Mi cesta
Tu cesta está vacía, pero puedes añadir alguna de nuestras revistas o suscripciones.
Ver productosLa gran cineasta polaca Agnieszka Holland se suma a la lista de directores de prestigio (de Orson Welles a Michael Haneke) que no terminaron de expresar en imágenes las ideas universales del escritor praguense

4 de junio de 2026 - 6min.
Avance
Franz Kafka no es, a primera lectura, un autor difícil de entender ni de mostrar. James Joyce, Juan Rulfo y Julio Cortázar tienen en común, además de la inicial del nombre, un estilo literario mucho más exigente para la cámara, una herramienta incapaz de traducir sus ideas en imágenes. Las pesadillas del autor de La metamorfosis tampoco implican enormes producciones, pero autores tan brillantes como Orson Welles, Michael Haneke y Agnieszka Holland no han terminado de atrapar el espíritu del autor checo, pese a que El proceso, dirigida por el primero en 1962, es celebrada de forma casi unánime por los especialistas.
Welles, otro genio, supo dar a sus espectadores y al todavía influyente gremio de la crítica caramelitos que engatusaron a sus más exigentes representantes, fascinados sobre todo por los evidentes logros visuales. El consenso no fue total, sin embargo. como atestigua la reseña que publicó el diario The New York Times, firmada por Bosley Crowther. Empieza así: «Cualquiera que fuese la idea que Franz Kafka trataba laboriosamente de expresar sobre la tiranía de los sistemas sociales modernos en su novela El proceso, sigue siendo extraordinariamente difusa y difícil de comprender en la película que Orson Welles ha realizado finalmente a partir de esa novela de cuarenta años de antigüedad».
Agnieszka Holland, otra cineasta sobresaliente, intentó una nueva aproximación el año pasado. Su última película como directora, Franz Kafka, intenta narrar cómo fue la vida del escritor, algo quizá más sencillo que transmitir la profundidad de alguna de sus obras. Es solo una opinión, esta vez más generalizada, pero la autora polaca no acierta en el intento. Podemos repasar otros fracasos y replantearnos la tesis inicial: Kafka por lo visto, sí fue un escritor difícil de mostrar y de entender.
ArtÍculo
Sobre Franz Kafka se sigue escribiendo sin descanso, también en Nueva Revista. Su prosa no es, por otro lado, tan tentadora como la de Stephen King, un tipo al que cualquiera con una cámara se siente con fuerzas de llevar a la pantalla. Lo que llama la atención es que nadie sea capaz de adaptar sus textos (o contar su vida) en condiciones. Autores de enorme capacidad no terminan de transmitir la fuerza oculta del material original. Sus traductores se quedan enredados en la forma, sin capturar la esencia, en un fenómeno que empieza a durar demasiado. El escritor checo fue un visionario que no solo se adelantó a su tiempo; aún no ha sido rebasado por el nuestro.

Veamos, por mera curiosidad, otro fragmento de la crítica en caliente que escribió el astuto Bosley Crowther nada más ver El proceso:
«A pesar de una puesta en escena impresionante y de algunos efectos visuales sorprendentes —conseguidos al rodar gran parte de la película en la antigua estación parisina abandonada de Orsay—, no ha conseguido reducir estos extraños acontecimientos a una línea dramática clara ni alcanzar una conclusión intelectual fácilmente comprensible».
Es sorprendente lo poco que duraría un buen ciclo dedicado a las películas sobre las obra de Kafka o sobre su propia vida. Estos son algunos de los intentos más prometedores:
El más reciente es el citado de Agnieszka Holland, que comete la audacia formal de contar la vida del autor con guiños estilísticos a sus textos, que sin duda ha leído con devoción. Al mismo tiempo, reflexiona sobre su inmensa huella, vista desde la perspectiva actual, con retazos de documental que incrementan la confusión. Es un loable intento —ella dice que es su «proyecto más ambicioso»—, que no da en el centro de la diana.
La película ha viajado por el circuito de festivales en primera clase e incluso fue nominada a los Premios del Cine Europeo en tres categorías, pero su bien diseñado currículum no esconde la verdad esencial: no logra atraer a los desconocedores de la obra de Kafka y sus referencias no bastan para satisfacer a los adeptos. El público español lo puede comprobar (o refutar) en Filmin.
Otra biografía, probablemente con menos interés en respetar el rigor histórico. Soderbergh convierte la vida del escritor en un thriller en el que el protagonista (Jeremy Irons parecía una buena elección) se ve inmerso en una trama de misterio. El blanco y negro no logra esconder la realidad final. De nuevo, The New York Times fue implacable, esta vez de la mano de Vincent Canby: «Una película muy mala, bien dirigida».
Telefilme austriaco que apuesta por capturar hostilidad, la frialdad y la desesperación del agrimensor K., en su intento por acceder a las esquivas autoridades locales. El protagonista es Ulrich Mühe, muy conocido gracias a La vida de los otros. El estilo austero y desasosegante de Haneke parecía encajar con el tono de la novela, pero es posible que la suma fuera excesiva. Es la antítesis de El proceso. Gracias a Welles y a Haneke, sabemos que se puede ser kafkiano por exceso y por defecto.
Hay más adaptaciones, por supuesto, algunas difíciles de recuperar y de no muy buena reputación, como El proceso de Kafka (1993), con guion de Harold Pinter, nada menos, y un reparto inquietante, en el peor sentido, aunque no porque Kyle MacLachlan y Anthony Hopkins sean malos actores.

También destaca una miniserie de David Schalko para la televisión austriaca, estrenada hace apenas dos años. Es otra aproximación más a la vida del autor, quizá más fácil de encarar que sus obras.
Respecto a estas, hay una película que nada tiene que ver con Kafka y que, sin embargo, captura mejor que ninguna otra el espíritu de una de sus novelas menos conocidas. América, América, dirigida por Elia Kazan en 1963, justo después de El proceso de Welles, tiene parecidos más que razonables con la América de Kafka. En principio, la novela inconclusa y la película del director de La ley del silencio no tienen nada que ver. Incluso el título debería ser más distinto. El propio Kafka quería llamar a su novela de otro modo (El desaparecido), pero fue una de las voluntades felizmente quebradas por su amigo Max Brod.
Las dos Américas (o las tres) cuentan historias de jóvenes emigrantes que llegan al nuevo mundo por rutas distintas y en diversas circunstancias. Relacionarlas puede ser una locura, porque más allá de las coincidencias, sus argumentos y propósitos son muy diferentes. Pero quién sabe si Kazan, él mismo un emigrante nacido en Constantinopla, leyó a Kafka y, de algún modo más o menos inconsciente, hizo la mejor adaptación involuntaria que se haya conseguido jamás.
En la imagen que encabeza este artículo, Idan Weiss da vida al protagononista en Franz Kafka (Agnieszka Holland, 2025). © Filmin