Mi cesta

Tu cesta está vacía, pero puedes añadir alguna de nuestras revistas o suscripciones.

Ver productos

El fin del modelo del 82

Gracias a vosotros se hizo el cambio; gracias a todos, pero sobre todo gracias a vosotros, los de UCD». Esto le decía el presidente de la Generalität, Jordi Pujol, a Antonio Fontán, en la entrevista publicada en NUEVA REVISTA el pasado mes de febrero. UCD constituyó la democracia; hizo el gran cambio: el cambio de régimen del autocrático al democrático actual. Dotó a este país de una Constitución democrática, instauró el Estado autonómico y, de entrada, metió a España en la OTAN. Pero UCD no pudo participar a partir de 1982 en el juego político abierto después de la normalización de la democracia lograda antes de 1982; la durísima oposición parlamentaria del Partido Socialista y el propio proceso de debilitamiento interno de’ partido acabaron con la voladura incontrolada de la UCD y dieron lugar a un mapa político poco realista, excepcional, postizo y coyuntural.

Antes, en 1979, el PSOE empezó a organizar su hegemonía política al hacerse con el control político de los Ayuntamientos y de las Comunidades Autónomas. La implantación territorial de! PSOE, lograda en el 79, y el vuelco político producido en 1982 por el hundimiento de la UCD convulsionaron y desajustaron la representación de las fuerzas políticas. En la actualidad este proceso de ajuste, aunque se ha ido acomodando progresivamente a la realidad social, no está terminado.

El PSOE pasó de tener 120 escaños en 1979 a 202 en 1982, 184 en 1986 y 175 en 1989. AP pasó de tener 9 escaños en 1979 a 106 en 1982 y 105 en 1986, y el PP 107 en 1989. La UCD, 168 en 1979 y 12 en 1982: el CDS, 2 en 1982, 19 en 1986 y 14 en 1989. El PCE pasó de tener 24 en 1979 a 4 en 1982 y 7 en 1986; IU, 17 en 1989.

Este esquema político que se ha ido ajustando partía en 1982 de un partido a la derecha (AP), un centro escuálido y sin papel político (UCD+CDS), un PSOE hegemónico sin nada fuera de él en el centro, nada en la izquierda y nada en Andalucía (en 1979 el Partido Andalucista tenía 5 diputados).

Con esta ubicación de las fuerzas políticas en competencia, una penetración de los socialistas en las zonas rurales vía el control de los Ayuntamientos, que daba una extraordinaria solidez a su estructura, y un entorno económico muy favorable posibilitaron que el Partido Socialista pudiera organizar con comodidad una estructura de poder, mediante el uso partidista de todos los instrumentos de poder, con una finalidad de dominación política.

Este sistema, que podríamos denominar como de retroalimentación, consiste en que, partiendo del control de las corporaciones locales, y solapadas éstas a las agrupaciones locales del partido, se garantizaba la conservación del gobierno de la nación, que a su vez apuntalaba a las corporaciones locales con subsidios, subvenciones y priorización de inversiones. Sobre todo este sistema flotaba una red tupida de intereses y fomentadora del clientelismo político. Pues bien, este sistema básico de organización, que va a permitir al PSOE gobernar por lo menos una década en España, está arropado ideológicamente por una concepción patrimonialista del poder, su manifestación más radical sería la identificación del partido con el Estado, al considerar que el PSOE es el elemento vertebrador de la sociedad española y tiene parte de su fundamento político, en el control de las organizaciones territoriales primarias del Estado, que delimitan o dibujan un mapa político fiable.

A raíz de las elecciones generales de 1989, se atisba que el sistema de partidos fraguado al son de las batallas de 1982 iba a cambiar por varias razones; las dos principales serían: la evolución democrática de los partidos —casi 15 años después del comienzo de la democracia— y la madurez del propio sistema democrático, donde la propia moderación de las fuerzas políticas hace innecesaria la creación o el mantenimiento de fuerzas moderadoras. Así enunciado el marco conceptual por el que transcurren estas elecciones de ahora, ¿qué es lo que se juega?

1° El debilitamiento o no del sistema «feed-back» o de retroalimentación del PSOE. La hegemonía política del PSOE, como hemos dicho, se fundamenta en el control de los Ayuntamientos. Pero además estas elecciones, por su propio contenido político, inciden de lleno en el terreno del aparato socialista presente en la Administración local y autonómica, mientras que el Gobierno se ocupa más claramente de la Administración central.

2° El diseño de un nuevo mapa político que incluye la clarificación en los dos grandes territorios: de la derecha y de la izquierda. La confirmación de ia tendencia alumbrada en octubre de 1989 conduce a una simplificación del escenario político. Cuando se habla de tendencia se parte de la dificultad de extrapolar los resultados de unas elecciones municipales y autonómicas.

Al presentarse muchos independientes, no se pueden homogeneizar los resultados, pero sí la tendencia, especialmente en los grandes Ayuntamientos, cuyos resultados sólo pueden verse desvirtuados en algunas áreas geográficas donde proliferan partidos región alistas, que pueden verse primados por el carácter de estas elecciones.

También en los núcleos rurales se producirá una cierta estabilización, porque en los pequeños municipios se acentúa más el carácter de los Ayuntamientos como órgano de gestión, planteándose en estos lugares las elecciones más como un referéndum hacia la gestión del alcalde que como una elección estricta.

En cualquier caso, el mapa político que se adivina para después de las elecciones se aproximará al siguiente: en el territorio de la derecha el papel central del Partido Popular, con algunos apéndices regionalistas, que obligarán al PP a implementar una estrategia de refundación en esas circunscripciones electorales de cara a 1993, con fórmulas distintas a las de Navarra, porque en estas Comunidades el PP es mayoritario, y más que partidos regionales se trata de partidos provinciales y capitalinos.

Desaparición del Centro nacional, cuyas consecuencias examinaremos más tarde. La consolidación de los nacionalismos vasco y catatán y la recuperación de los andalucistas a un nivel similar, al menos, al alcanzado en las elecciones generales de 1979, convierte a estas tres fuerzas políticas en puntos de referencia básico para la formación del Gobierno nacional.

En el terreno de la izquierda, la incógnita está en si se mantiene el actual equilibrio de poder entre PSOE y/o IU o el PSOE pierde o gana posiciones en el espacio electoral común de la izquierda en favor de 1U.

Este escenario implicaría la consolidación de un modelo de partidos políticos nuevo, simple y previsiblemente duradero al menos para una década, el mismo tiempo que ha durado el modelo del 82.

3° La confirmación o no de una nueva alternativa real de gobierno. La consecuencia política más clara de estas elecciones es la que podría establecerse de una extrapolación de datos al Parlamento nacional a partir de la constatación de la pérdida de la mayoría absoluta del PSOE y Sa posibilidad de que el Partido Popular —dos años antes de las elecciones generales— esté cerca de poder pensar en formar un Gobierno en el 93 con vascos y catalanes.

El Partido Popular, además, verá renovada y reforzada o no su estructura política interna por-la renovación de sus sucursales locales; eso debe repercutir en una mejor apreciación hacia el Partido Popular por parte de los ciudadanos vinculados a esos municipios, que verían que el cambio del Partido Popular a nivel nacional tiene su correspondencia en su esfera inmediata y cotidiana (la renovación generacional del Partido Popular tendría aquí su sentido más oportuno).

4° La desaparición del Centro partidista. Recientemente, Carlos Seco Serrano decía que nos acercamos a un «sistema de centro». Es cierto que casi 15 años después del comienzo de la democracia en España, la evolución democrática de los partidos políticos, que huyen no solamente de los radicalismos verbales, siendo esencialmente moderados, sino que, además, la propia conclusión del debate ideológico sobre las grandes cuestiones que han separado a la derecha y a la izquierda —a pesar de los intentos de resucitar el debate sobre el aborto—, hace que ya no sean necesarios los partidos específicamente de centro.

Sólo desde una mentalidad conformada en torno a los derechos adquiridos, el derecho de propiedad o el copyright, se puede entender la irritación del CDS denunciando la okupación del Centro por parte de otras fuerzas políticas.

Retomando la esencia de la cuestión, hay que decir que el centro no sólo es espíritu —es decir, moderación y buen talante—, sino que también es materia, y el contenido de este espacio electoral está histórica y políticamente vinculado a cuestiones relativas a la situación y, por lo tanto, a la posible reivindicación de las libertades públicas y de las libertades individuales —las libertades con minúscula, que diría J. Garrigues—, al sometimiento de todos los ciudadanos, sin privilegios, al imperio de la ley, especialmente a la Carta Magna, el ejercicio democrático del poder, el respeto al equilibrio de poderes, etcétera.

Está bastante claro que el Partido Socialista no ha respetado suficientemente estos principios, y con este lastre democrático es difícil poder aspirar a representar este espacio.

Quien defienda o luche por la restauración efectiva de los valores esenciales de la democracia ganará este espacio político; si no, será un espacio común neutral, compartido por todas las fuerzas políticas con aspiraciones de gobierno.

Es un error entender el centrismo como un mero posicionamiento – político, como piensan aquellos que creen que como se gana al PSOE es aproximándose a su espacio político. El centrismo bien entendido es moderación en los planteamientos, defensa

radical de los principios básicos de la democracia, pero también afirmación en las propias ideas y diferenciación con las ideas de los demás.

Al PSOE se le gana desde la firmeza democrática y desde la concreción de una alternativa «distinta y distante», que sea capaz de ilusionar, y no desde la aproximación socialdemócrata.

Huir de la tentación de un cierto consenso institucional socialdemócrata es básico, porque acabaría convirtiendo a nuestro sistema político de un sistema fofo, ambiguo, que provocaría la indiferencia de los ciudadanos.

5.° El avance en la resolución de dos asignaturas políticas de gran importancia: la efectiva y sólida construcción del Estado autonómico y la participación de los nacionalistas en el Gobierno del Estado. Después de las elecciones municipales habrá que afrontar seriamente y de forma definitiva la estructuración del Estado autonómico, ya que se están produciendo distorsiones sobre el sistema político muy importantes:

— Sobre el sistema de partidos políticos: la aparición de partidos regionalistas se fundamenta en el agravio comparativo.

— Sobre el funcionamiento de las administraciones: se produce un solapamiento de funciones, lo cual conduce a la ineficacia y al despilfarro económico.

— Sobre la esencia del Estado autonómico: conflicto permanente «generalizaciónparticularismo (es decir, reconocimiento del hecho diferencial o no)», lo cual incide sobre las competencias de las distintas administraciones y sobre si deben ser todas las autonomías iguales o no.

— Sobre la representación política de las autonomías: a través de qué institución se canaliza y cómo se integran éstas en las instituciones que representan al poder legislativo del Estado, lo cual lleva a una reforma inaplazable del Senado para convertirlo en una Cámara territorial similar al Bundesrat alemán.

Por último, la participación de los nacionalistas vascos y catalanes en el Gobierno de la nación, con todo lo que esto significa, sería desde una visión del Estado, por encima del cotidiano juego político, tan importante, que cerraría 15 años de luces y sombras entre el Gobierno central —«Madrid» para los nacionalistas— y estos dos Gobiernos autonómicos. Se abriría una nueva etapa de compromiso político y de progreso y solidaridad en España.

El nuevo pulso electoral

El próximo 26 de mayo será la primera vez que las elecciones locales (y las de trece Comunidades Autónomas) se celebren a mitad de legislatura. En el 79 fueron a los pocos días de las parlamentarias, en el 83 a los seis meses, en el 87 a los once: ahora a los diecinueve. Y, entre nosotros, las legislaturas más largas apenas han durado tres años y medio. Por eso, en la primavera del 91, aunque el gobierno acabe de recomponerse y pugne por presentarse como nuevo, puede decirse que realmente las Cámaras y el Ejecutivo están enfilando ya la segunda mitad de su mandato.

Cuando los comicios locales tuvieron lugar poco después de los generales, sus resultados siguieron muy de cerca a los de éstos. Ocurrió así desde el principio. En las elecciones municipales de 1979, el partido más votado fue la UCD, que había ganado las generales, y que en las locales obtuvo 1.200.000 sufragios más que el PSOE. Si luego hubo alcaldes socialistas en muchos de los Ayuntamientos urbanos, empezando por Madrid, fue merced a los acuerdos PSOE-PC, posteriores a las votaciones y no anunciados antes de ellas.

Las diferencias entre los resultados locales y los de las parlamentarias inmediatamente precedentes fueron siempre tanto mayores cuanto más largo el tiempo transcurrido. La experiencia de las elecciones autonómicas es más corta y, a efectos de los grandes partidos nacionales, menos significativa, porque en ellas falta el voto socialista de Andalucía y aparecen, en cambio, los nacionalistas catalanes y vascos, que ocupan, en sus respectivos territorios, una amplia sección del espacio ideológico del centro y de la derecha. Especulaciones sobre lo que puede pasar ahora socialistas en muchos de los Ayuntamientos urbanos, empezando por Madrid, fue merced a los acuerdos PSOE-PC, posteriores a las votaciones y no anunciados antes de ellas.

Las diferencias entre los resultados locales y los de las parlamentarias inmediatamente precedentes fueron siempre tanto mayores cuanto más largo el tiempo transcurrido. La experiencia de las elecciones autonómicas es más corta y, a efectos de los grandes partidos nacionales, menos significativa, porque en ellas falta el voto socialista de Andalucía y aparecen, en cambio, los nacionalistas catalanes y vascos, que ocupan, en sus respectivos territorios, una amplia sección del espacio ideológico del centro y de la derecha.

Especulaciones sobre lo que puede pasar ahora

Las simples series estadísticas no son base suficiente para aventurar un pronóstico. Y menos cuando faltan varias semanas para la votación, aún no hay encuestas neutrales y todavía pueden ocurrir muchas cosas.

No obstante, una somera consideración de los datos globales que tenga presente la actual situación interior de los partidos, y el crédito de que gozan actualmente ante sus electorados potenciales, invita a pensar que es improbable que los socialistas lleguen a los siete millones de votos, que rebasaron incluso en el 87. Mientras que, por su parte, los populares superarán probablemente sus mejores resultados —que fueron los de las europeas del 86 y las generales del 89— y quedarán más cerca del partido del gobierno que en oportunidades anteriores. Lo cual quiere decir que va a haber muy pocas mayorías absolutas en grandes Ayuntamientos, así como en varias de las Comunidades Autónomas.

En tal situación aparecen como posibles muy diversas formas de organización política de la administración municipal y de la regional.

Los partidos que tienen vocación y oportunidad de asumir poder no están en condiciones de prometer nada, ni de anunciar estrategias para el día 27. Sólo los líderes de Izquierda Unida, es decir, los comunistas, se atreven a ofrecer su colaboración incondicionada no para que gobiernen unos, sino para impedir que lo hagan otros.

Autonómicas y locales, dos elecciones distintas

Hay que distinguir la naturaleza y las funciones de las corporaciones locales y de los gobiernos regionales. Estos últimos abarcan ámbitos territoriales y, por pocas competencias que les hayan sido atribuidas, ejercen responsabilidades legislativas y de gestión en nombre del Estado a las que se puede llamar políticas casi con la misma propiedad que a las del Gobierno central de la nación: organización de sus propias instituciones, ordenación del territorio, urbanismo, vivienda, sanidad, asistencia social, agricultura, turismo, cultura, ciertas clases de obras públicas y comunicaciones, así como educación, centros de enseñanza, etc.

Los Ayuntamientos, por el contrario, se prestan mejor a una gestión de los asuntos más neutral, por así decir, desde los puntos de vista de los partidos y de las ideologías.

En la administración municipal resulta más hacedera una política de concordia básica, en la que una minoría mayoritaria dirija y ejecute —o sea, gobierne—, asumiendo sus responsabilidades ante una corporación que controla y con la que se haya llegado a acuerdos básicos en los presupuestos y en las líneas generales de actuación sobre los servicios públicos.

No estaba tan descaminado el primitivo proyecto de ley de elecciones locales del 78, que atribuía la presidencia de las corporaciones locales a la lista más votada y evitaba el mimetismo «clónico» que actualmente existe entre las instituciones municipales —corporación y alcaldía— y las nacionales —Parlamento y Presidencia del Gobierno—, El cual, por otra parte, no podría llevarse nunca a sus últimas consecuencias, porque sería absurdo e irracional que los alcaldes pudieran disolver los Ayuntamientos.

Las clases de Gobierno posibles después del 27 de mayo

En muchas localidades y en algunas Comunidades Autónomas las elecciones de mayo pueden dar lugar a resultados de mayoría absoluta de partido o de lista, pero eso no ocurrirá en todas ellas y desde luego no será así en varias de las más importantes. En ciertos casos sería aritméticamente posible una mayoría de los socialistas junto con IU. Pero no es probable que, por lo menos en ciudades grandes o en una comunidad como la de Madrid, el PSOE vaya a compartir poder con fuerzas que en materias generales o de Estado (política exterior, económica, laboral, etc.) se dedican a la agitación contra el Gobierno estatal. Eso no significa, sin embargo, que haya de descartarse la formación de coaliciones. En determinados casos la experiencia ha sido satisfactoria o, al menos, aceptable para los socios. Pero los partidos y los responsables políticos no tienen por qué encerrarse después del 26 de mayo en fórmulas de imitación parlamentaria en todos los niveles de la Administración. Ante determinados resultados electorales, que en ciertos supuestos son previsibles, es el momento de la imaginación y de anteponer el servicio público a otras consideraciones. La coalición, con un programa común pactado, parece apropiada para comunidades de orden territorial. Las «minorías mayoritarias» de gestión, que no excluyan compartir responsabilidades y se acomoden al control de las corporaciones, pueden ofrecer fórmulas prácticas, aplicables en numerosos municipios, Al fin y al cabo, a los representantes regionales y a los concejales se les elige para funciones distintas. La principal actividad de diputados y asambleístas es legislativa y parlamentaria. La de los ediles es de gestión.

Literatura light

En una fecha no precisada del mes de julio de 1956, Stevens, el formidable mayordomo de Darlington Hall, en Oxfordshire, emprende un viaje hacia el Oeste de Inglaterra, en dirección a Cornualles. Según él mismo explica, su patrón, un rico norteamericano que compró la mansión, a la muerte de su anterior propietario, servicio incluido, le ha concedido unas breves vacaciones, permitiéndole usar su coche y pagando también la gasolina. Stevens, nada habituado al turismo, decide aprovechar la ocasión para tratar de localizar a la antigua ama de llaves de Darlington Hall y proponerle que regrese a su antiguo empleo si, como parece, su matrimonio ha entrado en quiebra.

Tras estas explicaciones iniciales, la obra se desarrolla siguiendo el transcurso del viaje del protagonista, quien, en los seis días que dura su recorrido, evoca los largos años, unos treinta, que dedicó a servir a su antiguo señor. Era éste un tipo aristócrata a la vieja usanza que gustaba de implicarse en la política exterior de su país, hasta acabar acusado de colaboración con Hitler, por haber defendido con entusiasmo el entendimiento angloalemán en los conflictivos años del auge nacionalsocialista.

La historia del mayordomo como elemento reflejo de la mansión donde servía y del carácter de su señor configura esta

Varia ambientalia

Un Comité de la National Academy of Sciences, de los Estados Unidos, ha afirmado que cierta gran industria de Page, Arizona, contribuye de modo significativo con sus emisiones contaminantes a crear una bruma que oscurece periódicamente los vividos colores del Gran Cañón. El asunto, por otra parte, no tiene fácil solución porque hay otras fuentes productoras (los coches, entre ellas) y porque el control de la contaminación requeriría una instalación cuyo coste se acercaría a los mil millones de dólares.

Extinción de especies

En la 18.° Asamblea General de la Unión Mundial para la Conservación, celebrada recientemente en Perth, Australia, con asistencia de 1,200 delegados de 19 países y 650 organizaciones, se dijo que a lo largo de los 30 próximos años quizás podrían extinguirse tres millones de especies animales y vegetales, al ritmo de unas cien mil por año. Algún observador recordó con tristeza el desprestigio que los vaticinios desprovistos de base han traído a la tarea de la conservación y expresó tímidamente su deseo de que entre tanta extinción hubiera al menos una no lamentable; la del catastrofista.

En Gran Bretaña hay una seria preocupación por la amenaza que. para su paisaje rural, entraña el proceso de urbanización. El Ministerio de Medio Ambiente ha procurado tranquilizar a la opinión, señalando que la tasa de crecimiento urbano no irá más allá del 4 % por siglo; hay, pues, 2.000 años por delante hasta que el hormigón llegue a cubrir por completo el suelo británico. El dato, para muchos, no es del todo tranquilizador y echan en falta alguna referencia a los aspectos cualitativos del proceso.

Coral

Los arrecifes de coral están en peligro, y no sólo por la contaminación convencional. Una causa más seria el aumento de la temperatura del mar por encuna de lo normal, que origina un fenómeno llamado «blanqueo»; los pólipos de coral, cuyos esqueletos van contribuyendo a la formación del arrecife, se separan de las algas microscópicas que les ayudan a alimentarse (y que son las que dan el tono dorado, rojo o amarillo), comienzan entonces a debilitarse, dejan de reproducirse y pueden morir. En todo caso, la recuperación sería más difícil cada vez, al cesar el fenómeno, si éste se repite con frecuencia.

Entre los efectos ecológicos de la marea negra provocada durante la guerra del Golfo Pérsico, se mencionó precisamente el impacto negativo sobre los arrecifes de coral. Las inquietudes más corrientes se centraban en la intensidad y reversibilidad de los efectos y en la posibilidad de eliminar los vertidos de petróleo. En una reciente publicación (Special Report 90-356, Biblioteca del Congreso, USA) se afirma que la mayor parte de los intentos para eliminar los vertidos están condenados al fracaso y que incluso los episodios más importantes «tienen consecuencias ambientales y socioeconómicas relativamente modestas y, en cuanto puede decirse, de relativamente corta duración II. Con algunas matizaciones para algunos lugares concretos, puede asegurarse que la recuperación comienza en años, no en decenios.

Aves y mamíferos

Un libro titulado Regreso al nido comienza con esta frase: «Después de más de dos décadas de silencio, los cortados de la Garganta del Río Columbia devuelven de nuevo los ecos del grito del halcón peregrino». En claro peligro de extinción en 1975, con sólo 27 parejas, hoy ha pasado a 1.500 gracias a la protección prestada y hasta se piensa en retirarla de la lista de especies amenazadas.

La protección da lugar a contenciosos: la lechuza manchada versus los aprovechamientos madereros en el Pacifico Norte. La ardilla roja versus siete grandes telescopios en el Mount Graham, Arizona; [a primera es un pequeño roedor, de kilo y medio de peso; los segundos son el sueño dorado de los astrónomos de la Uruversidad de Tucson, Amona. El Mount Graham parece ser un lugar ideal para la observación del firmamento, pero de momento la ardilla gana.

Pocos suponen que hay casi mil especies distintas de murciélagos, de modo que entre los mamíferos sólo les superan en número los roedores; cada noche ingieren por término medio el equivalente a la mitad de su peso en insectos y son. por eso, muy importantes para los muchos ecosistemas en que se encuentran: según la Bat Conservation International, muchas proliferaciones de insectos y degradaciones de la vegetación pueden deberse a la disminución del número de murciélagos; un ejemplo: la producción de semillas de la pita (planta de la que se obtiene el tequila) se divide por 3,000 cuando no hay murciélagos.

DNI para gatos y perros

La protección de los animales se extiende en algunos casos a sus hábitos viajeros; por ejemplo, son muy conocidas las medidas tomadas para no obstaculizar el desplazamiento de las aves migratorias. En una línea de cierta analogía, el Parlamento Europeo considera que el sistema de cuarentena para perros y gatos vigente en Gran Bretaña e Irlanda constituye un obstáculo para la libre circulación por el territorio de Los Doce; la eliminación de esta traba tendría, sin embargo, consecuencias: perros y gatos estarían obligados a disponer de algo así como un Documento Comunitario de Identidad. Ciertamente, no sería una imposición inaceptable, pues la compartirían con otros vertebrados como nosotros, aunque en nuestro caso, al menos de momento, no se exige como a ellos se exigiría una identificación adicional por medio de una marca en forma de tatuaje o pulga electrónica.

Confortante para quienes opinan, seguramente no sin razón, que el medio ambiente no recibe la necesaria atención, es otra disposición del Parlamento Europeo, que ha aprobado la participación de la Comunidad en la exposición que se celebrará en Génova en 1992, con motivo del V Centenario del Descubrimiento de América; ha aprobado también el tema en que se concretará la participación, que contempla tres aspectos: la evolución de la navegación a partir de aquella fecha, las innovaciones en la construcción naval europea y… el medio ambiente.

Semblanza de una sociedad consumista

El teatro de Alonso Millán constituye ya un valor en sí mismo. Cada nueva obra es una nueva prueba de habilidad en el oficio y de dominio de la carpintería teatral. Cada estreno es también una apuesta segura a favor de la imaginación, la construcción y la profesionalidad. Ya caben pocas dudas de que Alonso Millán es el principal activo de la comedia española y que su teatro está destinado a mantener la tradición renovadora iniciada por Jardiel Poncela, y consolidada por Mihura y Alfonso Paso, principalmente. También como estos autores, las obras de Millán se caracterizan por tener más en cuenta el interés del espectador que los juicios del crítico, y por eludir ese complejo intelectualista, procedente del masoquismo trascendente que durante muchos años trató de someter la producción estética a la disciplina ideológica.

Alonso Millán concibe sus obras como ejercicios para el autor y como pasatiempos para el espectador. De este modo engarza con el más profundo sentido de la comedia clásica, en que la dimensión literaria era el efecto de la naturalidad expresiva procedente de la propia acción y no un fin deliberadamente añadido al servicio de las pretensiones narcisistas del autor. El título del último estreno es en cierto modo disonante por su propia inexpresividad: Oportunidad: bonito chalet familiar parece un mal reclamo de un viejo anuncio publicitario. Y de eso se trata, además.

Trama

La materia de que se sirve el comediógrafo para alimentar la trama es bastante elemental. Eso no es un demérito si se consigue que a través de la concreción de la anécdota el observador consiga retener en el campo de visión el alcance social del ejemplo que se representa. El interés de la comedia —y su éxito— depende de que satisfaga dos clases de exigencias complementarias. Las exigencias de la trama, que en suma consisten en elaborar una intriga narrativa coherente y capaz de mantener viva la curiosidad del espectador; y las exigencias descriptivas que incitan al auditorio a ver tras la trama en la escena, el ejemplo de un caso general, y a los personajes vivos de la acción como encarnaciones de conductas sociales generalizadas. Convertir los elementos narrativos en elementos descriptivos no es tarea fácil, sólo los buenos comediógrafos lo consiguen. Juan José Alonso Millán es uno de ellos, y lo consigue con facilidad y eficacia, aunque también con levedad y ligereza.

La anécdota, como decía, toma pie en las presiones consumistas que fomentó la inicial sociedad de mercado de hace un cuarto de siglo. Obligada, en parte, por la concentración urbana, y, por otra, por la exaltación publicitaria de un anhelo de novedad, independencia e individualismo, buena parte de las clases profesionales se comprometieron en la aventura de adquirir un chalet de los que llaman «unifamiliares» fuera de la ciudad. Un cuarto de siglo después la realidad acaba destronando la imaginación y el sueño de una autonomía bucólica queda sustituido por la realidad más prosaica de los accesos saturados y una infraestructura en estado de permanente provisionalidad. Las modificaciones sociales que se proyectan sobre estas alteraciones de las circunstancias son todavía más complejas y, por lo que parece tímidamente insinuarse del tratamiento narrativo, más decepcionantes. Lo que se presentó como fomento de la autonomía familiar ha resultado ser un instrumento para su disgregación.

Divertir

Pedro, el protagonista de la aventura, vive entregado obsesivamente al perfeccionamiento de su propiedad. Su retrato es como una caricatura de esa nueva especie de propietarios que han centrado su felicidad en las chuletas a la brasa en la barbacoa. Con pinceladas caricaturescas, Alonso Millán da cuenta de la capacidad para transformar en virtudes paradisiacas los agobios de una vida falsamente campestre en urbanizaciones nunca definitivamente urbanizadas. Pero las exageraciones de la pintura no tienen valor por sí mismas porque lo que interesa, a pesar de los esfuerzos, en parte inútiles, del comediógrafo por vincular la descripción de las conductas sociales al anecdotario de la vivienda unifamiliar, no son los efectos humorísticos de la caricatura y las limitaciones de ese modo de vida, sino la representación de esas mismas conductas, disgregadas y disueltas por motivaciones más hondas aunque no suficientemente diseñadas. La verdad es que el retrato que Alonso Millán ofrece de Pedro, un traductor del español al japonés, elevado a categoría humana por el histrionismo magistral de Juanjo Menéndez, es bastante amable. Víctima de una confabulación muy de la época entre mujer y amante, acaba sirviéndose casi sin pretenderlo de las oportunidades que le abre la misma confabulación.

María Luisa San José es Marta, una mujer más de nuestros días, que no aspira tanto a liberarse o emanciparse como a sacar el partido posible a las oportunidades y ventajas que la ideología dominante ofrece a quienes tratan de traducir los anhelos de emancipación femenina en cifras de una cuenta corriente a cargo del marido. Alonso Millán es lo suficientemente agudo como para haber advertido la inversión de papeles y lo suficientemente hábil como para haberla traducido en argumento narrativo verosímil y consistente. De tal madre no se puede esperar más que tal hija, Pilar, representada por Natalia Menéndez con eficacia y soltura. Si la madre es un reflejo de la mujer del presente, la hija es la proyección al futuro de ese presente, con todas sus consecuencias. Pero no se trata de interpretar la acción como si el narrador pretendiera que el espectador obtuviera conclusiones morales directamente de ella. Alonso Millán se limita a describir divirtiendo y a divertir escribiendo. Y las actitudes de Pilar no son otra cosa que consecuencias directas del sentido de la observación del retratista.

Del resto de personajes que animan el escenario vale la pena resaltar a Gómez, interpretado con gran eficacia por Pepe Ruiz. Gómez es un estrafalario y divertido abogado matrimonialista. De la identidad profesional el lector puede deducir las razones de su presencia en el escenario, pero no la función que le corresponde desempeñar en los engranajes de la intriga. El personaje de Gómez, junto a otros aspectos y efectos añadidos por el ingenio del comediógrafo, revive la figura de los graciosos de la comedia clásica. Su disparatada concepción y el tipo de lances que se generan a su paso recuerdan algunos brillantes pasajes explotados en las comedias de Jardiel Poncela.

Comedia de enredo

Aunque Alonso Millán define su comedia como sátira, la verdad es que la sátira está poco explícita y la comedia es tan eficaz en sus aspectos humorísticos que acaba ahogando la pretensión satírica, si la hubo, en la humorística. Por la trama, es una típica comedia de enredo. No se trata, con esta calificación, de limitar el mérito. En el arte de la comedia, la representación del enredo constituye el momento decisivo de la apuesta del autor. La dificultad consiste en que los efectos burlescos y desconcertantes del enredo procedan de la misma coherencia narrativa.

Por la descripción, la comedia es una crítica de costumbres. Lo paradójico es que la crítica de costumbres se convierta, pretendiéndolo o no, en crítica de la falta de costumbres, porque la costumbre predominante es el deterioro de las pautas y la generalización del desarraigo. De la descripción del autor se desprende el despojamiento de sentido de los personajes de esta sociedad nueva, liberada de toda atadura excepto de la que sus conductores más pretendieron liberarla: la supeditación de todas las motivaciones a la de aumentar como sea la cuenta corriente. Como semblanza de una amplia clase media el retrato de Alonso Millán es divertido y eficaz. La obra contribuye a completar esa galería descriptiva de las nuevas pautas y de los excesos en los hábitos de las clases sociales ascendentes de la sociedad de consumo.

Rafael Montesinos, poeta de verso claro

Siempre ha aparentado este andaluz de 1920 bastantes años menos de los que tiene, como si se hubiese hecho en el trasmundo un pacto benéfico con el «huésped de las nieblas», que así se Mamó a sí mismo su maestro Gustavo Adolfo Bécquer. Los ojos de Montesinos son claros, la perilla y barba muy negra, aunque ya platea, y su presencia da una impresión de pulcritud sin atildamiento. Uno duda si nació o no con su eterna pipa Dunhill en la mano. Es un guasón muy serio, y su sorna, tan de sevillano fino, nunca excede los límites de la cortesía, aunque le baste para dejar «tenebrosamente claras» cosas que aparentan ser evidentes. Con los años, cada vez le veo más sonriente. ¿Será que se ríe ya hasta de su propia sombra?

La grandeza de un poeta menor

Rafael Montesinos ha escrito graves poemas de tono elegiado y prosas poéticas en nuestra mejor tradición lírica. Es, también, uno de los mejores conocedores e investigadores de la vida y obra de Bécquer, y sobre ello ha escrito un libro singular donde la intuición, la amenidad y el hallazgo de documentos inéditos de verdadera importancia se dan la mano como quien no quiere la cosa.

Pero quizá Montesinos pase a la historia de la poesía de este medio siglo por sus poemas más breves («miñor poet» no tiene en inglés el sentido despectivo de su traducción castellana).

Unos poemas que se resuelven en aires populares andaluces, canciones, romancillos… Aquí hay demasiados grandes poetas algunos imponentes y casi monstruosos. Y no está de más que alguien, en breves y aladas palabras, nos condense con la claridad misteriosa del agua limpia del arroyo un poquitín de la hermosa dulzura de la vida y unas gotas de su acíbar y pesadumbre.

Pregunta. A pesar de que vives en Madrid desde el 41, Sevilla sigue siendo un tema central en tu poesía. algo así como el paraíso perdido…

Respuesta. Yo he escrito que siempre viví dentro de mis recuerdos y en una Sevilla que existe sólo en mi memoria… Y esto es una verdad parcial. Porque Sevilla, tan fría en algunos aspectos, de pronto se planta ante mí y me abraza. Me asusta la Sevilla que se niega durante 27 años a recoger los restos de Gustavo Adolfo Bécquer, que es la misma que. en su indiferencia, permite que Femando Villalón esté ahora mismo en la fosa común de la Almudena. ¿Pasará lo mismo con los restos de Manuel Machado? Yo no suelo recordar versos míos, pues lo escrito queda olvidado. Pero algunas veces me vienen a la memoria éstos: «Dura ciudad que engañas con perfil numinoso sólo tu gran belleza te disculpa».

¿En quién no influyen los primeros veinte años? Esos años los viví en Sevilla, y esa edad me la llevé conmigo al trastierro. Y con ella no el recuerdo, sino la presencia de Sevilla, de mi infancia y de parte del amor. Aunque a veces me enfrío y quiero evitarla, Sevilla siempre me busca las vueltas. ¿En quién no influyen los primeros veinte años? Esos años los viví en Sevilla, y esa edad me la llevé conmigo al trastierro. Y con ella no el recuerdo, sino la presencia de Sevilla, de mi infancia y de parte del amor. Aunque a veces me enfrío y quiero evitarla, Sevilla siempre me busca las vueltas.

P. ¿Cuál crees que tu sido la aportación a la lírica de posguerra?

R. Que la canción sea menos lúdica. más entrañable. Sin tantas macetitas de geranios ni rejas verdes como en el modernismo. («Con menos Manuel Machado dentro y. paradójicamente, con más Andalucía», escribió el crítico Enrique Molina Campos.) Cantando lo que me pasa («que muy bien puede pasar/ al que por mi lado pasa»). Quedarme con las menos palabras posibles. Lo dije una vez: «La poesía se me hace cada vez más difícil de puro sencilla. Siempre tuve presente el endecasílabo de Lope: «Oscuro el borrador y el verso claro». Yo, en el Madrid de la posguerra, entre unas y otras escuelas, hasta que di conmigo, iba «al aire de mi vuelo». Las ventajas que tiene la poesía eterna es que cualquier lector culto sabe de dónde viene esta referencia. Y el que no lo sabe, también se entera de lo que digo.

P. Pero, ¿por qué la canción?

R. Mi canción nace a finales de 1943, cuando cae en mis manos la célebre antología de la poesía medieval española, seleccionada en 1935 por Dámaso Alonso para la editorial Signo. Poco a poco, aquel libro fue convirtiéndose en mi biblia poética; aquellas canciones —anónimas o no— iban dejando su compás y su decir, ganándome casi sin notarlo. Junto a esa influencia. lenta pero implacable, la herencia andaluza de mis primeros veinte años y el eco lejano del gramófono de mi madre en aquel patio sevillano de mi infancia.

¿Que mi canción es de forma alegre y fondo triste? Es lógico.

Soy de donde soy. Hay que ser andaluz desde la superficialidad de la alegría hasta lo más hondo de ese mismo llanto. Pago, pues, con mi propia moneda, una deuda antigua: «De los álamos vengo, madre,/ de los álamos de Sevilla».

P. Bécquer en tu poesía.

R. Algo digo de eso en mi libro Los años irreparables. La primera vez que oí recitar a Bécquer tenia 7 años y lo busqué en la biblioteca paterna. A los 15 años escribí una rima — yo estaba entonces muy enamorado—. Más tarde tomé de Bécquer lo extremo, lo menos suyo. Después, en una entrevista, dije algo que espero que Gustavo me haya perdonado: «Tengo de Bécquer eso que queda cuando se olvidan sus rimas».

P. Háblame de tu libro sobre Bécquer.

R. Fue el encargo de un gran editor y un extraordinario amigo que ya no existe: Ramón Juliá. Yo entonces sólo sabía de Bécquer que había sido muy desgraciado y que andaba rodeado de golondrinas. Pero a Bécquer lo tenía literalmente a ta vuelta de la esquina. Quiero decir que allí vivía doña Julia Senabrc Bécquer, sobrina nieta de Gustavo. Y me hice con los espléndidos dibujos Inéditos del poeta y otros recuerdos familiares que me facilitó doña Julia. Pronto descubrí que para investigar sobre el hombre Gustavo Adolfo Bécquer y poner en orden su corazón, en principio cosa dificilísima, había que empezar por leer su obra muy atentamente. La investigación literaria tiene mucho que ver con Sherlock Holmes. A poco, cayeron en mis manos: el álbum inédito de Los contrastes; el álbum de Josefina Espín con la rima XVII, autógrafa, en su primera versión; el dibujo inédito de José Domínguez Bécquer. padre del poeta, que reproduce ese lugar sevillano de La Barqueta. que Gustavo cita en Desde mi celda; el buscadísimo borrador de «Dios mío. qué solos/ se quedan los muertos…». De Bécquer se habían dicho cosas increíbles, como lo de Nombela, quien aseguraba nunca haberle visto sonreír. En el fondo, sus contemporáneos, salvo Ferrán. no creían en la poesía de Bécquer y lo arroparon en una vida triste y desgraciada. La verdad es que fue un periodista prestigioso, director de La Ilustración de Madrid y otros periódicos. Murió en uno de los barrios más elegantes de Madrid, el de Salamanca.

Creo haber contribuido al acercamiento a un Bécquer más real En cierto modo, eché abajo a un Bécquer apócrifo, que nunca escribió la rima A Elisa, así como otras obras que se le atribuyeron. Mi libro sobre Bécquer recibió algunos premios y distinciones. Pero me gratificó, sobre todo, por lo que me supuso de contacto directo con el gran público.

La novela de un economista

Durante muchos años, las teorías económicas de John Kenneth Galbraith, favorables a la intervención del Estado en la economía privada, siguiendo la estela del británico John Maynard Keynes, disfrutaron de gran popularidad en lodo el mundo, y no sólo entre los expertos en la materia, ya que fueron aceptadas por amplios sectores de las sociedades occidentales.

Pero la economía intervencionista, en mayor o menor grado, según los países y circunstancias, trajo consecuencias muy negativas para garantizar el crecimiento económico exigido por las naciones más desarrolladas. A John K. Galbraith le sustituyeron nuevas figuras de economistas liberales, defensores de la economía privada y partidarios de reducir la intervención del Estado al mínimo indispensable.

Naturalmente, Galbraith — que pasa ya de los ochenta años— no ha renunciado a sus ideas anteriores y se muestra contrario al liberalismo económico representado por los espectaculares logros de la política implantada por el ex-presidente Ronald Reagan.

Galbraith ha buscado en esta ocasión la sátira irónica en un relato novelado en el que el fondo puramente económico priva sobre cualquier otra pretensión literaria, aunque justo es reconocer que el veterano profesor utiliza con dignidad los recursos lingüísticos propios de una persona que, a lo largo de su vida, ha escrito gran número de estudios, ensayos y artículos en revistas especializadas.

Nos cuenta el autor los brillantes resultados obtenidos por un profesor de la Universidad de Harvard, que decide simultanear la actividad docente con su participación en el negocio bursátil, aplicando un sistema de su invención, que practica auxiliado por un ordenador capaz de relacionar los datos que le suministra.

La clave fundamental del método es canalizar la actividad bursátil en el sentido contrario a las tendencias a la baja o alza, con lo cual el inteligente profesor consigue amasar una considerable fortuna. Logra John K. Galbraith describir con detalle el complejo funcionamiento de) sistema de Bolsa americano, señalando los fallos desde unos planteamientos contrarios a la economía capitalista entendida en sentido liberal.

El protagonista demuestra el comportamiento irracional de las operaciones bursátiles, al mismo tiempo que se burla de los «expertos» y apunta críticas a las instituciones y leyes encargadas de regular su funcionamiento. El estilo empleado por el autor y lo complicado de una trama que sólo captarán los entendidos convierte su novela en un episodio reservado para un público de élite, capaz de comprender las sutilezas intelectuales de Galbraith y los mecanismos que mueven los mercados de valores bursátiles. El propósito irónico del autor se cumple a través de este relato, en el que desarrolla una tesis propia de cualquiera de sus ensayos, recubierta del lenguaje literario, que le da una mayor facilidad de difusión entre los aficionados al género novelístico.

Da la impresión de que Galbraith se ha divertido escribiendo su obra, dejando en ella constancia de cierto sentido del humor capaz de suavizar el pesimismo predominante en otros estudios de teoría económica publicados con anterioridad.

Tras el bicentenario de Adam Smith

Aunque la figura del autor de La riqueza de las naciones haya sido distorsionada por buena parte de la historiografía marxista presentándole como el insensible padre teórico de la explotación capitalista decimonónica, algunos de los históricos hechos que tuvieron lugar a lo largo de! año pasado —bicentenario de la muerte de Adam Smith (1723- 1790)— confirman lo acertado de los estudios de este escocés universal que acuñó un concepto tan lúcido como el de «Gran Sociedad», retomado siglos después por el pensador liberal Karl Popper con los términos de «Sociedad abierta». Sin duda, las aparentemente inconmovibles estructuras del poder socialista en ¡os países del Este se han quebrado, entre otras razones, por el ansia de libertad de sus sociedades, que se querían abiertas y no totalitariamente cerradas —y encerradas— en una doctrina que, albergando preciosas aspiraciones utópicas, disminuía en todos los órdenes las posibilidades del ser humano.

Recuperar e incluso rehabilitar frente a los tópicos la figura de Smith en sus justos términos (y esto significa recordarle como autor de la Teoría de los sentimientos morales y no sólo de la Investigación sobre la Naturaleza y Causas de la Riqueza de las Naciones) representa, pues, una feliz empresa. La biografía de Edwin G. West, profesor de la Carleton University of Otawa, se encuadra en esa tarea de justicia intelectual.

La influencia de Smith fue en su época muy amplia, tanto que veinte años después de su muerte un estudiante alemán, Alexander von der Marwitz, escribía a un amigo acerca del pensador británico: «Después de Napoleón, es el monarca más poderoso de Europa». Más tarde había de serlo también al otro lado del Atlántico, pues la lucha de Jefferson por la libertad política en América fue acompañada por los argumentos de Adam Smith a favor de la libertad comercial, resumida en su crítica —entonces verdaderamente revolucionaria— del mercantilismo, que es tanto como decir del proteccionismo contrario al comercio libre y competitivo. En un siglo, el XVIII, en el que el comercio, las actividades de compra-venta y el préstamo de dinero eran revestidas con el prejuicio de lo pecaminoso, Smith afirmó por vez primera que la persecución del interés personal no es intrínsecamente mala, ya que frecuentemente el individuo promueve de manera inconsciente los intereses de, citando la Teoría de los sentimientos morales, ese «gran tablero de la sociedad humana» en el que «cada pieza posee su propio impulso».

Quizá en la defensa smithiana del libre comercio influyera el hecho de que su pueblo natal, KirckaJdy —a pocos kilómetros a! norte de Edinburgo—, debía en parte su prosperidad como puerto marítimo al desarrollo del comercio. «Marineros, mineros. fabricantes de clavos, contrabandistas —todos ellos fueron conocidos por Smith en su infancia, y todos habrían de figurar en La riqueza de las naciones». asegura West. El autor se detiene también en los estudios de Adam Smith en Glasgow y Oxford, no en vano en la primera universidad había de recibir la poderosa influencia de Francis Hutcheson, profesor de Filosofía Moral. En Oxford encontró, sin embargo, «un lugar de estancamiento intelectual», de tal modo le defraudó que decidió abandonar su universidad antes de que concluyera su beca en la misma. Pasados algunos años, volvería a Glasgow al ser elegido profesor de Lógica en dicho centro académico.