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Dvorak en Madrid

Recientemente se celebró en el Auditorio Nacional un concierto de la Orquesta Filarmónica Checa, bajo la dirección del maestro Vaclav Neumann, dentro del ciclo dedicado al compositor Antonin Dvorak (1841-1904). Se interpretaron las Sinfonías n.» 4 en Re menor, Op. 13, y la N.» 8, «Inglesa», en Sol mayor, Op. 88.

Antonin Dvorak, sin duda el más famoso músico checo, compuso la Cuarta sinfonía en tres meses, cuando tenía 24 años, dicho sea sin demérito, puesto que no carece de momentos interesantes, incluso buenos, como algunos en el scherzo y otros en el andante, de claras resonancias wagnerianas. El maestro Vaclav Neumann la dirigió con partitura, realizando una labor no de trámite, como pudiera parecer al tratarse de una obra de juventud del compositor, sino que logró una ejecución seria y equilibrada, como no podía ser de otro modo tratándose de un director de su categoría. En todo caso, aunque sólo fuera por el placer de escuchar a esta orquesta, hubiera valido la pena la audición de la Cuarta sinfonía.

En la segunda parte del concierto, la Octava sinfonía —que, junto con la 7.a , son las mejores de todo el sinfonismo de Dvorak— se apodera del público desde los primeros compases, gracias a la calidadde su poética invención, donde su inspiración alcanza los más altos grados de lirismo en compañía de una gran riqueza tímbrica. Elementos combinados sobre una base de folclore popular, elaborada por el mismo compositor, a través de investigaciones que llevó a cabo —según él mismo nos cuenta— en las canciones de los campesinos de Bohemia. Su buen hacer de gran sinfonista ha logrado elevarlas a melodías de la más pura belleza. En esta Octava sinfonía, director y orquesta brillaron a la misma altura, lo que es tanto como decir al nivel de auténtica excepción que ambos tienen.

A uno de los directores a quien más debe mi afición a la música, el gran Marquievich, tuve la oportunidad de oírle decir, refiriéndose a la Filarmónica Checa, que esa orquesta, a la que él dirigió en varias ocasiones, era de las mejores del mundo. Afirmación cierta, de ta que no cabe dudar, teniendo en cuenta que se trata de una cuerda compacta, de un sonido lleno, aterciopelado, con cal brillantez que produce escalofríos, como sucede en el difícil pasaje a cargo de los «cellos», en el allegro con brío que abre la sinfonía. En el mismo movimiento, el sonido inmaculado de la flauta nos llega «grácil, ondulante» —haciendo uso de la expresión azoriniana—, como el allegro suave, en forma de vals, que interpretado de este modo nos transmite la más pura emoción. El conjunto de la orquesta se muestra estupendamente empastada, compacta, sin fisuras, formando un todo integrado — hasta en la misma colocación en el estrado—, como queriendo arropar a su maestro, principal artífice de este auténtico «retablo de las maravillas» que nos ofreció esta versión de la Octava sinfonía, lo mismo que fue la Danza eslava, concedida de propina.

Neumann, mesurado, elegante el gesto, señorial el porte, más que dirigir la orquesta parecía indicar a sus filarmónicos: así quiero que se realice esta música, desde el sentimiento. Así deberá hacerse, porque es la música de nuestra vida misma; y sus profesores parecían responder: sí, maestro, así lo hacemos, porque es la música de nuestra patria y no podemos hacerlo de otra manera.

Despertares y Cyrano el amargo sabor dela entrega

Dos películas, a primera vista, tan distintas y distantes que, sin embargo, tienen tanto que ver.

Una, «Cyrano de Bergerac», basada en la obra clásica de Edmond Rostand, transcurre en la Francia del siglo XVII; la otra, sacada de un libro reciente de Oliver Sachs, en el Bronx neoyorquino de los años sesenta; pero ambas nos narran la historia de dos personajes aislados (por una deformidad física en el primer caso, por una trayectoria profesional y vital anómala en el segundo), encerrados en una especie de exilio interior que les llenará, que les resultará satisfactorio, hasta que tengan que enfrentarse con algo básico en la vida de todo ser humano y que les hará salir de sí mismos: el amor.

Ambos se creen fuertes, independientes, representan el individualismo y la insolencia del exclusivo compromiso consigo mismos, en suma, ei hombre libre. Sin embargo, toparán, bien con el fracaso (Despertares), bien con la infelicidad de la ausencia del amor correspondido (Cyrano), a pesar de su enorme entrega.

E inmediatamente surge algo más profundo, el reconocimiento de una herida íntima, !a del hombre al que no gusta su vida y que, en el fondo, no se gusta a sí mismo, lo que queda patente en la escena del exagerado parlamento sobre su propia nariz de Cyrano o en la secuencia del baile en Despenares, donde el despistado doctor tiene que claudicar ante la explosiva fuerza de los deseos comente s frente a la contemplación exquisita de museos o jardines botánicos.

Aunque los dos últimos films son. se puede decir, de factura clásica en cuanto a su realización, no podemos omitir la enorme belleza que contienen alguna de sus escenas: el magnífico comienzo de Despertares, en cuya sensibilidad se nota !a feminidad de su directora, Penny Marshall, y el pasaje paralelo, con ia entrada al teatro de Cyrano, donde está reflejada como nunca, a través de los ojos inocentes de los niños —en realidad, la mirada de ambos directores— la eterna candidez de la infancia.

Todas las escenas de masas y acción en Cyrano están resueltas con excepcionales soltura y realismo, amén de buena fotografía, lo que resulta notable en una película europea. Lo mismo se puede decir del grandioso final, digno de una tragedia clásica, que, aunque apoyado en un notable texto que aquí llega a ser bellísimo, no olvida en ningún momento que es un final cinematográfico.

Y, llegados a este punto, hablaremos de los actores: Gerard Dépardieu, como Cyrano, está soberbio, derrochando energía, como siempre, pero especialmente medido a la hora de recitar el verso, que, a veces, susurra, sin perder jamás el ritmo. Naturalmente, esto hace preferir la versión original francesa, subtitulada, que tiene un swing especial, aunque no haya nada que reprochar al eficaz trabajo de traducción e interpretación de la versión doblada, Robin Williams compone en Despertares un raro y anacrónico doctor, muy creíble.

Los secundarios son excelentes en ambos casos. Al joven Vincent Pérez, Christian en la obra, poseedor de un buen físico, le aguarda un futuro esperanzador en el cine; Jacques Weber, Conde de Guiche, y Roland Bertin, Raqueneau. están como lo que son, buenos actores de formación teatral; y qué decir de Roben de Niro, secundaría de lujo en Despertares, actor profesional e indiscutible donde los haya, que aquí alcanza la perfección precisamente en los momentos del «despertar» de la enfermedad, brindándonos esa maravillosa sonrisa y chispeante mirada suyas que efectivamente parece experimentar por primera vez desde hace mucho tiempo, con la misma inocencia y picardía del infantil despertar de cada mañana, aunque tal vez resulte un poco exagerado en los tics de la recaída en la enfermedad incurable.

La representación femenina es desigual; Anne Brochet, como Roxanne, tal vez resulte demasiado transparente; en Despertares, en cambio, la enfermera que apoya desde el principio al doctor es absolutamente real, y la encantadora Penélope Ann Miller pronto será una estrella de la industria americana.

En cuanto a las tareas técnicas, cabe destacar en Cyrano la buena fotografía de Pierre L’Homme y la excelente composición y dirección de la música de Jean Claude Petit, lo que ha convertido en un éxito de ventas la banda sonora original de la película.

Por último, cómo no, mencionar el impresionante trabajo con el vestuario de Franca Squarciapino, que la hizo justa merecedora de un Oscar en el reparto de este año.

En suma, dos interesantes películas, que no deben dejarse de ver, que harán que el cinéfilo repase más de una vez, sobre todo el Cyrano en sus dos versiones, y que darán mucho que pensar al público en general acerca de los sentimientos humanos, porque, en definitiva, siempre se trata de eso, ¿no?, de sentimientos. de vidas reales, en este caso vividas con un sentido total del compromiso y de la entrega, y que al final, a pesar del fracaso, dejan la dignidad y el orgullo de haber sido fiel a uno mismo.

Ayer y hoy de Benavente

El que en un mismo año se estrenen dos obras de Benavente en los escenarios madrileños es signo de que los gustos corren en muy distinta dirección de lo que se suponía hace algún tiempo y síntoma de la crisis que padece la creatividad dramática en general y el teatro español en particular. No es necesario adoptar como punto de vista la idea de que exista una relación interna entre las variaciones ideológicas y las actitudes culturales, basta simplemente con considerar los datos que se ofrecen al observador. El teatro ideológico quemó sus últimos cartuchos hace ya tiempo; los experimentalismos modernistas se agotaron en sí mismos; la renovación escénica, si es que la hay, insiste más en los aspectos decorativos y espectaculares que en el contenido narrativo. Eso pasa en Madrid, en Barcelona, en París y en Broadway, Y el que la temporada madrileña arranque prácticamente con el éxito comercial de Rosas de otoño y prácticamente se cierre con la reposición, nada menos que en el Teatro Español, de La noche del sábado, es indicio más que suficiente de por dónde van los tiros y qué tipo de apuestas prevalecen por parte de quienes tratan de asegurarse un triunfo ante el público incluso en un escenario municipal.

No hay nada que objetar a Gustavo Pérez Puig. Pero su propia excusado non petita sirve de botón de muestra de los cambios producidos. Su proyecto consiste en representar una «antología de autores españoles del siglo XX», en la que como punto de partida figura esta «noche del sábado» benaventina. De los otros autores seleccionados, únicamente Valle-lnclán y García Lorca serían admitidos sin reparos por una crítica que respondiese a los patrones predominantes hace, digamos, sólo un decenio. Otros autores, entre los que se hallan Foxá, Marquina y Pemán, hubieran suscitado más que la sonrisa, el desdén. Por Luis Núñez Ladevéze Y, sin embargo, ahí está la propuesta, con Arniches, Luca de Tena, Manuel Linares y Calvo Soteio, combinados con Buero Vallejo. Lauro Olmo, Alfonso Sastre y Carlos Muñiz. Dos tendencias teatrales que no hace pocos años aparecían enfrentadas y cuyos códigos estéticos podrían resultar entonces incompatibles aparecen ahora conjugadas amigablemente como muestra antológica del teatro español representativo del siglo XX. Curiosamente, no figuran en la muestra los ensayos de vanguardismo y experimentalismo cuyo símbolo más controvertido y sintomático sería, posiblemente, Fernando Arrabal.

Valores literarios

Pero volviendo a Benavente, que es lo que ahora se trata, caben pocas dudas acerca de lo que en su momento supuso su irrupción en los escenarios. Benavente cortó de raíz el patetismo retórico del teatro predecesor, expresado en la obra de Echegaray, y concluyó definitivamente con los restos de la tradición romántica. Su teatro suave, cortés, medido, reposado, técnicamente muy superior al precedente, simboliza la regeneración del drama interior, el triunfo de la artesanía, el ascenso del descriptivismo narrativo y la supremacía de los valores literarios del diálogo entre los retóricos y los decorativos.

Es el triunfo de un modernismo suavizado, que basa su comunicación con el público en la sutileza de la frase, la sátira calculada y razonable, el dominio de la carpintería escénica, la sabia conjugación del efectismo literario con la descripción de ambientes, del argumento narrativo con la exploración de la intimidad, de la acción dramática con la conflictividad moral, Muy distante de los efectismos románticos y postrománticos, el teatro de Benavente, capaz por su fecundidad de igualarse al ritmo creativo de la tradición del teatro clásico español, se inscribe en la renovación, iniciada por Ibsen, del naturalismo mediante el desarrollo del drama de ideas, una modalidad del modernismo a la que Chejov supo impregnar de poesía y de penetrante melancolía.

La noche del sábado no responde con exactitud a esos aspectos más distintivos de la obra de Benavente, De todos modos, hay que matizar que fue un escritor profuso, autor de más de centenar y medio de piezas, de las cuales la escenificada en el Español puede figurar entre las más meritorias. Es oportuno marcar el énfasis en la palabra «escenificada» porque, sin duda, ésta es una obra cuyo valor depende en gran parte de la escenificación. El autor es capaz de movilizar sobre el tablado un considerable número de personajes, lo que en sí mismo constituye un importante riesgo. Benavente afronta con soltura en muchas de sus piezas ese desafío, de cuya solución depende en ciertos casos la diferencia entre un autor que demuestra dominar las dificultades de la acción dramática, y un comediógrafo de turno. Pero La noche del sábado procede de la primera época del escritor, cuando su nombre comienza a brillar con voz propia, a suscitar la atención y a despertar esa admiración de una burguesía ilustrada que nunca le faltó. Tal vez resulte por ello una obra más artificiosa y más antigua que otras del dramaturgo. Más antigua para los gustos del espectador actual que Rosas de otoño, pero también menos clásica, por más prematura, que Los intereses creados.

Presente histórico

La dirección de Mara Recatero ha insistido en todos los aspectos que responden a la intencionalidad literaria, expresiva y efectista del original. Se trata de una obra principalmente descriptiva y colorista, donde pesa más el planteamiento discursivo de la acción que el desenlace mismo. Benavente juega con el tiempo para desarrollar parsimoniosamente los aspectos de un conflicto que se va retrasando, El presente histórico ocupa más tiempo del relato que el presente real, rasgo que suele presentarse con frecuencia en el teatro benaventino. La noche del sábado tiene algo de retablo preciosista, con su ambiente recargado de connotaciones históricas. sus protagonistas aristocráticos, el lujo colorista del atuendo y la promiscuidad de personajes, Mara Recatero no rehúye, además, esos aspectos de la obra, insiste en ellos, así como en el lento desfile de las secuencias, y potencia los signos efectistas, como ese circo que se representa sobre el escenario, con admirable naturalidad. Todo funciona bien en la acción y en la disertación, a pesar de la dificultad de movilizar sobre la escena tan considerable reparto. Gemma Cuervo demuestra su maestría. Su presencia en el tablado, en su papel de Imperia, resuelve por sí sola la escena. Todos los demás personajes funcionan al unísono como un formidable mecanismo de relojería a cámara lenta, desde Vicente Parra, como «príncipe Miguel», a Juan Carlos Naya, como «príncipe Florencio». No hay ningún reparo que oponer a la dirección, a la escenografía, al montaje y a la declamación.

Y, sin embargo, La noche del sábado queda lejana y resulta fría, poco convincente, para el espectador de hoy. No es teatro clásico pero tampoco es el teatro vigente, ni aun teniendo en cuenta que hoy lo vigente es más lo conservador que lo experimental, la crítica moral que la denuncia por principio.

El nuevo orden mundial

Lord Salisbury dijo hace muchos años: «Ninguna lección parece ser tan profundamente inculcada por la experiencia de la vida como la de no confiar jamás en los expertos, Si cree a los médicos, nada es saludable; si cree a los teólogos, nada es inocente; si cree a los soldados, nada está seguro». Yo añadiría que si han creído a muchos comentaristas, analistas y académicos en los últimos años, el futuro tiene deparado el declive para Estados Unidos: su liderazgo e influencia se verán disminuidos, su política será indisciplinada, poco imaginativa y carente de visión, y su economía será cada vez menos competitiva.

En una atmósfera de tan crítico pesimismo, es necesario retroceder, volver a analizar las cosas y reflexionar sobre los tiempos extraordinarios que estamos viviendo y sobre por qué tantos expertos y observadores fracasaron a la hora de anticipar (y luego reconocer) la magnitud y fuerza de los cambios que han comenzado, o en apreciar el papel de Norteamérica en estos cambios. ¿Cuántos creían hace nueve meses que Kuwait sería liberado antes de que acabara el invierno y que nuestras tropas volverían a casa en primavera?

Hace un año, ¿quién preveía la unificación de Alemania en la OTAN con el beneplácito de la Unión Soviética? Hace dos años, ¿cuántos observadores predijeron el colapso total del comunismo en Europa del Este, el retroceso de las fuerzas soviéticas, la caída del Muro de Berlín y la disolución del Pacto de Varsovia?

Hace dos años, ¿quién predijo el desmantelamiento de los elementos clave del apartheid en África del Sur?

¿Quién hubiese apostado hace cuatro años que las tropas soviéticas serían desalojadas de Afganistán, las vietnamitas de Camboya, tas cubanas de Angola, que Noriega sería arrojado de Panamá y que se celebrasen elecciones libres en Nicaragua y ganase la oposición?

Hace diez años, el 10% de la población de América Latina vivía en democracia. ¿Quién predijo que hoy viviría en democracia el 90%?

Lo que estamos presenciando a finales del milenio es un nuevo despertar de la libertad, de liberación para pueblos largamente oprimidos, un nuevo amanecer a finales de un siglo que, a pesar de su progreso material y tecnológico, ha sido, posiblemente, el más siniestro de la historia en violencia, guerra y opresión.

Ahora, muy cerca del final de siglo, los viejos imperios y los nuevos «ismos» totalitarios han muerto ya o están agonizando. En todo e! mundo, el viejo orden ha colapsado o está en su acto final. Los sucesos han dejado humillados a los expertos en el gobierno, en las universidades y en los medios de comunicación. Sus previsiones cautas y convencionales y sus predicciones pesimistas fueron desmentidas por la increíble fuerza de los valientes pueblos que deseaban ser libres; por los gobiernos despóticos cuya bancarrota económica. política y moral fue demasiado frecuentemente desconocida o ignorada; y por la unidad de las democracias, cuya firmeza, apoyo fiable y liderazgo durante décadas han hecho posibles estos dramáticos cambios.

Nuevas perspectivas para un nuevo mundo

Ahora debemos analizar nuevamente el mundo y nuestro papel en él. Contrariamente a la predilección de algunos, tanto de la derecha como de la izquierda, de trasladar la responsabilidad del liderazgo internacional a terceros, no es posible un retorno al aislacionismo, no para una nación que ha exportado más de 673.000 millones de dólares en bienes el pasado año, y cuya influencia cultural y política es tan penetrante. No obstante, también debemos ser conscientes de que la forma en que respondamos a nuestra singular posición como superpotencia y a nuestro arrogante poder constituye una preocupación para muchos países, amigos y no tan amigos. Claramente, ni el aislacionismo ni el unilateralismo son la respuesta. No tenemos otra elección más que la de seguir comprometidos, pero debemos reconsiderar cómo comprometernos y cómo ejercer nuestro liderazgo.

El aprovechar las oportunidades que ofrecen los históricos cambios que acontecen actualmente en todo el mundo presenta un doble reto: primero, aplicar nuestra experiencia en el Golfo para dar forma a un compromiso internacional permanente con la solución pacífica de las disputas y con la solidaridad frente a la agresión; y segundo, alentar y apoyar a los países recientemente liberados para que fortalezcan su democracia y reconstruyan sus economías y sociedades.

Ya en dos ocasiones en este siglo, después de las dos guerras mundiales, dos presidentes norteamericanos encabezaron los esfuerzos para crear un mecanismo internacional de resistencia colectiva frente a la agresión: primero el presidente Wilson y la Liga de las Naciones y luego el presidente Roosevelt y las Naciones Unidas. Sin embargo, ahora, con el fin de la guerra fría, en el Golfo Pérsico, una institución internacional —la ONU— ha jugado por primera vez el papel que sus fundadores soñaron; orquestar y sancionar la resistencia colectiva a un agresor. El potencial de la ONU para seguir desarrollando este papel y la voluntad de muchas naciones de contribuir con dinero y unidades militares constituyen los fundamentos de una nueva era de seguridad internacional, un nuevo orden mundial caracterizado por un consenso cada vez más generalizado acerca de la inviabilidad del uso de la fuerza para la resolución de disputas, Y cuando este consenso es roto, las cargas y responsabilidades son compartidas por muchas naciones.

El Nuevo Orden Mundial no significa la Pax Americana ni es un eufemismo sobre Estados Unidos como policía del mundo. Es simplemente un intento de disuadir la agresión —y de resistir frente a ella si fuese necesario— a través de la acción voluntaria y colectiva de la comunidad internacional.

El esfuerzo de construir y fortalecer la democracia en muchas naciones se ve amenazado por sus problemas económicos. Independientemente de los diferentes orígenes de estos problemas (si una nación debe enfrentarse a la ruina económica del comunismo o a las consecuencias de una deuda masiva), el principal esfuerzo y sacrificio deben provenir de esa nación y su pueblo. Pero nosotros podemos, y debemos, ayudar, y puesto que sabemos que una crisis económica puede minar una democracia, debemos ser creativos y agresivos a la hora de diseñar nuevos instrumentos para la política exterior norteamericana.

Uno de éstos es fomentar y alentar la asociación entre el sector privado y e) gobierno. Las desesperantes necesidades de muchas democracias nuevas son económicas —de inversión, de comercialización, de asesoramiento técnico y expertos—. Debemos encontrar nuevos mecanismos para fomentar el liderazgo y la iniciativa privada en asociación con las jóvenes democracias.

Nuestros programas de ayuda deben destinarse a fomentar el crecimiento del sector privado en los países receptores. Nuestro prolongado apoyo al libre comercio también puede desempeñar un papel importante en su crecimiento económico. Ayudándoles a acceder a los mercados mundiales, podemos fomentar el comercio y las inversiones de las cuales depende su éxito económico. En pocas palabras, nuestro gobierno debe reconocer que, en muchos casos, los intereses de las nuevas democracias están mejor servidos por nuestro sector privado, alentado y apoyado por programas gubernamentales más que por los tradicionales.

Oportunidades históricas

Nos hallamos en un momento decisivo. Gracias a los esfuerzos de las democracias durante más de dos generaciones y a los últimos acontecimientos, el futuro se abre ante nosotros, con la posibilidad real de fortalecer la paz y la estabilidad internacionales a la vez que se extienden la libertad y la vitalidad económica, o con posibilidad igualmente real de retroceder, de volver a la tensión, a las guerras calientes y frías, al autoritarismo y a las privaciones, Nos enfrentamos a unas oportunidades históricas que no podemos desaprovechar. Me referiré solamente a tres de ellas: Europa del Este, la Unión Soviética y Oriente Medio.

La larga pesadilla del totalitarismo en Europa del Este ha pasado. Ahora podemos ver una Europa del Este y Central no comunista; las tropas soviéticas están regresando a casa. Debemos ayudar a los europeos del Este, y hacerlo de forma que refuerce sus expectativas a largo plazo de una transición airosa hacia un gobierno democrático y una economía de mercado estables.

No hay duda de que los nuevos gobiernos de Europa del Este se enfrentan a unos problemas económicos graves. Pero a pesar de estos retos, debemos ser optimistas acerca del futuro de Europa del Este, donde el potencial humano es tan rico. El apoyo y liderazgo de Estados Unidos fueron evidentes desde el primer momento. En abril de 1989, el presidente prometió la ayuda de Estados Unidos al progreso efectivo hacia las reformas políticas y económicas en Europa del Este. El encabezó la movilización del apoyo internacional a Polonia y Hungría en la Conferencia Económica de París en el verano de 1989. un esfuerzo que redundó en 14.000 millones de dólares en compromisos con estos países sólo para el primer año. Y el Acta de Apoyo a la Democracia en Europa del Este autorizó el envío de cerca de 1.000 millones de dólares más para propiciar el pluralismo político y la reestructuración económica Ha habido otras iniciativas importantes, como la de Fondos Empresariales para Polonia, Hungría y Checoslovaquia, destinadas a promover la verdadera solución para Europa del Este: inversiones extranjeras, el desarrollo de empresas privadas y la apertura de nuestros mercados a sus mercancías.

La vida es muy dura en Europa del Este en la actualidad. Sólo abundan el valor y la determinación. Occidente no puede abandonar a estos pueblos.

Mientras tanto, la atención del mundo sigue fijada en la Unión Soviética, donde el sistema comunista se desmorona, perdiendo el dinamismo político y con tensiones sociales y presiones económicas que tienen el potencial de, por una parte, impulsar a la Unión Soviética hacia el pluralismo y el racionalismo económico, o, por otra, de fomentar la inestabilidad, la represión y, posiblemente, incluso una opresión mayor y una guerra civil.

La reforma en la Unión Soviética tropieza con cuatro obstáculos principales:

En primer lugar, el cambio político ha ido mucho más deprisa que la reforma económica y la economía se halla en una situación desesperada. El resultado es que ahora la gente es mucho más libre para expresar sus problemas mientras que el gobierno carece de medios para resolverlos, Ésta es una fórmula que garantiza serios problemas.

En segundo lugar, el problema de las nacionalidades es agudo y preocupante, el legado de un variado imperio construido mediante conquistas a través de los siglos. Este legado adopta formas diferentes: antiguas enemistadas entre grupos étnicos, la lucha de las nacionalidades contra el poder central y la lucha de decenas de millones de rusos que viven en áreas étnicas no rusas para protegerse a sí mismos y asegurar la continuidad de su influencia política.

Tercero, se está desmantelando y destruyendo el viejo sistema antes de crear uno nuevo para garantizar el orden y las condiciones para la reforma económica y el crecimiento. El resultado ha sido el desorden, el crimen, una economía al borde del colapso y privaciones económicas, una escasez acuciante y una sensación generalizada de desesperación social.

Y en cuarto y último lugar, la propia historia rusa constituye una carga pesada. Los reformistas deben superar no sólo 70 años de historia comunista, sino unos mil años de historia rusa, una historia que nunca conoció otro gobierno más que el autocrático, ni ninguna vida económica que no haya estado dominada o controlada por el Estado.

El foco de nuestra relación con la Unión Soviética ya no es la contención de un enemigo, sino la cooperación internacional constructiva, el apoyo a las tendencias democráticas y a las reformas económicas tan necesarias en la URSS.

Nos damos perfecta cuenta de la realidad, tanto en lo que respecta al enorme poderío militar de la Unión Soviética y a la inevitable aparición de diferencias de vez en cuando, como en lo que concierne al largo camino de reformas y cambios que tienen aún por delante los pueblos de la Unión Soviética, Es una relación que nos exige firmeza y poder.

Continuamos negociando con el líder soviético que ha desatado estos cambios y que ha demostrado ser un colaborador constructivo en Europa y en el Golfo Pérsico, y, en general, también en Angola, en Camboya y en el control de armamentos. Al mismo tiempo, debemos continuar ampliando nuestros contactos con los reformistas democráticos a nivel local y de las repúblicas para asegurar que la sociedad soviética vea pruebas tangibles de nuestro apoyo a las reformas. Pero nuestra actitud hacia todos los elementos en la Unión Soviética debe estar basada en el persistente mensaje que el único futuro para la Unión Soviética es el que apunta hacia la democracia y las reformas económicas de largo alcance.

Si la Unión Soviética puede, de hecho, evolucionar pacíficamente hacia una sociedad políticamente pluralista, orientada al mercado, internacionalmente responsable, es una pregunta aún sin contestar. Este es un momento histórico de decisiones para la Unión Soviética. ¿Logrará avanzar hacia un futuro diferente y mejor —como nosotros deseamos— o retrocederá hasta un pasado más familiar pero infeliz? Por ahora, y probablemente durante varios años, deberemos estar preparados para cualquiera de las dos posibilidades.

El Golfo Pérsico y Oriente Medio constituyen otro desafío. En el Golfo trabajamos para asegurarnos de que no tendremos que enfrentarnos nunca a otro reto similar al que hicimos frente el 2 de agosto. Las sanciones siguen en vigor, de forma que Irak no será capaz de amenazar a sus vecinos; a) mismo tiempo, estamos construyendo nuevos acuerdos de defensa con nuestros amigos que contribuirán a la estabilidad de la región. Estados Unidos utiliza recursos importantes para aliviar las masivas injusticias humanas que han resultado de la represión que Sadam ha ejercido sobre su propio pueblo.

Nuestra política hacia Sadam Husein e Irak mientras continúe en el poder es firme e inamovible:

— Estados Unidos y la comunidad internacional continúan apoyando la soberanía e integridad territorial de Irak, pero desean un nuevo liderazgo iraquí, sensible a las necesidades de) pueblo iraquí y dispuesto a vivir en paz con sus vecinos. Es necesario llegar a un nuevo compromiso político a través de negociaciones entre todos los iraquíes, y no por la fuerza.

— Á raíz de la invasión y ocupación de Kuwait y la brutal represión de nuestro pueblo. Sadam está desacreditado y no puede ser redimido. Su liderazgo nunca será aceptado por la comunidad mundial, y, por lo tanto, los iraquíes pagarán el precio mientras se mantenga en el poder.

— Se mantendrán todas las sanciones posibles hasta que se vaya. Sólo se relajarán cuando se establezca un nuevo gobierno.

— El tiempo no favorece a Irak mientras Sadam se aferra al poder. Mientras el siga allí, Irak no será más que un Estado paria. Los iraquíes no participarán en los acuerdos políticos, económicos y defensivos posteriores a ¡a crisis mientras no se produzca un cambio de régimen.

Hoy, como antes, nuestro problema no es el pueblo iraquí, sino sus líderes, y especialmente Sadam. Éste sigue siendo el tema.

En Oriente Medio tenemos la esperanza de que, tras la guerra, surjan nuevas oportunidades de paz. El adversario más peligroso de Israel ha sido derrotado; creemos que los miembros árabes de la coalición están preparados para vivir en paz con Israel. Y hemos visto una poderosa demostración de cómo en tiempos modernos los centros urbanos pueden transformarse en fronteras militares y cómo los civiles pueden encontrarse en primera línea. El desafío es transformar esta preocupación en diplomacia.

Nadie debe dudar de nuestra capacidad o de nuestra voluntad de ayudar a nuestros amigos, en tiempos de guerra o de paz. El secretario Baker ha realizado cuatro agotadores viajes a la región durante los dos últimos meses en un esfuerzo por convocar una conferencia regional de paz que propicie las negociaciones directas entre las partes. Tenemos que romper con los viejos tabúes y comenzar con las razones fundamentales que separan a los israelíes de los palestinos y a Israel de los Estados árabes.

Los principios que nos guían no son un secreto; buscamos una paz amplia, basada en las resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas 242 y 338 y en el principio de territorios para la paz. Lo que buscamos es una paz verdadera para todos los Estados de la región, incluido Israel. Israel también debe disfrutar de una seguridad real. Pero a cambio debemos estar preparados para satisfacer los legítimos derechos políticos del pueblo palestino y para encontrar una solución a los problemas de tierras, agua y seguridad, tan vitales para el futuro de la región.

No existe ninguna receta norteamericana para la paz; ésta sólo puede conseguirse con negociaciones. Lo que si sabemos es que todos deberemos realizar concesiones. No somos ingenuos, sabemos perfectamente lo intensa que es la amargura, el legado del odio y la violencia. Pero las dificultades no nos arredrarán. Estamos decididos a proseguir, no importa lo difícil que sea el camino. El esfuerzo norteamericano no puede resolver el conflicto en Oriente Medio. Sólo los pueblos y los gobiernos de Oriente Medio pueden hacerlo. Pero el compromiso norteamericano puede proporcionar el impulso clave, el catalizador necesario. Ha llegado el momento —hace bastante tiempo— de encontrarse, de hablar, de asumir los mismos riesgos por la paz que por la guerra.

Conclusión: Firmeza sin titubeos

Hace sólo un año, las teorías de la decadencia y el pesimismo crítico estaban muy de moda en Washington. Es posible que ahora hayan remitido algo, pero no han desaparecido, ni mucho menos. No obstante, hoy nadie cuestiona la realidad de una sola superpotencia y un solo liderazgo. Según todos los parámetros usuales que definen el poderío nacional —económicos, militares, culturales, políticos y hasta filosóficos—, no tenemos competidores. Lo que sí tenemos, como Joseph Nye. de Harvard, ha escrito, son desafíos: educación, productividad, profesionalidad. disciplina fiscal, y la disposición a pagar el precio de un liderazgo global: un compromiso continuo y fiable, el liderazgo, el mantenimiento de un ejército capaz y fuerte, la ayuda a las nuevas democracias.

El siglo XX casi ha terminado, dominado por dos guerras mundiales, infinidad de otros conflictos, con más sufrimiento del que puede describirse con palabras, y una larga y hostil guerra fría que ha mantenido a la humanidad como rehén de sí misma. Nos acercamos a un nuevo siglo, un nuevo milenio. con la esperanza de un cielo más claro y más despejado, con la esperanza de poder construir una nueva era de paz y garantizar el avance continuo de la libertad sobre las ruinas de grandes y despóticos imperios e ideologías desacreditadas. Puede que todo esto esté a nuestro alcance si somos fieles y audaces, si asumimos nuestras responsabilidades internacionales y permanecemos leales a nuestros líderes. Es un papel que el mundo acoge con agrado y al que, recordando la historia del siglo pasado, no podemos renunciar.

Y así, finalizo donde comencé, con los expertos y los sabios confundidos por las revoluciones de nuestro tiempo. Muchos se quedaron atrás porque infravaloraron el impacto del liderazgo de Norteamérica, su poder, su compromiso fiable, su voluntad nacional y su ejemplo democrático, desde el Golfo Pérsico hasta la Alemania unificada, desde Europa del Este hasta América Latina.

También es posible que se hayan quedado atrás porque menospreciaron el espíritu humano. Y cito a Churchill: «El conocimiento de los expertos, por indispensable que sea, no es un buen sustituto para una visión generosa y amplia de la historia humana, con toda su tristeza, pero, por encima de todo, con toda su indestructible esperanza». Lo que muchos expertos (y otros) parecen haber pasado por alto es lo que Dostoievsky llamó «el fuego en la mente de los hombres»: el fuego de la libertad. Con toda seguridad, es un gran milagro que este fuego siga brillando con tanta intensidad en tantos sitios después de varias generaciones de opresión, y que tanta gente crea aún que los norteamericanos ¡levan la antorcha que mantiene vivo ese fuego, No podemos —ni debemos— defraudarles.

Elecciones 91. Continuidades y cambios en el mercado laboral

El concepto de mercado ha sido desarrollado por el profesor Sani en uno de los trabajos más sugerentes que se han llevado a cabo en la sociología electoral de ¡os últimos años. De acuerdo con este enfoque, y simplificando ahora el argumento, la competitividad de ese singular mercado viene determinada esencialmente por la existencia de un número suficiente de votantes susceptibles de ser atraídos por las dos ofertas principales y capaz de inclinar la balanza a favor de una de ellas. Según esta condición, se puede afirmar que el mercado electoral español se ha caracterizado a partir de las elecciones generales de 1982 por un nivel muy bajo de competitividad interpartidista. Las elecciones autonómicas y municipales del pasado 26 de mayo tienen importantes elementos de continuidad, pero, por vez primera, se han producido cambios que favorecen una mayor movilidad en el mercado electoral.

Desde 1982 las cuotas de mercado ocupadas por los grandes partidos nacionales se reproducían, con poca variación, en las sucesivas consultas electorales. La potencial transformación de esa situación dependía fundamentalmente de la reestructuración de una alternativa de centro derecha que presentara una oferta competitiva, frente a la presentada por el PSOE, reequilibrando la situación creada Por Pilar del Castillo tras las elecciones de 1982 con la desaparición de UCD. En el transcurso de la década de los ochenta era razonable pensar que el nuevo provecto de centro-derecha se podría desarrollar de acuerdo con una de las dos siguientes hipótesis: bajo el liderazgo de! CDS, o que Alianza Popular, con una renovación en su mensaje y, por consiguiente, de su imagen, se convirtiera en el eje de esa alternativa. La primera de las posibilidades no se intentó aun cuando dispuso de condiciones favorables inmediatamente después de las elecciones de 1986, momento de mayor dificultad para la Alianza Popular desde 1982 y en el que además fracasaba abiertamente ¡a opción del Partido Reformista. El CDS acabó por mantener a duras penas su cuota de voto en las siguientes elecciones limitando sus aspiraciones estratégicas a las de partido bisagra.

La segunda de las hipótesis tampoco tuvo mejor fortuna. Alianza Popular no logró transmitir una imagen nueva. De forma sistemática, las encuestas de opinión reflejaban un rechazo o «preferencia negativa» de este partido (expresado habitualmente según el indicador «el partido al que no votaría nunca») muy elevado. AP. como bien reflejaban los resultados de las sucesivas elecciones, era incapaz siquiera de penetrar en la cuota de mercado del CDS, su grupo más próximo en el continuo izquierda-derecha. Este aislamiento se alejaba de igual forma de los partidos nacionalistas que nunca contemplaron et supuesto de participar en la construcción de una nueva alternativa de centro derecha a cuyo frente se pudiera encontrar Alianza Popular.

La continuidad

El resultado obtenido por el PSOE en las pasadas elecciones del 26 de mayo constituye el elemento fundamental de continuidad. En su expresión porcentual y absoluta los socialistas conservan con pocas variaciones la cuota de voto que lograron en las elecciones de 1987. La distribución territorial y socioeconómica de sus apoyos electorales ha sufrido, sin embargo, modificaciones más sustantivas. En síntesis, se puede afirmar que este partido pierde competitividad en los núcleos urbanos, desarrollando una tendencia que ya se manifestaba en las elecciones generales de 1989. En las últimas elecciones municipales la candidatura socialista dejaba de ser la más votada en siete de las capitales de provincia en las que había ocupado este lugar en 19R7. La pérdida de voto en ciudades como Madrid fueron compensadas en el balance global principalmente por un reforzamiento de sus apoyos electorales en las comunidades autónomas del Sur. A pesar de estas variaciones, los resultados del PSOE se sitúan en la línea de ¡a continuidad y no en la del cambio.

La percepción subjetiva de cambio

De modo general, los indicadores para medir la existencia y amplitud de los cambios son muy diversos, pero hay siempre una primera e incontestable alerta que se manifiesta en la aparición de una percepción subjetiva de que nuevos vientos soplan y algo significativo está cambiando. El cambio percibido puede ser menor que el cambio real, pero el primero una vez que irrumpe se convierte en una variable independiente que actúa como factor de aceleración del segundo. Una de las novedades más relevantes de las pasadas elecciones ha sido precisamente la emergencia de la dimensión subjetiva de cambio. Ya durante la campaña electoral se producían signos indicativos de esa apreciación. El hecho de que el partido del Gobierno diseñara una estrategia electoral que definía al PP, por primera vez, como su principal y casi exclusivo adversario era un síntoma inequívoco de que los propios socialistas advertían una competitividad más preocupante en la oferta del primer partido de la oposición.

Casi con unanimidad, los medios de comunicación incorporaron en sus análisis electorales el concepto de cambio, lo que es también expresivo del papel que ese factor ha empezado a desempeñar a raíz de los últimos comicios municipales y autonómicos.

En qué amplitud e intensidad los electores comparten esa percepción habrá de ser analizado con la base empírica que aporten los sondeos poste lee torales —tan decisivos para el análisis electoral y tan escasamente utilizado en España— y constituirá en adelante una información significativa para la prospectiva electoral más próxima.

Los cambios reales

¿Qué modificaciones ciertas alimentan la percepción subjetiva de cambio? Empecemos por el menos significativo de los cambios aparentes: la abstención. El descenso de la participación en las elecciones del 26 de mayo en relación a la precedente de 1987 no tiene la relevancia que. por lo general, la mayoría de los analistas le han atribuido. Se puede afirmar que el índice agregado de participación en esta última convocatoria electoral tiene más de continuidad que de cambio respecto de las pautas participativas que caracterizan el comportamiento electoral de los españoles. Para situar en una perspectiva comparativa adecuada la participación en las últimas elecciones hay que recordar lo ocurrido en comicios locales anteriores. La comparación retrospectiva muestra que en las elecciones de 1983, celebradas todavía bajo la estela de la euforia participativa de las elecciones generales de 1982, el índice de participación (65,7%) se encontraba sólo tres puntos por encima del que registraron las elecciones del 26 de mayo. Y si la referencia se sitúa en las elecciones municipales y autonómicas de 1979 se comprueba que la participación fue un 3% inferior: entonces 59,8% y ahora 62,6%. La abstención en la última convocatoria electoral es. por tanto, ligeramente superior a la media, en este tipo I de elecciones, y sustancialmente continuista de situaciones anteriores.

Un cambio indiscutible es la práctica desaparición del CDS de las instituciones de representación municipal y regional El fracaso electoral de este partido sólo es posible explicarlo en toda su dimensión como consecuencia del éxito logrado por el Partido Popular, al ser aceptado por una buena parte del electorado centrista como una alternativa viable de gobierno; así lo muestra el hecho de que haya sido el principal beneficiario de las pérdidas del partido liderado por Adolfo Suárez. No parece plausible imaginar que esa transferencia de votos se hubiera producido en tal magnitud, aunque el CDS hubiera cometido errores políticos similares hace escasamente un par de años, cuando los datos de opinión manifestaban con elocuencia la imagen persistentemente negativa que aquél sector de votantes tenía del Partido Popular. La atracción de esta nueva cuota de electores revelan que ese partido ha comenzado a romper el encapsulan lento en el que se encontraba desde 1982 haciendo más competitiva su oferta política.

El crecimiento porcentual y en votos absolutos del PP es relativamente modesto. La diferencia de 13 puntos que aún le separa del Partido Socialista es muy superior a la distancia máxima que puede mediar entre un partido en el gobierno y otro con aspiraciones razonables a ocupar ese lugar. Ahora bien, la construcción de una alternativa de centro-derecha requerirá la suma de los partidos nacionalistas vasco y catalán y de las formaciones regionalistas. Por ello, en la hipótesis de una alianza con esos grupos, el espacio entre los dos partidos mayoritarios, siendo notable, es menor del que actualmente les separa.

Los resultados electorales en las capitales de provincia son un buen indicio de lo que parece definitivamente constituir el comienzo del fin del aislamiento en que se ha encontrado el Partido Popular en la pasada década. En 1987 las candidaturas del PP habían sido las más votadas en nueve capitales, mientras que el PSOE ocupaba ese lugar en

treinta. En 1991 la relación entre los dos partidos es muy equilibrada, ocupando las candidaturas populares la primera posición en veintidós de las capitales y el PSOE en veintitrés de ellas. Los resultados indican que el PP constituye una oferta muy competitiva en los núcleos urbanos. La distribución territorial de sus apoyos electorales es, por otra parte, bastante homogénea, hasta el punto de llegar a ser la lista más votada en capitales (Cáceres, Granada, Jaén, Murcia) pertenecientes a comunidades en las que el PSOE tiene sus suportes más firmes. No ocurre lo mismo si establecemos como unidad de medida las comunidades autónomas. En este caso el voto del PP presenta un desequilibrio notable, con un importante desarrollo en la mitad norte de la Península y una escasa implantación en el Sur.

Un alcance menor reviste la mejoría electoral de Izquierda Unida. Esta coalición suma aproximadamente 50.000 votos a los obtenidos en 1987, lo que no pasa de ser un pequeño incremento, pero logra en cambio representación en numerosas instituciones locales y regionales de las que hasta ahora se encontraba ausente, consiguiendo así un reparto más equilibrado de su fuerza electoral. Este último logro constituye su mayor éxito. Muy plausiblemente, el incremento de IU afectará al futuro de la competición interpartidista, ya que obliga a los socialistas a recabar su apoyo para gobernar en numerosos municipios y en alguna comunidad. La escasa representación alcanzada por el CDS atribuye potencialmente a Izquierda Unida el papel de primer aliado del PSOE, situación que planteará a los socialistas problemas de imagen entre los sectores en los que precisamente su oferta viene mostrando una pérdida de competitividad.

Los cambios y el sistema de partidos

Transcurridos quince años desde el restablecimiento de la democracia, el sistema de partidos continúa en busca de su propia identidad. Los resultados de la última convocatoria electoral suponen la quiebra del último modelo que parecía estar configurándose a raíz de las elecciones generales de 1989 y del que el «Bloque Constitucional» impulsado por el PSOE constituía un ensayo general. Ese modelo encaja en el concepto de «bipartidismo imperfecto» utilizado por Giorgio Galli para definir el sistema de partidos italiano. La extraordinaria merma de la fuerza electoral del CDS. a pesar de no afectar a su representación en el Parlamento nacional, y la nueva posición del PP en el mercado electoral preludian una configuración distinta del sistema de partidos que parece orientarse ahora hacia el modelo francés. Los microsistemas de partidos en el ámbito municipal de la mayoría de las capitales de provincias se acercan ya a esa configuración al haberse producido una relación de fuerzas bastante equilibrada entre la suma de socialistas y comunistas por un lado y del Partido Popular y regionalistas por otro.

La orientación del sistema de partidos nacional en la dirección apuntada dependerá en lo esencial de la capacidad del Partido Popular para proponer una afeita atractiva a ios sectores más centristas del electorado del PSOE. Los últimos resultados reflejan que todavía, con la excepción de Madrid, no hay un espacio electoral compartido por el que ambos grupos políticos establezcan una competencia real.

La distancia que sigue mediando entre los dos partidos con mayor fuerza electoral es la expresión más demostrativa de que en los resultados de las pasadas elecciones hay una dimensión continuista fundamental. Se aprecian, sin embargo, signos elocuentes de que la distribución del mercado electoral entra en una fase de descongelación que va a favorecer una mayor competitividad. Es incuestionable que esa nueva situación beneficiará a los consumidores, es decir, a todos los electores.

Algunas propuestas para un verano Mozart

Al conmemorarse el bicentenario de la muerte de Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791). las empresas discográficas han volcado todos sus esfuerzos en ofrecer los más atractivos productos en torno a la obra del compositor salzburgués: desde extensas colecciones que abarcan la totalidad o gran parte de su obra, hasta discos antológicos con piezas conocidas y populares, pasando por discos de versiones históricas o con artistas célebres. Este Año Mozart ha servido en bandeja la oportunidad de hacer sonar su música a los cuatro vientos y también la difícil tarea de crear nuevo público aficionado, Si la música de Mozart goza ya de cierta popularidad, habrá que ver al final del año 91 de qué manera ha contribuido a un mejor conocimiento de su música, o si, por el contrario, no ha servido para nada. Lo que hace de Mozart uno de los compositores predilectos por todos los públicos es la enorme comunicatividad de su música; es la más fácil de amar y de escuchar, y su obra abarca una extensa gama de géneros, en la mayoría de los cuales Mozart fue un verdadero maestro. Ningún otro compositor puede presentar nada parecido a esa enorme extensión y perfección.

Mozanmanía es un doble compacto que recoge grandes éxitos de Mozart, y viene a ser como una tarjeta de presentación de ta Edición Mozart completa, la más ambiciosa y amplia realización, que contiene la totalidad de la obra mozarliana. obras auténticas y atribuidas, y algunos fragmentos inéditos que han sido reconstruidos y completados para poder incluirlos, en 181 discos repartidos en 45 volúmenes que van a ir editándose a lo largo del año. Un gran nivel de interpretación preside este proyecto, con artistas cuyas versiones de Mozart gozan de la mayor consideración.

Otro doble compacto dirigido también al gran público que recoge. siempre en movimientos completos, aquella música más conocida y de mayor popularidad. Al ser fragmentos muy escogidos, los intérpretes también lo son. Se alternan piezas para piano sólo con movimientos de sinfonías, conciertos, oberturas y arias de ópera.

Melvyn Tan, nacido en Singapur. se formó musicalmente en Inglaterra, en la escuela Yehudi Menuhin, estudiando piano y clave. Su interés por la música para teclado de los siglos XVII y XVIII le llevó a especializarse en este repertorio y de forma exclusiva en el clave y el pianoforte o fortepiano. Es en este instrumento, conocido también como piano de macillos, antecesor del actual piano, en el que Melvyn Tan interpreta la música de Mozart, es decir, un instrumento similar a los que el compositor conoció.

Es sabido que el piano actual, con su sonido más poderoso y envolvente, es capaz de arropar mejor la ejecución de una pieza difícil, mientras que el sonido del pianoforte es más tenue y más desnudo. Ello le añade una especial belleza a la música de Mozart, al tiempo que una mayor dificultad técnica, muy bien salvada por este artista, que controla y domina a la perfección el teclado.

En este sentido, resultan muy interesantes las dos Fantasías en Do menor K. 3% y en Re menor K. 397, que, por su carácter de improvisación, nos acercan ai Mozart más auténtico que triunfaba en los salones de los aristócratas creando sobre la marcha páginas inmortales. Igualmente podemos disfrutar con la belleza de! sonido del pianoforte en la Sonata en La maycr K. 576, la última que compuso Mozart y una de las más bonitas, o las casi desconocidas 12 Variaciones sobre Je suis Lindor. K. 354, basadas en el El Barbero de Sevilla de Beaumarchais, con música de A. L. Baudron.

Melvyn Tan parece amar tanto la música de Mozart como el instrumento que utiliza, pues mima con delicadeza sus interpretaciones, consiguiendo un resultado tan virtuosístico como hermoso.

Mozart es uno de los compositores predilectos de Alicia de Larrocha, Han aparecido ya en España dos discos en ¡os que Alicia toca sonatas para piano de Mozart. En el segundo volumen se recogen cuatro sonatas consideradas frecuentemente por los pianistas como fáciles. Las Sonatas K. 281, 282 y 284 forman parte de una serie de seis piezas que constituyen las primeras sonatas compuestas por Mozart. El músico las concibió todas en la misma época y las terminó entre 1774 y 1775, durante su estancia en Munich. Las constantes referencias a estas obras que hace en sus cartas dan a entender que su familia las adoraba y que fueron muy interpretadas tanto por él como por su hermana Nannerl y su padre. Resulta curioso que Mozart se refiera a ellas como difíciles y especiales. La aparente sencillez de estas partituras exige una gran soltura digital y un dominio de los matices para ser interpretadas con toda su justeza y claridad. sin exageraciones ni abusos del tempo ni la expresión.

La Sonata K. 545 en Do mayor fue descrita por Mozart como pequeña sonara para debutantes y puede considerarse como la más célebre de todas, ya que forma parte del repertorio básico de los estudiantes de piano. Es también modélica en cuanto a su forma, sigue paso a paso y con absoluta perfección la estructura de la forma sonata en tres tiempos, Alicia de Larrocha es una pianista de excepción para esta música, y la perfección de las partituras mozartianas llenas de gracia y encanto se une aquí a la asombrosa claridad de nuestra intérprete. Con un uso muy moderado de) pedal y una digitación plenamente mozartiana —el célebre perlado de los viejos maestros— encontramos aquí la esencia misma del pianismo de este músico.

La Mozart Edition de este sello discográfico presenta sus mejores grabaciones del catálogo de versiones con instrumentos originales. No pretende ser exhaustiva, pero sí recorre todos los géneros abordados por el compositor. Junto a la música de Mozart. son protagonistas intérpretes como el célebre Collegium Aureum, uno de los grupos pioneros en la utilización de instrumentos originales de la época, con F. J. Maier como director y solistas tan destacados como Jorg Demus interpretando aquí esta música en un pianoforte.

Para los amantes del sonido antiguo o de la época, se trata de una muy completa colección cuyo precio, el más barato del mercado, también es un hecho a tener en cuenta.

Cuatro pasos para la libertad

Es un hecho histórico que:

1) Las sociedades libres y prósperas — han sido poco frecuentes y más bien excepcionales en la historia universal.

2) Todas esas sociedades excepcionales han establecido la mayoría de sus actividades económicas mediante mercados libres y privados —capitalismo privado de libre competencia.

3) Lo contrario no es verdad: no todas las sociedades que han establecido la mayoría de sus actividades mediante mercados libres y privados han gozado de libertad civil, personal y política (la Grecia clásica y Estados Unidos antes de la guerra civil con sus esclavos son ejemplos del pasado; Portugal bajo Salazar y Chile bajo Pinochet son ejemplos más recientes).

4) La libertad política no es necesaria ni suficiente para conseguir la libertad económica, civil y personal (respecto al término necesario, Hong Kong ha sido una de las sociedades más libres en el mundo desde este punto de vista, y sin embargo no ha gozado de libertad política: ha sido gobernado por Gran Bretaña; respecto al término suficiente, india ha disfrutado de una gran libertad política, pero sin embargo tiene poca libertad económica y dispone sólo de una libertad civil y personal limitadas.

5) La libertad política ha conducido muchas veces a la limitación, así como a la destrucción de la libertad económica y civil, y ha originado su propio final (las antiguas colonias de Gran Bretaña «liberadas» después de la II Guerra Mundial son ejemplos muy claros).

Estos hechos históricos demuestran que las libertades económica, civil, personal y política no constituyen el cuarteto mutuamente reforzado que correspondería de forma tan clara al valor que la mayoría de nosotros atribuye a los cuatro componentes.

Un examen completo de la compleja relación entre las distintas libertades —y de su vínculo con la prosperidad económica— sería tema de un tratado. Por el momento, la cuestión fundamental son los cambios políticos en Europa oriental.

El derrumbamiento de los gobiernos totalitarios ha originado un regocijo comprensible en todos los países implicados y en todo el mundo occidental. Sin embargo, dicho derrumbamiento ha provocado también unas expectativas exageradas acerca de una mejora económica como resultado inmediato del cambio político. Esas expectativas están destinadas a quedar frustradas, poniendo así en peligro las nuevas y frágiles estructuras políticas.

Algunas sociedades autoritarias han evolucionado con bastante rapidez hacia la libertad económica y civil —los ejemplos más recientes son España después de Franco y Chile después de Pinochet. Sin embargo, hasta ahora ninguna sociedad totalitaria ha conseguido importantes libertades económicas y civiles. Cuando estuve en China hace un año, tenía muchas esperanzas de que resultara ser lo primero. La Plaza de Tiananmen destruyó dicha esperanza. ¿Polonia, Hungría, Checoslovaquia, Bulgaria o Rumania darán el primer ejemplo? (omito Alemania Oriental porque es un caso especial por su unificación con Alemania Occidental).

La transición

La transición hacia la libertad no puede llevarse a cabo de la noche a la mañana. Las sociedades anteriormente totalitarias han desarrollado instituciones, posturas públicas e intereses personales que son totalmente contrarios a la rápida creación de los requisitos de índole económica necesarios para la libertad y la prosperidad.

Es fácil formular dichos requisitos; sin embargo, son difíciles de realizar.

  1. Antes que nada: la mayor parte de la riqueza (los medios de producción incluidos) debe ser propiedad privada, en el sentido más amplio de la palabra. De esta forma, el propietario puede disponer de ella a su antojo y puede transferirla a otros individuos privados o grupos de individuos privados conforme a unos términos acordados mutuamente. Dicha condición incluye implícitamente que todo individuo tiene el derecho de intercambiar cualquier servicio o producto de acuerdo con cualquier término mutuamente acordado; es decir, no existe control sobre los sueldos, los precios y ni siquiera sobre los tipos de cambio; no hay restricciones sobre las importaciones ni sobre las exportaciones.

Este enunciado absoluto oculta muchas complejidades detrás de las palabras «la mayor parte» y «propiedad privada». El término «propiedad privada» no puede definirse a priori, debido a los posibles conflictos entre los derechos de diferentes individuos, y tampoco puede ser considerado como absoluto, puesto que es necesario financiar y llevar a cabo algunas funciones públicas esenciales como, por ejemplo, la defensa. No obstante, formula la única condición principal para conseguir la libertad y la prosperidad.

  1. La primera condición implica la seguridad de la propiedad privada. Si los Gobiernos pueden expropiar la propiedad y lo hacen frecuentemente, los propietarios no se verán incentivados a largo plazo para proteger su propiedad e incrementar su valor económico.
  2. Para que la propiedad privada sea segura, el gobierno debe limitarse estrictamente a sus funciones esenciales de mantener la ley y el orden, e incluso hacer cumplir los contratos privados; proporcionar un sistema judicial para juzgar las discrepancias en la interpretación de contratos y para asegurar que las leyes contra el robo, el homicidio y actos similares se apliquen correctamente; establecer las reglas del juego, e incluso definir la propiedad privada.
  3. Considero un sistema monetario relativamente estable más bien como un punto aparte y no como una parte del punto 3, y esto por dos motivos: a) Desde el punto de vista teórico, es posible conseguir una moneda estable sin intervención gubernamental (salvo para hacer cumplir los contratos privados). Esto fue sobre todo el caso cuando el oro, la plata u otro producto era la base del sistema monetario; b) Desde el punto de vista práctico, la inflación y el riesgo de hiperinflación constituyen la principal amenaza inmediata para llevar a cabo la reforma en la mayor parte de los países implicados. La reforma monetaria es, por consiguiente, una tarea especialmente urgente.

Aunque ninguna sociedad occidental cumple íntegramente todos esos requisitos, todas ellas los cumplían en mayor grado cuando empezaron a desarrollarse rápidamente y adquirieron prosperidad. Sostendría que si en su tiempo dichas sociedades hubieran partido de un ideal tal y como hacen hoy en día, no serían actualmente sociedades «avanzadas». Los países que traban de imitar el éxito de Occidente cometerán un grave error si desarrollan su política centrándose en la situación actual del mundo occidental en vez de tener en cuenta la situación de los países occidentales cuando éstos se encontraban en la misma fase en la que están ahora los países de Europa del Este. Sólo gracias a las riquezas que hemos adquirido podemos apoyar esos sectores públicos derrochadores y excesivos. Hong Kong es un modelo mucho más apropiado para ellos que Estados Unidos, Gran Bretaña o Suecia.

Ninguno de esos requisitos es fácil de conseguir. Lo único que tienen en común es una reducción drástica de la magnitud y del papel del gobierno. Una reducción similar amenaza prácticamente todos los poderosos intereses personales que existen en la sociedad de hoy en día. En efecto, se podrá conseguir, creo yo, sólo en circunstancias de crisis extrema y sólo si se hace rápidamente. Las palabras de Macbeth acerca del homicidio de Cundan, «si se hubiera hecho cuando ya está hecho, estaría bien si se hiciera rápido», también pueden aplicarse al homicidio de un gobierno totalitario.

Las circunstancias

Sería imposible detallar en una lista los pasos a seguir para satisfacer dichos requisitos. Los detalles específicos dependerán de las circunstancias en los distintos países, que son muy diferentes en cuanto a sistemas económicos, posturas públicas, estructura social y condiciones políticas. No obstante, sí es posible hacer algunas observaciones generales.

  1. Por lo que se refiere al primer requisito — propiedad privada—, algunas fases de la transferencia de propiedades estatales a individuos privados pueden efectuarse fácilmente: por ejemplo, transferencia mediante la venta de viviendas que actualmente son propiedad del Estado a los arrendatarios que deseen adquirirla (al contado o a plazos} por un precio que corresponde a una capitalización razonable de un alquiler en el mercado privado (la restricción es necesaria, puesto que los alquileres actuales son a menudo nominales). Un procedimiento similar sería posible para empresas relativamente pequeñas: tiendas estatales de venta al por menor y de servicios, pequeños fabricantes y similares. El mayor problema se plantea con las empresas que actúan a escala más grande — fábricas de acero, empresas de automóviles, astilleros, minas de carbón, compañías ferroviarias, etc.—. Se debe evitar una solución muy extendida: vender las empresas a extranjeros por precios irrisorios. Lo mismo puede decirse de esta otra solución, que también ha sido propuesta: la transferencia de ¡as empresas a sus empleados. La propiedad ha sido acumulada a costa de todos los ciudadanos; ningún grupo predilecto debería recibir algo a cambio de nada. Tanto el activo como el pasivo deberían transferirse a individuos privados, en lugar de transferir el activo a individuos y dejar el pasivo en manos del gobierno. Los extranjeros deberían tener libertad para invertir y entablar actividades económicas en los mismos términos que los ciudadanos privados; no se les debería conceder condiciones especiales.
  2. Por lo que se refiere a la seguridad de la propiedad privada, ésta sólo se puede conseguir a largo plazo a medida que se desarrolla una clase media, es decir, una clase independiente del gobierno y que puede proporcionar un clima de respeto a la propiedad y la posesión privadas.
  3. Para conseguir un sistema monetario estable e, indirectamente, el sistema de libre mercado requeridos para dar un sentido a la propiedad privada hace falta dar dos pasos fundamentales: en primer lugar, reducir drásticamente los gastos públicos de forma que el gobierno no se vea obligado a imprimir dinero para financiar sus desembolsos; en segundo lugar, eliminar inmediatamente todos los controles sobre las transacciones de divisas y los precios de las divisas extranjeras. «La convertibilidad» puede y debería realizarse de la noche a la mañana, eliminando simplemente todas las restricciones a las que están sometidos los individuos cuando desean cambiar moneda nacional por divisas extranjeras. Según mi punto de vista, el control que suponen los tipos de cambio fijados por el gobierno es el más pernicioso de todos los controles de precio, genera inevitablemente otros controles de precio internos y asegura una corrupción a gran escala. La verdad acerca del valor real de la moneda de un país podría doler, pero también podría ser beneficiosa.

Aunque muchas medidas necesarias pueden — y deberían— tomarse rápidamente, la transición hacia una sociedad capitalista estable y próspera de libre competencia tardará inevitablemente años, y no meses. El pueblo tendrá que tener paciencia y tendrá que creer que las cosas están avanzando en la dirección correcta. Irremediablemente, habrá personas y grupos que sufrirán en el proceso. Sin embargo, el debate acerca de los enormes costes originados por la evolución hacia una economía de libre mercado es demasiado pesimista. No hay ningún motivo por el cual la producción total no pueda empezar a crecer rápidamente, y casi inmediatamente después de que se elimine el control totalitario sobre las actividades de los individuos. Esto fue naturalmente el caso del sector agrícola en China después de las reformas importantes llevadas a cabo a finales de los años setenta. Al eliminar los controles sobre los sueldos, los precios y los tipos de cambio, y al eliminar las asignaciones de trabajo obligatorias, se podrían conseguir los mismos resultados en Europa occidental.

Una última observación: los rumores generalizados acerca de la necesidad de una mayor ayuda financiera por parte de los gobiernos occidentales a los gobiernos democráticos que acaban de hacer; en Europa oriental no sólo son, en mi opinión, incorrectos, sino también peligrosos. Una ayuda similar serviría más para mal que para bien (como ha sucedido con ¡a mayor parte de la ayuda extranjera en el pasado). Frenaría la transición, en lugar de acelerarla. La transición requiere sobre todo reducir la magnitud y la competencia del gobierno de modo que el sector privado pueda crecer y encargarse de las actividades básicas, como la producción. La ayuda a los gobiernos los consolida, y (os ánimos a seguir con sus intervenciones contraproducentes y a aplazar las medidas necesarias para llegar a una economía libre y viable.

Los cambios políticos sin precedente que los creyentes en la libertad humana han acogido con tanta alegría pueden ser el preludio de unos milagros económicos de la misma índole, pero esto no tiene por qué ser inevitable. Pueden ser igualmente el preludio de la continuación del colectivismo bajo otro grupo de dirigentes. Todo depende de la voluntad política de la gente, de los conocimientos económicos de sus líderes y de la capacidad de esos líderes para persuadir al público para que apoye las medidas radicales que sean necesarias.

Africa. la hecatombe silenciosa

Cuentan que un general mexicano contemplaba el paisaje tras la batalla y alguien comentó el número de bajas. «Qué muertos ni muertos, apenas muertitos, porque ¡para cadáver el de Benito Juárez!», murmuró el milico. En los últimos meses el mundo asistió en directo a la muerte de miles de personas, servida en las noticias de la mañana o de la cena. Vimos fascinados el primer bombardeo de Bagdad como una noche de Navidad iluminada por la muerte, los cadáveres calcinados de los soldados iraquíes, los cuerpos de niños, mujeres, ancianos masacrados en refugios seguramente civiles, a los kurdos huyendo de Saddam y las fosas comunes donde los guerrilleros (también kurdos) enterraron a los supuestos sicarios del dictador. Todos, sin excepción, repetimos que nada hay peor que la guerra, porque acaba con vidas inocentes indiscriminadamente. Reflexiones de este jaez forman parte det arsenal pacifista que todo buen ciudadano debe llevar consigo. La guerra del Golfo se caracterizó precisamente porque todo se hizo limpiamente, desde sofisticados cuarteles generales, con armas «inteligentes» y sin mancharse las manos, apenas la mirada.

De modo que la muerte lejana, en directo o revisada por la censuia (militar, por supuesto), ha dejado de ser escandalosa. Está ya en nuestra vida cotidiana junto con los tornados en Bangladesh, el cólera en Perú y la cocaína de Maradona.

Mientras se hacía la macabra contabilidad de todas esas muertes, y, según las fuentes, no se sabía muy bien si eran cíen o ciento veinte mil los que cayeron en la guerra, si cincuenta o cien mil los que murieron en el éxodo kurdo, alguien deslizó durante un coloquio de TF-1, la cadena francesa de televisión con más audiencia, una cifra simplemente aterradora: mientras en Kuwait, Irak y el Kurdistán morían tantos inocentes en una ceremonia transmitida en directo, por diversas y horribles causas, en Sudán, Etiopía. Somalia y Mozambique habían muerto, en el mismo lapso de tiempo, más del doble, pero nadie se acordaba porque fallecieron por causas naturales, es decir, por hambre.

Guerras olvidadas

África subsahariana lleva trazas de convertirse en un lugar de hecatombes silenciosas sobre las que nadie habla, a las que ningún organismo internacional se refiere con la misma compasión que si se produjeran en otras latitudes, En los actuales momentos hay guerras abiertas o secretas en Sudán. Etiopía, Somalia, Angola, Mozambique, Mali, Sahara Occidental, Liberia y otros países donde coexisten fuerzas regulares e irregulares con bandidos, terroristas o guerrillas de dudosa intencionalidad política. Hay guerras terribles e ignoradas como la de Somalia, en cuya capital. Mogadiscio. ha muerto casi la mitad de sus pobladores, o Liberia, donde etnias opuestas durante siglos eliminan a otras en nombre de extraños principios políticos e ideológicos. Hay países como Etiopía en los que el remedio (el triunfo de las diferentes guerrillas, separatistas, islámicas, tribales) puede ser incomparablemente peor que la enferme dad (el régimen marxista del sargento Mengistu Haile Mariam). O enfrentamientos larvados como el que en cualquier momento puede oponer a «blancos» (moros) mauritanos contra «negros» también mauritanos aunque de origen senegalés, además del terrible enfrentamiento que se está produciendo en Sudáfrica entre zulúes de Buthelezi y seguidores del Congreso Nacional Africano de Mándela.

El sida

Si, como escribió hace bastantes años Rene Dumont, «Africa ha comenzado mal», no cabe duda que ahora va de catástrofe en catástrofe. El sida, por ejemplo, amenaza a millones de africanos (25 millones hasta el año 200 perecerán por el terrible virus, según fuentes sudafricanas) que, o bien contraerán la enfermedad o bien la han contraído ya: hay países donde un 30% de la población es seropositiva.

Los Estados salidos de un proceso de independencia improvisada son casi inexistentes en el terreno de la organización administrativa: las proclividades tribales, los enfrentamientos étnicos o religiosos, la arbitrariedad de las fronteras marcadas por el colonialismo (a las que la OUA, Organización de la Unidad Africana, sigue otorgando valor de dogma para evitar, sin duda, males peores) constituye obstáculos difíciles de superar a corto y medio plazo. A ello hay que añadir la explosión demográfica incontrolada que convierte a la mayoría de los países subsaharianos en «inviables» para el desarrollo y los condena a vivir de la mendicidad internacional.

El proceso de liberación del Este de Europa y la guerra del Golfo ha situado a estos países en el desván de las prioridades internacionales. Estados Unidos se interesa apenas por aquellos Estados en los que las materias primas o la energía pueden constituir un problema para sus abastecimientos o ios de sus aliados. La política exterior soviética parece haber renunciado definitivamente al protagonismo que tuvo en los años setenta y ochenta. China reduce paulatinamente su cooperación con la mayoría de las naciones del continente. Sólo resta Europa occidental en el ranking de las potencias concernidas. Pero ¿.los países europeos —algunos de ellos antiguas metrópolis— tienen los medios y, sobre todo, la voluntad política para pacificar primero, ordenar después y potenciar posteriormente el desarrollo de estos Estados? Parece más que dudoso. Mientras tanto, habrá que habituarse a esta masacre silenciosa que el hambre, el sida o las guerras locales está produciendo ante la indiferencia generalizada. Para nada sirven las reflexiones moralistas, ni siquiera —lo que es peor— los esfuerzos de las organizaciones internacionales y no gubernamentales. para frenar esta espiral de muerte y violencia. Sólo si Naciones Unidas recuperase el papel improbable d’.- promotor y gestor de un nuevo orden internacional —que no puede limitarse a Europa central y al Mediterráneo— habría. alguna esperanza de que las cosas cambiaran. Por el momento es tan sólo un sueño…