías del tercer mundo respondan a la ayuda exterior de la manera en que Europa respondió al Plan Marshall, cuando estas economías y sociedades han sido muy diferentes de las de Europa durante siglos, señala Sowell.

A lo largo de la historia, en el mundo han abundado diferencias que hoy se llaman «disparidades» o «inequidades», incluso en situaciones en las que no pueden explicarse por la discriminación.

El profesor de Stanford recuerda que en otra época, en la Rusia zarista, casi todos los miembros de la Academia de Ciencias de San Petersburgo eran de ascendencia alemana, a pesar de que las personas de ascendencia alemana eran solo alrededor del 1 % de la población de Rusia. Hoy en día, más del 40 % de los multimillonarios del mundo se encuentran en los Estados Unidos. A pesar de que las disparidades estadísticas son lo habitual en todo el mundo y a lo largo de la historia, «muchos continúan razonando como si cualquier diferencia estadística entre cualquier grupo fuera extraña y sospechosa, por no decir siniestra», subraya Sowell.

Estadísticas y mentiras

Las estadísticas no son mejores que los métodos y definiciones utilizados para recopilarlas. Hay que examinar esos métodos y definiciones con detalle. De lo contrario, no podemos suponer que se estén comparando personas comparables. Habrá errores al cotejar los ingresos de miembros de diferentes grupos étnicos que tienen la «misma» formación, o los ingresos de mujeres solteras con los de las mujeres casadas, cuando entre las mujeres «solteras» incluimos a mujeres que estuvieron casadas durante años antes de divorciarse, etc., etc.

El problema, insiste Sowell, es no someter las creencias, y las creencias de moda, a la verificación mediante los hechos, sino aceptarlas o rechazarlas de acuerdo con lo bien que se ajustan a alguna visión preexistente del mundo. El comodín de que se necesita la intervención del Gobierno para crear «viviendas asequibles», por ejemplo, solo se sostiene en el contexto de un deseo preconcebido, mientras que una cantidad considerable de pruebas sólidas apuntan en la dirección exactamente contraria.

Mujeres y raza

Toda la historia educativa y laboral de las mujeres en la primera mitad del siglo XX es «casi invariablemente ignorada, incluso en los estudios académicos, para centrar la atención en lo que ha sucedido desde 1960, lo cual se puede hacer para que encaje una visión preconcebida de las razones del ascenso de las mujeres», advierte Sowell.

Ocurre algo similar con los negros, cuya salida de la pobreza e inclusión en las actividades profesionales de clase media «también se remontan casi invariablemente a partir de algún momento después de 1960, y se atribuyen al movimiento por los derechos civiles y las acciones gubernamentales de esa década, a pesar de que la salidas más espectaculares de la pobreza ocurrieron en las dos décadas anteriores a 1960».

Entre las muchas ideas preconcebidas que no pueden ser sometidas a ninguna prueba empírica, porque son muy subjetivas, está la de que «terceros observadores saben mejor lo que es bueno para las personas que estas propias personas». Ocurre, por ejemplo, con el transporte público frente a los automóviles y con la imposición de las teorías favoritas de las agencias internacionales de ayuda a los países del tercer mundo.

Ante esos atropellos de los organismos internacionales, por lo menos hay que exigir pruebas de ese conocimiento superior para a la vez contraargumentar con los numerosos desastres en países de todo el mundo que se han producido a raíz de programas y políticas basados en esa suposición. Las tautologías son otra fuente de falacias. Por ejemplo, la superpoblación. Depende de cómo se defina. Los organismos internacionales son maestros también en eso de la manipulación tautológica.

Más información

Sowell, Thomas. (2026). Hechos económicos y falacias. Barcelona: Valor Editions. Edición original: Economic Facts and Fallacies, 2007, Basic Books.

Crédito de la imagen: Rey y otras piezas de ajedrez. Autor: David Lapetina. CC vía Wikimedia Commons