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Ver productosPara Zemmour, la alianza del islam y el wokismo es «el pacto germano-soviético de nuestra época»

19 de mayo de 2026 - 6min.
Éric Zemmour. Periodista y político. Quedó en cuarto lugar en las presidenciales de Francia en 2022. Se define como bonapartista y gaullista. Lidera el partido Reconquête, que pretende ser una alternativa al Frente Nacional.
Avance
Este libro del judío Éric Zemmour es la ampliación de un artículo que le pidió la revista estadounidense católica First Things. Ahí está ya plasmada la intención. Zemmour propone una alianza judeocristiana para salvar Europa del peligro que supone el islam. Porque, como repite citando a André Malraux, «una civilización es todo aquello que se aglutina en torno a una religión».

La decadencia europea y occidental es demográfica, militar e industrial. Los estadounidenses, recuerda Zemmour, nos enseñaron que «la demografía es el destino», y Friedrich Engels, el amigo de Karl Marx, señaló: «A partir de cierto número, la cantidad se convierte en calidad». Pero sobre todo, la decadencia de Europa es una cuestión espiritual. Zemmour denuncia el desprecio, en Francia (y en España), a su historia y a sus grandes figuras. Eso deja estas naciones, y otras del continente europeo, a merced del islam, que quiere vengarse de sus antiguos dominadores.
Para Zemmour, el islamismo es lo peor de lo peor, en el plano personal y social. Afirma: «El judaísmo dejaba libertad para discutir el dogma, pero definía estrictamente las prácticas de la vida cotidiana: se podía debatir sin fin sobre el relato bíblico de la salida de Egipto o sobre la lucha de Jacob con el ángel, pero no había derecho a comer cerdo. En cambio, el cristianismo liberaba la vida cotidiana, pero establecía una verdad dogmática que no se podía cuestionar: se podía comer cerdo, pero no negar la Santísima Trinidad. El islam, por su parte, cerró todas las puertas: no se podía ni comer cerdo ni poner en duda las órdenes imperiosas de Alá».
Mientras que el islam se manifiesta con frecuencia con sus formas irracionales, la Iglesia católica, en su mejor versión, en sus mejores figuras, como santo Tomás de Aquino, «legó a sus fieles una enorme confianza en la importancia de la razón». El gran historiador de la Edad Media, Jacques Le Goff, «nos enseñó a admirar ese método escolástico, que solo los ignorantes confunden con su caricatura». Es un método que destacó «la virtud insustituible de la duda, de la discusión por encima del argumento de autoridad, del conocimiento entendido como liberación y de la primacía del orden y la claridad, mucho antes que Descartes».
ArtÍculo
Los seguidores del islam se burlan en Europa, con sus vidas y costumbres, del refrán «cuando estés en Roma, haz lo que hacen los romanos», viene a mostrarnos Éric Zemmour, mientras que los estadounidenses (y los europeos) son «nuevos puritanos sin Dios, que practican la religión de la cultura woke y de la justicia social». Rechazan en bloque el proyecto original sobre el que descansa Occidente.
«La alianza férrea entre el islam y el wokismo tiene como enemigo a la civilización europea y occidental», razona Zemmour en su ensayo. Esa civilización europea y occidental, según el general de Gaulle en una frase célebre, es «blanca por su origen, cristiana por su religión y grecorromana por su cultura». Para Zemmour, la alianza del islam y el wokismo es «el pacto germano-soviético de nuestra época».
El cristianismo occidental está completamente desarmado. Su propia culpa «lo bloquea y le impide plantar cara de forma seria a la inmigración islámica». Su larga convivencia con la izquierda, «cuando ambos compartían la preocupación por la cuestión social y el mundo obrero», lo deja ahora sin voz «ante una izquierda que ha desplazado su atención hacia la cuestión racial o la teoría de género».
Europa, según Zemmour, ignora hoy su verdad, pero los hechos son tozudos y la historia es «una revancha continua». Cuando el islam apareció en el siglo VI, el cristianismo oriental fue el primero en recibir el impacto de ejércitos movilizados por el mensaje de Mahoma, y acabó con las primitivas tierras cristianas.
Ahora, las elites occidentales, como nunca han vivido bajo dominio islámico, «pecan de una ingenuidad culpable». Aceptan sin cuestionar los discursos edulcorados sobre «las tres religiones del Libro», una narrativa elaborada por el propio islam «para ocultar las prácticas discriminatorias que históricamente se aplicaron allí donde musulmanes dominaron a judíos y cristianos». Esas mismas élites han asumido «con sorprendente credulidad el relato, repetido por muchos historiadores y periodistas, de que «Europa ha sido una tierra de inmigración» desde hace mil años». Sin embargo, según Marc Bloch, gran medievalista, en La sociedad feudal, uno de los factores decisivos de la estabilidad de Europa occidental fue precisamente la ausencia casi total de inmigración exterior entre el siglo IX y el siglo XIX, apunta Zemmour.
El islam es la religión de la sumisión, «de las desigualdades», con las mujeres, pero también con los infieles y los esclavos, y de «una fraternidad que solo se extiende a los demás musulmanes en el mundo». Se ignora la verdad histórica, insiste Zemmour, pero no han cambiado los hechos, solo la manera en que «se cuentan» en nuestros días.
En el Magreb (Argelia, Marruecos y Túnez) está prohibido usar nombres que no pertenezcan a la tradición coránica. «¿Por qué no podemos aplicar aquí la misma norma?», se pregunta Zemmour. «¿Por qué hemos abandonado en Francia esa exigencia que Bonaparte estableció por ley cuando aún era Primer Cónsul de la República francesa?». Más cuestiones que le preocupan: «¿Hace falta recordar que, en algunas ciudades de Alemania y Reino Unido, se permite libremente la llamada del muecín? ¿Hay mejor manera de aceptar la colonización cultural de estos países por parte de la civilización islámica?».
El islam va impregnando poco a poco el espacio europeo, mientras que las formas cristianas se diluyen y desaparecen. La división atraviesa al propio mundo católico, en Francia y en el resto de Europa. «Algunos se han implicado abiertamente en la defensa de la identidad francesa y europea, estableciendo un vínculo estrecho entre fe católica y civilización cristiana». Otros, en cambio, «rechazan entender su fe como una identidad, incluso francesa o europea, y prefieren aferrarse a la idea de una Iglesia universal —katholikos— y a su mensaje humanista».
Pero el catolicismo es, como indica su propio nombre, «un cosmopolitismo. En él conviven, por tanto, dos fuerzas vitales: una centrípeta y otra centrífuga. Ambas fuerzas deben coexistir. Entre ellas hay equilibrio».
Finalmente, Zemmour interpreta, como un brote verde del catolicismo francés, «la confrontación mimética con la juventud musulmana». Es una confrontación simbólica e identitaria, a veces también física, que «empuja a muchos jóvenes hacia un catolicismo tradicional, incluso tradicionalista. Las misas en latín atraen cada vez a más fieles, tanto en París como en Chartres, para disgusto del papa Francisco».
Zemmour, Éric. (2026). Occidente bien vale una misa. Por un resurgimiento judeocristiano en Europa. Traducción del francés de Isabel García Olmos. Madrid: La Esfera de los Libros. ISBN 9788410943018. Título original: Zemmour, Éric. (2025). La messe n’est pas dite. Editions Fayard.
Crédito de la imagen: La Catedral de Chartres en 2024. Autor: Gzen92. CC vía Wikimedia Commons