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Ver productosEl fin de toda empresa, para que sea legítimo, debe ser coherente siempre con el bien común, según Melé

11 de junio de 2026 - 6min.
Domènec Melé es titular de la cátedra de Ética Empresarial y profesor ordinario emérito de IESE Business School, Universidad de Navarra. Anteriormente fue catedrático de Tecnología Química en la Universidad Politécnica de Valencia y profesor ordinario de Materiales en la Escuela de Ingenieros Industriales de San Sebastián.
Avance
Humanizar las empresas es el reto al que se enfrenta Domènec Melé, desde el punto de vista teórico, en su ensayo Fundamentos para una empresa humanista centrada en la persona. Pensando en la compañía mercantil del futuro.
Las empresas las hacen las personas, con otras personas y para otras personas. Esa idea en apariencia simple, unida a la aplicación de la teoría aristotélica de las cuatro causas, ofrecen a Melé el marco para desarrollar su propuesta de empresa centrada en la persona.

Las empresas necesitan recursos materiales. Pero estos son también propiedad de personas, por lo que para Melé, en última instancia, las empresas son personas. Y hablar de personas quiere decir referirse a un ser individual racional dotado de dignidad, derechos innatos, fines propios y abierto al crecimiento como ser humano.
En su ensayo, Melé distingue a las empresas de otras entidades sociales. La empresa es comunidad intermedia dentro de la sociedad, establecida como institución social, con normas, símbolos y valores, con el espíritu de perdurar y con fines que debe compatibilizar siempre con el bien común. Al hablar de la causa eficiente de la empresa, Melé destaca la importancia del trabajo en todas sus manifestaciones.
ArtÍculo
Es célebre la opinión del economista y Premio Nobel Milton Friedman sobre las empresas. En la década de 1960 subrayó que la única responsabilidad social de ellas era aumentar los beneficios tanto como fuera posible dentro de «las reglas del juego». Las reglas del juego serían lo legislado y lo deseable (un concepto menos determinado, pero real) según las costumbres morales de cada lugar. El Estado sería el encargado de aplicar las «reglas del juego» y actuaría como árbitro para interpretar y hacer cumplir las normas establecidas.
Es evidente que lo primero es que las empresas, una empresa en concreto, produzca beneficios, algo que se dice pronto y que pocos son capaces de conseguir: los buenos empresarios. Pero una vez logrado, no basta con eso y con lo que señalaba Friedman, según Melé.
Ha habido, hay y habrá notorios escándalos empresariales que desmienten el mito de la amoralidad de los negocios. El puro utilitarismo deriva con frecuencia en abusos de todo tipo. Para el utilitarismo, la corrección moral de una acción, norma, política o decisión depende de sus consecuencias: será moralmente mejor aquella que produzca la mayor cantidad posible de bienestar, felicidad o utilidad. Eso contradice el principio de que el fin, quizás bueno o en teoría bueno, nunca justifica un medio malo para conseguirlo.
La noción de sostenibilidad surgió a finales de la década de 1980. Tiene mucho interés, porque no se trata de que el PIB aumente, sino de que se viva mejor, algo muy diferente. En los años 90, surgió un movimiento a favor de buenas prácticas en el gobierno corporativo de las empresas. Un buen número de empresas poseen códigos de conducta y programas de cumplimiento. Actualmente, mientras que unas pocas empresas emprenden actividades sociales o ecológicas motivadas por el sentido de la responsabilidad, aunque lógicamente sin excluir los beneficios, muchas otras tienen como motivación exclusiva los beneficios económicos esperados. Aceptan solo las actividades que consideren rentables para la empresa (el llamado business case).
Pero la situación no ha mejorado mucho, en realidad, a pesar de las buenas intenciones de la sostenibilidad y las buenas prácticas de gobierno. Hay abusos de posición dominante en el mercado, un énfasis desproporcionado en la maximización de beneficios a corto plazo, creciente desigualdad entre los trabajadores, insatisfacción por un trabajo poco significativo, malas condiciones laborales y visión instrumental de las personas. A menudo, además, se acusa a determinadas empresas de utilizar la sostenibilidad y las responsabilidades sociales y ecológicas simplemente como herramienta de relaciones públicas para aprovecharse del capitalismo de Estado.
Todo lo anterior se puede documentar con titulares diarios de periódicos. La causa de tal estado de cosas es considerar la actividad empresarial exclusivamente en términos económicos, obviando su dimensión humana. Es decir: contemplar la empresa únicamente como una organización creada para obtener beneficios económicos (por no hablar de lo que es aún peor: la ineficacia y las corruptelas de muchos conglomerados estatales).
Esta obra de Melé apareció originalmente en inglés en 2024, con el título de The Humanistic Person-centered Company. Conceptual Foundations. Melé prefiere el término compañía al de empresa, porque compañía resalta más el aspecto asociativo.
En el capítulo 1, se describe la problemática visión del ser humano con frecuencia reducido a un mero factor de producción o a un «recurso humano» para la obtención de beneficios. En el capítulo 2, tras contrastar humanismo y economicismo, se presenta el humanismo adoptado en esta obra, que gira en torno a la rica noción de «persona humana». En el 3, se propone una ética como motor de la libertad personal y para el crecimiento humano personal, el cual se consigue haciendo el bien a los demás. En el 4, se revisan varias teorías éticas dominantes en ética empresaria y Melé realiza su propuesta. En el 5, se analiza el lugar de la ética en la actividad económica y en la toma de decisiones en la gestión empresarial. En el 6, se considera la empresa en la sociedad. Melé rechaza dos extremos: considerar la sociedad como una mera agregación de individuos unidos únicamente por intereses y ver la sociedad como un todo en el que las personas prácticamente desaparecen.
El último capítulo, el 7, tal vez el más importante como tesis propuesta de ensayo, analiza la identidad y el propósito de la empresa desde la perspectiva del humanismo personalista. Revisa primero críticamente diversas posiciones sobre estos temas y vuelve sobre la cuestión de por qué existen las empresas. Para responder, recurre a Aristóteles, quien estableció cuatro causas fundamentales para toda realidad: material, formal, eficiente y final. Melé las desarrolla aplicadas a la empresa.
La causa material la identifica con personas y recursos (materiales y equipos, tecnología, información y fondos) que componen la empresa. La causa formal la vincula con las relaciones de cooperación, que se expresan en una comunidad organizada de personas: proveedores, clientes, consumidores, comunidad local donde opera la compañía, etc. La empresa, insiste, es una comunidad intermedia dentro de la sociedad y establecida como institución social. La causa eficiente es el trabajo de las personas dentro de la empresa en sus diferentes modalidades: trabajo empresarial, trabajo gerencial, trabajo operativo y la actividad de los inversores. La causa final consiste en el propósito de la empresa, que para que sea legítimo debe ser coherente con el bien común.
Este libro, como señalaba Andrew V. Abela, decano de la Universidad Católica de América (Washington, DC), está escrito «con rigor filosófico, pero en un lenguaje accesible, y en diálogo con diversas corrientes de pensamiento ético y gerencial».
Melé, Domènec. (2025). Fundamentos para una empresa humanista centrada en la persona. Pensando en la compañía mercantil del futuro. Eunsa. ISBN 978-84-313-4002-5.
Crédito de la imagen: Trabajo en equipo. Escultura de David Wynne (1958). Foto: Oosoom . Licencia CC BY-SA 3.0. Archivo de Wikimedia Commons