Nima Sanandaji: «El poco excepcional modelo escandinavo»

El progreso de los nórdicos y las admiradas características de sus sociedades no se han alcanzado gracias al gran Estado, sino a su pesar

Fiordo de Lyngen (Noruega), en 2012. Foto (autor): Ximonic (Simo Räsänen). CC vía Wikimedia Commons
Fiordo de Lyngen (Noruega), en 2012. Foto (autor): Ximonic (Simo Räsänen). CC vía Wikimedia Commons
José Manuel Grau Navarro

Nima Sanandaji. Escritor sueco de origen kurdo. Doctor por el Royal Institute of Technology de Estocolmo. Ha publicado quince libros sobre temas de política pública. Investigador del Centre for Policy Studies (Londres).

Avance

Muchos han percibido a los países escandinavos como una prueba de que los altos impuestos y los generosos sistemas de bienestar se combinan para crear un sistema político y económico óptimo. En realidad, los países escandinavos nunca fueron la excepción a las reglas de la economía. Esas sociedades fueron exitosas con Estados pequeños durante la primera mitad del siglo XX. Gran parte del progreso económico y social por el cual se admiraba a estos países sucedió cuando hacían gala de estados de bienestar reducidos o moderados, señala Nima Sanandaji en El poco excepcional modelo escandinavo.

Nima Sanandaji: *El poco excepcional modelo escandinavo*. Unión Editorial, 2020
Nima Sanandaji: El poco excepcional modelo escandinavo. Unión Editorial, 2020

Cuando el sector público escandinavo creció y se sobredimensionó, el progreso se detuvo. Los países nórdicos volvieron a recuperarlo cuando regresaron, de alguna forma, al mercado libre. A pesar de ciertos ajustes ya habilitados, incluso hoy los altos impuestos, los generosos subsidios y las rígidas regulaciones al mercado laboral entorpecen el crecimiento escandinavo, de la misma forma que en otros países desarrollados.

Los países escandinavos compensan los altos impuestos y las rigideces del mercado laboral con políticas liberales en otras áreas, tales como la libertad para hacer negocios y la apertura al comercio internacional. Igual sucede en otros países y eso ayuda a asegurar niveles moderados de crecimiento económico.

Adoptar el sistema nórdico de bienestar no es el camino para alcanzar el éxito, entre otras razones porque ellos mismos lo han abandonado. Además: copiar las políticas nórdicas no es lo mismo que copiar sus sociedades y todas las precondiciones que permitieron que el estado de bienestar nórdico funcionara satisfactoriamente por un tiempo, nos demuestra Nima Sanandaji en su ensayo de 2015, traducido al español en 2020 y que aún hoy sirve para echar por tierra gran cantidad de tópicos sobre los supuestos logros de la socialdemocracia escandinava.

Mauricio Rojas resume así la tesis fundamental del libro de Sanandaji: «El progreso de los nórdicos y las admiradas características de sus sociedades no se han alcanzado gracias al gran Estado sino a pesar del mismo. No es al intervencionismo estatal ni a los altos impuestos que los escandinavos les deben sus encomiables éxitos, sino a una combinación virtuosa de la libertad económica y el espíritu empresarial con antiguos rasgos culturales en torno a la ética del deber y el trabajo así como con un igualitarismo ancestral basado en la preponderancia social del campesino libre y propietario de su tierra».

La evidencia estadística que presenta Sanandaji es abrumadora: el gran salto escandinavo al desarrollo, en particular en sus países históricamente más avanzados, Suecia y Dinamarca, se dio muchos decenios antes de que el gran Estado de bienestar siquiera hubiese sido pensado.

ArtÍculo

El éxito de los países nórdicos no es el resultado de su gran estado de bienestar y sus altos impuestos. La receta del éxito debe encontrarse en las características culturales que han diferenciado a estos países del resto desde tiempos inmemoriales, o bien en el diseño particular de las políticas asistenciales que funcionaban mucho antes de que los estados de bienestar nórdicos superaran en tamaño a los del resto de los países anglosajones y europeos.

Para argumentar con solidez, Nina Sanandaji recurre a la historia y a la cultura de los escandinavos en el siglo XIX. Cita al académico sueco Assar Lindbeck, cuando señalaba que era difícil sobrevivir como agricultor en el hostil clima escandinavo sin trabajar extremadamente duro. Fue posible esa supervivencia porque la población escandinava adoptó una cultura de gran responsabilidad individual y trabajo esforzado. La laboriosidad de cuño protestante escandinava no solo fue una necesidad derivada de las bajas temperaturas, se debía también a unas tierras de propiedad privada en el haber de los campesinos, al contrario que en el sistema feudal europeo.

Suecia era una nación pobre antes de 1870, con una masiva emigración hacia los Estados Unidos. Pero a medida que se desarrolló el sistema capitalista desde la sociedad agrícola, el país se fue haciendo rico. Los derechos de propiedad, los mercados libres y el respeto por la ley se combinaron con un gran número de emprendedores e ingenieros muy capacitados. Se generó un ambiente en el cual Suecia gozó de un período de rápido y sostenido desarrollo económico.

El cambio de política hacia gobiernos más grandes e impuestos más altos que en los otros países desarrollados comenzó durante la década de 1960 y continuó en la década posterior, lo que hundió la economía, comparativamente, de los países escandinavos.

Se recuperaron nuevamente a partir de 2015, con el regreso hacia políticas que, a grandes rasgos, pueden catalogarse de favorables al mercado libre y que les fueron muy útiles antes del cambio durante las décadas de los años 60 y 70.

Estado de bienestar

Antes que las naciones nórdicas adoptaran grandes estados de bienestar, también exhibían buenos resultados sociales. La elevada esperanza de vida escandinava al nacer tampoco ha sido la consecuencia de un mayor estado de bienestar. Ya existía.

En la década de los 60, los primeros modelos de estado de bienestar, financiados con tasas impositivas moderadas, se enfocaban en la provisión de servicios como educación, salud e infraestructura. Con el tiempo, los altos impuestos y las generosas prestaciones sociales crearon una situación en la que «un número creciente de personas comenzó a volverse dependiente de los subsidios gubernamentales», subraya Sanandaji. Los estados de bienestar pasaron de ofrecer servicios al público en general a transferir beneficios a aquellos que no trabajaban.

El uso de la jubilación anticipada para esconder el desempleo entre los jóvenes es, tal vez, la más perversa de las transferencias. Los individuos quedan atrapados en una posición de exclusión social que puede convertirse en permanente. Los jóvenes reciben la errónea impresión de que, sencillamente, no tienen lo necesario para contribuir laboralmente a la sociedad. Se pierde el sentido de disciplina y el sentido de comunidad. Hasta hay gente talentosa que no acepta puestos de trabajo.

El objetivo de los estados de bienestar es sacar a la gente de la pobreza, proveer de redes de contención social y servicios de asistencia básicos. En muchas formas, los países escandinavos han tenido éxito en este campo. Sin embargo, el cambio desde un pequeño estado de bienestar a otro desmesurado ha generado pobreza social, incluso entre individuos saludables y jóvenes.

Los cambios en la ética del trabajo están directamente relacionados con la mayor dependencia de las instituciones del estado de bienestar. Se generaliza la tendencia a solicitar beneficios gubernamentales injustificables, pero que llegan. En Suecia, en 2001, una encuesta puso de manifiesto que una parte significativa de la sociedad consideraba que era aceptable vivir de las ayudas públicas por enfermedad cuando no se estaba enfermo. En Noruega ha bajado notablemente el ritmo de trabajo los viernes y los lunes. El sistema de bienestar noruego ha derivado en una situación donde los incentivos para trabajar duramente están limitados, lo que afecta el comportamiento de los más jóvenes.

El economista Asa Hansson calculó y publicó en 2009 la pérdida de eficiencia derivada de cada corona sueca recaudada y gastada por el gobierno en programas de bienestar social. Esta pérdida, según Hansson, podía llegar hasta tres coronas adicionales.

Impuestos

Según Sanandaji citando al economista sueco Magnus Henrekson, la tasa efectiva marginal de impuestos (el impuesto marginal más la inflación) a las empresas suecas llegó, en ocasiones, a superar el 100 % de sus beneficios. Henrekson llega a la conclusión de que las políticas impositivas se desarrollaron de acuerdo a la visión de una economía de mercado sin capitalistas ni emprendedores. El marcado giro a la izquierda en términos de política económica afectó con fuerza el nivel de emprendimiento.

La idea popular de que los elevados impuestos no redujeron el nivel de actividad económica en los países nórdicos es simplemente incorrecta. Los ricos países escandinavos habrían sido todavía más ricos si hubieran gozado de una menor carga tributaria, según Sanandaji.

A menudo resulta misterioso para el observador externo el motivo por el cual los votantes nórdicos han elegido repetidamente gobiernos que han aumentado los impuestos. La respuesta obvia es que el votante apoya ideológicamente las políticas del estado de bienestar. Sin embargo, hay otro motivo: los políticos crearon una «ilusión fiscal» que resultó en mayores niveles de presión tributaria de los que la población habría aceptado si hubiese sido advertida de manera transparente.

Un ejemplo de impuesto indirecto es el de las «cuotas empresariales» o «aportes patronales». Estos impuestos se cobran a los empresarios en lugar de a los empleados y, por tanto, se vuelven invisibles para el electorado. Sin embargo, el efecto de este impuesto es muy similar al efecto de un impuesto directo sobre los empleados.

En una encuesta realizada en el año 2003, se les pidió a los ciudadanos suecos que estimaran el monto total de impuestos que pagan. Se les pidió a los encuestados que incluyeran todas las formas de imposición, tanto directas como indirectas. Casi la mitad de los encuestados respondió que la carga tributaria total ascendía a alrededor del 30 o 35 % de sus ingresos. En ese momento, la tasa impositiva total que recaía sobre un ingreso promedio, incluidos los impuestos al consumo, estaba alrededor del 60 %.

Cabe preguntarse, dice Sanandaji, si es coherente con un sistema democrático que se eleven los impuestos de forma tal que los ciudadanos no se den cuenta de ello. Los que proponen instalar un sistema nórdico de altos impuestos en otros países no explican que semejante empresa implicaría ocultarle al público el verdadero coste en términos tributarios, indica Sanandaji.

Empleo y horas de trabajo

Aumentar el tamaño del Estado resulta a menudo, al menos en el corto plazo, una política popular porque se crean nuevas oportunidades para aquellos que, directa o indirectamente, trabajan o se benefician de las actividades gubernamentales. A medio plazo, la realidad se vuelve hostil. Entre 1950 y el año 2000, la población de Suecia pasó de 7 a 9 millones de personas. Sin embargo, la creación neta de puestos de trabajo en el sector privado fue cercana a cero. El empleo en el sector público creció significativamente hasta fines de los años 70. Después resultó difícil expandir aún más el sector. Los impuestos habían alcanzado un nivel tal que ya no era posible seguir incrementándolos. Una vez que el Estado de bienestar llegó al punto a partir del cual no podía crecer más, la creación total de puestos de trabajo se estancó. Ni el sector público ni el privado crecían. El crecimiento del empleo en el sector privado finalmente se reactivó a partir de la liberalización económica de principios de la década de 1990.

A medida que los impuestos subían entre 1950 y 1997, las horas anuales promedio trabajadas en la industria danesa cayeron un 32 %. Entre 1950 y 1998, el empleo en Dinamarca creció en 600.000 personas, debido al crecimiento poblacional y el ingreso de las mujeres al mercado laboral. A pesar del incremento en la cantidad de población en edad de trabajar, el número total de horas trabajadas cayó en un 10 % (datos de Danish Employer’s Confederation, 1999). Los altos impuestos y un generoso sistema de prestaciones sociales incentivaron a los individuos a trabajar menos horas y de manera menos intensiva.

En un estudio del año 2014, Susanne Spector mostró que el verdadero desempleo en Suecia ha oscilado entre el 14 y el 18 % desde 1996. En 2013, la tasa se situó en el 14 % en comparación con la medición oficial, que arrojó un 8 %.

Fondos de empleados

En 1984, los suecos introdujeron los «fondos de empleados». La idea era confiscar parte de los beneficios de las empresas y usarlos para comprar acciones que conformarían un fondo que controlarían los sindicatos. El sistema se había diseñado para transformar gradualmente la propiedad de las empresas privadas en propiedad de los sindicatos, en una lenta evolución hacia el socialismo. El sistema se abolió tras las elecciones de 1991, antes de que Suecia pudiera convertirse en una economía socialista. Pero sí logró que los fundadores de IKEA, Tetra Pak, H&M y otras empresas altamente exitosas se fueran del país.

Suele pensarse que las políticas de la tercera vía son la normalidad en Suecia. En realidad, fueron un experimento social con pobres resultados debido al estancamiento del crecimiento económico. Terminó siendo abandonado. Sanandaji recuerda que «incluso los líderes socialdemócratas del momento parecían estar al tanto del daño que las políticas de la tercera vía podían hacer».

Hoy son pocos, escribe Sanandaji, incluso entre la izquierda más dura, los que señalan a los nórdicos como ejemplo de experiencia positiva con políticas intervencionistas. En la edición 2015 del Índice de Libertad Económica, Dinamarca estaba catalogada como la undécima economía más libre del mundo, un lugar por encima de los Estados Unidos y dos escalones arriba del Reino Unido. Finlandia es la decimonovena economía más libre del mundo, Suecia la vigesimotercera y Noruega la vigesimoséptima (datos de Heritage Foundation y Wall Street Journal).

Igualdad de género

Por mucho tiempo, y hasta la actualidad, los países escandinavos se caracterizaron por ser pioneros en lo que se refiere a la igualdad de género. Las mujeres ingresaron tempranamente al mercado laboral, y gracias a su propio esfuerzo han tenido éxito en llegar a altos cargos ejecutivos en el sector público.

Actualmente, los países escandinavos no lideran la igualdad de género al menos considerando la proporción de mujeres que llegan a los altos cargos en el sector privado. El monopolio de la asistencia social, los altos impuestos y los sistemas de seguridad social limitan las oportunidades laborales y empresariales de las mujeres. El éxito laboral de las mujeres se ha visto afectado precisamente por el hecho de que su ingreso al mercado laboral haya estado tan directamente conectado con el crecimiento del sector público.

Bibliografía

Sanandaji, Nima. (2020). El poco excepcional modelo escandinavo. Cultura, mercado y el fracaso de la tercera vía. Madrid: Unión Editorial. Santiago de Chile: FPP (Fundación para el progreso). (No hay mención a quién ha traducido el ensayo). ISBN: 9788472096745.

Título original:

Sanandaji, Nima. (2015). Scandinavian Unexceptionalism: Culture, Markets and the Failure of Third-Way Socialism. Londres: The Institute of Economic Affairs.


Crédito de la imagen: Fiordo de Lyngen (Noruega), en 2012. Foto (autor): Ximonic (Simo Räsänen). Creative Commons vía Wikimedia Commons