«Algo quedará de mí»: diez heroínas de la Resistencia en el campo de Ravensbrück

Estremecedor relato de unas mujeres que se significaron en la lucha contra el nazismo y lo pagaron caro. Cinco de ellas sobrevivieron y dejaron un valioso testimonio

Prisioneras en Ravensbrück. CC Wikimedia Commons
Prisioneras en Ravensbrück. CC Wikimedia Commons
Lourdes Ventura

Mercedes Monmany. Escritora, crítica literaria, traductora y editora. Especializada en literatura contemporánea europea, es autora, entre otros ensayos, de Por las fronteras de Europa, Ya sabes que volveré (sobre las escritoras judías muertas en Auschwitz: Etty Hillesum, Irène Némirovsky y Gertrud Kolmar) y Sin tiempo para el adiós. Exiliados y emigrados de la literatura del siglo XX.

Avance

El campo de concentración (o lager) de Ravensbrück, situado a 90 kilómetros al norte de Berlín, sirvió de cárcel y patíbulo, exclusivamente para mujeres, desde mayo de 1939 hasta abril de 1945. Allí fueron a parar judías, comunistas, cristianas, feministas y disidentes del Tercer Reich.  Un total de 130.000 mujeres, de las cuales más del ochenta por ciento eran presas políticas de diversas nacionalidades. Solo sobrevivieron 15.000.

El libro de Mercedes Monmany se centra en diez de ellas, que tuvieron destacado protagonismo en la lucha contra el nazismo y que lo pagaron caro. De las diez, solo cinco sobrevivieron, lo que sirvió para contar el horror allí vivido y dejar un valioso testimonio.

El libro relata sus estremecedoras historias:

La de la princesa Anne de Bauffremont-Courtenay, que trabajó en redes de apoyo a los judíos, fue arrestada por la Gestapo y murió en Ravensbrück con solo veinticinco años. Más jóvenes eran la poetisa polaca Grazyna Chrostowska, de 21 años, ejecutada junto a su hermana Apolonia; y Violette Szabo, de 23, que trabajó para el espionaje británico y fue fusilada en el campo de concentración.

Una de las víctimas de Ravensbrück fue la periodista checa Milena Jesenskà, que había sido amiga y corresponsal de Franz Kafka. Desde la Resistencia polaca, ayudó a muchos judíos austriacos y alemanes. Murió en el lager con 46 años. También allí pereció, gaseada, una monja ortodoxa, la rusa Marie Skobtsova, que había sido poetisa y revolucionaria, se había divorciado dos veces, era madre tres hijos y se exilió en París en 1923 para tomar los hábitos y más tarde ingresar en la Resistencia. Su semblanza le sirve a Monmany para reflexionar sobre el destacado papel de los religiosos en la lucha contra el nazismo.

Las que lograron sobrevivir fueron Lise London, esposa de Artur London (autor de La confesión), que había sido brigadista en la Guerra Civil española, y que dejó su testimonio en Memoria de la Resistencia; Gemaine Tillion, etnóloga de profesión, que murió centenaria tras narrar su experiencia en el libro Ravensbrück; Genevieve de Gaulle, sobrina del general Charles de Gaulle, que había entrado en la Resistencia a los 19 años; Charlotte Delbo, dramaturga, que recogió sus vivencias en ese campo y en Auschwitz en una «sobrecogedora trilogía, a la altura de Primo Levi»: Ninguno de nosotros volverá, Un conocimiento inútil y La medida de nuestros días; y la comunista Margaret Buber-Neumann, que sobrevivió a los campos soviéticos y nazis, afirmando que ambos se dirigían a la destrucción del ser humano.

ArtÍculo

La ensayista y reconocida autoridad en literaturas europeas Mercedes Monmany ha hecho un estudio exhaustivo sobre unas mujeres que desafiaron al Tercer Reich y no tuvieron miedo a la tortura y a la muerte: Algo quedará de mí. Historia de diez heroínas de la Resistencia en el campo de Ravensbrück.

Mercedes Monmany. «Algo quedará de mí. Historia de diez heroínas de la Resistencia en el campo de Ravensbrück» Galaxia Gutemberg, 2026
Mercedes Monmany. «Algo quedará de mí. Historia de diez heroínas de la Resistencia en el campo de Ravensbrück» Galaxia Gutemberg, 2026

Venían de diferentes países europeos y de distintas filiaciones políticas y orígenes sociales. Todas ellas coincidieron, junto con muchas otras víctimas, en el campo de concentración de mujeres de Ravensbrück (a 90 kilómetros al norte de Berlín). Este lager funcionó desde mayo de 1939 hasta abril de 1945. Ingresaron más de 130.000 prisioneras, de las cuales más del ochenta por ciento eran presas políticas de diversas nacionalidades. Solo sobrevivieron unas 15.000 mujeres.

Cinco de las heroínas pertenecían a la Resistencia francesa, tal como las enuncia Monmany: Germaine Tillion, la etnóloga; Charlottte Delbo, la dramaturga; Geneviève de Gaulle, la resistente; Anne de Bauffremont, la aristócrata y Lise London, la brigadista. Junto a ellas, Margarete Buber-Neumann, la testigo, activista alemana que sobrevivió al terror del gulag soviético y más tarde al encierro en Ravensbrück, y dejó constancia de las atrocidades en su libro Prisionera de Stalin y Hitler; Violette Szabo, la espía británica; Milena Jesenskà, la periodista checa, gran amiga y corresponsal de Franz Kafka; Marie Skobtsova, la religiosa rusa, muerta en Ravensbrük y canonizada como mártir de la fe por la Iglesia ortodoxa en 2004; y Grazyna Chrostowska, la poeta polaca, ejecutada junto a su hermana Apolonia, en 1942, en aquel campo de exterminio.

Grazyna tenía veintiún años y unas horas antes de ser asesinada escribió un estremecedor poema, La inquietud, cuyos últimos versos serían: «Las nubes se dirigen hacia el Este,/ y en el lado oriental, hay árboles solitarios, oscuros e inclinados,/ parados en medio del viento y el silencio./ Sacudidos por la inquietud».

Una miriada de historias

Las de estas diez heroínas aparecen como las grandes biografías troncales de las que se derivan una miríada de otras historias de mujeres y hombres que no se dejaron abatir por el atroz destino.

Cientos de protagonistas colaterales, citas de escritores e historiadores, pequeñas historias contadas por testigos y una bibliografía fundamental, ofrecen en este libro ejemplos de solidaridad y coraje de almas de mujeres particularmente fuertes en una época de violencias inimaginables. Pero el núcleo central es siempre el campo de Ravensbrück.

Horacio: «No moriré del todo»

La expresión non omnis moriar: no moriré del todo, de la Oda III, del poeta romano Horacio, aparece en el epígrafe inicial de esta obra polifónica y compleja, trabajada desde la Historia, la literatura, la documentación inédita y la investigación exhaustiva.

Non omnis moriar es también el principio de un poema sin título, hoy mítico y excepcional, según Monmany, de la poeta judía polaca Zuzanna Ginczanka, fusilada por la Gestapo en Cracovia, en 1944. Dramático poema, escrito poco antes de su ejecución, que afirma: «No dejo herederos, tan solo lo que tu mano logre desenterrar entre mis cosas judías». Sirve de marco para recordar a estas diez mujeres excepcionales:

Apenas con tiempo para vivir y ser recordada, la princesa Anne de Bauffremont-Courtenay fue combatiente de la Resistencia de París y trabajó en redes de apoyo a los judíos. Fue arrestada por un grupo de los peores torturadores de la Gestapo. Murió en Ravensbrück con solo veinticinco años.

La joven Violette Szabo trabajó para el espionaje británico y para la Resistencia francesa. Capturada en su segunda misión en Francia, fue fusilada a los veintitrés años, en el callejón de ejecuciones de Ravensbrück. Fue la segunda mujer en recibir la Cruz de San Jorge, póstumamente, en 1946. En la declaración oficial de la condecoración se decía: «Madame Szabo se ofreció como voluntaria para emprender una misión particularmente peligrosa en Francia».

«No te olvides, cuéntalo»

Muchas de las presas, cuando las llevaban en camiones a las cámaras de gas, gritaban a las demás: «No te olvides, cuéntalo». Uno de esos testimonios es la sobrecogedora trilogía de Charlotte Delbo, a la altura de la obra de Primo Levi. Incluye Ninguno de nosotros volverá, Un conocimiento inútil y La medida de nuestros días, y recoge su paso por el infierno de Auschwitz-Birkenau y más tarde por Ravensbrück. La resistente francesa y otras doscientas treinta mujeres del mismo convoy entraron al campo de Birkenau cantando La Marsellesa.

Delbo sobrevivió y escribió en 1946 el primer volumen de su trilogía, con el pánico «a no ser creída por nadie», dirá Mercedes Monmany.  Esa misma impresión tendrá la exprisionera y superviviente de Auschwitz, futura europeísta y relevante política francesa Simone Veil, que le advertirá a su hermana a su regreso: «Nos harán preguntas y nadie nos creerá». En general, la resurrección de los deportados fue difícil de asumir para los que no conocieron directamente el horror. Simone Veil dirá sobre los supervivientes judíos: «Éramos unos extraños. La gente no sabía dónde colocarnos. Nos hacían preguntas humillantes, aberrantes, a veces, casi demenciales».

También sobrevivió Geneviève de Gaulle, sobrina de Charles de Gaulle, que había entrado a los diecinueve años en la Resistencia, en 1940. El anuncio del mariscal Pétain de la rendición de Francia, el 17 de junio de ese año, marcaría su destino. En su libro La travesía de la noche, afirma: «Mi decisión de resistir pase lo que pase, creo que la tomé ese día, cuando escuché a Pétain hablar por la radio. No podía aceptarlo». Fue detenida por la Gestapo en una librería y enviada en 1944 a Ravensbrück.

Cincuenta años después de su liberación, Geneviève, casada con el también resistente Bernard Anthonioz, tuvo fuerzas para relatar aquel encierro, en medio de «mujeres masacradas con piquetas, mordidas por perros, arrojadas en medio de la inmundicia». La ensayista se pregunta: «¿Por qué tardaría tanto en relatarlo?». La respuesta puede estar en la intensa actividad de Geneviève en pro de los desfavorecidos, excluidos y víctimas del nazismo, durante los años posteriores. Y sin duda, también en el dolor al intentar reconstruir las heridas irreparables del pasado.

En febrero de 2015, el presidente François Hollande quiso trasladar los restos, tanto de Geneviève de Gaulle, como de su amiga y combatiente Germaine Tillion al Panteón de París, donde reposan las grandes personalidades de la historia francesa. Las familias prefirieron dejarlas en sus sepulturas privadas, en la Alta Saboya y en el Valle del Marne, e ingresaron en el Panteón dos féretros con tierra simbólica de sus cementerios locales.

Gemaine Tillion, compañera de Geneviève en el campo alemán, etnóloga de profesión, murió centenaria tras dejar una obra fundamental de su experiencia con el título de Ravensbrück (Éditions du Seuil). Su compañera en el campo Anise Postel-Vinay evoca a Germaine y a su madre, también resistente y gaseada en Ravensbrück, en su libro de memorias: «Yo iba en el mismo tren que Germaine hacia Ravensbrük. Era una mujer que se interesaba absolutamente por todo, extremadamente bondadosa, apasionada por la gente, fuera la que fuera, incluyendo en ello a los hombres prehistóricos. Yo tenía veinte años, ella treinta y cinco, y me salvó de la depresión».

Germaine veía la división de la humanidad desde categorías morales. «Están los que sabían que preferían morir a traicionar, y los que preferían traicionar a morir; están los que sabían que podían dar su último trozo de pan, y también los que podían robar el pan de un enfermo o un niño», afirmaba.

La autora describe a Margaret Buber-Neumann como «la testigo». Sobrevivió a los campos soviéticos y a los nazis, afirmando que ambos se dirigían a la destrucción del ser humano. Fue miembro del Partido Comunista de Alemania hasta que se exilió a la URSS, cuando llegaron al poder los nazis, en 1933. En 1937 fue arrestada en la Gran Purga de Stalin y enviada a campos de trabajo en Siberia. Después formó parte de un numero de comunistas alemanas entregados a la Gestapo por los soviéticos. Así llegaría al campo de Ravensbrück. En el libro de Tzvetan Todorov Memoria del mal, tentación del bien se la describe como «testigo ejemplar del Mal extremo que dominó por un tiempo la vida política de Europa: el totalitarismo. Uno sale de la lectura de sus libros con más confianza en las capacidades y recursos de los que dispone la especie humana».

La checa Milena Jesenskà —de quien Buber-Neumann escribió una magnífica biografía—, fue conocida como «la amiga de Kafka», y la receptora de una correspondencia fundamental en la historia de la literatura. Hacia 1920, Milena había traducido algunos relatos de Kafka al checo, ya que este escribía en alemán. Su amistad crecería al hilo de una nutrida correspondencia: entre abril y diciembre de 1920, Kafka escribió ciento treinta cartas a Milena, recogidas luego en un libro.

Había estudiado en el instituto Minerva, fundado por intelectuales checos para educar a mujeres modernas y emancipadas. Periodista valiente, Milena constató en muchos de sus artículos los sufrimientos de los judíos. Cuando Checoslovaquia cayó en poder de Hitler, Milena acabo en la Resistencia polaca, ayudando a judíos austriacos y alemanes. Fue capturada por los nazis y deportada a Ravensbrück «para su reeducación». Murió allí a los cuarenta y siete años.

Otra de las protagonistas extraordinarias de este libro fue Lise London, hija de emigrantes españoles en Paris y casada con Artur London, autor de La confesión, «una de las más famosas obras de denuncia de la etapa estalinista», según la autora. Lise fue brigadista en la Guerra Civil española y tuvo buena amistad con Santiago Carrillo. Fue detenida por la Gestapo en 1942 en un mitin contra los ocupantes nazis y deportada con condena de trabajos forzados a Ravensbrück. Liberada en 1945, posteriormente escribió Memoria de la Resistencia. Murió en 2012, en París, a los noventa y seis años.

Curioso el caso de la monja ortodoxa Marie Skobtsova, nacida en una familia noble de Crimea. Poeta y revolucionaria, se divorció dos veces, fue madre de tres hijos y se exilió en París en 1923 para tomar los hábitos y más tarde ingresar en la Resistencia. Este capítulo le sirve a Monmany para reflexionar sobre el papel de los religiosos en los distintos países, durante el nazismo. Entre otros testimonios de interés, se menciona al pastor protestante Harald Poelchau, socialista y resistente que salvó a numerosos judíos durante la guerra.

Universo de hilos encadenados

Al terminar el ensayo de Mercedes Monmany, entre la tragedia adivinamos lo humano. En medio de las masacres, vemos la solidaridad entre las protagonistas. Enfrentarse a un universo tan lleno de hilos encadenados unos con otros suponen un conocimiento universal de las fuentes, una erudición profunda y un compromiso firme con la memoria y contra las iniquidades humanas.

No hay que olvidar que Monmany, además de ser una autoridad en literaturas europeas, es también la autora de Ya sabes que volveré. Tres grandes escritoras en Auschwitz, Premio de Ensayo Caballero Bonald. El libro sobre la vida y obra de Etty Hillesum, Gertrud Kolmar e Irène Némirovsky fue considerado por el jurado como «la semblanza de tres escritoras judías, que representan, ante la barbarie del Holocausto, la voluntad de vivir, preservando así un legado cultural en la tradición de la gran literatura europea». 

Algo quedará de mí manifiesta con rigor histórico y una escritura excelente una verdad sobre los demonios y los desvaríos de los periodos más atroces de la humanidad.


Imagen de cabecera: Prisioneras en el campo de concentración de Ravensbrück, en 1939. Foto procedente de los archivos federales alemanes, CC-BY-SA 3.0 El archivo de Wikimedia Commons se puede consultar aquí.