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Rafael Doménech: “La revolución digital de la economía requiere más capital humano y mejor formación”

“Hace falta más y mejor capital humano”, y “una formación mejor y más flexible” ante los retos de la revolución digital, afirmó Rafael Doménech, catedrático de Análisis Económico y responsable de Análisis Económico de BBVA Research, en una sesión del seminario “La economía española en los próximos cinco años” celebrada en la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR).

El ciclo está organizado por el Consejo Social de UNIR, y dirigido y moderado por Rafael Pampillón, catedrático emérito de Economía de la Universidad San Pablo – CEU.

“Nuestro talón de Aquiles es el elevado porcentaje de quienes acceden al mercado laboral solo con la formación obligatoria”

Rafael Doménech advirtió que los jóvenes españoles “no están igual de preparados que los de otros países”, y que “nuestro talón de Aquiles es el elevado porcentaje de quienes acceden al mercado laboral solo con la formación obligatoria”.

La necesidad de invertir en educación es uno de los aspectos clave para dinamizar la economía en un entorno digitalizado y global, y “generar innovación y empleo productivo y estable”, según coincidió en señalar el ponente, con los dos panelistas que intervinieron en la sesión: Milagros Dones, profesora titular de Economía Aplicada de la Universidad Autónoma de Madrid; y Víctor Gonzalo, socio en Economica Consortia SRL.

Doménech explicó que “la productividad es clave”, aprovechando la revolución digital, ante “el objetivo de España de retomar la senda de la convergencia”.

“Productividad, innovación y competitividad” añadió son fundamentales para “reducir la tasa de desempleo sin incurrir en los desequilibrios anteriores, en una economía mundial más globalizada y sometida a una revolución tecnológica y digital sin precedentes, que afronta el reto de la sostenibilidad medioambiental y social”.

Para lograrlo expuso varios retos pendientes. Uno de ellos, es conseguir “un  mercado de trabajo más eficiente y equitativo”. El actual no lo es suficientemente, debido, entre otros factores, a que “las regulaciones, condiciones, barreras y cargas de la economía española no se adaptan a la capacidad productiva de muchas de sus empresas y  trabajadores”. Señaló que la reforma laboral de 2021 “ha dado certidumbre pero ha sido poco ambiciosa”, y que son precisas nuevas mejoras porque “las tasas de desempleo de larga duración de España son de las más altas de Europa”.

“La excesiva atomización del tejido productivo en España explica hasta un 75% de la brecha de productividad con Alemania”

Otro reto es “aumentar el tamaño medio de las empresas”, dado que hay “una clara correlación entre productividad y tamaño”. Indicó que “la excesiva atomización del tejido productivo en España explica hasta un 75% de la brecha de productividad con Alemania”.

Este menor tamaño de las empresas “explica la brecha en innovación, otro de los grandes retos de la economía: las actividades de I+D se concentran en medianas y grandes”.

Entre las políticas para mejorar la productividad, el ponente incidió en varios frentes. En el mercado de trabajo, la necesidad de mejores regulaciones y mayor flexibilidad; y mejor capital humano y de las competencias digitales. En el mercado de capitales, mejor financiación, información financiera y valoración del riesgo; apoyo para la internacionalización de las pymes; e  incentivos para fusiones, adquisiciones y acuerdos para aprovechar economías de escala. En innovación, políticas para impulsar transferencia de conocimientos y tecnología a pymes; y transformación digital de las empresas.

Recordó Doménech que España cuenta con “una gran oportunidad con los fondos Next Generation de la Unión Europea”, si bien “sus efectos económicos dependerán de cuándo, cómo y en qué se inviertan las ayudas”.

“La guerra de Ucrania, y sobre todo la incertidumbre que genera”, condiciona, no obstante, el futuro de la economía, añadió. Sus primeros efectos “la subida de los precios de las materias primas” implican “un fuerte choque de oferta en un contexto de presiones inflacionistas ya elevadas”.

Milagros Donés.

La profesora Milagros Dones, por su parte, indicó que la innovación es importante, pero que depende de los factores de productividad. “Hay que hablar de especialización productiva, para conseguir competitividad”; y puntualizó que esto “significa  vender bien, no más barato”.

Milagros Dones: La economía española “está dominada por pymes cuando no por micro pymes”

“La productividad no va a tener una respuesta inmediata” porque la economía española “está dominada por pymes cuando no por las micro pymes”. Dones se preguntó si sectores que forman parte de la cadena de valor, como el transporte o la distribución, van a tener acceso a financiación de los fondos Next Generation.

Recordó que “las pymes están a años luz en transferencia tecnológica, por ejemplo”, y que las grandes corporaciones no son las más representativas, porque “la suma de lo pequeño en la economía española pesa mucho”.

Víctor Gonzalo.

Finalmente intervino Víctor Gonzalo, señalando tres grandes obstáculos para el crecimiento económico. El primero es la crisis de Ucrania, que acaba con “los réditos de la paz, que durante décadas de seguridad han supuesto una extensión planetaria de la capacidad financiera, permitiendo a todas las sociedades beneficiarse de tasas de crecimiento anteriormente desconocidas”.

Víctor Gonzalo: «Destinar dinero al sistema educativo es una de las inversiones con mayor rendimiento que podríamos imaginar”

El segundo, la dinámica demográfica de España, que calificó de “terrible” para la economía, con una población envejecida que “ve reducirse el colectivo en edad de trabajar en un porcentaje significativo”. Todo ello requiere políticas y reformas, aunque serán “limitadas y limitantes”. Indicó que España “necesita inmigrantes”, pero con competencias para incorporarse a una economía desarrollada. Será necesario ”apostar por la inmigración” a ser posible de ”alta cualificación”. Recordó que la economía danesa o norteamericana se han beneficiado de la atracción de alumnos de calidad hacia su sistema educativo. Lo cual requiere destinar dinero a este fin, pero esta es “una de las inversiones con mayor rendimiento que podríamos imaginar”.

El tercer obstáculo es “la calidad de las instituciones públicas y privadas”. Gonzalo mencionó, entre otros aspectos, “el ritmo de las reformas, la relación de las empresas con las administraciones”, y “el papel de los supervisores”, advirtiendo que “su calidad está bajo cuestión”.

Los hábitos humanos: del automatismo a la creatividad

En nuestro día a día, muchas de las conductas que llevamos a cabo son habituales. Como explica Wendy Wood, psicóloga de la Universidad de Southern California, los hábitos ocupan algo más del cuarenta por ciento de nuestra vida diaria. No resulta difícil de creer: siempre estamos hablando de que deberíamos hacer más ejercicio físico, dejar de fumar, o tener una dieta más sana. Somos ‘criaturas de hábitos’, como defiende Scott J. Danes.

Por ser un rasgo con gran presencia en nuestro comportamiento, nos cuesta trazar una línea clara que distinga al hábito de otros tipos de conducta

El problema surge cuando queremos explicar qué es un hábito. Precisamente por ser un rasgo con gran presencia en nuestro comportamiento, nos cuesta trazar una línea clara que lo distinga de otros tipos de conducta. El ciudadano de a pie puede vivir con ello, pero resulta intolerable para el investigador: el objeto de estudio debe ser definido con claridad y ser distinguido de términos similares.

Desde los años ochenta del siglo XX, la psicología experimental comenzó a interesarse por el hábito, gracias sobre todo a las investigaciones de Anthony Dickinson, de la Universidad de Cambridge. Partiendo de sus experimentos en roedores, este psicólogo estableció la dicotomía entre acciones dirigidas a un fin –o acciones propiamente dichas– y hábitos –simples respuestas a estímulos–. Los segundos han quedado etiquetados como pautas fijas del comportamiento, automáticas, que escapan al control consciente y que, por lo tanto, no están dirigidas a la consecución de un fin. Las primeras, como es lógico, tienen las características opuestas: son flexibles, conscientes, reflexivas y permiten orientar la conducta a un objetivo.

¿Cómo eran los experimentos que permitieron alcanzar estas conclusiones? De modo sintético, se enseñaba al animal a apretar una palanca cuando quisiera agua. Esto sería una acción dirigida a un fin: el animal tiene sed, quiere agua, y aprieta la palanca. Sin embargo, cuando el animal, como consecuencia de haber apretado la palanca cientos de veces, lo seguía haciendo aunque ya estuviera saciado, o incluso aunque bebiera algo nocivo, estaba desplegando una conducta habitual: había adquirido un automatismo o hábito.

En décadas posteriores, hasta nuestros días, este concepto de hábito se ha trasladado a la investigación neurocientífica en seres humanos; así, los ejemplos paradigmáticos de hábito son las adicciones –en las que la persona afectada consume la sustancia o el producto aun en contra de su voluntad–; las compulsiones –conductas repetidas ajenas a un fin–; o los deslices en las acciones –empleando un ejemplo ‘clásico’: cuando sacamos el móvil para ver la hora, pero terminamos leyendo nuestros mensajes sin llegar a mirar el reloj en la pantalla–. Este ejercicio de ‘operacionalización’, como se denomina en la jerga de la psicología experimental la simplificación de un concepto para poderlo estudiar empíricamente, es loable y ha contribuido a conocer mejor los hábitos.

Sin embargo, es insuficiente para el ser humano.

Es innegable que ciertas conductas que llevamos a cabo son rutinarias, automáticas, inconscientes y no dirigidas a un fin, como los ejemplos mencionados más arriba, y muchos otros que no tienen que ver con lo patológico. Sin embargo, también es evidente que somos capaces de realizar conductas habituales que, correctamente adquiridas, ayudan a que alcancemos los fines que nos proponemos y flexibilizan nuestra conducta. Los defensores del hábito como automatismo o rutina suelen poner como ejemplo la conducción de un vehículo, aduciendo que, si uno está habituado a conducir en España, al viajar a Reino Unido esos automatismos no le servirán, y tendrá que aprender a conducir por la izquierda. Sin embargo, esto es falso: si bien llevar un coche ‘por el otro lado’ supone una readaptación técnica, las habilidades aprendidas permiten flexibilizar la conducta según la nueva situación y llevar el vehículo sin problema. No es necesario volver a aprender a conducir.

Poco a poco, los automatismos adquiridos se irán transformando en una actuación flexible y emotiva, que podrá incluso alcanzar la cumbre de la interpretación musical: la improvisación

La flexibilidad conductual que permiten los hábitos humanos va aún más allá, algo que se aprecia con claridad en la interpretación musical. Pongamos por caso una persona que empieza a tocar el piano: en primer lugar empezará a aprender rutinas, escalas, tocando cada nota con uno de los dedos para adquirir ciertos automatismos motores. Sin embargo, estos se irán volviendo cada vez más complejos, y será imprescindible que el pianista novel entienda la dinámica interna de la música –por ejemplo, las tonalidades– para enriquecer su interpretación. Poco a poco, los automatismos adquiridos se irán transformando en una actuación flexible y emotiva, que podrá incluso alcanzar la cumbre de la interpretación musical: la improvisación. Los hábitos bien adquiridos, así, son un aprendizaje que pueden llevar a la creatividad. En contraposición a las conclusiones de las investigaciones con animales, el hábito puede estar orientado a un fin; más aún, ayuda a conseguir fines cada vez más complejos: interpretar escalas, canciones complejas, e incluso crearlas sobre la marcha.

Nuestro proyecto de investigación “Los hábitos del ser humano: enriquecimiento cognitivo, flexibilidad y creatividad”, financiado por la Fundación Ciudadanía y Valores (FUNCIVA), tiene como objetivo esclarecer la relación entre estos rasgos de la conducta humana. Sin duda, el hábito del animal es un automatismo, pero en el ser humano puede llegar a ser la base del proceso creativo.

(El autor es investigador principal del proyecto: “Los hábitos del ser humano: enriquecimiento cognitivo, flexibilidad y creatividad”, financiado por FUNCIVA)

China y América Latina: Diplomacia, Comercio y Geopolítica

Álvaro Méndez es codirector de la Unidad Sur Global en London School of Economics (LSE), profesor en la Universidad de Fundan e investigador en ESIC University.

Francisco Javier Forcadell es catedrático en la Universidad Rey Juan Carlos e investigador en ESIC University.


AVANCE

La importancia de la República Popular China (RPC) en América Latina y el Caribe (ALC) resulta cada vez más palpable y evidente entre políticos, académicos, empresarios y la sociedad civil de los diferentes países latinoamericanos. En apenas siete décadas desde su creación en 1949, la RPC se ha convertido en uno de los actores con más influencia económica y política en todo el continente. Esta importancia se ha manifestado particularmente desde el 2001, cuando la RPC se convirtió en miembro de la Organización Mundial del Comercio (OMC). Según las últimas cifras del Banco Mundial, el volumen total delcomercio entre China y ALC es ahora al menos veinte veces mayor que en 2001. Sin embargo, ALC debería considerar diversificar sus vínculos exteriores con otros países en el Sur global en Asia y África.


ARTÍCULO

La RPC es ahora el principal socio comercial de varios países de ALC, incluido Brasil, la mayor economía de la región. A principios del siglo XXI, el interés de la RPC en ALC fue impulsado primero por su sed de recursos naturales y después por su obsesión por la unidad nacional, fomentada al despojar a Taiwán del reconocimiento internacional.

Desde 2020, estos motivos se vieron aumentados por un tercero: la competencia geopolítica con los Estados Unidos. Los países de ALC tienen sus propias razones para acercarse a la RPC (o Taiwán): su interés económico en el desarrollo y su interés político en las relaciones con aliados alternativos a los Estados Unidos, con su accidentada historia. La política exterior china puede estar impulsada en la actualidad principalmente por motivos económicos, diplomáticos y culturales, pero no se puede descartar la geopolítica como un motivo en una región históricamente considerada el patio trasero de Washington. Esto no significa que la RPC tenga un “plan secreto” para “tomar el control” de ALC. Más bien que, como gran potencia emergente en la política mundial, Beijing ve a ALC como un terreno fértil para consolidar su propia importancia estratégica y para que su Política de Una sola China sea reconocida en todo el mundo. Este capítulo ilustra la importancia de China para ALC a través de tres áreas importantes en la relación entre Beijing y ALC: (1) historia diplomática; (2) comercio e inversión; y (3) geopolítica.

Historia diplomática: cultura y reconocimiento

Inmediatamente tras la creación de la RPC en 1949, ALC no estaba en el radar de los responsables políticos en Beijing. En ese momento, China pensó que ALC estaba demasiado lejos geográficamente y demasiado cerca políticamente de los EEUU como para considerar que tenía una importancia significativa. Sin embargo, en octubre de 1952, ALC tuvo un primer encuentro con la RPC, cuando 12 países de la región, incluidos Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Panamá y Perú enviaron un total de 110 delegados para asistir a la Conferencia de paz de Asia y la Región del Pacífico en Beijing. Ninguno de estos países había reconocido diplomáticamente a la RPC, pero estaban ansiosos por aprender más sobre China, particularmente porque era una generosa invitación de Beijing.

Los volúmenes de comercio bilateral con la mayoría de los países de la región han aumentado de manera constante hasta alcanzar un elevado

La Conferencia de 1952 es un ejemplo temprano de la diplomacia cultural de la RPC para promover su agenda e ideas. En 1954, la RPC creó la Asociación de Amistad del Pueblo Chino con el Extranjero (CPAFFC), una organización supuestamente no oficial para fomentar las relaciones exteriores y servir como enlace en las relaciones de amistad entre el pueblo chino y el mundo (principalmente el Sur Global). Seis años tras su creación, la CPAFFC patrocinó la inauguración de la Asociación de Amistad China-América Latina y el Caribe (AACHILAC) el 6 de marzo de 1960. En esta coyuntura, ningún país de ALC reconoció diplomáticamente a la RPC, situación que cambiaría el 28 de septiembre de 1960, cuando Cuba se convirtió en el primer país de la región en reconocer diplomáticamente a Beijing.

Los años posteriores asistieron a la fundación de centros en casi todos los países de ALC, y estas Asociaciones de Amistad desempeñaron un papel importante en el impulso del interés del sector público y privado hacia Beijing. Éste no fue el único factor, sin duda, pero sí fundamental en el logro diplomático de Beijing en cuanto al reconocimiento por parte de muchos países de la región. En Chile, por ejemplo, se desarrollaron estrechos vínculos a través de centros como el Instituto Chileno Chino de Cultura fundado en 1952, tras una visita patrocinada por el poeta chileno Pablo Neruda, a la cual siguió la de varios visitantes ilustres de Chile, en particular Salvador Allende en 1954, que fueron clave para mantener los vínculos no oficiales entre la RPC y Chile hasta el establecimiento oficial de relaciones diplomáticas en 1970.

Durante esos primeros años, la relación de China con ALC se centró en reunir apoyo para expulsar a Taiwán de la ONU, a fin de ocupar su escaño en la Asamblea General. Esto se hizo realidad el 25 de octubre de 1971, cuando 76 países votaron por Beijing, con sólo 35 apoyando a Taiwán. Diecisiete países se abstuvieron y tres estuvieron ausentes. Esta histórica resolución de la ONU consagró la Política de Una sola China, de manera que se restauraron todos los derechos de la RPC y se reconoció a los representantes de su gobierno como los únicos representantes legítimos de China ante la ONU. ALC no inclinó la balanza en esta contienda, pero representó un bloque de votación importante tras una ofensiva diplomática importante por parte de Beijing en los años sesenta (ver Tabla 1).

El escaño de China en la ONU se convirtió en un catalizador importante para que los países de ALC reconocieran a la RPC como la única China. Cuando los Estados Unidos establecieron relaciones diplomáticas oficiales con Beijing, 12 países de ALC ya lo habían hecho. Al momento de escribir este artículo, un total de 25 de los 33 países en ALC reconocen diplomáticamente la RPC (ver Tabla 2).

Comercio e inversiones y financiación del desarrollo

No se puede hacer un análisis de la importancia de China en ALC sin mencionar el papel fundamental que tiene la región para Beijing en el intercambio comercial, las inversiones, y la financiación del desarrollo. La creciente importancia de las relaciones económicas entre China y ALC es patente, tanto en términos cuantitativos como cualitativos. Los volúmenes de comercio bilateral con la mayoría de los países de la región han aumentado de manera constante hasta alcanzar un elevado volumen en la actualidad.

En términos comerciales, la adhesión de China a la Organización Mundial del Comercio (OMC) en 2001 se convirtió en el catalizador de la expansión comercial de la RPC en ALC. Según datos del Banco Mundial, el volumen total del comercio bilateral entre China y América Latina se disparó desde los 16.000 millones de dólares estadounidenses en 2001 a los 308.000 millones de dólares en 2019 (ver Figura 1). China cuenta con tratados de libre comercio (TLC) con tres países de la región (Chile, Perú y Costa Rica). Actualmente es el socio comercial más importante de un buen número de países de la región, entre ellos Brasil, Chile, Perú y Uruguay, lo que le convierte en el segundo mayor socio comercial de toda la región ALC (el primero es EEUU).

La inversión extranjera directa (IED) de China en ALC es mucho más difícil de estimar, puesto que los movimientos de inversión de Beijing son bastante opacos. Independientemente de la cantidad, el IFD ha ejercido un impacto significativo en varios proyectos de infraestructura en la región. La IED china en ALC puede parecer insignificante al lado de las entradas de otras grandes potencias económicas, y rara vez supera el 2% del total. En 2018 fue del 1,6%, en comparación con el 50% de la UE y el 22% de los EEUU. Incluso esta modesta participación se ha logrado sólo desde 2010. Anteriormente, China había invertido menos de 400 millones de dólares al año. Esta cifra se disparó a los 3 mil millones de dólares en 2011, pero se ha reducido profundamente en los últimos años. La disminución está en línea con la trayectoria descendente de la inversión saliente global de China desde 2016 (ver Figura 2). No obstante, el futuro de la IED china en ALC constituye una incógnita.

En términos de financiación para el desarrollo, China ha proporcionado miles de millones de dólares para financiar la construcción de infraestructura en ALC a través de sus bancos estatales, tales como el Banco de Desarrollo de China (CDB) o el Eximbank de China. Sin embargo, los fondos proporcionados por estos bancos se han utilizado primariamente en proyectos enfocados en la extracción de recursos naturales y no en mejorar las infraestructuras de la región, la cual necesita de más inversión. Las cantidades proporcionadas por estos bancos estatales de China también se redujeron drásticamente en los últimos años. En 2019, las cantidades prestadas a la región fueron las más bajas en una década (sólo 1.100 millones de dólares). Como nota positiva, la RPC ha alentado a los países de la región a unirse a sus propios bancos multilaterales de desarrollo (BMD), que podrían proporcionar fondos muy necesarios para proyectos de infraestructura sostenible. Primero, el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (BAII o AIIB en inglés) en Beijing, que incluye a los miembros de ALC Argentina, Brasil, Chile, Ecuador y Uruguay.

En 2020, el BAII fue la única institución financiera de China que proporcionó fondos para ALC. En concreto, esta financiación tomó la forma de un préstamo a Ecuador para proporcionar liquidez a las empresas locales con el fin de fomentar el comercio entre Asia y Ecuador durante la COVID-19. En segundo lugar, se instrumentalizó a través del Nuevo Banco de Desarrollo (NBD o NDB en inglés) que incluye a los miembros de ALC Brasil y Uruguay. Como miembro fundador, Brasil ya cuenta con numerosos proyectos financiados por el NBD. Uruguay también podría beneficiarse de los fondos proporcionados por el NBD en un futuro próximo, una vez que se convierta en miembro de pleno derecho; se convirtió en miembro prospectivo en septiembre de 2021.

Geopolítica

Existen una serie de cuestiones geopolíticas que merecen atención en la relación de la RPC con ALC, las cuales tienen un importante impacto en la competencia existente entre la RPC y los EEUU. Dos elementos toman particular importancia para explicar este importante impacto: (1) la presencia de Taiwán en ALC; y (2) el avance de la Iniciativa de la Franja y la Ruta (IFR) en la región.

Respecto a la presencia de Taiwán en ALC, tal y como se mencionó anteriormente, la RPC sólo tiene vínculos diplomáticos con 25 de los 33 países en ALC, mientras que los otros ocho países de ALC se adhieren a Taipéi, conexión que en la mayoría de los casos se remonta a la década de 1940. Abarcando a más de la mitad de los aliados diplomáticos de Taipéi a nivel mundial, la conexión ALC-Taiwán sigue siendo importante para ambas partes. Es probable que muchos de los ocho países restantes de ALC que reconocen a Taipéi trasladen su apoyo a Beijing en un futuro cercano, aunque resulta incierto qué país en particular cambiaría sus relaciones diplomáticas (ver Tabla 3). Las relaciones diplomáticas no cambian de Taiwán a China sin más; Beijing debe dar el visto bueno primero. Tal y como un expresidente de la República Dominicana confirmó a los autores en una entrevista de investigación en 2014, el cambio sólo ocurre una vez que Beijing esté de acuerdo. Esta circunstancia la explicó específicamente: “Habíamos estado tratando de cambiar de Taiwán a RPC durante años, pero Beijing no nos había dado su consentimiento. Es como intentar entrar en la discoteca de moda: puedes hacer cola durante mucho tiempo, pero sólo entras cuando el portero te deja entrar”. La República Dominicana finalmente atravesó el umbral en 2018, tras años de arduo trabajo por parte de varios funcionarios diplomáticos de la República Dominicana.

El arduo trabajo de estos funcionarios dominicanos y otros de ALC atestigua en general la capacidad de persuasión y la eventual eficacia de la agencia latinoamericana en las relaciones internacionales. Sin embargo, la agencia no es suficiente cuando se trata de China, porque es demasiado grande y dinámica como para que se le pueda imponer, de manera que China decidirá cuáles son las circunstancias apropiadas y el momento óptimo para que se produzca un cambio fundamental en una determinada relación bilateral. El agónico condominio geopolítico Beijing-Táipei en ALC continuará mientras algunos países de la región no se adhieran a la Política de Una China. Lo cierto es que muchos países de ALC quieren cambiar, como atestigua una conversación informal que los autores sostuvieron con un exministro de relaciones exteriores de Paraguay, el único país del continente sudamericano que mantiene vínculos con Táipéi: «¿Por qué deberíamos seguir recibiendo millones de Taiwán cuando podemos obtener miles de millones de Beijing?»

La Iniciativa de la Franja y la Ruta (IFR o BRI en inglés) es el segundo tema de importancia geopolítica para China y América Latina. La IFR es el “plan de prosperidad conjunta” impulsado por el presidente Xi Jinping. Esta ambiciosa iniciativa, lanzada en 2003 dentro de su “diplomacia para el desarrollo”, consta de dos ramificaciones, una ruta terrestre y una ruta marítima. La IFR se articula a través de una red de transporte que atraviesa Eurasia por tierra y el Océano Índico por mar y se espera que conecte RPC con Asia Central y Europa, ramificándose a destinos intermedios (incluido ALC). Este ambicioso proyecto intenta restablecer la legendaria Ruta de la Seda con la intención de conectar todas las regiones en torno a China. Si tiene éxito, a muy largo plazo, Europa, con toda su riqueza cultural, histórica y económica y su creatividad, se reorientará gradualmente hacia China, alejándose de su alianza del Atlántico Norte con los EEUU.

Los dirigentes de los diferentes países de la región deberían considerar una estrategia exterior que no ponga todos los «huevos en la misma cesta»

Washington cree que la IFR presenta riesgos significativos para los intereses económicos, políticos, de cambio climático, de seguridad y de salud para los Estados Unidos. La decisión de Beijing de llevar la IFR a ALC ha hecho que la amenaza sea más real para los EEUU. Tiene el potencial de desplazar a las empresas estadounidenses de los países IFR, establecer estándares técnicos que sean incompatibles con los productos estadounidenses, empujar a los países a alinearse políticamente con China y presionar a los países para que retengan el acceso a las fuerzas de Washington durante una posible crisis. En la actualidad, un total de 20 países de ALC han respaldado el IFR y el número sigue creciendo (ver Tabla 4).

Beijing percibe a América Latina como un terreno fértil, dado que China históricamente no tiene «trapos sucios» a la vista, a diferencia de los EEUU, que habitualmente han descuidado la región, a pesar de la proximidad a su patio trasero. Beijing sólo necesita hacerlo ligeramente mejor que EEUU para aprovechar políticamente su creciente influencia. El arte de China de gobernar económicamente en la región no sólo está abriendo los mercados de ALC a una mayor penetración comercial china, sino que simultáneamente está expandiendo su influencia política en esta parte del Sur Global. La gran estrategia de China plantea a otras naciones una opción entre una prosperidad internacional conjunta liberal y una competencia realista de suma cero. Este audaz enfoque se basa en el poder relacional entre los estados de ALC para poner a China al frente de lo que se perfila como una gran coalición del Sur Global que desafía colectivamente la hegemonía estadounidense. La importancia para China de su relación con ALC se puso de manifiesto en 2013, cuando el presidente Xi Jinping confirmó el compromiso de China con la región al inaugurar su presidencia con visitas de estado a Trinidad y Tobago, Costa Rica y México. Sólo después de estas visitas se dirigió a los Estados Unidos al final del viaje. Muchos observadores interpretaron esto como un desaire o al menos un cambio en sus prioridades. En esta gira, el presidente chino se reunió con al menos 20 jefes de estado latinoamericanos. Más recientemente, viajó a Brasil en 2019, su quinta visita a la región. Tras 9 años en el cargo, Xi ya ha visitado 13 países de ALC, más que el presidente Obama, Trump y Biden juntos en 13 años (ver Tabla 5).

Conclusión

Una cuestión final de especial relevancia resulta evidente. China claramente tiene una estrategia latinoamericana, pero al contrario, América Latina no la tiene. De hecho, América Latina está retrocediendo y reduciendo su papel, una vez más, a ser una mera productora de materias primas para el mundo. Si bien se acepta que China ha tenido un efecto importante en los altos niveles de desindustrialización de la región, la culpa no es sólo de Beijing. Los líderes latinoamericanos deben considerar que la ausencia de una estrategia clara en relación con su cambio generalizado hacia una mayor dependencia de la producción primaria, es decir, una vuelta a la preponderancia del sector primario, redunda en su mero beneficio político propio a corto plazo, sin considerar las desastrosas consecuencias que puede suponer en el largo plazo.

A pesar de que la relación de ALC con China ha supuesto prosperidad y beneficios en las últimas décadas, los dirigentes de los diferentes países de la región deberían considerar una estrategia exterior que no ponga todos los “huevos en la misma cesta”. Esto ha llevado en el pasado a una dependencia excesiva tanto de EEUU como de Europa, lo que ha acarreado consecuencias no del todo positivas para la región, lo que podría repetirse fácilmente con China una vez que el entusiasmo inicial se diluya. Por esta razón, ALC debería considerar una estrategia exterior que diversifique sus vínculos exteriores con los poderes del pasado, pero que también forje nuevos vínculos con otros países en el Sur global en Asia y África ¡No todos los caminos conducen a Beijing!

El programa de florecimiento de Harvard

En sus inicios, el programa (Human Flourishing Program) estaba formado por su director, Tyler VanderWeele, profesor de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard, el filósofo Jeff Hanson y un estudiante de posdoctorado. Hoy, cinco años después, cuenta con más de doce investigadores a tiempo completo de distintos ámbitos, y tiene una misión con un carácter doble que no ha cambiado desde sus inicios: el primero es estudiar y promover la prosperidad humana. Y el segundo objetivo es la interdisciplinaridad intencionada.

Los investigadores del programa son de disciplinas diferentes. Flynn Cratty, su director asociado, por ejemplo, es historiador, pero otros provienen de las ciencias sociales, psicología, salud pública, etc. Esa índole interdisciplinar es una parte muy importante de la investigación y sus objetivos.

IMPORTANCIA DE LA INTERDISCIPLINARIDAD

En los años 50 el científico británico C.P. Snow se percató de que hay dos culturas que se desarrollan en la vida intelectual británica, que no se solapan ni se entienden entre sí: la cultura científica y la de las humanidades. Él era muy crítico con las humanidades, y observó que cuando a muchos académicos de la literatura se les preguntaba cuál era la segunda ley de la teoría de la termodinámica nadie le podía contestar. En la experiencia del programa, en el ámbito de las ciencias sociales en muchas ocasiones se tienen dificultades a la hora de lidiar con la condición humana en toda su complejidad, mientras que en las humanidades se tienen problemas a la hora de hablar de tendencias contemporáneas y aplicarlas al mundo.

Por eso, es muy importante combinar las perspectivas de ambas disciplinas. Estas dos culturas no deberían competir entre sí, ya que unidas serían capaces de ayudarse, la una a la otra, para no cometer errores. En Harvard intentan crear puentes entre las dos ramas. Animan a los profesores y a los estudiantes a aprender los unos de los otros.

En términos generales el florecimiento es «fundamentalmente un estado en el cual todo en la vida de una persona, o al menos las cosas más importantes en la vida de un ser humano, funcionan bien»

Pero volviendo al primer objetivo: promover la prosperidad, el florecimiento. ¿Qué queremos decir con florecer? En su esencia, es lo que las civilizaciones humanas han buscado desde el principio de los tiempos. Se pueden utilizar diferentes palabras. En la tradición hebrea es shalom; en la griega, eudaimonia. En términos generales el florecimiento es «fundamentalmente un estado en el cual todo en la vida de una persona, o al menos las cosas más importantes en la vida de un ser humano, funcionan bien».

El director del programa, VanderWeele, propuso una serie de dimensiones a partir de esta definición: «Florecer, independientemente de cómo lo pensemos, requiere por lo menos que nos vaya bien en cinco aspectos de nuestra vida: felicidad y satisfacción vital; salud mental y física; tener un propósito en la vida; carácter y virtud; y relaciones sociales cercanas».

Nadie se opone a la salud física o a la felicidad como una dimensión del florecimiento. No es algo controvertido. Pero hay un elemento que en esa lista causa la mayor objeción en determinados ámbitos: es la virtud y el carácter. Y sin embargo si preguntáramos ¿se puede considerar floreciente una vida construida sobre la injusticia?… ¿es una vida que queremos imitar? Probablemente diríamos que no, que nos hace falta esta dimensión de virtud si queremos hablar de florecer y prosperar en su sentido más pleno. Si leemos las tradiciones clásicas sobre la sabiduría, la virtud se percibe como la más importante, quizás como el único elemento que merece la pena de esta lista que acabamos de mencionar.

Lo expresa el salmo 1, del Antiguo Testamento: «Dichoso el hombre que no anduvo en consejo de impíos (…) Será como un árbol plantado al borde de la acequia que da fruto a su tiempo, y cuanto emprende tiene buen fin». Ese hombre del Salmo 1 llega a florecer a través de la meditación de la Torá, de la consideración de la tradición que imparte sabiduría. Esa reflexión le permite encontrar una vida duradera y compartirla. Es ese amor a la sabiduría que tantas veces se elogia en la Biblia hebrea y en otras tradiciones culturales, y es en este amor en donde hallamos la virtud.

El objetivo del Human Flourishing Program es, precisamente, «ayudar a los miembros de la comunidad de Harvard a comprometerse con la mejor tradición humana y aprender a vivir vidas llenas de virtud, significado y verdad». Y se hace dentro de las ciencias sociales, pero no es un departamento académico, es decir, no ofrece asignaturas troncales ni contribuye a la organización de la universidad, sino que tiene asignaturas en diferentes departamentos académicos.

Lo que está diciendo Séneca es que las artes liberales, el estudio de los grandes textos, nos está dando el vocabulario moral que nos permite razonar de forma ética

Recurre al legado de tradiciones filosóficas, literarias y científicas. Esto incluye algunas de la Antigüedad, pero también otras más modernas, como pueden ser las investigaciones más recientes de las ciencias sociales, que son algunos de los puntos del programa.

En uno de sus textos, Séneca da una clave del florecimiento: «Hay pensadores que juzgan que deberíamos preguntar a las artes liberales qué hace un hombre bueno […] ¿Nos ofrecen las artes liberales alguna ventaja? Muchas para otros propósitos, pero ninguna para la virtud. Entonces, ¿por qué debemos educar a nuestros hijos en las artes liberales? Porque estas artes no dan virtud, pero sí preparan a la mente para aceptar la virtud».

Lo que está diciendo Séneca es que las artes liberales, el estudio de los grandes textos, nos está dando el vocabulario moral que nos permite razonar de forma ética, reflexionar sobre nuestras vidas, sobre nuestra historia. Es un tipo de estudio que es necesario, pero no es suficiente para el crecimiento en la virtud. Séneca tiene buenas razones para pensar sobre el fracaso de la formación liberal, porque él fue el profesor de Nerón, que hizo quemar la ciudad de Roma, mató a su madre y ordenó a Séneca que se suicidase.

¿Dónde nos lleva esto? Si volvemos al Salmo 1, recordamos que no solo necesitamos instrucción en la virtud, sino que también es necesario aprender a amar la sabiduría. Esto no es exclusivamente una misión de las universidades, ni siquiera es la principal. Todas las instituciones humanas que nos dan forma, nuestras familias, vecinos, colegas de trabajo o incluso equipos deportivos tienen un papel importante. Por esa razón, el programa de Harvard quiere interactuar con los alumnos; y ha pensado cuidadosamente las actividades y cómo encajan en esta misión. Ese trabajo lo lleva a cabo a través de una serie de actuaciones: investigación publicada, eventos públicos, clases con créditos, grupos pequeños, grupos de lectura y tutorización individual.

Están organizadas de una forma especial; las primeras tienen un mayor alcance, ya que una publicación exitosa gracias a herramientas como internet puede llegar mucho más lejos que antes. La investigación gracias a estos instrumentos ha sido publicada en The New York Times, que tiene un alcance potencial de millones de personas. Pero siendo realistas, muy pocas personas experimentan un cambio profundo por la lectura de un artículo. Las últimas actividades de la lista (grupos pequeños, grupos de lectura y la tutorización individual) tienen un alcance menor pero potencialmente un impacto mucho más profundo a nivel individual. Si pensamos en los acontecimientos que nos han influido, pensamos en personas concretas que han sido importantes en nuestra vida.

RETOS Y PROBLEMAS

Todo esto suena muy bien pero también hay retos y problemas. Aunque Harvard tiene grandes recursos intelectuales y reconocimiento mundial, la cultura universitaria no siempre promueve la búsqueda de la sabiduría. Las universidades americanas –y Harvard no es una excepción– se han convertido recientemente en monoculturas intelectuales en donde se castiga al disidente. Un artículo publicado recientemente señalaba que las universidades en Norteamérica hacen que los estudiantes sean menos tolerantes hacia opiniones que no sean como la suya. Este trimestre Flynn Cratty leyó con sus alumnos textos que hablan sobre la libertad de expresión y el desacuerdo. Recientemente preguntó a un grupo de ellos si tenían creencias religiosas o políticas que les diese miedo exponer en público. Todos y cada uno de ellos dijeron que sí y que no era la censura de sus profesores la que les preocupaba, sino la de sus compañeros.

Cuando los alumnos terminan la carrera quieren encontrar un trabajo, pero ¿cuál es el riesgo de que los estudiantes estén tan centrados en ese objetivo que no dediquen tiempo a pensar en cuestiones como para qué sirve la educación?

Igual de preocupante es el arribismo o ambición de muchos de los estudiantes y profesores. «Lo que realmente me apasiona es la historia, pero voy a hacer economía» ha llegado a decir algún alumno. Obviamente, cuando los alumnos terminan la carrera quieren encontrar un trabajo, pero ¿cuál es el riesgo de que los estudiantes estén tan centrados en ese objetivo que no dediquen tiempo a pensar en cuestiones como para qué sirve la educación?

Estudiar en Harvard requiere una gran inversión económica por parte de sus familias, muchos años de preparación, y cuando por fin consiguen entrar les preocupa mucho no llegar a donde se habían propuesto. Hay grandes razones para trabajar duro en las clases, ser competitivo y exigente con uno mismo, pero si todo esto se produce a expensas de la sabiduría hay algo que no funciona.

LA IMPORTANCIA DE BUSCAR LA SABIDURÍA

En relación con esto hay otra crisis todavía peor y es el grave problema de la salud mental en los estudiantes universitarios. «Nuestra investigación confirma que nuestros estudiantes tienen cada vez niveles más altos de depresión, ansiedad, soledad y presión», señala un informe publicado el año pasado sobre la salud mental de los alumnos de Harvard.

Además de todo el trabajo que realizan, las actividades extracurriculares no suponen un respiro de sus actividades académicas, sino que son más bien otra fuente de estrés y competitividad. Este mismo problema se reproduce en todas las universidades de élite en EE.UU. Los servicios psicológicos en estas universidades están siempre desbordados.

Lo cual se debe a muchas razones, una de ellas es porque no se les ha enseñado a pensar para qué nos estamos educando. ¿Por qué hay que desarrollarse? ¿Cómo hay que desarrollarse como seres humanos? En definitiva, no se les ha introducido en la importancia de buscar la sabiduría.

(Este artículo resume libremente la ponencia de Flynn Cratty en las jornadas sobre la educación del carácter en la universidad, organizadas por UNIR y por UNAV)

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Conocer qué es lo que conviene saber

Mejorar el carácter en la universidad está relacionado con regular el apetito de saber, es decir, con conocer aquello que conviene saber y realizar el esfuerzo que eso lleva consigo.

Lo contrario de la curiositas es la studiositas que frena el deseo descontrolado de todo conocimiento, y empuja al hombre a conocer lo que le conviene saber

No parece controvertido afirmar que la curiosidad, el conocimiento separado del amor, es uno de los vicios de nuestra época y que uno de sus grandes templos de culto es la Universidad de Harvard. La palabra latina curiositas estaba asociada al vicio. Lo contrario de la curiositas es la studiositas que frena el deseo descontrolado de todo conocimiento, y empuja al hombre a conocer lo que le conviene saber.

Harvard destaca por la investigación y descubrimientos en casi todos los ámbitos del conocimiento y es la universidad que ha producido más Premios Nobel; sin embargo, hay un gran descontento, sobre todo entre el alumnado, que se pregunta constantemente para qué sirven sus talentos y sus esfuerzos.

A pesar de la mejora de la calidad de vida gracias a las revoluciones industrial y científica, la evidencia sugiere que, especialmente en todo el primer mundo, hay una menor satisfacción por la vida, menos sentido del propósito y relaciones menos profundas y duraderas. Todas estas tendencias han ido empeorando progresivamente y se diría que las disrupciones de los últimos años no nos van a ayudar a cambiarlas.

¿A qué se debe? ¿A que el conocimiento por sí solo no sirve? El conocimiento hincha, decía San Pablo, y el amor se va desarrollando progresivamente. Pero se imparte conocimiento a las nuevas generaciones sin tener en cuenta que es necesario ayudarles también a desarrollar aquello que San Agustín identificaba con las virtudes. Desde hace dos siglos hay un experimento educativo, que arraigó en Inglaterra mucho antes que en otros países y lo hizo bajo la influencia de la filosofía utilitarista de Jeremy Bentham, cuyas políticas consistían, por encima de todo, en una educación más amplia, y asignaturas más técnicas y científicas.

En su conjunto, el utilitarismo aspiraba a conquistar no solo al que más sabe o al más letrado, sino a los más curiosos. Los utilitaristas consiguieron llamar la atención de escritores de sátiras brillantes como Charles Dickens en su novela Tiempos difíciles. También encontraron los reproches de los escritores más perspicaces, entre los que destaca John Henry Newman, que fue muy crítico con los problemas de la reforma educativa en Inglaterra. En una de sus primeras intervenciones sobre este tema, se quejaba de que mientras el siglo XVIII se enorgullecía de ser un tiempo de evidencias, realmente era una época en donde había mucha frialdad en el amor.

Una de las primeras críticas de Newman a la idea de  transformación social, a través de la acumulación y divulgación de información, quedó plasmada en su ensayo The Tamworth Reading Room. Este texto es una respuesta a una ponencia del parlamentario Sir Robert Peel, en la inauguración de una biblioteca. Peel sostenía que el conocimiento útil es el gran instrumento de la educación, el padre de la virtud, el que lleva al hombre a su máxima perfección. Y Newman, que no estaba de acuerdo, replicó que «el arte de la vida consiste en el cultivo de la sabiduría» […]. Y añadía: «Si la virtud domina la mente, si es la perfección, el orden interior de armonía y paz debemos buscarlo en lugares más solemnes y sagrados que las bibliotecas y salas de lectura». Según Newman, un tipo de educación que actúa principalmente en la cabeza, pero no da forma al corazón, será inefectivo a la hora de cambiar el razonamiento de una persona, no digamos su vida.

El objetivo de la educación liberal es simplemente la excelencia intelectual, que «es un objeto tan intangible como el cultivo de la virtud, pero al mismo tiempo es completamente diferente»

Newman pronunció nueve conferencias sobre la naturaleza de la educación en la universidad que más tarde fueron publicadas en un libro titulado La idea de la Universidad (1852). En la quinta ponencia, titulada «El conocimiento tiene su propio fin», se plantea […] si la educación es algo útil para los estudiantes. La respuesta de Newman es «no». El objetivo de la educación liberal es simplemente la excelencia intelectual, que «es un objeto tan intangible como el cultivo de la virtud, pero al mismo tiempo es completamente diferente». ¢

(Artículo de Nueva Revista que resume libremente la ponencia de Brendan Case, director asociado del Human Flourishing  Program (Harvard) en las jornadas sobre la educación del carácter en la universidad (UNIR-UNAV)

Educar el carácter en una universidad online

«Internet es ideal para escalar (llegar a mucha gente), y para cuantificar y medir. Ahí reside su genialidad», afirma Edward Brooks. Considera que desarrollar la personalidad es más apropiado dentro de la formación intensiva y a largo plazo, algo que se puede obtener con un mentor. Pero no estima «imposible conseguirlo en la Red». Y añade: «Todos sabemos que las intervenciones online pueden cambiar nuestros hábitos diarios de forma muy notable. A estas alturas está muy claro: hay una serie de plataformas sociales que realmente pueden llegar a alterar nuestra química cerebral. La pregunta es si esas plataformas pueden ser usadas con otra finalidad que la original. Ese es el reto real que hay que considerar».

«Soy optimista sobre las nuevas plataformas. Se les pueden dar usos insospechados y novedosos», continúa Brooks. Afirma que debemos ser «diligentes para buscar todas las posibles nuevas opciones para utilizarlas de una forma sana y significativa». Y pone el ejemplo de Facebook, que «puede cambiar nuestra personalidad, en muchos casos a peor». De forma que «una intervención que pueda cambiar la personalidad de millones de personas a mejor, aunque sea modesta, puede tener grandes efectos. Esta dirección es la que me parece más prometedora».

Hay una parte aún sin explorar de la educación del carácter que «son las intervenciones transmitidas a partir de plataformas online y conectadas ininterrumpidamente con los usuarios…»

Brendan Case, por su parte, señala que «las  universidades online nos ofrecen otros estilos porque una gran parte de nuestra vida ya está en internet», comenzando por «el smartphone». Hay una parte aún sin explorar de la educación del carácter que «son las intervenciones transmitidas a partir de plataformas online y conectadas ininterrumpidamente con los usuarios…» Afirma que «hay muchas posibilidades creadas por estos dispositivos aún por explorar. Estoy muy interesado en saber qué lograrán».

«He tenido tres experiencias hasta ahora sobre internet y la educación del carácter», cuenta Flynn Cratty. La primera en la Universidad de Hong Kong, en la que cien estudiantes se dividieron en dos grupos, uno presencial y otro online. En el primero hubo «buena sensación de dinámica de grupo y de relaciones personales con los mentores»; que «se perdió con los que trabajaron online».

La segunda experiencia fue con el  programa online Leadership and Flourishing. Estaba mejor diseñado y fue «más exitoso en lo que a la relación con los alumnos se refiere. Conseguimos ponentes externos muy atractivos para los alumnos, y nuevos contenidos; y llegamos a un gran número de estudiantes: alrededor de mil quinientos». En la tercera experiencia, durante la cuarentena por el COVID-19, Flynn Cratty dirigió un grupo de sesenta estudiantes online, que es «nuestro número habitual» en la modalidad presencial. Y «conseguimos crear un ambiente similar al presencial» concluye. 

(Texto de Nueva Revista a partir de las reflexiones de los ponentes de las jornadas organizadas por UNIR y por UNAV, sobre el papel de internet en la educación del carácter)

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El auge de las microcredenciales y su impacto en la educación del futuro

La crisis del coronavirus ha provocado un aumento del interés en cursos cortos, principalmente en línea y de coste más bajo que la formación tradicional: las llamadas micro credenciales. Según un estudio de Strada, desde el inicio de la pandemia los estadounidenses han expresado un interés constante en las opciones de educación sin título oficial. Entre abril y agosto de 2020, el 37% de sus encuestados expresó interés en la capacitación en habilidades y el 25% expresó su interés en hacerlo a través de credenciales sin título.

Si bien esta encuesta se centra en los EE.UU., refleja una tendencia más amplia que se ha desarrollado en el sector de la educación superior durante los últimos meses. Y por esta razón, tanto gobiernos como empleadores e instituciones de educación superior están dando pasos para explorar las supuestas oportunidades que ofrece. ¿Cuál es el concepto detrás de micro credencial? ¿Qué necesidad cubre y cuáles son sus supuestos beneficios? ¿Cómo deberían actuar las instituciones, y en particular las universidades, para aprovechar esta tendencia? En este artículo intentamos dar algunas claves sobre estas cuestiones.

Las micro credenciales desarrollan habilidades para todo tipo de profesiones, sobre todo en el campo de las competencias digitales, actualmente tan demandadas por las empresas de todo el mundo

Micro credencial puede significar diferentes cosas según quién lo utilice porque aún no hay una definición estándar reconocida a nivel global. Dicho esto, generalmente se reconoce como micro credencial una cualificación que demuestra el aprendizaje adquirido en una habilidad específica a través de una experiencia formativa breve –nunca superior a dos años–, y en muchos casos online y de coste bajo.

La realidad es que siempre han existido cursos que llevan a una certificación concreta, como pueden ser los ofrecidos desde hace décadas por compañías como Microsoft, IBM u Oracle para profesionales en la industria de la tecnología. Sin embargo, el alcance y número de este tipo de cursos de formación se ha acelerado exponencialmente en los últimos años. Las micro credenciales desarrollan hoy habilidades para todo tipo de profesiones, sobre todo en el campo de las competencias digitales, actualmente tan demandadas por las empresas de todo el mundo. Algunos han sugerido que, en el futuro, un posible empleado podría acumular micro credenciales en lugar de un título universitario. La idea es que esta forma de aprender sería más accesible y proporcionaría una vía de acceso al empleo más rápida, y quizás más específica, que un grado tradicional.

A pesar de su crecimiento, el mundo de las micro credenciales sigue siendo un panorama desordenado y complejo de proveedores, opciones y modelos. Esto se debe, en gran parte, a que este tipo de cursos, al no tener carácter oficial, pueden ser desarrollados y otorgados por cualquier tipo de institución sin necesidad de que tengan naturaleza académica. De hecho, se estima que existen más de un millón de micro credenciales en el mercado y que más de la mitad de ellas son ofrecidas por empresas, asociaciones, plataformas de aprendizaje en línea y todo tipo de instituciones no académicas.

Esta diversidad de tipos, duración y temática complica la regulación o clasificación de las micro credenciales. Actualmente, en la mayoría de los países el marco regulatorio nacional permite la existencia de micro credenciales, pero en muy pocos casos están explícitamente reguladas o mencionadas en la legislación. Por esta razón muchos países, entre ellos los EE.UU., así como la Comisión Europea y la OCDE, están trabajando para adaptar el marco regulatorio e integrar las micro credenciales en las distintas legislaciones.

Reconociendo que no es nada fácil, nos atrevemos a hacer una posible clasificación de la oferta actual. Esta clasificación no es exhaustiva; sirve simplemente para orientar al lector respecto a las alternativas más reconocidas hoy como micro credenciales por el mercado:

– Badges: Cursos breves de entre una y diez horas, principalmente asíncronos y basados en videos y recursos de autoestudio, enfocados a la adquisición de conocimiento sin ninguna evaluación formal del alumno. Ejemplos de esta categoría son LinkedIn Learning, Skillshare, Udemy y OpenClassroom.

Bootcamps: Experiencias inmersivas de entre 3 y 6 meses (500-1.000 horas de estudio), originalmente presenciales pero cada vez más en formato online (como consecuencia del COVID), enfocados en el desarrollo de habilidades especificas (coding, UX, marketing digital, etc.). Ejemplos de este tipo de oferta son General Assemply, Lambda School y Code Academy.

Certificaciones Profesionales: Cursos intensivos (200-1.000 horas) que confieren una licencia o certificación oficial en cuanto está validada por una asociación representativa de las empresas de una determinada industria. Son ejemplos en este apartado CFA, AWS, PMI, etc.

Certificados no-universitarios: Programas no oficiales, principalmente online, ofrecidos por empresas de renombre y reconocidas como líderes en un área y por tanto garantes del aprendizaje conseguido por el alumno. Ejemplos: Google Certificates, Udacity y MOOCs patrocinados por empresas.

LAS CAUSAS DE SU CRECIMIENTO

De alguna manera, el concepto de micro credencial siempre ha existido en el mundo académico. La educación postsecundaria ha estado dominada por programas de larga duración, cada uno con un plan de estudios con contenidos cuidadosamente seleccionados y organizados en módulos más pequeños. Sin embargo, tradicionalmente estos módulos más pequeños (asignaturas, unidades, cursos, clases) no han sido acreditados o reconocidos independientemente de su totalidad, más allá de los créditos que pudieran otorgar.

Como hemos comentado, tanto los proveedores de educación como los grandes empleadores están respaldando cada vez más estas opciones de aprendizaje alternativas. Y a su vez, los gobiernos están construyendo plataformas nacionales y creando incentivos para su reconocimiento. ¿A qué se debe su crecimiento? El auge de las micro credenciales ha surgido principalmente como respuesta a dos tendencias.

La primera es la brecha de habilidades causada por las nuevas tecnologías –la llamada brecha digital. La transformación digital que ha tenido lugar en todas las  industrias ha provocado una necesidad de nuevas habilidades que o bien no están del todo cubiertas por la universidad tradicional o les lleva más tiempo incorporarlas en sus programas. Esta brecha se ha acentuado en los últimos años y ha provocado que las empresas estén considerando cada vez más la contratación de candidatos que han seguido caminos no tradicionales en su formación. Las micro credenciales son uno de varios intentos para cubrir esta brecha entre la oferta de fuerza laboral que sale de la universidad y las habilidades que los empleadores están buscando.

La segunda es la digitalización del propio sector de la educación superior. Ya no basta con obtener un título. La carrera profesional requiere, hoy día, que las personas mejoren sus habilidades continuamente y demuestren no solo  conocimiento sino también la capacidad de hacer. Sin embargo, muchas personas no pueden tomarse el tiempo necesario para asistir a cursos tradicionales –largos y en establecimientos físicos– por lo que buscan nuevas formas de prepararse. Una de esas formas que cubre bien esa necesidad son las micro credenciales.

¿REEMPLAZO DE LA FORMACIÓN TRADICIONAL O COMPLEMENTO?

Con un consenso cada vez creciente respecto a la necesidad de sistemas de educación más flexibles que permitan a las personas mejorar y capacitarse de manera más rápida, las credenciales alternativas se han convertido en el centro de atención. En este entorno han florecido las llamadas plataformas de aprendizaje en línea como Coursera, EdX, Udacity o Emeritus. Estas desarrollan sus programas en colaboración con empresas o universidades.

Un buen ejemplo del primer modelo es Udacity. Así, su programa en marketing digital (cualificado como nano-degree) tiene una duración de tres meses, con una carga de trabajo estimada de diez horas por semana y su contenido está elaborado en colaboración con Google, Facebook, Hootsuite y Hubspot, entre otros.

Otras plataformas como Emeritus han seguido el segundo modelo: desarrollar cursos cortos con universidades de prestigio para hacerlos accesibles a nivel global. Así, ofrecen cursos de distinta duración y alcance de universidades como MIT, Columbia, Wharton, Cambridge, London Business School, y así hasta una lista de más de cincuenta instituciones.

La plataforma Coursera, a su vez, sigue un modelo híbrido. Con más de doscientos socios proveedores de contenido entre universidades y empresas, ofrece cursos desarrollados tanto con empresas y asociaciones como con universidades. Estos cursos se dirigen tanto a particulares, que al completarlos reciben una certificación emitida por Coursera, como a empresas que comparten el acceso a la plataforma con sus empleados.

Las grandes empresas que son referencia en la captación y desarrollo de talento –como Amazon, Google, Cisco, etc.–, contemplan cada vez más las micro credenciales como herramienta para comprobar la adquisición de determinadas competencias

Existe evidencia limitada sobre el valor general que el mercado laboral asigna a las micro credenciales. Sin embargo, está claro que las grandes empresas que son referencia en la captación y desarrollo de talento –como Amazon, Google, Cisco, etc.–, las están contemplando cada vez más como una posible herramienta para comprobar la adquisición de determinadas competencias. Pero la realidad es que están lejos de prescindir del título oficial que haya cursado el candidato; para hacerlo, aún muchas preguntas necesitan respuesta: ¿La mayor atención a las micro credenciales está relacionada principalmente con su formato (digital), o con un cambio genuino en la forma en que reconocemos las habilidades? ¿Qué se puede esperar sobre su impacto a largo plazo en las perspectivas de empleabilidad de las personas? ¿Podrían competir con grados y postgrados tradicionales?

Una tendencia que empieza a coger fuerza es la posibilidad de obtener, a través de micro credenciales, un certificado reconocido por la industria o incluso de carácter oficial. Esto se consigue al acumular un número de micro credenciales en un camino que desemboque en un diploma o grado oficial. Un sector muy avanzado en este tipo de reconocimiento basado en la acumulación de credenciales (stackable credentials) es el sanitario. Por ejemplo, en Estados Unidos ya es posible obtener un diploma universitario (Associate Degree) e incluso un grado universitario (Bachelor’s Degree) como técnico en radiología mediante la obtención de un número de certificados que, seguidos en un orden determinado y al ritmo que decida cada profesional, van proporcionando credenciales que dan como resultado el título oficial.

No hay ninguna razón para pensar que esta práctica de introducir certificaciones reconocidas por la industria en el camino hacia un título oficial vaya a quedar limitada a la industria sociosanitaria. De hecho, existen multitud de ejemplos de universidades que ofrecen títulos universitarios cuyo plan de estudio integra distintas certificaciones (embedded certifications). La  Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) es un ejemplo destacado en esta práctica, lo cual no es sorprendente porque siempre está a la vanguardia en el campo de la educación superior.

Merece la pena destacar alguno de estos casos, tanto en grados como en másteres:

1. El itinerario Impact Learning que se ofrece a los  alumnos centennials de todos los grados de UNIR incluye, en el primer año, un módulo de desarrollo práctico de la competencia creatividad (Laboratorio de Creatividad) que computa como seis créditos oficiales en el plan de estudios de cada grado.

2. El Máster Universitario en Tecnología Educativa y Competencias Digitales incluye un curso en Google For Education que permite obtener uno de los certificados más demandados en el sector educativo.

ESCENARIOS DE FUTURO

El mercado de las micro credenciales está en constante evolución. Aunque no se puede prever el futuro, lo que es casi seguro es que jugarán un papel fundamental en la remodelación del panorama de la educación postsecundaria. La prestigiosa empresa de investigación Holon IQ describe cuatro posibles escenarios para valorar su impacto en la evolución de la industria. Estos escenarios se distinguen por el mayor o menor grado de influencia del gobierno como órgano garante y la mayor o menor aceptación de una oferta formativa desagregada.

En un escenario pesimista para las micro credenciales, las agencias de acreditación, la regulación estatal y los mecanismos de financiación de la educación favorecerán a los programas tradicionales, mientras que las micro credenciales y los cursos cortos permanecerán poco reconocidos y sin estandarización en formato, dando origen a un mercado aún muy confuso y con relativamente poco valor para el estudiante.

Por el contrario, en un escenario muy positivo para las micro credenciales, estos cursos se convierten en la forma más popular de educación postsecundaria, provocando una caída importante en los títulos tradicionales tal y como los conocemos hoy. En este escenario, las micro credenciales consiguen un alto grado de estandarización y se convierten en la base de los principales marcos de cualificación profesional a nivel mundial. Consecuentemente, los gobiernos acaban financiando una multitud de alternativas formativas basadas en este modelo y las universidades pasan a competir en ese mercado con sus propias ofertas.

Seguramente ambos escenarios son extremos. A los autores nos parece que un intermedio es más prudente. Esto implica que, por el lado de la demanda, las micro credenciales se convierten en una herramienta útil para conseguir una  cualificación reconocida en el mercado laboral. En un mercado en el que las empresas cada vez son más exigentes en la búsqueda de talento y, a su vez, quieren comprobar que los candidatos tienen las competencias que demandan, tanto las credenciales acumulables (stackable credentials) como las integradas en los programas oficiales (embedded credentials), pueden ayudar a los alumnos a completar su formación obteniendo las habilidades más demandadas por el mercado laboral, y haciéndolo de una manera rápida y a un coste razonable.

Las universidades pueden y deben jugar un papel central. Es necesario que lideren la definición de formatos de esta nueva tipología para que pueda ser ofertada por distintas instituciones en un mercado competitivo

 Por el lado de la oferta, las universidades pueden y deben jugar un papel central en el desarrollo del mercado de las micro credenciales. Es necesario que lideren la definición de los formatos de esta nueva tipología para que pueda ser ofertada por distintas instituciones en un mercado competitivo, que, a su vez, permita formas de colaboración tanto entre universidades como con empresas y asociaciones del ámbito privado. Este entorno es el que daría garantías de calidad a la propuesta de valor gracias a una evaluación objetiva de la oferta por parte de los alumnos y de los empleadores. A fin de cuentas, son las universidades las que tienen la experiencia no solo de crear programas y cursos, sino también de organizar el mercado en el que estos se ofrecen.

¿Cuál es nuestra predicción? Como es obvio, no tenemos una bola de cristal. Pero creemos en un futuro que los americanos definirían como win-win –o sea, en el cual pueden ganar jugadores de ambos lados–. Pensamos que los títulos universitarios van a seguir teniendo un valor determinante tanto para alumnos como empleadores, pero parece claro que cada vez más serán reforzados –como ya está ocurriendo hoy– con cursos cortos que acreditarán  competencias específicas y que los alumnos podrán realizar a lo largo de su formación universitaria o en su etapa posterior.

Este escenario ofrece una gran oportunidad para las universidades que sepan colaborar con empresas, plataformas y proveedores de formación no reglada para configurar itinerarios de aprendizaje que combinen la calidad y el rigor de los títulos oficiales con las habilidades prácticas que ofrecen los programas cortos y específicos que configuran este mundo, todavía hoy muy ambiguo y complejo, de las micro credenciales. O sea, como no puede ser de otra manera, toca seguir innovando y creando soluciones flexibles y eficientes que mejoren la empleabilidad de las personas y, por tanto, cubran cada vez mejor la demanda de talento de las empresas.

Joaquín Uribarri es miembro de la junta directiva de Proeduca.

Giuseppe Auricchio es director ejecutivo de Proeduca.

Los retos del Oxford Character Project

Quienes iniciaron en 2014 el Oxford Character Project afrontaron una serie de retos en relación con un contexto de cambio y oportunidad, como lo describe Derek Bok, antiguo presidente de la Universidad de Harvard, en su libro Higher expectations, Can colleges teach students what they need to know in the 21st century? (2020). 

Bok destaca tres aspectos de ese contexto: división, desorientación y desconfianza. División, porque aunque el mundo está masivamente conectado, hay gente que se desconecta de esa globalización y se encuentra cada vez más dividida. Un ejemplo es lo que está pasando ahora en el Reino Unido. Desorientación, causada por el delirante ritmo al que se transforma la sociedad. Desconfianza, que se da dentro de una misma comunidad entre individuos. Todo ello tiene su influencia sobre la educación superior.

Pero el contexto actual brinda, a la vez, oportunidades. Las universidades educan a jóvenes en una fase crucial de su desarrollo. Y los profesores tienen una gran oportunidad para generar unas bases sólidas que permitan a los alumnos prosperar en la vida, ayudarles en sus carreras e introducirles en la sociedad.

No cabe duda de que la universidad de Oxford produce pensadores y líderes, pero ¿produce pensadores sabios y buenos líderes?

El primer reto que se plantearon quienes iniciaron el proyecto, al hablar de la educación del carácter, vino al hilo de la siguiente reflexión: No cabe duda de que la universidad de Oxford produce pensadores y líderes, pero ¿produce pensadores sabios y buenos líderes? Por supuesto, este problema no es exclusivo de esa universidad ni del Reino Unido. Ante ese reto, tenían una oportunidad. Y podían hacer dos cosas: investigar y entender qué significa, en la época moderna, educar el carácter, de forma integral, en instituciones como las nuestras; y por otro lado desarrollar programas para ello.

Basándose en investigaciones para entender el carácter, montaron el Global Leadership Challenge (Iniciativa de Liderazgo Global), programa extracurricular de liderazgo y desarrollo del carácter de siete meses para graduados de Oxford. Los estudiantes son seleccionados para ser parte de una comunidad de aprendizaje de 12-14 miembros a través de un proceso de solicitud que busca reunir a un grupo diverso en términos de disciplina académica, género, nacionalidad, raza y compromiso religioso y filosófico. Los 40 estudiantes que participaron en los primeros tres años del programa procedían de 17 países diferentes, y el 55% eran mujeres. Los estudiantes participan además voluntariamente en un estudio que busca determinar la efectividad del programa en el cultivo del carácter para el liderazgo.

Cuando se dice ¿qué es la virtud?, ¿qué es carácter?, ¿podemos confiar en cultivar algo que se llama carácter?, ¿se es consciente de todas las reticencias que nos podemos encontrar?

El segundo reto era el escepticismo, un reto conceptual y práctico al mismo tiempo. Cuando se dice ¿qué es la virtud?, ¿qué es carácter?, ¿podemos confiar en cultivar algo que se llama carácter?, ¿se es consciente de todas las reticencias que nos podemos encontrar? Son muchos los autores, incluso en el campo de la psicología, que se muestran escépticos sobre rasgos consistentes y globales del carácter y no creen que se pueda actuar sobre él. De forma, que quienes iniciaron el proyecto de Oxford optaron por explorar estas cuestiones como una oportunidad de investigación y se pusieron a trabajar en varias direcciones.

Primero, en el desarrollo del carácter en la educación superior. Aquí pensaron en diferentes metodologías prácticas. ¿Cómo se desarrolla el carácter a lo largo del tiempo? En segundo lugar, se pusieron en contacto con otras instituciones que estuviesen llevando a cabo proyectos similares en otras partes del mundo, para hacer de esto una disciplina global. A partir de una conferencia que organizaron en 2017, trabajaron el desarrollo del carácter a través de diferentes disciplinas. Se está llevando a cabo una tarea en la educación del carácter en diferentes lugares, sobre todo en la Universidad de Wake Forest (Carolina del Norte), con un profesor de Filosofía, Christian Miller, que ya trabajaba en la educación del carácter anteriormente; y con Nathan Hatch, el antiguo presidente de esa universidad, que les apoyó mucho para desarrollar el carácter como un objetivo institucional de las universidades.

CARÁCTER Y LIDERAZGO

Después continuaron con el carácter y el liderazgo. ¿Cómo están relacionados estos conceptos? ¿De qué modo un programa sobre el liderazgo puede educar el carácter?, ¿Cómo se puede medir? Trabajaron de forma sistemática y rigurosa con los diferentes grupos que forman parte del proyecto y que han compartido la misma motivación desde el principio. Publicaron esos resultados en el Journal for Moral Education el año pasado. Se corresponde con la primera fase de la investigación.

Finalmente resolvieron el problema de si las universidades deberían cultivar la virtud: la respuesta es que sí. Las universidades están hechas para formar a las personas que estudian en ellas. Los espacios físicos, las personas con las que interactuamos… todo ello impacta.

Hay tres temas que las universidades describen como su razón de ser: promover el conocimiento a través de la investigación, proporcionar una educación de alto nivel y tener un impacto positivo en la sociedad

En The Oxford Character Project analizaron las declaraciones de misión de las grandes instituciones académicas en el Reino Unido; y hay tres temas prominentes que las universidades describen como su razón de ser: promover el conocimiento a través de la investigación, proporcionar una educación de alto nivel y tener un impacto positivo en la sociedad. Términos como «prosperidad», «florecimiento» y «bienestar» son comunes a estudiantes, personal y contribución de las universidades a la sociedad en sentido amplio. Cuando se trata del fin último de la educación que ofrecen, las universidades normalmente señalan «las capacidades del graduado» o «las habilidades del siglo XXI». Tanto capacidades como habilidades enfocan significativamente al carácter, a las cualidades de la mente y de la vida que ayudarán a los estudiantes a vivir bien y hacer el bien en el mundo.

Hay varias razones por las que cultivar la virtud en las universidades, según Christian Miller, el mencionado profesor de Filosofía de la Universidad Wake Forest.

Los propios estudiantes tienen una necesidad de formarse en la virtud, porque son conscientes de que las vidas virtuosas son inspiradoras

La primera y más decisiva son las aspiraciones de los estudiantes. Son ellos los que tienen una necesidad de formarse en ese sentido, porque son conscientes de que las vidas virtuosas son inspiradoras y admirables. The Oxford Character Project empezó con pequeñas reuniones para almorzar, animando a los estudiantes a preguntarse sobre sus ideas sobre el carácter y el liderazgo. Y pronto comprobaron que había muchos más estudiantes interesados en unirse a los programas que estaban desarrollando de lo que inicialmente habían pensado. Estos proyectos son largos y extracurriculares y suponen un gran compromiso por su parte, pero aun así los alumnos tienen un interés real por saber quiénes son, en qué se están convirtiendo, qué estructuras hay a su alrededor y dónde están los recursos que necesitan.

A la hora de plantearse la forma correcta o incorrecta de iniciar esta conversación con los alumnos es necesario presentar una idea de deseos más que de mejora del carácter. Es ahí donde se abre la gran mayoría de oportunidades de desarrollo.

Pero hay más razones para cultivar el carácter en la universidad. Comporta un bien público: las vidas virtuosas no son simplemente beneficiosas para el individuo, hacen que el mundo sea un lugar mejor para vivir. Además, conlleva un beneficio personal; por otra parte, muchos estudiantes que vienen de diferentes partes del mundo con unas creencias concretas lo reclaman por razones religiosas; contribuye al desarrollo psicológico, especialmente en una etapa en la que el estudiante está aprendiendo a ser adulto; contribuye a formar buenos ciudadanos –las comunidades políticas necesitan líderes y ciudadanos que ejerzan la virtud del carácter–; y por supuesto, esa formación redunda en el desarrollo académico y profesional.

El tercer reto del proyecto de Oxford era el de la expansión: ¿cómo llegar a mucha más gente?, ¿cómo hacer escalable el modelo? Desde el 2014 al 2017, trabajaron en Global Leadership Challenge con grupos de quince a veinte alumnos, y contaron con excelentes ponentes, como Nannerl O. Keohane, prestigiosa teórica política, que ha escrito sobre liderazgo. Pero se dieron cuenta de que eran necesarias las alianzas con programas similares, porque no podían llevar a cabo ellos solos proyectos tan ambiciosos. En el ecosistema hay personas e instituciones en distintos contextos que están trabajando para desarrollar el carácter en la educación superior y es necesario aprender de ellos y asociarse a ellos. Así, trabajaron con la Universidad de Hong Kong, con la red de universidades Europaeum, o con la London School of Economics, entre otros.

LOS CONTEXTOS DEL MUNDO PROFESIONAL

El cuarto reto es preparar a los estudiantes para el mundo laboral, el mundo profesional del exterior. Mientras los universitarios estudian en Oxford, están dentro de un entorno maravilloso con diferentes personas, pueden conversar, compartir comidas, generar debates interesantes. Pero la realidad es que al final de esta etapa universitaria cada uno se marcha a diferentes partes del mundo y ejercen trabajos diferentes. Abogados, políticos, trabajadores de ONG… Y es preciso preparar al estudiante para enfrentarse a esos contextos y las presiones ambientales. Es necesario entender esos contextos y ver cómo se puede capacitar a los futuros profesionales para que puedan seguir cultivando el carácter en esos nuevos entornos.

El año pasado, con la ayuda de la Fundación John Templeton, se inició un nuevo proyecto sobre liderazgo, cultura y carácter en cuatro sectores: financiero, tecnológico, legal y empresarial. El Oxford Character Project contó con veinte pequeñas empresas, con sede en el Reino Unido, con las que fueron estableciendo alianzas. Querían explorar la importancia en su contexto de las virtudes del carácter y cuáles eran las fundamentales que hay que desarrollar. Para responder a esa pregunta, debían entender cómo esas empresas pueden ayudar a los estudiantes a forjar las virtudes del carácter.

Se guiaron por las siguientes preguntas: ¿cuáles son los valores más importantes?, ¿cuál es el papel del carácter en el buen liderazgo?, ¿cómo la moral y el ecosistema intelectual de las organizaciones influye sobre el carácter?, ¿cómo se desarrolla el carácter en las organizaciones y en la educación profesional?, ¿se analizan todas las ideas que pueden surgir en una compañía para ayudar a las personas a desarrollarse de forma ética e intelectual para que la empresa funcione bien? Actualmente aún siguen recolectando datos.

A través de un estudio longitudinal de diez años que tienen en proyecto quieren hacer un seguimiento a los alumnos desde su primer curso de la carrera para saber cómo estas presiones ambientales les han afectado y cómo se les puede ayudar a continuar el crecimiento que empezaron en su vida universitaria o quizás antes. Siguen trabajando para medir de forma empírica el desarrollo del carácter antes y después a través de estudios longitudinales y programas específicos. El Oxford Internet Institute y Grant Blank les ayudaron mucho en este sentido.

Con la pandemia es necesario saber si el aprendizaje que había funcionado tan bien en el ambiente offline podía ser replicado en el online

Finalmente, un quinto reto. La pandemia del COVID-19 ha puesto a prueba la educación superior y toda la docencia en Oxford pasó a ser online. Tuvieron que trabajar con todos sus grupos de forma telemática y analizar cómo evolucionaban, y si el aprendizaje que había funcionado tan bien en el ambiente offline podía ser replicado en el online. Lo hicieron a través de un programa híbrido que desarrollaron. Lo crearon con la Universidad de St. Gallen, que a lo largo de cincuenta años ha tratado el liderazgo intergeneracional en temas importantes. Se trata de ayudar a las nuevas generaciones en un tiempo clave y difícil ya que la sociedad está reinventándose.

Unieron las ideas de carácter y desarrollo de líderes responsables en un programa de una semana de duración. Los estudiantes se adhirieron, algunos de forma presencial en Oxford y St. Gallen, otros desde diferentes partes del mundo de forma virtual. Las nuevas tecnologías y los formatos híbridos les han permitido seguir investigando y desarrollando el proyecto de educar el carácter.

(Este artículo resume libremente la conferencia de Edward Brooks en las jornadas sobre la educación del carácter en la universidad, organizadas por UNIR y UNAV)

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Siete estrategias para cultivar el carácter

El programa piloto del Global Leadership Challenge proporciona recursos teóricos y prácticos que pueden ayudar a los educadores a través de siete estrategias que aplican y desarrollan la ética aristotélica. La experiencia demuestra que cuando las siguientes siete estrategias se combinan y aplican de manera consistente a lo largo del tiempo, resultan productivas para ayudar a los estudiantes a cultivar virtudes del carácter. Dichos programas deberán adaptarse a diferentes contextos institucionales, educativos y culturales y a las necesidades de desarrollo de los diversos participantes.

1. Hábito a través de la práctica

Somos lo que hacemos. Es la clásica idea de Aristóteles que indicaba ¿cómo podemos ser justos?, pues actuando de forma justa. Al igual que alguien que toca el arpa o que construye casas necesita practicar para conseguir mejorar su técnica, una persona es valiente haciendo cosas valientes. La práctica nos ayuda a aprender y debemos habituarnos a cultivar nuestro carácter.

Mientras que lo que Aristóteles llama «virtudes del pensamiento» surgen «principalmente de la enseñanza», las virtudes del carácter surgen a través del «hábito»

Mientras que lo que Aristóteles llama «virtudes del pensamiento» surgen «principalmente de la enseñanza», las virtudes del carácter surgen a través del «hábito». Pero es importante subrayar la distinción que el filósofo griego hace entre virtudes y habilidades. No son lo mismo. Se está viendo en la mayoría de los programas de posgrado que se centran principalmente en cultivar las habilidades de liderazgo. Aunque estas son importantes para un liderazgo eficaz, no necesariamente contribuyen al liderazgo ético. Los líderes éticos no solo deben actuar con conocimiento de lo que están haciendo, sino que deben dirigir sus acciones hacia fines moralmente buenos y desarrollar las disposiciones de carácter establecidas para realizar acciones virtuosas de manera consistente en diversas circunstancias. Un programa de liderazgo que se centra solo en habilidades sin prestar atención a las virtudes ignora la importancia del carácter para el liderazgo ético.

2. Reflexionar sobre la experiencia personal

Los estudiantes tienen que aprender a reflexionar sobre su experiencia personal, de forma colectiva e individual. Si, como argumenta Aristóteles, la virtud requiere el conocimiento de por qué y cómo actuamos en circunstancias particulares, y si este conocimiento proviene de la reflexión sobre acciones repetidas, entonces la reflexión sobre la experiencia será fundamental para el desarrollo del carácter. En particular, la reflexión sobre la experiencia puede ayudarnos a desarrollar la virtud de la «sabiduría práctica» (phronesis), la capacidad de discernir moralmente.

El Global Leadership Challenge impulsa la reflexión estructurada sobre la experiencia personal de varias maneras. En sus eventos de reclutamiento, el GLI pide a los solicitantes que reflexionen sobre sus propias experiencias para identificar las virtudes que son esenciales para un buen liderazgo y los líderes que las ejemplifican. Esta reflexión sobre la experiencia personal continúa en la fase de discusiones formales, donde los participantes pasan varios minutos identificando y compartiendo ejemplos personales de buenos o malos líderes, los rasgos de carácter que definen a esos líderes y cómo se sintieron al interactuar con ellos.

3. Comprometerse con ejemplos virtuosos

En la Ética a Nicómaco, Aristóteles eleva a la «persona sabia» o «prudente» (phronimos) como estándar de virtud, un ejemplo cuyo carácter permite a otros determinar qué acción es virtuosa. Los filósofos desde Aristóteles han afirmado este énfasis en la ejemplaridad. Recientemente, Linda Zagzebski, de la Universidad de Oklahoma, ha desarrollado toda una teoría moral que coloca a los modelos ejemplares en el centro.

Estos arquetipos de ejemplaridad pueden cumplir varias funciones pedagógicas. Primero, al encarnar virtudes, valores e ideales particulares, ofrecen modelos a seguir para admirar y emular. En segundo lugar, pueden servir como «modelos contrafácticos» que nos impulsan a imaginar cómo actuaría una persona ejemplar en una situación similar. En tercer lugar, pueden profundizar nuestra comprensión cognitiva de cómo determinadas virtudes, valores o ideales pueden realizarse en contextos particulares. Ver a una persona ejemplar ejercitar la valentía moral frente a grandes obstáculos, o hacer sacrificios significativos para mostrar compasión en medio del sufrimiento, prueba que tales actos no solo son admirables sino posibles. Finalmente, ese tipo de modelos pueden incluso «remodelar nuestra imaginación moral, ayudándonos a ver situaciones de nuevas formas, animándonos a desafiar un statu quo injusto u ofreciendo una nueva perspectiva de las demandas éticas de los ideales y cómo pueden motivar a las personas a hacer lo correcto».

Hay también mucha investigación empírica sobre el tipo de modelos que son más relevantes para el desarrollo del carácter. Pero deben ser imitables, no perfectos

4. Diálogo que aumente la alfabetización de la virtud

Una cuarta estrategia implica discusiones o debates sobre virtudes particulares y cómo se pueden practicar en circunstancias concretas. El diálogo es una de las formas más comunes en que la gente aborda cuestiones morales. El diálogo abierto brinda oportunidades para discutir cuestiones complejas, compartir experiencias prácticas, probar ideas teóricas y aprender de las perspectivas de los demás. En particular, el diálogo puede ayudarnos a comprender por qué las virtudes específicas son importantes y cómo se pueden desarrollar o aplicar en diversos contextos. Puede aumentar nuestra comprensión cognitiva del carácter, profundiza nuestra conciencia emocional y sabiduría práctica, y brinda ocasiones para practicar virtudes específicas en la conversación con los demás.

En los últimos años, los educadores del carácter insisten en la «alfabetización de virtudes», la «capacidad de conocer y comprender el lenguaje necesario y los conceptos de virtud requeridos para evaluar situaciones moralmente sobresalientes»

En los últimos años, los educadores del carácter insisten en la «alfabetización de virtudes», la «capacidad de conocer y comprender el lenguaje necesario y los conceptos de virtud requeridos para evaluar situaciones moralmente sobresalientes». En el Oxford Character Project empezaron con el método socrático. Por ejemplo, al hablar de la gratitud como una virtud del carácter, empezaron a explorar las diferentes lecturas que se pueden incluir en la conversación y que resultaran útiles para los estudiantes: artículos de opinión, poesía, literatura, etc. Después moderaron un debate empezando con ejemplos de gratitud conocidos, relevantes en liderazgo. Luego entraron en temas más profundos. Suelen surgir desacuerdos, pero a lo largo del debate los alumnos se atreven a decir cosas de las que no están muy seguros, pero que creen que es su postura, y se les anima a retar a otros.

5. Ser conscientes de las variables de contexto

Las diferentes presiones que nos rodean, las variables situacionales, las influencias culturales y los incentivos institucionales moldean el carácter y el comportamiento.

Esta estrategia se remonta a la antigua Atenas. Para volvernos virtuosos, Aristóteles argumenta: «También debemos examinar en qué nos dejamos llevar fácilmente. Porque diferentes personas tienen diferentes tendencias naturales hacia diferentes objetivos, y llegaremos a conocer nuestras propias tendencias a partir del placer o el dolor que surgen en nosotros». En el consejo de Aristóteles están implícitas estrategias respaldadas por estudios empíricos recientes.

6. Recordatorios morales

Son los compromisos con nosotros mismos o con otras personas. No vale solo introducir una idea, hay que desarrollarla con el tiempo y recordarles a los alumnos cuáles son sus compromisos y sus convicciones.

Los recordatorios morales crean barreras psicológicas para evitar la autojustificación y el autoengaño. Al querer vernos a nosotros mismos como personas virtuosas, recordar nuestros valores, estándares y compromisos hace que sea psicológicamente difícil violarlos. Por ello, los recordatorios morales ayudan a contrarrestar las tentaciones que puedan surgir de las variables situacionales y refuerzan el compromiso de actuar de acuerdo con nuestros estándares internos. De hecho, uno de los valores de los códigos de conducta profesionales es que brindan recordatorios morales que alientan a actuar de acuerdo con normas éticas ampliamente compartidas.

7. Las amistades de responsabilidad mutua

El desarrollo del carácter nunca ocurre de forma aislada. Moldeamos y somos moldeados por la cultura, la comunidad y las personas que nos rodean, lo reconozcamos o no. Por eso Aristóteles sostiene que incluso las personas más autosuficientes necesitan buenos amigos.

Señala Aristóteles que la amistad de virtud se basa en el bien; no exige nada al amigo, pues lo único que persigue es su bien; y es incondicional, no cambia con el tiempo

Aristóteles habla de tres tipos de amistades: amigos de utilidad, como los compañeros de trabajo; amigos de placer, aquellos con los que compartimos intereses o aficiones; y amigos de virtud, que simplemente están interesados en la prosperidad de una persona. Todos estos tipos de amistad tienen su momento y su lugar. Sin embargo Aristóteles indica que la verdadera o la más auténtica es la última, por cuanto es la más desinteresada. Señala Aristóteles que la amistad de virtud se basa en el bien; no exige nada al amigo, pues lo único que persigue es su bien; y es incondicional, no cambia con el tiempo.

Estudios empíricos recientes sobre «efectos de grupo» avalan estas ideas aristotélicas. Los estudios sobre el comportamiento de ayuda muestran que las amistades pueden «inhibir» o «mejorar» ciertos comportamientos al proporcionar modelos de conducta moral y generar normas que promuevan la responsabilidad. Un estudio de neurociencia incluso sugiere que las ondas cerebrales, y los patrones de percepción, interpretación y comportamiento que reflejan, son muy similares entre amigos. Dado que la investigación sugiere que las relaciones con familiares, colegas y amigos proporcionan el contexto más común para las decisiones éticas y la fuente más común de ejemplos morales, la amistad se convierte en una forma especialmente importante de desarrollo moral. 

(Tomado de: Lamb, M., Brant, J., Broks, E., “How is virtue cultivated?, Seven strategies for postgraduate Character development”, Journal of Character Education, 17, Nr, 1, University of Saint Louis, Missouri, 2021, pp. 81-108.)

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Alfonso Novales, catedrático de Economía: “La desigualdad debe verse como un problema de calidad democrática”

“La desigualdad debe verse como un problema de calidad democrática” afirmó el catedrático de Economía Alfonso Novales en una sesión del seminario Pensar el siglo XXI, celebrada en la Universidad Internacional de la Rioja (UNIR). El ponente, que es académico de Ciencias Morales y Políticas y autor de numerosos manuales de economía, subrayó en su intervención que la desigualdad debe preocuparnos porque “reduce el crecimiento y las posibilidades de progreso social, provoca conflictos sociales y económicos, afecta a la cohesión social y a la confianza en las instituciones”.

El seminario Pensar el siglo XXI es un ciclo de conferencias organizado por el Consejo Social de UNIR, y dirigido y moderado por el catedrático Emilio Lamo de Espinosa, de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas.

Alfonso Novales explicó en su intervención que “la desigualdad ya no es un problema solo de las economías en desarrollo sino que es un problema global”. Y puede tratarse de “desigualdad interna de un país, o entre países, o entre regiones”; o bien de  “desigualdad de renta, salud, educación, acceso a mercados de crédito… etc”. «Echo en falta -agregó- el debate de qué tipos de desigualdad, y en qué tramos de la distribución podemos soportar»

Entre 1980 y 2020 la desigualdad entre países ha caído y sin embargo ha aumentado la desigualdad interna de los países

Indicó que, entre 1980 y 2020, “la desigualdad entre países ha caído -básicamente por la liberalización económica en China y el comportamiento de la India-“ y sin embargo “ha aumentado la desigualdad interna de los países”.

Respecto al “efecto de la pandemia” sobre la igualdad, el catedrático indicó que “los países ricos han podido beneficiarse de grandes ayudas”, y que ha perjudicado mucho más a “países emergentes”, básicamente porque «el sistema de asistencia social no está suficientemente desarrollado” y por “el alto componente de informalidad del mercado laboral”.

A la hora de analizar la desigualdad es importante fijarse “en las causas y no sólo en los síntomas”. Así, “la causa de la desigualdad de género es que la sociedad ha asignado roles diferentes a hombres y mujeres”. El síntoma sería “la brecha salarial de género” que se debe, en parte, “a una sobrerrepresentación de mujeres en puestos de trabajo de remuneración baja y una representación escasa en puestos altos de empresa”; y en parte, “a la menor experiencia laboral”. Pero detrás de ello hay causas culturales, subrayó.

DESIGUALDAD Y POBREZA, DEBATES DISTINTOS

Novales matizó que la desigualdad y la pobreza son debates distintos. Así, en los regímenes comunistas, “hay gran igualdad de ingresos, pero tasas de progreso social muy reducidas y niveles de pobreza bastante altos”. Y puede haber “países muy ricos pero muy desiguales y países pobres pero igualitarios”.

Señaló, por otro lado, que la automatización también va a tener impacto en la igualdad: “No va a destruir empleo masivamente, pero sí va a alterar drasticamente las capacidades necesarias. Por eso el sistema educativo tiene que jugar un papel fundamental».

Rodolfo González.

En la sesión también intervino, como panelista, Rodolfo Gutiérrez, catedrático de Sociología de la Universidad de Oviedo, que indicó que comparadas con otras crisis, “las pandemias suelen tener impactos distributivos más altos” y que la del COVID “tendrá efectos duraderos sobre la desigualdad”.

“La globalización no está provocando un supuesto declive de las clases medias en Europa, en porciones de rentas”

Planteó también si “la globalización, el comercio, o el sesgo tecnológico, el diferencial de recompensas por cualificaciones” no están provocando “un supuesto declive de las clases medias en Europa, en porciones de rentas”; y afirmó que no están teniendo “un efecto generalizado y rotundo”. Aunque existen otros factores en las economías nacionales, “demográficos, el tamaño de los hogares, el impacto de los impuestos o el peso de la inmigración”.

Señaló asimismo que “tampoco es exactamente cierto que ese declive se traslade a la actitudes y a una polarización mayor de los comportamientos políticos”. Citó un estudio del equipo de Thomas Piketty, según el cual, la división que más ha cambiado ha sido la educativa: “la idea de que los más educados votan mucho menos a los partidos tradicionales de izquierda que el resto de la población se ha transformado: los más educados votan casi igual que el resto de la población a los partidos de izquierda”. Luego, no es rotundamente cierta la idea de que” la tendencia a la polarización venga causada por un refuerzo de las divisiones de clase”.

Donde los cambios han sido mayores ha sido en “la adhesión a los ideales meritocráticos, que han disminuido mucho tras la gran recensión”, después de haber aumentado en el final del siglo pasado y comienzos de este. Ha descendido, por ejemplo, el porcentaje de personas que “creen que trabajar duro es fundamental en la vida”.

Respecto al instrumento fundamental de lucha contra la pobreza, el ingreso mínimo vital que se ha incorporado en España a nivel estatal, González indica que “cada día necesita más revisión”. Ya que se creó para los que no trabajaban, para los que tenían niveles de exclusión altos, y estaba pensado para que fuera predominantemente incompatible con la participación laboral. Pero “ahora que la pobreza se ha extendido a segmentos ocupados o parcialmente ocupados ese instrumento ve reducida su eficacia; y tiene riesgos de cronificación si no se combina con estímulos a la participación laboral”.

Elisa Chuliá.

Finalmente intervino Elisa Chuliá, profesora titular de la UNED, y exdecana de su Facultad de Ciencias Políticas y Sociología. Manifestó que la desigualdad ha cobrado mucha preponderancia pero resulta un asunto “opaco y resbaladizo”, porque cuesta comprender que es “un compuesto de desigualdad entre países y de desigualdad interna de cada país; y porque no es fácil medir la desigualdad local y global por falta de disponibilidad de datos”.

“El análisis de la desigualdad global tiene menor utilidad política que la desigualdad social”

Considera Chuliá que “el análisis de la desigualdad global tiene menor utilidad política que la desigualdad social”. Esta última está aumentando en los países desarrollados, y es “preciso reducirla, mediante instrumentos como las políticas redistributivas”.

Opinó, finalmente, que a “los gobiernos les interesa reducir la desigualdad global por razones de carácter ético, más que empírico”, ya que la desigualdad está asociada al sufrimiento de la gente; la humillación; la imposibilidad de controlar su vida y la inequidad en los procesos políticos, que les impiden defender mejor sus intereses.

¿Qué es la educación del carácter?

Hablar del carácter de un individuo es «hacer referencia a quién es», señala James Arthur, fundador del Jubilee Centre for Character de la Universidad de Birmingham. Entendiendo por carácter el conjunto de capacidades que orientan el modo habitual de comportarse de una persona. Los rasgos del carácter son consistentes a través de las diferentes situaciones y de la vida, pero no son inamovibles. El carácter puede ser cultivado y puede corromperse. Y es multidimensional, dado que combina el pensamiento, la emoción, la motivación y la acción.

Arthur identifica algunos rasgos definitorios: «Cambia con el tiempo: es maleable, no fijo; es visible en la conducta: implica una acción observable; es social: se forma dentro de contextos culturales concretos; implica elección y autonomía: es racional y libre, por lo tanto no es ciegamente conformista; y supone principios y convicciones: está íntimamente relacionado con cuestiones sobre el propósito y significado».

Esa disposición profunda de la personalidad humana puede desarrollarse a lo largo del tiempo, manifestarse en actos y conseguir el ideal de «una vida lograda», como la definía Aristóteles

Todo ello significa dos cosas: que el carácter no es indiferente, es decir que la persona puede actuar bien o mal; y que el carácter es educable. El buen carácter se forja a través de las virtudes, hábitos operativos buenos, que favorecen la excelencia porque están encaminados a los ideales del bien, la verdad, la justicia y la belleza. De suerte que esa disposición profunda de la personalidad humana puede desarrollarse a lo largo del tiempo, manifestarse en actos y conseguir el ideal de «una vida lograda», como la definía Aristóteles.

Pero conseguirlo requiere un esfuerzo deliberado por cultivar las virtudes, esos hábitos operativos buenos que autodeterminan para el bien. En esa tarea se ponen en juego la razón, la voluntad y los afectos. Y además, las virtudes intelectuales, tales como conducirse con una mente abierta, libre de prejuicios; tener humildad para reconocer los errores y curiosidad para la búsqueda de conocimiento; y finalmente virtudes morales como la integridad, la fortaleza, la valentía y la esperanza, que son centrales para entender lo que significa vivir bien y hacer el bien en el mundo.

El ejercicio de esas virtudes puede forjar de tal forma la personalidad del individuo que terminan definiéndolo. La educación del carácter engloba una gran variedad de intervenciones para formar la fibra moral. Y la universidad es un ámbito que las puede incluir todas. Por dos razones.

En primer lugar, porque el buen carácter tiene una importancia particular en muchas profesiones, por lo tanto debe ser considerado a la hora de formar a los estudiantes. Por ejemplo, peculiaridades de carácter se imbrican en campos como la enseñanza, la medicina y el derecho, o, cada vez más, en el mundo de los negocios. Ahora hay un creciente énfasis en el fin social de las empresas, más allá de conseguir beneficios, y en los valores y comportamientos que permiten que las organizaciones prosperen.

Y en segundo lugar, porque el carácter no es solo instrumental, sino intrínsecamente valioso. Las virtudes del carácter no son solo atributos de un buen abogado, doctor, profesor, contable, militar, etc. Son cualidades humanas con un componente medular para el bienestar del individuo y de la sociedad. Y estas cualidades humanas, transversales, pueden ser adquiridas en la universidad. Se trata de integrar en la vida real esa formación recibida en los estudios.

En los llamados programas de progreso humano personal (en el sentido de «vida lograda») de universidades como Harvard y Oxford, el objetivo no es solo que el estudiante consiga un buen trabajo al abandonar las aulas, sino también que avance como persona, que desarrolle sus habilidades para razonar éticamente, que piense en problemas moralmente complejos, que muestre valentía, autocontrol, respeto y afecto. Herramientas sumamente útiles para conseguir una vida lograda en todos los ámbitos.

ATRAER AL ESTUDIANTE A COMPARTIR UNA PASIÓN COMÚN

Para conseguirlo, se dan diferentes intervenciones en el ámbito universitario: desde las clases en las que el profesor transmite conocimientos hasta la convivencia de docentes y estudiantes; y de entre estos entre sí. Hay muchas posibilidades de combinar elementos. Puede ser un programa que asigna un tutor a cada estudiante, donde comparten comidas y conversaciones y hay una relación personal profunda. Pueden ser intervenciones cortas, como conferencias online u otros contenidos.

Pero está claro que uno de los principales papeles en la educación del carácter lo juega el profesor. Porque al impartir sus enseñanzas, en las diversas disciplinas, transmite también valores. En la vida universitaria, en el itinerario del estudiante por adquirir conocimientos y habilidades se ponen en juego diversas virtudes.

Comenzando por lo más obvio: la búsqueda de la verdad. En el fondo, aunque no todos piensen lo mismo, es para lo que la universidad existe, para acercar a los alumnos a esa verdad y animarlos a encontrarla. Ahí entraría la honestidad intelectual, la humildad, el juego limpio (desde ser leal a los compañeros hasta no copiar en los exámenes). Esa honradez intelectual implica preparar al futuro profesional para la vida laboral, en la que no faltarán tentaciones de deshonestidad. Después, la sinceridad. Hay mucha evidencia empírica que demuestra que es una virtud de la cual, hoy en día, hay una carencia importante en la mayoría de los estudiantes universitarios, particularmente en Estados Unidos, pero también en otros lugares.

El deseo de saber es propio del ser humano, pero, como cualquier deseo, puede descontrolarse. La ‘studiositas’ empuja a conocer lo que a cada uno conviene saber y a realizar para ello el esfuerzo necesario

Finalmente, la studiositas, una virtud mencionada por los autores clásicos y medievales: el deseo solo del conocimiento bueno y útil para uno. Efectivamente el deseo de saber es propio del ser humano, pero, como cualquier deseo, puede descontrolarse. La studiositas empuja a conocer lo que a cada uno conviene saber y a realizar para ello el esfuerzo necesario. Todas estas virtudes (verdad, sinceridad, humildad, studiositas) son muy importantes en el mundo académico, y son las que deben cultivar los profesores en ellos mismos y en sus alumnos.

Eso no quiere decir que la función primordial de un profesor consista en convertirse en la versión ejemplar de aquellas virtudes que espera inculcar en el estudiante. Tal cosa supondría una carga extremadamente pesada para el docente. Su responsabilidad profesional es enseñar, ser un experto en las correspondientes materias (matemáticas, literatura, filosofía, etc.). Pero en el curso del desempeño de sus funciones, puede no solo ser ejemplar en su modo de enseñar sino que también puede invitar a los alumnos a reflexionar sobre las tradiciones éticas, los ideales de verdad, belleza y bien, para llegar a vivir una vida más significativa.

EL PAPEL DE LAS LECTURAS

Hay un célebre poema de Rainer Maria Rilke que habla del torso sin cabeza de Apolo, la escultura que se encuentra en los museos vaticanos. Rilke plasma su impresión al ver la escultura por primera vez, una pieza de la antigua Roma; y termina con el siguiente verso: Du mußt dein Leben ändern («Tienes que cambiar tu vida»). Eso, de alguna manera, es una parte profundamente importante de la experiencia de un profesor. Mostrar a sus alumnos una gran obra, ya sea de literatura, arte o filosofía, y explicarles que les ofrece una aspiración vital, de lo que su vida podría llegar a ser, y animarlos a conseguirlo. Sócrates nunca afirmó ser sabio, pero amaba el conocimiento, y animaba a otros a perseguirlo con él. Esto es lo que implica ser un profesor: atraer al estudiante a buscar una vida plena.

Una herramienta importante de la educación del carácter son las lecturas. Sobre todo de los grandes autores de la cultura y el pensamiento. Por eso son muy valiosos los planes de lecturas y la reflexión sobre las mismas en los currículos transversales de las universidades y en la tradición de las artes liberales. Leer una obra escrita hace dos mil años es muy parecido a viajar a un país extranjero. De repente se es consciente de una gran variedad de posibilidades que nunca se habían considerado. Este es un aspecto enormemente poderoso de la literatura: la capacidad que tiene de abrir los ojos, de ofrecer una visión a la que se pueda aspirar.

Esos planes de lecturas, con la puesta en común con profesores y otros alumnos, propician debates enriquecedores y en ellos afloran cuestiones de fondo que interpelan al estudiante, y que inciden en la educación del carácter. Por ejemplo: «¿Por qué no personifico la concepción de Aristóteles del hombre magnánimo?». A partir de ese momento estas preguntas forman parte de nuestra vida. Si no hubiésemos leído a Aristóteles, o a Platón, o a Homero, o a Montaigne no tendríamos estos pensamientos.

Cabe objetar que la cultura ‘per se’ no es garantía de ejemplaridad moral. Todos los generales nazis habían tenido una educación clásica de primera línea, por poner un ejemplo extremo

Cabe objetar que la cultura per se no es garantía de ejemplaridad moral. Todos los generales nazis habían tenido una educación clásica de primera línea, por poner un ejemplo extremo. Pero no es difícil encontrar a personas profundamente cultas y al mismo tiempo inmorales. Por esa razón, debemos tener muy claros los límites a la hora de transmitir a los alumnos las enseñanzas de Homero, Dante o Dostoyevski. Los harán más listos o más cultos, pero no tienen necesariamente por qué mejorar su carácter. El hecho de que el estudiante lea a los clásicos no quiere decir que automáticamente se transforme; pero entrar en contacto con esos referentes del pensamiento, el arte o la literatura y hacerse preguntas le brindan la posibilidad de hacerlo.

EL VALOR DE LA AMISTAD

La experiencia muestra que la labor del profesor, las clases, los seminarios y las lecturas por sí solos no bastan para educar el carácter. Son, sin duda, un primer paso, pero si realmente se desea que los estudiantes incorporen estas ideas a su vida, es necesario afianzarlas con las relaciones personales, singularmente con la amistad. Para conocer y adquirir las virtudes morales, por ejemplo, no basta con conocer, a través de la lectura, modelos de ejemplaridad, sino que también es preciso esforzarse en seguir a estos modelos en la propia vida real: no basta con leer sobre la amistad (por ejemplo, con textos de Séneca o de Cicerón) sino que el estudiante debe cultivarla y buscar buenos amigos. Amigos de virtud, según reflejaba Aristóteles en la Ética a Nicómaco, refiriéndose al tipo de amistad más auténtica, por ser la más desinteresada, aquella que busca el bien del amigo.

La mayoría de nosotros, si reflexionamos sobre las razones por las que nos hemos convertido en las personas que somos, inmediatamente pensamos en personas que han ejercido una influencia positiva sobre nosotros, personas de nuestro círculo más cercano (familia, profesores, amigos). De ahí la importancia de las relaciones personales, del crecimiento individual en una comunidad. Una comunidad de profesores y estudiantes es un ámbito idóneo para compartir compromisos e ideales, para practicar las virtudes del carácter, incluso para gestionar el fracaso, que puede tener un valor formativo. Ni los estudios ni la vida son una cadena de éxitos, pero el fracaso puede ser también una oportunidad: nos permite reconsiderar decisiones que hemos tomado o suposiciones que hemos hecho. Y puede hacernos reflexionar sobre nuestro propio carácter. De todo ello se deduce que no se puede educar el carácter sin las relaciones humanas, y sin la amistad.

(Este artículo se ha elaborado a partir de las conferencias de Edward Brooks, director ejecutivo del Oxford Character Project, de Flynn Cratty, director asociado del Human Flourishing Program de la Universidad de Harvard, y de otros ponentes, en las jornadas sobre la Educación del carácter en la universidad, organizadas por UNIR y por UNAV.)

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Por qué son importantes las virtudes en la universidad

El cultivo del carácter es fundamental para la investigación, educación y misión cívica de la universidad. Para que la investigación pueda llevarse a cabo correctamente son esenciales las virtudes intelectuales como el pensamiento crítico, la falta de prejuicio y la honradez académica.

Además de las virtudes intelectuales, deberían formar parte de esta dimensión externa de la educación superior el cultivo de las virtudes cívicas, como el servicio y el civismo.

Por supuesto, no se pueden separar los aspectos intelectuales y cívicos de virtudes morales como justicia, valor, bondad, honestidad, humildad y compasión.

Una virtud del carácter fundamental en el ámbito universitario es la sabiduría funcional o práctica (phronesis). Esta es una meta-virtud que liga las virtudes intelectuales, cívicas, morales y performativas

Una virtud del carácter fundamental en el ámbito universitario es la sabiduría funcional o práctica (phronesis). Esta es una meta-virtud que liga las virtudes intelectuales, cívicas, morales y performativas. Es la cualidad general de saber qué debemos querer y lo que no. Cuando las exigencias de dos o más virtudes chocan, y se deben integrar esas demandas en un procedimiento adecuado. Por ejemplo, las virtudes ligadas al mundo empresarial o emprendedor puede parecer que entran en conflicto con las virtudes de servicio y cuidado. La sabiduría funcional es la capacidad de razonar bien en relación con lo que es correcto e integrar las presiones emocionales, motivacionales, situacionales y competitivas en un procedimiento correcto. Vivir con la sabiduría funcional implica una reflexión, un juicio bien fundado y la enérgica promulgación de decisiones. La habilidad de aprender de la experiencia (errores y fracasos, pero también triunfos) es lo fundamental. Este tipo de sabiduría requiere la ausencia de prejuicios y el reconocimiento de la pluralidad de las cosas y situaciones que deben ser experimentadas. También conlleva la búsqueda activa y atenta de lo que es correcto, lo cual se cultiva a través de la experiencia y la reflexión. Adopta su propia forma en la educación avanzada cuando los estudiantes se hacen dueños de su identidad y propósito en el mundo. 

(Este texto es un fragmento traducido del documento marco del Jubilee Centre for Character and Virtues (University of Birmingham) y del Oxford Character ProjectVéase: https://oxfordcharacter.org/uploads/files/Character-Education-in-Universities.pdf)

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