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Ucrania dio el golpe de gracia a la URSS

Si faltaba algún ingrediente para certificar definitivamente la defunción de la URSS, se encargó de aportarlo Ucrania. La proclamación de su independencia, respaldada de manera aplastante por una población de 52 millones de personas, abre definitivamente las vías para la instauración de un nuevo mapa en el este de Europa y la consiguiente remodelación de relaciones internacionales con las repúblicas soberanas de la antigua Unión Soviética. La celebración del referéndum de Ucrania y su incontestable resultado en favor de la escisión del poder central del Kremlin aceleró la muerte política del presidente Mijail Gorbachev.

Convertido ya en una figura trágica, el autor de la perestroika se ha visto sacudido por un huracán de acontecimientos que le desbordaban desde hacía mucho tiempo. Su patética advertencia a las repúblicas, especialmente a Ucrania, de que «la desunión conduce inevitablemente a la guerra», denotaba una evidente falta de realismo, Las repúblicas han procedido a su separación del antiguo imperio por varias razones, de las que dos sobresalen de manera especial: el rechazo a la fuerza como razón básica de su integración en la URSS, v la total ausencia de ventajas políticas y económicas de permanecer bajo la tutela de Gorbachov una vez que el caos se ha adueñado de todas las facetas de la vida de los ciudadanos.

Kravchuk

Leonid Kravchuk. elegido democráticamente primer presidente de la nueva Ucrania independiente, rechaza por completo los malos augurios de Gorbachov. Antiguo comunista, experimentado en la política regional, Kravchuk está realizando todo un alarde de propósitos moderados: garantías de que Ucrania procederá a la destrucción de las armas nucleares situadas en su lerritorio. conforme a los tratados sucritos por la vieja URSS: respeto y protección de los derechos de la minoría rusohablante. que afecta a 14 millones de personas; promesa formal de velar por los derechos humanos, y sumisión expresa a los acuerdos de la Conferencia Europea de Seguridad y Cooperación. Occidente no toleraría otro comportamiento en principio, consciente de que una Ucrania independíenle —superior en extensión a Alemania y Gran Bretaña juntas, granero de la ex-URSS y con una apreciable producción minera e industrial—. puede convertirse a corto plazo en una gran potencia europea.

El aldabonazo ucraniano ha acelerado si cabe la inevitable fragmentación de la antigua superpotencia soviética. El proceso de división está resultando doloroso y aún quedan etapas muy duras que atravesar, como el establecimiento de las cuotas de deuda exterior y la transformación del Ejército Rojo en Fuerzas Armadas nacionales correspondientes a las repúblicas escindidas. Por formación, historia y tradición, muchos generales de la cúpula militar sienten la tentación de preservar la unidad por la fuerza de las armas. Una situación de caos, desabastecimiento y hambre abona tales apetencias aunque la población comprende cada vez mejor que un dictador militar no les traerá el pan de la noche a la mañana. De todos modos, en un proceso tan delicado de trasformación hay que esperar numerosos sobresaltos, que en muchas ocasiones pueden estar teñidos de gran violencia. La cuestión principal es que haya claridad y consenso en el objetivo final, que no es otra cosa en el fondo que la transición pacífica de la URSS a un conglomerado de países soberanos.

Estados Unidos

Factor fundamental en el proceso será la actitud de la CE y Estados Unidos. El presidente George Bush ha experimentado una drástica transformación en su comportamiento. En su visita a Kiev tras !a última cumbre de julio en Moscú, declamó la misma partitura que Gorbachov respecto de los maléficos peligros de una ruptura independentista. Con mucho más realismo, Bush acepta ahora lo que ya entonces era inevitable, limitándose a exigir garantías a Ucrania (al igual que a Rusia y a Kazajstán) de que respetarán en su parle alícuota correspondiente los compromisos contraídos por Mijail Gorbachov cuando éste era un presidente poderoso que. aún sin haber pasado por el tamiz de las urnas, representaba a la URSS. Para Occidente, la existencia de un telón de acero y de un bloque monolítico al otro lado se tradujo durante medio siglo en la comodidad de saber en todo momento dónde estaba el centro de decisión sobre las vidas y haciendas de casi 300 millones de personas. La explosión y fragmentación de la URSS requiere por el contrario grandes dosis de talento y trabajo para establecer un nuevo marco de relaciones que colme el hambre e impulse el desarrollo de repúblicas independientes. Porque, de su estabilidad dependerá en gran medida la de los países, que hoy ocupan la vanguardia del bienestar y la renta per cápita.

Responsabilidad fiscal

La responsabilidad ante el poder legislativo, y en definitiva ante el pueblo, que tienen los gobernantes en el uso que hacen del erario público es un principio fundamental de todo sistema democrático. Llevo muchos años calificando a la burocracia europea como la más irresponsable del mundo democrático, porque puede decidir sobre sus propios ingresos y gastos, pero no responde ante un Parlamento con capacidad de hacer y deshacer gobiernos.

Pero no es ésa, sin embargo, la única forma de irresponsabilidad política en una cuestión tan importante como es la utilización pública de los recursos generados por los propios ciudadanos. Un ejemplo muy claro es el de Italia, donde para eludir la necesidad de disminuir el nivel del gasto o aumentar los impuestos se ha recurrido a un crecimiento de la Deuda Pública tan desmesurado que el nivel de la Deuda sobrepasa ya la totalidad del Producto Nacional Bruto de Italia en un año. Los políticos italianos contribuyen así a mantener un sistema en el que ha dejado de creer hace tiempo la mayoría de sus electores, trasladando simplemente el problema a futuras generaciones que se encontrarán con una crisis de proporciones aterradoras.

En España, la reunión reciente del Consejo de Política Fiscal sobre financiación autonómica ha tenido el mérito de sacar a la luz pública una particular forma de irresponsabilidad fiscal que tenemos en nuestro país: las Comunidades Autónomas acreditan una ilimitada capacidad de gasto y nula capacidad de generar ingresos.

Debate

Por fin se ha iniciado un debate sobre el principal problema del Estado de las Autonomías, que no es tanto el reparto de competencias sino la forma de generar recursos para poder asumir dichas competencias.

Sin embargo, la forma en que ha comenzado el debate no parece muy propicia a aclarar conceptos de cara al sufrido contribuyente que ve con un escepticismo cada vez mayor cómo los políticos luchan por incrementar el gasto en los niveles de la Administración del Estado que de ellos depende, sin que se produzcan reducciones en ningún otro nivel.

La propuesta del ministro Sólchaga de facilitar la subida de impuestos mediante recargos autonómicos sobre el [RPF ha encontrado la oposición casi unánime de los gobiernos autonómicos, que no quieren hacerse responsables de un incremento (O Je la presión fiscal que en gran parle se traduciría en una mayor duplicidad del gasto entre los distintos niveles de la Administración del Estado. Su tesis es que debe la Administración Central disminuir sus niveles de gasto cediente recursos al mismo tiempo que cede competencias.

Nada más razonable, y al mismo tiempo nada más engañoso. Porque de esta forma se deja a la Administración Central dei Estado en posición de arbitro sobre cómo repartir los recursos por ella generados entre las diferentes Autonomías.

Este procedimiento es totalmente opuesto a los más elementales principios de responsabilidad fiscal. Cualquier nivel de la Administración del Estado, sea central, autonómico o local, debe tener capacidad para generar por la vía impositiva los recursos necesarios para su gasto. De esta forma los electores podrán juzgar su actuación en función de la relación coste-beneficio de ésta, es decir, de la relación entre la carga fiscal que les impone tal o tal Administración y los servicios que de ella recibe. El sistema actual de financiación de las Autonomías reduce a los gobernantes de éstas al nivel de niños que le pidan a su madre dinero para sufragar sus gastos, amenazando incluso con irse de casa cuando su edad se lo permite (como ocurre con las Autonomías históricas).

IRPF

¿Tiene, pues, razón Solchaga? La tendría si redujera muy considerablemente el gasto y los ingresos de la Administración Central del Estado, dejando, por ejemplo, la totalidad del IRPF a las Autonomías con potestad para éstas de variar los tipos impositivos, al alza o a la baja, en función de sus necesidades, pero también y sobre todo de sus opciones ideológicas. Aquellas que defendieran opciones menos estatalizadoras podrían disminuir la carga fiscal de sus ciudadanos, permitiendo a éstos la opción de comprar de forma privada ciertos servicios públicos.

En la actualidad, el modelo está congelado, porque si una Autonomía decidiera, por ejemplo, incrementar la financiación privada de sus servicios de Educación, lo único que conseguiría sería recibir menor contribución presupuestaria de la Administración Central, con lo que sus ciudadanos seguirían pagando los mismos impuestos y recibiendo menos servicios. Debe limitarse radicalmente el papel de la Administración Central del Estado a tareas propias de un Estado Federal.

Debe, igualmente, disminuirse su capacidad de generar recursos. La tarea de cobrar la mayor parte de los impuestos podrá permanecer en sus manos, pero por cuenta de las Autonomías, que decidirían los tipos impositivos de aquellos recursos que les fueran destinados. Y el Fondo de Compensación Interterritorial debe ser lo que su nombre indica: un sistema para transferir de forma global recursos de las regiones más ricas a las más pobres.

Si la competencia entre presidentes autonómicos se plasmase en una mejor utilización de la carga fiscal por ellos decidida sobre sus propios ciudadanos, en lugar de plasmarse en la mayor o menor presión política sobre la Administración Central, que vería muy recortada su capacidad de gasto, los ciudadanos españoles se identificarían mucho más con un Estado de las Autonomías, que por ahora comprenden mal y asocian a menudo con incrementos innecesarios del gasto público. Pero para ello los políticos españoles deberán llevar el Estado de las Autonomías hasta sus últimas consecuencias, aceptando las inevitables implicaciones respecto a un papel muy reducido del Estado Central.

Corrientes y sensibilidades en el PSOE

Menuda zarabanda se ha armado en el país con las supuestas corrientes dentro del PSOE. Y eso que no son tales. sino «sensibilidades». como los socialistas gustan decir, mostrando así la vieja afición por el eufemismo y el circunloquio que siempre ha caracterizado a los políticos latinos. «Sensibilidades» clasificadas a su vez con exquisitez taxonómica en reformistas, racionalistas demócratas radicales y renovadoras. en un reciente artículo de Manuel Escudero. A la vista de los nombres, queda claro, primero, que las «sensibilidades» son todas encomiables: segundo, que pueden fusionarse en una sola «sensibilidad».

En realidad, en el Partido Socialista, en solitario poder desde hace más de nueve años en España, únicamente existe una corriente oficial y otra oficiosa. La primera. Izquierda Socialista (1S), es un grupo de animosos militantes con algo de antifoneros, contentos de cambiar una frecuente presencia en los medios por su perfecta irrelevancia orgánica y doctrinal. La oficiosa es la de la socialdemocracia conservadora. Liberal-socialista o como quiera llamársela, esto es, la de las gentes del dinero, que no necesita afirmarse oficialmente por dos razones: primera, no cuenta con grandes simpatías entre las bases de un partido que sigue cultivando la retórica del mundo del trabajo: segunda, sí cuenta, en cambio, con el cerrado apoyo del secretario general, que es lo que importa. El resto, silencio.

Antes de seguir, una digresión sobre la figura del secretario general. Por sus obras y dichos parece haber oscilado entre dos modelos, el de Olot Palme y el de Willy Brandl. Dada la situación internacional de España, hubo de conformarse con el de Brandl. Pero esto quiere decir que tratará primero de disimular la diversidad de opiniones dentro del partido y, luego, de situarse por encima de ellas y que. aunque sea evidente partidario de la conservadora, jamás se pronunciará en público en su favor, a los efectos, sobre todo, de serle más útil.

Segunda digresión. Es frecuente en el socialismo europeo que el ministro de Hacienda, obligado a ser realista y a rebajar los sueños de sus colegas, se oponga a los elementos izquierdistas del partido. Fue el caso de Denis Healey en Gran Bretaña y de Karl Schiiler en Alemania. Algo inevitable cuando por socialismo se entiende un arreglo cosmético del capitalismo. Y. si el enfrentamiento se exaspera, los conservadores pueden formar su(s) propio(s) partido(s). Es también el caso de Roy Jenkins o Shirley Williams y puede ser aquí el de Solchaga, Boyer y sus conmilitones.

Problemas personales El PSOE tiene problemas en su seno, como todas las organizaciones complejas. Pero no son problemas doctrinales sino más virulentos, esto es, personales. Cosa razonable por cuanto ha perdido su ideología. pero sigue administrado porciones importantes de la vida nacional.

Y en la competencia por ocupar los cargos, dar las órdenes impartir las directrices, etc.. suele haber una mayor inquietud por los destinos de cada cual. En estos corrido s se enarbolar! oriflamas ideológicas, pero son luchas descarnadas por el control personal de los aparatos de poder. Véase, por ejemplo, el caso del llamado CEPES, reminiscente del CERES francés. L o característico del español es eso, que se trata de un eco. Un par de docenas de militantes socialistas apartados de los cargos del poder y de su influencia real en la estructura del partido, tratan de recuperar ambos, poder e influencia. Valiéndose de un centro de estudios, sin que a prácticamente ninguno de ellos le sea conocida obra de reflexión teórica de importancia en el terreno por el que dicen preocuparse, es decir, la renovación del socialismo. No pecaremos. pues, de mal pensados al juzgar que estos ex-atios cargos sólo tratan de ganar posiciones para negociar posteriormente cuando se produzcan los otros enfrentármenos personales, que juzgan inevitables. Por eso se abrazan a veces con los dirigentes de IS o intervienen en los agrios enfrentamientos personales en la Federación Socialista Madrileña (FSM).

Idea de cuan vagoroso es todo ello nos la da el que estas tres «sensibilidades» más la que rodea al ex-vicepresidente Guerra gustan cubrirse con la toga tribunicia de «izquierda», con lo que no contribuyen a la clarificación de un hoy tan confuso término. De eso se trata, de las rebatiñas por el poder central, autonómico, provincia!, municipal o en la agrupación. Luchas personales. Si a los jefes de la FSM les molesta la expansión de los seguidores de Guerra en sus dominios y, aprovechando la debilidad política de éste, le derrotan y se libran de su gente, ¿qué tiene esto que ver con la izquierda, la derecha o el centro? ¿Cuáles son las diferencias doctrinales entre Guerra y Leguina?

Otro ejemplo. A veces se oye que esté surgiendo una corriente de los «barones» territoriales. Por supuesto, los secretarios generales de sus respectivas federaciones yfa presidentes de sus comunidades autónomas tienen un poder de tipo caciquil y son capaces de intuir su solidaridad fundamental. Pero ¿han hecho propuestas teóricas acerca de la articulación territorial del Estade los tales «barones»? Fuera, claro está, de los habituales galimatías autonómico-federales de los socialistas catalanes, en concreto Obiols.

Mayoría

En tanto el PSOE gane por mayoría absoluta, aunque raspada es improbable que las «sensibilidades» pasen a corrientes. Aunque no quepa excluir la idea, sobre todo, si el socialismo se mantiene otros diez años, pues, en tal caso, los personalmente agraviados serán muchos más y se pondrían de acuerdo. Lo probable, sin embargo, es que el PSOE gane por mayoría simple. En cuyo caso se harán necesarias las alianzas y en alianzas, las «sensibilidades» sí se configurarán con mayor consistencia orgánica, que no doctrinal. Quizá cupiera clasificarlas luego de «gubernamentales» «populistas» (Guerra y los suyos), «izquierdizantes» (la IS), «resabiadas» (el CEPES) y «caciques» (la de las autonomías). No obstante, no se olvide, el PSOE tiene muy presentes dos amargas experiencias ajenas que le han enseñado lo que era preciso evitar a toda costa: en materia de organización interna. La fragmentación de la UC D en el Gobierno por sus luchas intestinas: en política económica, el desastre socialista francés de 1981 a 1983. Si por la segunda justifica un planteamiento económico neoliberal, por la primera mantiene un modelo leninista de partido.

Yugoslavia. La impotencia europea

En pleno corazón de Europa una guerra civil hace estragos. Las fronteras de dos años son hoy papel mojado y lo que fue antaño Yugoslavia ha dejado de existir aunque sus embajadores sigan en la ON U y el ejército federal (¿tal vez serbio?) dispare a matar. avance, retroceda, declare el alto el fuego y lo viole cinco minutos después.

Es ya una frase hecha el mínimo papel que ha jugado, está jugando y puede jugar Europa Occidental (la de los Doce, el resto es todavía una oscura e improbable nebulosa) en el conflicto. Se utiliza la frase para demostrar hasta qué punto )a quimera de una política exterior común es solamente eso y hasta qué punto también una política de seguridad compartida parece urgente. En el proceso de autoflagelación periódica al que los europeos solemos dedicarnos, la clamorosa ausencia en la guerra del Golfo y la impotencia ante la masacre yugoslava, son paradigmas inevitables.

El frágil equilibrio

Nadie puede afirmar sin mentir que la CE no hubiese intentado frenar la guerra civil en Yugoslavia por insensibilidad o indiferencia. Desde el primer momento los representantes de los Doce tocaron a rebato ante un incendio que se extendía. En todas las reuniones de ministros de Exteriores, de directores políticos, o de altos funcionarios, se trajo a colación el conflicto y se arbitraron métodos para reducirlo. Primero, mediante el envío de observadores que se limitaron a hacer lo que pudieron, es decir, a observar e informar a los gobiernos comunitarios y a ¡a Comisión de lo que allí pasaba. Y lo que pasaba era que el problema resultaba tan antiguo y tan profundo que aparentemente no había para él salida inmediata. Sólo la negociación entre los contendientes en el marco de una organización continental (la Comunidad) podía facilitar las cosas. La conferencia de paz presidida por una personalidad tan eficiente y prestigiosa como lord Carrington debiera haberse encargado de racionalizar los problemas de todo tipo (culturales, étnicos, religiosos, políticos y económicos) que allí se ventilaban, identificándolos primero y ubicándolos después en la comunidad de intereses que, pese a todo, sigue uniendo a los pueblos de lo que fue Yugoslavia. Se trataba de encontrar en la negociación el frágil equilibrio que hiciera callar a las armas y permitiera hablar a los pueblos o a sus representantes, que a veces no es lo mismo, Pero tampoco eso fu i posible, entre otras razones porque la burocracia asfixiante del propio proyecto de negociación —copia milimétrica de la CSCE—, las rivalidades y diferentes percepciones de los «tres grandes europeos» (Francia. Alemania y Reino Unido), los dispersos intentos de arbitraje unidos a los apoyos selectivos prestados bajo cuerda a los contendientes, impidieron que Europa hablase, como todos al parecer deseaban, con una sola voz.

El ruido y la furia Pero aun sí esta voz hubiera sido única e inteligible, respetada y responsable, ¿habría servido para algo? La historia de los últimos meses en la guerra civil yugoslava está llena de treguas que nadie respeta, documentos que nadie honra, promesas que nadie cumple. Las misiones humanitarias, los grupos de observadores, las delegaciones de iglesias y organizaciones no gubernamentales que han llegado al país o expaís portando mensajes de reconciliación, pudieron ejercer sólo de boquilla el «derecho a la injerencia», posible ante un Saddam Husseim derrotado pero inútil ante los dos o tres bandos que juran exterminarse caiga quien caiga y medie quien medie. El secretario de Estado para la Acción Humanitaria de Francia, Bernard Koucfincr, ha podido comprobarlo «in situ». Porque en esta ocasión —y pese a la presencia considerable de medios de comunicación de todo el mundo— la guerra no es «en directo» y, por tanto, la aldea global se conmueve menos, Hay más furia que ruido y, además, a fuerza de ¿ritos los habitantes del planeta están quedándose sordos. El párroco de una iglesia católica de Osijek, una de las ciudades mártires, declaraba bajo las bombas a la televisión norteamericana: «Lo esperamos todo de Dios pero muy poco de Europa. Por otra parte, ¿qué podrían hacer los europeos?» Lo malo de esta guerra es que sus protagonistas parten de una premisa tan irracional como probable: nadie puede hacer nada para parar la sangría y destrucción, salvo el aniquilamiento del enemigo o la fatiga de las armas.

Las amenazas

El ejemplo yugoslavo debería ser más objeto de reflexión que de penitencia. La etapa de inccrlidumbre iniciada tras la caída de los regímenes comunistas en el Este y la desmembración de la Unión Soviética plantean a Europa sobre todo problemas de seguridad y no, como se ha pretendido, económicos o comerciales. Checoslovaquia podría ser el próximo capítulo de esta historia. No sabemos muy bien qué va a ocurrir en Rusia. Ucrania o Bíelorrusia, pese a (os acuerdos de confederación o «comunidad» de Estados soberanos firmados con Yeltsin, Gorbachov advertía recientemente sobre el peligro de convertir a los 75 millones de rusos repartidos en los antiguos Estados de la Unión en «minorías rebeldes»: sólo en Kazajstán representan más del 40% de la población. No sabemos, tampoco, hasta dónde está dispuesto a aguantar esta estampida el antaño temida Ejército Rojo o lo que quede de él, ni quién controla las armas nucleares de Ucrania. Ni siquiera quién controla las de Rusia. Nunca la OTA N y la CSCE (que en el conflicto yugoslavo ha brillado por su ausencia) habían sido más necesarias. Nunca el vínculo trasatlántico euro-norteamericano pareció másprecioso.

Europa ya se ha topado con el conflicto yugoslavo en un momento delicado, cuando la construcción europea se ventilaba en Maastricht y los grandes temas del tercer milenio empezaban a diseñarse en el horizonte. Su impotencia no ha sido única: la ON U —tan activa en el conflicto con frak— ha sido incapaz también de dar una respuesta contundente. Las grandes potencias (o, mejor, la gran potencia) prefirieron encogerse de hombros o aplicar el embargo indiscriminado a lodos los contendientes, de modo que en el terreno de la autocrítica todos —europeos o no— deberían esmerarse. Lo peor fue el orden disperso, la algarabía en el reconocimiento de las nuevas repúblicas —o su amago— entre los socios comunitarios, la sensación de que es fácil ponerse de acuerdo en asuntos de menor cuantía pero imposible en los verdaderamente importarles, cuando están en juego la estabilidad del continente — que es indivisible— y el modelo de seguridad que debería garantizarlo. Que el problema kurdo haya suscitado entre los europeos más solidaridad e interés que el yugoslavo, incluso entre los países vecinos, resulta incomprensible y peligroso aunque se trate, obviamente, de conflictos distintos (pero no distantes). Pero mucho más lo sería que, en el futuro, ni la CSCE ni ia CE, ni ¡a OTA N ni la UE O tuvieran instrumentos, voluntad, sentido común para prever primero e identificar después los conflictos que puedan aparecer en esta nueva zona de turbulencias para, de alguna manera, controlarlos.

Ju Dou. Una tragedia China

El cine chino actual, profundamente desconocido en Occidente, nos ha sorprendido este año con este notable film, firmado en 1990 por el joven director Zhang Yimou, perteneciente a la llamada generación de la República Popular, que, además de contar con un gran apoyo de la crítica (Espiga de Oro en la Seminci de Valladolid 199(1). curiosamente ha obtenido un considerable éxito comercial o de taquilla.

Esta película, dotada de una belleza plástica excepcional, comienza con unas hermosísimas imágenes de gran riqueza cromática y luminosidad que nos sitúan de golpe en el lugar de los hechos, un pueblo cualquiera del interior de la China. La visión de los tejados de las casas entre los que sobresale, en el centro, el patio de la más importante de ellas, la tintorería, hacia el que se va acercando la cámara, nos introduce en ese mundo cerrado que constituirá el marco en que se va a desarrollar toda la acción.

Un rótulo nos indica que estamos en 1930. Pero da igual. La primera escena se encarga de desdecirlo, al menos en nuestra concepción temporal de esta fecha, pues nos retrotrae a un mundo ancestral, perfectamente medieval, en que los seres humanos no son libres; vemos claras relaciones de esclavitud, pero donde más que pertenecerse unos a otros, pertenecen a las tradiciones y, sobre todo, a su destino.

Esto es significativo porque el mismo director, Zhang Yimou, en declaraciones, ha reconocido que él ha querido encarar la historia desde este punto de vista, ei destino de la gente, dejando a un lado la cuestión social o política, planteamiento más habitual en el cine chino. Y. efectivamente. según va avanzando la película vemos completarse la descripción del universo interior de los personajes y cómo sus acciones, su forma de vivir, su trabajo, sus sentimientos y sus deseos están atados por las leyes de la tradición a un destino rígido e inflexible.

Confrontar este destino y querer transformarlo, como le ocurre a Ju Dou el personaje principal, maravillosamente interpretado por la encantadora Gong Li, supone un cambio que desembocará inevitablemente en la tragedia. El tema de la relación entre el destino y la voluntad o los deseos de los hombres, no es nuevo. desde luego, y ha dado mucho juego, tradicionalmente, tanto en la literatura como en el cine, pero aquí está tratado con particular acierto. En primer lugar, por la claridad, sencillez y delicadeza con que se relata la historia de esos sentimientos y después, a mi juicio, por la habilidad con que se ha resuelto el desenlace. La elección del personaje del hijo como desencadenante del final trágico ha sido especialmente atinada.

Ese hijo, nacido de una relación amorosa inviable, parece determinado, desde el momento mismo de su concepción (es un niño raro que, por ejemplo, nunca ríe), a resolver una situación en que sus padres han quedado atrapados, y en la que permanecen inanes, mostrándose incapaces de salir de ella. Y lo resuelve permitiendo que muera, en primer lugar, su padre oficial y matando, finalmente, al que se supone verdadero.

En la perfecta credibilidad de la obra destaca, de modo singular, el trabajo del guionista. Liu Hong, escritor reconocido. Premio Nacional de Historia en 1986; mención especial merece igualmente el director de fotografía, Gu Chang Wei, dotado de una fuerte sensibilidad estética, que impregna toda la cinta, y de un especial sentido del color. cuyos contrastes nos ofrece al retratar las banderolas de tela recién teñidas en la tintorería, que es el escenario inerte del drama; Gu Chang Wei ya era conocido entre nosotros por la fotografía de «Sorgo rojo».

El trabajo de los actores es, sencillamente, perfecto; todos son estrellas conocidas en su país, y Gong Li, la protagonista principal, de excepcional belleza, será más internacionalmente conocida a partir de la próxima película que prepara el mismo director que fue su descubridor.

Ciudades para vivir

Últimamente, el diario El País dedicó un interesante reportaje para señalar, dentro de España, cuáles eran las ciudades que gozaban de mejores condiciones para la vida. De este estudio resultó que las más gratas para vivir eran Vitoria, Palma de Mallorca y Gerona, con lo cual el autor del artículo está conforme. Y las más inhóspitas, si no recuerdo mal, eran Baracaldo, Badajoz y Jaén.

El tema es muy interesante porque la ciudad es, al fin y al cabo, el lugar donde vivimos la mayor parte de los hombres, sobre todo en esta época en que cada vez crece el porcentaje de la urbanización frente al campo. Podríamos considerar que la ciudad es un mal inevitable y que era más placentera, sin duda alguna, la vida del campo o de la aldea; entre corte y cortijo prevalecería este último, con todas las amenidades de la descansada vida de que nos hablaba Fray Luís de León,

La jungla urbana

Pero siendo la ciudad un mal inevitable, hay que tratar de hacer más llevadera la situación del hombre , condenado a vivir en urbes cada vez más grandes. Esto ha sido pesadilla permanente de urbanistas, arquitectos, economistas, sociólogos y todos aquellos que, de una forma u otra, han tratado de buscar las soluciones más adecuadas para hacer compatible la ciudad con la comodidad de ¡a vida y el desarrollo del espíritu.

¿Qué diríamos que necesita una ciudad para, hasta cierto punto, competir con las delicias campesinas? Para Ortega y Gasset, la ciudad es un ensayo de secesión que hace el nombre para vivir fuera y frente al cosmos, tomando de él porciones selectas y acotadas.

Según esta radical definición orteguiana, la ciudad es una cosa y el campo es otra; dos realidades antitéticas. Pero suponiendo la parte de verdad que hay en ello, no cabe duda que el campo-campo no existe más que en la selva y la ciudad-ciudad no deja de ser aliada muchas veces del campo. Un urbanista del siglo pasado nos hablaba de campo urbanizado y de ciudad ruralizada.

Entonces, refiriéndonos a nuestro tema, diríamos que una ciudad es más habitable cuanto más participe o, por decirlo así, conviva con el campo, y no cabe duda que las ciudades, cuanto más se incorporen a un paisaje natural, más bellas son, más amables resultan y más habitables, en fin. se manifiestan.

Por ejemplo, tomemos una ciudad que no ha sido de las elegidas como las mejores para vivir en nuestra península pero que también merecería este título de excelencia: me refiero a San Sebastián, la capital de Guipúzcoa. Es una ciudad de las mejor vertebradas dentro de un medio natural. Andar por esta ciudad es verse envuelto en imágenes paisajísticas constantes. Llegamos a la Concha y la bahía y la dilatada playa, son un regalo para los ojos. Montañas como el Monte Úrgull y el Monte Igueldo cierran virtualmente nuestras perspectivas; campo y mar colaboran para que la ciudad se produzca con variedad y armonía en la línea de una elegante arquitectura. Por lo tanto, es indiscutible que las ciudades, cuanto más cerca estén de la naturaleza, más amables serán para la vida y, en la Península Ibérica, no cabe duda que lo mismo que San Sebastián, Santander. La Coruña, Cádiz, Lisboa y tantas otras ciudades gozan de este privilegio.

Los ríos suelen ser también motivo de penetración de los elementos naturales en la ciudad artificial. En España no gozamos en general de grandes ríos y menos todavía de ríos que hayan participado en el desenvolvimiento de la ciudad, como participan el Sena en París y el Támesis en Londres. Muchas veces nuestras ciudades han vuelto la espalda a los ríos, quedando sólo a una margen de éstos.

Esto ha sucedido, por ejemplo, en Zaragoza, con la importante compensación que su monumento más significativo, la Basílica del Pilar, se ha colocado a) lado mismo del rio, en el que su silueta se reproduce como si se tratara de un espejo. Hasta hace poco tiempo, Sevilla sólo contaba con el arrabal de Triana, al otro lado del rio, pero modernamente el crecimiento de la ciudad al saltar a la otra margen, ha equilibrado la composición urbana. Las ciudades, por otra parte , se humanizan y se hacen más razonables cuando quedan bien definidos sus límites, pero esto tratándose de grandes urbes resulta casi imposible y sobre todo en las conurbaciones industriales que se extienden como mancha de aceite por todo el territorio.

Tomemos un caso, el de la ciudad de Madrid. Madrid, por su límite Oeste, está bien definida y goza de un ¡imite natural formado por la Casa de Campo, el Parque del Oeste, La Moncloa, el Monte del Pardo, y, más allá, la Sierra del Guadarrama, En cambio, por el costado Sur-Este y en parte por el Norte, la ciudad se desperdiga a través del confuso tejido industrial. Esto hace que la fisonomía de la ciudad cambie según hacia donde se mire. Toda la frontera del Oeste da lugar a una ciudad hermosa, agradable y de mayor dignificación urbana. Paseos como Rosales, barrios como Arguelles, centros como la Ciudad Universitaria, hacen que esta parte de Madrid, prolongada luego en barrios residenciales de especial calidad, hagan muy favorable todo este sector. No sucede lo mismo en las otras fronteras, pero, claro está, una ciudad no puede ser solamente un lugar de recreo, de solar y esparcimiento que lleve consigo una superior calidad de vida. Tiene que ser, naturalmente, otras zonas que, siendo ecológicamente menos favorables, necesitan también dar vida a la urbe y asegurar su progreso económico.

Existe, por lo tanto, una constante lucha que no ha terminado ni terminará en mucho tiempo, entre la ciudad humanizada y la ciudad de la industria, del humo y el carbón como en los tiempos de Dickens o de la energía nuclear como hoy en día; de la polución, de los ruidos y de tantos agentes como afectan a la calidad de vida.

En esta lucha entre ¡a ciudad humanizada y la ciudad industrializada, unas ciudades resisten mejor que otras. Hemos hablado de San Sebastián, que ha tenido la suerte de que la mayor parte de su industria se haya distribuido por la provincia y no se haya concentrado en la capital, al contrario de lo que sucede en Bilbao, otra ciudad que también gozaba de bellos alrededores de montañas como las de Archanda o las del Serantes que rodeaban amorosamente el nido, o, mejor dicho, el «bocho», de la ciudad hasta los tiempos de la juventud de Unamuno. Pero ya ese paisaje enternecedor de Paz en la guerra ha sido triturado materialmente por la industria.

Hay que considerar que por añadidura muchas de esas montañas escondían tesoros de mineral que hubo que extraer para impulsar el crecimiento y la riqueza vizcaína. Todo esto ha contribuido naturalmente a que ese paisaje natural, prolongado en la hermosa ría, ya no se reconozca, con lo que, naturalmente, Bilbao no se puede poner como ejemplo de ciudad para vivir. Estaría en cambio en el primer puesto de las ciudades para producir.

Ciudades habitables

En cambio, en el País Vasco se ha producido el milagro de la ciudad de Vitoria; acaso sea ésta la más ejemplar entre las ciudades españolas. En un breve montículo, como en una acrópolis, se alza la ciudad medieval de calles formando un ovillo concéntrico bien definido y delimitado. Debajo se encuentra la ciudad decimonónica, perfectamente organizada, con una plaza mayor muy hermosa y con una calle, la de Dato, que don Joaquín Zugazagoitia consideraba, y no sin razón, la calle más bella de España. Pero, además de esto, el crecimiento de Vitoria a través de ensanches y grandes avenidas es de lo mejor que hemos realizado; justo es, pues, otorgar a Vitoria el título de ciudad para vivir, conjugando con el de ciudad también para producir. Yo llamaría a Vitoria el Amsterdam español, aunque no tenga canales ni el mar próximo.

Hemos citado a lo largo de este desilvanado discurso la ciudad de Lisboa; me acuerdo que en una ocasión yo aseguraba que en la Península había dos grandes ciudades por encima de todas, por su rango, por su historia, por sus monumentos, por su significación, por su belleza, por su talante y por muchas cosas más. Estas dos ciudades eran Lisboa y Sevilla. Al lado de éstas, lo demás, perdóneseme la osadía, eran villorrios o grandes urbes desmesuradas y sin concierto.

Conocí Lisboa antes de la caída del doctor Oliveira Salazar y de la Revolución de los Clavetes. Era una ciudad verdaderamente sorprendente, que todavía conservaba un increíble barrio islámico, el de Alfama, un sector racionalista de la época de la Ilustración, el barrio pombalino, entre la Plaza del Comercio y la del Rocío, un puerto imponderable, unas montañas, un castillo, el de San Jorge, unos alrededores extraordinarios con Sintra, Mafra y Queluz, y paremos de contar.

Sevilla es la otra perla entre las grandes metrópolis peninsulares, muy pocas ciudades pueden aventajar a la que reposa lánguidamente junto a las aguas del Betis que ahora parece que vamos a recuperar y que en un tiempo estuvo a punto de perderse como se perdió el Darro en Granada, pero con consecuencias infinitamente mayores. Me atrevo a decir que, cubierto el Guadalquivir a su paso por Sevilla, la ciudad hubiera caído en el abismo de su degradación. Ahora, el Guadalquivir correrá entre la Torre del Oro y el Convento de los Remedios, algo que deberemos a la Exposición del V Centenario.

Y para terminar, diremos que no hemos aludido a dos factores: al clima, que tanto interviene en hacer grata o incómoda la vida, y el carácter de sus habitantes, Buen clima y buen carácter son patentes seguras de que una ciudad será siempre habitable, Para muchos, las ciudades del Norte son ingratas por su clima lluvioso, pero esto, en cambio, les permite tener un paisaje siempre verde y un arbolado más frondoso que en otras latitudes, y el árbol, entre otras cosas, es lo que hace que una ciudad comulgue con la naturaleza. También Sevilla tiene como saldo negativo el calor de un estío demasiado prolongado, pero todo lo compensa una población amable, risueña y con su poco o su mucho de chispa y gracejo. Tendremos que convenir que a la larga todo no se puede tener.

Arte flamenco en La Palma

Hace quinientos años Canarias empezó a ser la punta meridional de Europa, La conquista del archipiélago coincide con el descubrimiento de América y, bien pronto, además de punta, las islas son puente entre el viejo y el nuevo continente. Santa Cruz de la Palma se convierte, a lo largo del siglo XVI, en el tercero de los puertos que jalonan la principal ruta del recién estrenado Imperio, que empieza en Amberes. pasa por Sevilla y concluye en La Habana. En este obligado camino se desarrolla un tráfico comercial intenso y. afortunadamente para las islas, no tarda en producir réditos culturales.

Para la Europa mercantilista de entonces, el archipiélago canario se identifica con «las islas del azúcar» y desde esta producción hay que entender la relación comercial que, a lo largo de los siglos XVI y XVII, se mantiene con Flandes y que. como contrapartida a las exportaciones, permite obtener no sólo manufacturas, sino también tablas pintadas y esculturas, que hoy constituyen una parte sustantiva de nuestro patrimonio artístico.

Son las tres islas de mayor atracción económica. Tenerife, Gran Canaria y La Palma, las que acumulan las mejores obras de arte. El tríptico de la Adoración de los Reyes, en el pintoresco barrio de Taganana, en Tenerife; el de la parroquia de Santiago, en la misma isla; el de la ermita de Las Nieves de Agaete, en Gran Canaria, y el deslumbrante retablo de la iglesia de San Juan, en Telde, también en esta última isla, son ejemplos destacados de lo que decimos. Pero es en la isla de La Palma donde se concentran las mejores imágenes y no pocas tablas, llegadas, en su mayoría, a lo largo del siglo XV!, sobre todo a partir del incendio y saqueo de la capital por el pirata francés Leclerq, en 1573.

No parece que los anunciados fastos del Quinto Centenario del Descubrimiento hayan previsto darle al archipiélago canario la relevancia que, evidentemente, tuvo en el salto Atlántico, Ni tampoco que la celebración cultural con que se pretende arropar aquella primera experiencia del expansionismo europeo, vaya a recoger esta presencia de Europa en las Islas. Y resaltar, recoger y exhibir, en forma conveniente, un legado tan importante como el flamenco en La Palma, no dejaría de ser una gratificante sorpresa que ampliaría el horizonte cultural de una presumible mayoría para la que es desconocido, dejando fuera de dudas la vinculación temprana a Europa de unas islas que ahora mismo, con la integración de España en la CEE, no hacen sino continuar una tradición ligada a etapas de esplendor cultural y de crecimiento económico.

El Gobierno de Canarias ya hizo el loable esfuerzo de reunir las tallas y tablas flamencas de La Palma para exhibirlas conjuntamente en 1985, con motivo de la lustral Bajada de la Virgen de su santuario a la capital insular, editando un interesante catálogo con valiosas aportaciones de los profesores Hernándfez Perera, Díaz Padrón, Galante Gómez y Negrín Delgado y propiciando una representación del patrimonio catalogado en la «Europalia 85», Con todo, su ausencia de las celebraciones del 92, no dejaría de ser una lamentable omisión.

Dice el profesor Hernández Perera que, exceptuando el retablo de Telde, «ninguna otra isla supera a La Palma por el número y calidad de esculturas flamencas que actualmente conserva». Y cita a la Virgen de ta Encarnación, traída de Flan des en 1525 —sobreviviente, por tanto, del saqueo de Leclercq— que, con el Arcángel San Gabriel presidía el altar de la iglesia bajo la advocación de la Virgen, formando parte de un retablo dorado, bastante alterado después de sucesivos deterioros. Y continúa con un repertorio de imágenes impregnadas de goti cismo —Santa Catalina, Santa Lucía, San Sebastián y San Miguel—, amén de otras de corte renacentista —Virgen de los Remedios, en Los Llanos de Aridane.

Conjuntos más valiosos

Destacables son también los grupos, tan caros a la retórica flamenca, como las series de Santa Ana y Niño o la de las «Piedades». Las parroquias de San Francisco, en Santa Cruz de la Palma; la ya citada de Los Llanos; la de San José, en Breña Baja ; la de Las Angustias, en la entrada a la Caldera de Taburiente; la de Montserrat, en Los Sauces, y la de Los Dolores, también en Santa Cruz de La Palma, albergan los mejores ejemplos.

Y la referencia quedaría incompleta si no mencionáramos otras tallas exentas como las de San Miguel Arcángel, San Luis Rey de Francia, Virgen de la Victoria, la del Rosario, la de la Candelaria y, sin duda, algún etcétera.

Y, por supuesto, habría que extender la relación a la espléndida colección de tablas pintadas por Ambrosius Francke’n. Pourbus Et Viejo y Aertsen, exhaustivamente analizadas y descritas por el profesor Díaz Padrón en la publicación, antes citada, del Gobierno de Canarias. Todo este conjunto patrimonial, de indudable valor, se localiza en una isla de poco más de 7(X) kilómetros cuadrados que. evidentemente, de su incorporación a los circuitos comerciales de la expansión española que coincide con et descubrimiento, sacó una nunca desmentida vocación cultural, con iniciativas e inquietudes más que probadas. Y avalada, también, por una indeclinable y pionera vocación democrática que se tradujo en la proclamación en el siglo XVIII del primer Ayuntamiento —el de Santa Cruz de La Palma— elegido popularmente de toda España; en su rápida incorporación a las corrientes ¡lustradas —liberalismo y masonería—, e, incluso, en su no adhesión al levantamiento militar de! general Franco, en julio de 1936.

Madres e hijas

Resulta curioso que la mejor oferta del cine español en esta temporada de otoño coincida en el tema central: las relaciones madre-hija.

Tanto en Chatarra, de Félix Rotaeta, como en Tacones lejanos, de Almodóvar, o en Alas de mariposa, de Juanma Bajo Ulloa, se trata en definitiva de eso. Centrándonos en las dos últimas. vemos que en ambas se nos presentan unas relaciones entre madre e hija sumamente conflictivas, turbulentas, tan duras y dramáticas que llevan, en los dos casos, al asesinato, o sea, que contienen todos los ingredientes de la típica relación amor-odio-competencia que a algunos se les antojará muy freudiana.

Admitiendo que esta temática pueda parecer muy pasada de moda, aunque haya sido un clásico o tópico recurrente en el cine internacional, mucho menos en el español (quizás sólo Saura y Querejeta se hayan atrevido con él), no nos parece tan casual que ahora dos directores tan alejados por estilo o incluso por generación como Almodóvat y Bajo Ulloa se ocupen de ello.

Sociológicamente la situación de la mujer en España ha variado mucho en los últimos años. Sobre todo en el aspecto educativo (en el terreno laboral ya es otra cosa), no se puede negar que el esfuerzo por lograr un total plano de igualdad con el hombre ha sido loable. Por eso, ahora, tanto la situación de las madres como la de las hijas es distinta y su modo de relacionarse más complicado. Ya no existe como único referente a imitar el modelo tradicional esposa-madre-ama de casa. Ni las hijas desean el anterior hilo de comunicación con las madres ni éstas esperan un parecido futuro de las hijas.

El conflicto que se nos plantea en los dos films, la pérdida del afecto materno en la infancia, o, más radicalmente, de la posesión misma de la madre, ya sea porque ésta centra su interés en su carrera profesional como en Tacones lejanos, o en otro hijo como en Alas de mariposa, se ha visto clásicamente como el mayor impedimento para que la hija alcance una madurez normal como mujer. La ausencia de la madre provoca, paradójicamente, una dependencia afectiva fortísima de la que será muy difícil librarse y, desde luego, raramente sin un choque o enfrentamiento que haga de revulsivo purificador.

Melodrama

Pues bien, este asunto serio e importante, ¿en qué clave está tratado aquí? El mismo Almodôvar ha servido la polémica afirmando que su película es un melodrama noble (no abyecto, que vendría a ser un culebrón). Puede tratarse de un típico guiño almodovariano, de los que, por cierto, está llena Ja película, o quizás sea cierto que él haya querido hacer un melodrama, pero eso, es una pena, nunca lo sabremos porque si lo ha querido no lo ha intentado en serio.

El melodrama es uno de los géneros más importantes y refinados del cine. Pero si algo lo caracteriza es el sostenimiento del ritmo o la intensidad dramática hasta que alcanza el culmen que termine en una especie de explosión en la escena central. Esto, por supuesto, no ocurre ni de lejos en Tacones lejanos, donde el ritmo no se sostiene y es cortado frecuentemente con escenas esperpénticas, gags muy logrados, como siempre en Almodóvar (hasta un excelente número musical, género que tal vez sea su futuro), por los que se escapa nuestro director, que fracasa estrepitosamente en la escena principal; el enfrentamiento entre -madre e hija en una vacía Sala de Audiencias del Tribunal, con un diálogo imposible. una Victoria Abril sobreactuando y una referencia de cinéfilo a la bergmaniana Sonata de Otoño en la que, lejos de ser un homenaje que hubiera sido comprensible, se nos cuenta literalmente una escena de la película, lo que provoca risa justo en el momento en el que se debería estar viviendo la mayor tensión dramática.

En fin, si Tacones lejanos es un melodrama, no lo es bueno. como sí lo era La ley del deseo, la mejor de sus últimas obras, no la más comercial, que, desde luego, ha sido Mujeres al borde de un ataque de nervios.

Juanma Bajo Ulloa nos dice, por el contrario, que su film es un cuento cruel y desalmado. No es un cuento, es una historia muy real pero contada con una estética moderna e inquietante. Es un melodrama típico de esos que se sale llorando y pensando en lo dura que es la vida hasta para Ja gente buena y sencilla. Tampoco aquí se consigue el ritmo dramático mantenido, ni siquiera apoyándose en el salto en el tiempo, pues en el intento de crear un mundo cerrado, rutinario y asfixiante, se cae continuamente en la repetición de sonidos (el bastón del abuelo), símbolos (las mariposas), imágenes (los ojos de la niña y después adolescente), frases y hasta escenas enteras, lo que resulta a veces de una pesadez insufrible.

Imágenes vivas

Se ha hablado mucho de la fuerza visual de esta película y es muy cierto que la tiene. También, en otro sentido, hay esa clase de fuerza en Tacones lejanos. Ambas se sirven de una ambientación excesiva o exagerada. de unas músicas fuertes, de unos decorados irreales (¿cómo puede vivir alguien en el cuarto de Amí o en casas como las que nos muestra Almodóvar?), del vestuario y de una estética en general muy marcada y consiguen una pureza de estilo que no nos hace dudar en ningún momento de la intención de los respectivos directores de que aquello quede como una obra de autor.

Y si en las imágenes de Alas de mariposa hay magia, atmósfera irreal y tenebrismo que le confiere fuerza y creatividad visual, también la tiene Tacones lejanos por esos colores chillones, nítidos, sólidos, y esas imágenes que cuando son primeros planos de rostros hace que parezcan como pintados, delineados más que fotografiados.

En ambas películas lo peor llega al final, por ese errado afán de redondear las historias que azota al cine español. Unos finales que, además, llegan con algunos minutos de retraso. En Tacones lejanos la muerte de Becky del Páramo se alarga de modo innecesario; el momento oportuno hubiera sido después de la confesión con el sacerdote, la mejor escena desde el punto de vista melodramático y en la que la actriz Marisa Paredes alcanza la perfección. Del mismo modo, en Alas de Mariposa, para acabar con esa imagen final que es una especie de Piedad, se fuerza un embarazo de Ami que ha sido resuelto de forma poco convincente.

En cuanto a la labor de actores, nos gustaría destacar en ambos casos la de ellos, Fernando Valverde en Alas de mariposa y Miguel Bosé en Tacones lejanos, que sirven de eficaz contrapunto a la labor de las actrices y lo hacen los dos muy dignamente. Mención especial a Miguel Bosé, que compone un juez que parece inspirado en un destacado profesional de la judicatura española. Las actrices principales están mejor como madres (Marisa Paredes y Silvia Munt) que como hijas, pues Victoria Abril exagera con frecuencia y Susana García resulta demasiado inexpresiva. La niña Laura Vaquero, en clave enigmática, resulta eficaz.

Ambas películas darán que hablar y, desde luego, revitalizan el panorama del cine en España. Juanma Bajo Ulloa, jovencísimo director de veinticuatro años, ha sorprendido a lodos con este su primer largometraje y tiene un futuro prometedor. Almodóvar sigue en el candelera e intentará otra vez la conquista del Oscar, que le ha sido esquivo.